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Santa Kelsey

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Summary

Kelsey Dawson o mejor conocida como Kelly, apenas cumplirá los dieciocho años pero su vida y su persona ya son un desastre andante. Tal vez es la presión de la juventud o simplemente está maldita, pero que su lindo rostro no te engañe o podría dejar su marca en ti. Finje ser una buena chica, va a la Iglesia junto a su familia cada domingo sin falta, da un falso ejemplo a seguir, modera su comportamiento ante los demás como una total sociopata y sonríe amablemente para todos cuando en su mente ha matado a cada uno más de mil veces. Pero sus maquiavélicas ideas se hacen realidad en el momento menos conveniente sacando su verdadero yo al exterior, donde engañar a los demás será incluso más importante que antes. Un pequeño instante, el primer error que comete desencadenará su propia perdición hasta que todo quede fuera de control, siendo eso justamente lo que buscaba aquel ser que la ha estado vigilando. Es un claro ejemplo de que las personas son malas por naturaleza, pero que en la oscuridad acecha algo aún peor a lo que temerle más. ¿Será qué al final logrará verle la cara a Dios al pedir perdón o él mismo lo envió para castigarla por sus acciones? _________________________________________________ HISTORIA DE MI COMPLETA AUTORÍA, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS, PROHIBIDO LA COPIA U ADAPTACIÓN. (DISPONIBLE TAMBIÉN EN WATTPAD)

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Capítulo 01 |"Cuando los pensamientos toman vida"


Kelsey


La navaja en mi mano brilla como si estuviese lista para asesinar a alguien.


Jugar con ella siempre es divertido, lo hago tan seguido que conozco de memoria cada uno de sus detalles, hasta la línea más insignificante. Tenerla conmigo, sentirla entre mis pálidos dedos es una de las pocas cosas que logra animarme los malditos días, para ser sincera.


La hoja, aquella parte filosa que corta hasta papel toma cierto color más brillante cuando se la pone bajo el sol, se ve tan atractiva de esa manera y me encantaría poder dar una aura similar a ella.

La muevo de un lado a otro disfrutando de su figura, sigo sus hipnóticos movimientos sin perderla de vista, mirando ese lado delgado que me encargué de afilar muy bien esta mañana. Su mango es de color rojo, de un tono muy parecido al de la sangre espesa.

Me imagino las incontables posibilidades, las miles de cosas que puedo y podría llegar a hacer con ella. Mi imaginación se pierde en esas imágenes proyectadas en mi cabeza ya que jamás me atreví a usar mis navajas para nada que no sea abrir bolsas de frituras o cortar verduras en casa cuando mamá no está, las he probado en situaciones sutiles, pero muero por ver más...


Ese es un lado realmente curioso sobre mí: soy amante de este tipo de armas, las colecciono como si fuesen un tesoro de valor incalculable, pero no soy capaz de darles un uso apropiado, se merecen más que unas simples verduras o bolsas de comida chatarra.


Mi mayor pregunta, mi curiosidad más grande es qué pasaría si decido usarlas contra otro ser humano, tomar a alguien que no merezca nada en esta vida y cortar suavemente su piel. Anhelo poder ver la reacción de la otra persona y ver como sería mi comportamiento para manejar esa situación, acaso me gustará o me aterraré de mis propias acciones, despertará un lado aún más sádico en mí o temeré que alguien pueda hacerme lo mismo. Son tantas preguntas que no sé cómo responder y es un total fastidio.


Tengo una gran colección escondida en casa, pero esta navaja de mango rojo es de mis favoritas, es mi bebé.


Suelto un largo suspiro y bajo mi mano, vuelvo a la realidad en la que me encuentro lamentando otra vez vivir en este mundo tan aburrido del cual me quejo, pero del que no puedo salir. 


El estacionamiento de la escuela quedó vacío hace casi una hora atrás, no hay nadie en las instalaciones de la misma a pesar de que durante el día hay miles de personas dando vueltas y vueltas, todas se fueron a casa pero yo no sentí esa necesidad.

