Ktz's (Nana versión Toll)

Summary

Historia basada en el anime/manga Nana. Tom no pensaba encontrar una persona que no sólo se apellidara como él, sino que era tan guapo, y con una atracción felina innegable. Bill no creyó que encontraría un gatito tan adorable en Tom, y que con él su mundo cambiaría por completo. ¿Su amistad sería capaz de soportarlo todo?

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1
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5.0
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18+

Capítulo único

Tom subió nervioso al tren, era la primera vez que saldría de Leipzig, y estaba emocionado porque había juntado suficiente dinero como para irse. Había ahorrado todo un año, evidentemente no solamente para el pasaje, sino que él también para poder alquilar un lugar donde quedarse, porque… Mia estaba en Berlín, ella estaba estudiando, y bueno, Tom no quería molestarle.

Habían hablado que su relación la llevarían a distancia, al menos cuando Mia decidió irse, y que si Tom decidía ir, era para hacerse cargo de sí mismo y no depender de ella, porque ella con las justas podía pagar el alquiler, también trabajaba como mesera y luego iba a la universidad, entonces no podría asumir los gastos del de rastas. Y él lo entendía, evidentemente no quería que ella lo mantuviera, pero no quería estar solo en Berlín.

Tom había querido ir allá no sólo por Mia, sino también para aprender a mantenerse él solo, ser más independiente. Es por ello que Tom había decidido ir con su dinero, y con la idea de no depender de nadie allá.

Cuando entró al tren se dio cuenta que estaba repleto, hasta que vio un asiento compartido donde estaba sentado un chico con el cabello largo, uñas pintadas de negro, y ropa oscura, con una guitarra sobre el asiento, no podía verle los ojos porque tenía unos lentes de sol, pero era muy atractivo.

—¿Hola? ¿Disculpa? —preguntó Tom, buscando llamar su atención para ver si bajaba la guitarra, pero no le respondía. Iba a tocarle el hombro cuando hubo un remezón en el tren, por lo que se cayó de cara contra las piernas del muchacho, y la guitarra le cayó encima.

El moreno salió de su concentración al ver al chico encima suyo, quitando su guitarra, poniéndolo frente suyo y quitándose los audífonos.

—Disculpa, ¿estás bien? —cuestionó el moreno, ayudándolo a levantarse.

—Al parecer el tren paró... Pero sí, quería saber si podía sentarme a tu lado, es el último asiento vacío —acotó, un tanto avergonzado por lo que había pasado.

—Sí, claro, siéntate —pidió y obedeció.

Se escuchó una bocina diciendo que el viaje se demoraría un poco por el clima y ambos suspiraron.

—Bueno, ya que será un viaje largo, me presento. Mi nombre es Tom Kaulitz —habló el de rastas, extendiendo su mano.

—Bill Kaulitz —se presentó el moreno y Tom lo vio sorprendido—. Sí es curioso encontrar a alguien con mi apellido. ¿No habrás nacido el 10 de agosto hace veinte años? Porque tal vez eres mi hermano perdido —chanceó.

—No, o sea sí tengo 20 años, pero soy del primero de septiembre. Vaya. Qué genial que nos llamemos igual. ¿Te parece si pido unas cervezas?

Bill asintió y Tom pidió las bebidas, entusiasmado por conocer a un chico de su edad con su mismo apellido.

Después de beber un par de cervezas, Bill se dio cuenta que el de rastas era sumamente parlanchín, ya que en el viaje le contó que era súper enamoradizo, que tenía una novia en Berlín, y muchas ganas de ver el mundo. El moreno lo escuchó hablar dando respuestas cortas, sin mencionar sobre su vida pero apreciando el entusiasmo que tenía el otro joven.

Tom, a pesar de que no sabía nada de la vida de Bill, no podía evitar sentir curiosidad y también un estremecimiento en su estómago por el muchacho, pero... Las voces de sus padres venían a su mente, el cómo siempre le dijeron que él nunca debería estar con un hombre y... Negó con la cabeza al entender el discurrir de sus pensamientos, él no era gay, ¿verdad? Sólo Bill le llamaba la atención quizá, sólo quizá porque compartía cierto parecido a su estrella favorita y nada más, ¿cierto? Aparte tenía a Mia.

Cuando llegaron a Berlín, Tom alcanzó a ver a su chica esperándola junto con Georg y Gustav, ellos eran amigos de cuando estaba estudiando su carrera técnica, allí se conocieron todos, sólo que Tom fue el único que se quedó en Leipzig.

El de rastas corrió en dirección a Mia, cargándola al verla y dándole un beso.

—Te extrañé mucho —exclamó—. Te quería presentar a un amigo que hice en el tren, él es Bill… —se giró para señalarlo pero se dio cuenta que el chico ya se había ido, la pelirroja lo miró con una ceja levantada—. Creo que se fue. Hola, Georg, Gustav —saludó, dándoles un abrazo—. Georg, ¿me voy contigo a tu casa?

Ambos chicos se miraron entre ellos un poco incómodos.

—Tom, ellos son pareja, te vendrás conmigo hasta que encuentres dónde quedarte —respondió Mia, y el de rastas boqueó sorprendido.

—Oh, no sabía que eran novios… No es que tenga algo en contra sólo…

—Ya, Tom, vámonos —pidió Georg, interrumpiéndolo. Tom se avergonzó pero los siguió.

Ahora que lo pensaba, ya iba entendiendo por qué cuando se hospedaban en un hotel, ambos se quedaban en la misma habitación, y también por qué habían viajado juntos.

En el camino Tom es quien estuvo hablando más, ya que sí, se caracterizaba por ser muy parlanchín.

Hasta que llegaron a la casa de los Gs, y sólo quedaron en el auto el taxista, Mia y Tom.

—¿Y queda muy lejos dónde vives? —preguntó Tom, sintiéndose un tanto incómodo con Mia, tal vez su relación se había enfriado un poco ya que la llevaban a distancia.

—No, de hecho estamos un poco cerca —respondió la pelirroja, bostezando—. ¿Ya tienes una oferta de trabajo aquí?

—No, aún no he buscado, pero puedo hacerlo desde mi móvil, así que sin problemas —comentó Tom.

—Fíjate también dónde vivir —masculló Mia, sin mirarle, Tom se removió incómodo, no es que no lo iba a hacer, pero sentía que lo presionaba a básicamente que se vaya de su casa, cuando por lo menos esperaba un poco más de apoyo de su pareja.

No quiso hablar más hasta que llegaron. Tom dejó sus cosas en el suelo y se estiró.

—Bueno, si quieres me duermo en el sillón —farfulló Tom, aún un tanto resentido por lo hablado en el taxi, Mia alzó la ceja y lo miró curiosa, para luego sonreírle y jalarle por la camiseta, poniéndolo sobre ella en dirección a la cama.

—¿Y no disfrutar de mi cama? No, señor, ya ha sido un año sin sexo… Así que aprovechemos el tiempo —ordenó Mia, comenzando a besarle, y si bien Tom al principio se resistió, poco a poco fue correspondiéndole, para luego ir desvistiéndose, mirándola hacer lo mismo.

Tom entre besos y caricias fue olvidando el mal rato, entregándose por completo a hacer el amor con su novia, hasta que el sueño los agarró desnudos cubiertos por la sábana.

Al día siguiente, Tom no se despertó temprano, por lo que no pudo despedirse de Mia. Pero igual se alistó para buscar un departamento dónde vivir.

Desayunó cerca de allí, pidiéndose un té, y un croissant, porque él no era mucho de café, lo alteraba un poco. Luego fue a la oficina del señor Zimmerman, quien le mostraría los departamentos disponibles.

—¿Hay alguno que le llame la atención, joven Kaulitz? —preguntó el señor, sonriéndole.

—Este tiene un muy interesante precio, ¿podría verlo? —inquirió Tom, señalando la opción que estaba en el catálogo, y el hombre canoso asintió.

Fueron caminando porque estaba cerca de allí, lo único malo es que eran cuatro pisos y no había ascensor. Tom caviló que por ello quizá era que el precio era así de bajo.

Cuando ingresaron se dieron cuenta que otro agente inmobiliario estaba dentro.

—Señor Müller, buenos días —saludó el señor Zimmerman, el otro hombre de pelo negro, de traje y más joven.

—Mi cliente está viendo el lugar, así que retírense —exclamó el hombre de mala gana.

Tom se giró para ver a la persona que se refería, sorprendiéndose a encontrarse a Bill.

—¡Bill! —le saludó entusiasta, acercándose a él, el muchacho con ropas oscuras lo miró sorprendido, Tom se daba cuenta que tenía unos hermosos ojos almendrados color chocolate y estaba maquillado porque no traía lentes oscuros.

—Oh, si se conocen, tal vez podrían llegar a un acuerdo. Ser roommates —sugirió el señor Zimmerman, y ambos Kaulitz se miraron curiosos.

—Wow, entonces pagaríamos sólo la mitad —comentó Bill.

—Sí, y tendrían igual cada uno un cuarto, sin problemas —acotó el señor mayor, mientras que el agente Müller lo miraba escandalizado.

