El destino que nos une [Katsudeku]

Summary

Izuku, siendo un beta, no cree merecer el amor de Katsuki, un poderoso alfa, y por eso lo rechaza cuando este se le confiesa. Cinco años después, Izuku se enfrenta a una situación que lo cambia por completo, y la única persona que puede salvarlo es Katsuki. Entre el dolor y la desesperación, ambos deberán enfrentar sus sentimientos y el destino que sin importar las vueltas que dé, siempre los termina uniendo Imagen original @slbelen_

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—Escucha, tengo algo que decirte —murmuró Katsuki—. Solo tomará un momento.


Izuku miró curioso a su mejor amigo, en medio de las felicitaciones y los abrazos de familiares y amigos por su graduación, Katsuki lo había tomado de la mano y lo había llevado a una zona apartada detrás de la escuela.


—¿Qué sucede Kacchan? —el pecoso conocía a la perfección al alfa y podía notar claramente que este estaba muy nervioso, su mano (aún unida con la suya) sudaba y había escuchado como su voz normalmente potente y decidida temblaba.


—Yo... Mierda, mira se que nuestro pasado es horrible, yo fui horrible contigo —el rubio apretó su mano como si con eso quisiera tomar un poco de confianza—. Pero ya saqué la cabeza del culo y creo que soy una mejor persona, he trabajado mucho en mi personalidad y en mis instintos...


—Eso lo sé Kacchan, eres increíble y serás un héroe aún más increíble...


—Izuku —lo cortó el rubio—. Me gustas...


El beta sintió como su corazón se detenía por un segundo y después comenzaba a latir descontrolado, sus ojos se abrieron de par en par y le fue imposible decir alguna palabra.


—Me gustas mucho y quiero que seas mi novio —Katsuki tenía la punta de las orejas completamente rojas, su respiración era agitada y su mano temblaba ligeramente—. Prometo ser un buen alfa para ti.


—Oh...yo... —Izuku bajó la mirada y se deshizo del agarre suavemente—. Lo siento Kacchan, yo no siento lo mismo.


—Ah sí, claro...por supuesto —el alfa rápidamente metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones de uniforme y miraba a cualquier parte menos a él.


—¡Kacchan! Lo siento mucho de verdad lo sien...


—No... no te preocupes, lo entiendo, claro que lo entiendo —Izuku nunca había escuchado la voz tan descompuesta en Katsuki y eso le rompía el corazón—. Es obvio ¿no? —susurró con amargura para sí mismo—. Pero, seguiremos siendo amigos ¿cierto?


—¡Claro que sí! Kacchan es mi mejor amigo.


Katsuki asintió y sonrió pero el gesto se veía vacío, como si fuera más un reflejo de ironía que de felicidad real.


.


.


.


Izuku despertó desorientado, el sudor corriendo por su espalda, el corazón martillando en su pecho y las lágrimas corriendo por sus mejillas, le impedían olvidar el sueño reciente, más bien el recuerdo que atormentaba sus noches con más frecuencia de la que estaba dispuesto a admitir.


Aun en medio del cuarto ciclo de respiraciones para calmarse, miró a su lado a la mesita de noche y comprendió el por qué aquel recuerdo había llegado tan fuerte a su mente inconsciente.


Era 22 de marzo, exactamente cinco años de aquel doloroso día.


Suspiró derrotado, podrían pasar cinco, diez, incluso veinte años más y el peso en su pecho no disminuiría ni un gramo desde que él mismo lo había puesto allí rechazando a Katsuki, a pesar del enorme amor que sentía por el alfa.


Pero si alguien sabe la verdad de sus sentimientos ¿podría juzgarlo? Izuku cree que no. Es decir, él es un simple beta, sin ningún tipo de aroma atrayente, sin una figura bonita más allá de sus muy trabajados músculos, sin instintos que contrarrestaran con los del alfa y peor aún sin un útero fértil que pudiera crear, albergar y proteger a los cachorros que dicho alfa quisiera tener.


Y aunque hayan pasado cinco años sigue pensando que Katsuki encontrará a un omega que tenga todo eso y más. E Izuku con el corazón roto estará muy feliz por él.


Sabía que aquella confesión fue solo algo del momento, ya que durante su último año en la UA pasaban demasiado tiempo juntos, prácticamente vivían en la habitación del otro, además de todo el tiempo que pasaban en sus prácticas heroicas y en el salón de clases. Cualquiera se confundiría.


