Capítulo único
Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom miró al reflejo en su espejo, tenía ojeras y un mal semblante. Después observó su celular, comenzando a morderse el labio inferior por la ansiedad, teniendo la necesidad de rascarse los brazos, por más que ya estaban con costras de sus heridas pasadas. Pero… No quería incurrir a ello, debía aferrarse a la vida, y por eso iba a darse una oportunidad al ir a una de aquellas reuniones para adictos.
El de rastas toda su vida había sentido odio a sí mismo, y había pasado tantas cosas difíciles, que se había intentado matar más de una vez, llegado un punto para no ceder al dolor que le ocasionaba el vivir es que había empezado a consumir pastillas… Que eran para adormecerlo, tenerlo como un zombie, porque así era más fácil vivir, sin pensamientos intrusivos en su mente. Sin embargo, fue haciéndose adicto, al punto de realmente nunca querer estar sin consumirlas, y… Por eso quería buscar ayuda. Tom vivía solo, así que no podía contar con su familia, y lastimosamente por su forma de ser introvertida es que no tenía amigos, él mismo los terminó alejando…
Así que era un nuevo comienzo, quería dejar su adicción, y encontrar ese apoyo que carecía en un grupo, lo cual consideraba difícil ya que no conocía a nadie de allí, sin embargo, era su última oportunidad, su cable a tierra.
En cuanto llegó, trató de mantener en calma su ansiedad, estaba nervioso aun a pesar de saber que las personas que estaban ahí no eran tan distintas a él, pero el conocer gente nueva siempre le hacía sentir nervioso. Imitó lo que los demás hacían, tratando de actuar con naturalidad, por lo que al ver que se sentaban en círculo hizo lo mismo, no prestando demasiada atención a quien tenía a sus costados.
Jugaba ansiosamente con sus manos, mientras se cuestionaba a sí mismo si realmente había sido una buena idea asistir a esa reunión, intentó distraerse mirando disimuladamente a la gente a su alrededor, era uno de los pocos jóvenes que habían asistido, los demás en su mayoría era adultos en sus cuarentas y incluso adultos mayores.
Nunca había sido mucho de llevarse con gente de su edad, de cierta forma lo hacían sentir intimidado, por el qué podrían pensar de él, así que bajó su mirada a sus manos.A los minutos entró un hombre, que él supo identificar como el que sería el moderador en esa reunión, que se posicionó en medio del círculo, a la vista de todos los demás asistentes.
—Sean todos bienvenidos —empezó con una ligera sonrisa—. Quizás algunos ya me conozcan, pero para los nuevos, me presento, mi nombre es David Jost y seré el moderador de esta reunión, estaré aquí para ayudarles y escucharlos.
Seguido de esas palabras, la mayoría de personas ahí respondieron al unísono con un “hola, David”. Cosa a la que Tom no se sintió seguro de unirse, manteniéndose en silencio.
—Bien, sé que tenemos nuevos miembros y me gustaría que, por favor, se presentaran, para irnos conociendo —pidió David, buscando los rostros nuevos, fijándose de inmediato en Tom. —Tú —señaló, llamando su atención. —¿Cómo te llamas?
Tom tragó saliva al ver que se dirigía a él, su ansiedad incrementó al sentir todas las miradas sobre él, esperando a que respondiera, se sintió igual a cuando era más joven y el profesor le hacía una pregunta, se sentía exactamente igual, con la diferencia de que antes era un niño y ahora era un adulto, se sintió patético.
—Tom —habló con dificultad, manteniendo su mirada baja.
—Bienvenido, Tom. ¿Puedes hablarnos un poco sobre ti y por qué estás aquí? —continuó David, teniendo paciencia para que el contrario respondiera.
—Yo… —se interrumpió, empezando a sentir cómo su respiración se aceleraba al ser muy consciente de cómo todos alrededor lo miraban. Entre todos los ojos le llamó la atención un par de ellos que estaban maquillados, su dueño era un chico con el cabello en puntas, uno de los pocos jóvenes, no veía que él lo juzgara, pero el resto… Podía notar el fastidio en ellos, no hablaba y no sentía que podría hacerlo, decir en voz alta frente al resto todo lo que había hecho, no se sentía listo, sintió cómo su corazón latía con más fuerza—. No me siento listo.
Tom sintió cómo la oportunidad se iba de sus manos, cuando observó algo parecido a la decepción en los ojos de David, y la incomodidad retratada en los miembros del círculo, a excepción del chico que lo miró fijamente. ¿Qué sentido tenía ya insistir?
En ese momento Tom simplemente apagó su mente, no quería oír más lo que decía el resto, no se iría en ese instante, porque tampoco quería armar un escándalo y llamar la atención del resto, pero no volvería a ir. Se sentía muy estúpido porque creyó que con ir a estas reuniones sería beneficioso para él, que podría encontrar ayuda, sin embargo, se sentía incluso más solo que antes. Era como si la vida nuevamente le diera la espalda, y la última oportunidad que tenía la había perdido.
Cuando escuchó que David mencionó que la reunión había terminado por ahora, es que Tom se levantó, simplemente quería irse, aunque veía que el resto charlaba animado mientras comían café y donas. Se sirvió un vaso con café, para al menos despertarse antes de irse, cuando lo probó se dio cuenta que era desabrido, frunciendo el ceño.
—¿Sabe pésimo, verdad? Creo que lo haces así para que sea más amargo que nuestras vidas —bromeó el muchacho con los ojos delineados, ofreciéndole una sonrisa.