Ahora sólo estoy aquí apoyada en el capo de mi auto color mierda, es tan feo y viejo que me sorprende mucho que aún funcione, con cada día que pasa se deshace más al igual que mi vida. Pero las opciones son pocas, es esto hasta cumplir dieciocho o dejar que mi madre pase por mí cada día volviendo mi existencia adolescente más agónica.


Y esa es una de las razones por las que no quiero regresar a casa tan temprano, en estos momentos mi madre debe estar dándole lecciones sobre la Biblia a los amigos de la pequeña Isabel, mi hogar debe ser el centro de las clases de catecismo y no estoy dispuesto a aguantar esos sermones y habladurías de la que nadie está al cien por ciento seguro.


Es una situación algo irónica, crecí dentro de una familia extremadamente religiosa que le ha entrado su vida a Dios y a la Iglesia, pero cuyo ejemplo no puedo ni logro seguir a pesar de intentarlo. Simplemente esas ideas no terminan de atraparme, no siento ninguna conexión como ellos, y tampoco Dios ha tratado de buscarme.


Ya es viernes, pasé la mitad del día encerrada dentro de la escuela siguiendo un orden educativo al igual que todos los demás, otro día donde me he esforzado en mantener las apariencias de niña aplicada y estudiosa, que viste como mojigata y se come sus insultos para no ofender a nadie.

Estoy tan cansada de esta gente, de esta escuela que usa el mismo sistema con todos a pesar de tener capacidades diferentes y que no te espera si no logras acostumbrarte a él, que nos da la misma mediocre educación a todos enseñando y haciéndonos creer que lo único correcto es lo que ellos dicen, cuando la mitad de lo que dictan no te servirá cuando estés en la vida real.


Tener esta edad no es fácil, crees que medio mundo está en tu contra y que la otra mitad sólo sabe burlarse de ti. Por suerte este es mi último año y pasaré a ser una adulta más del mundo moderno muy pronto. Anhelo esa sutil libertad que la madurez te da, al menos quiero poder alcanzar eso y dejar de ser una niña ante los ojos de todos.


Vaya mierda.


Al mirar a lo lejos, por encima del edificio escolar puedo contemplar los últimos rayos de sol que iluminan el cielo de nuestra querida Westland. Esta es una ciudad conocida por tener las mejores manzanas verdes del condado y ganadora cinco veces seguidas del premio a la mejor fruta, es ridículo saber que los habitantes están tan orgullosos de algo tan tonto y que no hay postre que no lleve manzanas por aquí, pero al menos tenemos una distinción de otras ciudades.


"¿Dónde vives?" "Oh, vivo en la ciudad dueña de las mejores manzanas verdes del país" "¿Westland?" "¡Sí!"


¿Debería comprar una granja y cultivar manzanas también? Es lo que todo el mundo hace aquí, solo hay dos opciones: eres granjero o religioso. 


No tengo planes para esta noche, nunca tengo planes para nada en realidad, sólo soy un alma más que vaga sobre la tierra sin saber cuál es su propósito. Realmente mi vida es aburrida, esta fachada que cargo no me permite hacer muchas cosas, en serio solo sigo órdenes como la buena niña que aparento ser. Tal vez sea un alma rebelde, pero vivo sumida en los deseos de mis padres porque a pesar de ser una mierda jamás quisiera lastimarlos.


Ser hija de religiosos no da mucha libertad, ando cargando con toda clase de restricciones y formalidades que llevar a cabo, realmente eso no me importa pero lo hago por mis padres y por mi hermana menor, ellos son lo más importante que tengo a pesar de todo y hago cosas para mantenerlos felices, como la buena hija que intento ser. Ese es mi único trabajo, a veces de tanto fingir siento que se está haciendo realidad. Que mi ser se pudre lentamente y va tomando la forma de un buen samaritano vacío y carente de creencias propias.


