Persiana americana (Toll)

Summary

Basado en la canción Persiana americana de Soda Estereo. Tom amaba los fines de semana, principalmente gracias a un vecino suyo con una costumbre muy particular.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

El chico de rastas adoraba los fines de semana, no sólo por el hecho de que no tenía clases o trabajo, sino porque tenía la casa sola y podía fisgonear con tranquilidad al vecino de en frente. No era algo de lo que se sentía orgulloso, pero sí disfrutaba mucho, suponía que el muchacho de en frente se sentía algo seguro para no cerrar las cortinas, y pensaba que porque las persianas de la casa de Tom estaban cerradas ya es que nadie lo observaba, sin saber que el de rastas las abría sólo un poco, lo suficiente como para ver al

muchacho desvestirse antes de ir a bañarse.

El chico era alto, de cabello negro y lacio, de piel blanca, facciones finas y unos labios deliciosos, a veces se imaginaba que su vecino en realidad era consciente de lo que hacía, porque primero empezaba estirándose, luego quitándose con sinuosidad su casaca de cuero, para ir levantando poco a poco su prenda superior, lo hacía de una forma tan sensual que era un pecado verlo, veía con deleite cómo quedaba expuesta la piel de su vientre, cómo se asomaba esa estrella negra tatuada, cómo luego se veían sus pezones levemente marrones hasta que se quedaba sin nada arriba y agradecía a todos los dioses que la ventana sea lo suficientemente amplia para ver cómo bajaba con cadencia sus pantalones, quedando en aquellos apretados bóxers, los cuales empezaba a bajar mientras movía las caderas, apreciando el vello naciente, quería ver más, pero sólo llegaba hasta cierto límite el marco de la ventana. El muchacho agarraba la toalla y se le colgaba al hombro para luego perderse en la otra habitación, dejando a medias la vista de su trasero respingón.

Tom quería saber más de su vecino, pero el único contacto que podría tener con él era el del grupo de vecinos en whatsapp y desconocía su nombre, como estaban en el quinto piso también no había excusa como para ir al edificio y preguntar por él.

Suspiró y luego de ver ansioso si volvía a salir, se metió en su habitación, para buscar darse placer con la imagen reciente en sus recuerdos, acariciaba su longitud mientras se imaginaba lo que sería tocar su piel, lamer sus tatuajes y perderse entre su cuello largo, buscaría hacerlo gemir de diversas formas, aunque no conocía ni el timbre de su voz, besaría sus labios hasta el cansancio. Jugaba con el preseminal en su erección, acariciando con su pulgar la cabeza de su miembro, tapando su orificio y soltándolo, sintiendo los estremecimientos en todo su cuerpo, cómo su sangre bullía y su piel quemaba, se mordisqueó el labio inferior, imaginando qué se sentiría estar dentro suyo, o que él esté en su interior, deseando el contacto con su piel, ¿sería tan suave cómo se ve? Podía imaginar su sabor…

Se corrió mientras su vecino estaba grabado en su pensamiento.

Después decidió bañarse y luego sacar a Toby, su Golden retriever, para que respirara un poco de aire fresco. Se paralizó cuando en el parque vio a su vecino con un chihuahua blanco, ¿cómo no se lo había cruzado antes? Hizo un recuento de las cosas que hacía los fines de semana, y casi nunca salía, y si lo hacía, era para otras partes, se sintió un poco culpable por el pobre Toby al cual paseaba más que nada de noche en días de semana, haciendo que no viera luz del sol.

El ladrido de su mascota lo sacó de su ensoñación, le iba jalando la correa para que siguieran caminando, Tom dejó a su perro guiar, lo inusual fue que a donde su perro iba era en dirección al chihuahua de su vecino, al estar frente a él, Toby comenzó a querer olisquearlo pero el pequeño perro le gruñó y mostró los dientes.

—¡Princess, no! Sólo quiere ser tu amigo —dijo su vecino y Tom tragó saliva, su voz era hermosa, sintió sus mejillas calentarse, se veía aún más bello de cerca, el muchacho se giró a verle y le ofreció una sonrisa—. Hola, soy Bill, lamento que mi pequeña sea así, pero es verdad lo que dicen de los chihuahuas, son pequeños seres llenos de odio —bromeó para luego reír, Tom intentó imitar el gesto, pero le salió una risa muy extraña y nasal.

—Hola, soy Tom.

—Sí, vives al frente de mi casa, ¿verdad? —preguntó Bill, sus mejillas ardían frente al pensamiento de que su vecino ubicaba quién era, y que supiera precisamente que estaba al frente de su casa, se preguntaba cómo es que el moreno sabía aquello.

—Sí.

—Un gusto, Tom —dijo Bill, extendiéndole la mano, Tom correspondió al gesto, viendo las estilizadas uñas negras y sintiendo que, en efecto, sus manos eran tan suaves como las imaginaba, luego de un rato cortó el contacto, notando que había extendido el mismo más del tiempo que se consideraba educado.

Bill le mostró la mano a Toby, el cual lo olisqueó primero y luego lamió, moviéndole la cola, Tom sonrió frente a ello.

—Le caes bien —comentó Tom.

—¿Cómo se llama?

—Toby.

Princess comenzó a oler a Toby, para finalmente dejar que él la oliera y empezaron a jugar el uno al otro, haciendo que ambos dueños miraran con ternura la escena.

—Bueno, tengo que irme —avisó Bill luego de un buen rato—. Adiós, Toby —dijo cariñando al can, y se acercó a Tom para susurrarle: —La próxima vez si no quieres ser visto apaga la luz de tu ventana.

Tom sintió que sus mejillas eran un horno y vio avergonzado a Bill, quien le ofrecía una sonrisa coqueta.

—…O sino puedes simplemente venir a mi casa y disfrutarlo de cerca —comentó Bill antes de irse.

Tom abrió la boca como pez fuera del agua, sin creer su suerte, y tratando de recordar si todas las veces lo había visto con la luz prendida. Pero la verdad es que con aquella propuesta ya no se arrepentía de haberlo hecho, es más, agradecía ser tan despistado.