🪐 ✶.𝗖𝗢𝗡𝗙𝗘𝗦𝗜𝗢́𝗡 𝗔𝗕𝗥𝗨𝗣𝗧𝗔★̶̲ ֗🌙੭࣪

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𖥻﹙𝓢 ﹚𝗡𝘂𝗲𝘃𝗼 𝗳𝗮𝗻𝗳𝗶𝗰¡ 𓈒 𓈒 𔓘 ᰍ ໒ ♡⃞⏜ 𝗡𝗼𝗲́ 𝘆 𝗩𝗮𝗻𝗶𝘁𝗮𝘀, 𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗺𝗶𝗴𝗼𝘀 𝗲𝘅𝗰𝗲́𝗻𝘁𝗿𝗶𝗰𝗼𝘀, 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮𝗻 𝘃𝗮𝗿𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗶𝘀𝗹𝗮 𝘁𝗿𝗼𝗽𝗶𝗰𝗮𝗹 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲́𝘀 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗮𝘀𝘁𝗿𝗼𝘀𝗼 𝘃𝗶𝗮𝗷𝗲 𝗲𝗻 𝗯𝗮𝗿𝗰𝗼. 𝗣𝗿𝗼𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗰𝘂𝗯𝗿𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝘀𝗹𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗱𝗲𝘀𝗶𝗲𝗿𝘁𝗮, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗵𝗮𝗯𝗶𝘁𝗮𝗱𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝘂𝗻𝗮 𝘁𝗿𝗶𝗯𝘂 𝘂𝗻 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗲𝗰𝘂𝗹𝗶𝗮𝗿 ¿𝗟𝗼𝗴𝗿𝗮𝗿𝗮́𝗻 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗮𝗴𝗼𝗻𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀 𝘀𝗮𝗹𝗶𝗿 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗶𝘀𝗹𝗮 𝘀𝗶𝗻 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼𝘀 𝗲𝘀𝘁𝘂́𝗽𝗶𝗱𝗼𝘀? (。>﹏<。)ᨵ 🌱 ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ◌︶ ୨ ୧⠀︶◌ ㅤ ε(♡'ᗜ')з 𝘃𝗮𝗻𝗼𝗲! 💌 ﹫𝗔𝗸𝘂𝗰𝗵𝘂_𝗦𝗲𝗻𝗽𝗮𝗶 ︵ 🍞제 𝗯✿𝘆 ୨🍭⏜͡︵ㅤׅㅤ🪼̸̷̫🩰ㅤׄㅤ⸼ㅤׅㅤ୨🐻୨ㅤ⏜͡︵🍓ㅤ🪼̸̷̫ㅤ

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

▬▬▬ 𝗢𝗢𝟭 🏝️

— ¿En serio Vanitas? Tenías que pelearte con esos guardias, te dije que no era necesario —Noe discutía por su amigo en la cárcel, por disturbios que ocasionó el de carácter

— Ay Noé, encima que quería ayudarte porque tu café se enfrió y no hicieron nada, tonto —Ellos en el pasado se llevaron de la patada, pero el tiempo arreglaba las malas relaciones sin embargo aún tenían sus roces, Vanitas le mostró la lengua a su amigo de forma infantil y se dió la vuelta.

Así estuvieron un rato callados, estarían ahí por unos días hasta volver a casa, bueno o eso pensaba ambos porque la vida es un carnaval de algarabías que desciende y baja, una incrocijada de emociones humanas.

— Oye Noé, lamento meterte en mis problemas siempre, después de todo somos amigos —El impulsivo azabache pidió disculpas, aún de espaldas avergonzado de ser causante de muchas desventuras.

— Está bien Vanitas, es parte de tu encanto ¡Aahh quise decir que eres encantador! N-no, que tú eres buen bro —Ese nerviosismo era notorio que le gustaba el desequilibrado Vanitas, eso adoraba Noé en su amor, que fuera auténtico y juguetón.

— Pff Noé, cuando te pones así eres adorable, me sorprende que seas mayor que yo —Por fin Vanitas se dió vuelta, veía al moreno tapar su rostro rojo eso era una adorable reacción.

— Cállate, me pongo peor que un tomate para ensalada, hablando de ensalada tengo hambre, no termine de comer mi postre —Pobre Noé, por culpa del enano de su amigo no terminó de degustar la gastronomía francesa.