Debería ser definida como la oveja negra de la familia, soy tan diferente a ellos y no logro acomodarme a su estilo de vida porque mis ideas son más fuertes, o al menos es lo que pasa por ahora. En ellos puedes mirar y notar la pureza de sus almas, cada acción que hacen va de la mano con la bondad y la sinceridad, creen en Dios más que en ellos mismos, y yo... Yo sé muy bien que mi alma tiene como destino el mismo infierno, allá en alguno de los nueve círculos debe haber un lugar con mi nombre porque no soy una buena persona y eso no cambiará por mucho que aparente lo contrario. Es una mentira que no puedo creerme, pero que se va instalando en el fondo de mí a la fuerza. 


El pueblo entero nos cree una familia feliz y plena, puede que en algún punto lo seamos de verdad, pero yo soy como la oveja que decidió alejarse del rebaño porque se le antojó otro tipo de pastizal. Mis gustos me marcan un rumbo muy diferente al que mis padres tomaron y del que Isabel tomará, y soy consciente de ello. Viviré atrapada en este engaño toda mi vida o algún día tendré el valor de seguir mis propias ideas, quién sabe.


Suelto un suspiro anhelando poder probar un cigarrillo, no fumo hace tanto y la abstinencia me está matando. Se volvió un maldito vicio desde el día uno, pero no puedo hacerlo muy seguido porque me condenaría al llegar a casa oliendo a humo, las excusas ya se me acabaron y mamá comenzó a sospechar algo raro en todo eso: cree que tengo un novio drogadicto porque según ella incluso el tabaco es una droga.


Necesito sentir aquella satisfacción causada por el nicotina, es lo único que me transmite algo de paz en mis momentos de estrés. Sé que parece muy fácil y algo tonto llevar una vida como la mía, pero realmente es estresante no saber qué carajos será de ti en unos años por la forma en que te manejas ahora, pensar en que no has hecho nada bueno con tu miserable vida, que eres una mierda y cargar con la familia perfecta hace que todos los días me duelan los hombros de manera literal.

Los cigarrillos han sido un vicio que aparece sólo cuando es necesario y cuando no tengo cigarrillos que fumar, que coincidencia. 


Aprieto los labios y vuelvo a jugar con la navaja tratando de distraerme de mis absurdos pensamientos. Sé que debería ir a consulta para un diagnóstico correcto pero uno mismo sabe cuando la depresión y la ansiedad se lo están comiendo por dentro, y ese es mi caso.

De todas formas no habría ayuda para mí al tratarse de una chica de 18 años, la sociedad trata la depresión joven como algo pasajero, que con el tiempo se quitará, o una simple tristeza que se exagera. Pero cuando uno de ellos lo padece es motivo de alarma y gran preocupación, que tontería.


El sol se va perdiendo detrás de los grandes edificios de la ciudad, se va despidiendo de mí lentamente haciéndome saber que pronto tendré que ir a casa por más que no quiera hacerlo.


Ah, mierda.


—¿Dawson?—escucho una voz chillona detrás de mí, la mención de mi nombre me toma tan de sorpresa que mis manos tiemblan al intentar ocultar la navaja en mi bolsillo.


Con la curiosidad por delante tengo que voltear para encontrarme a una Rachel Lord mirándome con sus ojos azules desde una distancia prudente, tiene el entrecejo ligeramente fruncido como cada vez que la veo, a veces siento que esos ojos del mismo color que el océano ven lo que traigo dentro y por eso su rechazo hacia mí y ese constante gesto que mi presencia parece darle.


Pero déjame decirte, querida Rachel, que el desprecio es algo mutuo entre nosotras. 


—¿Qué haces con eso, es una navaja? ¿Sabes que está prohibido tener armas blancas o cualquier otro tipo de arma dentro de las instalaciones de la escuela, verdad?—su tono está lleno de reproche, su ceño fruncido me hace saber que mis acciones la están molestando y sus perfectas facciones me llenan de fastidio.


Lo que me faltaba.


Mi compañera de clase pone sus manos sobre su diminuta cintura y me mira de manera reprobatoria. Al ser la presidenta de clase se cree demasiado, como si tuviese derecho sobre todos nosotros cuando lo más importante que hace en su día es cuidar que sus perfectas uñas no se rompan y que los alumnos no se besen entre ellos.


