La venganza del Muñeco (Toll)

Summary

Escrito con Namyukaulitz. Extra de Muñeco. Bill no puede con sus celos... Por lo que cuando ve a Tom con alguien más se desconoce, al punto de despertar una faceta que no reconoció en sí mismo... Decidiendo vengarse de su amo, enseñándole que Tom también podía ser un muñeco...

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n/a
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18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom apuró el vaso con alcohol, sintiéndolo quemar su garganta, pero por más que escocía no se quejaba, él mismo era consciente de que le gustaba ese dolor. Miró de reojo a Bill hablando con Ricky, y frunció el ceño, no le gustaba la cercanía entre ambos, y él lo sabía muy bien, tal vez debería darle una dosis de su propia medicina, alterándolo al verlo con alguien más. Miró a su alrededor hasta fijarse en la cabeza rubia platinada, sonriendo de medio lado, acorralando al más delgado, el cual le ofreció una sonrisa coqueta.

—¿Qué pasa, Capitán? ¿Por fin te acordaste de tus encadenados? —masculló Andreas.

Tom movió su piercing en el labio, presionándolo más con las caderas, pero viendo de reojo los ojos maquillados y felinos que si fueran dagas, estarían atravesándolo.

Andreas se relamió los labios, tragando saliva un poco nervioso, hacia mucho tiempo que Tom no lo buscaba, al menos no desde que tenía al moreno encima, el jodido muñeco de porcelana que no permitía que nadie toque, entonces le sorprendía que estuviera encimoso con él.

Bill miraba la escena con furia en su organismo, su estúpido hermano estaba casi encima de Andreas, el cual al fijarse que los veía, lo miró con prensución. Le vinieron unas ganas fuertes de rascarse las muñecas. Sin embargo, no sería capaz de hacerlo en ese momento, a vista y paciencia de todo el mundo.

—¿Quieres un vaso? —ofreció Ricky, y él lo aceptó, tomándoselo de una sola, casi lo escupe por el pésimo sabor, pero tragó en silencio.—Vaya, vaya, pero si no es agua…

El mareo fue inmediato, pero el ardor se asemejaba a los cortes que se hacía, salvo que eran en su garganta, por lo que se volvió a servir más trago, bebiendo más como si no hubiera un mañana.

Observaba con el estómago revuelto, como Tom le susurraba a Andreas, casi encima de los labios, y lo detestaba tanto. ¿Por qué Tom lo torturaba de esa forma? ¿Por qué le seguía dando oportunidades si era más que obvio que él sólo quería lastimarlo de todas las formas posibles?

Vio cómo es que Tom también tomaba, mientras le sonreía al rubio, y luego por momentos, conectaban ambas miradas idénticas, la de Bill con furia y la de Tom algo distinto, como si lo viera como un juego… Pero había fuego en los ojos de Bill y el de rastas podría quemarse.

Bill, desconociéndose, se acercó a querer golpear a Andreas.

—Hey, hey… Muñeco, ¿qué haces? —preguntó Tom, tomándolo por los brazos para detenerlo.

—¡Suéltame! —exigió Bill, totalmente embravecido.

—Controla a tu puta o la dejaré calva —se quejó Andreas, y Tom le dio una mirada de advertencia—. Perdón, Capitán.

—Mi muñeco está algo cansado, así que iremos a casa… Suficiente por una noche —comentó Tom, casi llevándolo a rastras fuera de la fiesta.

—¡Por una mierda, Tom, suéltame, carajo! —exigió Bill, arrastrando las palabras, hasta que llegaron a la casa del de rastas, y lo soltó.

—¿Qué te pasa, Muñeco? ¿Por qué tan exaltado? —farfulló con sorna Tom, sonriéndole.

—¡Y todavía lo preguntas, pedazo de mierda! —exclamó Bill, sujetándolo por la camiseta y presionándolo contra la pared, Tom se sorprendió de la fuerza que tenía el usualmente pusilánime de su gemelo.