— No te preocupes Noé, yo te saco de aqui —A Vanitas se le complicaba escapar de la cárcel, aunque trataba de tirar de los barrotes como si fueran goma obviamente no funcionaba, por muchos esfuerzos que hiciera eso no funcionaba.

— Con esos bracitos de palo de escoba a punto de volar, lo dudo —Para Noé ese comentario fue sarcástico, así que no le quedó más de otra que tirar la segunda piedra en el río de la muerte.

— ¡Oye! No ofendas a tu amigo que quiere ayudar —Vanitas buscaba un objeto para serruchar las varas, él deseaba que las varas de la prisión fueran de goma.

— Tú empezaste con ese comentario sarcástico, si amigo —Murmuró en un desdén que solo escucharon los árboles, esas verdes camas que usaban los pájaros.

Y fue así como pasaron las horas en esa carcel, hasta sumirse en un sueño que parecía eterno.

El moreno despertó en un momento menos oportuno, lo que sus ojos presenciaron fueron a su amigo cavando un agujero con una cuchara, por lo que era comprensible que el agujero no estuviera tan profundo.

— Buenos días Noé, ¿Cómo dormiste? No te preocupes, tengo tierra para desayunar, jiji apenas llevo un día aquí y es una hermosa experiencia, no tengo sal para darle sabor —La locura reemplazó la sarcástica a Vanitas, puso la poca tierra que había sacado con la cuchara.

— Vanitas ¿Te sientes bien? Te noto algo loco —El pobre vampiro quería salir de ahí, el chico que amaba estaba enloqueciendo y eso que apenas llevaban un día encerrados entre las cuatro paredes.

— ¿Loco yo? Mira Noé, ¿Viste ese perro púrpura? Tardes buenas —Sin embargo “la locura” en realidad era el cansancio, así que no pudo más y casi cae al suelo.

— Ay Vanitas, descansa tranquilo, yo te cuido, mon amour —Antes de caer Noé cargó al oji-azul estilo princesa, la forma en como lo miraba era romántica, ese tono de voz suave y masculina, era para desahogar esas aguas que sufría por amor.

De alguna manera iba a sacar a su chico, estaba determinado por todas las puntas de su ser, aunque dejó caer al peli-negro en el suelo, era momento de salir de ese lugar.

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— Mira Vanitas, ¡Son nueces que se pueden comer! No te preocupes, tú sigue desmayado yo te cuido —Las nueces era su predilección, en ese pequeño barco donde navegaba hacía la marea, Noé se encerró en el mundo de las ricas nueces.

Estaban alejándose de su hogar, Vanitas todavía dormido recuperando fuerzas de la noche en que no durmió. Pero pronto descubrirían en donde fueron a parar, una isla desierta, o eso pensaban.

Los dos estaban en un manto de sueño, aunque después un golpe que los sacó disparador del bote para regresar a la realidad que se les avecinaba.

El barco llegó a una isla, tras horas de navegación incansable, el barco finalmente vislumbró una isla en el horizonte. Sin embargo, la tranquilidad del mar no duró mucho. Una corriente traicionera empujó la embarcación hacia las rocas ocultas bajo las olas, culminando en un violento impacto.

La proa del barco chocó contra la dura realidad de la roca, haciendo que la estructura crujiera y gimiera. La fuerza del golpe fue tan intensa que lanzó a Vanitas y Noé por los aires.

— ¡Esas nueces son mías! —Respondió Noé, estirando su brazo en un intento desesperado de aferrarse a algo, todavía soñoliento en ese largo sueño de sueño.

Ambos volaron por la cubierta, sus cuerpos siendo arrastrados por la inercia del impacto. Giraron y cayeron, el mundo a su alrededor convirtiéndose en un borrón de movimientos frenéticos y sonidos ensordecedores. Golpearon la superficie dura de la isla con un impacto sordo, rodando por la arena y la roca hasta detenerse finalmente.

— Ñam ñam, mis nueces ricas todas mías —El primero en aferrarse a algo fue el moreno, quien todavía seguía medio dormido buscando consuelo en las “nueces”, en su fantasía mordía una superficie blandita.

— Noé suelta mi mejilla, no soy ninguna nuez. Aahhh ayuda —Era una tierna vista entre los dos amigos, sin embargo al de cabello negro esto le era todo menos grato.