Suelto otro suspiro ante su actitud tan correcta. ¿Así es cómo me perciben los demás cuando estoy en mi papel de niña buena?


—no es nada, Rachel; sólo ignoralo, por favor.


—¿No es nada? Sé muy bien lo que vi.


—por favor, sólo sigue tu camino. Es mi lima de uñas, nada importante.


—dámelo—sus pasos la guían hasta mí, se pone en frente y extiende la mano como esperando por algo.


—¿Qué, para qué lo quieres?—frunzo el ceño también, su comportamiento empieza a irritarme, a poner mi paciencia en juego y para su mala suerte soy alguien que carece de autocontrol en estos momentos.


Somos dos chicas con la misma estética; la verdad es que siempre me he inspirado en ella para verme lo más sosa posible y pasar desapercibida: con un estilo Soft casi cute que usa demasiados estampados de pequeñas flores, poco maquillaje simulando algo natural, el cabello suelto y un comportamiento pasivo-agresivo, tenerla delante de mí es como verme en un espejo, claro, con ciertas diferencias como el color de pelo y el matiz de los ojos.


No soy su fan ni mucho menos una acosadora, pero es la más útil cuando se trata de dar el buen ejemplo y por eso me convertí en una imitadora.


Una sonrisa de satisfacción cruza por su pálido rostro de muñeca, se ha pasado todo el año escolar tratando de menospreciarme de forma sutil, en pequeños momentos, en situaciones dónde justamente no tengo como defenderme. Tal vez ella también es igual a mí en ese aspecto: finge ser buena cuando por dentro es despreciable, o simplemente me odia.


—¿Qué pasa? Sólo te estoy pidiendo prestada la lima de uñas—agrega, me mira directo a los ojos tratando de intimidarme.


—no te la daré—. Mi mano dentro del bolsillo aprieta el mango rojo con fuerza.


—¿Por qué no? entonces sí es una navaja ¿verdad?


—te he dicho que no lo es, no usaría algo así jamás.


—entonces enseñame qué tienes ahí, déjame ver—sus manos se aproximan a mí intentando tomar lo que hay dentro de mi bolsillo. Me aparto tratando de esquivar sus entrometidos dedos, pero ella insiste.


—¡Déjame en paz, ¿Qué mierda te pasa?!


—le diré al director lo que traes, este tipo de cosas no están permitidas—suelta casi furiosa, como si estuviese rompiendo una ley suya.


—¡Ja! El director ya no está, todos se han ido a casa ya y tú deberías hacer lo mismo—digo sin preocuparme.


—sí está, acabo de tener una junta con él, y no le gustará saber que su alumna favorita juega con un cuchillo en el estacionamiento de nuestro respetado colegio.


—cierra la boca—la apunto con la navaja, sus amenazas me están colmando la paciencia.


Rachel no parece tener miedo a pesar de estar frente a una desquiciada con un arma entre las manos, es más, sonríe de manera triunfante al estar tan segura de que no le haré nada y al ver que sus sospechas eran ciertas.


—sí tenías una navaja... Se lo diré al director, sabes que debo informar este negligente comportamiento que estás teniendo; traer una arma blanca y amenazar a una compañera no está nada bien, Kelsey. —Ella comienza a dar unos pasos hacia atrás sin dejar de mirarme, con esa sonrisa y ojos burlones que elevan mi nivel de molestia. —Al fin se te caerá tu teatrito de Santa.


¿Por qué debe ser tan insoportable?


—Tú no dirás nada—suelto.


Sé a la perfección que no podemos portar armas dentro o alrededor del colegio, pero no puedo despegarme de mis más preciadas reliquias, amo con locura mis navajas y dagas, son como una parte de mí y no puedo soltarme de ellas. Siempre me han acompañado a todas partes.