Tom tragó saliva, sintiéndose nervioso, era el primero que le hablaba de una forma amigable, simplemente asintió, porque no tenía sentido seguir hablando con alguien a quien no volvería a ver.
—¿No quieres que te invite un café de verdad? Hay una cafetería cerca —mencionó el chico—. Mi nombre es Bill —acotó, y Tom tragó saliva nervioso nuevamente—. Te noté muy nervioso, y quizá prefieras hablar a solas, con menos gente. Sé lo duro que es el primer día, así que por eso quisiera animarte un poco, si me dejas, claro.
—Está bien —cedió Tom, botando el café en la basura.
Ambos jóvenes salieron del establecimiento.
—¿Eres de pocas palabras, eh Tom? —habló de cuenta nueva Bill.
—No tanto. Simplemente no pude hacerlo en frente de todos —se sinceró Tom.
—Te entiendo. Fue difícil también para mí. Yo soy alcohólico, y bueno, este grupo es mi ancla. Pero entiendo lo complicado que es la primera vez —explicó Bill.
—Yo no soy alcohólico, sino… Tengo otro tipo de adicción —respondió Tom, buscando algún atisbo de rechazo en su expresión.
—¿Drogas? Es algo muy usual. Puedes contármelo, no te juzgaré —pidió Bill.
—A los sedantes —confesó Tom.
Bill no parecía sorprendido en lo más mínimo.
—Lo entiendo, eres una de las primeras personas que conozco que tienen adicción a los sedantes y no a otras drogas más fuertes.
—Supongo… —Tom desvió su mirada hacia enfrente. —¿Desde cuándo vas a las reuniones? —preguntó con curiosidad y también para no quedarse sin un tema de conversación.
—Desde hace unos meses, cuatro quizás, no estoy seguro —contestó, metiendo sus manos en sus bolsillos. —¿Tú cómo encontraste el grupo?
Tom se quedó en silencio unos segundos, recordando cómo era que había dado con el grupo. —Me lo mencionaron en el hospital —cosa que era cierta, pero tampoco quería decir de más.
—Bueno, yo di con ellos porque me lo recomendó mi padre, así que he estado yendo, no son tan malos. —Bill lo observó de reojo, recordando el momento en el que estaban en la reunión y en lo visiblemente nervioso que estaba Tom.
—Tal vez no lo sean, pero dudo que vuelva de nuevo —soltó Tom, mientras llegaban a la cafetería que había mencionado Bill.
—¿Por qué? —Bill cambió su semblante relajado a uno ligeramente preocupado.
—Los primeros días siempre son difíciles, y te entiendo, a mí también se me hizo incómodo en un principio.
—No creo que sea lo mío, verdaderamente —definitivamente Tom ya había tirado la toalla, se volvió a rendir, como siempre lo hacía, cosa que le hacía sentir un sentimiento de frustración en el fondo, pero tampoco le importaba demasiado, poco le importaba su vida.
—No puedes simplemente abandonar las cosas, sé que es difícil pero en serio, te lo digo, no te rindas a la primera —las palabras de Bill eran suaves y comprensivas.
—Quizás sea fácil para ti, pero para mí es complicado, ni siquiera pude decir más de una palabra enfrente de todos ellos —expresó, recordando el bochornoso momento, sintiéndose nuevamente avergonzado.
Entraron al local, afortunadamente el lugar estaba un poco vacío, así que no tardaron en dirigirse a la barra. Hicieron una pequeña pausa a su conversación para pedir lo que beberían, para después irse a sentar a una mesa cerca del ventanal, que les daba una vista amplia de la calle y la gente que pasaba sobre la acera.
Al estar sentados, uno frente al otro, Bill lo observó fijamente y soltó un suspiro largo.
—Para nadie es fácil, Tom —volvió a hablar, retomando la atención de Tom, que miraba hacia la ventana. —Buscar ayuda y orientación siempre es difícil para cualquiera.
Tom se encogió de hombros, sobre su asiento, escuchando las palabras del contrario. ¿Quizás tenía razón y no debía rendirse a la primera? No era la primera vez que alguien hablaba con él respecto a no rendirse o incluso sobre sus otros problemas, pero al final terminaba no haciendo caso, probablemente no tenía la fuerza de voluntad suficiente para hacer un cambio significativo en su propia vida.
—Mira… Si no te sientes listo aún, que también es entendible, al menos no sientas que estás solo. Ten toma mi número —masculló Bill luego de escribir en una servilleta—. Puedes hablar conmigo. Y ya conforme pase el tiempo, tal vez podamos ir juntos —ofreció.
Tom recibió la servilleta, sintiéndose sorprendido por el comportamiento del joven. ¿Acaso había hecho un nuevo amigo? Porque eso es lo que parecía. Quizá… Quizá no sea tiempo de rendirse aún, fue lo que pensó el de rastas.
—¿Y crees que nos podamos ver otro día? —inquirió Bill.
—Ehmn, sí, podría ser —respondió Tom, sintiendo cómo la sangre se acumulaba en sus mejillas, ¿acaso le estaría coqueteando? Nunca había sido muy fácil en descifrar aquel tipo de cosas.
Bill rió. —Te ves muy tierno cuando te sonrojas, como un Tom-atito —bromeó.
—Voy a agendarte —respondió para cambiar de tema, sacando su móvil y guardando el número de Bill, para luego mandarle un “Hola”—. Ese es mi número.