—Pero bájale a tu intensidad… ¿Acaso estás celoso? —inquirió Tom con una sonrisa, disfrutando internamente esa faceta posesiva de su gemelo.

—Tienes el descaro de decirlo… Luego de que casi besas al estúpido de Andreas —espetó Bill, presionándolo más contra la pared.

—Tú la llevas pero no la soportas de regreso…—farfulló Tom, viéndole retador.

Bill frunció el ceño, sintiéndose desorientado.

—¿De qué estás hablando? —preguntó el moreno.

—Tú con Ricky —escupió las palabras—. Ella es lesbiana pero tú eres tan maricón que podrías ser su mujer —agregó con una mueca.

Bill acentuó su ceño fruncido.

—Así que estabas buscando vengarte de mí… Porque te dio celos verme con alguien más —musitó Bill.

—Yo no tengo celos de ti… —espetó Tom.

—Pues mira, ya tienes mi atención. Tienes la atención del maricón que parece niña. Y te voy a demostrar de qué está hecha esta niña —susurró contra su oído, consiguiendo que su piel se erizara.

—¿Qué es lo que haces, Muñeco? ¿Quieres hacerme cosquillas? —se burló Tom, aunque le atribuía al alcohol el que aquella situación lo estuviera calentando.

El de rastas empujó al moreno, y él lo miró con furia, para luego arremeter contra Tom, poniéndolo encima de la mesa.

—¿Qué mierda haces? —inquirió Tom, dándose cuenta que nunca había visto tan enojado y agresivo a Bill.

—Voy a demostrarte quién manda aquí, Muñeco —soltó con furia mientras comenzaba a besar su cuello, buscando dejarle marcas para reafirmar que Tom le pertenecía, para que todos los que lo vieran supieran quién le había hecho esos moratones.

Tom le atribuía al alcohol el hecho de que sintiera cómo su miembro se estaba levantando bajo su ropa, y también el continuo contacto con Bill, el cual presionaba su propia erección contra su cuerpo. La mesa cedió por la fuerza y sus pesos, ambos cayendo sobre ella, sin embargo, no hicieron nada para levantarse de ahí.

