En búsqueda de una segunda oportunidad (Toll)

Summary

Tom y Bill vuelven a encontrarse luego de un incidente turbio que pasó entre ambos. ¿Podrán las cosas arreglarse o simplemente empeorarán? Songfic basado en Never let you down de Tokio Hotel.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Bill estaba ansioso, le temblaban las manos y sentía seca la

garganta. Hacia meses que no consumía, y no planeaba hacerlo; su

vuelo aún no aterrizaba y el síndrome de abstinencia lo tenía así, lo

atacaba cuando menos se lo esperaba. Sudaba, y se concentraba

en la música que salía de sus audífonos.

Estaba hecho una mierda, pero la idea de ver a su hermano lo

animaba. Sonrió y cerró los ojos, perdiéndose en la melodía. Un

arcoíris se vislumbraba a través de la ventanilla.

Tom sacó su celular de su bolsillo y vio la hora, Bill llevaba una hora

de retraso, y no podía evitar preocuparse.

Vio una cabellera rubia alborotada y un brazo agitarse en su

dirección. La sonrisa del menor era inconfundible, por más que

había cambiado de look e incluso poseía más tatuajes… pero a

pesar de todo, seguía siendo su gemelo, al cual amaba y quien

seguía provocándole que bichitos se removieran en su bajo vientre.

Aún recordaba la noche en que, como siempre, Tom se encargaba

de llevar a Bill a buen resguardo para que no se enterase su madre

de que estaba drogado. Lo diferente fue que en aquella

oportunidad Tom estaba ebrio, y no podía conducir, así que decidió

quedarse en casa y hablar con Bill, sobre todo lo que sucedía, el

cómo las drogas arruinarían su vida, en cómo debía decirle a Verina

que dejase de dárselas porque lo estaba hundiendo en el mismo

hoyo que ella.

—Debes entender que es por tu bien, Bill. No… no quiero verte así

—pidió Tom, sintiendo que le oprimían el pecho.

—Eres un aburrido, Tom. Extraño cuando solíamos hablar de todo y

nada a la vez. Cuando nos tirábamos en el piso a escuchar música y

fumábamos cigarrillos a escondidas creyéndonos los más malotes

del salón. Eh, ¿te acuerdas? —preguntó Bill con las pupilas

dilatadas y la mirada perdida.

—Sí, las cosas eran así antes de que conocieras a Verina y te

enamoraras perdidamente de ella, ¿cuánto tiempo van? ¿Tres

años? —cada palabra que salía de sus labios le dolía en el alma—.

Sabes… yo te amo y me jode que estés con ella.

—Yo también te amo, hermanito. —Bill extendió los brazos en su

dirección y Tom se tambaleó, no podía ser cierto lo que le estaba

diciendo. Se lo decía porque lo amaba de forma fraternal, y no es

que él no lo amase así, sino que… no podía ni conectar bien sus

ideas.

De pronto sintió furia, furia porque Bill se drogaba, furia porque

estaba con Verina, furia porque jugaba con sus sentimientos sin

notarlo y lo empujó, hasta hacerlo chocar contra la pared y quiso

golpearlo, pero Bill le metió las uñas en el rostro y lo besó.

¿Por qué? No lo sabía exactamente, porque el “te amo” en sus

labios no sonaba sincero.

Fue cuando Tom sintió los labios de Bill en su cuello es que se supo

perdido.

Tenían dieciocho años, ninguno de los dos era virgen, pero se sintió

como la primera vez.

Aquella vez fue la primera ocasión que se acostó con un hombre,

pero no era cualquiera, porque él no lo haría con cualquiera, era la

persona a la que más amaba en el mundo. Para que al siguiente

día… Bill volviera a los brazos de Verina.

Recordaba la sensación en su piel y cómo todo se sentía amargo,

como día con día tenía que lidiar vivir con la misma persona que

había hecho añicos con un solo acto, todo lo que le había dado.

Tom decidió tomar su propio camino, viajar a Estados Unidos y

trabajar ahí. Y ahí estaban, abrazándose como si nada hubiera

pasado, tratándose como hermanos, con el dejo de incomodidad y

la tensión sexual que dejaba rezagos.

Había pasado mucho tiempo, Bill había terminado con Verina, y

había dejado las drogas.

—Te dejaste crecer la barba —mencionó Bill, señalando lo obvio,

mientras que Tom le ayudaba con sus maletas.

