Capítulo único
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Gracias a Namyukaulitz por darme el permiso para escribir esta blasfemia. Si no han leído Hematofilia, es necesario que lo hagan, porque literalmente se ubica después del final pero con un detalle distinto. Si no te gusta, ignora y ya, pero si sí te gustó, no olvides dejar un comentario ;)
Tom estaba feliz mientras le ponía las curitas de gatitos a Bill en sus cortes, el cual se dejaba hacer, porque si bien no tenía la misma felicidad que el enfermero, podía aseverar que su corazón sentía algo cálido al ver las atenciones del enfermero.
—Listo, ya está —dijo Tom, con una sonrisa dulce, mirando su trabajo hecho.
—Lindo —respondió Bill, sin ver sus brazos.
—¿Verdad que sí? —preguntó Tom con emoción, y Bill asintió, no hablando en referencia a las curitas de gatitos sino al enfermero, que sí, siempre le decía objetivamente atractivo, pero sabía que la mejor definición para Tom era “lindo”.
Tom hizo un gesto de dolor, sujetando su vientre y miró a Bill con expresión de disculpa.
—Lo siento. Ahora vuelvo voy a los servicios —avisó el enfermero para ir al baño.
Bill se fijó que Tom había dejado su celular en la mesa, lo cual no le importaba en lo más mínimo, él no era de revisar cosas ajenas… Sin embargo, algo le llamó la atención, por lo que sujetó el aparato. Era una aplicación rosa que mostraba… ¿Un calendario?
Arqueó la ceja, notando que decía que Tom estaba en su segundo día del periodo.
Oh .
Bill recordaba cómo es que había sido la primera vez con el enfermero en aquel consultorio, dónde cómo pasaron de Tom curándole sus heridas, a besarse para finalmente tener sexo anal con sangre como lubricante, porque no tenían condones, y el enfermero era intersexual, es decir, tenía vagina y menstruaba aunque no poseía pechos, sólo los deliciosos pectorales, por lo que podría haber quedado embarazado si se lo hacía vaginalmente… Pero… Si bien en ese momento no eran pareja, incluso ahora no lo eran aún recordaba cómo es que Tom le lamió las heridas, y después lo cortó en su antebrazo, para finalmente escribir su nombre en su vientre bajo, dónde lo amarró y vio cómo el de trenzas se frotaba el clítoris mientras Bill se lo hacía por detrás… Dejando al final salir un rastro de semen y sangre de su trasero.
Tom le había pedido que Bill fuera a terapia y que siempre estaría para él pero no podía seguir recibiendo cortes, o que Bill mismo se cortara durante el sexo. Porque si bien Bill quería morirse… Ciertamente podría intentarlo por su enfermero lindo, así no fueran pareja.
Sin embargo, Tom habló de no recibir cortes ni que Bill lo hiciera durante el sexo pero jamás habló de que no pudiera existir sangre de algo que no fuera un corte. Porque sí, a Bill le excitaba hacerse daño, recibirlo, y cortar a alguien durante el sexo, no obstante, también la textura, sabor y olor de la sangre lo llamaba… No sabía si era porque ya había hecho también una asociación en el plano sexual, pero… Sentía cómo se ponía duro al saber que Tom estaba menstruando, se sorprendió porque normalmente las chicas tienen un olor a sangre, sin embargo, Tom no.
Cuando vio que el enfermero salía del baño, con el rostro sonrojado y mojado, sonriéndole.
—Creo que ya voy a dormir. ¿Vamos? —preguntó Tom, que si bien no vivían juntos, se quedaba de vez en cuando a descansar, yéndose temprano para sus guardias.
—Sí. Busca alguna de mis ropas viejas para que te pongas más cómodo —ofreció Bill, siguiéndolo.
Tom revisó en el cajón de Bill una camiseta grande negra, y se quitó el uniforme, poniéndolo a lavar para después ponerse la camiseta, quedándose solamente en bóxers debajo.
Bill se acercó a Tom por detrás, oliéndole el cuello y tomándolo por la cintura, pegando su pecho y espalda detrás del enfermero, consiguiendo que suspire.
