Entre Sillas y Mentiras

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Summary

En Plurimar, empresa de lshamphoo, tres personas se enfrentan a su pasado, a sus propias mentiras y a un futuro incierto. Lucas, Cecilia e Ignacio comparten un vínculo irrompible, marcado por la lealtad, el deseo y los errores que los persiguen. A través de la muerte de Daniel Zamora, la historia los arrastra a un punto de no retorno, donde cada elección puede cambiarlo todo. Entre la tensión de lo no dicho y la intensidad de lo inevitable, descubrirán que la verdad no siempre es una respuesta, sino el inicio de una nueva pregunta.

Status
Complete
Chapters
23
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: La Última Medialuna

Cecilia subía las escaleras con una sonrisa que no le correspondía.

No porque estuviera fingiendo, sino porque, en su ingenuidad, parecía más entusiasmada por el ascenso de Daniel Zamora que el propio Daniel Zamora.

Pensó en él mientras bajaba por el pasillo iluminado por luces blancas de hospital. “Al final lo logró“, se dijo con satisfacción mientras compraba aguas saborizadas de naranja y medialunas. Demasiadas medialunas.

Frunció el ceño. ¿Para qué tantas? Azúcar, carbohidratos, el peor cóctel para el estrés. A menos que pensara compartirlas con sus compañeros. Ja. Claro. Lo más probable era que ellos quisieran ahogarlo con una de esas medialunas antes de felicitarlo. Porque a Daniel no lo ascendieron. Daniel les ganó.

Y en una empresa como Plurimar, donde la competencia interna era más feroz que un mercado de valores en caída libre, ganar tenía un precio.

Suspiró. Caminó hasta el ascensor.

Cartel amarillo. Letras negras.

“Mantenimiento.”

—Perfecto —murmuró.

Se resignó y empezó a subir por las escaleras. El peso de la bandeja no era problema. Lo molesto era el ambiente hostil que la esperaba arriba. Si Plurimar fuera una empresa de streaming o de criptomonedas, quizás se entendería el ambiente tan denso e intenso. Pero no, a pesar de ser una empresa de shampoo, aquí todos se levantaban cada mañana listos para atacar o ser atacados.

Con delicadeza, y mirando de pisar donde corresponde, subió el último escalón.

BOOM.

El estruendo hizo temblar el edificio. El piso vibró bajo sus pies.

Cecilia perdió el equilibrio. La bandeja tambaleó. Una medialuna salió disparada en cámara lenta.

Golpeó el suelo.

Silencio.

La respiración de Cecilia se volvió pesada. Miró a su alrededor. Nada se movía. Nadie gritaba. Ninguna alarma sonaba. Solo su corazón latiendo con fuerza en los oídos.

Parpadeó. Sacudió la cabeza. Bajó la mirada, recogió la medialuna y le sopló una pelusa adherida.

No estaba tan sucia.

Se recompuso. Se arregló la blusa, respiró hondo y adoptó su mejor postura profesional. Entró a la oficina.

Y entonces gritó.

Daniel Zamora ya no era Daniel Zamora.

Su torso destrozado estaba incrustado en el techo, fusionado a los hierros retorcidos de la silla. Las entrañas llovían en hilos viscosos sobre escritorios, informes impresos y teclados con letras gastadas. La pared lucía una salpicadura escarlata muy abstracta, como si alguien hubiera decidido probar técnicas de pintura moderna con restos humanos.

Y en medio de todo eso, un silencio absurdo, enfermizo, como si la muerte de Daniel hubiera apagado el sonido en la oficina.

Cecilia se llevó una mano a la boca, temblando.

Algo suave cayó sobre su hombro.

No necesitó mirarlo.

Sabía que no era una medialuna.