Capítulo único
Tom se relamía los labios, sintiendo la humedad de la piel contraria junto a la suya. Los labios de Bill besaban su cuello, a veces sacando los dientes en mordidas deliciosas que aturdían sus sentidos. Era presionado contra él, con la textura de la arena en su espalda, caliente pero no demasiado como para hacerle daño. Sus piernas abiertas de par en par para darle espacio a Bill para que se acomodara. Su pene latía y disfrutaba la fricción contra el de Bill. No podían alejarse mucho de la orilla, así que las marea que subía y le rozaba el cuerpo era una constante.
Miles de cosas pasaban por su mente al sentir cómo su entrada engullía los dedos del tritón, el cuál era notorio que iba mejorando la técnica de dilatarlo. ¿Cómo había sido que se habían encontrado? Él trabajada como pescador, no por vocación, sino por no tener otra opción. Era lo que su familia le había dicho, que era varón y ese era el único trabajo que podía hacer en el pueblo, Tom odiaba pescar y no tener suficiente poder adquisitivo pata poder irse a otra ciudad donde trabajar de otro modo.
En una oportunidad su red pesaba demasiado y al sacarla se fijó que había un muchacho atrapado en ella, el cual lucía asustado, al sacarlo de la red, se dio cuenta que no era humano, con la mitad del cuerpo como pez.
Un joven llamado Bill, que se hallaba lejos de Atlantis por discutir con su familia, Tom dejó de pescar y simplemente le preguntaba más sobre su mundo. El muchacho moreno de ojos castaños sonreía emocionado, contándole todo, desde que era un fan del mundo de los humanos y guardaba una colección, por ello es que se iba lejos de Atlantis para conseguir más cosas que los humanos tiraban a orillas del mar.
Tom encontraba la excusa perfecta para ver a diario a Bill, pescaba poco, pero sí se demoraba con tal de hablarle.
—¿Quieres que te muestre mi colección? —cuestionó Bill con la aleta moviéndose como la cola de un perro de la emoción, sus ojos brillaban y mordía sus labios en expectación por su respuesta.
Tom tragó saliva. —Sí —no podía decirle que no a ese rostro tan hermoso, etéreo, digno de un ser que no era de su mundo, si no de un reino onírico en el mar.
Lo vio irse de vuelta al mar, se sintió extrañado porque no volvió de inmediato, pero luego vio cómo salía nuevamente, con una bolsa de tela enorme, la vació sobre la arena, mostrando todo lo que tenía allí. Ropas, tenedores desechables, condones, latas de cerveza y hasta dildos en lo que suponía era la colección de Bill.
—Wow. Sí que tienes muchas cosas —dijo Tom, a sabiendas de que esos condones eran usados.
—Sí, ¿no es hermoso? Anda, toma cada objeto y explícame para qué sirve —lo alentó Bill, con una ilusión que lamentaba romper.
—No sería lo mejor, algunas cosas no son muy limpias, porque se usan para tener sexo —comentó Tom, rascándose detrás de la cabeza.
El sonrojo en las mejillas de Bill le hizo sentir un calorcillo en su vientre. —¿Sexo con esto? —preguntó Bill, levantando el tenedor.
Tom rió. —No, eso se usa para comer. Me refiero a esto y esto —señaló los condones y juguetes sexuales, con cuidado de no rozarlos.
Bill parpadeó confuso. Tom sabía que los peces se reproducían por dejar huevos y luego poner el semen para fecundarlos así que imaginaba que por eso le era a Bill imaginarse interacción directa en el sexo.
—Esto se mete en la vagina de la mujer humana y se mueve para darle placer —contó Tom, Bill giró un poco el rostro, fijándose en el dildo.
—¿Y los hombres humanos también se lo meten? —preguntó Bill, en evidente desconocimiento.
Ahora quién se sonrojó fue Tom, y tragó saliva. —Algunos… Pero no tienen vagina, así que lo hacen por atrás —narró intentando no imaginarse más de lo necesario, sólo le ayudaba en algo educativo.
—Oh. ¿Por la espalda?
—No, por donde… Vamos al baño. Hay un orificio, y ahí algunos les gusta introducirse cosas —sentía que su rostro quemaba, y odiaba que Bill fuera tan lento en algunas cosas.
—¿A ti te gusta eso? —cuestionó Bill, Tom por otra parte detestaba que también fuera rápido en otras.
—¿Qué? No, yo… —“Yo no soy hetero” quería decir, pero, ¿acaso las sirenas o tritones sabrían de prejuicio por ser homosexual en un pueblo olvidado? Dudaba mucho si no tenían sexo convencional de por sí—. Sí, me gusta eso.
—¿Me lo muestras?
Tom recordaba bien claro cómo había pasado de la curiosidad sana a más… cómo había sido tocado por las manos del tritón, enseñándole a besar y también que le hiciera orales. Llegado un punto, Bill no quería, y Tom le preguntó por qué, y Bill le explicó que era porque no soportaba retener su pene. Y Tom aprendió que los tritones no eran como peces que se reproducían dejando huevos para fecundarse, si no como delfines, que tenían un miembro retráctil y que Bill tenía uno muy delicioso que le pidió no retuviera para disfrutar ambos.
Ahora en su presente, veía sus ojos brillosos y mejillas sonrosadas por la agitación, con la punta de su pene retráctil en su entrada, Tom se empujaba contra la dureza de Bill para que terminara de ingresar, Bill se impulsó en su interior, y besó sus labios, con la lengua jugando con la suya, y el ardor en sus esfínteres, pero después de unos movimientos de cadera y apretar sus piernas detrás de Bill es que le daba en aquel punto que lo hacía temblar.
Gemía fuerte, sin importarle el resto porque estaban lejos, en una cueva que tenía acceso al mar porque Bill no podía alejarse demasiado del agua o corría riesgo de morir, Tom sintió la mano de Bill en su pene, masajeándole con descoordinación pero con muchas ganas. Se aferró a los hombros de Bill, el cual alternaba en besarlo y morderse los labios, evidentemente aguantándose las ganas de correrse.
Tom apreciaba eso mientras lo recibía en su interior, volviéndose nervio puro a cada estocada, el olor a mar le encantaba porque lo asociaba a Bill, y ahora cada que lo olía tenía una erección.
Cada embestida profunda le daba entre dolor y placer, se espigaba en búsqueda de más profundidad, y Bill como leyendo sus pensamientos se la metía más rápido y hondo, respirando con dificultad Tom se aferraba a su amante, el cual se hinchaba más dentro de él, el de rastas podía adivinar que se debía a su pronta culminación. El agua les llegó de nuevo, y fue como una caricia, una que en su piel sensible bastó para que eyaculara con fuerza manchando los pechos de ambos, apretando más su interior para luego sentir cómo Bill se corría dentro suyo, cómo dejaba su lechosa y caliente esencia en su interior. Bill le sonrió y dejó un beso perezoso para luego caerse sobre él. Tom suspiraba con satisfacción, definitivamente el sexo en la playa es lo mejor del mundo si estaba con un tritón, o si este tritón estaba igual de bueno que Bill, el único motivo que le hacía disfrutar el tedioso trabajo como pescador.