Capítulo 1- La nueva casa
Mas que una casa... Una mansión
Cuando llegamos a la nueva casa realmente estaba sorprendida, era grande, espaciosa, muy espaciosa, tenía tantas habitaciones que nos haría falta comprar nuevas cosas para poder llenarla por completo. Nuestra casa anterior era muy amplia, perfecta para nosotros tres, tenía mi propio baño, un gran armario y para mi excelente suerte las paredes eran a prueba de ruido, por lo que podía estar escuchando mis discos de Jazz a cualquier hora del día.
En esta nueva casa la cuál apodé como “la mansión”, La puerta principal era tan grande que, aunque diera brincos no podía alcanzar a tocar la parte más alta de esa madera tan fina. Entré cargando en hombros mi mochila favorita color negra de cuero, y en mis brazos mi tocadiscos (Obsequio de Nana, por supuesto), caminé sigilosamente como lo debería hacer un ratón al tratar de pasar desapercibido, mis audífonos me inundaban los oídos con “Oblivion - Grimes”, subí las escaleras hacia el segundo piso admirando cada paso que daba, mis converse negros con blanco desgastados parecían insultar el suelo marmolado en cada paso que daba, toqué con las yemas de mis dedos las paredes que no tenían textura alguna, eran lisas, perfectamente lisas, casi filosas al tacto. No fue tan difícil como esperaba el elegir mi habitación, básicamente me guie por la ausencia de luz en esa grande y espaciosa habitación. Tal vez es importante mencionar que eran las plenas 12 horas del día y en todas las demás habitaciones y ventanales entraba la luz por cada rincón, pero no ahí, tenía una gran ventana que daba al jardín, más que una ventana parecía un muro en sí, solo hecho de cristales, no había un solo rayo de luz entrando en esa habitación, era perfecta... Y no, antes de que me juzguen como una típica adolescente gótica o alternativa que le gusta lo oscuro... quiero aclarar que tengo astigmatismo, ¿bien? ... Detesto la luz, básicamente me convierte en un ser que más humano es un ser con vista limitada. En fin, en la habitación había un gran armario donde confiaba cabría toda mi ropa y al fondo de la habitación estaba ese baño, quiero tomarme un momento para describirlo como creo que se merece, era brilloso,... me dejaba ciega. ¿A quién se le ocurría hacer un baño tan espacioso de color blanco hueso?, aún con la ausencia de luz, ese baño podía dejarme encandilada, pero era hermoso, tenía una tina, una regadera que básicamente era 1/3 de toda la habitación que constaba el baño, el lavamanos era amplio, tenía un espejo de cristal grueso...
-¡Sunny Blair!
Mi nombre en la voz de mi madre suena como el nombre perfecto para regañar a gritos a alguien todo el día, juraría que me puso así solo porque sonaba bien decir mi nombre seguido de un “¿Ya terminaste la tarea?” o “Ve y limpia tu cuarto”. Su voz era tan fuerte que ni mis audífonos pudieron ocultar su grito llamándome desde la primera planta de la mansión.