Su cuerpo reaccionaba en contra de su voluntad, pero no podía tampoco negar que le gustaba, demasiado, la agresividad de Bill, pero cuando este mismo comenzó a descender con sus manos hasta su trasero, se dio cuenta de hacia donde iba su gemelo, frunciendo el ceño de inmediato en disgusto y no dudó en empujarlo.—¿Qué mierdas estás pensando? —preguntó Tom, intentando levantarse del suelo pero fallando en el intento debido a que deslizó con un el mantel de la mesa, que ahora está rota.A pesar del fuerte empujón que Tom le había proporcionado, Bill sonrió ante su pregunta, de una forma que Tom sólo pudo catalogar como burlesca y cínica.—¿Te asustaste por una simple caricia en el culo? —soltó una risilla, acercándose a él de nuevo.—Si estás pensando en lo que creo, desde ya te digo, vete a la mierda, no lo vas a lograr —dijo Tom, agresivo, pero su agresividad no parecía asustar a Bill, que en otro caso ya se hubiera alejado de él.Se miraron de forma desafiante, Tom esperaba que Bill fuera un cobarde como siempre, un marica que ante la confrontacion retrocedía con la cola entre las patas, pero esta vez era distinto.Tom quiso hablar de nuevo, para volverlo a mandar a la mierda pero cuando entreabrió sus labios, Bill lo tomó con brusquedad del mentón, apretando su agarre a este y jalándolo hacia a él, cosa que lo sorprendió.—No, Tom, esta vez no —susurró al tenerlo tan cerca de su rostro y se empujó en sus labios, besándolo de forma húmeda, obligándolo a abrir su boca.—¡Uhm! —se quejó Tom al sentir la invasiva lengua de su gemelo en su boca. “¿Pero que se cree este?”, pensó, puso sus manos sobre sus hombros con la intención de empujarlo de nuevo, pero esta vez lo suficientemente fuerte como para lograr que llegara a pies de alguno de los muebles que los rodeaban.Bill supo adivinar lo que quería hacer Tom, cosa que evitó acostándolo de forma abrupta sobre el suelo, con tanta fuerza que el golpe de la espalda hizo ruido sobre la madera vieja del suelo. Y empujó su cuerpo sobre el de Tom, abriéndose espacio entre sus piernas, por más que el contrario intentó cerrarlas con fuerza.Una escena digna de ver, al capitán siendo dominado e intimidado por su muñeco, intentando inútilmente mantener sus piernas cerradas con sus fuerzas, simplemente no quería darle ese camino. Así que luchó, hasta que Bill logró meterse en sus piernas, no entendía cómo era que Bill tenía la fuerza suficiente para lograr inmovilizarlo debajo de él, quizás era el alcohol que lo hacía ser débil a Tom o simplemente era la fuerza real que tenía Bill pero que por cobarde no tenía los huevos de mostrar, de cualquier forma, no quería eso, su ego no se lo podría permitir, ser dominado por otro hombre, simplemente impensable.—¡Déjame o te daré una patada en el culo de la que te vas a acordar; Bill! —forcejeó, pero Bill tomó sus muñecas con ambas manos, evitando que pudiera zafarse de su agarre.—Dime, Tom. —Bill seguía con ese tono de burla en sus palabras, que sólo hacía irritar más a Tom, no podía permitir que se burlara de él y más de esa forma. —¿Por qué te asusta tanto la idea de que te domine? —interrogó, como si ya antes Tom no le hubiera dado respuesta a esa incógnita.Tom se quedó en silencio, con los labios torcidos. Quería golpearlo, tenía ganas de golpearlo y tirarlo a la calle.—Responde —exigió Bill, apretando sus muñecas con fuerza, al grado que comenzaba tornarse rojiza la piel.—No tengo porque responderte algo que ya te dije —el agarre de Bill comenzó a lastimarlo. —¡Maldita sea, Bill, suéltame carajo! —intentó soltarse de su agarre, pero Bill clavó sobre sus uñas sobre su piel, qué mierda, dolió.Ante la negativa de Tom, Bill comenzaba a aburrirse, aunque la idea de molestar a su gemelo con sus burlas le gustaba, pero empezaba a hartarse y hablando sabía que no llegaría a nada, más que a sólo recibir amenazas de golpes e insultos. Decidió que no perdería el tiempo con más palabrerío e iría al grano, de la misma forma en la que lo hacía Tom con él.Le hizo dar la vuelta, poniéndolo boca abajo sobre el suelo, provocando que por el movimiento brusco Tom golpeara su rostro con el suelo, poco le importó, lo inmovilizó de la misma manera en la que los policías inmovilizan a un delincuente, poniendo sus manos detrás de su espalda, evitando cuando cualquier oportunidad de defenderse. Se retiró su propio cinturón, mismo con el que esposó a Tom de forma improvisada, teniéndolo ahora totalmente a su merced ahora que estaba con las manos atadas.