Nuestro pequeño secreto [Katsudeku]

Summary

Un amor prohibido, un secreto que crece día a día y una decisión que cambiará sus vidas para siempre. Inko jamás aceptará su relación, pero Izuku y Katsuki ya no pueden seguir ocultándose. Con un cachorro en camino, el tiempo apremia y están dispuestos a hacer lo impensable para proteger a su familia.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
4.9 16 reviews
Age Rating
18+

El secreto

—Kacchan, creo que ya no podré ocultar mi panza por mucho tiempo —dijo afligido el peliverde con un suspiro pesado escapando de sus labios mientras sus dedos temblorosos recorrían su abultado vientre frente al espejo—. El cachorro sigue creciendo y... —se calló y mordió su labio, como si con eso pudiera detener las lágrimas que amenazaban con caer.

De pronto, unos brazos firmes lo rodearon desde atrás, y el cálido aliento de Katsuki acarició su nuca.

—Lo sé bebé, creo que llegó el momento en que debemos tomar medidas, no podemos esperar a que tu mamá me acepte —murmuró Katsuki con suavidad inusual, apoyando su barbilla en el hombro de su pareja mientras sus manos grandes y cálidas acariciaban la pancita que crecía cada día más.

Katsuki e Izuku habían crecido toda la vida juntos, se conocían desde que tenían memoria y en su tiempo habían sido los mejores amigos, así fue hasta que Katsuki asustado por los sentimientos que crecían en su interior y que no sabía cómo afrontar, acosó al pequeño omega solo por un miedo irracional.

Sin embargo cuando ambos se presentaron por primera vez y se dieron cuenta de que eran alfa y omega destinado todo cambió para ellos, poco a poco se empezaron a acercar y gracias al esfuerzo que puso el rubio por obtener el perdón del omega con regalos de cortejo, comidas deliciosas y palabras y acciones de disculpa, además de la proximidad que les ofrecía vivir en los mismos dormitorios de la UA, habían llegado al momento de que en su tercer año de preparatoria eran una pareja fuerte y unida.

Lamentablemente quien no pudo perdonar por ningún medio al joven alfa era la madre del pecoso, Inko se había opuesto rotundamente a que su hijo tuviera una relación con el chico que lo había acosado durante años y por el cual el peliverde tanto había sufrido. Tanto había sido que la mujer le había prohibido a Izuku ver a Katsuki e incluso había pedido en la escuela que cambiaran al omega al curso B, fue un gran alivio para la pareja que la escuela no aceptara los pedidos de la peliverde, pero peor aún fue cuando Inko amenazó a Izuku de mandarlo al extrangero si seguía con Katsuki.

Por lo mismo durante los tres años que llevaban en la preparatoria tanto Izuku como Katsuki habían mantenido en secreto su avanzada relación de la madre de este último, ya que Inko no podía ni ver al rubio.

Muy diferente de los padres de Katsuki quienes aceptaban al omega con los brazos abiertos cada vez que este iba a visitarlos.

No obstante todo se había vuelto patas arriba hacía unos 4 meses cuando Izuku descubrió que estaba embarazado, ambos habían decidido mantenerlo en secreto de todos, familia y amigos, con la intención de convencer a la peliverde de su relación, cosa que hasta ese día no era posible a pesar de los ruegos y solicitudes de ambos jóvenes.

Tanto Izuku como Katsuki estaban decididos a tener a ese cachorro e incluso antes de que supieran que serían padres ambos tenían claro que querían vivir juntos cuando se graduaran y en algún futuro conformar una familia, este embarazo solo adelantaba los planes que ya tenían. 

Izuku cerró los ojos, dejando que las lágrimas cayeran silenciosamente por sus mejillas. Había imaginado tantas veces cómo sería compartir esta noticia con su madre, soñando con un abrazo cálido y palabras de apoyo. Pero en su corazón sabía que eso no pasaría. Inko no aceptaría a Katsuki, y mucho menos a un cachorro fruto de esa unión.

—No quiero que nuestro bebé crezca sintiendo que debe esconderse o que su familia es un error —susurró Izuku con la voz temblorosa—. Pero... ¿qué podemos hacer, Kacchan? Ya hemos intentado todo.

El alfa se lo quedó mirando a través del espejo cuando un pensamiento cruzó su mente "tiempos desesperados requieren medidas desesperadas".

—Tengo una idea —dijo el rubio con una sonrisa, esa que siempre lograba hacer que el corazón de Izuku latiera con fuerza—. Casémonos —habló decidido mientras el pecoso reaccionaba sorprendido.

—¡¿Qué?! —exclamó el omega volteándose para quedar de frente a su novio.

—Si, bueno, eres mi omega, siempre lo has sido y te amo con todo mi corazón, y es mi cachorro el que llevas en tu vientre —Katsuki se rascó la nuca, visiblemente nervioso, pero sus ojos brillaban con determinación—. Y nadie, ni siquiera tu madre podrá separarme de ustedes, asi que cásate conmigo y sé me tonto compañero por el resto de nuestras vidas—. Aquello hizo reír al pecoso y aunque sus lágrimas continuaban cayendo, esta vez no eran de tristeza, sino de pura emoción.

—Esa no es una propuesta demasiado romántica Kacchan —dijo entre risas suaves, intentando aligerar la tensión.

Pero Katsuki no estaba dispuesto a dejarlo en eso. Sin dudarlo, se puso de rodillas frente a él y abrazó el vientre de Izuku, apoyando su cabeza contra la pancita.

—Izuku —comenzó con un susurro—. Eres el amor de mi vida y quiero tenerte conmigo hasta el día en que me muera, ¿me harías el honor de casarte conmigo y ser mi compañero? —preguntó mirándolo desde abajo con enormes ojos de cachorro.