—Y tú estás rubio.

—Nací rubio, es natural.

—Sí, claro, oxigenado —chanceó Tom, encantándole ver a Bill

sonreír, perdonándole todo con tal de no perderlo.

Bill le sacó la lengua y se subieron al carro de Tom.

—Tom, tengo que hablar contigo —le dijo mientras pasaban por

una curva.

—Dime.

—Yo… quiero pedirte disculpas por lo que pasó, ya sabes, yo fui un

patán. Estuvimos juntos y no supe valorarlo, pero…

—Eso ya no importa —rebatió Tom, interrumpiéndolo, no quería

hablar de ello, no podía.

—No, sí importa, a mí me importa. Quiero decirte que prometo no

decepcionarte de ahora en adelante. Prometo ser mejor, en todos

los sentidos que pueda. Quiero todo contigo —soltó Bill, mirando

fijamente a Tom, reuniendo todo su valor para decírselo.

—Tú siempre viniste a mí, ¿sabes? Para que te cuidara, y yo lo hice

cada vez que pude, cuando ella te dejó de lado también estuve para

ti y no entiendo cómo esperas que yo acceda a esto después de lo

que hiciste. Una cosa es dejarlo en el pasado y otra es ahondar en

ello —explotó Tom, sintiéndose confundido. Un parte suya

anhelaba decirle que sí y tomarlo entre sus brazos, pero su otra

parte le decía que tenía que mantenerse digno y no como cualquier

pañuelo que recoge y vuelve a desechar cuando quiere.

—Pero Tom… yo no te decepcionaré, no de nuevo —repitió Bill,

sintiéndose desesperado.

—Tengo una oferta de trabajo y para eso debo viajar, pensaba no

aceptarla, pero estoy planteándomela ahora mismo —mencionó

Tom.

—Quiero… quiero irme contigo hasta el final, no importa así tenga

que viajar de nuevo, no quiero perderte, no quiero que huyas.

—Si viniste desde Alemania para esto, puedes irte comprando tu

pasaje de regreso —concluyó Tom—. Y ni te molestes en

desempacar, porque al menos conmigo ya no estarás.

—Pero Tom…

—No. —Era su última palabra, y Bill sentía que también su

oportunidad de tenerlo se desvanecía, por lo que, sin pensarlo bien,

intentó besarlo, provocando que casi choquen con otro vehículo.

Tom se detuvo y lo empujó, con los recuerdos acumulándose en su

mente, pasando como una película por ella. Luego Bill arremetió de

nuevo y esta vez no se lo impidió, terminando por colisionar sus

labios con los del contrario. No sabía en qué lío se estaba metiendo

pero lo único que sabía es que le encantaba el gusto de la boca de

su gemelo, la sensación de que ahora Bill era el desesperado y no

él…

Después de un momento se separaron y Bill sonreía de nuevo.

—Esto no significa nada, solo fue un momento de debilidad. Te voy

a llevar de regreso al aeropuerto —sentenció Tom con el ceño

fruncido y eludiendo la mirada de Bill.

La sonrisa de Bill se congeló en sus labios.

Tom llegó a Nueva York y suspiró, su intención era no perder a Bill y

ya lo había perdido. Pero es que no podía simplemente acceder a

algo después de lo que había pasado entre ambos, después de la

manera en que lo traicionó…

Estaba desempacando cuando tocaron el timbre.

—Qué raro, no espero a nadie, y el único que tiene mi nueva

dirección es Andi —dijo en voz alta para dirigirse a la puerta de su

apartamento.

—Hola —saludó Bill del otro lado.

El corazón de Tom latió acelerado y sintió que se le iba a salir del

pecho. ¿Qué hacía Bill ahí?

—¿Qué haces…?

—Te dije que te iba a seguir hasta donde vayas, al fin del mundo si

es necesario.

Se había tomado la molestia de averiguar a dónde iba y luego

seguirlo, era… aterradoramente lindo.

Lo jaló de la camiseta hacia dentro del apartamento y le dejó un

beso que cargaba todos los años de sufrimiento en silencio, uno

que al principio fue torpe pero luego encajó de forma natural.

—Terminemos lo que empezamos —dijo Bill, y Tom no sabía si se

refería al beso, o a lo que pasó años atrás, sin embargo, no le

importó y cerró la puerta.