—¡Hijo de puta, te juro que cuando me suelte…! —amenazó, sintiendo como sangre comenzaba a deslizarse por su nariz debido al golpe que había dado su rostro contra el piso. —¡Te juro, Bill, que te vas a arrepentir por esto!… ¡No, no, no! —no terminó de amenazar cuando sintió como su gemelo comenzaba a bajar sus pantalones junto a su ropa interior, era claro que iba a desnudarlo aprovechando que no podía defenderse.Bill se inclinó sobre él, y le metió invasivamente sus dedos en su boca, para que los lamiera, cosa que por supuesto Tom se negó a hacer, apartando su rostro, pero Bill empujó sus dedos en su boca, hasta el fondo casi haciendo que se atragantara.—Lámelos —ordenó Bill con un semblante serio, pero que en sus ojos se notaba que disfrutaba eso.Tom ni siquiera podía hablar al tener los dedos en su boca, dedos que al cabo de unos minutos Bill sacó de su boca, de la misma forma en que los metió.—¡Bill, maldito hijo de perra! —expresó Tom, intentando darse la vuelta con todas sus fuerzas, sabía para qué era que Bill iba a usar esos dedos.Bill no se molestó en escuchar, sus súplicas o insultos no tenían valor alguno, y dirigió ambos dedos a la entrada del contrario, jugando con el exterior.—Sabes, a comparación de ti, no voy a ser tan insensible, pienso lubricar bien —informó con suavidad y tranquilidad.Esas palabras, más el tacto de sus dedos tan cerca de aquella área que le había prohibido desde un principio, hizo estremecer a Tom, Bill iba en serio, al darse cuenta de eso cambió su estrategia.—¡Bill, por favor, no, Bill! —rogó, esperando que así pudiera hacerlo retroceder, cosa que no ocurrió. —¡Por favor, termina con esto, lo de golpearte no iba en serio, Bill, por un carajo, escuchame!El nombrado se rió ligeramente, y amenazó con deslizar un dedo en su interior, cosa que aterró aún más al de rastras.—Es tierno verte rogar —admitió Bill, cerca de su rostro y depositó un efímero beso sobre la mejilla de Tom, acto seguido y sin aviso alguno, introdujo un dedo, provocando un gemido que más que ser de placer o dolor, era de sorpresa.Tom mordió con fuerza su labio interior e hundiendo su cara contra el piso, ese sólo era el principio de su tan temida sodomización. —Patalea, grita, amenaza, retuércete como un gusano miedoso a punto de ser utilizado como carnada, no me importa, es tu turno de ser el muñeco, así que llámame amo —no se lo estaba pidiendo, se lo estaba ordenando con una seriedad en la voz que nunca le había escuchado a Bill.Introdujo un segundo dedo, en cuanto Bill consideró que Tom ya se había “acostumbrado” a tener algo adentro, buscando su próstata, hasta dar con ella, lo supo cuando Tom dejó escapar otro gemido en bajo, que claramente no se podía comparar con otra cosa, que no fuera por placer y el hecho de que cuerpo tembló ante el tacto ahí, repitiendo el movimiento un par de veces más.Tom se mantenía en silencio, o al menos lo trataba, maldiciéndose a sí mismo y sobre todo a Bill, por haber comenzado a sentir placer, sentía como su orgullo varonil comenzaba a quebrantarse. Instintivamente a eso, levantó su cadera en busca de más contacto en esa misma zona, tenía todo un conflicto consigo mismo en ese momento, por un lado lo estaba disfrutando, de cierta forma el ser sometido, pero por otra su orgullo y ego estaban rotos, nunca había permitido que alguien tan siquiera se acercara ahí, era humillante y vergonzoso para él.Su orgullo totalmente herido y ese nuevo placer, lo hicieron comenzar a lagrimear, no sabía si era por dolor, dolor de perder su orgullo o por placer, se sentía como una patética prostituta, quería que Bill lo tocara más, le acariciara más la próstata.—Bill… —masculló en bajo, con la voz avergonzada y quebrada.Al escuchar su voz así, Bill pensó en detenerse, al darse cuenta de lo mucho que eso había herido el ego de Tom, quería someterlo pero tampoco quería ser igual que Tom cuando los roles están invertidos, pero se sorprendió al escuchar lo siguiente salir de los labios de su gemelo.—Bill… Amo, tócame más, por favor —musitó Tom, contra todo pronóstico, dejando que aquellas palabras lo humillaran, pero… Sería más frustrante no encontrar la culminación a ese placer que estaba sintiendo.

