Capítulo 1
El lugar olía a hospital aún cuando él sabía y estaba completamente seguro de que era una cárcel, puesto que la mayor parte de los reclusos ahí recibían algún tipo de medicación para calmar aques psicóticos, de ira, o calmar "las voces".
Había trabajado duro en su carrera de psiquiatra para poder llegar a dónde estaba parado en ese instante, fue pisoteado por sus compañeros egocéntricos y gracias a su esfuerzo logró entrar como doctor de uno de los pacientes en la prisión psiquiátrica de alta seguridad llamada "Las Nevadas"; un lugar plagado de enfermos mentales, psicópatas, asesinos seriales, abusadores, y entre otros mas que formaban parte de esa larga lista.
–Buenas tardes, Doctor Luzuriaga.– una de las secretarias del lugar lo recibió con una gran sonrisa y tecleo algo rápido en su computadora.
–Buenas tardes señorita.
–El señor Samuel lo está esperando para llevarlo con su paciente.
Pasaron un par de puertas con código, el frío en ese lugar te calaba hasta los huesos y eso solo lo hizo parecer más de película de terror.
El pelinegro lo esperaba paciente frente a una puerta en específico, era completamente blanca y tenía una placa que requería una tarjeta de acceso, el paciente debía ser extremadamente peligroso para tenerlo encerrado de esa manera. Se saludaron formalmente y la secretaria salió del lugar rápidamente con la vista siempre al frente.
–Luzu, un placer tenerte trabajando aquí.– Samuel iba vestido de traje y con el cabello perfectamente peinado, era el dueño del lugar y un alfa puro igual que él, tenía que demostrar pulcritud y sanidad mental.
–Debo agradecerle a usted por darme la oportunidad de trabajar aquí.
–Oh vamos, no me hables de usted porque me siento viejo.– palmeó su hombro juguetonamente.– Solo llámame Samuel.
–Samuel, gracias por tu confianza.– le dio una calida sonrisa.– ¿Podrías hablarme sobre el paciente que voy a estar tratando?
El pelinegro asintió y miro la puerta sabiendo que probablemente quien se encontraba al otro lado los estaba escuchando.– Está es la habitación de uno de los pacientes más peligrosos en Las Nevadas, es conocido como Big Q o Quackity por los medios de comunicación ya que él mismo dio esos nombres. Es un omega dominante que tiene antecedentes de agresión, homicidio y canibalismo.
No pudo evitar sorprenderse ante lo que Samuel le decía, realmente trataría con alguien peligroso.
–Tambien presenta signos de bipolaridad y problemas de irá, probablemente tuvo traumas de pequeño que influyeron en su conducta.
–¿Qué edad tiene?.– él suponía que debía tener entre 30 y 40 años, pues su lista de delitos era larga.
–Tiene solo 22 años.
Luzu tragó pesadamente mientras veía al pelinegro estupefacto, debía ser una jodida broma.–Esto está loquisimo.– río nerviosamente.
–Pero no corres peligro, en todas las sesiones estará esposado y con bozal.
–¿Cómo un perro?.– se sintió algo apenado por él, lo trataban como una criatura peligrosa.
–Sí. Bueno no te quito más tiempo, suerte.– metió el código en la puerta y se escuchó el click de está abriéndose.
Luzu entró cerrando la puerta tras de él encontrándose en la cama de la habitación con un joven de cabello oscuro.
Sus miradas se encontraron y el castaño casi podía jurar que las pupilas del menor se ensancharon al verlo.
–Doctor.
–Hola, soy Luzuriaga. Tu nuevo doctor.
–Que bien, el otro era muy aburrido.– dijo burlón mientras se sentaba en la cama para ver mejor al castaño.
–Tu eres ¿Alexis?.– levantó la ceja mientras miraba entre las hojas y él.–He escuchado mucho de ti.
–Nadie me llama así.– murmuró molesto.–¿Lo que escuchaste del loco ese de Samuel? él no sabe nada.
–Pues vengo aquí para saber de ti, Alex. Agradecería que colaboraras conmigo.
Luzu se sentó en una de las sillas de la habitación y acomodó sus gafas en el puente de su naríz mirando fijamente al menor.
–¿Qué deseas saber?
–Cuentame sobre tu niñez.– el pelinegro lo miró curioso, normalmente ningún doctor se interesaba en su infancia e iban directo al punto sobre como, cuando y porque había desarrollado sus tendencias extrañas.
–¿Y si no quiero?.– le sostuvo la mirada y pudo notar como los ojos del mayor pasaron de ser tranquilos a duros y fríos.
–Tengo todo el día, si es necesario me quedo aquí hasta que hables. Conozco como son el tipo de personas como tú, con su estúpido egocentrismo y superioridad.
Alex sonrió ante la respuesta.– Me gusta, es directo.
–¿Qué?.
–Me llamo Alexis, crecí en México la mayor parte de mi vida.
–México, eh.– lo miró aún con el rostro serio.– Cuéntame más de ti, Alex.
–Mi padre se fue cuando aún era un niño solo porque nací omega, y mamá... Ella me lo dio todo, yo era su adoración.– dijo mostrando un poco de debilidad frente al doctor, inmediatamente se recuperó.– Era su adoración hasta que me convertí en esto.
–¿Y la escuela?.