Alrededor de ellos, la isla se desplegaba en una mezcla de belleza salvaje y misterio. Árboles frondosos se alzaban hacia el cielo, sus hojas susurrando con la brisa. La arena blanca se extendía hasta donde alcanzaba la vista, interrumpida solo por las rocas y la vegetación dispersa.

— Umm ¡Aah! Noé controlate, abre los ojos por favor, no te atrevas a chupar mi sangre —Vanitas quería retroceder, que su amigo chupará esa sangre espesa no figuraba en sus planes.

Noé abrió los ojos al fin y se encontró mordiendo la mejilla de Vanitas, quien lo miraba con una mezcla de sorpresa y resignación, de alguna manera se le hizo tan tierno y sumiso, ¡No! Eso no.

— ¿Qué? ¡Oh, lo siento, Vanitas! Pensé que eras una nuez... —Noé se rió nerviosamente, soltando a su amigo y limpiándose la boca.

— Bueno, al menos alguien me encuentra delicioso —respondió Vanitas con sarcasmo, frotándose la mejilla y sentándose. Miró a su alrededor y notó la belleza salvaje de la isla—. ¿Dónde estamos?

Noé, aún medio dormido y confundido, miró a Vanitas con ojos soñolientos. Sin decir una palabra, se inclinó más cerca, como si estuviera hipnotizado.

— Noé, ¿qué estás...?

Antes de que pudiera terminar, Noé bajó la cabeza y mordió suavemente el cuello de Vanitas.

— ¡Noé, espera! Eso no es... —Vanitas se quedó en silencio cuando sintió el suave latido del corazón de Noé contra su piel. Su resistencia se desvaneció al percibir la ternura en el gesto de su amigo.

Noé, con sus labios rozando el cuello de Vanitas, susurró entre sueños, tratando de describir como sabía succionar ese delicioso cuello:

— Seguro tu sangre sabe, tan dulce, como... como miel...

Vanitas sintió una mezcla de sorpresa y una calidez inesperada inundar su pecho. No lo estaba mordiendo un vampiro hambriento, sino un gesto lleno de afecto, casi como si Noé lo estuviera protegiendo en su estado onírico, solo era un roce de piel.

Con una mezcla de ternura y resignación, Vanitas acarició suavemente el cabello de Noé.

— Está bien, Noé. Supongo que no puedo ser estricto contigo todo el tiempo —susurró, una sonrisa suave en sus labios.

Noé, al escuchar la voz tranquila de su amigo, se relajó y, finalmente, se quedó dormido de nuevo, su cabeza descansando en el hombro de su amigo.

Vanitas miró a su alrededor, viendo la belleza salvaje de la isla que los rodeaba. Aunque estaban perdidos, en ese momento, con Noé a su lado, todo parecía un poco menos aterrador.

— Supongo que no todo está perdido —murmuró Vanitas, sintiendo una extraña paz mientras contemplaba el horizonte—. Al menos estamos juntos en esta locura.

Dejó que el de tez morena descansará sobre su pecho, pero la curiosidad carcomía su alma en explorar esa tierra nueva. A continuación escuchó unas pisadas en la arena, con pisadas más rápidas Vanitas se llevó a su amigo de la mano a unos arbustos.

— Huele a hombres, genial es el momento para reproducirnos y agrandar el clan, rápido buquenlos —Ordenó una mujer de tez morena, la mujer emergió de entre la oscuridad del follaje, sin titubear, mientras sus ojos escudriñaban el entorno en busca de cualquier signo de intrusión.

Su figura imponente cortaba el aire con una presencia que dominaba el espacio. Su piel morena brillaba bajo la luz de la luna, contrastando con el verde intenso de la vegetación que la rodeaba. Sus ojos oscuros, penetrantes como el acero, escudriñaban el entorno con determinación.

Sus rasgos eran marcados y fuertes, con una mandíbula cuadrada que reflejaba firmeza y decisión. El cabello negro, recogido en una trenza que descendía por su espalda, le confería un aire guerrero. Vestía una túnica de tonos tierra, adornada con símbolos antiguos bordados en hilo dorado, que ondeaba con cada movimiento que hacía.

Cada paso resonaba con autoridad sobre la arena, marcando su camino hacia el lugar donde se congregaban sus seguidoras. Al acercarse, su voz resonó con un timbre grave y potente, lleno de autoridad y convicción.