Podía atribuírselo al alcohol, para que su ego no se sintiera afectado… Porque nunca llamaría de esa forma a Bill estando sobrio, podría incluso perder un brazo con tal de no llamarlo de esa manera.

—Oh… Quién lo diría, que el Capitán ahora me llama “amo”... Tal vez el alcohol despierta ese “muñeco” que hay en ti, ¿verdad? —inquirió Bill, curvando los dedos lo suficiente como para dar con su próstata otra vez, consiguiendo que Tom se arqueara bajo suyo, y sonriera con suficiencia—. Así que no vas a decir nada más, ¿eh, Muñeco? —instó sacándolos y volviéndolos a meter, se había masturbado muchas veces así pensando en él, así que tenía la certeza de dónde tocar para poder derretirlo, tal y como lo estaba haciendo ahora.

Ya le importaba una mierda que Tom fuera un lobo y perdería su esencia salvaje… En este punto sólo tenía ganas de domesticarlo para que aprendiera a comportarse y nunca más buscar cambiarlo, porque se había desconocido al verlo con alguien más, despertando algo en su interior que no sabía que poseía, pero se las cobraría todas, todas las veces en que Tom había sido un mal amo… Todas las veces que había sido tan brusco con él, y no había pensando en sus sentimientos… Para ese punto tenía sed de venganza. Pero sentía que la mayor satisfacción que tenía era escucharlo gemir y retorcerse por el placer, no como esa vez que intentó forzarlo a ser el activo, cuando ni siquiera se le paraba el pene, no, podía jurar que en este punto su gemelo tenía una erección contra su vientre.

Bill decidió que sería más generoso, por lo que metió otro dedo, escupiendo en su trasero, consiguiendo que resbalase un poco al ingresar, pudo escuchar con claridad cómo Tom gemía de una forma profunda, probablemente se estaría mordiendo los labios porque el sonido salía amortiguado.

—¿Quieres más, Muñeco? Sólo tienes que pedirlo y te lo daré —masculló Bill, abriendo sus dedos como tijeras, ensanchándolo más, se sorprendía lo bien que estaba cooperando en esta situación Tom.

—Sí… —soltó acezado Tom, preso de sus deseos, en ese punto no le interesaba nada que no fueran aquellos dedos ignominiosos metidos en su trasero.

“Puto Bill, si tan sólo no lo hiciera tan bien…”, caviló Tom, pero Bill dejó de mover sus dedos.

—¿Por qué paras? —preguntó alarmado Tom.

—Porque no me estás hablando correctamente, Muñeco —espetó Bill, apretando más la correa que tenía atrapadas sus manos.

Tom gruñó, maldiciendo entre dientes toda la parafernalia que estaba haciendo Bill, aunque no podía negar que tenía una dosis de excitación al saber que podía ceder el control alguna vez.

—Oh, mi gran amo, ¿puede metérmela de una vez? —chanceó Tom.

—Ah, estás con ganas de ponerte retador… Bueno, veremos qué tanto puedes soportarlo, Muñeco —farfulló Bill, pasando su miembro por entre sus nalgas, sintiendo el calor que emanaba de allí.

Tom se tensó, realmente temiendo por lo que iba a pasar, porque una cosa eran dedos, que sí, se sentían ricos porque Bill lo sabía mover bien, sin embargo, había sido lo suficientemente observador como para notar que el miembro de Bill era un poco más grande que el suyo propio, y él jamás pensó perder la virginidad trasera. Tragó saliva con dureza, sin embargo, cuando Bill presionaba más contra su hendidura, es que se dio cuenta que esto ya no era un juego. Antes de poder replicar nuevamente sintió cómo Bill entraba por completo dentro suyo, boqueó, sintiéndose perder el aire en sus pulmones. Dolía como los mil demonios… Escocía, y ardía tener algo gordo atravesándolo, iba a removerse con violencia cuando sintió los labios de Bill contra su nuca, besándolo, dejando lamidas en aquella zona erógena que lo estaban haciendo estremecer, y sin querer, haciendo que se relajara, soltando más los esfínteres de su trasero, y haciendo que su virilidad nuevamente latiera interesada.

—Relájate, Muñeco… Si lo haces, más rápido podrás disfrutarlo, te lo aseguro —susurró Bill contra su oído, para luego morder el lóbulo de su oreja, y después succionarlo, haciendo que Tom soltara un gemido poco digno.

“Puta madre, me está encendiendo este hijo de perra”, pensó Tom, al sentir cómo Bill se ceñía contra su cuerpo… Podía percibir cómo latía su miembro en su interior, y, sin avisar, se salió.