—Genial. ¿No se te apetece algún muffin o croissant? —cuestionó Bill.
—No, gracias —dijo Tom, apretando la tela de su casaca contra sus manos, teniendo miedo que Bill viera sus cicatrices y terminara por alejarse.
—Si necesitas hablar tienes dónde hacerlo, ¿ok? Ya sabes, no importa la hora —farfulló Bill, ya que el chico de rastas lucía tan frágil que simplemente despertaba dentro de él ese instinto de protección, de querer evitar que alguien le hiciera daño… Aunque entendía que si sufría de una adicción para ese punto la vida ya le habría hecho bastante.
—Gracias, Bill —musitó Tom, sorbiendo un poco más de su café.
—Yo… Al principio no le tomé importancia, ¿sabes? Pensé que sólo era tomar los fines de semanas y ya, que todo el mundo lo hacía. Sin embargo, luego empecé a hacerlo entre semana, y hasta perdía la consciencia, apareciendo en lugares que no sabía cómo llegué allí. Mi familia se preocupó por mí… Y bueno, allí es que me hicieron una intervención, diciéndome que estaba joven y necesitaba rehabilitarme. Es duro, pero ya son cuatro meses sobrio, así que realmente está bien. No niego que lo extraño… Pero trato de enfocarme en otras cosas, ¿sabes? Como trabajar o salir. Soy freelancer, así que dispongo de mi tiempo, pero… Igual trato de distraerme, eso es lo principal. Pero sé que al principio choca bastante, porque así uno lo niegue nuestro cuerpo se habitúa a lo que somos adictos, y el sólo pensar en ello hace que nos pongamos ansiosos. Por eso de verdad te digo que me hables cuando quieras, y si necesitas que vaya a verte lo haré. Porque a veces la familia no siempre está para uno —acotó Bill.
Tom no podía negar que le sorprendía la confianza con la que Bill le hablaba, como si no fueran desconocidos, aunque ahora probablemente ese concepto ya no fuera el indicado, entrando al concepto de amigos. No eran tan distintos, pensó, su historia sonaba un poco similar a la suya.
—Realmente has sabido cómo sobrellevarlo —respondió—. Yo tengo un trabajo de medio tiempo como cajero en una tienda —soltó una risa leve, su vida no era realmente muy interesante, no tenía amigos por lo que no solía salir demasiado de su casa a menos que fuera para ir a trabajar—. Al principio yo tomaba las pastillas porque me calmaban, me hacían ajeno de lo que a mi alrededor pasaba, no me sentía ansioso cuando las consumía, así que cuando menos me di cuenta, dejó de ser una pastilla cada tres días, y se volvió algo diario, no me dejan inconsciente la mayoría veces, pero sí lo suficientemente dormido mentalmente como para funcionar en automático sin prestar atención a lo que a mi alrededor pasaba.
Su ansiedad era su razón, o bueno, era una de las razones por las que había terminado consumiendo sedantes como si de dulces se tratara. ¿Pero cómo había comenzado? Era la verdadera pregunta, no le gustaba hablarlo, porque si por él fuera borraría ese pasado de su memoria.
—Son un escape, ¿no? De tu realidad. —Tom asintió a las palabras de Bill, esa era la mejor definición, era un escape—. También lo era para mí el alcohol, no era consciente de nada, por lo que nada podría llegar a atormentarme lo suficiente, creo que me sentía muy solo y que a nadie le importaba realmente lo que me pasara, pero estaba equivocado, cuando mi familia intervino, al principio no los entendía y recuerdo que me enfadé con ellos por días, porque no entendía y también porque tenía miedo de enfrentarme a mi problema, pero logré vencer ese miedo, tú también puedes hacerlo.
—Sí, creo que es miedo, me da miedo fallar y quedarme estancado —confesó con sinceridad Tom, manteniendo sus manos con fuerza sobre su casaca.
Al notar el miedo genuino que sentía Tom, Bill extendió su mano lo suficiente como para tocar una de sus manos, haciendo contacto físico con el contrario para brindarle seguridad.
—Yo puedo ayudarte con eso, a despejarte de tus miedos e inseguridades, pero es importante que pongas de tu parte —Bill le sonrió con levedad, acariciando su mano sin segundas intenciones.
El corazón de Tom comenzó a acelerarse al sentir el contacto del contrario, incluso si eran unas simples caricias en su mano, no recordaba la última vez que alguien tan siquiera lo había tocado por accidente, pero ahora era directo y con toda la intención, su cara ardía pero también se sintió inseguro de que ante la cercanía unas de sus cicatrices llegarán a ser visibles.
—Lo pensaré —seguía sintiéndose inseguro respecto al grupo, pero las palabras de Bill lograban convencerlo un poco, aún así se tomaría su tiempo para pensarlo, sobre todo tomando en cuenta de que las reuniones serían un excusa para ver a Bill más seguido.
Cuando terminaron el café, Bill decidió acompañarlo a su casa. Se subieron a su motocicleta, y Tom se puso un casco, apretando la cintura del moreno. Seguía pensando que había pasado mucho tiempo desde la última vez que estaba tan cerca de alguien, así sea sólo para movilizarlo.
Cuando lo dejó en su casa, Tom no pudo evitar sonreírle, aunque fuera una sonrisa pequeña, la cual Bill correspondió con una sonrisa grande, donde se veían todos sus dientes.