Por lo mismo entendió fácilmente como después de un par de meses incómodos y un tanto distanciados, Katsuki volvió con una sonrisa arrogante e insultos por doquier a su lado, y desde ese momento no se habían separado. Eran mejores amigos y compañeros héroes, todo había vuelto al lugar que correspondía.


A pesar de que ni siquiera amanecía el pecoso sabía que ya no dormiría más, así que se quitó las mantas de encima y se vistió para una carrera matutina. Era una suerte que el día de hoy no tuviera que patrullar con el rubio ya que este estaría haciendo informes, como castigo después de que insultó en televisión en vivo y dijo que papá noel no existía.


Sonrió para sus adentros mientras corría por su barrio en dirección a la playa, Katsuki se había dado cuenta de inmediato de su error, e intentó arreglarlo pero terminó hundiéndose más cuando casi revela que ni el hada de los dientes, ni el conejo de pascua eran reales. Si no fuera por la periodista que lo interrumpió, el alfa habría arruinado todas las festividades para los niños que lo estaban viendo.


Izuku corrió casi una hora y media, tratando que todos sus malos recuerdos y preocupaciones se fueran con sus agitadas respiraciones. Y la tensión en su cuerpo se debiera a la larga carrera, en vez que a la mala noche.


Al llegar a la enorme agencia de Endeavor ya se sentía un poco más en sus cabales. Se duchó rápidamente y subió hasta su oficina compartida para registrar su entrada, pero Katsuki ya se encontraba tecleando con fuerza en su computadora, acompañado de dos cafés humeantes a su lado.


—¡Kacchan! Buenos días, llegaste temprano —saludó entusiasmado poniendo la mejor cara que le permitían sus pocas horas de sueño.


—Tks, todo por terminar esta mierda y volver a patrullar —murmuró el alfa.


Izuku respiró profundamente para captar parte de las feromonas del rubio, para confirmar su estado de ánimo enojado, aunque eso no hizo mucha falta ya que conocía a Katsuki como la palma de su mano, y sabía perfectamente cuánto le frustraba estar encerrado en la oficina.


—Te compré la mierda pudre dientes que llamas café —dijo el rubio apuntando con su cabeza hacia una de las tazas de cartón.


—¡Gracias Kacchan! eres el mejor —el pecoso rió y tomó un sorbo jadeando por la deliciosa mezcla de un chorrito de café, sirope de chocolate, vainilla y canela con un toque de cacao en polvo por encima—. ¡Aaah! nada mejor que un buen café para comenzar el día.


Rápidamente encendió su computador, informó su entrada y leyó en uno de los correos recientes que compartiría su patrulla con uno de los nuevos internos, por una de las zonas tranquilas. Sonrió, sería un turno tranquilo y aburrido.


—Bien, me voy —se puso de pie sin olvidar su vaso, emprendiendo camino a la puerta.


—Ni se te ocurra encontrarte con algún villano sin mí —gruñó el rubio a su espalda, e Izuku rió con ganas para hacerlo enojar más.


—Oh Kacchan, buscaré al peor, lo venceré y me llevaré todo el crédito —canturreó riendo y saliendo más rápido—. "Gran héroe Deku salva el día" ya puedo ver los titulares.


—Ni se te ocurra maldito Deku —gritó el alfa—. ¡Te mataré antes de que puedas decir estoy aquí! —Izuku soltó una carcajada.


Era demasiado fácil sacar a Katsuki de sus casillas, pero aquello lo motivaría para terminar el papeleo más rápido y a no cometer los mismos errores frente a las cámaras.


Aun con una sonrisa en el rostro y la mitad del café, se encontró con "Splash" el joven héroe de agua, lo miraba ilusionado por comenzar su patrulla con él. Se saludaron y salieron de la agencia siguiendo la ruta que les correspondía.


—¡Wooah!...Estoy tan emocionado de que una de mis patrullas sea contigo, Deku. De verdad, de verdad, de verdad que te admiro mucho, creo que eres increíble desde que te ví en el festival deportivo en tu primer año, eres tan fuerte, rompiste tus dedos y tus brazos ¡crack! y aun seguías luchando, y cuando te enfrentaste a Shigaraki fue asombroso el último golpe iluminó el cielo como ¡buah!... —el chico beta seguía hablando y hablando de las hazañas del héroe Deku, mientras a su lado un muy sonrojado Izuku sonreía un tanto incómodo.


—Jeje no es para tanto, tu eres un héroe ahora también así que somos compañeros.