—Estoy en días rojos, así que lo mejor será sólo dormir —respondió Tom, acariciando los brazos con cortes que lo abrazaban. Bill le mordió el lóbulo de la oreja.
—¿No quieres que te dé placer por detrás? —sugirió Bill con su cálido aliento por su oreja, haciendo a Tom estremecer, principalmente porque estaba frotando su erección contra su trasero respingón.
—No… No tengo lubricante, y no quiero más cortes —repitió Tom lo que le había dicho antes.
—Tampoco me molesta el que estés con el periodo, eh. Sería usar sangre sin necesidad de cortes —susurró Bill y Tom jadeó.
—No… ¿Qué? —inquirió Tom, notando a lo que se estaba refiriendo Bill.
—Sí —mencionó Bill pasando su nariz por el cuello de Tom, el cual sentía cómo su interior iba lubricándose por el estímulo de tener a Bill frotándose detrás suyo, con el aliento en su cuello y sugiriéndole tener relaciones cuando estaba sangrando.
—Yo… Es que es sangre menstrual, ¿no te da asco mancharte? —cuestionó Tom, cuando sintió cómo Bill colaba una bajo debajo de su camiseta, comenzando a apretar su pezón, haciendo que se excitara más, aunque aún tenía inseguridades por lo que le decía.
Parecía que Bill siempre tenía que hacerlo experimentar cosas nuevas. Nunca nadie lo había cortado en el sexo, ni usado lubricante para sexo anal que era sangre… Y ahora Bill le decía que quería hacérselo así.
—Mancharíamos la cama —arguyó Tom, con poca voluntad en lo que Bill seguía toqueteándolo.
—Pongo una toalla debajo, y luego la lavo a mano, con agua oxigenada se salen las manchas de sangre —comentó Bill, que quería que Tom aceptara, jamás se atrevería a forzarlo, él precisamente mejor que nadie sabía lo que era el consentimiento. Sin embargo, sí notaba que Tom estaba dispuesto por los sonidos que salían de su garganta y cómo reaccionaba frente a sus toques.
—Pero tengo cólicos… No sé si pueda con ello. Ya tomé naproxeno para el dolor, sin embargo, igualmente me duele el vientre —refutó Tom.
—Por lo que sé, y tú también seguramente como profesional de la salud, los orgasmos ayudan a reducir los cólicos. Así que en realidad podría serte muy beneficioso —contestó Bill, sin dejar de pasar su nariz por su cuello.
—Está bien —cedió Tom—. Pero déjame ir al baño a quitarme la copa menstrual —pidió, separándose del moreno para irse al baño.
“Con razón no olía. Los químicos de las toallas higiénicas en contacto con la sangre menstrual dejan un olor fuerte, pero con la copa no pasa eso, porque ese aparato conserva la sangre, no la absorbe”, pensó Bill, para después extender una toalla en su cama y también sacar condones de su mesa de noche, aunque al principio no los necesitaría.
Tom regresó sonrojado, pensando cómo es que iba a hacer esto que nunca antes hizo con nadie, con Bill, sí, muy guapo, atrayente y dominante, sin embargo, aún no eran pareja e iba a ser tan íntimo que sentía su rostro arder. Incluso el agotamiento por las prácticas se le había ido de golpe, ya que tenía razón, había sangre y no por cortes. Aún seguía con la camiseta, pero se había quitado la ropa interior, incluso sintiendo cómo sus muslos tenían un poco de sangre, ya que el segundo día era flujo abundante para él, entremezclada con la lubricación por los roces de Bill.
—Ven, échate aquí de piernas abiertas —pidió Bill, sacándose la camiseta y pantalones con su ropa interior, quedando desnudo, con su erección orgullosamente a la vista, rojiza y bañada en preseminal probablemente por tanto estar frotándose con Tom.
Tom se acomodó en la cama, en la zona que tenía la toalla y abrió las piernas, girando su rostro a un costado totalmente avergonzado pensando en el desastre que tenía ahí abajo.
Bill se relamió los labios al ver cómo estaba Tom, con su labios inflamados por la excitación, junto con sus fluidos entremezclados con la sangre, haciendo que luciera más clara y eso hacía Bill se sintiera hambriento y más ansioso por probarlo. Sin embargo, primero sacó unas cuerdas de su cajón.
