1
12 de septiembre de 1927
Llamar a aquello un cuerpo tal vez sería ir demasiado lejos. El padre Byun Baekhyun se arrodilló para examinar aquella masa hinchada que yacía en el suelo de la nave; y su horrible hedor hizo que le lloraran los ojos al acercarse. Se apretó uno de los lados de la capucha contra la nariz para atenuarlo, tratando de contener las arcadas. Afortunadamente había estado lloviendo los últimos días; aquellos a los que encontraban cuando hacía calor eran una auténtica pesadilla.
Estaba igual que el resto. La carne hecha jirones se desprendía de sus huesos blanquecinos, repleta de marcas de mordiscos. Baekhyun ladeó la cabeza para inspeccionar el interior del cráneo, que resultó estar abierto y medio lleno de líquido y moscas. Le faltaban la mayoría de las extremidades, que habían sido arrancadas de sus articulaciones, y el poco músculo que quedaba estaba descolorido e hinchado por los aguaceros. Además, había una viscosa sustancia negra y acre que rezumaba de todas las heridas, aferrándose a ellas a pesar del clima. No cabía duda, esto era obra del drekavac que había estado aterrorizando a Velak durante meses.
Se trataba de una criatura del reino de la Noche Eterna. Las víctimas que conseguían sobrevivir simplemente habían sido más rápidas que el amigo o familiar al que la bestia alcanzó primero. Lo describían como un ser gigantesco, cubierto de pelaje negro y miles de ojos rojos. Su rostro descarnado estaba hecho de hueso de color blanquecino, como si se burlara de su Padre Luna. Olía como la misma muerte y dejaba una estela de brea negra a su paso.
Baekhyun no era muy querido en Velak, y la corriente se estaba poniendo aún más en su contra. El pueblo ya lo consideraba un inútil desde que su predecesor murió, pero su supuesta pasividad ante los asesinatos del drekavac los tenía sumidos en una furia silenciosa. Hasta ahora los cazadores de la iglesia habían ignorado todas sus súplicas de ayuda, pues consideraban que Velak era demasiado pequeño como para molestarse en acudir; Baekhyun tendría que resolverlo por sí mismo.
La mujer que había traído el cuerpo se lamentó:
—¿Qué vas a hacer al respecto? ¿Cuántos más tenemos que morir, Baekhyun?
Baekhyun la miró. Nunca se dignaban a llamarlo por su título.
Las lágrimas cubrían las mejillas de la mujer, y su sencillo vestido bordado estaba cubierto de barro, sangre y vísceras. Una punzada de culpabilidad le atravesó el pecho al ver lo austero de su vestimenta en contraste con las galas que le entregaba la iglesia a él: vestiduras negras con acabados de oro y marfil. La prenda tenía una abertura circular en el centro del pecho, con un Sol dibujado alrededor. Medallones dorados enlazados con perlas sujetaban su capucha y se ceñían a su cuerpo a modo de cinturón. Era un espectáculo radiante y excesivo.
Los dos estaban exhaustos, enfadados y al límite, al igual que el resto del pueblo. Baekhyun había pasado semanas buscando respuestas; pero él era solo un sacerdote, esto no entraba en su jurisdicción. La exigua biblioteca de la iglesia le había proporcionado muy poca información. No había aprendido prácticamente nada sobre lo que era el drekavac, y mucho menos sobre cómo luchar contra él. Él se había formado en sanación y celebración de ritos, pero no en combate, por lo que estaba terriblemente mal preparado para afrontar esta situación. ¡Para eso estaban los malditos cazadores!
Se llevó una mano a la cara. La mirada de aquella mujer era tan punzante que bien podría haber estado clavándole puñales en el cráneo.
—Les he dicho mil veces que los cazadores no responden a mis cartas y mi teléfono no funciona así que no puedo llamar a la Capital. No hay nada que pueda hacer. Tal vez podrían ayudarme-
La mujer apretó los puños y los golpeó contra sus muslos.
—Ya basta de excusas. ¡Mi hijo está muerto! ¡Stepan ya no está y esa bestia no me ha dejado más que pedazos de él! ¡Ha habido más de una docena de muertos! ¡Nos están matando! ¡Haz algo, hombre inútil! ¡Haz algo bueno por una vez!
