1. Frágil
Un nuevo edificio departamental, se habia alzado en la ciudad. Una torre moderna.
Los primeros inquilinos comienzaron a instalarse sin notar la presencia de extraños parásitos: pequeños gusanos marrones, con lineas oscuras y un ligero brillo dorado recorren las paredes en silencio. Son frágiles, pequeños, apenas perceptibles.
La tranquilidad tambien es fragil. En este caso solo duro un mes.
Un día colo cualquir otro la rutina empieza para terminar pronto. Sara, una madre influencer, aplasta un gusano sin darse cuenta mientras trata de tomar fotos de su hijo de seis años para Instagram con el nuevo auto de juguete de moda. En el ascensor, el padre de un adolescente pisa un par de gusanos mientras equilibra con cuidado la guitarra de su hijo, Lucas. En otro departamento, la señora Rosa Del Valle rocía insecticida debajo de la cama en medio de una discusión con su esposo, Mauro. Hace meses que pelean. Ella quiere el divorcio.
De repente, todas las luces se apagan.
Lucas, preocupado, sale de su departamento. Había recibido un mensaje de su padre Leonardo sobre que iba asubir las escaleras, pero su hijo lo convenció de que usara el ascensor, para no forzar su salud. Cuando el joven llega al pasillo, se cruza con el señor Del Valle, que, iluminado apenas por las luces de emergencia, parecia aún más sombrío.
—No puedo creer lo que pagamos por estos departamentos para que nos vengan con cortes de luz —murmura con desprecio— ¿También bajas a quejarte, muchacho?
Lucas niega con la cabeza.
—No, solo voy a ver el ascensor. Creo que mi padre pudo haber quedado atrapado.
El hombre chasquea la lengua.
—Bah... No te preocupes, el ascensor tiene su propio sistema de luces y ventilación. Seguro está más cómodo que nosotros.
Lucas solo asiente y se apresura hacia el ascensor, dejando atrás al empresario, que desciende por las escaleras de emergencia. Nunca le ha agradado aquel hombre. Le parecio insensible.
Cuando llega al vestíbulo, se encuentra con Sara y su hijo, Teo, el cual estaba bastante feliz por la penumbra.
—Descuide, señor Laur, ya llamé al encargado —dice Sara, sin dejar de mirar su teléfono—. En un momento saldrá.
Lucas los saluda con un "hola" entrecortado por la carrera.
—Estábamos grabando unos videos cuando se fue la luz. ¿Puedes creerlo? ¡Y la señal sin wifi es horrible!
—A mi me gusta que no haya wifi... —susurró su hijo, pero Sara solo le palmo la cabeza.
—Sí, sí, con permiso... —responde Lucas, tratando de apartarla con un toque suave en su hombro para acercarse a la puerta del ascensor.
—Papá, ¿estás bien? —pregunta, apoyando la oreja contra el metal.
—Sí, hijo... Sara me estuvo haciendo compañía, no te preocupes.
Lucas se gira y le sonríe a la mujer, pero ella solo levantó una ceja.
—Sabes, deberías ser más educado y no empujar a las personas —le recrimina con una mueca tensa.
—Lo siento... estaba preocupado —se disculpa el joven, bajando la mirada—. Gracias por llamar al encargado.
—Si muchas gracias Sara, no es bonito estas aquí adentro...—diji el padre de Lucas
Justo en ese momento, la luz regresa y las puertas del ascensor se abren con un chasquido metálico. Lucas se abalanza sobre su padre y lo abraza.
—Ey, tranquilo rockstar... ¿Acaso le tienes miedo a la oscuridad? —bromea el hombre, revolviéndole el cabello.
Lucas sonríe, pero nota que su padre luce pálido.
La puerta de las escaleras se abre y aparece el señor Del Valle junto al encargado del edificio, un hombre mayor de uniforme verde pálido.
—A ver, a ver... —exclama el encargado, levantando las manos— El corte ya está controlado y no volverá a ocurrir, ¿de acuerdo? Aquí el señor Del Valle me comunicó su preocupación sobre posibles daños a los electrodomésticos. Así que voy a pasar por los departamentos afectados para repararlos.
—Estoy segura de que mi router se arruinó —interrumpe Sara exaltada —De eso depende mi trabajo. Y estoy segura de que afectó también a los pisos superiores, ¡a todo el edificio!
—En el último piso está el viejo señor Leiva —interviene el padre de Lucas— Tiene aparatos médicos que dependen completamente de la electricidad...
Un silencio incomodo se instalo entre los presentes
—Ese hombre es extraño —comenta el señor Del Valle con una mueca— Lleva días queriendo regalarnos patitos de hule a mi esposa y a mí.
—¿Verdad que sí? —añade Sara, consternada—. Al principio me ofrecía uno cada vez que me lo cruzaba. Y cuando por fin acepté, le pedí otro para Teo. Pero se negó, como si fuera algo terrible. Parecía... un loco. Tengo pruebas, justo estaba grabando.
El encargado frunce el ceño.
—Ah... ahora algunas cosas tienen más sentido —murmura— Hace unos días encontré patitos de hule dentro de la ventilación. Su esposa, señora Del Valle, me dijo que vio al señor Leiva tratando de entrar en los ductos. No había conectado los puntos hasta ahora...
El empresario fruncio el ceño.
—Mi esposa no me dijo nada... —susurra enserrando los ojos.
El encargado suspira y palmea las manos.
—Bueno, tendré que hablar con él. Es muy mayor. Tal vez solo se siente solo y busca... ¿Compañia?
El portero se dispone a subir cuando Lucas lo detiene.
—¡Espere! ¿Sabe por qué se cortó la luz?
Todos los presentes miran al trabajador, espectantes. El hombre ni siquiera se gira.
—Unos insectos dañaron los cables. Pero murieron por la misma carga de electricidad... creo que eran gusanos, pasa con las computadoras y las polillas..
Y siguio caminando escaleras arriba, sin darle importancia.