—¡Carajo! —gritó Tom, pero Bill movió a metérsela, esta vez buscando el mismo ángulo que con sus dedos, que, básicamente de milagro, le atestó, por lo que Tom gimió sonoramente.

—¿Rico, verdad, mi lindo Muñeco? —farfulló Bill, para luego pasarle la lengua por el cuello.

También todo esto era nuevo para él, se sentía delicioso cómo apretaba Tom, pero no quería correrse tan rápido, por lo que tenía que aguantarse las ganas, así que quería concentrarse en hacer sentir tan bien a Tom que le rogara porque lo volviera a hacer.

Tom tuvo que poner los ojos en blanco cuando sintió cómo Bill salía y volvía a entrar, con movimientos torpes pero certeros, y le estaba dando ese maldito lugar que lo hacía ver estrellas. Empujó su trasero para más profundidad, y se sentía su ego tan hecho mierda, pero el placer que tenía era indescriptible, la sensación de tener un miembro caliente, abriéndose paso en su interior, y cómo este pulsaba y le seguía estimulando…

El dolor todavía estaba presente, sin embargo, el deseo que se anidaba en su vientre era mayor, y ni siquiera le estaba tocando el pene. ¿Qué mierda era esto? ¿Acaso el jodido mundo estaba al revés?

Conforme Bill avanzaba con sus movimientos, más se daba cuenta como Tom lo disfrutaba más, y básicamente cedía ante el placer nuevo que le estaba proporcionando, pero continuaba con la cabeza agachada y tratando de mantenerse en silencio, aunque se le escapase uno que otro gemido y suspiro, como si recibir placer de esa forma fuera motivo de castigo.Tom no podía sentirse más derrotado, ni siquiera podía masturbarse a sí mismo debido a que sus manos estaban atadas, a total sumisión, una gran parte de él seguía luchando por negarse a vencer tan fácil, pero su cuerpo decía otra cosa.Bill se cansó de tenerlo de espaldas, quería ver cara a cara su rostro mientras lo penetraba, así que salió de él para darle la vuelta, no sin antes ajustar más la atadura de sus muñecas. Al ver su rostro de frente se encontró con una escena, que incluso con todo el alcohol que tenía encima podría recordarla a la perfección luego.Labios mordidos al punto de estar tan rojizos como una cereza, mejillas coloradas y sobre todo ojos lagrimeantes, Tom nunca lloraba, por más que sufriera de un dolor insoportable, pero ahora sus ojos estaban aguados.—¿Por qué te detuviste? —preguntó Tom, sintiéndose un total maricon.—Quiero ver tu cara mientras te cojo —respondió con simpleza, tomando su miembro para volver a empujar en su interior con poca delicadeza al hacerlo.El de rastras apretó sus ojos en cuanto volvió a sentirlo adentro, golpeando justo su parte sensible.Al tenerlo debajo de él, verlo directamente a su rostro y tener esa imagen de ver cómo Tom recibe su pene lo hizo pensar en cuando estuvo con Natalie, que fue la única vez en su vida que pudo ser quien penetraba, por supuesto la situación era distinta y sobre todo la persona lo era, no habia comparacion entre ambos, pero podía decir que ni siquiera cuando fue su primera vez sentía tantas ganas de correrse como las tenía ahora, sintió las ganas de ser meloso con Tom en ese momento, de besarlo y quizás hasta decirle lo mucho que lo amaba pero prefería seguir actuando como un despiadado amo.—Tus labios están destruidos, Muñeco, anda, gime, grita, te aseguro que nadie podrá escucharte —se burló, acercándose a su cuello para seguir llenándolo de marcas que como menos eran rojizas, no quería que desaparecieran rapido, asi que se encargaba de dejar la piel en un morado oscuro.Tom seguía reacio a darle ese gusto, tratando de mantener su boca cerrada por más que le temblaran los labios, sentía cada vez más amenazante su orgasmo y envolvió a Bill con sus piernas, empujando más a su interior. Cosa que le causó gracia al moreno, bajando la dureza de sus penetraciones, haciéndolas lentas y tortuosas para Tom con el propósito de que este le rogara, conocía a la perfección lo desesperado que podía llegar a ser a veces.—Mueve más —pidió Tom al cabo de unos segundos, apretando más a su cuerpo con sus piernas.Bill lo ignoró y se detuvo para jalar el cuello de su camisa, y bajó por sus clavículas siguiendo con el rastro de marcas, de pronto sintió curiosidad por tocarlo por debajo de la camiseta, asi que subio un poca de esta, dejando a la vista su abdomen trabajado y pecho, que por lo mismo de estar tan ejercitado eran sobresalientes, no tanto como los de una chica, lo normal para un hombre que se ejercita.Se metió un pezón en la boca, que rápidamente se endureció bajo el tacto de su lengua, lo lamió y chupó, mientras el cuerpo de Tom se arqueaba más hacia él.El rostro de Tom ardió en vergüenza, tanto que hasta podría confundirse con fiebre, Bill no tenía pudor alguno, chupaba su pezón mientras que también consentía al otro. Pero lo que no podía creer era que todo eso le estuviera dando más placer del que incluso le podría brindar el dominar, como siempre lo hacía.Disfrutaba de la forma en la que Bill se enterraba en él, más que cuando era él quien lo hacía.—Por favor, Amo, muévete... Por favor —suplicó con la mirada fija en Bill.Bill decidió ceder ante ese suplico, de todos modos él también estaba al borde del orgasmo.Bastaron unos empujones más en su interior, para que Tom se corriera ensuciando a ambos, Bill aún no se había corrido, así que lo tomó de las caderas para moverlo, utilizándolo como un juguete para su propio placer, hasta que iba a correrse, se apresuró a salir de él y dirigirlo para su semen cayera sobre el cuerpo de Tom, viniendose sobre él.A Tom no le importó, ni siquiera le reclamó, quedándose con la mirada a el techo, pensando en su destrozado orgullo y trasero.Bill sonrió orgulloso y satisfecho de aquella escena, y se abalanzó a sus labios para besarlo, siendo cariñoso por fin con Tom.—¿Ves? Te dije que no sería tan malo —pronunció Bill mientras besaba sus labios, no esperaba que Tom correspondiera después de toda su “humillación”.