—¿Entonces quisieras ser mi roommate? —preguntó Tom emocionado, extendiendo su mano.

—La verdad por cómo me hablaste en el tren pensé que terminarías viviendo con tu novia, pero sí. Lo acepto —dijo Bill, estrechando su mano.

—Tengo que decirte que Mia… Básicamente me pidió que me fuera —se lamentó Tom, con la expresión dolida.

—Lo lamento —masculló Bill.

Firmaron los papeles con el señor Zimmerman y quedaron que se mudarían al día siguiente.

Ahora sí intercambiaron números.

—¿Qué vas a hacer qué? —preguntó Mia con expresión de sorpresa.

—Sí, voy a mudarme con mi amigo del tren —respondió Tom, alzándose de hombros.

—¡Pero apenas lo conoces! ¿Y si es un asesino o algo así? —reclamó Mia.

—No creo, es amable… Aunque no habla mucho. Tal vez lo conozca mejor ahora que viviremos juntos —farfulló Tom.

—¿Por qué no me dijiste para que te quedes conmigo? Soy tu pareja…

—Mia, ayer mismo me dijiste que me fuera, y bueno, te hice las cosas más fáciles —soltó Tom.

—Sí, pero… No sé, siento que estás arriesgándote demasiado.

—Voy a hacerme responsable por mí mismo como te dije, y… Aprender a no depender de nadie —manifestó el de rastas.

—Bueno, pero, ¿igual nos veremos, cierto? Porque no quiero alejarme de ti ahora que estamos en la misma ciudad —pidió Mia, poniendo un puchero. Tom le dio un beso corto en los labios.

—Claro que no, tontita. Sólo necesito encontrar un empleo, y así podré gastar más holgado —le aseguró Tom, sonriéndole.

Tom descansó esa noche, sin poder tener relaciones con Mia, al haber caminado bastante, ya que intentó conseguir un trabajo, estaba cansado y bueno, mañana tendría mucho por hacer. Mia se sintió un poco dejada de lado, porque imaginaba que si iba a ser la última noche juntos, podrían hacerlo nuevamente, pero no, su novio ya se había dormido.

Al día siguiente, Tom se sentía un poco preocupado, ya que las cosas de las que le habían hablado no sólo Mia, sino Georg y Gustav por teléfono, hacía que se pusiera en tensión, pensando que quizá no había sido una buena idea después de todo, pero cuando llegó a su nuevo departamento y vio a Bill fumando sintió que todas las dudas se disipaban, el muchacho traía una casaca de cuero pero estaba tiritando de frío, con los labios temblorosos levantó la mirada al oír la puerta abrirse.

—Bienvenido, Tom. No hay calefacción, y nos faltan varias cosas. ¿Te parece si vamos a comprarlas? De paso que me mantengo en movimiento porque me estoy cagando de frío —masculló Bill, sacándose el cigarro de la boca. Tom sonrió por la bienvenida, sintiendo un calorcillo en el pecho, pensando que Mia no había tomado esa actitud por más que era su novia de dos años.

—Hola, Bill. Sí —coincidió Tom, dejando su maleta en el suelo—. Si quieres tengo una sudadera, te puede quedar algo grande porque uso ropa ancha pero puede abrigarte más.

—Sí, pero mejor me la prestas cuando volvamos —vocalizó Bill, y salieron del departamento 483.

Tom se emocionó cuando se dio cuenta que cerca vendían cosas de segunda mano, los precios eran muy económicos, así que prácticamente jaló a Bill en esa dirección.

—Con estos precios podemos abastecer toda la casa —comentó emocionado Tom.

—Sí, bueno… Pero no me jalonees —se quejó Bill.

—Por cierto, está muy bonito el tatuaje de una flor en tu mano, ¿dolió cuando te lo hicieron? —preguntó Tom, tomándole por la mano, viendo la flor, acariciando los trazos y viendo las uñas negras de Bill, junto con anillos. El moreno se sonrojó un poco por la cercanía.

—Sí, un poco. Es un lirio —respondió Bill.

—Ah, lirio… Vaya, ¿y qué significa? —interrogó Tom, Bill arrugó la nariz.

—Significa que me gustan los lirios —respondió parco.

—Oh, lo siento —dijo Tom, soltando a Bill, hasta que algo detrás del moreno atrajo su atención—. ¡Por Dios, mira eso! ¡Son vasos con gatitos! —exclamó emocionado el de rastas, porque amaba los gatos, y en su familia nunca le dejaron tener una mascota.

—¿Qué tienes? ¿Cinco años? —cuestionó Bill.

—Podrás decirme lo que quieras, pero no puedes negar que son hermosos. Voy a llevarlos —respondió Tom, sumamente emocionado tomando dos de ellos, poniéndolos en la canasta.

Bill bufó, creyendo que el de rastas era sumamente infantil, pero adorable como gatito pequeño “Kätzchen”. Le llamaba mucho la atención el chico, le parecía demasiado atractivo. De algún modo hacía que Bill sintiera ganas de protegerlo, y no podía evitar pensar en Lily, a ella no podía protegerla, y nunca pudo hacerlo.

—Sabes, Tom, creo que como te gustan tantos los gatos y pareces un pequeño gatito tierno, te diré Kätzchen —sentenció el moreno, sonriéndole, y Tom arqueó una ceja, sonrojándose frente al apodo.

—Entonces si yo soy un gatito… —masculló Tom, analizando al muchacho, tenía una mirada de león como de un depredador a punto de comerse a su presa, una mirada felina que hacía se le acelerase el corazón, por lo que tragó saliva—. Tú pareces un felino… Katzen, pero Katz para acortarlo —acotó el de rastas, sintiéndose feliz porque se podían llamar por apodos.

Bill rió, pensando que realmente su Kätzchen o Kätz para acortar, era muy tierno.

Suspiró nostálgico, aún recordaba cómo él se enteró por Michael el que Lily iba a volver a la banda Blossom, y que iba a viajar a Berlín, dejándolo solo en Würzburgs, con la banda donde habían formado deshecha, Devilish se había ido al demonio.

Suspiró, aún recordaba cómo es que había conocido a Lily… Él tenía dieciséis años, había ido junto con Andreas al concierto de Blossom, y se había quedado paralizado al verla allí, era la guitarrista más hermosa que había visto, con el cabello corto como erizo, los ojos delineados y con sombra negra, labial del mismo color, y sus ropas totalmente punk, su estilo era muy parecido, sólo que Lily era mayor por cinco años. Por más que tenían una vocalista bella que se llamaba Maggie, y había dos integrantes más: Bruno y Zack, pero Bill sólo tenía ojos para la guitarrista.

Y no pensó volver a verla, hasta que la encontró hablando con Andreas al devolverle sus CDs, Lily estaba frustrada porque Maggie y el resto de la banda viajarían a Berlín para dedicarse a la música de forma profesional, sin embargo, no le avisaron a ella. Por lo que la morena tuvo la idea de que formasen una banda nueva entre ellos.

—¿Bill sabes cantar? —le preguntó Andreas, a lo que él miró asombrado al rubio, a Michael, y a Lily.

—Sí —dijo Bill.

—Demuéstralo —pidió Lily, y Bill aclaró su garganta para empezar a cantar un poco de Moonson una de las canciones de Blossom y cuando lo observaron se quedaron sorprendidos—. Cantas muy bien para ser un mocoso —halagó.

Bill se sonrojó y miró a un costado.

—Y su estilo es bien oscuro, podríamos ser una banda de ese estilo, creo que está muy de moda —acotó Andreas.

Michael asintió. —Sólo que esto es un pasatiempo, porque igual quiero terminar mi carrera.

Lily arqueó una ceja y bufó. —Pues sí…

Y de ese modo es que crearon a Devilish, después de la primera presentación, Lily invitó a Bill a su departamento, y apenas entró ella lo besó, tomándolo por sorpresa, pero no rechazándola, no tenía la fuerza para negarse porque le gustaba, y tampoco quería sonar como un aburrido al decirle que era virgen, así que sólo se dejó guiar por ella, sin importarle que era su mayor y que técnicamente lo que estaban haciendo era ilegal.

Bill se mudó al poco tiempo con Lily, porque para ese momento su abuela ya había fallecido, y él no tenía a nadie más en el mundo.

Se aferró tanto a esa relación que no quiso ver en ningún momento las banderas rojas que tenía. Lily no le era infiel, pero ella no se entregaba por completo al igual que él. Para Bill, Lily era su primer amor, por lo que cegado por ello, se tatuó un lirio, lo que significaba su nombre y él creía que estarían por siempre juntos.

Devilish tenía mucho éxito en Würzburgs, entre varios conciertos, Bill distinguió a un jovencito, quizá unos tres años menor que él, que nunca faltaba, y que siempre le llevaba un detalle.

—¿Cuál es tu nombre? —le preguntó Bill saliendo del local junto con el resto.

El muchacho de cabello rubio rizado estaba sonrojado y no podía creer su suerte.

—Louis —respondió emocionado. Bill le dejó un beso corto en los labios que hace que casi se desplomase allí, mientras las otras fanáticas gritaban.