Baekhyun solo pudo emitir un suspiro de exasperación. Se puso en pie y alzó las manos por pura frustración.
—¿Y qué quieress que haga? ¿Lanzarme a la bestia para ser su próxima comida? ¡Entonces se quedarían sin sacerdote y tendrían los mismos monstruos que antes!
—Es mejor que tener a un asesino inútil ocupando este lugar sagrado. —Escupió a sus pies y salió de la iglesia hecha una furia, dejándolo a solas con el amasijo de carne al que alguna vez llamaron Stepan.
Baekhyun se quedó observando el cuerpo y volvió a suspirar. Al parecer tendría que hacer un poco más de trabajo sucio.
-
Baekhyun no era un hombre fuerte. Le llevaba horas cavar las tumbas, y siempre acababan siendo mucho menos profundas de lo que deberían, pero no tenía ni el aguante ni la voluntad de hacerlas mejor. El antiguo sepulturero había muerto poco después que el padre de Baekhyun, y desde entonces nadie se había molestado en tomar el relevo. Como siempre, sus deberes como sacerdote se extendían mucho más allá de lo que deberían.
Baekhyun cavó hasta que estuvo a punto de desfallecer, y utilizó sus últimas fuerzas para aferrarse a los hierbajos y salir del hoyo. Estaba sucio, y la tierra mojada se pegaba a su piel. Cada mota de suciedad le producía picor y le llenaba de una angustia inconmensurable. En su mente centelleaban imágenes de las montañas de basura y botellas en casa de su madre, y se rascó los brazos con fuerza en un intento inútil por aliviarse.
La tierra que rodeaba la iglesia tenía la mala costumbre de convertirse en barro. La hierba siempre hacía el intento de crecer, aunque sin mucho éxito. Es por esto que Baekhyun nunca podía estar limpio, y a pesar de que llevaba dos décadas aguantando aquello, lo seguía odiando. Lo raro era que la iglesia aún no se hubiera resbalado colina abajo y estrellado contra la plaza del pueblo.
Baekhyun se aseó en la rectoría y se puso los hábitos dorados para las exequias, brocados en seda con delicados bordados de hilo metálico. Por desgracia, Stepan sería la víctima más reciente tanto del drekavac como del comportamiento irracional del pueblo. Y es que por mucho que le gritaran y le reclamaran, los habitantes de Velak nunca acudían a los funerales de sus seres queridos. Lo odiaban tanto, se aferraban con tanta fuerza a las mentiras que se contaban a sí mismos sobre él que no podían estar presentes ni en las exequias. Era algo que lo desconcertaba.
Encendió el incensario dorado cubierto de púas, lo balanceó de lado a lado y murmuró una plegaria para la Madre Sol. Pidió que el difunto tuviera un viaje seguro hasta el reino de la Luz Eterna, y que encontrara la paz tras la muerte. El humo del incienso inundó el aire, y Baekhyun lo aspiró todo. Cerró los ojos, guardando un momento de silencio antes de cubrir el cuerpo con tierra. Pasarían muchos meses hasta que el barro se asentara lo suficiente como para que todas las tumbas nuevas tuvieran lápidas, así que clavó una estaca de madera para marcarla temporalmente.
Baekhyun estaba guardando su pala cuando escuchó numerosas voces alzarse al pie de la fangosa colina. Rodeó la iglesia hasta llegar a la parte delantera; su temperatura corporal subía y su piel se erizaba a medida que su ansiedad crecía. Se quedó helado cuando se topó con la muchedumbre y, de repente, se encontró con más de una docena de ojos clavados en él. No llevaban antorchas ni horcas, pero había más gente congregada en su iglesia que en todos sus años de servicio. El mensaje estaba claro.
Tragó saliva cuando el alcalde Jaehwan se acercó a él y le clavó un dedo en el esternón.
Ni siquiera la frondosa barba gris que cubría su rostro arrugado y enrojecido podía ocultar su furia. Baekhyun se preparó para lo peor.
