Fragmentos anatómicos
90 años atrás
La oscuridad era absoluta aquella persona de cabello castaño giraba en un eterno vacío, como si la nada ahora acompañara su persona. Despertaba con dificultad y sentía como sus manos estaban vacías, su cuerpo flotaba; nada lo sostenía solo podía girar en aquella nada. Por un segundo sintió la desesperación tan común del olvido y del desconocido, dió una larga bocanada de aire, pero supo que ya no había necesidad de respirar, recordaba haber dejado el mundo de los vivos, pero nada más.
¿Esto es lo único que hay en el más allá?
Se preguntó por un segundo sintiendo un vacío en su cuerpo. Tapó su boca, inhaló con fuerza y dio un grito sonoro, como último esfuerzo de aquello que quedaba ¿Qué podría hacer en ese nuevo mundo? ¿No existía el infierno?
Abrió los ojos con fuerza, había dejado aquella imagen oscura de su nueva vida. Era extraño, sus manos ahora habían cambiado, buscó con su mirada un espejo solo encontrando al frente suyo un gran trono dorado. Caminó lentamente, sentir sus piernas nuevamente tocando algo le daba seguridad ¿Dónde estaba antes de esto? Solo sabía que estuvo vivo, pero ahora no era más que un recuerdo perdido. Sus pasos se afianzaban cada vez más hasta estar tan cerca que podía ver aquel trono frente a él. Una sonrisa apareció en su rostro como si alguien le diera un nuevo lugar donde vivir, pero no era nada más que una triste broma.
- Ese lugar es mío - una voz resonó en su espalda. Sobresaltado, giró buscando de donde provenía, pero una figura se dibujó a su lado.
Al verlo pudo recordar aquella pálida imagen que alguna vez había pactado con él.
- Hola, Alastor ¿Cómo estuvo el viaje en el purgatorio? - el demonio frente a él tomó asiento en aquel trono marcando una distancia entre ambos.
- ¿Purgatorio? - él sabía que existía ese lugar, pero no pensó que llegaría al purgatorio
- No creas que tenías oportunidad, en realidad es como el conducto regular - hizo unas comillas con sus dedos - De todos modos, te doy la bienvenida al inferno, espero que tengas una excelente llegada - sonrió celebrando su llegada - Aunque para tu... persona estuviste mucho más de lo que yo creí. Yo apostaba que te darían solo cinco años en él y mira, estuviste mucho más que eso.
- Mi apariencia... - dijo mirando sus manos
- Ah eso - se acercó haciendo aparecer un espejo frente a él - Todos al llegar tienen un cambio visual. Aunque con suerte tuviste uno de los cambios más sutiles, solo un tono de color nuevo y esos - hizo un gesto señalando sus astas.
Alastor se miró en el espejo y pudo sentir como se desconocía, era un claro cambio, su tez ahora era rojiza al igual que su cabello. Su ropa había cambiado, aunque le recordaba a su vestimenta antigua.
- ¿Recuerdas algo de tu antigua vida? - Alastor cayó en cuenta que realmente desconocía que era de su antigua vida, lo observó con preocupación.
- Nada
- Deberás entonces intentar recordar, yo no te ayudaré así que hazlo por ti mismo - se acercó a él dándole una palmada en la espalda - De todos modos veo en ti un futuro brillante, así que sí te esfuerzas lo suficiente puede que te incluya entre los más poderosos. Hay una fiesta dentro de un mes, si logras hacer algo interesante pensaré en llevarte. Ah y por si no me reconoces; Lucifer un placer - lo guio con sutileza a la salida.
- ¿Los poderosos? - preguntó procesando todo.
- Eso lo irás aprendiendo. Disfruta del infierno y la infinita gracia que traerá en ti - cerró la puerta tras él dejando a Alastor a la defensiva sin entender realmente que pasaba frente a él.
¿Era el infierno? ¿Qué debía hacer? Muchas preguntas llegaron a él. Ahora estaba en la calle viendo a todos esos seres que pasaban a su lado caminando por una avenida similar a la de él, pero esto solo le traía más preguntas. Daba pasos largos, parecía estar seguro de querer hacer algo, pero desconocía qué.
Completamente desorientado tomó asiento en una banca en un pequeño y lúgubre parque, finalmente se dio una pausa para pensar en todo, podía ver una estrella gigante en el cielo, en aquel rojo cielo. Miró el vacío para poder verse a sí mismo, recordar su vida. Se concentró plenamente, recordaba su infancia; aquellos primeros años de niñez donde dio suaves luces de aquella forma de ser, pudo ver el rostro de su madre y casi sentir un olor familiar a comida casera. Luego su juventud más adolescente, sus primeros crímenes.
- Soy un asesino - dijo a sí mismo recordando ahora un poco más.
Entre más se encaminaba al presente más le costaba entender que era lo que realmente él era o había sido. Podía recordar ahora una risa contagiosa de alguna mujer, unos vasos rotos, muchas sombras, su frente comenzaba a sudar. Sus puños instintivamente se cerraron con fuerza, sintió ira, una ira rotunda que no había sentido antes ¿Quién le producía aquella sensación?
Un vacío se afrontaba ante él como si por mucho que buscara nunca daría con algo o alguien que tenía allí en su pecho. Aquella ira ahora se había encajado en su cuerpo y no lo soltaba.
Se levantó para salir de aquel lugar, no quería recordar más por ahora. Todos los recuerdos le daban una sensación de amargor al final, podía tener momentos felices, pero como si un recuerdo negativo intentara dominar aquellos no lo dejaba disfrutar en paz. Buscó con su mirada para dar con algo en lo que despejar su mente, pero nada le daba aquella sensación.