—Gracias por el regalo —dijo Bill, y se retiró. Lily sólo sonrió frente a ello porque sabía que a pesar del look andrógino de su novio, no le gustaban los chicos, y él podría besarse a algunos fanáticos, pero con quién compartía la cama era con ella.

Por eso cuando Michael le dijo la verdad a Bill, que a Lily la habían llamado para volver a Blossom, y se iba a ir a Berlín, el moreno sintió su mundo hundirse, ni siquiera ella había sido capaz de contarle la verdad, dando por hecho que su amigo se lo diría.

Igual Bill estuvo con ella en el tren, dónde ella lo miró y le dijo: —¿No quieres ir conmigo? Podrías ser mi esposo trofeo —le molestó, y Bill negó, con amargura, él no quería ser mantenido, Bill quería triunfar con la música.

Así la vio irse, Devilish no volvió a tocar porque Michael estaba terminando su carrera, y por más que Andreas le insistió, no buscaron otros integrantes.

Pasó un año, y Bill ya había juntado bastante dinero para irse a Berlín, no había vuelto a hablar con Lily, pero Michael seguía cuidándolo, como a un hermano menor.

Bill quería ver si tenía mayor suerte en Berlín, quizá empezando una carrera como solista, ya que no era bueno tocando la guitarra, pero en sí la había traído porque se la regaló Lily, y no podía deshacerse de ella.

Por eso es que sintió extraño cuando vio a Tom… Porque con él su pechó vibró, parecido a cuando conoció a Lily, la diferencia era que el de rastas estaba tan necesitado de afecto, él sólo tenía ganas de apachurrarlo y protegerlo, aunque no se lo diría, evidentemente.

Cuando fueron a pagar las cosas que habían comprado, vio cómo la dueña de la tienda le coqueteaba desvergonzadamente a Tom y él le sonreía, nervioso.

Bill frunció el ceño. —¿Nos van a poder llevar todo hoy? —preguntó, quitando la atención de su amigo.

—Eh, sí, claro. ¿Y tú, chico guapo? ¿No quisieras trabajar aquí? Es que estoy buscando un vendedor, y creo que podrías conseguir muchos clientes por tu atractivo —halagó la mayor, Tom se sonrojó.

—Yo… Sí, justamente necesito trabajo, así que gracias. ¿Puedo venir mañana? —inquirió Tom, con la emoción retratada en sus ojos.

—Sí, a las 10 am te espero, bombón —masculló la mayor y Bill se sintió incómodo por la forma en que la mujer lo veía, jaló a Tom para que fueran de allí.

—¿No que tienes novia? —preguntó Bill una vez estuvieron afuera.

—Sí, ¿y? No es como que yo le hubiera coqueteado a la dueña. Ella sólo fue amable —se defendió Tom.

—Kätz… Estabas todo incómodo por cómo te comía con los ojos, así que no mientas —refutó Bill.

—Sí, bueno… Es que estar con alguien mayor me trae malos recuerdos —habló el de rastas, mirando a un costado.

—Ah sí, me lo dijiste en el tren, cuando estabas en el colegio saliste con una mujer casada y te dejó —resumió Bill, para luego alzarse de hombros—. Eso debería decirte que ya no debes estar saliendo con personas mayores.

—Pero no voy a salir con Lady… Solamente fue algo bueno, conseguí empleo. Porque parece mentira, pero gasté bastante en las cosas que compramos, Katz —farfulló Tom.

—Tal vez si no hubieras comprado cosas innecesarias como el hervidor de huevos en forma de gallinita…

—¡Es que hierves varios huevos al mismo tiempo! —exclamó Tom.

—Eres un niño —dijo Bill, y ambos entraron al departamento.

—Tengo hambre, Katz —farfulló Tom, con el estómago rugiendo.

—Sí, bueno, podemos pedir delivery de algo —masculló Bill, subiendo las escaleras junto a Tom.

—Hubiéramos ido al supermercado. Creo que saldría más económico que comprar comida —bramó Tom, sintiéndose pobre.

—Yo te invito esta vez, y en otra ocasión tú me invitas algo, ¿ok? —ofreció Bill, el de rastas asintió emocionado, sintiéndose feliz por el apoyo que le daba el moreno.

Cuando llegaron al departamento fueron acomodando las cosas que llevaron, a la espera de que llegaran las tarimas, colchones, refrigerador y cocina, porque al menos tenían el microondas.

—Pensándolo bien, no hubiera sido tan inteligente comprar para cocinar porque no tenemos dónde hacerlo —masculló Tom, sentándose en la silla plegable que compró, Bill hizo lo mismo en la otra silla.

—He visto unas buenas opciones para mesa, que se arman y bueno, por eso es más económico, creo que pediré un juego de mesa con silla —mencionó Bill, buscando en la app desde su celular.

—¿Sabes armar esas cosas, Katz? —preguntó Tom curioso.

—Sí, es como armar un lego a escala —respondió Bill, Tom se rió—. Y, ¿qué quieres comer, gatito?

—Oh, es que tú vas a invitar, así que elige.

—¿Hamburguesas con papas y refrescos? —cuestionó Bill, mirándolo y Tom asintió efusivo, ahora fue el turno del moreno de reírse, creyendo que el rubio lucía adorable al hacer eso.

Cuando llegó la comida, también llegó Lady con sus cosas, así que tuvieron que hacer varios viajes de subida y bajada para llevarlas. Cuando terminaron de hacerlo, estaban agotados, así que se echaron al suelo de porcelanato frío, casi sin aire, y viendo sus bolsas de comida frente a ellos.

—Tenemos que comer —dictaminó Tom.

—Sí, sólo déjame que se termine de acomodar mi pulmón —respondió Bill.

Tom rió y se sentó, sacando los tuppers desechables, poniéndolo uno al lado del otro, y también sus gaseosas, como no tenían mesa aún, pues comerían en el piso, Bill lo imitó, y vio la comida.

—Debemos lavarnos las manos —barbotó y Tom asintió, Bill se fue al baño y el de rastas se lavó en el lavadero de la cocina.

Volvieron a sentarse y se pusieron a comer.

—¿Luego me ayudas con mi cama? —preguntó Tom, después de dar un mordisco a su comida.

—Sí, claro.

Entonces comieron tranquilos, dándose cuenta que se instalaba un silencio cómodo entre ambos.

Cuando terminaron de comer, Tom se ofreció a botar la basura, emocionado porque había encontrado un tacho de basura color azul, su color favorito. Se lavaron las manos, y Bill le pidió que le acompañara para armar su cama.

—Mira, armar camas no es una gran ciencia. Es simplemente encajar las piezas.

—Pero esta cama no viene con manual —refutó Tom, frunciendo el ceño.

—Sí, pero no lo necesita, Kätz —respondió Bill, y empezó a explicarle cómo armar la cama poco a poco—. Ahora, como no tenemos martillo, debemos encajarlo con algo, aquí tengo una piedra.

—¿De dónde sacaste una piedra? —preguntó Tom extrañado.

—Siempre es útil llevar una —señaló como si fuera algo obvio—. Tienes que hacerlo de este modo… —comentó, metiendo el clavo—. Ahora hazlo tú.

Tom intentó hacerlo del otro lado pero… Lo presionó mal y rompió el clavo.

—Mierda —exclamó Tom al verlo.

—Carajo. Ya no podemos hacer nada. A estas horas no vamos a encontrar una ferretería abierta —se quejó Bill.

—Lo siento…

—Claro que lo sientes, era tu jodida cama. ¿Dónde vas a dormir ahora? —cuestionó Bill, fastidiado.

—Ehmn… Aún tenemos tu cama.

—¿Vas a dormir conmigo? —inquirió Bill.

—Sólo como amigos… Yo no soy gay.

—Tampoco yo.

Se cruzaron de brazos, pero luego Bill terminó cediendo.

—Está bien, pero sólo por hoy —advirtió el moreno, Tom se lanzó a abrazarlo, y ambos fueron conscientes del aroma del contrario, y la calma que transmitía al estar en ese gesto.

Se separaron y vieron para ambos costados.

Bill armó solo su cama, sin pedirle ayuda a Tom. Y después de que pusieron el colchón, sí le dijo que ya que el de rastas iba a dormir con él, se encargara de tender la cama, observando cómo lo hacía.

La noche los tomó por sorpresa, pero ambos se bañaron, y luego fueron a la cama. Era una cama espaciosa, pero igualmente se veían frente a frente en ella. Bill tenía la cara lavada, libre de maquillaje, pero igualmente hermoso, y Tom tenía sus rastas sueltas, haciendo que su rostro se viera un poco más delicado y sumamente atractivo. El moreno vio cómo el de rastas movía el piercing en su labio.

—¿Es alguna clase de código gay, Kätz? —bromeó Bill, aunque en realidad no podía negar que verlo tan cerca mover de esa forma su labio hacía que algo se removiera en su interior, y se sentía cuestionando por qué estaba sintiendo estas cosas por Tom, apenas lo conocía…

Y nunca antes se había sentido gay por otro hombre, entonces… ¿Qué significaba aquello?

