Capítulo único
Mierda, mierda, ¡mierda! Ya van más de dos semanas con los malditos ronquidos, ¡DOS SEMANAS! ¡CATORCE DÍAS! ¡TRESCIENTAS SESENTA Y SEIS HORAS! ¡VEINTE MIL CIENTO SESENTA PUTOS SEGUNDOS!
Sí, sí, quizás exagero, pero créanme al tener horas sin dormir te sobra tiempo para aprender a contar, en especial ovejas. Qué patético.
No entiendo cómo he podido vivir tanto tiempo con la plasta tras mi culo desde que nacimos. Es imposible creer que hubieron tiempos en los cuales dormíamos juntos de pequeños por terrores nocturnos, claro que los recuerdo y me dan escalofríos al hablar mal al respecto, como negándole el mérito, pero también me arden los ojos y tengo latiéndome la jodida cabeza, y eso hace que omita algún jodido arrepentimiento.
Vinimos aquí con intención de vacacionar, claro, podríamos haber elegido cualquier otro lugar: Las Maldivas, Los Ángeles, o no yendo muy lejos, Berlín, pero no, al señorito se le antojó regresar a Loischte, sí, y ahí no radica el problema, la cosa es que estamos donde mamá, en su casa, incomodándola aunque diga lo contrario, ya que en esta casa no había espacio y nos metieron en un cuarto para los dos. Mala idea.
Tenemos una millonada, lo menos que nos falta es dinero, inclusive tenemos una casa aquí pero el niño Tom no quiere eso, sino quiere ir a las faldas de su mami. Pedazo de estúpido con mamitis, y todavía tienen la cara de decir que el caprichoso soy yo, aquí las excentricidades se llevan en la sangre.
Ok, seguiré narrando mentalmente todo esto, este suplicio que ha caído sobre mí por no sé qué pecado (quizás el no ser creyente se considere uno).
Durante las giras no pasaba por esto, inclusive en el Tour Bus, y ahora sí tengo que soportar estar a metros de distancia de mi gemelo y con sus ronquidos impidiéndome conciliar el sueño.
Lo miraba y más me irritaba, ¿por qué coño está con esa expresión calmada cuando yo ni puedo cerrar un ojo? Vamos a ver el lado positivo, Bill, existe el maquillaje, ¡pero odio utilizar maquillaje en mis vacaciones! Vamos, Bill, contrólate, inhala, exhala...
¡PUTA MADRE OTRA VEZ ESE ESTERTOR DE MUERTE!
—¡Tom, carajo, levántate!
—¿Ah? ¿Ah? ¿Qué? —Estaba aún soñoliento, y me siento un poco culpable, como que duele el haberlo despertado así, verlo con esa carita asustada y mirando a todos lados, pero es que jode el ruido de mierda que hace.
—Perdón, Tomi, pero es que no me dejas dormir —me justifiqué, mientras me miraba algo enojado y con el ceño fruncido.
—Lo mismo te iba a decir yo —reclamó, ¡pero este era caradura! Está bien, sí, lo he despertado pero porque él no me deja dormir, joder.
—Roncas, ¿ok? Eso es molesto, creo que los pocos instantes que logro dormir me imagino que seré arrollado por un tren descompuesto, así de mal me tienes —dije y se volvió a echar—. Hey... no actúes con indiferencia, eres el culpable.
—Egoístademierdaquetengosueñocarajo —refunfuñó tan bajo que ni lo entendí, pero tenía el presentimiento de que no era algo halagador.
—¿Ya? —insté y jalé el brazo desde mi cama. Después de un momento se levantó y se acomodó a mi lado. ¿O sea que me atormentará con sus ronquidos de cerca? Creo que me leyó el pensamiento porque comenzó a negar con la cabeza.
—Te voy a hacer lo que nos hacía mamá para dormir, así lo haces primero tú y luego con tu bocota cerrada lo podré hacer yo, ¿ok? —asentí esperando que resultase, aunque no recordaba qué nos hacía mamá para que nos durmiéramos, éramos jodidos a la hora de conciliar el sueño de pequeños así que intentó varias cosas.