—Ya estoy harto de ti, Byun —bufó Jaehwan, presionando su dedo contra el pecho de Baekhyun con más fuerza—. Vas a salir ahí fuera a matar a la bestia, o morirás en el intento.
Baekhyun miró al alcalde y luego al resto de vecinos que estaban detrás de él. El fragor de aquellos ojos atravesaba su cuerpo. No estaban todos los habitantes de Velak, pero eran demasiados como para intentar cuestionarlos. Si el drekavac no lo hacía pedazos, lo haría esta gente.
No sabía cuál de las dos opciones sería peor.
—Sabes que yo no tengo entrenamiento en combate, alcalde Jaehwan. —Baekhyun mantuvo un tono calmado, tanteando la ira del alcalde.
Un hombre mayor gritó desde el fondo de la multitud: — ¡Yo le pegué un tiro anoche! ¡Esa estúpida cosa huyó de mi granja antes de que pudiera acabar con él! ¡Arreglatelas!
Baekhyun consiguió reprimir un gruñido de desaprobación. ¿Así que ellos podían dispararle, pero él tenía que terminar el trabajo? Ya nada de lo que hacía aquella gente podía sorprenderle, y últimamente se estaban volviendo aún más irracionales que de costumbre.
Tragó saliva cuando lo rodearon. Su única esperanza de salir de esta era matar a la bestia. No tenía ni idea de cómo. No importaba cuántas veces le dijera a esa gente que él era un sanador y que su magia no era capaz de hacer daño; no le escuchaban.
Debería haber renunciado a su puesto hace mucho, aunque lo excomulgaran.
Baekhyun levantó una mano en un intento de acallar los airados murmullos de la multitud. Esperaba que no pudieran ver cómo temblaba. —¡Muy bien! Lo haré. Pero si muero, ¡Sepan que tendran que arreglar esto ustedes solos! Ahora, ¡fuera de mi vista!
Baekhyun se apartó de ellos y atravesó la puerta de la sacristía para recoger sus cosas. Una vez a solas, su cuerpo empezó a temblar tan violentamente que le dolían los hombros de la tensión. No podía controlar su respiración y tuvo que usar todas sus fuerzas para no ponerse a gritar.
Al menos el drekavac le daría una muerte rápida.
Probablemente.
Después de un rato finalmente se recompuso lo suficiente como para prepararse para morir. Reunió los ladrillos de incienso que había elaborado de forma especial y colocó uno en su incensario para más tarde. Podían paralizar a cualquier cosa que respirara el humo, y tal vez eso le diera la ventaja que necesitaba. Preparó algunas hierbas adicionales, un farol para iluminarle, y se ató un trapo grueso sobre la boca y la nariz. Baekhyun rezó porque el incienso fuera suficiente para acabar con el drekavac, pero probablemente él se convertiría en el próximo amasijo de carne que encontraran entre las hojas de pino y abedul.
Se dejó caer contra la pared y trató de recomponerse, preguntándole a la nada cómo había llegado hasta ese punto. ¿Podría haberlo evitado? ¿Por qué tenía que pasarle a él? Él había querido convertirse sacerdote como su padre, pero ahora no podía hacer más que maldecir aquel día. Al parecer los hombres Byun estaban destinados a morir jóvenes.
Volvió a salir al cementerio y escuchó a algunos de los vecinos murmurar que les extrañaba que no hubiera huido por la puerta trasera. No se le había ocurrido que podía escapar, pero estaba seguro de que si lo hacía el drekavac lo atraparía de todas formas. Estaban rodeados por kilómetros y kilómetros de densos bosques y salientes rocosos con multitud de lugares en los que podría esconderse una bestia aterradora.
Jaehwan se cruzó de brazos y observó a Baekhyun bajar la colina por el camino embarrado para luego hacerle un gesto solemne con la cabeza. —¡Queremos que salgas victorioso! —gritó—. ¡Aunque no lo parezca!
