💱JeonđŸ”„1||Kookmin||

Summary

Si un negocio da beneficios es mĂ­o, no importa si es legal o no. El clan J controla el estado de Arizona y, como su lĂ­der, todos me respetan y temen. Al menos era asĂ­ hasta que mis hombres secuestran y meten en casa a un paramĂ©dico. Aparte de precioso, tambiĂ©n es valiente, y eso es lo primero que logra atraer mi atenciĂłn. Me mira como si fuese barro en sus zapatos. No parece sentir miedo. ÂżEstĂĄ loco? Es posible, pero me temo que yo tambiĂ©n lo estoy porque he decidido quedĂĄrmelo. Me pertenece, ha sido asĂ­ desde que me apuntĂł a la cabeza con una pistola, pero Ă©l aĂșn lo sabe. AdaptaciĂłn Saga Clan Z: Zarco 1 Autora Jess GR Todos los crĂ©ditos a la autora original No copias ni adaptaciones Que la disfruten 😊💜

Status
Complete
Chapters
43
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

PRÓLOGO

¿Cómo es posible que un pequeño trozo de metal pueda pesar tanto?

Miro de nuevo la estrella de cinco puntas que cuelga de mi cuello.

«Valor».

DeberĂ­a estar pletĂłrico de felicidad, abrazando a mis compañeros y pensando en mi ascenso a teniente, sin embargo, lo Ășnico que siento es una presiĂłn en el pecho que me impide respirar con normalidad.

«Esto no estå bien. No hay culpa ni remordimientos. ¿Por qué?».

―Sargento Park ―mis pensamientos son interrumpidos. Inspiro hondo antes de cuadrarme y caminar en direcciĂłn al hombre canoso y con pequeñas arrugas en las esquinas de sus ojos al que yo algĂșn dĂ­a llamĂ© papĂĄ. Hoy no es mĂĄs que mi superior, el general Park. Paso a su despacho y espero a que cierre la puerta―. Puedes sentarte, sargento.

Lo hago de inmediato.

Permanezco en silencio mientras el general rodea su mesa y se acomoda frente a mĂ­.

―Tengo que admitir que me has sorprendido. No esperaba que ascendieras tan rĂĄpido, y menos aĂșn que mi propio hijo fuese condecorado por el mismĂ­simo presidente de la naciĂłn con la medalla de honor. ÂżEres consciente de lo importante que es?

―SĂ­, señor ―respondo de manera mecĂĄnica.

―SĂ© que ya estĂĄn trabajando en tu ascenso a teniente y, como oficial, no tendrĂĄs que regresar al frente si no lo deseas. Con lo que hiciste, ya has cumplido con tu deber en el frente, sargento.

Mi padre, el general, sigue hablando mientras yo me pierdo en mis propios pensamientos.

No tendré que volver a ese infierno, esquivando balas y viendo a mis amigos y compañeros morir.

Mi trabajo consiste en salvar vidas, eso es lo que hace un médico de combate, pero yo


Sacudo la cabeza para borrar la imagen de todos esos cadĂĄveres postrados a mis pies.

«No hay nada».

―¿Ocurre algo, sargento? ―inquiere mi padre.

Bajo la mirada a mis manos, unas manos que parecen pulcras, pero estĂĄn manchadas de sangre.

«No volverås a matar», resuena en mi cabeza.

Tomo una bocanada profunda y alzo la cabeza despacio.

―Lo dejo ―digo con seguridad.

―¿CĂłmo dices? ―El general estrecha su mirada sobre mĂ­, frunciendo el ceño.

―He terminado aquĂ­, general. Quiero dejar el EjĂ©rcito.

―Tienes que estar bromeando ―masculla―. ¡Jimin, ¿te has vuelto loco?! Van a ascenderte. Tu carrera militar acaba de empezar de verdad.

Me pongo en pie sin esperar a que me dé permiso, y tras quitarme la medalla, la lanzo sobre su mesa.

―Puedes quedĂĄrtela si tanto te gusta, papĂĄ. TĂș lo has dicho, he cumplido con mi deber con esta naciĂłn y ahora decidirĂ© yo mismo cĂłmo vivir el resto de mis dĂ­as.

Doy media vuelta y me dirijo a la salida, sin embargo, antes de que pueda abrir la puerta, escucho su voz a mi espalda.

―Si te vas ahora, no volverĂ© a reconocerte como mi hijo. SerĂĄ como si hubieses muerto en esa emboscada.

Me giro a medias y dejo que una de mis comisuras se eleve apenas un par de centĂ­metros.

«No hay nada».

―Hace mucho que dejĂ© de ser hijo tuyo. AdiĂłs, general. ―Tiro de la manilla y salgo del despacho con una sonrisa.