Los días siguientes, Tom estuvo en su misma rutina, de ir al trabajo, y al volver, hablando con Bill por mensajes, ya se había vuelto algo usual en su día a día, levantarse con un buenos días en su celular, y un deseo de que tuviera un lindo día. La verdad es que se sentía bonito, porque cada vez que iba a dormir también le deseaba buenas noches, y que durmiera bien, nadie había tenido esos detalles con él. Que le preguntara si había comido o algo, también se sentía bien, tomando incluso un aliciente para comer a sus horas.
Hasta que en las noches sentía la ansiedad, en el día era algo manejable, le temblaban las manos y sudaba en exceso, pero en la noche era peor… Sentía como si quisiera morirse.
Tom siempre le respondía a los mensajes de Bill, y cuando no le respondió a las buenas noches es que él se preocupó, como adivinando que le pasaba algo, así que lo llamó.
El de rastas sujetó el celular con manos temblorosas y contestó.
—¿Ho…la? —dijo Tom con la garganta apretada, sintiendo su corazón acelerado.
—¿Tom? ¿Estás bien? —preguntó preocupado Bill.
—No… —respondió Tom con dificultad.
—Iré para allá —masculló Bill con determinación, para luego colgar.
Tom seguía temblando en su cama, sintiéndose estremecer pero no de forma agradable. En ese momento no tenía sedantes en su casa, los había botado por el inodoro cuando se sintió envalentonado, pero sentía que necesitaba consumirlo en ese instante.
Cuando escuchó cómo tocaban la puerta con fuerza, es que fue casi arrastrándose a abrir la puerta, encontrando a Bill allí, con el cabello mojado por la lluvia, Tom se sentía mal por haberle hecho venir, aunque no se lo hubiera pedido.
Bill entró y vio cómo Tom corrió en dirección al baño, el de cabello oscuro lo siguió, sujetándole la rastas mientras Tom vomitaba.
—Vamos, suéltalo todo… Es normal, tranquilo, estoy aquí —tranquilizó Bill, y si bien Tom se sentía mal en ese instante, de todas formas valoraba el que no estuviera solo.
Cuando ya no tenía más que vaciar en su estómago, es que se lavó la boca y luego se echó la cama, temblando aún.
—Para las personas con autismo, cuando se siente sobreestimuladas, se suele dar un abrazo de contención, y eso les ayuda a sentirse mejor. En este caso puede servirte para este momento —comentó Bill, echado a su costado.
Tom asintió, y Bill lo apretó entre sus brazos. El de rastas sintió su corazón latir acelerado y cómo de algún modo su cuerpo se iba calmando al sentirse así de apretado. Hacia mucho tiempo que no lo abrazaban, así que de pronto sintió cómo las lágrimas salían de sus ojos sin poderlo evitar.
En ese momento tan difícil, el no saberse solo hacía que se apretase su corazón. El de rastas levantó su rostro, observando cómo lo veía Bill en ese instante, con algo muy parecido al amor, al cariño que sentía por él.
¿Cómo era posible que en tan poco tiempo hubieran formado aquello? Pasó de desear morirse a tener deseos de levantarse a diario para recibir un mensaje suyo. Bill lo soltó un rato para pasar sus dedos por sus mejillas, quitándole las lágrimas que adornaban sus mejillas.
—Tranquilo, yo estoy para ti —repitió Bill, volviendo a abrazarlo apretadamente.
Tom sorbió de su nariz al sentirse más tranquilo, permitiendo que Bill retirara cualquier rastro de lágrimas de su rostro, sus manos eran suaves y delicadas, y sus uñas estaban adornadas con esmalte negro. Pasó sus manos por el cuerpo del contrario aferrándose más a él, pues le reconfortaba mucho lo que le brindaba Bill con su cercanía.
Cercanía que se volvía cada vez más íntima con el pasar del tiempo, ninguno podía negar que sentía una atracción por el otro, sobre todo Tom, que se sentía nervioso por la cercanía que había entre ambos, pero no era cualquier tipo de nerviosismo, era del tipo que sientes al estar tan cerca de la persona que te gusta, en cierto modo, Tom se volvió a sentir como un estudiante de secundaria inexperto en relaciones, técnicamente lo era, por eso le costaba saber identificar cuando alguien le coqueteaba, pero incluso si era inseguro, pudo lograr sentir que era correspondido con esa misma tensión por Bill, que a comparación de él estaba mucho más tranquilo.
Bill volvió a abrazarlo, dejando la cabeza de Tom sobre su pecho y acarició su cabello, mirándolo con pequeñas caricias.
—¿Ya estás mucho más tranquilo? —preguntó, quería estar seguro de que Tom ya se sintiera mucho mejor.
—Ujum, sí, lo estoy un poco —respondió Tom, sin tener la más mínima intención de separarse de él, cosa que por supuesto Bill notó y no le molestaba, de hecho quería quedarse de esa forma.
Ambos se quedaron en silencio, observándose, apreciando cada detalle del rostro contrario, casi por un movimiento de instinto se acercaron lo suficiente como para juntar sus labios, dejando a flor de piel la atracción que sentían. Bill tomó el dominio del beso, guiando los labios de Tom de forma cariñosa.
El beso escaló rápidamente, saboreando la boca del otro mientras chocaban sus dientes torpemente. Bill hizo un movimiento haciendo que Tom quedara debajo de él, continuando con el beso hasta el momento en el sintieron que necesitaban aire, se separaron agitados mientras tomaban oxígeno.
