Atrapada

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Summary

En el año 1886, Isabella, una joven de clase media, se encontraba en el umbral de una vida que nunca imaginó. Con su inocencia y sueños de amor, fue entregada a Damien, un conde envuelto en un halo de misterio y oscuridad. Lo que Isabella ignoraba era que su destino había sido sellado por un antiguo acuerdo, una tradición que se transmitía de generación en generación, como un eco de maldición que resonaba en las paredes del tiempo. Atrapada en un laberinto sin salida, Isabella se sintió como una marioneta en manos de fuerzas desconocidas, un peón sacrificado en un juego de poder. Cada rincón de la imponente mansión de Damien parecía susurrar secretos oscuros, y cada mirada del conde la envolvía en una mezcla de temor y fascinación. La opulencia de su nuevo hogar era un telón de fondo inquietante para una historia de traiciones y revelaciones.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

La visión de lo que había presenciado me perseguía implacablemente. “¡Imposible! ¡Imposible!“, me repetía, mientras me adentraba en la oscuridad del bosque, donde la maleza crujía bajo mis pies. El corazón martilleaba en mi pecho, amenazando con escaparse. A pesar de mi carrera frenética, la oscuridad me alcanzó, y me encontré con mi cara contra el suelo, el impacto heló mis huesos.

Intenté incorporarme, pero mis fuerzas flaquearon al escuchar esa voz resonante que pronunció mi nombre con una solemnidad espectral: “Isabella, ¿has terminado de jugar?“. Una ola de escalofríos recorrió mi cuerpo mientras la figura se acercaba. “¡No... por favor... no te acerques!“, imploré, mi voz quebrándose por el terror. “¡Aléjate! ¡No des un paso más!“, supliqué, pero la mano, como una sombra, se abalanzó sobre mí, agarrando mis manos con una fuerza brutal. “¡No! ¡Por favor, no!“.

Una risa maquiavélica resonó en la oscuridad, un eco fantasmal que parecía destinado a atormentarme por siempre. La oscuridad me envolvió por completo, y en medio de la asfixia, solo pude gritar: “¡Auxilio!“.

“¡Isabella! ¡Isabella, despierta!“. La voz de mi hermana Nicol me arrancó de la pesadilla. “¿Qué ha sucedido?“, preguntó con dulzura. Incapaz de articular palabra, las lágrimas brotaron de mis ojos. El recuerdo del sueño me invadió: la carrera desesperada por el bosque, la caída, la figura que me atrapaba... “No sé por qué sigo soñando con esto, Nicol. Me atormenta”, confesé con la voz temblorosa.

“Lo sé, cariño”, me consoló mi hermana. “Si quieres, me quedo contigo hasta que te duermas. Ven, recuéstate en mis piernas”. Me acurruqué junto a mi hermana, mientras su voz entonaba la melodía que nuestra madre nos cantaba: “Lindo conejo de la gran montaña, tus ojos rojizos son. Ven, dime por qué... por que mi mama... de un gran árbol... “. La canción me envolvió en un manto de nostalgia, y sin darme cuenta, me quedé dormida, aferrándome al recuerdo de mi madre.

“Señorita Isabella, es hora de despertar. Tiene que prepararse”, anunció la voz de Gladis, seguida por el suave susurro de las cortinas al abrirse. “Un momento más, Gladis”, murmuré somnolienta. “¡Nada de eso! Levántese, debe despedir a su padre. Parte de viaje hoy”, me recordó con dulzura. “Es cierto, qué pereza”, respondí, mientras me levantaba de la cama.

Mi padre emprendía su viaje cada año, un destino que siempre ocultaba con un velo de misterio. “¿No le parece extraño, Gladis?“, pregunté con curiosidad. “No puedo opinar sobre esos asuntos, señorita Isabella”, respondió con cautela. “Lo sé, Gladis, solo bromeaba”, me disculpé. “Pero es inevitable sentir curiosidad”, añadí en voz baja.

Mientras bajaba las escaleras, vi a mi hermana despidiéndose de papá. “¡Buen viaje, padre!“, exclamé, pero él solo me dirigió una mirada fugaz antes de abordar el carruaje y partir. “No te preocupes, Isa, ya sabes cómo es papá“, me consoló mi hermana. “Sí, lo sé. Es distante”, respondí con tristeza. Mi padre siempre había sido así, incapaz de expresar afecto, especialmente desde la muerte de mamá. A veces me preguntaba si solo nos veía como objetos de valor que podía cambiar al mejor postor.

Han pasado tres días desde la partida de padre, y la mansión disfruta de una tranquilidad inusual. “Todo está en calma, ¿verdad, Lily?“, le pregunté a mi gata, mientras una solitaria gota de agua caía sobre mi libro. El cielo se había teñido de un gris plomizo, presagiando una tormenta inminente. “Lily, vámonos adentro”, la llamé, pero la lluvia nos sorprendió antes de que pudiéramos refugiarnos, mis pies se movían a toda prisa, pero mi mirada se perdió en el cielo grisáceo. y no se por que, pero un pensamiento fugaz me asalto: "algo grande se avecina."

En la mansión del conde Klopstock, un ambiente de solemnidad y expectativa llenaba el aire. “Distinguidos amigos y camaradas”, resonó la voz de Lord Klopstock, “les doy la bienvenida a las cuatro grandes familias de Transilvania: los Ionescu de Moldavia, los Bloodhunt de Banat, los Stan de Alden y los Billington de Crisana. Nuestras familias han estado unidas por generaciones, pero como saben, hemos sentido la ausencia de un miembro vital para nuestra alianza. sin embargo, ese vacío pronto será llenado, ese vínculo fortalecido. Desde que tengo uso de razón, ustedes me han honrado con múltiples esposas, y a cambio, sus familias han gozado de prosperidad y seguridad. Con la próxima luna roja, celebraremos nuestro lazo eterno, el pacto que nuestros ancestros sellaron hace muchas lunas. Eleven sus copas, brindemos por que nuestra unión perdure por cien años más”. “¡Que así sea!“, respondieron las voces al unísono.

continuara...