Izuku lo miró desde arriba, sus ojos verdes brillando con lágrimas de felicidad. La ternura y el amor en la voz de Katsuki hicieron que su corazón se derritiera y su omega interior se regocijara ante la propuesta.

—¡Claro que sí Kacchan! —respondió el pecoso, inclinándose para abrazarlo—. Cómo podría decirte que no si me lo pides con esa linda carita —terminó de decir acariciando la mejilla de su amante.

El rubio no pudo más que sonrojarse por lo cursi que eran, pero no importaba si con ello podría tener a Izuku con él sin que Inko se interpusiera entre ellos y el cachorro.

—Debemos preparar algunas cosas antes del gran evento —dijo el rubio.

—Sé con quiénes podemos contar.

La pareja pasó el resto de la noche planeando cada detalle, ideando el plan perfecto para casarse sin que nadie lo impidiera. Sabían que sería difícil, pero juntos podían superar cualquier obstáculo.

.

.

.

Al día siguiente la pareja había quedado de acuerdo en juntarse en la habitación del rubio después de clase con los que serían sus testigos de matrimonio. Izuku había recibido un mensaje de Katsuki diciéndole que los estaban esperando, y el pecoso respondió que iban en camino.

Al entrar en la habitación del alfa, Izuku pudo ver tanto a su novio como a su mejor amigo Eijiro, este último se veía un tanto confundido, Katsuki no era una persona que invitara a sus compañeros a su habitación.

—¿En serio?¿el maldito mitad y mitad? —gruñó el rubio apuntando al bicolor.

—Shoto es el más discreto de mis amigos, Kacchan —respondió el pecoso entrando con calma.

—No es mi culpa que seas inseguro y pienses que te quitaré a Midoriya, Bakugo—dijo Todoroki con su habitual tono tranquilo, sentándose en la silla del escritorio.

Katsuki apretó los puños, y si no fuera porque el omega tenía el don de calmar a su novio este hubiera golpeado al otro alfa por las cosas que estaba diciendo.

—Bueno bro, para qué estamos aquí —intervino el pelirrojo tratando de cambiar de tema y aligerar el ambiente.

La pareja se miró un tanto preocupados pero el rubio dio un paso al frente, y habló fuerte y claro.

—Izuku y yo nos casaremos y queremos que sean nuestros testigos —aquello tomó por sorpresa a ambos alfas.

—Obviamente nadie puede saberlo hasta que estemos casados, saben lo de mi madre —agregó con pesar el pecoso. Todos en su curso sabían de la situación, ya que en más de una ocasión la peliverde había armado alguna escena en la escuela.

Tanto el pelirrojo como el bicolor se quedaron mirando a la pareja con expresiones que denotaban confusión y sorpresa.

—Amigo, no sé si tomar esa decisión a la rápida sea lo correcto —dijo Eijiro con cautela.

—¿Midoriya, tú estás de acuerdo con esto? —preguntó Shoto, mirando fijamente al peliverde.

Antes de que Izuku pudiera responder, Katsuki explotó.

—¡¿Qué carajo estás insinuando bastardo?! —Katsuki no iba a permitir que lo acusaran injustamente.

—Bueno que Midoriya tiene la opción de decir que no, y no sé si tú lo estás obligando —después de aquella declaración todo se volvió gritos y acusaciones entre los tres alfas cuyos aromas estaban mareando al omega en cinta.

—Chicos —susurró el pecoso afirmándose de donde pudo—. ¡Chicos! —habló un poco más fuerte, pero ninguno hacía caso—. ALFAS TONTOS CABEZAS DE MANÍ —gritó dando un pisotón en el suelo, logrando que los tres adolescentes se callaran y lo miraran sorprendidos.

Izuku suspiró, no quería que sus amigos se enteraran de la existencia de su cachorro de esa forma, pero tampoco quería que pensaran mal de Katsuki, cuando desde que estaban juntos no había sido nada más que el mejor alfa y novio que pudiera tener. 

Así que haciendo uso de toda la valentía que tenía se levantó la enorme sudadera con capucha de Katsuki que llevaba puesta, y dejó a la vista su abultado vientre mostrando su estado de embarazo, haciendo jadear de sorpresa a sus amigos.

—¿Que...

—Es por esto que no podemos dejar que mamá nos separe, somos una familia ahora —dijo el pecoso bajando su ropa.

—Además, somos mayores de edad y una vez casados ella no podrá llevarse a Izuku, yo seré su alfa.

Los cuatro chicos se quedaron en completo silencio, pero fue Shoto el primero en tomar la palabra.

—Bien, entonces cuando se casan —dijo tranquilamente provocando una sonrisa agradecida y aliviada en el pecoso.

—Sacamos hora para el 24, ese día no tenemos clases y nuestras familias no nos esperan hasta la tarde —respondió Katsuki con orgullo.

—¡Que romántico se casarán en navidad! —gritó emocionado el pelirrojo con una enorme sonrisa en el rostro.

Después de aquello, explicar su situación fue mucho más fácil y sus amigos comprendieron el porqué casarse de manera tan urgente.

.

.

.

Aquel 24 de diciembre, unos emocionados Katsuki e Izuku se casaron en una ceremonia  íntima sólo con sus mejores amigos como testigo, sellaron su amor en el documento que acreditaba que ahora eran esposos y compañeros. A partir de ese momento ni Inko ni nadie se opondría a su amor.

Ya después pensarían en cómo decirle a sus padres que tendrían un cachorro y que se habían casado a escondidas.