–¿Está dispuesto a escuchar la historia de este pobre animal?.– lo miró con ojos curiosos y el castaño asintió y le sonrió sincero. Su corazón latió con fuerza y aquel sentimiento enfermo creció en su interior.– Mis años de preescolar fueron normales, un niño mexicano promedio que va a una escuela plagada de mocosos que no saben ir al baño solos, comen crayones y pintan con los dedos. A esa edad solo me importaba que Power Ranger era o que tazo me hacía falta en mi colección, si tendría un hotweel en navidad o si mamá me daría unos centavos para comer cheetos
–¿Qué Power Ranger querías ser?.– Luzu sonrió con ternura mientras al menor le brillaban los ojos con inocencia.
–El negro.
–Yo quería ser el rojo, ya sabes, todo niño quiere ser el protagonista.– se encogió de hombros y Alex río por lo bajo mientras lo miraba ilusionado.– Sigue contándome.
–Cuando cumplí 8 años salvé a un pequeño cuervo que había caído de su nido. Para mí él era la cosa más hermosa que pudo pisar el planeta Tierra, con su plumaje negro y sus preciosos ojos como dos completos abismos. Lo llamé Darth porque era fan de Darth Vader, creció conmigo y me acompañó hasta que cumplí los 15 años de edad, hacía todo junto a él e incluso mis compañeros de clase sabían que tenía un cuervo que hablaba. Le enseñé algunas groserías por las cuales mamá me regañó después pues "un niño no debe decir esas cosas" y yo solo me reía.– suspiró melancólico.– Todo era perfecto hasta que un estúpido niño de mi salón creyó que sería gracioso lanzarle una piedra que lo mataría.
–Que mier...
–No pude controlarme pues había matado a mi único amigo, mi pequeño Darth. Recuerdo lanzarme sobre él y golpearlo, sentir su piel desgarrarse bajo mis dientes que se incrustaron en su brazo para cubrirse de mis ataques.– sus pupilas se dilataron al mencionar aquello y Luzu lo miró curioso.– Fue la primera vez que probé la piel y carne humana.
–¿En ese momento supiste que te gustaba?.– dijo mordisqueando su bolígrafo, el menor ladeo la cabeza.
–Oh no, ese solo fue un pequeño empujón.– mostró sus dientes en una gran sonrisa.– Yo creía que había cometido una atrocidad, que había lastimado a un pequeño inocente. Después vinieron los pensamientos raros, como ¿por qué no escupí el trozo de piel que le quité?, ¿por qué su sangre sabía tan bien?
–Por qué quiero repetirlo...– murmuró por lo bajo el castaño y Alex lo miró fijamente, curioso.
–¿Qué dijo?.
–Nada, prosigue.– carraspeo y el pelinegro recargó su barbilla sobre sus manos esposadas.
–¿Le han dicho lo guapo que es?.– una sonrisa coqueta asomó bajo el bozal de metal y Luzu solo soltó una risita.
–Sí, un par de veces.
–Cuenteme sobre usted, doctor.–su mirada curiosa lo analizaba, tratando de ver más allá de sus ojos fríos y su sonrisa falsa.
–¿Qué quieres saber, pequeño Quacks?.– cerró el cuaderno sobre sus piernas y miro directamente al menor que lo observaba emocionado; se había decidido a no seguir los protocolos que ya conocía y se limitaría a charlas con Big Q.
–Cuenteme sobre su niñez.– se levantó de la acolchada cama y se sentó con las piernas cruzadas frente al mayor como un niño esperando un cuento de hadas, fue ahí cuando Luzu notó lo terrible que era la cicatriz en su rostro y como un diente de oro brillaba bajo su sonrisa.
–Siempre fui un niño de excelencia, desde el preescolar hasta la universidad. A diferencia de ti, yo nací y crecí en España donde fui criado por mis padres que trataban de que yo fuese perfecto, desde mi ropa, hasta mi corte de cabello y notas escolares.– bajó la vista a Alex que lo miraba atento.– Recuerdo que tuve una riña con un niño que había robado mi dibujo de un tigre y mi pequeño peluche.
–Dejeme adivinar, un tigre.– el menor sonrió divertido cuando Luzu asintió.–Ese pequeño era mi adoración y ese niño lo había robado, así que tome mi jugo de manzana y lo vacíe sobre él. Salió llorando hacia la profesora y me devolvió al pequeño Tigre pero no mi dibujo.– fingió un puchero y Quackity lo miró triste.
–¿La siguiente sesión puedes traer crayones y al pequeño Tiger?.– dijo mordisqueando sus labios haciéndolos sangrar un poco, cosa que alertó al mayor que inmediatamente detuvo ese acto con sus dedo.
Ambos se miraron fijamente y en silencio, el pequeño hilo de sangre corrió por el labio del menor y Luzu tragó pesadamente alejando su mano de los labios heridos.
–Traere los crayones y a Tiger.– carraspeo y se levantó de su asiento tomando sus cosas.– Nos vemos la siguiente sesión, Quackity.
El menor se levantó de su lugar y se quedó parado junto a su cama mirando al castaño con una sonrisa, agitó su mano animadamente y se despidió.– Nos vemos, Luzu.
El mayor insertó el código y salió de aquella habitación fría, su corazón latía salvajemente y sus manos temblaban nerviosas; miró la mancha de sangre en su dedo y limpió con su lengua para después esconder las manos en su pantalón, debía volver a casa.
La siguiente sesión era en dos días, solo debía esperar paciente para ver a aquel interesante chico...
Sonrió ladino y se encaminó a la salida, pensando en la sonrisa brillante del menor.