Caminó por las calles buscando, pero ahora se daba realmente cuenta que estaba en el infierno, podía ver las atrocidades a su alrededor. Brutalidades que perfectamente él podría haber cometido, rio por lo bajo, dándose cuenta que realmente estaba en el infierno, y si estaba allí podría hacer lo que quisiera, cualquier alma frente a él no era más que lo que quedó de un ser despreciable como él.
Alastor no sabía cómo atacar ahora ¿podría hacerlo directamente en las vías públicas? o debía guardar aquel recato que solía tener. Poco más logró pensar cuando un tipo corpulento pasó a su lado empujándolo.
- Quítate, idiota - dijo en voz alta para continuar su avance junto a una mujer que era mucho más alta que él.
Alastor solo rio pensando en las potenciales víctimas que tenía frente a él. En un pensamiento fugaz solo se volteó a ver hacia donde caminaban ambos sujetos. La mujer se dio cuenta de esto para decirle al contrario quien imitó el gesto acercándose a él.
- ¿Qué te pasa, enfermo? - Alastor solo sonreía como si estuviera alegre por verlos. El sujeto notó esto empujándolo hacia atrás, pero el ahora pelirrojo no se inmutaba - Debes ser nuevo ¿No sabes quién soy?
- Para nada, pero me complace poder conocerlos – aclaró, causando la extrañeza de ambos, quienes solo podían intercambiar miradas incomodas - Me enteré hace solo unos minutos que en mi anterior vida fui un asesino. He olvidado lo que es matar, por lo que volver a recordarlo me hará tan feliz - sonrió disfrutando los rostros de ambos.
El más bajó observo a la contraria quien solo se encogió de hombros entregándole un cuchillo afilado, ahora este se impulsaba para atacar a Alastor, pero como si de un fantasma se tratare solo consiguió ser frenado por algo que no podía distinguir. Alastor rio a carcajadas mientras acariciaba su frente.
- Realmente no fue el juego de mi mente - suspiró con alivio - No solo pude ver que era un asesino - una sombra agarró a la mujer botándola al suelo - Que podía controlar mi sombra y multiplicarla a gusto ¿No les parece enternecedor?
Se puso en cuclillas para quedar a la altura de la mujer con una sonrisa amplia que estremeció a ambos. Alastor tomó el cuchillo que había estado en las manos del sujeto, se puso encima de él atacándolo repetidas veces sin perder concentración alguna en quien estaba frente a él, con una sonrisa amplia mientras reía en ocasiones. La mujer que estaba en el suelo ahora gritaba desesperada añorando que alguien fuera, pero era notorio que nadie iría, cuando ellos hacían lo mismo todos desviaban las miradas atontadas por la necesidad de estar bien.
Alastor había acabado con él, no sabía que pasaría en ese momento. Ahora miró a la mujer que negaba diciéndole que podía hacer cualquier cosa dando a entender ciertos ofrecimientos sugerentes, pero Alastor hizo desparecer las sombras de ella extendiendo su mano.
- Querida, siempre debes guardar la dignidad antes de morir. Te dejaré vivir solo si cumples tu parte - ella lo observó aterrada - Diles que tengan cuidado, que ahora no hay solo un asesino bruto sin gracia alguna rondando por el infierno, sino que estoy yo.
Ella asintió con rapidez corriendo fuera del lugar. Alastor se dio cuenta que habían muchos más observando, perturbados de aquella situación, sabía que aquel espectáculo había atraído miradas, se sintió complacido como algo que siempre había añorado sentir. Estaba en plena vía pública masacrando a un imbécil solo por serlo y nadie podría detenerlo. Eso había calmado aquella sensación imperiosa de destruir, pero ahora necesitaba más.
Sus sombras se ampliaron destruyendo todo a su paso sin discriminar, causando una masacre en ese pequeño sector. Demonios de diferentes tipos trataban de frenarlo, pero era como si siempre hubiera ocupado aquellas sombras espectrales. Podía sentir los gritos, escuchar como todos corrían escapando de aquella cacería, era simplemente un deleite para su disfrute. Siguió avanzando mientras atacaba cada lugar sintiendo como si su poder solo se afinara más dejándolo sentir un éxtasis inimaginable.
- Por acá no puede pasar, buen hombre - la voz de una mujer elegante se escuchó más adelante. Alastor por la vestimenta pudo reconocer que era alguien de su época.
- Me presento mi nombre es Alastor - se acercó de forma tranquila saludando con elegancia, ella respondió en un inicio estrechando su mano.
- Lamento informarle que no podrá pasar por acá. Este es un distrito cerrado, se nota que no lleva mucho acá. Aunque - miró hacia su lado como todo aquello detrás de él estaba destruido.
La mujer mantenía una sonrisa elegante, su vestimenta era clásica, tenía el cabello rubio de un corte de moda de la época, sus ojos eran completamente negros. Alastor preguntó con simpatía.
- ¿Podría saber su nombre?
- Soy Rosie
- Lo lamento, Rosie. A pesar de que usted me parece sumamente interesante, debo pasar por acá, ya que por dentro me carcomen las ganas de destruir todo a mi paso.
Ella amplió la sonrisa entretenida con la actitud de aquel demonio, siempre había uno que otro nuevo que intentaba pasar, pero este en especial le causaba cierta nostalgia, ya varios de su tiempo habían sido exterminado, y pocos quedaban que respetaran los modales antiguos.
- Me agrada su forma de ser, Alastor es por eso...
No pudo escuchar palabra alguna, su cuerpo se fue a negro sintiendo como solo ahora este caía sin cuidado alguno dejándolo inconsciente.