Bill acarició el rostro de Tom, sonriendo levemente.
—Eres tan lindo, Tom —expresó antes de volver acercarse a los labios ajenos.
Tom se sonrojó ante el halago y correspondió al beso, pasando sus manos por el cuello de Bill para más profundidad; las manos de Bill no se quedaron quietas bajando por su cuerpo hasta llegar a su cintura y meter sus manos por debajo de su camisa para acariciar directamente su piel, momento en donde Tom se separó siendo consciente de que de ir más allá, Bill inevitablemente vería sus cortes, no quería causarle asco al contrario, así que lo alejó, desconcertando a Bill ante el cambio.
—¿Qué pasó? ¿Hice algo mal? —cuestionó Bill, pensando que había incomodado a Tom.
El de rastas se negó y se sentó sobre la cama, haciendo que Bill hiciera lo mismo.
—No, no es eso, es sólo que… —Tom mordió el interior de su mejilla y apretó de nuevo la manga de su camisa, que era lo suficientemente larga como para cubrir sus brazos.
Bill no pasaba por desapercibido eso y tomó la mano de Tom con la que apretaba la manga de su camisa, desde la primera vez que se vieron había notado ese detalle, por lo que sentía curiosidad de saber qué era lo que ocultaba Tom, pero tampoco quería terminar por incomodarlo.
—Puedes confiar en mí, Tom —mencionó Bill, apretando su mano sobre la de Tom.
—Lo de los sedantes no son lo único que hago —Tom se sinceró, apartando la mano de Bill y descubriendo levemente uno de sus brazos, sintiéndose nervioso de la reacción que pudiera tener Bill.
Pero la reacción o mejor dicho, el acto que tuvo Bill ante dejar al descubierto sus cortes lo dejó más confundido a Tom, pues Bill acarició sus cortes con la yema de sus dedos.
—¿No te da asco? —preguntó Tom desconcertado.
—No… Se sienten como tocar algo con relieve… La textura es interesante por decir lo menos —mencionó Bill, para luego verlo, siguiendo con esos toques en su brazo, y mirándole insinuante mientras lo hacía—. Nunca me he cortado, pero sé que al beber alcohol era como matarme a largo plazo. Y al ver tus cicatrices, sólo pienso en el sobreviviente que eres, de ti mismo. No me provocan rechazo, sino admiración porque demuestran que a pesar de todo lo que pasaste, sigues aquí, luchando contra ti mismo —agregó.
Tom sintió su corazón latir acelerado, la forma en la cual le estaba tocando era algo… Excitante, porque su piel era sensible, y al no ver rechazo en su expresión, empezaba a sentir cómo su miembro se endurecía, tragando saliva por los nervios. Nunca nadie le había tocado las cicatrices, las pocas personas que las habían visto simplemente sentían asco, y lo juzgaban, por eso él prefería mantenerlas ocultas.
Bill acercó su brazo a la altura de su rostro, para dejarle un beso en sus cicatrices, cosa que hizo que Tom no supiera cómo sentirse ni dónde ocultar su cabeza, sus mejillas se encendieron, luego vio que el moreno sacó la lengua para comenzar a delinear sus cicatrices, haciendo que el calor se concentrase aún más en dirección sur. Esto era lo más erótico que había visto en su vida real, porque si bien Tom leía fanfics de historias homoeróticas, y también había leído manhwas como BJ Alex, la verdad era que no había tenido nunca un contacto sexual con alguien, simplemente se masturbaba, y sabía que era gay, porque desde pequeño siempre le llamaron la atención los chicos, hecho que había provocado que sufriera bullying en el colegio.
Entonces en ese instante, Tom tenía su corazón latiendo acelerado, con la situación superándole por mucho.
Bill después de lamer sus heridas, es que le quitó la camiseta, para luego lanzarse a su cuello, comenzando a lamer toda la zona, dejando pequeños mordiscos.
—Si quieres parar sólo dímelo —susurró Bill contra su oído, para luego chupar el lóbulo de su oreja.
Tom gimió.
—Tomaré eso como un sí —masculló Bill contra su cuello, para luego chuparlo con un poco de fuerza, haciendo que Tom se aferrase a su espalda.
Bill siguió bajando con sus lamidas por su cuerpo, hasta encontrar sus pezones, sujetó uno de ellos con su boca, chupándolo con ahínco, y luego con la mano apretando el otro, empezó a pasar los dientes por el pedazo de carne, sintiéndolo cómo crecía en su boca. Tom no sabía qué hacer más que suspirar y gemir por las sensaciones tan abrumadoras que lo estaban invadiendo.
Bill dejó un camino de besos por su costillas, para luego hundir su lengua en su ombligo, todo esto sin dejar de verle con ojos felinos y Tom no sabía qué más hacer.
—¿Está bien que tome la iniciativa? Es que… Me dan muchas ganas de metértela, pero si no es lo tuyo puedo detenerme, sin embargo, cuando te quite los pantalones no podré hacerlo —manifestó Bill, sujetándolo por la cinturilla.
—Yo… Sí, sí quiero que lo hagas —respondió Tom con las mejillas demasiado calientes.
—¿Tienes lubricante? —preguntó Bill, y Tom asintió, sacando un tubo de su cajón, no lo tenía por tener sexo, sino porque le servía cuando se masturbaba.—Vaya, sí que estás preparado.
—De hecho… Soy virgen —confesó el de rastas.