Baekhyun puso los ojos en blanco una vez estuvo en el camino y farfulló para sí mismo. La brisa del atardecer ya se había asentado, y la sensación de frío empezó a envolverlo. Su aliento comenzó a formar nubes de vapor alrededor de su cara, aunque la llevara cubierta. Avanzó a trompicones por el sendero resbaladizo y se puso la capucha cuando una llovizna helada empezó a caer sobre él. Frunció el ceño al sentir que sus vestiduras empezaron a absorber aquella lluvia de finales de verano; una desgracia más para la lista de cosas que estaban haciendo que aquel día fuera espantoso para Baekhyun.
-
Ya había anochecido cuando llegó a la parte del bosque donde se habían registrado los ataques. La lluvia seguía cayendo de forma ligera, y Baekhyun agradeció que aún no se hubiera convertido en un aguacero. Su incensario no funcionaría si estaba demasiado mojado, además de que le gustaría parecer un poco menos miserable mientras lo devoraban.
Baekhyun rebuscó en sus bolsillos hasta encontrar una cerilla. Utilizó su capa para proteger el incensario del viento el tiempo suficiente como para encenderlo, y volvió a colocarle la tapa a toda prisa. Vio como el humo amarillento salía de las aberturas en forma de Sol y se concentraba alrededor de sus pies; un aura de toxinas que lo protegería. Luego se afanó con su farol y sintió un gran alivio cuando consiguió encenderlo.
Una intensa luz escarlata iluminó los árboles. Las sombras de las ramas se veían aún más oscuras a comparación, bailando a medida que la llama se agitaba dentro de su cubierta de cristal. La luz luchaba contra el viento que amenazaba con apagarla; y Baekhyun apretaba sus dientes con la esperanza de que se mantuviera encendida. Los rayos del atardecer tras las montañas se habían extinguido hacía solo unos momentos. Ahora la oscuridad había florecido y lo había dejado como un faro en mitad de un océano de oscuras coníferas y abedules fantasmales.
Baekhyun agarró el farol con fuerza y empezó a avanzar. Intentó ser tan silencioso como fuera posible, pues el miedo lo invadía con cada ramita que rompía y cada hoja que aplastaban sus pies.
Cuanto más avanzaba más le asombraba que el drekavac hubiera encontrado a alguna víctima. A estas alturas ya estaba a varios kilómetros del pueblo, no había más que árboles en todas direcciones. Lo único que oía era la maleza bajo sus pies y la lluvia repiqueteando contra su capucha. Le dolían las manos del frío que lo calaba hasta los huesos, y cada bocanada de aire se sentía como fuego. Su incensario se había consumido hacía ya tiempo, su farol empezaba a apagarse y Baekhyun cada vez se sentía más como un cerdo yendo al matadero.
Maldijo entre dientes y llenó el incensario con sus hierbas de reserva. Ni siquiera sabía por qué lo hacía, tal vez para atraer por fin al drekavac y que así acabara con su sufrimiento. Le hubiera gustado poder volver corriendo a casa, pero eso llamaría la atención de la bestia aún más.
El aroma a enebro, canela y salvia lo envolvía. Baekhyun desató el paño que le cubría el rostro para aspirarlo, como último consuelo antes de su muerte. Balanceó la pesada cadena del incensario para esparcir el humo lo más lejos posible.
Entonces percibió un destello por el rabillo del ojo. Un olor penetrante llegó a su nariz, despuntando por encima del de las hierbas que estaba quemando. Baekhyun se quedó helado. Su pánico hizo tintinear la cadena del incensario, y se maldijo a sí mismo al escucharlo. Trató de mirar a ambos lados, pero no vio nada.
Genial. Entonces lo tenía detrás.
Baekhyun se dio la vuelta justo cuando aquella forma viscosa se abalanzó sobre él y cortó el aire con sus garras huesudas llenas de alquitrán. La criatura tenía un largo pelaje negro cubierto de aceite que salía de su cuerpo y la calavera de un lobo, blanqueada por el Sol y sin ojos, sobresalía entre el mar de oscuridad. La bestia se cernía sobre Baekhyun con cientos de ojos rojos brillantes incrustados en su piel mirándole fijamente, y las diminutas patas que se extendían por su vientre se arquearon con anticipación.
