Espias
Estaba desesperada por regresar. Al ingresar a su departamento tiró su bolso y abrigo al suelo, se sacó los zapatos pisándose los talones, se desabotonó la camisa dejando los pechos enormes al descubierto y se bajó el pantalón con bombacha incluida.
Completamente desnuda abrió la puerta del balcón de par en par y se sentó en una silla frente al umbral. Eran las seis en punto. El hombre del edificio de enfrente camino desnudo frente a su ventana, sentándose en una silla al igual que ella, pero sin verla. Siempre indiferente.
Él miraba lo que ella presumía era su televisor y comenzó a tocarse su gran miembro afeitado. Ella, aún sin entender porque no la miraba, se manoseaba una teta y se estimulaba el clítoris con la otra mano. El tipo se puso bien duro y ella empapaba la silla a gotas.
Sus músculos se tensaban y su piel se enrojecia por la circulación de la sangre indicando que estaba cerca del orgasmo. Esto la éxito fuertemente, animándola a meterse un par de dedos. Era imposible que no escuchará sus gemidos húmedos. Vio la leche saltar de la punta de su pene y el interior de ella reventó.
Quedó caliente y desparramada en su silla, mientras que él, completamente recuperado, se levantaba sin taparse a cerrar los positrones de su ventana. Creyó que la vería esta vez, que sus miradas se enlazarían y su “relación” llegaría a otro lugar. Pero no, mantuvo la cabeza baja durante todo el proceso, ni siquiera notando que había una mujer desnuda y excitada a tan solo unos metros de él.
Quedó decepcionada a pesar del orgasmo, si bien disfrutaba de esta rutina que había establecido hace ya unas semanas, el que la ignorara por completo llegaba a irritarla. ¿Era deliberado o acaso era de verdad tan ignorante de su entorno?
Nada tenía sentido ¿por qué un hombre tan guapo y bien dotado pasaba sus tardes masturbándose, pudiendo tener casi cualquier mujer para hacerle el amor? Pudiendo tenerla a ella, que atraía miradas de todos lados, ya fuera en la calle o en el trabajo. La vivían desnudando con la mirada y él ni siquiera la veía a pesar de estar ya desnuda. Era hora de tomar el asunto en sus manos, literalmente.
Estaba dispuesta a cualquier cosa para llegar a la verdad de la situación. Primero, averiguar quién era aquel hombre, segundo saber con que mierda se tocaba para saber cómo llamar su atención.
Esperó frente al edificio a que saliera, luego se acercó y tocó el timbre del portero. Este la atendió con pocas ganas hasta que le hizo una oferta, la cual aceptó con una sonrisa de oreja a oreja. Fueron juntos a un depósito de limpieza donde rápidamente se desabotonó la blusa, la baba del tipo caía por el comisura de su boca al ver sus pechos blancos rebotar cuando fueron liberados. Como el trato decía, le apretó una y le pellizco el pezón rosa antes de darle la llave del departamento del hombre que buscaba, por suerte con una descripción el portero supo de quién se trataba.
Terminado el manoseo, subió al piso correcto y la llave que tenía abrió perfectamente la puerta. El departamento era extrañamente normal, aunque una palabra que lo describiría mejor sería, vacío. Tenía los muebles justos y necesarios, mesa, sillas y electrodomésticos en la cocina. No había nada que diera algún indicio de que tipo de persona era, nada que fuera personal, ni etiquetas, ni imanes en la heladera, ni fotos, nada.
Rindiéndose, se concentró en la habitación que más le importaba, la sala de estar. Consistía en la silla que conocía ubicada junto a la ventana, frente a esta estaba el televisor. Este tenía una especie de dispositivo conectado, parecido a un reproductor de DVD pero no tenía donde ingresar el disco, solo un cable a la tv y otro a una computadora apagada. Al encenderla los demás aparatos conectados también se prendieron. La computadora estaba en blanco y el reproductor solo decía la hora actual, fue lo que apareció en la tele lo que la dejó mortificada.
Una imagen, una silla de madera puesta frente a un balcón, vista desde una perspectiva por arriba, como si la cámara que grabar estuviera en el marco de la puerta. Era su silla, en su departamento, abrió los positrones comprobando que estaba ahí, un pájaro voló frente a su balcón y pudo ver su sombra en el video, confirmando sus sospechas.
De repente un sonido húmedo y constante le llamó la atención. Al voltear vio al hombre con los pantalones bajos y la camisa desabrochada, mirándola directamente mientras se tocaba despacio el pene babeante. Ella tenía decenas de preguntas pasando por su cabeza, pero ahora había asuntos más importantes.
Se desabrocho la blusa lentamente, sin romper el contacto visual. Al ver sus tetas aumentó la velocidad de su paja. Continuó bajándose los pantalones, y abriéndose la concha con los dedos para que viera su interior. El tipo se mordió los labios y se tenso. Se acercó a la silla y apoyó el pie en esta para tener más lugar y tocarse la vagina. Sus dedos encontraron humedad rápidamente. El clítoris le respondió con placer inmediatamente y la imagen de su “compañero” toqueteándose la verga aportó aún más placer sexual, su cadera se movía sola de atrás hacia adelante por culpa de las cosquillas y la necesidad de tener algo más.
Al ponerse roja la piel del rostro del hombre, supo que él estaba por acabar. Unidos por la masturbación se acercaron juntos al orgasmo hasta que en sus respectivas explosiones llenaron el piso de sus calientes fluidos sexuales.
Quedaron gimiendo pesadamente, cubiertos de sudor y deseos de mas sexo. Jamás dejaron de mirarse y cuando pudieron recuperarse, ambos dijeron al mismo tiempo: “Hola”.