Bill parpadeó confundido.
—¿Un chico como tú virgen? Pero… Mírate, tu cuerpo… Me grita “cómeme”, en realidad me sorprende demasiado que nadie te haya tocado antes —respondió Bill, con una expresión sorprendida.
Tom no sabía dónde esconderse en ese momento, nadie le había hablado de esa forma, ni mucho menos encontrado así de atractivo. Bill se quitó la camiseta, y pantalones junto con sus bóxers, dejando al descubierto su erección, el de rastas tragó saliva al ver que el tamaño de su virilidad era grande y grueso, ¿acaso podría entrarle todo eso?
Bill nuevamente se lanzó contra él, sacándole con premura los pantalones y dejándolo por completo desnudo.
—Eres tan hermoso… —halagó Bill, para luego acercar su rostro a su miembro, pasó la lengua tentativamente por encima, y cuando vio cómo Tom levantaba las caderas por inercia, es que sonrió, y se metió la cabeza a la boca, viendo cómo el de rastas boqueaba y se aferraba a sus cabellos.
Tom nunca había sentido nada parecido, la forma en la cual lo succionaba, y la calidez que le brindaba eran sensaciones de otro planeta… Empezó a salivar cuando sintió cómo Bill ahuqueaba las mejillas para chuparlo con más fuerza, se vendría vertiginosamente rápido si seguía con ese ritmo, pero Bill no daba ninguna señal de querer parar.
En verdad la forma en que Bill lo miraba era como si se lo estuviera comiendo… Lo miraba con tanta lujuria, lleno de deseo, y la forma en que se lo tragaba era con gula. Bill era el deseo personificado, y la forma en la cual sus dedos acariciaban su base, viendo cómo contrastaban con sus uñas negras… Sentía que valía la pena vivir simplemente para repetir esa imagen en su mente una y otra vez.
Bill lo absorbió con más fuerza, hasta que Tom sintió un tirón en sus testículos, corriéndose profusamente en la boca del moreno, el cual en vez de escupir, se tragó toda su esencia.
—Esto sólo es el comienzo —advirtió Bill con ojos felinos, limpiándose con los dedos los restos de semen de la comisura de sus labios.
Antes de que Tom pudiera decir algo, el moreno lo volteó en la cama, el de rastas se sintió confundido hasta que gimió sonoramente cuando Bill separó sus nalgas y se hundió entre ellas.
Su lengua… La sensación de su lengua pasándose por su esfínter era la puta gloria, sentía cómo su erección iba creciendo contra la cama nuevamente. La forma que Bill lo chupaba, hacía que una electricidad recorriera su columna vertebral.
Tom apuñuscó las sábanas, disfrutando cómo Bill le pasaba la lengua por su interior, simulando una penetración, haciendo que su miembro comenzara a soltar preseminal. Si eso era su lengua… ¿Cómo se sentiría tenerlo dentro?
Levantó su cadera en busca de más contacto, deseoso de sentir más de Bill, cosa que le causó gracia al moreno probando más de Tom, hasta que estuvo seguro de que podría recibirlo.—Estás tan ansioso —comentó Bill, dándole nuevamente la vuelta para poder tenerlo cara a cara.
Tom pareció perder por unos instante su timidez tomando a Bill de su rostro para atacar sus labios en un beso exasperado, beso que por supuesto fue correspondido por Bill que siguió su ritmo mientras lo apretaba de su cintura, frotando sus cuerpos simultáneamente.
Claramente ambos querían ir más allá, por lo que Bill terminó separándose al cabo de unos segundos, tomando de nuevo el tubo de lubricante y vertiendo un poco en su mano, para luego masturbarse, dándole un escena demasiado obscena a Tom, que sólo se limitó a tragar pesadamente, pensando en si lo que estaba viviendo en ese momento era alguna clase de sueño húmedo pero cada momento se sentía aún más real que el otro.
Bill se posicionó entremedio de sus piernas, colocándolas alrededor de su cintura y le dirigió la mirada a Tom.
—¿Quieres que entre ya? —preguntó.
Tom relamió sus labios y asintió exhaustivamente.
—Sí, por favor —el deseo se miraba en sus pupilas dilatadas, el deseo de sentirlo tan cerca como fuera humanamente posible.
Bill asintió a sus palabras y comenzó a empujarse en su interior, provocando que a Tom se le erizaran los vellos del cuerpo, por supuesto que masturbarse o incluso tener una lengua en su interior no era lo mismo que tener un miembro.
Trató de no tensarse mientras Bill entraba en su interior, pero comenzaba a sentirse nervioso, sin embargo, encontraba seguridad en el trato de Bill, que era suave y casi hasta tan delicado con él como si fuera de cristal.
En cuanto estuvo por completo en su interior se quedaron quietos, esperando que tanto Tom como Bill se acostumbraron a la sensación del otro.
A pesar de que no era la primera vez de Bill, esto era muy diferente, Tom lo hacía sentir distinto, acariciaba su cuerpo con fervor y ternura sintiendo sus cuerpos unidos, siendo uno, experimentando una conexión inexplicable pero fuerte para ambos.
Bill depositó besos alrededor del rostro de Tom, besos que eran dulces pero al mismo tiempo ardientes. Inició a moverse al cabo de unos minutos, empujándose con fervor en el interior del contrario.