Tom se sonrojó. —¡No! Sólo lo hice por nervios.

Bill rió. —Bueno, pero duérmete, que mañana trabajas, y yo debo ir a buscar el clavo para armar tu cama —comentó, cubriéndose con la sábana, y cerrando los ojos, aunque aún sentía la mirada de Tom.

Tom se sentía totalmente confundido, nunca había conocido un hombre así, tan atractivo, y que tuviera esa vibra que le llamaba por completo la atención con una vibra felina “Katzenartig”, su look le hacía recordar a los miembros de su banda favorita, Blossom, y sólo había suspirado por otro hombre aparte de Bill, por Bruno, el bajista de Blossom.

Evidentemente eso era algo que jamás se atrevería a decirle a su familia, porque siempre le repitieron: No puedes estar con hombres, y él no iba a ir en contra de ello, ¿verdad? Negó con la cabeza, ni siquiera debería estar pensando en eso si él estaba con Mia, aunque el pensamiento de su novia se veía tan lejano ahora que no estaban juntos.

A la noche siguiente, Tom no volvió a dormir con Bill, pero… De igual forma, al dormir, se daba cuenta que fantaseaba con el moreno, por lo que tenía que darse un baño de agua fría.

Tenía que ver a Mia y desfogar su libido alta. Sin embargo, se le fue complicando la situación, porque cuando quería verla, ella estaba ocupada, y cuando ella quería verlo, quien estaba ocupado era él.

Así fue pasando un par de meses, hasta que Tom se quebró con Bill.

—Creo que Mia me está engañando, Katz —se sinceró, con lágrimas agolpadas en sus ojos, a pesar de sus fantasías, era consciente de que tenía una relación de dos años con su novia, y le dolía que siempre encontrase la excusa perfecta para no verlo.

—¿Estás seguro, Kätz? —preguntó Bill.

—Es que no me responde los mensajes, y… Me dijo que hoy no trabajaba hasta tarde —comentó Tom.

—¿Y si mejor vamos a verla? Tal vez verdaderamente no está en casa. Podrías no sé, esperarla ahí, y darle una sorpresa —animó Bill.

—Sí… ¿Me acompañas? —Tom en realidad tenía muchas dudas, porque el miedo a ser engañado se había instalado en su sistema, entonces quería ir con alguien para asegurarse de mantener los pies sobre la tierra.

Bill asintió y ambos fueron al departamento de Mia. En el camino, Bill trataba de que Tom se distrajera, diciéndole que todo iba a salir bien, que quizá sólo se le descargó el celular. Pero el moreno se daba cuenta de la ansiedad que sentía el de rastas.

Y cuando llegaron a la dirección Tom no caminó más, con el rostro deformado por el dolor.

—Es ella… Está besando a otro —sentenció Tom, y Bill miró a la pelirroja que era besada por un muchacho de cabello corto castaño.

—¿Y te vas a quedar así? ¡Enfréntala! —se quejó Bill, pensando en las cosas que no pudo decirle a Lily, en cómo se dejó pisotear, de igual forma que Tom estaba permitiéndole que le hiciera daño.

—No puedo… —dijo Tom casi sin voz. Bill frunció el ceño y se acercó a Mia—. ¡Bill, no!

—Hey, así que le estás siendo infiel a mi amigo —exclamó Bill, interrumpiendo el beso de los jóvenes.

La pelirroja lo miró extrañada, hasta que vio que Tom estaba a unos pasos.

—Tom, yo… No quise hacerlo, pero… Te habías alejado tanto de mí que no pude evitarlo —se excusó pobremente la muchacha. El joven castaño miraba avergonzado a los dos chicos.

—¿Me estás echando la culpa? —preguntó Tom, sin poder creérselo, porque una cosa era que no tenía el valor para enfrentarla, pero… ¿Qué lo culpara?

—Sí, no me lo pusiste fácil, y todo de lo que me hablabas en llamadas y mensajes eran de Bill, así que también pensé que te habías vuelto gay o algo así —se defendió la pelirroja.

—Tienes el descaro de quitarte toda responsabilidad, en vez de hacerle frente a tus actos —recriminó Bill, aunque se lo decía a Mia, seguía pensando en Lily.

—¡Ni siquiera te conozco!

—Vámonos, Katz, ya no tiene sentido seguir aquí —barbotó Tom, jalando al moreno.

Por eso tal vez Georg le decía que había descuidado su relación, quizá su amigo sabía algo.

—De verdad… No pensé que esto volvería a pasar —farfulló Tom, sintiéndose vacío, recordando cómo Heidi, la mujer mayor con la que estuvo, lo dejó de un día para otro… Tal vez pagaba el karma de haber estado con una mujer casada ahora.

—Lo que tú necesitas es licor, y así olvidarte de todo esto, Kätz —sentenció Bill, y Tom asintió.

Así que compraron cervezas, vino y ron y se fueron a su departamento.

Al día siguiente Tom no tenía que trabajar, y vendrían amigos de Bill, al parecer con la intención de volver a formar la banda a la que pertenecía el moreno, así que podían sufrir la resaca mañana con tranquilidad.

Tom sabía que no resistía mucho el licor, pero sentía que se merecía su primera borrachera tóxica, porque en su momento no la hizo.

Ambos se sentaron en la mesa, la cual Bill ya había armado, y empezaron a abrir las cervezas, la cual Tom apuró en su garganta.

—Hey, tranquilo o te puedes ahogar con eso, Kätz —comentó Bill, pasándole la mano por la espalda de arriba abajo.

Tom no mencionó que se estremeció y casi se atora precisamente por el tacto del moreno en su espalda, tosió, Bill le palmoteó la espalda ahora. Cuando se recompuso se quedó mirándolo de cerca.

—Te lo dije.

—Sólo cállate —dijo Tom, y abrió otra botella.

Bill sonrió, para después beber de su botella, mientras que con la otra mano tenía un cigarro entre sus dedos, después de beber, fumó una calada, y Tom vio maravillado lo sexy que lucía con el objeto en su boca, y por más que le desagradaba el olor, deseaba ser ese cigarro, y recién iba dos cervezas, negó con la cabeza, para tomar otra más.

Mia ya se habría acostado con ese hombre, o al menos eso es lo que pensaba. ¿Qué importaba lo que él haría a partir de ahora? Sentía que el alcohol en su sistema estaba guiando sus acciones, o al menos por eso se justificaba, mientras le ofrecía una sonrisa coqueta a Bill.

—Si me miras con esos ojos coquetos terminaré besándote, Kätz —chanceó Bill, para luego tomar un poco más de su cerveza.

—Tal vez yo lo haga, Katz —respondió Tom, riéndose. Ambos cruzaron miradas, Bill cuestionándose si era una broma o un coqueteo real, y aun así sintiendo una presión en su estómago por la correspondencia a su broma.

¿Qué estaban haciendo?

Terminaron un sixpack de cervezas, tres cada uno, y ahora bebían el vino, dándose cuenta que el ambiente se volvía más y más nuboso, que las risas se escuchaban cantarinas y estruendosas, y que la pena había sido catapultada.

—¿Por qué deberíamos estar sufriendo por ellas, eh? ¿Qué importa lo que ellas piensen? No interesa que ellas nos miren o nos engañen, al final de cuentas siempre se van… Y uno se queda solo, pero no, te tengo a ti. Eres mi amigo, mi felino grande, y… No sé, Katz, no sé mucho de ti. ¿Te has enamorado antes? ¿Tal vez has sufrido por amor? —preguntó Tom, completamente ebrio.

—Uhmn… ¿Por qué hablar de eso, Kätz? Ya… No importa —respondió Bill, sintiéndose un poco mareado, tal vez no había sido una buena idea mezclar trago.

—¡Bingo! Eso quiere decir que existe una chica, ¿verdad? —cuestionó Tom, señalándolo.

—Tal vez… —dijo Bill, arrastrando las palabras.

—¿Y ella te engañó? —interrogó Tom.

—No… O sí, pero no como a ti —farfulló Bill, bebiendo un poco más de vino del pico de la botella.

—Quién lo diría… Que alguien se atrevería a engañarte, siendo tan… Tú, ya sabes, bello, y único —comentó Tom.

—Si sigues hablándome así te pediré que me la chupes —chanceó Bill, demasiado ebrio como para bromear en doble sentido, para luego reírse.

—Tal vez lo acepte… ¿Por qué no? Mi familia siempre me dijo que no debía estar con hombres, y bueno, eso no me ha llevado muy lejos que digamos. Estoy aquí, sufriendo por el desamor. Quizá con un pene se me olvide el dolor —farfulló Tom, y Bill lo miró sorprendido.

