Prólogo
El tintineo de la campanilla hace que su corazón se detenga por enésima vez. Lara levanta la mirada, pero no es él. Nunca es él.
La taza de café con canela se enfría entre sus manos mientras sus dedos juegan nerviosamente con la USB negra sobre la mesa. La luz de la tarde se filtra por la ventana, creando ese efecto dorado que Mateo siempre decía que era "la hora mágica para las fotografías perfectas".
—Nuestra mesa—, había dicho él en el audio. —La del rincón, junto a la ventana. Donde todo comenzó.
La mesa donde él tomó su primera foto de ella hace tantos años. La mesa donde ella solía sentarse a escribir mientras él la fotografiaba fingiendo capturar la vida en la calle. La mesa que ahora, con una silla vacía frente a ella, parece burlarse de su espera.
4:59 PM.
La campanilla suena otra vez.
Su corazón se detiene.
Sus ojos se cierran.
Casi puede verlo entrar: su cámara colgando del cuello, esa sonrisa torcida que guardaba solo para ella, quizás un ramo de margaritas silvestres en la mano (porque él sabía que ella odiaba las rosas).
5:00 PM.
Mateo nunca llegó a esa cita.
Nunca más llegaría a ninguna.