Vi que se acercó a mi rostro, inconscientemente acorté la distancia, lo observé como sonreía y me rozaba la mejilla pasando su mano por sobre ella con delicadeza, aunque sus manos eran callosas valoraba el cuidado... sí, mamá hacía eso, nos acariciaba la mejilla hasta que dormíamos, pero no se acercaba así a nuestra cara.
Cerré los ojos y me dejé llevar en la sensación del contacto que establecía con Tom, sentí como me iba relajando de a pocos, el latir de mi cabeza iba disminuyendo, todo era tan perfecto. El sueño que tanto buscaba me iba a ser entregado por sí solo, la variación de las caricias de Tom me turbaron un poco pero no lo demasiado, hasta que sentí su cara chocar contra la mía y un sonido de tortura salir de sus labios pegados a los míos. ¡Se había dormido y caído sobre mi cara!
—Tommm —gemí con su cara aplastando la mía.
Lo empujé hacia el otro lado de mi cama, al fin despegando nuestras bocas que se habían juntado sin querer, incómodo y vergonzoso, lo peor es que él ni lo había notado. Sentía que me iba a dar un aneurisma en ese momento al verlo ahí EN MI CAMA DURMIENDO y yo DESPIERTO POR ÉL.
—¡TOM KAULITZ!
—¿Mamá, ahora qué hice? —se despertó, y ya sé que así nos llama mamá pero no tengo su voz, carajo. Lo miré como para que se diera cuenta de lo obvio—, no funcionó, ¿verdad?
Y todavía lo pregunta.
—No, claro que funcionó, lo que pasa es que estás dormido teniendo un sueño húmedo con tu hermano —comenté irónico. Volteó el rostro y me miró de reojo. ¿SE LO ESTABA PENSANDO?—. ¡Joder, Tom! Obviamente no funcionó.
—Tsk y yo que pensaba que hablabas en serio —me quedé viéndole atónito y se rió el cabrón—, ya, era broma, estoy pensando qué coño hacer para que te duermas.
—Ponerte un tapón en la boca podría resultar, irte a dormir al mueble también.
—Golpearte hasta dejarte inconsciente también pero no es el punto —puse los ojos en blanco y me crucé de brazos—. O tal vez... he notado que te duermes cada vez que te hablo.
—No es cierto —lo pensé y tragué saliva. A veces estaba algo cansado pero eso no significaba que no lo escuchase.
—Sabes que sí lo es, Bill. Pero ese no es el problema, sino la solución —lo vi sin entender—. Te contaré de Stacy.
—¿Stacy? —¡Ja! Ahora me había ganado una charla gratis sobre uno de sus ligues, coño, que no me jode que se las folle sino que me lo cuente o restriegue en la cara, a veces no puedo hacer lo mismo por eso me da cólera, a quién engaño, me enoja saber que se está follando a una chica.
—Stacy, Bill, Stacy, ¿no sabes quién es ella? —levanté un ceja como diciendo un “¿debería?“, puso los ojos en blanco—, ha estado durante toda la gira conmigo, es más, la he traído aquí —en vez de dormirme me ponía más irritable y algo nostálgico, ¿mi hermano ya había encontrado al amor de su vida o algo así?
—Perdón por no percatarme, si hubiera sabido que ella es tan importante para ti lo hubiera hecho.
—¿Estás llorando?
—No —la verdad sí lo hago, como toda una nenaza.
—Sí sabes quién es ella, mi gibson, Bill —el alma me volvió al cuerpo y sonreí como un idiota, era solo su puta obsesión con las guitarras al punto de ponerle un nombre de chica—. Pensé que contándote esto te aburrías, duérmete, Bill.
—No es como simplemente decirlo y ya, lo importante es que no te duermas antes —acoté, Tom con sus ojos rojos por el sueño asintió y soltó un bostezo que yo imité, era contagioso.
—¿Por qué estabas llorando?
—Estoy frustrado porque no puedo dormir —sonaba convincente pero no para mí, y la maldita conexión podría cagarme el momento.
—No, no es por eso, tú eres siempre el más fuerte, Bill, no te amilanarías por la simple falta de sueño, sí te pones irritable y de mal humor pero no lloras.