Las otras mujeres, obedientes y sigilosas, asintieron y se dispersaron en silencio, moviéndose con la misma determinación que su líder. La mujer robusta, en su posición dominante, emanaba una aura de poder ancestral, como si estuviera conectada con la tierra misma y guiada por una misión sagrada.

Vanitas se tapó rápidamente la boca después de silbar a esa mujer, a veces el de cabello negro era imprudente cuando se trataba del género opuesto. Miró a su amigo con una mezcla de nerviosismo y diversión mientras la mujer líder y su grupo pasaban cerca de los arbustos donde se escondían.

El corazón de Vanitas latía con fuerza, no solo por el peligro cercano, sino también por la presencia imponente de la mujer. Observó cómo se movía con gracia y seguridad, su presencia robusta y su voz resonante marcaban una impresión profunda en él.

— No te muevas, ves Vanitas, porque no me terminas de agradar —Susurró a su amigo, con la mano apretando ligeramente la suya. Intentaban pasar desapercibidos mientras la conversación de la mujer y su grupo se desvanecía en la distancia.

Después de asegurarse de que estaban a salvo, Vanitas se giró hacia su amigo con una sonrisa nerviosa.

— Creo que encontramos a los lugareños, pero que mujer, me recuerda Jean —Bromeó, intentando aligerar el ambiente tenso.

Noé observaba a Vanitas con un nudo en el estómago. A pesar de la camaradería y la aventura compartida, sabía que los sentimientos que albergaba por su amigo iban más allá de la amistad. Cada risa, cada gesto cariñoso de Vanitas lo llenaba de alegría pero también de dolor.

Se sentía atrapado entre la dulce agonía de querer estar más cerca de él y el temor paralizante de arruinar su amistad. Observó cómo Vanitas bromeaba y se reía, y sintió cómo los celos carcomían su corazón. ¿Qué podría hacer él, sabiendo que Vanitas tal vez nunca podría corresponderle?

— Estúpido Vanitas —Murmuró para sí mismo, apartando la mirada. ¿Cómo podía ser tan egoísta, deseando algo que tal vez nunca podría ser suyo? Se preguntaba si el oji-azul alguna vez entendería lo que realmente sentía por él, o si siempre sería solo un amigo para él.

Noé se mordió el labio, luchando contra sus propios sentimientos mientras intentaba mantener una sonrisa en su rostro. Sabía que debía guardar sus emociones en lo más profundo de su ser, proteger su amistad a toda costa, incluso si eso significaba ocultar su verdadero corazón.

—¡Esto es tu culpa, Noé! —espetó Vanitas, cruzando los brazos con la exasperación pintada en su rostro. Los rayos del sol parecían iluminarlo con demasiada perfección, como si incluso el día se aliara con él en esa absurda disputa. —Pareces un niño, no soy tu madre para cuidarte todo el tiempo —.

El enojo de Noé creció como una marea imparable, llevándose consigo la calma que siempre intentaba mantener. Se giró hacia Vanitas, los ojos teñidos de un rojo profundo, como si el sol reflejara su furia interna.

—Yo solo quería nueces —respondió, con una voz que resonaba baja pero cargada de fuerza contenida. Dio un paso al frente, dejando que su sombra se proyectara sobre Vanitas, como un lobo acechando a su presa. —Deja de tratarme como un niño, porque no te va a gustar —.

Vanitas retrocedió un paso, pero mantuvo su expresión altiva, aunque su postura parecía más tensa, más cautelosa. Las palabras de Noé, su mirada, el destello de colmillos que acompañó su amenaza… todo parecía sacudir algo profundo en el oji-azul. Sin embargo, como siempre, su lengua afilada parecía un escudo, una forma de mantener a Noé —y al mundo entero— a raya.

El sol continuaba brillando, ajeno a la pequeña batalla que se libraba bajo su luz. Pero para Noé, el día se sentía más oscuro que nunca.

La brisa matutina era fresca y el cielo, aún teñido de tonos azulados y rosados, anunciaba el amanecer. Noé caminaba descalzo por la arena, dejando huellas efímeras en su camino hacia el lago. El viaje hasta la isla había sido agotador, y Vanitas todavía dormía plácidamente cuando él decidió salir en busca de comida.

El agua cristalina reflejaba los primeros rayos de sol cuando Noé se inclinó para observar los peces que nadaban cerca de la orilla. Estaba a punto de hacer su primer intento de pesca cuando un grito desgarrador rompió la calma de la mañana.