—¡Oh por Dios! Soy el compañero de Deku por hoy —Izuku tenía miedo de que el joven se pusiera a llorar de la emoción ahí en medio de la calle que tenía que resguardar—. Mi mamá estará muy orgullosa de mí —eso último lo susurró más para sí mismo, aunque el pecoso igual lo escuchó.


Así siguieron un par de horas, conversando, con Izuku enseñándole al interno todo lo que debía aprender para tener una patrulla tranquila, y el joven emocionado absorbiendo todas y cada una de las palabras del peliverde.


Comieron unos onigiris de la tienda de conveniencia del barrio como un almuerzo rápido y siguieron con su camino, hasta que un alfa demasiado alto y demasiado delgado se paró frente a ellos.


—¡¿Deku?! —preguntó como si no pudiera creer que lo estaba viendo—. ¡Vaya! No puedo creer que estés patrullando en mi barrio... y sin Dynamight —dijo con una sonrisa que le provocó escalofríos.


—Oh Kac...Dynamight se encuentra haciendo otras labores heroicas hoy —respondió amable—. Pero aquí Splash y yo nos aseguraremos que no pase nada malo en tu barrio —dijo mostrando su sonrisa de héroe.


—Eso es genial pero... —el alfa se acercó y tocó un hombro de cada uno e Izuku sintió a Danger sense activarse, pero antes de que pudiera hacer algún movimiento el hombre volvió a hablar—. Oí un rumor de que se quedaban completamente quietos.


No hizo falta nada más para que el pecoso se diera cuenta de que su cuerpo estaba completamente paralizado. De inmediato recordó la UA y todos sus entrenamientos con Shinso, cuando este le lavaba el cerebro y lo convertía en su marioneta, pero esto se sentía totalmente diferente.


Su mente estaba clara, sin embargo su cuerpo estaba como desconectado con ella. Intentó mirar a su lado pero ni siquiera eso podía hacer, estaba "completamente quieto"


—Sabes... —susurró el alfa acercándose a su rostro hasta quedar a solo unos centímetros—. Soy un gran fan tuyo, Izuku Midoriya. Eres tan bonito, con este cabello revuelto, tus mejillas pecosas de bebé, tus labios tan rellenos tan apetecibles y tu cuerpo...uff —el hombre se relamió los labios y si el pecoso no estuviera inmovilizado le hubieran dado arcadas—. Pero serías aún más hermoso si cambiaras un solo detalle...


En seguida el supercerebro de Izuku se puso en marcha, si este hombre lo había dejado inmovilizado con unas cuantas palabras no podía imaginar que podría hacerle ahora...que era lo que quería cambiarle. Las posibilidades eran infinitas, y todas y cada una de ellas eran más aterradoras que la anterior.


—Oí un rumor... —el corazón del peliverde martillaba más fuerte y más rápido que en su carrera de la mañana, y el terror le llenó los sentidos—. Que te convertías en omega.


Y al igual que la vez anterior tanto su cuerpo y ahora también su mente comenzaron a obedecer la orden.


El dolor se desató con una furia incontrolable. Con un grito ahogado Izuku cayó al suelo, su cuerpo temblaba hirviendo desde adentro. Le dolía el cuello e intentó arañarlo, buscando alivio en la piel rasgada, pero el dolor solo empeoraba. Le dolían las muñecas, la entrepierna, el vientre, la cabeza.


Era peor que aquella vez con Muscular, mucho peor. Aquella vez había sobrevivido, pero esto... esto lo estaba arrastrando al borde del abismo. Sentía como la sangre corría como lava por su cuerpo quemándolo, haciéndolo arder...cambiándolo.


Y algo...un susurro aparecía en su cabeza, un quejido lastimero que llamaba a Katsuki, era débil, casi imperceptible, como una súplica.


¿Era eso lo que su mente necesitaba? ¿Como si fuera lo último que quisiera recordar? La desesperación lo ahogaba, el dolor era tan irreal que su mente comenzaba a desmoronarse. ¿Así iba a morir? ¿Lejos de el amor de su vida, solo, ardiendo en este infierno de sufrimiento, sin siquiera la oportunidad de despedirse?


Se iba a morir...


Kacchan... Alfa...


Se iba a morir...


.


.


.


Katsuki estaba a un informe de incendiar la oficina. Llevaba literalmente todo el día encerrado, entre papeles, carpetas e infinitas pestañas del sitio de la agencia. Y parecía que nunca iba a acabar.


Deseaba tener el don de retroceder en el tiempo y no haber respondido ninguna de las malditas de la periodista que lo metieron en ese lío, y poder estar en su turno normal con Izuku.