Puta conexión, ¿qué si él tenía razón? Tom siempre ha buscado una imagen ruda, y sé que lo hace para poner una barrera que le impida al mundo saber cómo es por dentro, por eso lo de las chicas y actitud, él quiere verse fuerte aunque no lo sea siempre, no se lo reclamo nunca, siempre me he encargado de abrazarlo durante el divorcio de nuestros padres, siempre me he mantenido firme y estoico frente las situaciones tensas, haciéndole reír y distrayéndolo, porque si ambos llorábamos nadie nos consolaría, mamá no estaba en condiciones y cuando nos fuimos por la banda no habría nadie para nosotros allá afuera, cuando Tom ya estaba bien las cosas se sentían mejor y mi energía se cargaba a mil.
Escribo canciones, me expreso de una forma más literal al hablar y escribir, Tom no es bueno con las palabras sino con las notas que une en una armonía, en una melodía, todo demasiado profundo aunque la gente no lo note, yo entiendo lo que Tom me dice sin palabras, solo yo lo hago, solo yo lo he visto llorar, solo en mí se ha apoyado.
—¿Por qué estabas llorando? —repite la pregunta.
—Es que no estaba preparado para saber que tenías a “alguien”, ya sabes, sería como que las cosas cambiarían y no tendrías tiempo para mí. Tengo miedo de perderte —para mí esa frase estaba cargada de significado, quería decir muchas cosas de las cuales nadie sabía su existencia, esperaba que Tom simplemente no las entendiera, porque me aterraría perderlo por mis pensamientos insanos.
—Eres un idiota.
—¿Qué? —pregunté y busqué su mirada pero me rehuía, sólo se rascaba la nuca, acto que solía hacer al ponerse nervioso.
—Que eres un idiota, eso dije, ¿cómo crees que te reemplazaría por una chica? Eres mi Billy, nunca haría eso, hermanito, tú estás antes que nadie —sonreí. Sí, soy su hermanito nada más, eso debería bastarme pero no lo hace.
—Sí, yo sé que soy estúpido por pensarlo, la familia es lo primero, ¿eh? —ahí yo todo tarado diciendo obviedades para disimular mi malestar.
—No he dicho eso, he dicho que tú estás primero —recalcó aquello mirándome a los ojos. Había algo en su mirada que hizo que un placentero calor me invadiera el cuerpo. Esta vez fui yo quién volteó el rostro—. Yo también he temido perderte Bill.
Lo miré y me sonrojé, no sabía qué demonios decirle, solo una frase se me ocurrió:—Te amo, Tomi —sonreí después de decirla. Sus ojos le brillaron y me devolvió el gesto.
Ambos dejamos de mirarnos, ese momento había tenido una incómoda intimidad. Más que los dos estábamos en una cama y... era de noche, no había luces... carajo, tengo la necesidad imperiosa de besarlo.
Apenas giré el rostro para buscar el suyo ya lo tenía frente a mí con aquel jodido y demasiado corto trecho a sus labios carnosos. Así que lo tomé del rostro y besé... no era mi beso, era el nuestro porque Tom me correspondía. Ladeamos la cabeza y abrimos la boca casi al mismo tiempo, permitiendo que nuestras lenguas se encontrasen, que jugasen entre ellas, la mía demasiado traviesa en esa contienda, mi piercing acariciaba sus labios y buscaba rozar el suyo, luego recorriendo su interior, Tom haciendo lo propio con la mía, no poniéndonos de acuerdo para qué boca profanar más.
Mis manos aferradas a sus hombros y mi gemelo pasando las suyas por mi espalda, aún estábamos de rodillas en mi cama, no sé como de un tema se ha pasado a otro, y de aquello se ha pasado a un beso ansioso que es la resultante de años de callarnos estúpidamente algo que era correspondido y muy enfermo, pero no me quejo.
Esto tenía mucho significado para mí. Esto era el comienzo de algo que durará para siempre, o por lo menos por lo que nos quede de existencia, porque amo a mi gemelo y sé que pase lo que pase siempre estaremos juntos. Porque no pienso alejarlo de mí ni permitir que él lo haga, a partir de ahora oficialmente mando a la mierda al mundo y me dedicaré a disfrutar de lo mejor que me ha ofrecido esta jodida vida. Mi Tomi, mi gemelo, mi confidente, mi amigo, mi consejero, mi otra mitad, mi todo.