— ¡AAAHH! ¡No me coman, no soy muy nutritivo para nadie!

Noé se quedó helado. Su corazón dio un vuelco antes de que su cuerpo reaccionara, y en un instante salió corriendo, esquivando ramas y arbustos mientras el eco de la voz de Vanitas lo guiaba.

Al llegar, la escena ante sus ojos lo dejó paralizado.

Vanitas estaba atado a un palo en el centro de un claro, pero en lugar de una ejecución inminente, parecía más bien el protagonista de una peculiar ceremonia. A su alrededor, un grupo de mujeres lo observaba con admiración, algunas murmurando entre risas y otras enviándole besos volados.

La líder de la tribu, una mujer imponente de mirada afilada, se acercó con una sonrisa encantadora y deslizó los dedos por la mandíbula de Vanitas.

— Mmm… qué piel tan suave. Eres un tributo digno —susurró, relamiéndose los labios.

Vanitas, con una expresión de puro pánico y vergüenza, giró la cabeza bruscamente hacia Noé, suplicante.

— ¡Haz algo! ¡Me van a comer!

Noé parpadeó.

— ¿“Comer” en qué sentido…?

Vanitas no respondió, pero su expresión lo decía todo.

Noé suspiró, llevándose una mano a la cara. Por supuesto, tenía que ser Vanitas quien terminara en una situación así.

La mujer se acercó al azabache, estaba tan cerca del rostro que parecía que ella no conocía el espacio personal, después hizo señas para que entre todas se llevarán a Vanitas y lo ataron a un palo como si fuera un puerco, que situación más extraña y absurda.

— Se que soy irresistible pero tampoco es para tanto, aah Noe ayúdame, me van a asar como puerco en navidad —Esto sobrepasaba los límites de lo lógico, ¿A dónde lo llevaban? Ay dios solo se imaginaba como brocheta empalada.

— ¡Vanitas! No te preocupes, yo te rescato, señoritas, ¡A nueces! —A Noé eso de ayudar a su amigo le iba mal cuando veía algo que lo distraía, se fue tras una ardilla que llevaba muchas nueces mientras Vanitas sufría de un posible viaje al estómago de esa tribu.

— Noé vuelve aquí, olvídate de las nueces cuando volvamos a casa te compra todas las que quieras, pero por lo que más quieras ayúdame —Sacudía las piernas en señal de protesta, cuestión que eso no valía pues ellas iban a un buen ritmo para llegar a su aldea.

— Permite que te enseñe algo de nuestra cultura, futuro esposo —Al parecer la femenina era quien tomaba la iniciativa, con un dedo índice colocó color rojo en los labios del azabache, como un labial rojo — Listo, esto es para resaltar tu belleza, te ves sexy con ese color —Y la chica de larga trenza no mentía, porque en el excéntrico oji-azul ese color de labios lo hacía tan sexy.

Pero Vanitas hizo algo que sorprendió a toda tribu, una cachetada en el rostro de la mujer morena que a juzgar por su expresión se veía que esto la sorprendió, cualquiera hubiera reaccionado con ira.

«Perfecto ahora solo necesito escapar y buscar a Noé». Pensó Vanitas.

— Eres tan maravilloso, una bofetada en nuestra cultura significa que me amas y aceptas el compromiso, me haces tan feliz y eso que apenas no conocimos, ven a mis brazos cariño, eres tan audaz y apasionado—En el acto de “amor” para ellas sostuvo su mano, para atraer al chico que se veía abatido por los ojos enamoradas de ella.

— Eehh ¿Cómo qué todas aquí son masoquistas? —La reacción más real fue en el oji-azul, parecía cangrejo caminando hacia atrás, sin duda esa tribu daba mas miedo a medida que convivía con ellas.

— Tendrás que acostumbrarte ya que serás mi esposo, eres como un conejito asustado que tierno —La mujer se acercó a su futuro esposo para colocar sus manos en la mejilla del azabache, cada momento que pasaba sentía más cosas por el recién llegado.

— . . . — En la mente del joven asustado solo transitaba una cosa, y eran tres puntos que conducían a la nada de pensar en la descabellada isla en la que justo fueron a parar.

— Vamos a la cama cariño —Exclamó la femenina tomando la iniciativa, se llevaba al oji-azul de mirada perturbada estilo princesa al nidito de amor.