—Bill… No me parece chistoso ahora que sí hayas comprado las cuerdas —reclamó Tom.
—Te dije que usaría cuerdas las próximas vez, pero son de bondage, así que descuida, no son tan largas como para colgarme —le tranquilizó Bill, que había elegido unas color rosa, especialmente para usarlas con Tom, porque no había un color que asociase más al enfermero que el rosa, por más que su uniforme fuera azul, y las ropas que usaba cuando no lo veía en uniforme no fueran de ese color.
Tom asintió y juntó sus brazos, dejando que Bill lo inmovilizara, el cual ajustó las cuerdas lo suficiente para que no se moviera pero no se lastimara, aunque un poco de daño en el sexo solía ser bien recibido por Tom, pero no quería tentar a su suerte.
Bill se apoyó para comenzar a besarlo, jugando con sus labios regordetes y luego con su lengua perforada, consiguiendo que Tom temblara por el deseo bajo suyo, el de trenzas deseaba tocarlo, pero también disfrutaba de verse por completo a su merced. La lengua de Bill jugaba con la suya, y Tom por momentos la succionaba, haciendo que Bill gruñera al pensar en esa succión sobre su pene.
Cuando se separaron por aire, Bill bajó hacia su cuello, mordiéndolo, para después lamerlo, haciendo que Tom apretara sus piernas con Bill en medio, deseando sentirlo aún más cerca si podía, con su verga dura chocando contra su sexo chorreando, y a Bill no le importaba que con ello estuviera manchando su pene de sangre, es más, lo ponía más duro, así que se movía frotándose contra la intimidad de Tom, el cual se sentía sobreestimulado en ese momento, jadeando con libertad, no como en el consultorio, mientras Bill se frotaba con él, su dureza contra su vagina y su clítoris hinchado por su excitación.
Bill levantó los brazos amarrados de Tom, junto con parte de su camiseta, para chupar su pezón, succionándolo, haciendo que se arquease contra él y ambos sisearon al ese movimiento hacer que sus sexos chocarán nuevamente, Bill estaba tan cerca que simplemente podría metérsela de golpe, pero no, siempre con condón, por más que su excitación estuviera al máximo en ese punto, ya que pronto Tom terminaría las prácticas y empezaría a trabajar por lo que no tendría tiempo para cuidar a un bebé… Sin hablar que ni siquiera eran pareja.
Tom sabía que la probabilidad de quedar embarazado durante el periodo era baja, sin embargo, no imposible, y si bien con una pastilla del día siguiente podría disfrutar del pene venoso de Bill, prefería resistir.
Bill prestó atención al otro pezón, endureciéndolo de inmediato con sus dientes, que sí, dolía, pero le excitaba que Bill le mordiera aquella zona sensible.
Bill siguió dejando un rastro de mordidas por su vientre, hasta separar más sus piernas, viendo con fijeza sus labios, abriéndolo con los dedos.
—Bill… ¿No dijiste que lo íbamos a hacer? —cuestionó Tom, sintiéndose nervioso porque casi tenía el aliento de Bill sobre su vagina.
—Sí… Lo haremos, pero primero quiero lamerte —avisó Bill, disfrutando el aroma metálico que desprendía del sexo de Tom, claro, no olía igual a la sangre de sus cortes, sin embargo, no por ello se alejaba demasiado, y más porque tenía la lubricación natural de su enfermero, el cual siempre estaba tan limpio, incluso en su zona íntima, que disfrutaría mucho comérselo ahora.
Tom se mordió el labio inferior, procesando al mil por hora lo que estaba a punto de pasar. Pensó que tal vez Bill sólo se refirió a tener relaciones durante la regla, no que le hiciera un oral, cerró los ojos, con las piernas trémulas, no queriendo decirle que no a Bill luego de que él mismo estaba muy excitado, y si bien se había lavado después de quitarse la copa, aún se cuestionaba qué tan saludable sería… Pero su lado racional se apagó cuando sintió la lengua de Bill pasando por su muslo interno, consiguiendo que su piel se pusiera de gallina, y era consciente de que lamió esa zona no sólo para excitarlo, sino porque tenía ahí fluido menstrual, estaba… Lamiendo su periodo, y antes de poder seguir agobiándose por ello, sintió la lengua de Bill delineando sus labios, incluso sorbiendo sus fluidos del periodo y de su excitación, por lo que se sintió mucho más intenso.
