Head Over Heels | Steddie

Summary

Dustin Henderson está fascinado con la idea de que sus dos ídolos se conozcan, así que obliga a Eddie Munson y a Steve Harrington a encontrarse un día cualquiera.

Genre
Romance/Humor
Author
zess
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

The King and The Freak

—¡Por favor, Eddie! —el pequeño de cabello rizado insistió con su aguda voz—. Es una buena persona.

Habían terminado su campaña del día, lo que había puesto de buen humor al metalero, pero su sonrisa se iba borrando conforme el chico le explicaba lo grandioso que era Harrington y que sería genial que se conocieran, como llevaba haciéndolo desde hace semanas.

Eddie le miró con cansancio y suspiró de forma ruidosa, no estaba seguro de querer hacer eso. No creía que él y Steve fueran capaces de congeniar y llevarse bien. Porque él era el rarito del pueblo acusado de satanismo sólo por gustar de un juego de fantasía, y luego estaba Steve Harrington, el popular con lindo cabello que conquistaba el corazón de las chicas y que era buen atleta.

—No lo sé, niño... no creo que él y yo nos llevemos bien—puso un cigarrillo entre sus labios—. Somos muy diferentes.

El chico se acercó a él y lo miró seriamente—. Te lo prometo, no hay nada de lo que debas preocuparte.

—¿Y cómo estás tan seguro de eso?

—Él en serio ha cambiado, ya no es el mismo de antes.

Y no es como si Eddie fuera inmune a los ojitos tiernos de Dustin. Lo pensó sólo unos segundos más antes de asentir con una ligera arruga en la frente, y movió la mano distraídamente como un gesto de poca importancia—. Vale, bien, lo que tú digas, mocoso—encendió el cigarrillo y le dio una calada.

Dustin curvó los labios hacia arriba, haciendo que sus pómulos se elevaran mostrando sus dientes en una amplia sonrisa.

Esa misma tarde, Henderson caminó hasta el pequeño local en donde trabajaba Steve y su más reciente amiga, Robin Buckley; y como era de esperarse, no había mucha gente más que unos cuantos que buscaban las pelis más bizarras del momento.

—¡Steve! —exclamó con esa usual energía

El nombrado le sonrió y dejó de lado la revista que estaba leyendo—. ¡Eyy, Dustin!

Chocaron los puños en medio de una carcajada bajo la atenta y divertida mirada de Robin, quien ya se había acostumbrado a la dinámica de ese par, especialmente después de lo vivido en la base secreta rusa, la niña con súper poderes, los monstruos y todas las rarezas que se escondían en el pequeño pueblo de Hawkins.

—Pensé que estarías aquí más temprano.

—Oh, sí, lo siento. Estaba con Hellfire.

Steve hizo una mueca.

Claro. Hellfire.

Él no paraba de mencionar a ese club, sobre todo a una persona en específico. Eddie Munson, el tipo con el que parecía compartir los mismos intereses y que era súper cool, eso en palabras de Dustin, por supuesto.

—¿Qué es Hellfire? —Robin habló por primera vez.

—Un club de nerds—respondió Steve con un tono evidentemente molesto.

—Jugamos Calabozos y Dragones después de la escuela, y a veces en mi casa—Dustin sonrió—. Sería genial que ustedes vinieran a ver, no precisamente a jugar, pero... ya saben.

Él sólo quería reunir a Steve y a Eddie.

—¿Por qué tendría que ir a verte jugar con el raro de Munson? —su frente se arrugó—. Dime que estás conmigo, Robin.

Ella hizo una sonrisita mientras se encogía de hombros—. En realidad... no le veo ningún problema, Steve.

—No me digas que estás celoso porque tengo otro amigo mayor con el que pasar el tiempo—Dustin lo acusó.

El impacto en el rostro del castaño era gracioso—. ¡Eww, claro que no!

—Vamos, Steve—insistió también su amiga—. No seas amargado.

—Sí, Steve, no seas amargado—Henderson canturreó en el mismo tono.

Eddie ya había dicho que sí y no había forma de que Dustin aceptara un rotundo no por parte de Steve tan fácilmente.

Harrington rascó su cabeza mientras deliberaba consigo mismo, porque qué tan malo podría ser conocer a Munson. Preguntas como esas rondaban por su cabeza. De pronto sintió un golpecito por parte de Robin, ella lo veía con el ceño fruncido y los labios abultados, igual que Dustin.

—Míralo como una forma de hacer más amigos de tu edad—una sonrisa burlona se mostró en su rostro.

Steve viró los ojos ante el tono jocoso y se puso a limpiar el mostrador—. Bien, como sea.

Escuchó el grito de celebración por parte de Buckley y Henderson, sin evitar sonreír él también los miró.

