Capítulo 1: Trece años
Su madre la llamó y Tomie se mantuvo quieta sobre su cama, mirando al techo. Había tenido una discusión con su hermano y lo más probable es que la hubiese visto y buscase que se reconciliasen. Su hermano era tonto, y definitivamente no era el preferido de mamá, podría sacarle ventaja a ello.
Toc. Toc. Toc.
Podía negarse a abrir, pero sería ganarse más problemas. Se levantó y dirigió a su puerta. La cabellera corta y rojiza de su madre enmarcaba una expresión aprehensiva.
—Tomie, te he estado llamando, ¿por qué no bajabas? —le preguntó.
—No me siento bien —alegó. No habían llegado a los golpes pero el empujón que había recibido contaba como uno a los ojos de su progenitora.
—Mi vida, ¿Bill te lastimó? —la cabeza del moreno apareció en el umbral de su puerta. Iba en contra de su código el que involucrasen a su madre en sus asuntos, pero… Bill era tonto y Tomie quería que lo castigasen con ello, no dejándole salir.
—Sí, me empujó y casi me caigo al suelo —respondió resuelta. Bill frunció el ceño.
—Es mentira, mamá. Ella comenzó y no se llegó a caer —se defendió. Simone le miró furibunda.
—Bill, tu hermana es mujercita, no está para tus juegos toscos. Vete a tu cuarto, jovencito. No saldrás este fin de semana —musitó. Bill abrió la boca incrédulo. Su madre se retiró.
—¡Eres una mentirosa! —gritó Bill lo suficientemente alto como para hacer notar su enojo pero no lo suficientemente alto como para ser oído por su madre.
—Solo jugué con la verdad y, por favor, ve a tu cuarto, Bill que estás cas-ti-ga-do —molestó Tomie para después cerrar la puerta de su habitación.
Bill iba a salir con alguien ese fin de semana y su gemela simplemente no quería que eso sucediese. ¿Celos?
Claro, pero aún no sabían cómo se identificaban.









Jijos, bien cabrona la Tommy, porque sus chicharrones truenan 😌
Una vez que Bill consigue una cita, y Tomie se la arruina.
padece de celosítis aguda.
Tonto porque él no le hace caso, aún.