A todo esto, ¿Dónde estaba Noé?

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— ¡Ay, oye solo quiero tus nueces, llevo tiempo sin comer nada —El energético Noé discutía con esa ardilla, subido en el árbol buscando comer esas exquisitas nueces que tanto le gustaban.

Pero por el contrario el animal lo atacaba con ruidos inaudibles, el joven vampiro persiguió esa ardilla desde que llegó a la isla, olvidando el objetivo inicial que tenía en rescatar a alguien importante en su vida.

Que fastidio tener que pasar por la mayor humillación de su vida, las nueces tenían que esperar, pues su amor prohibido estaba en peligro. Pero cometió un error.

El crepúsculo bañaba la aldea con tonos dorados y rosados, un escenario que, en cualquier otro momento, habría parecido sacado de un cuadro idílico. Pero ahora, el humo comenzaba a serpentear hacia el cielo como si intentara eclipsar la belleza del paisaje.

Noé miraba con una mezcla de culpa y satisfacción el pequeño incendio que había provocado. Las llamas parpadeaban tímidamente entre las chozas de madera, más caóticas que devastadoras, como si reflejaran su propia torpeza.

La jefa de la tribu, con el rostro endurecido por el enfado, soltó a Vanitas con un bufido furioso.

—¿Qué has hecho? ¡Nuestra aldea! —exclamó, apurándose hacia las llamas con un grupo de mujeres decididas a sofocarlas.

Vanitas, aún con los ojos desorbitados por la reciente fuga, se giró hacia Noé, claramente esperando una respuesta sensata. Pero lo único que recibió fue un encogimiento de hombros y un murmullo:

—Solo la incendié un poquito… lo siento.

Vanitas lo fulminó con la mirada, pero Noé no tenía tiempo para sentirse regañado. Tomó la mano de su compañero con determinación, sintiendo la presión urgente de huir antes de que la situación se descontrolara aún más.

— Eh, ¿Noe? —. Vanitas el shock huyo con su amigo, al menos conservo su virginidad.

— Corre Vanitas, corre antes de que te quedes embarazado —El moreno tomó la mano de su amigo para huir, nunca quiso causar molestias, así que dejó una nota

Mientras corrían hacia el bosque, el sonido de las mujeres apagando el incendio resonaba detrás de ellos, junto con un coro de maldiciones que se perdía entre los árboles. Noé no podía evitar mirar hacia atrás, su corazón dividido entre el alivio de haber salvado a Vanitas y el peso de haber causado más problemas de los que ya tenían.

Pero había algo claro en su mente: haría lo que fuera necesario para protegerlo, incluso si eso significaba provocar un caos tan… inflamable.

Perdón por incendiar su aldea, pero mi amigo es insoportable para ser esposo de alguien, además esos bebés serían de un mal genio como él, de mal gusto, lo siento mucho.

Surcaron en velocidades a casa, con dificultad subieron a la imitación de barco, huyendo a casa donde pertenecían todo su ser, buscando la paz en cada viaje loco que hacían, con Vanitas nunca se sabía que nueva aventura se verían inmiscuidos.

El crepúsculo teñía el cielo de París con tonos cálidos y dorados, como si la ciudad misma quisiera envolver a sus visitantes en un abrazo suave. A lo lejos, los edificios y torres de la capital francesa se alzaban majestuosos, pero Noé apenas podía fijar su atención en ellos. Todo lo que importaba estaba a su lado: Vanitas.

Habían caminado hasta una pradera a las afueras de la ciudad, un lugar casi escondido, donde las flores silvestres mecían sus cabezas bajo la brisa ligera. La hierba alta se extendía como un océano verde, interrumpido aquí y allá por puntos de color: margaritas, amapolas, y pequeñas violetas que parecían susurrar secretos al viento.

Vanitas caminaba unos pasos por delante, las manos en los bolsillos, con esa postura despreocupada que siempre lo caracterizaba. Su cabello oscuro atrapaba la luz del sol poniente, reflejando un brillo azulado que parecía sacado de un sueño. Noé lo observaba en silencio, su corazón latiendo más rápido con cada paso que daban.

—Vanitas... —empezó, su voz apenas un murmullo. Pero su amigo no lo escuchó, distraído por algo que probablemente solo él consideraba importante.