Mierda, no puedo dejar que esta perra abra la boca y me delate, eso causaría que me arrebaten todas las que tengo y que una sanción de parte de la escuela caiga sobre mí, mi fachada de chica buena se vendría abajo muy rápido y todo el tiempo que invertí en aparentar habrá sido en vano.


Debo proteger lo mío.


Rachel se va alejando, comienza a usar movimientos más rápidos intentando alejarse, pero la claridad viene a mí en el momento justo para actuar e ir tras ella.

Mi mano se sujeta fuertemente de su delgado y pálido brazo, con brusquedad la hago girar y que de la cara otra vez.


Esto le parece tan divertido, mi comportamiento desesperado le da gracia, esa tonta sonrisa en sus rosados labios no miente, lo disfruta y ama verme acorralada. Debe creer que me tiene en sus manos, atrapada entre esos finos y huesudos dedos, sé que la sola idea le fascina. Espero disfrute estos breves segundos porque no le daré ese beneficio, el placer de burlarse de mí nunca le va a pertecer a nadie.


Estoy harta de ella, sus actitudes tan estúpidas me dan jaquecas, me da comezón cada vez que la tengo cerca, es una maldita alergia que debo eliminar algún día.


Por supuesto que ella no se queda quieta, forcejea tratando de soltarse de mi agarre pero es aquí donde saco las uñas aferrándome más a su cremosa piel, la escucho soltar un quejido que se asemeja a la música para mí y tiro de ella devolviéndonos al lugar donde este enfrentamiento comenzó, o sea, cerca de mi auto.


—suéltame ya, Kelsey—se queja tratando de no seguirme, pero soy más fuerte y la llevo justo a donde quiero. Empujo su cuerpo haciendo que choque contra el capo de mi coche, se sostiene con las manos sobre él recuperando el equilibrio.

Levanta la mirada, bajo la fina cortina dorada de sus cabellos veo sus ojos fulminándome, expresan tanto odio en un sólo segundo que hace saltar mi corazón.


Mierda, me odia de la misma manera que yo a ella y eso es un tanto emocionante porque nunca he sido correspondida en nada. 


—¿Qué mierda te pasa?— Pregunta Rachel entre dientes, arrastrando las palabras con asco.


—¿Qué?—se me escapa una sonrisa sarcástica, la miro fijo con descaro. —Pero si tú comenzaste.


—Estás loca—. Intenta volver a pasar, pero con otro empujón la devuelvo a su lugar y cae tan fuerte que su delgado cuerpo choca contra el material frío del auto.


—¿A dónde crees que vas? No hemos terminado.


—No tengo nada de que hablar contigo, pero sí una cosa que hacer: denunciarte. Con esto que haces solo sumas más acusaciones.


—¿Y qué, irás a decir que te amenacé, que te di unos empujones? No son motivos suficientes, son cosas que pasan en una discusión normal.


—Nada de lo que tú haces es normal—suelta con prisa arrollando mi propia voz, no ha dicho nada demasiado ofensivo pero de inmediato guardo silencio como si me hubiese dicho el peor insulto del mundo—. Nada en ti es común a pesar de que aparentas, eres un ser despreciable, tienes al mismo diablo dentro y yo lo he visto.


Sus ojos me expresan esa repulsión y odio que siente hacia mi persona. Nos conocemos hace tanto tiempo y no hubo ni una sola ocasión en la que nos llevaramos bien, su desconfianza o tal vez su intuición la mantuvo lejos de mí todo este tiempo, alerta y vigilante. Ella es la única que por alguna razón que desconozco sabe perfectamente como soy en realidad, a veces hay personas así y es un fastidio tener que lidiar con ellas. 


—¿De qué hablas, el diablo dices?—ensancho mi sonrisa, la religión está en cada parte de esta ciudad y en cada habitante, ni siquiera en una discusión me deja en paz.


—Sí, eres hija de Satanás—sus creencias religiosas aparecen, usando esas malas comparaciones para describirme.