Bill estaba disfrutando esto, saborear el metal en su lengua, ver lo manchado que estaba Tom, cómo la toalla blanca se teñía de su sangre… Y no lo lastimaba, pero la imagen era muy erótica, así que siguió lamiendo sus labios internos, había un leve dejo de amargor, propio de la sangre, sin embargo, no por ello se amedrentaba. Chupó con gusto cada parte de su coño, disfrutando en demasía cómo latía el sexo de Tom, mientras se dilataba más y soltaba también más sangre menstrual.
No por ello, Bill dejó de prestarle atención al clítoris de Tom, el cual acariciaba con su pulgar, sintiéndolo tan hinchado, mientras ahora metía la lengua dentro de la vagina de Tom, disfrutando directamente de la fuente todo el sabor, haciendo que el de trenzas gimiera sonoramente con las piernas temblorosas, y Bill no dejara de presionar su lengua en toda aquella cavidad rugosa, sangrante y deseosa.
Tom estaba sumamente dilatado y a punto de correrse con el dedo de Bill masturbándole el clítoris y su lengua haciéndole ver las nubes. Iba consiguiendo que todo su cuerpo se calentara, desde su vientre hasta su pectorales y todo su ser…
Bill presionó con su lengua en su cavidad vaginal no sólo para saborear su periodo, sino también para tocarle el punto G, por lo que finalmente, cuando Tom se vino lo hizo en boca de Bill, el cual se levantó con la sonrisa del Joker por la sangre cubriéndole los labios, mejillas e incluso la nariz. Lejos de aquello darle asco a Tom, haciendo que reafirmara que no era tan vainilla después de todo, le excitó más y cuando Bill se acercó a la altura de su rostro, Tom lo besó, manchándose de su sangre fluidos por aquel gesto, dónde jugó con la lengua habilidosa de Bill y gimió porque sentía cómo la excitación iba formándose de nuevo en su interior.
—Aún no hemos terminado… —advirtió Bill, observando complacido cómo su enfermero favorito estaba acezado bajo suyo por su orgasmo, luciendo como alguna de sus tantas fantasías al tener el rostro manchado de sangre, los labios hinchados por los besos, los ojos brillantes y también sonrojado, la palabra “lindo” se seguía repitiendo en su cabeza.
Bill hizo un gesto apreciativo, quizá no una sonrisa, pero valía aferrarse a cosas así… Ver a Tom a su merced, con su cuerpo tan limpio, puro… Mancillándolo incluso con su propia sangre, pensaba con cinismo que quizá de algún modo retorcido se acababa de hacer su propio amarre con el enfermero “objetivamente atractivo” al beberse su sangre menstrual, rió para sus adentros, y se colocó el condón, porque si bien estar dentro suyo, incluso cuando sólo lo hicieron anal, fue delicioso sin ningún tipo de barrera, y Bill no tenía ninguna enfermedad venérea, con las mentales bastaba, sentía que sería muy hijo de puta de su parte traer un hijo al mundo cuando él ni siquiera podía tener una mascota por temor a morirse y que nadie se hiciera cargo de ella.
Pero… Debía mantenerse en el presente y no dejarse envolver en sus pensamientos intrusivos, no con un Tom jadeante abierto de piernas con su sangre y fluidos a su total disposición.
Bill sujetó la cintura de Tom, y con la mano libre guió su erección hacia la vagina del de trenzas, viendo cómo boqueaba al sentir solamente su glande y hundirse sólo un poco.