Se pasó la mano por el rostro frustrado, estaba cansado, le dolía la espalda y tenía sueño. No había dormido nada la noche anterior, al igual que las cinco anteriores de los 22 de marzo, por lo menos era un alivio que el peliverde se viera bien y no tuvieran una interacción incómoda como lo habían sido los dos primeros años.


El rubio trató de actuar con normalidad como todos los días, siendo el mejor amigo de Deku, siendo su compañero que lo cuida y se preocupa por él lo suficiente como para que se sienta querido, pero no en exceso para que las cosas se pongan raras. Actuó como su compañero héroe, gritó e insultó como siempre y por supuesto actuó como si no tuviera una caja en su interior cerrada a presión, que apenas podía contener todos los sentimientos que tenía por el pecoso.


Sentimientos que se hacían más y más grandes con cada día que pasaba, sentimientos que poco y nada podía retener. Sentimientos que no había podido eliminar desde hacía más de cinco años.


Katsuki sabía que el destino, el karma o lo que fuera le estaban haciendo pagar todos los pecados cometidos de adolescente, y él estaba de acuerdo con eso.


Entendía por qué Izuku lo había rechazado y hasta le encontraba razón, quien en su sano juicio aceptaría ser el novio de su bully, de la persona que le hizo tanto daño. Izuku era un ángel en todo ámbito de la palabra, pero ni él con su complejo de salvador podría caer tan bajo.


Pero realmente con cada día que pasaba se le hacía más difícil el no comportarse como el perro enamorado que era, sus instintos le pedían con fuerza siempre proteger a Izuku, siempre estar a su lado, marcarlo con su aroma, alejarlo de cualquier imbécil que se atreviera a coquetearle.


Le era muy difícil no comportarse como su alfa, cuando el idiota era un sol, tan hermoso, amable y cariñoso al cual ansiaba besar y amar sin restricciones.


Sin embargo a pesar de todo el amor y dolor que escondía bajó una carcasa dura y mal hablada, Katsuki estaba agradecido de que Izuku aceptara seguir siendo su amigo y permitirle trabajar con él. Atesoraría cualquier migaja de cariño que el peliverde quisiera darle.


Dejó caer su cabeza sobre el escritorio, no debía preocuparse, Deku estaba patrullando con un interno, así que lo habían mandado a una zona tranquila, "no debo preocuparme" se repitió mentalmente. Izuku estaría bien en el turno de ese día.


—¿Acaso estás durmiendo? —el rubio casi pega un salto al oír la voz tranquila de Shoto desde la puerta.


—Ya quisieras —murmuró con la cara aun en el escritorio.


—Ummh habría aprovechado para pintarte una polla en la cara, Mineta dice que es divertido —decía pensativo el bicolor, mientras Katsuki rodaba los ojos por la incompetencia social de este.


—No puedo creer que sigas hablando con ese pervertido —murmuró y levantó la cabeza para mirar a su no amigo—. ¿Qué coño quieres? Estoy ocupado.


El rubio entrecerró los ojos al ver que Shoto se quedaba callado y evadía su mirada, si no lo conociera de tantos años diría que no quería decir lo que iba a decir, pero sabía que era imposible, el alfa bicolor tenía incontinencia verbal.


—Midoriya está en el hospital.


—¡¿Qué?! —se puso de pie tirando la silla en su ímpetu—. ¿Qué mierda estás diciendo? ¿Cómo que está en el hospital? Se supone que está en una patrulla tranquila. Si me estas jodiendo Icyhot te juro...


—Lo atacó un civil.


Katsuki miró al otro alfa como si le hubiera salido una segunda cabeza. ¿Como que un civil lo atacó? Izuku era más fuerte que cualquier civil, que cualquier héroe incluso, ¿que jodida broma era esa?


—Vamos, un auto nos está esperando.


Quizás en otro momento el rubio había reclamado de tener que ir con el chico de dos dones, argumentaría que sus explosiones lo llevarían a cualquier parte. Quería llegar lo más rápido al beta pero la situación era demasiado rara y si era sincero consigo mismo, no confiaba en su don con lo nervioso que estaba.


El trayecto fue eterno y aunque Shoto abrió las ventanas del vehículo sus feromonas estresadas y angustiadas llenaban todo el lugar. Todo y cada uno de los peores escenarios se estaban reproduciendo en su cabeza.


—Héroe Dynamight es un alivio que llegaras tan rápido —dijo el médico que los recibió cuando saltó del auto al llegar al hospital.