Tom estaba en un silencio digno de un muerto, pero que rompió al ser besado por Bill varias veces, entreabrió con dificultad sus labios, demasiado dudoso de lo que iba a decir a continuación.—Hazlo de nuevo —dijo en un tono, que estaba lejos de estar enfadado.A decir verdad Bill esperaba un insulto o una amenaza de nuevo, como en un principio pero eso lo dejó perplejo.—¿Hacer qué? —interrogó, y una sonrisa comenzó asomarse en sus labios. —Oh… ¿Quieres una segunda ronda? —continuó mientras pellizcaba uno de los pezones de Tom, haciéndolo estremecerse. —Eres adorable, no creí que ibas a ser tan goloso a la primera, pero no me quejo, entre los dos, creo que yo soy quien disfruta más esto, Muñeco.

“Puedes apostar a que no”, respondió mentalmente Tom, aunque ni coña iba a soltarlo en voz alta.

Bill se lanzó a besarlo, frotando su miembro sensible contra el suyo, mordiéndole el labio inferior con saña, mientras sentían cómo ambos se endurecían nuevamente.

Bill utilizó su semen como lubricante en esta ocasión, haciendo más fácil la penetración. Tom se mordió el labio inferior para no darle el gusto de que escuchara su placer, aunque de todas formas salían los gemidos amortiguados, y sus expresiones no podían ocultar todo lo bien que la estaba pasando.

La segunda vez Bill se vino dentro, haciendo que Tom pusiera los ojos en blanco por la sensación de estar tan repleto.