Sé que nos odiarán muchos por lo que estamos empezando, no es que el mundo merezca que mostremos algo tan nuestro, algo tan puro, sería insultar este sentimiento, así que esto quedará en secreto.
Nunca he sido fiel creyente de nada, porque si para el Dios de la gente está prohibido amar a quién tu corazón dicte, prefiero creer en lo que lo acepte, en que hay alguien que nos observa y nos deja en paz, que nos deja amarnos.
El oxígeno lastimosamente es una necesidad primaria, y si quiero seguir amándolo, necesito respirar y dejar que Tom también lo haga, así que nos separamos viéndonos fijamente, descubriendo un nuevo rostro, una nueva expresión, una faceta escondida para ambos. Nos sonreímos con la respiración acelerada y los pechos juntos que se hinchaban en búsqueda de aire.
Estábamos con las manos sobre el cuerpo contrario como parte del mismo, siendo una fusión de miembros que sería imposible de separar. Si alguien intentaba alejarme de mi Tomi la pasaría muy mal.
Me tumbó contra la cama y en vez de atacar mi boca se puso contra mi cuello, lamiéndolo y chupándolo como un desesperado. Posé mi mano sobre sus rastas y estiré mi cuello, permitiéndole que tuviera más espacio para que se deleitase mientras me excitaban sus besos y lenguetazos. Sus labios contra mi piel caliente provocaban que salieran sonidos placenteros de mi garganta.
Después de un momento Tom buscó sentir más piel por lo que coló una mano bajo mi camiseta, sujetó entre sus dedos uno de mis pezones haciéndome chillar por el frío tacto en esa zona sensible y caliente. Lo alejé de mí, sentándome para quitarme con ansias mi camiseta y hacer lo mismo con la suya, apreciando sus duros músculos marcados en su piel, lamiéndolos en una posición algo incómoda al encorvarme, rasgándole la espalda desnuda con las uñas.
Escuchándole jadear ronco de una forma que me excitaba y preocupaba a partes iguales debido al ruido, le puse un dedo sobre los labios para acallarlo.
—Despertarás a mamá —advertí y Tom asintió, agarrando con sus labios mi dedo y chupándolo con lascivia, maldito cabrón seductor.
Con la mano libre sujeté el borde de su pantalón y de a pocos se lo bajé, descubriendo así su bóxer con aquel prominente bulto causado por la excitación que yo mismo le había provocado.
Saqué mi dedo de su boca y lo empujé contra la cama quitándole en el camino el pantalón, haciendo lo propio con el mío. Acomodé mi cuerpo sobre el suyo para besarlo y friccionar nuestros miembros aún cubiertos por la tela de los bóxers. Arrancando gemidos de nuestros labios, silenciándolo con besos cortos.
Me sujetó de las caderas e intentó sentarse conmigo sobre él. Le ayudé en su labor pero luego me dejó caer de nuevo sobre el colchón, el juego de dominio se volvía excitante.
Bajó su rostro y lo miré de reojo, dejó su rostro justo sobre la estrella tatuada, me miró mientras comenzaba a trazarla con la lengua. Me estremecí y deseé que siguiera haciendo lo mismo pero con otra zona de mi cuerpo, una que quedaba un poco más abajo y que rozaba, con tela sobre sí, el cuello de mi hermano. Su rostro se elevó, dejando de hacerme sentir escalofríos y corrientes de placer, para besarme otra vez.
Le toqué todo lo que no podía ver, le rasguñe e hice jadear, me froté contra Tom hasta que me mordió el hombro. Eso fue el colmo de mi excitación. Casi como un poseso le quité los bóxers y apreté las nalgas a manos llenas, uno de mis dedos se empujó cerca a su ranura y la idea de metérsela me atacó con fuerza, y sin pensármelo mucho le metí un dedo.
—Ehh... ¡Bill! —cerró fuertemente los ojos y me sujetó de los hombros mientras yo lo embestía con ese solitario dígito que pedía a gritos compañía.
Cuando lo sentí algo más tranquilo, saqué el dedo, lo ensalivé bien junto a otro y tenté con ambos, le dejé besos rápidos sobre sus comisuras fruncidas de sus labios, quería que se relajara, sino no se dilataría bien, y lo que menos quería era hacerle daño. Así lo hice más lento, en movimientos circulares y luego como tijeras.