Ninguno de los dos eran gays, pero… En ese momento, con el alcohol en las venas, sin abrir siquiera el ron, sentían que podrían entregarse mutuamente, a probar otros cuerpos diferentes, tan distintos a lo que ellos podían conocer, dejarse llevar por una pasión que tenían, desatar sus instintos en algo nuevo, una nueva experiencia, su primer amor homosexual…

Ambos dejaron las botellas y se lanzaron el uno contra el otro, besándose, sintiéndose febriles en ese instante, Bill pasaba la lengua por el paladar de Tom, mientras que con sus manos torpes buscaba quitarle la camiseta, mientras que el de rastas hacía lo mismo, el moreno le quitó la camiseta al rubio, y empezó a pasar sus manos por su pecho, sintiéndose completamente aturdido porque no tocaba senos llenos, sino un pecho plano con pezones pequeños y erectos, comenzó a lamer su cuello, escuchándolo gemir, Tom se sentía tan extraño, aquí no tenía que tener el control, le dejó las riendas a Bill, que seguía palpando su cuerpo, descubriendo sus formas tan distintas a lo que estaba habituado, pero aún así adorándolas. Bill pasó su lengua por su pezón, chupándolo un poco, sintiéndolo arquearse contra sí, y ahora estaban contra la pared, pero debían llevarlo a la habitación.

Bill jaló a Tom por la cinturilla de su pantalón, llevándolo hacia su cuarto, el rubio lo seguía con pasos torpes, aún aturdido por el beso, y también por la excitación. Apenas llegaron, Bill lo lanzó contra la cama, mientras se quitaba la ropa, viendo cómo Tom empujaba sus zapatillas, para quitarse el pantalón y bóxers, quedando completamente desnudo, y el moreno admiró su desnudez, dándose cuenta que sí, no tenía tetas, ni caderas amplias, ni vagina, pero… A pesar de ello, le excitaba esa erección que tenía, y su cuerpo con sus formas distintas, con sus caderas estrechas y su torso delgado hacían que su corazón se acelerase, bombeando sangre a todo su cuerpo, haciendo que su sistema se sintiera fuera de control.

Le excitaba un hombre, y no cualquier hombre, sino Tom, su tierno gatito, porque no sólo veía en él la oportunidad de tener sexo después de tiempo, sino que le atraía quién era… Su olor le llamaba, su voz, todo su ser. Se acercó a él y siguió venerándolo con besos y lamidas por todo su cuerpo, chupando su vientre, hasta ver su erección, que no supo qué hacer porque nunca antes había hecho una mamada, pero… De igual forma dio lametazos, viendo cómo Tom se estremecía bajo suyo, y eso sólo hacía que se excitara aún más.

Se metió la cabeza a la boca, y chupó, sintiendo que su sabor era amargo, pero a un nivel tenue, no demasiado marcado, no de forma desagradable, y un poco salado, probó un poco más, bajándose un tanto, escuchándolo sisear.

—Tus dientes… —masculló Tom, y Bill se lo sacó de la boca, no sabiendo cómo chupársela sin lastimarlo.

—Perdón —pidió Bill, y mejor bajó más, hasta detrás de sus testículos, buscando la entrada de Tom… Antes había hecho un beso negro, esperaba que fuera placentero para Tom, teniendo en cuenta que los hombres tenían la próstata se supone que sería mucho mejor así, por ello es que lo giró, poniéndolo con su rostro contra la almohada, y separando sus nalgas para hundirse entre ellas.

Tom sintió que vio estrellas cuando la lengua de Bill pasó con cadencia por su hendidura, nunca había sentido algo así, luego chupó, y el de rastas se arqueó más, presionando su pelvis contra el rostro de Bill, empujando para sentir más. Bill no esperó más y metió la lengua, jugando con su entrada, tanteando, haciéndolo estremecer, las piernas de Tom temblaban, y sentía cómo su miembro goteaba preseminal contra su vientre, apretado contra la cama.

Estaba gimiendo sonoramente, sin importarle lo que pensaran sus vecinos, nunca había sentido tanto placer, en todas las veces que tuvo sexo con mujeres no había sentido el nivel de excitación que tenía ahora, sin necesidad de tocarse el miembro.

Bill siguió lamiendo, disfrutando del almizcle del rubio, y apretando sus nalgas redondeadas, realmente estaba concentrado, a pesar de que su erección rogaba por atención.

Después de un rato se separó por aire y sacó su crema para manos, echándose una cantidad entre los dedos, sabía que no tenía lubricante, pero que esa crema, al no tener alcohol, serviría, para que no le doliera a Tom, el cual se espigó cuando sintió cómo ingresaban dos dedos en su interior.

No habían hablado sobre quién sería el pasivo o activo, pero… Tom no quiso decirle nada a Bill, porque en realidad se sentía muy bien, un poco extraño pero no de una forma desagradable.

Estuvo presionando sus dedos en su interior, haciéndolo retroceder contra ellos, cuando presionó en su próstata, con la yema de sus dedos, sintió que iba a derretirse ahí mismo, Bill siguió haciéndolo, sintiendo cómo iba dilatándose poco a poco, aumentando más dedos hasta que tuvo cuatro dentro suyo, no sabía cuánto sería necesario para sexo anal, pero… Suponía que con eso bastaba, sacó sus dígitos, escuchando cómo Tom se quejaba, pero lo volvió a girar, viéndolo con el rostro rojizo por el placer y también su cuerpo por el deseo. Se empapó de una cantidad generosa de crema en su miembro y empezó a guiarlo hacia su entrada, levantando las piernas de Tom, poniéndolas en sus hombros, mientras comenzaba a ingresar.

Ambos se vieron fijamente, Bill empezó a masajear su virilidad mientras seguía abriéndose paso en el interior de Tom, el cual sentía un poco de dolor, pero a nivel manejable, y más cuando lo masturbaban, con eso se distraía, mientras que el moreno intentaba no correrse tan bochornosamente rápido, siguió ingresando hasta que ambos gimieron cuando lo llenó a tope.

—Ahora relájate, Kätz… —pidió Bill, con la voz ronca por el placer y Tom asintió.

Entonces empezaron el vaivén, las embestidas erráticas, donde Tom se arqueaba, porque Bill, casi sin darse cuenta, le daba justo en su punto de placer, haciéndolo boquear y salivar, el de rastas se aferró al cuello de Bill, para pedir un beso mientras se lo hacía, porque no sólo era algo físico, que sí, tenían una tensión sexual sin resolver, sino que tenían también una amistad, una que, a pesar de no tener mucho tiempo, habían conectado rápidamente y ahora se querían… No estaban seguros si como algo romántico, luego pensarían en ello, pero sí lo suficientemente intenso como para estar haciendo el amor ahora.

El interior de Tom apretaba, y se sentía sumamente delicioso, ninguna sensación se le comparaba, y el que lo estuviera masturbando mientras le metía la lengua en la boca, aumentaba el placer. Tom empezó a chuparle la lengua y eso hizo que aumentara el ritmo de las estocadas, porque quería metérselo tan profundo que olvidara hasta cómo se llamaba.

Tom gemía, y Bill jadeaba, haciendo sonidos placenteros para ambos, siendo música para el oído del contrario, compartían mucho en ese instante, donde nada más que ellos importaban.

Bill siguió arremetiendo contra Tom, el cual sentía que explotaría hasta que cerró los ojos, apretándolos con fuerza, viendo puntitos blancos, mientras su interior asfixiaba a Bill y se corría entre ambos cuerpos, consiguiendo que el moreno se viniera en su interior.

El moreno se salió con cuidado y luego ambos se echaron en la cama, sonriéndose se entregaron al sueño que les embargó, para no pensar en nada más.

“Yo no quería ser posesivo…

Quería que me necesitaras” (Bill).

Al día siguiente se levantaron por el timbre, que sonaba fuerte, y en sus cabezas se sentían como martillazos. Ambos se levantaron y Tom miró avergonzado a Bill, que se vestía con rapidez.

Anoche habían tenido sexo.

—Tom, vístete, son mis amigos —pidió Bill. Tom se puso su bóxers y pantalón, pero no encontraba su camiseta, sintiéndose un poco incómodo porque lo llamase por su nombre de pila y no por su apodo, pero decidió no comentarlo.

Ambos salieron del cuarto del moreno y el de rastas encontró su camiseta en el piso de la sala, poniéndosela de inmediato.

Bill, sin esperar nada más, abrió la puerta.

—Hola, chicos —saludó Bill—. Él es Tom, mi roommate —lo presentó y Tom arrugó el entrecejo por un instante, para luego sonreír, ¿su roommate? Llevaban viviendo juntos varios meses, y ya se supone que eran amigos, incluso… Habían hecho el amor.

—Hola.

—Hola, mi nombre es Michael —se presentó el más alto.

—Y el mío Andreas —agregó el rubio platinado.

—Sí, bueno, ¿vamos a hablar sobre negocios? —preguntó Bill, haciéndose a un lado para que ingresasen.

—Sí, queremos que Devilish vuelva al ataque —dijo Andreas.

—Puedo encontrar un trabajo como abogado en Berlín, pero sí, mi deseo es el mismo. Ah, y Bill, Lily se comunicó conmigo, quiere que se encuentren —acotó Michael, y la sonrisa de Bill se paralizó en su rostro.

Tom miró confundido al moreno, ¿Lily? ¿Quién era Lily?

—¿Entonces buscamos a un miembro más? —interrogó Andreas.

