El codice perdido

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Summary

Tras los devastadores eventos que marcaron el final de su primera aventura, Kael Vardek despierta en el enigmático Cónclave, un lugar donde los secretos son tan antiguos como el tiempo y los poderes que habitan sus muros desafían toda comprensión. Allí, descubre que su padre, al que había dado por muerto, es el Custodio del Cónclave, una figura de autoridad cuya verdadera lealtad es un misterio. Kael se enfrenta a un laberinto de traiciones, conspiraciones y desafíos que pondrán a prueba no solo sus habilidades, sino también su fe en quienes la rodean. A medida que descubre los oscuros propósitos del Cónclave, una nueva amenaza emerge desde las profundidades del pasado: una antigua orden de guerreros que busca desatar un poder capaz de destruir el equilibrio del mundo. Con aliados inesperados y enemigos disfrazados de amigos, Kael deberá desentrañar los secretos de su propia sangre mientras lucha por evitar que los poderes del Cónclave caigan en manos equivocadas. Pero no todos los misterios son externos; en su interior, una fuerza desconocida comienza a despertar, una herencia peligrosa que podría ser su mayor fortaleza o su perdición.

Status
Complete
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Desperté con una sensación punzante en la cabeza y un peso extraño en los párpados. Mis pensamientos eran un caos, fragmentos rotos de imágenes y voces que no lograba ensamblar. Al abrir los ojos, todo se sentía borroso y distante, como si estuviera atrapada en un sueño del que no podía despertar.

La habitación era amplia, sus paredes adornadas con relieves antiguos de figuras que parecían contar una historia que no entendía. Una luz tenue se filtraba desde una claraboya en el techo, iluminando un suelo de mármol negro con intrincados grabados. No sabía dónde estaba, pero algo dentro de mí sabía que no era un lugar cualquiera. Era el Cónclave.

El recuerdo de los guardianes, de sus miradas frías y la voz que me había llamado por mi nombre, regresó con fuerza. “Kael Vardek,” habían dicho. Había algo solemne y aterrador en la forma en que pronunciaron mi nombre, como si ya estuviera condenada.

Intenté moverme, pero mis extremidades estaban rígidas, como si hubiera dormido durante días. Me obligué a sentarme, y el dolor en mi cuello me recordó el pinchazo que me dejó inconsciente. El miedo me golpeó entonces, como una ola helada: ¿qué iban a hacer conmigo?

La puerta se abrió antes de que pudiera procesar mis pensamientos. Entró una mujer alta, de cabello recogido y ojos grises como el acero. Su uniforme era negro, con bordados dorados que resaltaban su rango, aunque no entendía su significado.

—Kael Vardek— dijo con voz seca. —El Custodio te espera.

Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensarlo; me puse de pie con torpeza, siguiendo a la mujer. Mi mente corría con preguntas. ¿Qué querían de mí? ¿Por qué ahora? Y, sobre todo, ¿por qué sentía que todos los pasos que había dado hasta este momento me habían llevado aquí?

Me guiaron por un largo corredor flanqueado por columnas inmensas, decoradas con símbolos que parecían moverse bajo la tenue luz. El aire olía a incienso y a algo metálico, como sangre antigua. Cada paso resonaba como un eco de mis propios temores.

Finalmente, las puertas al final del pasillo se abrieron, revelando una sala inmensa. En el centro, un trono oscuro se alzaba, tallado con ramas y raíces que parecían entrelazarse, formando un árbol.

Y ahi estaba el. Estaba de pie junto al trono, con una postura imponente y una mirada que podría partir el acero. Su cabello, más gris de lo que recordaba, y esas facciones que conocía tan bien. Mi respiración se detuvo. ”

—Padre—susurré, aunque la palabra apenas salió de mis labios.

Él dio un paso hacia mí, y su mirada parecía pesar más que cualquier palabra.

—Kael— dijo, su voz grave y firme. —Has cruzado límites que no debías.

—Tú... Tú estás vivo— murmuré, el peso de la revelación cayendo sobre mí como una losa. Durante años había creído que había muerto, que el hombre que me había enseñado a ser fuerte había desaparecido para siempre. Y ahora estaba aquí, ante mí, como el Custodio del Cónclave.

—Hay cosas que no entiendes—dijo él, su tono sin rastro de emoción. —Y hay razones para todo.

—¿Razones?—sentí mi voz quebrarse. —Me dejaste creer que estabas muerto. Nos dejaste a mamá y a mí solas. ¿Y ahora estoy aquí porque tú lo quisiste? ¿Qué clase de juego es este?

Él no respondió de inmediato, y su silencio me enfureció más que cualquier palabra. Entonces, me acerqué un paso, con el corazón latiendo con fuerza.

—¿Por qué?—exigí, mi voz temblando.

—Porque era necesario,— respondió finalmente, su mirada clavada en mí. —Hay secretos que ni tú deberías conocer. Y si estás aquí ahora, es porque el destino así lo quiso.

Algo en su tono me hizo detenerme. Había una mentira escondida entre sus palabras, lo sabía. Siempre había sido buena detectando cuando alguien no me decía la verdad, y ahora no era diferente.

—Estás mintiendo. Siempre he sabido cuándo lo haces. Dime la verdad.

Un destello de algo ¿culpa? ¿Duda? pasó por sus ojos, pero desapareció tan rápido como llegó.

—Kael, hay cosas más grandes que tú o yo. No hagas esto más difícil de lo que ya es.

Quería gritar, quería exigir respuestas, pero antes de que pudiera decir algo más, una puerta lateral se abrió y otra figura entró. Un hombre alto, con una presencia que parecía llenar la sala. Su cabello era oscuro, y sus ojos, profundos y calculadores, se posaron en mí como si ya supiera todo lo que era.

—¿Interrumpo algo?—Pregunto con una voz suave pero cargada de autoridad.

Mi padre se giró hacia él.

—No, la conversación terminó. Llévala a su habitación. Aún no está lista.

—¿Lista para qué?—pregunté, pero nadie respondió. Sentí las manos del nuevo hombre en mi brazo, guiándome hacia la puerta. Intenté resistirme, pero era inútil. Mi mente estaba llena de preguntas, y mi corazón, de una ira que no sabía cómo controlar.

Mientras me alejaban, escuché a mi padre susurrar algo, pero no pude distinguirlo.

Mi padre ya no era mi padre.

...