—Explícame qué mierda pasó —gruñó molesto, pero el doctor solo le hizo un gesto y pidió que lo siguieran.


En el camino hasta el tercer piso, el médico explicó lo que había pasado según el interno, los héroes y los paramédicos que habían llevado a Deku habían contado. Y aunque sabía a grandes rasgos qué era lo que había pasado, su corazón casi se detiene al verlo sobre una cama conectado a varias máquinas.


Hacía mucho que no veía a Izuku así de grave.


—Tuvimos que ponerlo en un coma inducido, su cuerpo tenía demasiado dolor y estaba por colapsar —explicó el doctor—. La velocidad que se está produciendo el cambio es increíblemente rápida y casi mortal, pero hemos logrado estabilizarlo, nuestro problema es otro.


—¿Qué quieres decir? —preguntó en un hilo de voz.


—Bueno Deku-san es...era un beta pero en este momento está cambiando a omega, tanto en su cuello, muñecas y muslos se están creando glándulas olfatorias. En su pecho se están creando conductos y glándulas mamarias, en su vientre se está creando un útero y todo lo necesario para poder concebir y en su mente...


—Su omega...


—Exacto, todos esos cambios tan rápido son un cóctel casi letal para el cuerpo, ya que un omega normal tiene años para desarrollar todos esos cambios antes de presentarse. Sin embargo, lo peor de un cambio tan repentino es el celo —Katsuki miró al hombre teniendo una leve idea de lo que quería decirle—. Un primer celo tan adulto y sin un alfa que lo marque, lo matará.


Entre Shoto y el doctor tuvieron que ayudarlo a sentarse. El rubio sentía que se iba a desmayar en cualquier momento, su vision se llenó de puntitos negros y todo su cuerpo hormigueaba.


Izuku se iba a morir.


Sus ojos se llenaron de lágrimas, no podía creer el horrible vuelco que había tomado su aburrido día. Hasta hacía solo un par de horas había pensado en invitar al pecoso a comer ramen, y terminar ese día durmiendo lo que no había podido la noche anterior. Pero ahora estaba aquí sintiéndose inútil y con Deku en un peligro inminente de morir.


No, Izuku no iba a morir si él aún estaba en pie. Katsuki lo salvaría, porque eso eran ellos, el Wonder dúo invencible, que se salvaban el uno al otro de las situaciones más inverosímiles.


—¿Qué opciones tenemos? —preguntó y ambos hombres lo miraron preocupados.


—Bueno, muy pocas —el rubio le devolvió la mirada esperando a que continuara—. Una de ellas es mantenerlo en coma, cosa que no es viable lo sé —dijo antes de que el alfa saltara enojado—. Otra es una vez que termine su cambio sacarlo del coma y ver que tan grave es su celo, algo que no recomiendo porque...con los estudios que tenemos estamos seguros de que si seguimos por ahí morirá. La única opción más factible es que un alfa lo marque ahora.


El silencio se extendió por la sala del hospital. Pero Katsuki ya sabía lo que tenía que hacer, quizás Izuku lo odiara (lo más seguro que si) pero si con ello lo mantenía con vida aguantaría todo el odio.


—Lo marcaré.


—Bakugo... —murmuró Shoto a su lado.


—¡¿Qué?! No lo voy a dejar morir, si crees que...


—Sabes como es, lo más probable es que piense que te arruinó la vida y se echará la culpa de todo.


—No me está amarrando a nada —gruñó en respuesta, ¿porque el maldito Icyhot no lo entendía? Estaba tratando de salvar a la persona que amaba.


—Podemos intentar algo —anunció el doctor antes de que empezara una pelea entre alfas—. Es peligroso y deberás firmar un consentimiento como su contacto de emergencia, pero si inyectamos suficientes hormonas y supresores en su cuerpo podemos frenar el celo un par de horas.


—Hagámoslo —dijo decidido.


.


.


.


Después de que Katsuki firmara incontables documentos y llenara varios formularios, los médicos comenzaron con los análisis para encontrar el mejor supresor para el nuevo cuerpo de Izuku, tomaron muestras de las feromonas que comenzaba a liberar y extrajeron gotas del aceite que sus glándulas de aroma ya secretaban.


Todo para lograr retrasar el celo del pecoso y que ellos pudieran conversar. Más bien para que Katsuki confesara su amor nuevamente y convenciera a Izuku de dejarse marcar.