Después de un instante ya lo veía más asertivo, con los ojos totalmente abiertos y los labios entreabiertos, con sus suspiros que me hacían excitarme más. Ingresé otro más con mucha más saliva para que entrase mejor, para mi sorpresa, Tom puso los ojos en blanco y comenzó a mover su pelvis para hacer más profunda la intromisión. Ya no podía, era demasiado para mis dos cabezas.
—Tomi, uhmn... ¿ya me dejas? —pregunté siguiendo el ritmo con mis dedos mientras aferraba la otra mano a su cintura, la tenía más dura que un fierro y me latía como los mil demonios.
—Sí —asintió reafirmando lo que me decía, lo notaba ansioso y con los ojos oscurecidos, y el ver su rostro contraído, mejillas rosadas, labios entreabiertos y ojos cerrados con violencia... esa fue mi señal.
Lamí mi palma abierta hasta que chorreara mi saliva, masajeé mi pene con ella, y sentía que se iba a secar pronto, con manos trémulas agarré un poco de crema sin alcohol de la mesa de noche, y me eché una generosa porción, pajeándome un poco, notando cómo Tom me apuraba con los ojos y su entrada se contraía pidiendo contacto, le eché un poco de la crema por fuera de su ranura y acerqué mi miembro palpitante hacia allí.
Sujeté mi polla y la guié con cuidado para penetrarlo de a pocos, obviamente que quería hacerlo de una sola, pero lo primordial era mi Tomi, así que con una gran fuerza de voluntad lo hice, mientras que con la otra mano masajeaba su pene bañado en preseminal y también besaba sus labios. Tom iba abriendo más y más sus piernas hasta que las sentí rodeando mi cintura. Lo miré sorprendido.
—Muévete —ordenó con ojos oscurecidos y sin admitir una negativa, apurándome con sus piernas largas y velludas. Asentí mientras me impulsaba un poco para comenzar el vaivén, uno lento en un principio, pero que luego se tornó más rápido, frenético, necesitado.
Su cavidad me envolvía, me tragaba y me estaba volviendo loco, era tan estrecho, tan cálido, tan sofocante y delicioso. Tom estaba moviéndose con desesperación, boqueando como pez fuera del agua, se estremecía y espigaba a cada embestida, se masturbaba con el ceño fruncido y de cuando en cuando sus jadeos roncos se dejaban escuchar de forma más notoria.
Sentía que moriría de placer, el verlo así y sentir cómo me apretaba cada que se la metía de una forma que ponía los ojos en blanco, cuando salivaba demasiado concentrado en su placer, el saberme responsable de que estuviese así hacía que sintiera que no daba más pero sin poder controlar mis caderas y mis manos aferradas a su cintura.
—Tomi... —jadeé con la voz demasiado ronca. Cerré los ojos y me impulsé más, dándole una estocada algo profunda a lo que Tom gritó con desesperación—. Shhh que nos oyen —farfullé con una voz que ni yo reconocí.
Le di un beso para acallarlo ya que al parecer Tom estaba otro universo paralelo en donde el placer era una característica especial en cada habitante. Le metí la lengua con necesidad mientras seguía el vaivén, hasta que sentí un líquido viscoso, pegajoso y caliente impactar contra mi vientre, miré de soslayo: se había venido, y me apretó demasiado y mi instinto fue penetrarlo con más rudeza, y esa sensación sofocante me hizo correrme, caí rendido sobre él.
—Bill... yo también —mencionó pero yo seguía en mi nube.
—¿Tú también qué?
—Yo también te amo —aclaró para luego acariciarme la cabeza. Con cuidado me salí de su interior y nos cubrí con la sábana, dejé besos sobre su rostro y me aferré a Tom.
—Los te amo se quedan chicos para todo lo que siento por ti —comenté mientras me iba perdiendo entre su aroma y el letargo post sexo.
...
Bill por fin pudo dormir. Tom estaba muy adolorido como para hacerlo y, cuando por fin sintió que el dolor era menor, se dispuso a dormir, no lo consiguió, esta vez su hermano se lo impedía por sus ronquidos...