—Te paso su número por Whatsapp, que lo cambió —interrumpió Michael, enviándole el contacto desde su celular.

—Yo voy a llamarla ahora —sentenció Bill, para irse a su cuarto.

—¿Quién es Lily? —cuestionó Tom.

—Era su novia, es la bajista de Blossom, no sé si conocerás esa banda —respondió Andreas.

Lily… Lirio.

Tom sintió que aquello le caía como un baldazo de agua fría. La conversación que tuvieron ayer, cuando se sinceró hablándole que estuvo con alguien. Y ahora la llamaría, importándole una mierda que el día anterior hicieron el amor.

Tom se fue al baño, necesitaba una ducha, y tratar de refrescar su cabeza.

Se había entregado a alguien que no sólo era hombre, sino que tenía el corazón ocupado por alguien más, y que nuevamente quien le gustaba, no lo elegía a él…

Cuando salió de la ducha, se vistió y vio a los amigos de Bill aún allí.

—¿Katz… Digo Bill se fue? —preguntó Tom con miedo, y ambos asintieron.

—Igual estamos poniendo en redes sociales si a alguien les interesa ser nuestro guitarrista —comentó Andreas—. Oh, Bill me envió un mensaje, dice que tenemos una fiesta con los miembros de Blossom en la noche. Vaya, volveré a ver a Lily, y conoceré a los otros, será genial.

—¿Por qué no vienes con nosotros, Tom? —ofreció Michael, sonriéndole.

—Eh, claro, ¿por qué no? —dijo Tom, al no saber negarse. No es que quisiera perderse la oportunidad de conocer a su banda favorita, sólo que… Ver a Bill con alguien más es algo que le afectaría.

Almorzaron, pegaron unos anuncios cerca de allí, y para la noche todos juntos fueron a la fiesta de Blossom.

Cuando llegaron al hotel donde se llevaba a cabo, vieron cómo Lily tenía sujeto a Bill por la mano, sonriéndoles a todos cuando llegaron, Tom sintió cómo su corazón se hacía añicos al verlos, pero igual les ofreció una sonrisa fingida y saludó cuándo lo presentaron.

Buscó la mirada de Bill, y él lo rechazaba, rehuyéndole la mirada… Eso lo hacía peor.

“Oye Bill

Aunque no puedo darte felicidad;

al menos quiero estar a tu lado y ser capaz de compartir tu tristeza...

Una vez más…

Por favor, toma mi mano”. (Tom)

Se sentó en la barra, sintiéndose por completo derrotado, y pidió ron con cola. A estas alturas lo menos que le interesaba es tener otra resaca terrible.

Después de varios vasos, sintió que alguien se sentaba a su costado.

—Hermoso, ¿cuál es tu nombre? —preguntó un hombre de cabello largo y liso, y Tom casi se atora con su bebida, lucía tan parecido a Bill, pero no, era Bruno de Blossom.

—Hola, Bruno, soy Tom —saludó luego de toser.

—¿Quieres que te invite algo, Tom? —cuestionó Bruno, sonriéndole.

—Oh, claro —dijo, mientras lo veía ordenar al bartender—. Yo… ¿Puedo pedirte una foto conmigo?

—¿Eres fan de Blossom? —inquirió el moreno, sonriéndole, y Tom asintió.

El de cabello lacio se pegó y tomó por la cintura al de rastas, mientras presionaba su celular para tomar una selfie.

—En realidad no sólo soy fan de la banda, sino que siempre te he admirado —admitió Tom, ya que sí, le gustaba la música del grupo, pero su dolor por el rechazo de Bill hizo que ni siquiera se emocionara demasiado al ver a Lily, por más que también la admiraba—. He tenido una fascinación porque sé que tú eres quién les da forma a las letras de Maggie, dándole el estilo único que Blossom posee.

El mayor le sonrió, sin aún quitar la mano de su cintura, acariciando un poco por la zona, a lo que Tom parpadeó, al percatarse de la cercanía, tragando saliva nervioso.

—Eh… —habló Tom, sintiendo cómo se estremecía. ¿Acaso esto era una señal para que se aceptara como gay?

—¿Te incomoda? —cuestionó Bruno, sin dejar de tocarlo ni alejarse.

—Yo… —no lo dejó terminar de hablar porque lo besó.

Andreas a lo lejos miraba la escena, sintiéndose un poco triste.

—Vaya, qué pena, me había gustado Tom, pero veo que me ganaron —masculló el rubio, a lo que vio cómo Bill seguía en dirección a lo señalado, abriendo sus ojos por completo.

—¿Qué hace Bruno con Tom? —exclamó Bill, con la sangre hirviéndole de celos.

—Pues al parecer está comiéndoselo en la barra —respondió Lily—. ¿No quieres imitarlos?

Bill le ofreció una sonrisa coqueta a Lily, pero se separó de ella. —En un momento, primero quiero hablar con Andy.

Tomó al rubio por el brazo y lo alejó.

—¿Qué pasó? —inquirió el rubio, mirándolo con curiosidad.

—Tú… Dijiste que te gusta Tom, entonces, interrúmpelos, acércate a ellos, y haz que Bruno se aleje de él —ordenó Bill con la mirada oscurecida.

—Bill, ¿te estás escuchando? Apenas conozco a Tom, ¿cómo podría tomarme esas atribuciones? ¿Estás bien? Digo, ¿qué te importa a ti? Es tu amigo, no es de tu propiedad —refutó Andreas, mirándolo extrañado.

—Es que Bruno no puede estar con Tom…

—Mierda, ¿estás celoso? —cuestionó Andreas, abriendo los ojos por la sorpresa. Bill dudó y luego negó.

—No se trata de eso…

—Bill, estás con Lily, y digo, si también te gusta Tom, deberías hablar con ella, decirle lo que sientes… Y hacerte de huevos para separarlos tú, yo no soy tu títere —reclamó Andreas, zafándose de su agarre.

Bill lo miró con el ceño fruncido, y vio la escena a lo lejos, observando cómo Bruno se llevaba a Tom de allí, tomado de la mano. Sentía su interior retorcerse por la furia, y los celos carcomiéndole por dentro, pero… ¿Por qué? Si él tenía a Lily, que básicamente era el amor de su vida, ¿verdad?

Pero de todas formas, había hablado con Tom, de que cuando tuviera suficiente dinero le compraría una casa, y vivirían juntos, no como pareja, porque se supone que no eran gays, sin embargo, aún quemaba el recuerdo de la noche anterior y el cómo lo hizo suyo en su cama. Miró nuevamente a Lily la cual lucía confundida. Tendría que aferrarse a ella como su salvación, porque no se sentía lo suficientemente seguro como para dejarlo todo e irse con un chico, aunque sabía que su Kätz no era un chico cualquiera.

Vio nuevamente a Lily, y si bien se dio cuenta que no sentía lo mismo que antes al verla, se aferró a la nostalgia y a la experiencia del primer amor que la mayor le ofreció, se acercó a ella y la besó, sintiendo cómo ponía sus brazos en su nuca, y presionaba sus pechos contra él.

—Vamos a mi habitación —le susurró contra sus labios, y Bill asintió, a sabiendas de que probablemente Tom estaría haciendo lo mismo con Bruno.

Subieron en el ascensor, besándose en el transcurso, tocándola por encima de la ropa, hasta que el elevador se detuvo, y ambos salieron, Lily le sonrió y lo jaló por la mano, para luego abrir su cuarto.

Bill buscó en los besos la calidez que tuvo con su gatito, y no lo consiguió, compartió cama con Lily una vez más, como si nunca se hubiera ido, como si nunca lo hubiera dejado, como si antes no lo hubiera lastimado, porque nunca llevaron una relación a distancia, simplemente dejaron de hablar. Él la hizo suya, pero todo el tiempo tenía en la mente a Tom, y se sentía culpable, porque ni siquiera era capaz de afrontar sus sentimientos, por miedo a lo que podría pasar al dejar a Lily por completo…

Al día siguiente ambos volvieron al departamento en diferentes tiempos. Tom llegó primero, y se fue a trabajar, Bill llegó después, volviendo junto con Andreas y Michael para hacer el casting del nuevo miembro de su banda.

Tom se sentía confundido en el trabajo, fingía estar feliz para que los clientes se animaran por comprar algo, pero en realidad tenía malestar. Ya con el haber estado con dos hombres, se daba cuenta que hetero no era, tal vez bisexual, cosa que lo conflictuaba, porque en sí él quería tener un hijo, una familia tradicional, con una mujer evidentemente, para no decepcionar a sus padres, pero… Ahí estaba ahora, con el número de Bruno en su celular, y aún así no se sentía satisfecho con aquello, debería estarlo, ¿verdad? Lo admiraba, y fue bueno en el sexo pero… No era su Katz.

Hubiera querido que Bill sea el que lo buscara para estar juntos en otra ocasión, no Bruno, hubiera querido que las palabras de su amigo sobre tener un futuro juntos, que le compre una casa con un amplio jardín, fueran cosas no sólo como amistad, sino con tener una relación juntos.