Después de que quedaron manchados de semen y Bill se grabó la imagen de Tom atado con su esencia saliendo de su agujero, una imagen tan obscena que sería su recuerdo para pajas es que volvió a hacérselo un par de veces más. Todo por petición de su querido Muñeco…

Al día siguiente ambos estaban en la cama, Bill se sentía físicamente hecho mierda, por todo el desgaste físico y la cruda por la noche anterior. Vio a Tom boca abajo, aún durmiendo, desnudo y tragó saliva frente a la imagen de su cuerpo siendo cubierto solamente con la sábana, imaginando claramente cómo era debajo. Le dejó un beso en el hombro que lo despertó, Tom lo miró con una sonrisa pagada de sí mismo.

—¿Qué pasa, Muñeco? ¿Tan temprano quieres faena? —molestó Tom.—No es que me queje… Que sabes que en unos segundos se me para por tu culito —agregó, acercándose al moreno y besando su cuello, pasándole sus dientes.

Bill no se quejaba de la sensación, sin embargo, estaba un poco confundido.

—¿Y si yo te la meto? —soltó Bill, aún recordando lo delicioso que había sido la noche anterior.

Tom rió con evidente burla. —Muñeco, ya quedó claro, con tu patada en mis huevos, que no quieres que te dé mi virginidad trasera.

Bill se separó de él, ahora sí fastidiado. ¿Acaso Tom estaba fingiendo que lo de anoche no pasó?

—¿Qué pasa, Muñeco? —preguntó Tom, luciendo genuinamente confundido.

Y por ese momento Bill realmente creyó que todo lo que había pasado anoche simplemente había sido obra de su imaginación. Sin embargo, se paró con rapidez para fijarse afuera si es que la mesa seguía rota, y sí, en efecto, seguía así.

—¡La mesa está rota! Ayer te cogí encima de ella… Yo fui el amo —acotó Bill, y Tom lo miraba como si le hubiera salido un tercer ojo.

—Muñeco, anoche no cogimos. Sólo tuvimos una pelea menor —respondió Tom con simpleza para luego alzarse de hombros.

Bill miró al suelo, sintiéndose estúpido. “Se había sentido tan real”, fue lo que pasó por su mente.

Pasaron los días, incluso los meses, su vida sexual había vuelto a ser la misma, pero Bill no podía sacarse de la mente aquella noche donde su imaginación fue tan grande que se imaginó follando a su gemelos tres veces, tomando el control, siendo llamado amo y nombrándolo muñeco. Había momentos donde se masturbaba aún con aquellas imágenes grabadas en su cabeza. Pero Tom realmente no demostraba ningún atisbo de que hubiera pasado en realidad.

Hasta que una madrugada, Tom vino de una fiesta… Con una botella en mano. Bill frunció el ceño al verle.

—Juguemos —pidió Tom arrastrando las palabras.

—No estoy de ánimo para tus estupideces —soltó Bill y se dio vuelta en la cama.

—Juguemos… Amo —susurró Tom contra su oído.

Y Bill lo entendió, Tom no recordaba lo que había pasado esa noche porque estaba borracho. Por lo que se volteó y, con una sonrisa en el rostro, decidió que le daría gusto.

—Qué bueno que no hayas olvidado a quién perteneces, Muñeco —farfulló contra sus labios.

Y, mientras Bill lo preparaba para penetrarlo, Tom sólo podía agradecer que su hermano fuera tan estúpido para creerse ese teatrito, pero… Era la única forma en que su ego no resultara herido, al menos no tanto, fingir demencia para seguir disfrutando de esa nueva faceta.

Nadie tendría que saberlo… Y, ¿todo era culpa del alcohol, verdad? Si Tom “no lo recordaba”, simplemente podían hacer como si no pasó nada, ¿cierto? Porque de todas formas sentía que no podría prescindir de aquello ahora que lo había probado… Disfrutaba ser quien tenía el control, sin embargo, así nunca fuera a decirlo sobrio o en voz baja, cómo le gustaba tenerlo metido en lo más profundo de su ser. Al día siguiente le dolía en carne viva, preguntándose cómo es que se las arreglaba Bill, pero, de todas formas sentía que valía toda la maldita pena del mundo.