Mientras Shoto investigaba y le contaba todo lo que sabían del civil que había atacado al peliverde. Por lo poco que había hablado, el maldito loco estaba obsesionado con que Izuku fuera su omega.


Cuando el doctor le avisó que estaba todo listo, que ya habían administrado los supresores al peliverde y que solo tenían que esperar a que despertara, lo hicieron pasar a la habitación.


Al entrar su alfa interior comenzó a aullar como loco, su boca comenzó a salivar, sus colmillos bajaron y parte de su sangre corrió hacia el sur de su cuerpo. Nunca antes había sentido unas feromonas tan deliciosas como las que estaba emitiendo Deku en ese momento.


El cuarto por completo olía a bosque después de un día de lluvia, olía a tranquilidad, a calma... a hogar.


Lentamente y liberando feromonas para abrazar al nuevo omega dentro de Izuku, el rubio se acercó, tomó la mano del pecoso y dejó caer su cabeza juntando sus frentes. Respiró profundamente tratando de dominar todos sus instintos antes de marcar a su omega sin siquiera haber hablado.


—Joder Deku...¿Como te metes en tantos problemas? —susurró con voz temblorosa—. P-por favor Izu, despierta y di que sí.


Katsuki se mantuvo sentado al lado de la cama, aun con sus manos unidas y acariciando suavemente los rizos verdosos, preparándose para lo que venía, calmando a su alfa y a su omega. Y no se detuvo aunque vió como poco a poco Izuku abría sus enormes ojos verdes.


—¿Kacchan? —la voz del peliverde era ronca como si hubiera gritado durante horas—. ¿Qué...? uggh... —el rubio detuvo de inmediato las manos de Izuku que iban directamente a rascar su cuello.


—Hey no no, tranquilo, no hagas eso te lastimarás —dijo Katsuki en el tono más tranquilo y cariñoso que podía.


Necesitaba ser la voz calma de toda la situación, sabía que los omegas eran muy sensibles tanto física como emocionalmente, momentos antes de su celo. Por ello juntó sus muñecas y lo perfumó.


—¡Ah..! —el jadeo de Izuku hizo estragos en su interior, pero siguió perfumándolo para mantenerlo seguro—. Kacchan... alfa...


El pecoso abrió los ojos horrorizado al darse cuenta de cómo lo había llamado. Y de inmediato el rubio notó como empezaba a hiperventilar.


—Izu, Izu, tranquilo necesito que respires y te calmes... —decía sin dejar de acariciar su muñeca y sus rizos liberando feromonas—. Necesitamos hablar, tengo que explicarte...


—Kacch...ah... —el pecoso jadeaba en busca de aire—. ¿Qué es lo q-que me esta pa-sando? Todo mi cuerpo está muy sensible, me duele el estómago, me pica el cuello... mi t-trasero... —negó con los ojos con fuerza—. Y mi cabeza...me estoy volviendo loco, escucho...


Katsuki se mordió el labio nervioso, no había ninguna forma fácil o poco traumante de contarle todo al peliverde, pero para eso estaba ahí. Se lo debía a Izuku.


—Ese es tu omega interior.


El pecoso se sentó de golpe en la cama y se aferró a sus manos como si él fuera su salvavidas en un mar demasiado turbulento como para poder nadar por sí mismo.


—¿De qué estás hablando? —la voz del pecoso estaba tan rota que provocaba dolor en su corazón.


El rubio le explicó todo a Izuku, lo que había sucedido en su patrulla, el por qué detrás del que el civil lo atacara, las consecuencias que esto había traído para su cuerpo y su futuro, y por último la decisión que había tomado para mantenerlo con vida.


—¡¿Qué?! ¡No! Estás loco Kacchan no puedes marcarme —se negó el omega después de que había terminado de contarle todo lo sucedido.


—¡Entiende Izuku! Es la única opción, tengo que mantenerte con vida...


—¡No! ¿Es que no lo entiendes Kacchan? Marcarse es algo sagrado, un vínculo de por vida para personas que... tienes que hacerlo con alguien a quien ames, no puedo amarrarte —de los ojos verdosos ya corría un río de lágrimas.


—¡Basta! No me estás amarrando...


—¡¿Cómo no?! Si me marcas nunca podrás estar con otro omega —dijo desesperado.


—¡No quiero eso! —gritó.


—¿Por qué no? Eres un alfa fuerte, guapo, cualquier ome...


—¡Por que te amo a ti imbécil! —después de esa declaración el silencio se extendió por la habitación—. Desde la maldita secundaria te he amado, todos y cada uno de los jodidos días después, te he amado —Katsuki no sabía en qué momento también había comenzado a llorar.