Suspiró, ahora tendría que enfrentar la furia de su familia, pero al menos esperaría un poco… Es decir, con Bruno no estaban saliendo, sólo era algo para pasar el rato, ¿cierto? Eso lo desanimaba, pero si iba analizando las cosas que había pasado, es como si sólo mereciera algo así, porque primero fue con Heidi, nunca fue lo suficientemente importante para ella, porque sólo fue una aventura de un colegial y ya, Mia no lo tomó tan en serio, porque a la primera dificultad lo engañó con otro, y Bill… Él estaba enamorado de alguien más, y no podía luchar contra ello, así que lo que merecía era tener una relación de amigos con derecho con Bruno, cuando ni siquiera eran amigos, pero igual.

Y el saber que seguiría compartiendo departamento con Bill era duro, porque le sería difícil verlo sabiendo que nunca podría ser suyo.

Tom terminó su turno, y fue a casa, al subir los cuatro pisos escuchó cómo alguien contaba, y sintió su pecho latir acelerado, esa voz… Podía identificarla, era Bill, cantando, sentía cómo todo su cuerpo vibraba al oírlo, el estilo rock pop que era muy agradable al oído. Cuando abrió la puerta, vio a la banda agrupada, mientras Bill sujetaba un cucharón de la cocina al cantar, y no hacía falta un escenario en ese momento, porque tenían el talento suficiente.

No pudo moverse de allí, hasta que terminó la canción y les aplaudió, porque realmente le gustó cómo tocaron los instrumentos y cómo cantaba el moreno.

Conectaron miradas por un instante, Bill traía fuego en sus ojos y Tom podía notarlo.

—Ya tenemos nuevo miembro de la banda —musitó Andreas—. Louis, te presento a Tom.

El muchacho le sonrió tímido y agitó la mano a modo de saludo, estaba sumamente emocionado porque pasó de ser un fan de Devilish a miembro de la agrupación.

—Tenemos que buscar donde ensayar —sentenció Bill.

—Sí, he visto un par de lugares en internet, hay algunos económicos —comentó Andreas.

—¿Podría ir a verlos tocar? —preguntó Tom, un poco inseguro.

—Claro —dijo Bill, y su pecho volvió a latir desbocado.

Tal vez no eran pareja, pero eso no quería decir que iban a perder la amistad.

“Bill,

Si hubiéramos sido novios…

¿No crees que un abrazo había bastado para arreglarlo todo?” (Tom)

Tom suspiró, conformándose con esa seca interacción ya que era la forma de seguir como si nada, pero aún le dolía.

Tom se daba tiempo para ir a verlos ensayar en las tardes, pero también había días donde no iba porque Bruno le enviaba un mensaje, y él iba como si se tratase de una orden.

Hasta que pasó un mes y empezó a sentirse mal, pensó que era algo que había comido, aunque a Bill no lo veía diferente y comían lo mismo. Pero el de rastas se iba en vómito, por lo que llegado un punto, le pidió a la señora Lady que le diera permiso para ir al médico.

La doctora escuchó sus síntomas y lo miró curiosa.

—¿Ha tenido sexo sin protección? —preguntó la médica.

Tom rió. —¿Cómo si estuviera embarazado? —chanceó.

—Sí, como si lo estuviera —respondió la mujer.

—Un par de veces sí, pero fue con otro hombre —comentó Tom, incómodo y sonrojado, la vez que estuvo con Bill, y la primera vez que estuvo con Bruno no usaron condón, y bueno, después sí, pero no entendía qué tenía que ver.

—Joven Kaulitz, vamos a realizarle una ecografía, ¿está bien? —farfulló la doctora y Tom la miró extrañado.

—Pero soy hombre —manifestó Tom, incómodo.

—Sí, pero hace varios años empezaron a salir unos casos de embarazos masculinos, y bueno, si bien eran pocos, de todas formas se tiene que hacer básicamente por rutina al ver síntomas parecidos —explicó la doctora.

Tom sintió que iba a desmayarse.

Llamó a su mamá.

—Hola, mi amor, ¿qué pasó?

—¿Ustedes sabían que podía quedar embarazado? —cuestionó Tom, después de que la doctora le dijera que tenía un mes de embarazo, es decir, no sabía si era de su Katz o Bruno, y no sólo eso, sino que supuestamente habían exámenes que les hacían a los niños para saber si tenían esa posibilidad desde jóvenes.

Silencio al otro lado de la línea.

—¡¿Mamá?!

—Tom, te dijimos que no podías estar con hombres…

—¡Pero pensé que era por homofobia y no porque podía quedar embarazado! —exclamó Tom, sintiéndose furioso.

—¿Entonces seremos abuelos? Ay, no, antes de que lo sepa tu padre, tienes que pedirle al padre que se haga responsable… Pero pensé que seguías con Mia, ¿qué pasó? —preguntó su madre.

Tom sentía que su cabeza le punzaba, pero decidió contarle la verdad a su mamá. Mientras se sentía miserable porque no sabía quién era el padre de su hijo, y sí, él quería tener una familia con hijos, pero no ser quien los gestara…

¿Y sobre casarse? Ni siquiera tenía certeza de quién era el padre como para pedirle matrimonio a uno de ellos.

Pero al menos se sentía más tranquilo al saber que su familia no era homofóbica, sólo que eran mentirosos.

Tom estaba echado en su cama, sujetándose el vientre, ni siquiera era notorio pero… Ya sentía que lo aceptaría con todo lo que implicaba, porque sí, era joven, apenas veinte años, sin embargo, siempre deseó ser padre, y ahora lo sería. Tenía un mensaje de Bruno el cual no había respondido, porque pedía que se encuentren en un hotel otra vez, y él no tenía ganas de eso, no ahora. Su teléfono timbró y él contestó.

—Tom, ¿por qué no respondes mis mensajes? —preguntó Bruno en voz autoritaria.

—Tengo… Algo que decirte, y puede que esto termine lo nuestro —comentó Tom, sintiendo la garganta apretada.

—Voy para allá —masculló Bruno y colgó.

Cuando Bruno tocó el timbre, quien le abrió la puerta fue Bill, que había salido de la ducha.

—Vengo a ver a Tom —dijo Bruno.

—No lo he visto, recién he llegado hace poco, pero intenta buscando en su habitación —respondió Bill de mala gana, para luego ir a cambiarse a su cuarto.

Cuando salió por agua, vio que Tom y Bruno estaban en la mesa del comedor, tomados de la mano pero el de rastas tenía la expresión apagada.

—¿Podemos hablar contigo, Bill? —pidió Bruno.

Bill se sirvió agua en uno de los vasos de gatito y se sentó, sin entender qué es lo que estaba pasando.

—Tom está embarazado —empezó a hablar Bruno y Bill rió—. No le veo lo gracioso.

—Es hombre.

—Sí, pero, ¿acaso no sabías de los casos de embarazos masculinos? Son escasos pero existen. Y bueno, Tom lo está, tiene un mes de gestación, y hemos decidido mudarnos juntos para próximamente casarnos. Pero no te preocupes, pagaré su alquiler hasta que encuentres otro roommate —manifestó Bruno.

Bill sintió cómo su mundo se tambaleaba, un mes de embarazo… Hace un mes Bill le había hecho el amor a su gatito, lo miró, como preguntándole con los ojos y el de rastas le rehuyó la mirada. ¿Acaso le habría dicho a Bruno que ese hijo podría ser suyo? Podría ser que Kätz tuviera un gatito suyo.

¿Y él qué haría en ese caso? ¿Podría soportar ver a su Kätz con otro, casándose, viviendo lejos suyo y sabiendo que tendría a su gatito?

—¿Y sabes si es tuyo? —interrogó Bill, a sabiendas de que lo hacía con ponzoña.

—No lo sé, pero sí sé que me haré responsable —sentenció Bruno, y Bill apretó con fuerza el vaso con su mano, hasta que se hizo añicos, lastimándose en el proceso.

—¡Katz! —llamó Tom, tomando una servilleta para ayudar a quitarle los trozos de vidrio.

Bill miró absorto su mano, mientras se reproducía en su mente el recuerdo de cuando Tom lo compró todo emocionado porque tenía gatitos… De algún modo el que lo hubiera roto sentía que representaba el cómo su relación, aunque de amigos, había terminado.

Regresó al presente, viendo cómo Tom le quitaba las piezas de vidrio, mientras lo miraba llorar, tal vez el de rastas también pensaba lo mismo.

—Iré al hospital —dijo Bill luego de un rato de silencio.

—Te acompaño —respondió Tom, pero el moreno vio cómo Bruno le ponía la mano en el hombro, deteniéndolo.

—No, tú y yo nos vamos a quedar aquí. Es un adulto, puede ir solo —reclamó Bruno, con el ceño fruncido. Bill se fijó cómo el semblante de Tom decaía por completo y se volvía a sentar.

Bruno apagaba la luz de Tom, el brillo que le caracterizaba, esa emoción infantil y su preocupación.