—Y tú sólo eres una niña estúpida que intenta ser el centro de atención en todos lados—me acerco más a ella, mi mano se posa sobre sus mejillas apretando y obligándola a que me vea bien. Su cuerpo se apoya sobre el auto, detiene su respiración al tenerme cerca y bajo la llema de mis dedos siento el calor de su cara—. Ya cállate, tu voz me da dolor de cabeza.


—Suéltame ahora mismo, Kelsey, o verás—me amenaza a pesar de no estar en una buena posición. Su mala respuesta sólo hace que mis dedos le aprieten más las mejillas, tan fuerte que puedo sentir los huesos de su mandíbula bajo la piel.


—¿O veré qué?—acerco mi rostro un poco más al de ella, mantengo sus labios bajo mi atenta mirada, es bonita y muy sexy bajo esos feos vestidos floreados, pero su estúpida forma de ser le quita todo el atractivo.


Su expresión no cambia en lo más mínimo, está tan decidida como yo a no dejarse pisotear. No me aparta la mirada, la sostiene fijando sus ojos azules en los míos del mismo color. Intenta mantener la distancia entre nosotras inclinándose hacia atrás pero sólo hace que yo avance acortándola.


Se escandalizaría tanto si la beso, sería el peor castigo para ella, una mancha que su conciencia no la dejaría borrar. Con esa idea en mente me acerco cada vez más, tanto que logro tocar sus labios con los míos, pero eso parece encender la furia dentro de ella, la suficiente molestia para actuar por fin: recibo una cachetada que gira mi rostro por completo y hace que mi mejilla arda tras el golpe, seguido de ello llega un empujón de sus manos que me hace ir hacia atrás rompiendo todo contacto.


Rachel corre intentando ir hacia la entrada principal del colegio. Su actitud me hace soltar un gruñido demostrando la enorme ira que su comportamiento de niña me provoca, e instintivamente la persigo como un cazador a su presa.


Creí que no iba a alcanzarla, pero entonces lo hago tan fácil: la tomo nuevamente del brazo con toda la fuerza que me queda, pero esta vez ella decide defenderse a la primera colocando sus manos en mi rostro, sus dedos se pasean por mi cara tapándome los sentidos.

Mis manos se estiran hacia ella intentando detenerla, no logro ver nada mientras sus falanges intentan apretarme los ojos y sólo lucho contra ella a acciones ciegas.


Un grito áspero escapa desde el fondo de su garganta, dejándome casi sorda por unos segundos y con la piel erizada. Aquel alarido me paraliza y cuando se produce una repentina calma y silencio vuelvo a sentir aquello que mi mano empuña con fuerza...


Lo que parece una simple pelea de chicas pasa a otro nivel cuando se me olvida que en una de mis manos tengo aún la navaja, lo olvidé por completo tratando de apartar sus manos de mi cara. Se sentía como otra parte natural de mis extremidades, su peso y forma hasta el frío de su mango rojo desapareció por un instante.


Todo se ha detenido, retrocedo un paso dándole espacio y viendo el terrible error que acabo de cometer. La rubia me mira fijamente mientras se lleva las manos al cuello, se sujeta la piel presionando la herida que le hice sin querer con la intención de parar el sangrado.


Veo su rostro empalidecer de inmediato, el miedo se apodera de sus brillantes ojos mientras la cascada de sangre sale de ella manchándolo todo a su paso.


En el momento en que la sangre comienza a brotar de la fina línea que mi navaja dibujó en ella, cuando el líquido carmesí ensucia sus manos y le baja por el resto del cuerpo me doy cuenta de lo que he hecho y de lo grave que se tornó esta situación. Mis ojos se llenan de miedo al igual que su mirada, y mis manos tiemblan al no saber qué hacer ahora.


Esto no puede estar pasando.


El cuerpo de Rachel cae al piso al momento cuando ya no puede mantenerse de pie frente a mí, ella queda a mis pies tendida en el suelo de cemento gris dándome una imagen increíble tal como sucede en las películas de terror: un charco de color rojizo comienza a formarse al rededor de su cabeza, hay un gran corte en su cuello el cual fue provocado por mí y mi estúpido descuido. Lucha por su vida desesperadamente, su intento por seguir respirando la sacude de formas extrañas y se va ahogando con su propio liquido vital en el proceso. 