—¡Pero con una condición! —exclamó, el júbilo cesó y ellos lo miraron con atención—. Si esto no funciona, olvídate de que vuelva a pasar—lo dijo muy serio.

—Te lo prometo.

Y es así como los días habían pasado, Steve colocaba las cintas familiares en los estantes mientras que Robin estaba en la caja atendiendo a los clientes. Una canción se reproducía en la bocina, la voz de Billy Joel sonaba suavemente por todo el local. La frente del castaño se iba arrugando conforme veía los títulos de las películas.

¿Los Cazafantasmas? ¿E.T.? ¿Gremlins?

Al menos una de esas no debería estar en la categoría familiar.

La puerta de la tienda se abrió y la campanita se escuchó haciendo que Steve saliera de sus pensamientos, miró a su alrededor en busca de Robin pero no estaba allí, probablemente fue al baño. Caminó rápidamente detrás del mostrador y esperó a quien había entrado para atenderlo.

Agarró la revista que había dejado en el olvido y se dispuso a leerla, las pisadas al otro lado del pasillo sonaban fuertes aunque muy seguras, ya que parecían saber exactamente a qué sección tenían que ir. Tres cintas aparecieron de pronto en su campo de visión; Halloween, Rocky Horror Picture y la que más sobresalía de entre todas, el maldito extraterrestre cuyo dedo índice brillaba mientras decíacasacon esa vocecita molesta.

—No sabía que el gran Steve Harrington trabajaba aquí.

Entonces por fin levantó la mirada, una sonrisa le esperaba y unos enormes ojos marrones con ella. Su cabello negro y rizado llegaba al menos un poco por debajo de los hombros, llevaba consigo una chaqueta de cuero y por sobre esta un chaleco de mezclilla con un montón de pines de nombres de bandas que en su vida nunca había escuchado, todo su look hacía juego con los anillos que decoraban sus largos dedos.

—Lo siento, amigo... no te conozco.

Pero obviamente eso no era cierto, Steve sabía quién era, lo que no sabía era por qué había dicho una mentira o por qué sus manos estaban temblando un poco al querer meter las cintas en una bolsa. Eddie sonrió de lado mostrando un pequeño hoyuelo en su mejilla, no se mostraba ofendido ni sorprendido. Sólo divertido.

—Henderson habla mucho de ti—él se apoyó ligeramente sobre el mostrador, aún con esa sonrisa en su rostro.

Steve tragó duro intentando no ver a sus ojos por mucho tiempo.

—Eddie Munson—dijo casi en un susurro, fingiendo haberlo reconocido gracias a la pequeña información que brindó.

El mencionado asintió y relamió sus labios sin despegar su mirada de Steve.

—Así que también te habló de mí...

—Él... él tiene esa loca idea de hacer que nos... ya sabes...—rascó su nuca sin querer terminar la frase.

—¿Conozcamos?

—Sí.

Munson lo contempló en silencio y sus dedos tamborilearon sobre la superficie mientras sonreía.

—¿Puedo pedirte un favor, Steve? —murmuró acercándose más de lo debido a su rostro, como si quisiera que nadie más escuchara lo que tenía que decirle—. Mantengamos esto en secreto, ¿de acuerdo? Así la emoción no se perderá en el rostro de Dustin cuando nos presente.

Steve asintió rápidamente, él no creía que fuera capaz de decir algo. Y eso era muy dulce viniendo por parte de alguien que vestía cuero y lona.

—Está bien, te veré luego entonces—Eddie le sonrió otra vez, mirándolo nuevamente por unos cuantos segundos, tomó la bolsa y dejó un par de billetes a cambio—. El verde te queda bien—dijo antes de darse la vuelta y salir de la tienda.

Steve se quedó inmóvil en su lugar, repitiendo mil veces en su mente toda la secuencia que acababa de pasar. Robin apareció junto a su lado con la boca abierta, como si ella hubiera estado escuchando todo a escondidas, lo que era muy evidente.

—¿Qué diablos fue eso, Steve Harrington? —preguntó con un raro tono de alegría—. ¿‘El verde te queda bien’?

El castaño sacudió la cabeza deshaciéndose de su pequeño trance y miró a Robin, asustándose más de lo que ya estaba porque no entendía qué significaba esa mirada que le daba—. ¿Qué?

El verde te queda bien—dijo lentamente.

—Fue algo que seguramente dijo para hacerme molestar—se trataba de convencer más a sí mismo que a ella.

—¡Steve! —gritó en desesperación—. Ese hombre estaba coqueteando contigo.

—¡Por supuesto que no! —su ceño se frunció y empezó a limpiar la mesa como si fuera un maníaco de la limpieza—. Yo sé cuando alguien está coqueteando conmigo, ¡y definitivamente Eddie Munson no estaba coqueteando!

La mirada de Robin decía todo.

Eres un idiota.