Baekhyun alcanzó a ver el ojo rojo que tenía en la boca y se apartó, con el corazón desbocado. El drekavac le gruñó y abrió las fauces; apenas unidas por hilos de músculos tendinosos que se estiraban con el movimiento. Baekhyun se aferró a la cadena de su incensario y lanzó la vasija metálica hacia la bestia. Las púas restallaron contra el cráneo de hueso, y la bestia emitió un aullido de dolor. El sonido era agudo e ininteligible; y el drekavac se revolvió, quejándose y esparciendo brea por todas partes a medida que retrocedía.
Baekhyun respiraba entrecortadamente mientras contemplaba a la criatura: una de sus patas traseras colgaba flácida e inservible bajo su cuerpo, visiblemente fracturada por varios sitios. Así que aquel granjero sí lo había herido después de todo.
La bestia lo miró fijamente y Baekhyun blandió su incensario una vez más. El drekavac se apartó de un salto, retorció su cuerpo anormalmente largo y se abalanzó sobre Baekhyun desde un lateral. No tuvo tiempo de apartarse. Los dientes se le clavaron en el hombro izquierdo, y el sonido que hicieron al arañar el hueso reverberó en sus oídos. La sangre caliente empezó a salir a borbotones y salpicó su mejilla, pero el dolor era tan intenso que Baekhyun no podía emitir ni un sonido. El drekavac olía a ácido, y Baekhyun sentía arder su herida cuanto más goteaba sobre ella aquel líquido negro. Su corazón estaba latiendo tan fuerte que podía escuchar cómo la sangre retumbaba en sus oídos.
Baekhyun usó su brazo libre para estrellar el incensario contra el drekavac, y la pesada vasija de metal crujió contra una de sus delgadas patas delanteras. El drekavac aulló de dolor y lo liberó de su agarre mortal, alejándose mientras cojeaba. La pata se había partido, por lo que ya no podía usarla. La esperanza volvió a brillar en el pecho de Baekhyun cuando el drekavac se giró y empezó a correr de vuelta al bosque.
Se tomó un momento para recuperar el aliento, pero la adrenalina se apoderó de él y decidió seguir a la bestia. Se agarró el hombro herido, maldiciendo su juramento al Sol: a sus acólitos no se les permitía usar su magia curativa consigo mismos, por lo que se veía obligado a lidiar con este dolor insoportable. No podía pensar en nada más que su objetivo a medida que seguía a la renqueante bestia. Estaba decidido a terminar el trabajo.
La criatura era rápida, pero la distancia entre los charcos negros que dejaba a su paso indicaba que estaba yendo cada vez más despacio. Se pasó horas siguiéndolo, tantas que el dolor de su brazo acabó convirtiéndose en una simple punzada que podía ignorar. Tenía la garganta reseca de tanto correr tras la criatura, y la saliva se le acumulaba en la boca por el esfuerzo. Le ardían los pulmones y hacía ya tiempo que estaba al borde del colapso, pero no podía dejarlo escapar.
Su padre le contó una vez que los humanos solían cazar a la megafauna de la antigüedad persiguiéndolos durante horas, sin cejar en su empeño hasta que el animal estuviera demasiado agotado como para defenderse. Baekhyun esperaba que sus antepasados estuvieran orgullosos de él por estar usando la misma técnica.
La luz añil del amanecer comenzó a deslizarse entre las ramas lentamente, mientras el drekavac se dirigía a la entrada de una caverna situada en la ladera de las montañas. La oscuridad se tragó a la criatura, envolviéndola por completo. Baekhyun siguió adelante, y se apoyó en la entrada de la cueva para recuperar el aliento. El sudor le caía a chorretones por la espalda y le empapaba el cabello, haciendo que se le pegaran al rostro a medida que se adentraba en la cueva.
La creciente luz del alba reveló que la caverna era poco profunda, a lo sumo unos metros. Finalmente, aquella silueta peluda y viscosa se desplomó sobre un costado y empezó a respirar de manera agitada. Baekhyun se inclinó sobre el drekavac; observándolo con curiosidad, y el pálido cráneo lo observó de vuelta. El drekavac dejó escapar un quejido lastimero antes de desplomarse de nuevo, resignado a su suerte.