Tom deslizó sus manos por la espalda de Bill aferrándose a ella con sus pequeñas uñas, experimentando por primera vez lo que era hacer el amor, si así se le podría llamar, tampoco quería decir que estaban teniendo simple sexo, lo que hacían iba más lejos de eso, pero no lo sabía, quizás era muy pronto para saberlo. Se sentía lleno de una forma literal y metafórica, de forma positiva. Besaba a Bill en cada oportunidad que tenía, saboreando cada rincón de su boca mientras sentía la punta de su pene chocar con su próstata, causándole un placer nuevo e indescriptible para él.
Envolvió sus piernas alrededor de la cintura del pelinegro, juntando sus cuerpos aún más de lo que ya lo estaban, no queriendo perderse ningún centímetro de su cuerpo, que ya tenia una fina capa de sudor, que eso mezclado con su cabello ligeramente húmedo, le daba un aspecto demasiado atractivo, Tom simplemente no podía creer que tuviera a un hombre como él en ese momento, después de sentirse miserable de tanto tiempo, de cierta forma ahora se sentía querido y apreciado.
Bill envolvió el miembro de Tom con su mano, comenzando a hacer movimientos de arriba a abajo para hacerlo venir, cosa que consiguió pronto pues Tom estaba muy sensible y excitado, que cualquier tocamiento lo hacía estremecer por más mínimo que este fuera.
Cuando Tom tuvo su primer orgasmo, apretó su interior, dando una sensación deliciosa al miembro de Bill, ambos gemían y jadeaban despreocupadamente, poco les interesaba si alguien podría llegar a escucharlos, ese era su momento.
Bill continuó con embestidas certeras en aquel punto sensible, tomó la cadera de Tom moviéndolo de igual forma al ritmo de sus estocadas. Tom sentía que tendría un segundo orgasmo pronto, se encontraba tan sensible que sus ojos estaban ligeramente lagrimeantes, pero no porque se encontraba triste, sino por placer.
Ambos gimieron al unísono cuando llegaron a su tan ansiado orgasmo, Bill se vino en su interior, llenándolo con su semilla caliente y espesa, sensación nueva para Tom, pero que también fue disfrutable para él. Bill fue bajando el ritmo de sus embestidas, debido al cansancio hasta el punto en donde se detuvo, manteniéndose dentro de Tom.
—Voy a salir ahora —avisó Bill, ladeando su cabeza, alejándose un poco del cuerpo ajeno para salir, soltando un poco de su esencia del interior de Tom, dándole una imagen demasiado pornográfica de eso.
—Bill —le llamó, obteniendo la atención del contrario de inmediato. —¿Podemos quedarnos abrazados un rato más? —pidió Tom tímidamente.
Esa petición le pareció demasiado tierna a Bill, y al mismo tiempo un poco graciosa, supo identificar que Tom era de los que quieren mimos después de terminar, así que se acomodó a su lado y volvió a envolverlo en sus brazos, ahora sintiéndose piel a piel y sólo con una sábana que los cubría a ambos.
Tom pudo descansar como no lo había hecho en mucho tiempo, sintiéndose protegido entre sus brazos y con su aroma siendo como una esencia tranquilizadora…
Cuando despertó, tenía aún el brazo de Bill sobre su cintura y se sonrojó frente a ello, aún sus cuerpos estaban desnudos, podía sentir la piel caliente del muchacho debajo de la sábana, rozando su cuerpo, y su respiración calmada contra su nuca. Aquello hizo que el de rastas sonriera, sintiendo un calorcillo en su pecho. ¿Sería mucho pensar que ellos ya estaban en una relación? Aún se sentía un poco inseguro al respecto, porque tal vez… Podría ser que Bill solamente haya querido tener sexo con él y nada más. La ansiedad comenzó a instalarse en su sistema, y de pronto se sintió sofocado en el abrazo del moreno. Se intentó quitar el brazo de Bill de encima para mojarse la cara en el baño, sin embargo, el joven entre sueños lo apretó más contra él, presionando su entrepierna, que estaba dura contra sus nalgas, y Tom gimió al sentir aquello.
—Uhmn —escuchó que hablaba entre sueños Bill, sobando su miembro contra sus nalgas, ¿estaría teniendo una fantasía con él? Porque su cuerpo estaba empezando a reaccionar.
—Bill… —gimió Tom, no sabía si ceder a sus impulsos en ese momento. Ni siquiera tenía claro si el moreno quería algo más que una amistad.
El chico detuvo sus movimientos. —Oh, perdón, estaba dormido —se disculpó Bill, soltándolo.
Tom se giró a verle.
—Buenos días —masculló Tom, un tanto tímido.
—Muy buenos días —respondió Bill, para luego dejarle un beso corto en los labios, sin profundizar porque no se había lavado la boca.
—Yo… Agradezco lo que hicimos ayer —empezó a decir Tom.
—No tienes que agradecer, no fue un favor, fue un placer —comentó Bill, acariciándole el rostro.
—Pero… ¿Sólo querías eso? —preguntó inseguro Tom.
—¿Qué? ¡No! Yo mantengo mi palabra, estaré ahí para ti, para todo lo que necesites, y cuando estés listo iremos juntos a las reuniones. En realidad lo que pasó ayer no fue algo planeado, pero… Tengo que admitir que lo disfruté mucho. Desde que te vi me llamaste la atención, eres un chico muy guapo, y me gusta hablar contigo. Tal vez sea algo pronto, pero quisiera que salgamos como algo más que amigos —pidió Bill, pasando su pulgar por sus labios llenos.