Bill salió del departamento con el estómago apretado, tenían que hacerle unos puntos, pero el dolor que sentía no era por eso, lo tenía en el pecho, carcomiéndole por dentro, dificultándole la respiración. Tuvo que apoyarse contra la pared porque estaba hiperventilando, tuvo que enumerar cinco cosas que veía, y luego recordar cómo respirar. Después de lo que le pareció una eternidad empezó a regularizar su respiración.

Había pasado una crisis solo, a unos pasos de su Kätz, y en esta ocasión no podía irse a su cama a pedirle dormir porque se sentía mal, como cuando estaban en el departamento solos. Porque él ya no sería suyo.

“Nunca lo fue”, pensó con amargura, y bajó las escaleras para ir al hospital.

Al volver, vio a Tom solo en el comedor.

—¿Cómo estás? —le preguntó.

—Debería ser yo quién te diga eso —comentó Tom, viéndole la mano.

—Sabes que es posible que yo sea el padre, Kätz —masculló Bill, sentándose frente a él, mirándole, consiguiendo que el de rastas le correspondiera la mirada.

—Lo sé, pero, ¿qué podrías ofrecerme? ¿Dejarías a Lily y estarías conmigo? Bruno me ofrece estabilidad, algo que no sé si tendría contigo, Katz —expuso Tom, con el labio temblándole.

—Yo…

—Dime, si te pidiera que dejes a Lily por mí, para criar a este niño juntos, ¿lo harías? —cuestionó Tom, con un brillo en los ojos, un atisbo de esperanza, Bill lo pudo con la intensidad de su mirada y vio en otra dirección.

—Yo…

—Estás dudando, y no puedes ni mantenerme la mirada, Bill, es más que obvio que ya me diste tu respuesta sin necesidad de vocalizarla —comentó Tom, mirando ahora el vaso que tenía frente a sí, no siendo capaz de llamarlo por su apodo en ese instante.

El de rastas deja solo a Bill en el comedor, yendo a alistar sus cosas, no había empacado porque quería hablar con el moreno antes, darle la oportunidad. Sin embargo, se equivocó, y en el silencio de su habitación, las sendas lágrimas cubrían su rostro, porque nuevamente Bill no lo había elegido, y lo entendía, de algún modo, sería peor, si lo eligiera simplemente porque podía tener a su hijo.

Con Bruno tendría un futuro, no quizá el que soñó, pero sí uno donde tendría una pareja, hijos y estaría casado.

Cuándo Tom salió ese día para ir a buscar a Bruno, recordó los momentos que pasaron juntos, pero ya no estaría más.

De igual forma Bill no dejó el departamento, aunque mayormente pasaba más tiempo con Lily, cuando no estaba ensayando, extrañaba a su Kätzchen su rostro emocionado y cómo se quejaba de que fumaba mucho en el cuarto de ensayo. Bill no dejaba de pensarlo… Cuando le pidió a Lily hacerlo de perrito, es que se dio cuenta que lo hacía porque no quería ver su rostro, solamente su espalda, imaginando que era el de rastas.

El tiempo pasó, pero la sensación de vacío no se fue de Bill, y ya sabía que pronto nacería el bebé. Quien lo mantenía informado era Andy, que había intercambiado número con Tom, y le contaba todo lo que pasaba, a sabiendas de que no le hablaría a él.

Y Bill ya estaba cansado, harto de fingir que estaba bien, de hacer como que estaba enamorado de Lily cuando no, el amor que sintió por ella, fue intenso, fue hermoso porque fue su primer todo, pero ya no estaba en él, sólo era cariño y un cuerpo al cual poseer en una noche fría, porque cuando ella le hablaba sobre casarse a futuro, él le cambiaba de tema, porque no deseaba eso para él, ya no veía a la morena con el mismo amor que una vez tuvo.

Así que ese día hablaría con ella, le diría que ya no la ama, que a quien ama es Tom, y lo buscaría para pedirle que deje a Bruno y se queden juntos.

Iban a encontrarse en su café.

Pero llovía, y el reloj seguía marcando la hora, las agujas seguían avanzando. Le llegó un mensaje de Whastapp, era Andreas.

—Ya nació —decía el mensaje.

Llamó nuevamente a Lily, pero no contestaba, hasta que lo hizo.

—¿Por qué no llegas?

—Buenas tardes, disculpe, somos del hospital. El teléfono que está llamando es de una víctima de un accidente de tráfico… —empezaron a hablar y Bill dejó de oír.

Lily había muerto.

Sintió un dolor en su pecho, y las lágrimas empezaron a caer raudas por su rostro, pensando en todo lo que vivieron, porque el que ya no la amase como pareja no quería decir que no la quería, no quería decir que quería que muriera… Y ahora no la vería nunca más.

Le envió un mensaje a Andreas y Michael, porque sabía que ellos podrían notificarle a su familia, ya que incluso ellos tenían más información al respecto que Bill.

Tom llegó a los días al departamento con Bruno, el cual lucía afligido por la muerte de Lily. Además de contar con una severa crisis de ansiedad y depresión por parte de Maggie, teniendo al borde del colapso el futuro de su carrera como banda musical.

—¿Cómo fue el entierro? —preguntó Tom, cargando a su bebé en brazos.

—Nefasto. La prensa ni siquiera tuvo el tino de alejarse, simplemente estaban ahí como buitres, buscando sacar un poco más de ella. Su familia estaba destrozada —comentó Bruno, acariciándose la cien y encendiendo un cigarro.

—No puedes fumar aquí, no en frente de Elliot —reclamó Tom, cubriendo más a su hijo.

Bruno chasqueó la lengua y se fue al balcón, Tom suspiró y se sentó en el sillón.

Miró al bebé con pelusita negra en la cabeza, no sabía si era preocupación por la incertidumbre o un rasgo de esperanza al imaginar que el niño fuera de la persona que amaba.

Desbloqueó a Bill de su Whatsapp y le mandó sus condolencias.

—Necesito verte, Kätz —escribió Bill.

—¿En el 483? —Tom necesitaba cerrar el ciclo y poder decidir si su relación… Amistosa aún podía funcionar.

—Sí.

Eso bastó, el de rastas salió al balcón.

—Bruno sobre la boda…

—Igual seguirá en pie, sólo que será algo más privado —acotó el moreno.

—¿No crees que sea imprudente e impulsivo? No tengo prisa y creo que deberías estar junto con los chicos de la banda y que los fans los vean fuertes y unidos —sugirió Tom.

—Aunque suene egoísta, creo que sería lo mejor, al menos nuestra boda quitará el foco en la muerte de Lily y dejarán de escarbar en su vida, eso sí sería un problema que manchase el nombre de Blossom… —respondió Bruno.

Tom, acudió al departamento que antes compartía con su Katz, quiso llegar antes de la hora citada para poder aplacar los nervios y no contagiar a su bebé, aún no estaba seguro si él moreno llegaría ya que durante el día le envió algunos mensajes para confirmar, pero jamás obtuvo respuesta, ignorando las supuestas señales, emprendió el camino rezándole a todos los Dioses poder verlo, aunque sea por última vez...

Al otro lado de la ciudad, Devillish estaba reunido en un estudio pequeño ya que pese a la lamentable noticia por el deceso de Lily, los Ceo’s de la disquera consideraron una oportunidad de poder lanzar una nueva banda –completa- innovadora y con un importante futuro por delante.

Bill, estaba jalándose el cabello ya que no encontraba su celular, últimamente los episodios de crisis aumentaban y eso ocasionaba que tuviera lapsus corto de pérdida de conciencia, por tal motivo no tenía la oportunidad de avisarle a su Kätzchen que llegaría tarde a su cita y que si era necesario podrían verse después. Pidió apoyo por parte de Andreas y Michael, sin embargo, la reunión la tenían por encima y ya no daba tiempo de llamar, elevó una súplica para que su gatito lo espere.

Entrando casi empapado por la lluvia y con todas sus esperanzas destrozadas y los ojos casi secos de tanto llorar, entraba un rubio rastudo al apartamento lujoso echando un vistazo y asimilando que a partir de ese momento ese sería el hogar que compartiría con su pedacito y prometido…

Casi a medianoche, en medio de la oscuridad de un cuarto vacío, con solo la luz de la luna, se encontraba un moreno leyendo una carta con las palabras más hermosas que jamás alguien le haya dicho, pero al mismo tiempo con el corazón en mil pedazos dejando caer lágrimas negras…

“Katz (Bill),

Perdóname por haber sido tan egoísta, aunque creo que esta vez quizás ya no puedas perdonarme…

Aún así quería decirte que nunca olvidaré estos dieciocho meses que hemos vivido juntos, cuando pienso que tal vez no volveré a verte, la tristeza puede más que yo, no sé qué debería hacer ahora, por eso te pido que debutes cuanto antes para que salgas mucho por la tv y así pueda verte cantar, ¿vale?...

Por mucho que pueda estar con alguien, para mí no hay otro… Solamente tú, no existe alguien más especial que tú, nunca lo ha habido y nunca lo habrá…

PD: Hasta que encuentres un nuevo compañero, por favor, déjame seguir pagando mi parte del alquiler. Cuando me mude cerraré las puertas y dejaré la llave en el buzón.

Atte.: Kätz (Tom)“.