La realidad del asunto es que Tom nunca se había atrevido a masturbarse durante el periodo, no por asco a su sangre, sino por… No sé, sentirlo un tema algo tabú, por más que estuviera muy excitado durante esos días, sufría en silencio por ello, entonces el sentir a Bill dentro suyo, hasta que se metió por completo, hizo que todo su interior se estremeciera, porque no dolía, no, pero se sentía más intenso… Por lo que Tom abrazó a Bill con sus piernas, consiguiendo que el muchacho gruñera al estar tan dentro de Tom, incluso con la barrera del condón, podía percibir lo caliente de su interior, por lo que sujetó su cintura con las dos manos y comenzó a embestirlo.
Tom se arqueaba, un poco frustrado porque quería tocar a Bill, y besarlo, pero no se quejaba, el muchacho incluso sin llegar a besarlo estaba que guiaba las embestidas al sostenerlo firmemente por la cintura, hecho que excitaba a Tom, cómo es que Bill era así de demandante, manipulando su cuerpo de esa forma.
Tom ponía los ojos en blanco porque con cada arremetida en su coño, sus pies se apretaban más, hasta que Bill jaló su cuerpo, sin salirse de su interior, para sujetarlo por las nalgas y hacer que diera botes encima suyo, y Tom aprovechó el cambio de posición, para levantar sus brazos, y buscar la boca de Bill, el cual sabía a sangre menstrual todavía, pero seguía disfrutando de sus labios y lengua en lo que el moreno lo cargaba básicamente sobre su verga, haciendo que se enloqueciera por sentirlo así de profundo, sin dejar de besarse, mientras sentía que las uñas negras de Bill iban a dejarle marca por la manera en que le manoseaban el culo al sentir haciendo que le diera sentones.
Tom no había sentido algo tan intenso antes con nadie, y Bill le mordió el labio inferior con fuerza, haciéndolo gemir cuando salió un poco de sangre de su labio acolchado, la cual Bill lamió, y siguió metiéndosela profundo a Tom.
Bill estaba siendo rudo, pero así le gustaba a Tom, y más en ese punto que estaba tan excitado que ya se había corrido con sólo las embestidas, sin embargo, ser intersexual hacía que fuera multiorgásmico, así que disfrutaba de cómo Bill básicamente batía en su interior.
Bill era consciente del sonido de humedad, y cómo se estaba manchando con sangre los muslos, pero no le importaba, le excitaba aún más. También la forma tan estrecha en que Tom lo apretaba, sólo estaba haciéndolo ver estrellas, saboreó las de la sangre en los labios de Tom, hasta que aumentó el ritmo de las estocadas, con Tom bailando sobre su pene, ya que estaba cansado, por eso el menor es quien estaba cargando con su peso, no que él fuera el que tuviera el mejor estado de salud, sin embargo, no por ello carecía de fuerza, principalmente para estos contextos.
Bill elevó más su pelvis, para soltar una de las nalgas de Tom y subir aquella mano en medio de sus cuerpos, comenzando a tocar su clítoris mientras le mordía el cuello, hasta que finalmente Tom se corrió por tercera vez, Bill se vino con fuerza dentro suyo.
Ambos apoyaron su frente sobre la del contrario, con el aliento acezado. Bill pensando que tal vez debería dejar de fumar para mejorar su capacidad pulmonar en estos ejercicios.
Bill echó a Tom en la cama, soltándole el amarre, y saliendo con cuidado, viendo cómo la sangre había manchado el condón. Y observando complacido cómo la toalla estaba muy manchada, como si hubiera sucedido una de sus crisis o un asesinato. Él mismo estaba manchado con su sangre y no le importaba.
Bill se fijó en Tom con su camiseta, las piernas abiertas, sonrojado y se excitó aún más.
—¿Y los cólicos? —cuestionó Bill, rompiendo el mutismo.
—Desaparecieron —respondió Tom—. Pero creo que debo tomar una ducha —acotó al notar cómo tenía la zona inferior manchada.
—Yo igual —dijo Bill, quitándose el condón y botándolo al tacho.
—Ay, lo bueno es que compré una caja de curitas de gatitos, porque ya con la ducha se perderán las que te puse —mencionó Tom, sentándose en la cama.
—¿Nos bañamos juntos? —sugirió Bill.
Tom se sonrojó, mordiéndose el labio pero terminó por asentir.