El añil se tornó violeta tras Baekhyun a medida que la luz se extendía, lo que le permitió observar a la criatura con más detenimiento. Era muy delgada, y su húmero pelaje era lo que le daba la mayor parte de su forma. Miró las dos patas heridas y vio un hueso que sobresalía de la trasera. Aquel hombre del pueblo debió haberle hecho un destrozo a juzgar por lo dañada que estaba.
Baekhyun sintió lástima por el animal. A pesar de haber aterrorizado al pueblo de Velak durante meses estaba ahí tendido frente a él, apoyándose en literalmente su última extremidad, así que no podía sentir la suficiente rabia hacia él. Cada una de sus respiraciones era un quejido, e incluso con lo debilitado que estaba hacía lo posible por alejarse de la luz del Sol.
Dejó escapar un suspiro. El alcalde Jaehwan le arrancaría la cabeza si supiera lo que Baekhyun estaba a punto de hacer.
Baekhyun se acercó al drekavac e ignoró el débil gruñido que emitió. Se arrodilló junto a él y le puso una mano en el hombro, a lo que la criatura se estremeció, pero no pudo hacer nada por resistirse. Baekhyun dejó que sus dedos se hundieran en el pelaje opaco, rozando sus huesos cubiertos por una capa de carne tan fina como el papel. Acarició el cuerpo de la criatura y llevó su mano a la pata herida.
En cuanto la tocó, el drekavac levantó la cabeza y rugió. Baekhyun chasqueó la lengua y sacudió la cabeza. —Si sigues gruñéndome así no podré curarte, ¿sabes?
La criatura le devolvió la mirada con sus ojos vacíos, mientras que el ojo rojo de su boca parecía estar mirando constantemente a todos lados. El hecho de que no hubiera vuelto a quejarse significaba que lo estaba escuchando.
Baekhyun apoyó una mano con cuidado sobre la fractura. Un símbolo brillante del Sol apareció flotando alrededor de su muñeca, y una luz dorada brotó de la palma de su mano. Los huesos crujieron al volver a su lugar, y la carne volvió a recubrirlos. Al principio el drekavac gimoteó de dolor, pero luego suspiró aliviado y se relajó, apoyándose contra las rocas.
Baekhyun dio un respingo cuando el cuerpo de la criatura empezó a despedir una humareda tóxica. Se cubrió la mitad inferior del rostro con la capucha para evitar respirarlo y se quedó atónito al ver cómo el pelaje oleoso empezaba a desprenderse del cuerpo. El cráneo de hueso cayó hecho pedazos, la criatura empezó a encogerse y poco a poco tomó una forma más humana.
Baekhyun vaciló al arrodillarse de nuevo junto al cuerpo y empezó a apartar los pedazos de pelaje. Ahogó un grito cuando su pálida mano reveló una cálida piel bronceada cubierta de pecas aún más oscuras. Los restos de viscosidad le quemaron las manos a medida que se abría paso, hasta que finalmente pudo ver el cuerpo de un hombre.
Cualquier rastro de brea se convirtió en humo y se consumió en cuanto la luz roja del amanecer empezó a brillar detrás de ellos. Baekhyun llevó una mano a la cara del hombre, apenas si acariciándola. Pasó el pulgar por su mejilla, un gesto que acabó pareciendo más íntimo de lo que pretendía.
El rostro del hombre era apuesto y de facciones marcadas, con las mejillas sonrojadas por el calor.Los mechones de su largo cabello negro le caían de forma delicada por la frente. Baekhyun los echó hacia atrás, tratando de procesar lo ocurrido.
Todo este tiempo la bestia no había sido más que un hombre condenado a matar. Lo único que hacía falta para revertir su maldición era que alguien se arriesgara.
Un sentimiento de culpa se acumuló en su pecho, se abrió paso hasta su estómago y formó un nudo. Podría haber salvado a este hombre hacía tanto tiempo, podría haber evitado tantas muertes… Si hubiera hecho mejor su trabajo, tal vez podría haber acabado con todo.
Baekhyun se quitó la capa y cubrió al misterioso hombre para preservar su honra. Por ahora esperaría a que su protegido despertara.
Luego ya pensarían cómo volver a casa.