—Yo… No he tenido un novio antes, no sé cómo se hace, pero… Sí, sí, mil veces sí —farfulló Tom, sintiendo cómo su corazón latía acelerado, Bill no lo había utilizado, realmente quería estar con él. El moreno le sonrió y volvió a besarlo.
—Mira, tengo que lavarme para besarte bien y no sólo darte picos, porque en serio no me canso de tus labios. Son tan sensuales… Y ese piercing, joder, realmente eres maravilloso —halagó Bill y Tom tuvo que contener el gemido que quería soltar, porque al hablar de piercing recordó la sensación del metal contra su miembro, la perforación en la lengua de Bill era algo que debería ser ilegal de lo sexy que era.
—Sí, yo también tengo que asearme para ir a trabajar —expresó Tom.
—Uhmn, entonces tal vez deba ir contigo, ya sabes, para ahorrar agua —ofreció Bill con ojos insinuantes, alzando las cejas. Tom se sonrojó nuevamente, pero terminó accediendo, por lo que ambos se metieron en la ducha, lavándose los dientes para luego besarse y tocarse con el agua recorriéndoles el cuerpo.
Tom sintió su orgasmo llegándole de lleno mientras Bill se corría en su interior. El de rastas sintió sus piernas flaquear, y más aún cuando Bill se salió, dejándole un montón de besos en la nuca.
—Te llevaré al trabajo —avisó Bill contra su oído, para luego morderle el lóbulo de la oreja.
Terminaron de bañarse y se vistieron.
Tom apretó fuertemente a Bill en la motocicleta, y cuando llegaron, sus compañeras se quedaron mirando sorprendidas al ver a su acompañante, Bill como adivinando aquello, tomó a Tom por la cintura y lo besó frente al supermercado, para luego apretarle el trasero, consiguiendo que el rastas se sonrojara por completo.
—Me avisas cualquier cosa, ¿está bien? Cuídate mucho, te invitaré a comer uno de estos días —mencionó Bill, para luego guiñarle un ojo.
Tom entró con las mejillas teñidas de rojo a su trabajo.
—Vaya, Kaulitz, realmente qué buen espécimen encontraste —comentó Brenda, otra de las cajeras—. Tan calladito que te veías…
—Ay, Brenda, pero si el muchacho es guapo, es evidente que tendría pareja —acotó Lois—. Pero ya no lo molestes, pobrecito, está todo rojo.
El de rastas agradeció que su otra compañera de trabajo hubiera intervenido y se concentró en su labor. Aunque no podía quitarse de la cabeza a Bill.
…
Los día seguían pasando, y Bill se había vuelto una constante en su vida, muchas veces iba a verlo, ayudándolo con sus crisis de abstinencia, o simplemente yendo a ver una película junto con una pizza, también había salido a comer, por lo que Tom manejaba mucho mejor la depresión que sentía, y el distraerse ayudaba mucho. De algún modo enfermizo, sentía que ahora la ansiedad que tenía por los sedantes o cortarse la enfocaba en Bill… Con pensar en besarlo, en tocarlo, por ello a pesar de que antes era virgen, su vida sexual era muy activa ahora, incluso tomando la iniciativa muchas veces, llegándole a hacerle un oral a Bill, lo cual había disfrutado en demasía, incluso disfrutando con beberse su venida, porque sabía a Bill… Y eso le encantaba.
—¿Crees que ya sea tiempo de que vayas a las reuniones? —preguntó Bill luego de hacer el amor con Tom, acariciándole el rostro.
Tom estuvo un poco dubitativo, porque Bill sabía de sus problemas, ya se había abierto más con él y le había contado todas sus inseguridades. Pero… ¿Sería capaz de hacerlo con alguien más?
Miró al moreno, no lo estaba presionando, pero sabía que Tom necesitaba más apoyo, porque si bien estaba Bill con él en sus crisis, sabía que sería más fácil al estar junto al resto.
—Creo que sí iré —confesó Tom luego de un rato. Bill lo besó, sintiéndose muy orgulloso de que hubiera tomado esa decisión.
—Vas a ver que podremos con todo juntos —aseguró el moreno, acarciándole las mejillas.
A pesar de que tenía poco tiempo de conocerle, Tom se había ganado un espacio en el corazón de Bill, el cual no se caracterizaba por ser bueno en las relaciones, ya que cuando se la pasaba bebiendo se acostaba con cualquiera sin siquiera recordar su nombre. Pero… Para él también era un nuevo comienzo, porque la inocencia del de rastas le hacía sentir la necesidad de protegerlo y nunca fallarle, quería ser un mejor hombre de lo que había sido, y quería ayudarle, para que no volviera a pensar en morir, así que sentía feliz de tenerlo en su vida.
Bill se estaba enamorando de Tom, y Tom… Él ya estaba enamorado del moreno, con mucha intensidad, porque era su primer amor, y lo trataba de tal forma que lo hacía sentir único en todo el mundo, que merecía ser amado, que era deseado, y eso le ayudaba mucho a sentir ganas de vivir, también a su autoestima, ya que el de rastas nunca pensó en encontrar alguien que lo quisiera, que lo aceptara cómo era, siempre había recibido rechazo por ser gay, o por sus cortes, incluso se burlaban de sus rastas, diciéndole que eran sucias, pero… Bill no, él lo hacía sentir valioso, y realmente empezaba a pensar que tendría la oportunidad de tener lo que el resto, una vida feliz.