Bajo la mirada hasta el arma en mis manos, la hoja está cubierta de la sangre de ella y como si fuera un balde de agua fría la complejidad de la situación recae sobre mí, una vez que el shock desaparece.


¿Qué fue lo que hice?


—Ra... Rachel—menciono su nombre en un fino tono asustadizo, no me ánimo a tocarla, pero mi pie le da un leve toque a su brazo en un tonto intento de ver si aún vive.


Trago grueso intentando llevarme el nerviosismo. Mis ojos arden y se cristalizan, siento como mi pecho se oprime y respirar se vuelve algo difícil.


—Rachel, levantate—, vuelvo a decir—. Vamos, deja de jugar.


Mi única respuesta es la forma en que aquel charco de sangre se hace cada vez más grande y la falta de brillo en su mirada azul. Sus ojos se apagaron hasta dejar solo un rastro oscuro como si estuviese viendo las profundidades del mar, su pecho dejó de subir y bajar con frenesí deteniéndolo todo y de un segundo a otro su existencia dejó de estar en este mundo, a causa y error mía.


La maté. Asesiné a Rachel Lord.


Mi mano cubre mi boca ante el impacto de saberlo. Fue un accidente, realmente yo no quería hacer esto, no era mi intención. Yo no quise lastimarla, no quise hacerlo... ¿O si?


Miro rápidamente a mi alrededor como si estuviese buscando algo con desesperación, la quietud y la oscura tarde es lo que nos rodea, el atardecer desapareció por completo dándole paso a la tenebrosa noche que parece querer cubrir lo que he hecho.

Observo cada rincón que pueden ver mis ojos con la esperanza de que nadie haya visto lo que sucedió, busco algún testigo que lo haya podido ver, alguna cámara que pueda estar cerca grabando mi situación, pero gracias a Dios no encuentro nada ni a nadie.


Me hiperventilo cuando las infinitas ventanas de la escuela se sienten como ojos mirándome, siento como si me costara respirar al pensar que alguien me puede estar viendo, el pánico se apodera de mí al no poder procesar lo que mis propias acciones torpes causaron.


Esto no puede ser, cómo carajos sucedió.


Mi mano libre aparta mi larga cabellera roja lejos de mi rostro, en la otra sigo sosteniendo el arma homicida y la verdad es que no sé cómo continuar.


Entre mis pesadas y desesperadas emociones comienzo a trazar un plan a seguir o al menos intento darle un orden a mis próximas acciones.

Esto nadie puede saberlo, nadie puede enterarse de que tomé una vida con mis propias manos o será mi perdición. De verdad ya estoy lo suficientemente jodida como para sumarle a mi lista la muerte de alguien.


Trago saliva, con los ojos fijos en el cadáver que yace junto a mis pies pienso en que hacer. Pongo a trabajar mi estúpido cerebro buscando una solución fiable, debe hacer algo que me libre de este momento, debo... Yo debo hacer que ella desaparezca para siempre.


Y ahí está, encontré mi siguiente paso.


Llamar a emergencias no es una opción, ella ya está muerta lo sé por la enorme cantidad de sangre que ya ha perdido y porque el corte fue justo en su cuello, ya no se mueve, ya no respira y sus ojos quedaron abiertos de una manera aterradora.

La policía investigaría esto de inmediato y aunque fue accidental me acusaran de homicidio involuntario y hasta eso tiene una sentencia en prisión, no quiero ir a la cárcel.


Mi única salida es ocultar esto.


Sí, eso es lo que debo hacer ahora. Incluso ya tengo el lugar perfecto para dejarla descansar en paz lejos de mí. El lago de Westland será mi salida de esto, con sus turbias aguas se llevará mis problemas. Todo lo que caiga en sus profundidades desaparece para siempre y eso es justo lo que necesito que ocurra con Rachel.

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