—Soy un beta —susurró.


—Ya no lo eres, y eso me importa una mierda. No me enamoré de ti por ser un beta o un omega, te amo porque eres tu, idiota, eres la persona mas increible de este puto planeta, eres amoroso, amable, cariñoso, valiente y tan terco como la mierda, pero también amo eso de ti —dijo riendo sin gracia.


—Kacchan...


—Izuku por favor... por favor no puedo perderte...déjame marcarte.


Katsuki sintió como una mano se posaba suavemente en su mejilla que lo hizo levantar la vista. El pecoso lo miraba con una sonrisa tan hermosa que le dieron ganas de abrazarlo y esconderlo en sus brazos para que nadie más se atreviera hacerle daño a ese bello ser.


—Yo también te amo Kacchan, te he amado desde que tengo cuatro años, así que yo gano —aquello los hizo reír a ambos.


—Idiota...—murmuró con suavidad, su voz ronca y teñida de cariño, envolviéndolo con su aroma ahora tranquilo y feliz Izuku se dejó llevar, hundiendo su rostro en el cuello de Bakugo, sintiendo la calidez de su piel, el latido acelerado de sus corazones—. Bésame.


Izuku levantó la mirada, sus ojos verdes brillando con ternura mientras una sonrisa dulce, casi traviesa curvaba sus labios.


Sin dejar de sonreír, sus manos subieron hasta la nuca de Katsuki, enredando sus dedos en su cabello rubio, atrayéndolo decidido. El alfa se dejó hacer y sus labios se encontraron con una suavidad inesperada, primero un roce, apenas un suspiro compartido, y luego... el beso se profundizó. Fue lento, tierno, pero lleno de todos los sentimientos que por tanto tiempo habían escondido.


El rubio respondió con la intensidad que lo caracterizaba, sujetando la cintura de Izuku con fuerza, como si temiera que desapareciera. No había prisa, solo el placer de estar allí, juntos, compartiendo el mismo aire, el mismo latido.


Izuku sonrió entre el beso, y Katsuki gruñó suavemente en respuesta, mordiendo su labio con suavidad, provocando que el pecoso soltara una risa ahogada. Cuando finalmente se separaron, ambos se miraron a los ojos, sus frentes unidas, respirando el uno del otro.


—Márcame alfa...


A partir de la aprobación de Izuku todos se movieron demasiado rápido, el pecoso fue trasladado a una habitación especial para celo ya que este comenzaría en nada. Llenaron la habitación de mantas y almohadas para que los nuevos instintos de Izuku hicieran lo necesario para armar un nido, y se aseguraron de alimentarlos e hidratarlos para el primer día, que sería el más duro. Los siguientes días les administrarían la comida por la pequeña ventana especial para ello.


—Ah... Kacchan... duele... —jadeaba el pecoso frotando su entrepierna dura en el costado del rubio que hacía todo lo posible por controlarse.


—Está bien Zu, deja que pase, deja que tu omega tome el control... yo estaré aquí, siempre estaré a tu lado —el rubio besó sus cabellos con cariño.


Katsuki tenía que esperar a que Izuku entrara por completo en su celo para poder marcarlo o no se formaría el lazo, pero se le estaba haciendo una tarea demasiado difícil, el peliverde estaba muy excitado, su miembro duro que no dejaba de frotar, y sus feromonas eran tan deliciosas que lo tenían salivando como un perro.


—Mmh... Alfa...


Cuando el celo de Izuku se desató, Katsuki supo de inmediato lo insoportable que debía ser. El aroma del omega se hizo más espeso en el aire, envolviéndolo en un aroma lleno de necesidad y desesperación. Izuku se retorcía entre sus brazos, su respiración agitada, sus pupilas dilatadas por el calor febril que recorría su cuerpo. Gruñía bajo su aliento, sus dedos temblorosos aferrándose a la tela de la camiseta de Katsuki, quien lo acercó y comenzó a besarlo con cariño, acariciando su cuerpo para tranquilizarlo, recitando todo su amor con las palabras más amorosas que podía.


Izuku gimió suavemente, sus ojos vidriosos clavados en los de Katsuki, encontrando consuelo en su presencia. Sin embargo, su cuerpo aún temblaba, buscando alivio, buscando algo más profundo, más eterno.