El vampiro tragó saliva y respiró hondo. ¿Por qué era tan difícil? Había enfrentado batallas, monstruos y el peso de su propia historia, pero aquí estaba, temblando como un niño ante la posibilidad de decirle lo que sentía.

El cielo comenzaba a oscurecerse, y las primeras estrellas se asomaban tímidamente. Vanitas se detuvo de repente, girándose hacia Noé con una ceja levantada.

—¿Qué te pasa? Has estado callado todo el camino. Es raro en ti, Noé. —Su tono era burlón, pero no del todo indiferente. Había una chispa de curiosidad en sus ojos, como si, por una vez, realmente quisiera saber.

Noé apartó la mirada, intentando ordenar sus pensamientos. Pero las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas:

—Vanitas, hay algo que necesito decirte.

La brisa se detuvo por un momento, como si incluso el viento estuviera conteniendo el aliento. Vanitas inclinó ligeramente la cabeza, cruzando los brazos.

—¿Y qué es tan importante que necesitas esta atmósfera romántica para decirlo? —bromeó, aunque su sonrisa parecía más tenue de lo habitual.

Noé se rió suavemente, sacudiendo la cabeza. Claro, Vanitas siempre encontraba la manera de aligerar cualquier situación, incluso las que más pesaban. Pero esta vez, él no podía permitírselo.

—No es una broma. —Noé alzó la mirada, sus ojos buscando los de Vanitas. Había algo en su expresión, una mezcla de nerviosismo y determinación, que hizo que el oji-azul guardara silencio.

La distancia entre ellos parecía disminuir, aunque ninguno de los dos se movió. Noé sintió que el aire era más pesado, pero también más cálido, cargado de una energía que nunca había sentido antes.

— Vanitas y-yo, desde hace tiempo he querido decirte algo, y es que yo. Hoy en la isla me he dado cuenta de lo celoso que estuve que esas mujeres te quisieran, me dolía el pecho de ver eso —Noé estaba tomando una decisión importante, confesar sus sentimientos hacia su amigo.

— ¿Q-qué estás diciendo Noé? Oye estás bastante rojo, cálmate estás diciendo cosas ridículas —Al contrario de chico de largo cabello retrocedía en el campo, finalmente cayó en las flores que llenaba el valle encantador.

— ¡No son ridiculeces! Son mis sentimientos por ti Vanitas, esa vez que Jean te chupo la sangre, la verdad es que al principio no supe porque me sentía así pero después me di cuenta que estaba celoso, porque quería ser yo el que chupara tu sangre y verte así de sonrojado, y sumiso. . . —El semblante de Noé pasó de inseguro a uno lleno de seguridad, después se colocó encima de su amigo mientras declaraba esa cantidad de sentimientos románticos.

Por fin lo tenía como quería, que fuera solo suyo y tomar esa jugosa sangre, deliciosa sangre.

— Espera Noé, N-noé ahg, umm si haces eso haré sonidos, ¡Ayy! Sonidos raros —Fue extraño como sentía esos colmillos clavarse en su cuello cual estaca, succionando sangre que dejaba un extenso sonrojo en las mejillas.

Pero el peli-blanco seguía en tomar esa sangre, siempre añoro poseer la sangre de su amado, ojalá no fuese un sueño solamente.

Noé retiró el guante para elevar la mano de su amado, aún entre las flores Vanitas respiraba agitado, respiración que sacudía más sentimientos de amor, después besó esa mano en un tierno gesto de posesión total.

— Eres hermoso Vanitas, tú y tu sangre son deliciosos~, te amo mon amour —Esa nueva faceta en el peli-blanco solo la vería el sonrojado Vanitas, porque él despertó esa parte que nadie lo había hecho antes.

— T-te mataré, te dije que no tomarás mi sangre, pero joder ¿por qué tienes que ser tan sexy? —Dijo entre mortales jadeos, aún recuperando la resolución regular mirando con ojos hechizados de amor a la figura tan masculina, dominante y atractiva de Noé.

Pero Noé quería aprovechar en chupar más sangre, todo lo que un joven vampiro deseaba, para el joven de tez oscura era ser pareja de su amigo, romper esa relación de amistad y pasar un nivel más alto en esa relación con restricción, la amistad para Noé parecía tener fecha de caducidad.

Por fin, podía ir más cerca de conversaciones tontas al aire, besaría su cuello cada día y con ello, la sangre que trazaba el curso de la vida de su amado.

¿Fin?