Katsuki lo sintió, lo supo, y con un suspiro tembloroso bajó la cabeza hasta la curva del cuello pecoso de Izuku. Aspiró profundamente su aroma embriagador, dejándose envolver por la dulzura de su omega, el único que alguna vez había deseado. Sus labios rozaron la piel sensible, depositando besos pausados y reverentes antes de detenerse sobre la glándula inflamada.


—Omega... —dijo lamiendo la glándula principal del peliverde—. Mi precioso omega...


Izuku sollozó con un estremecimiento, su cuerpo se arqueó hacia Katsuki, entregándose por completo. Sin más espera, el alfa abrió la boca, dejando que sus colmillos rozaran la piel por última vez antes de hundirlos profundamente en la glándula.


El omega soltó un jadeo ahogado, sus uñas clavándose en la espalda de Katsuki cuando la marca fue sellada. Katsuki sintió el cálido sabor de la sangre llenar su boca, una esencia dulce y adictiva que le hizo gruñir desde el fondo de su pecho. Con cada latido, su veneno alfa se liberó, fusionándose con el cuerpo de Izuku, reclamándolo de una vez y para siempre.


El lazo invisible, poderoso e irrompible, se formó entre ellos en ese instante. Katsuki sintió la conexión arraigarse en su alma, envolviéndolo en la presencia de Izuku de una manera que nunca antes había sentido.


—Mío... —susurró contra su piel, besando la marca recién hecha con devoción—. Para siempre.


.


.


.


Cinco días después, Izuku volvió lentamente a la conciencia, parpadeando varias veces antes de que sus ojos se acostumbraran a la tenue luz de la habitación. Lo primero que notó fue el dolor punzante que recorría su cuerpo, pero era diferente esta vez. No se parecía en nada a la agonía desgarradora de su transformación, ni al malestar abrumador de la última vez que había despertado. Ahora era un dolor sordo, persistente, instalado en su trasero, sus caderas y su cuello.


Pero, en lugar de incomodidad, lo único que sintió fue un calor suave expandiéndose en su pecho. Su omega interior ronroneaba de pura satisfacción, acurrucándose en su mente como un gatito contento después de ser mimado.


Izuku suspiró, incapaz de evitar la sonrisa que curvó sus labios. Los recuerdos de los días anteriores llegaron en una avalancha intensa, los besos febriles, las caricias llenas de amor, el fuego que habían compartido en cada toque, en cada mirada.


Cualquier rastro de vergüenza que pudiera haber sentido se disipó al instante, reemplazado por una dulce anticipación. Solo podía pensar en el momento en que volvería a repetirse, en cómo sus cuerpos volverían a encontrarse, encajando a la perfección como si siempre hubieran pertenecido el uno al otro.


—Buen día compañero —la gruesa voz de Katsuki lo sacó de sus pensamientos.


Izuku se giró de inmediato hacia la fuente de esa voz, con su corazón latiendo con fuerza al verlo. Katsuki estaba ahí, acostado a su lado, con el cabello desordenado y los ojos aún pesados por el sueño, pero con esa mirada cariñosa que siempre tenía reservada solo para él.


—¡Kacchan! —exclamó con las mejillas sonrojadas, pero sin poder contener su sonrisa radiante—. ¡Kacchan es mi alfa! —gritó saltando a los brazos del rubio que se encontraba acostado a su lado—. No puedo creerlo Kacchan es mi novio.


—¿Ha? ¿Como que novio? —preguntó con su tono grave, fingiendo molestia mientras sus manos fuertes se posaban con firmeza en la cintura de Izuku, atrayéndolo más cerca—. Ya eres mi compañero, nerd. No aceptaré nada menos que ser esposos —gruñó, envolviendo al peliverde en un abrazo fuerte, casi aplastante, mientras su rostro se hundía en el cuello recién marcado de Izuku.


Izuku sintió su corazón saltar ante esas palabras, y su risa llenó la habitación. Su pecho se expandió con una felicidad tan abrumadora que apenas podía contener. Katsuki correspondía a sus sentimientos. Siempre lo había hecho. Y él, por miedo, por dudas, había tardado tanto en darse cuenta. Había perdido tanto tiempo, pero ahora... ahora tenía la oportunidad de recuperarlo.


Apretó sus brazos alrededor de Katsuki, enterrando su rostro en su cabello rubio y aspirando su aroma. Su futuro estaba justo aquí, en los brazos de su alfa, y estaba decidido a aprovechar cada segundo junto a él.


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Gente bella este fue un escrito para el primer día de la Intensity week que les pareció? 


Se dieron cuenta de a quien pertenece el don del civil que atacó a Izuku??👀