I Like When | JohanNorth

Summary

North se pone pensativo y se da cuenta que ama la sonrisa de Johan.

Genre
Romance/Erotica
Author
zess
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

You smile at me

Había algo en lo que North no podía dejar de pensar desde que comenzó a salir con Johan.

No eran solamente esos besos que hacían que perdiera la cabeza, ni la manera en que sus manos lo reclamaban con un hambre casi devoradora, ni siquiera lo dulce que podía llegar a ser cuando lo cuidaba con esa intensidad que lo desarmaba por completo.

Aunque eso lo volvía devastadoramente loco y desesperado.

Johan lo amaba de una forma desinteresada, como si fuera algo tan natural como respirar, y a veces se sorprendía a sí mismo preguntándose qué había hecho para merecerlo.

Pero si había algo que lo tenía realmente obsesionado, era su sonrisa.

Johan no sonreía con facilidad. Ni siquiera con su círculo más cercano. Y, sin embargo, en los momentos en que ambos se perdían en su pequeña burbuja, las sonrisas surgían con una libertad casi inesperada.

Fue entonces cuando lo notó. Los pequeños hoyuelos que se formaban en sus mejillas cada vez que sonreía. Y en ese instante, lo supo: haría lo que fuera necesario para verlo sonreír una y otra vez.

Porque significaba que, al menos con él, Johan podía bajar la guardia. Phi Tonfa tenía razón acerca de eso, si estar juntos hacía que su novio fuera una mejor versión de sí mismo, entonces no se iría nunca de su lado.

Dios, estaba tan enamorado.

¿Cómo es que eso ocurrió?

Pero quizá estaba muy ensimismado por el hombre a su lado que no se dio cuenta que Johan lo había notado.

—¿North? —preguntó, despegando la mirada del celular.

Ya era muy tarde por la noche, se supone que North estaría viendo alguna película mientras su Phi revisaba algunos correos pendientes del trabajo, pero tal vez sus pensamientos fueron más fuertes que el sonido de la televisión.

—¿Qué pasa? ¿Está todo bien? —se inclinó un poco más hacia él, como si no estuvieran ya lo suficientemente pegados en el sofá.

North parpadeó, sobresaltado.

—¿Eh? Yo... yo sólo... —sus palabras tropezaron entre sí.

Y entonces la sonrisa burlona de Johan apareció, y sus mejillas hicieron eso que lo hacía más guapo de lo que ya era.

—¿Qué? —Johan arqueó una ceja, aún con una media sonrisa en los labios.

—Sólo estaba pensando que... me gusta mucho cuando sonríes.

Johan guardó silencio por un momento, olvidándose por completo del trabajo pendiente. Dejó su celular en algún lugar de la mesita de centro y le dedicó toda su atención, como si fuera lo más importante del mundo. North no pudo evitar el cosquilleo en su estómago, y mucho menos el calor que se extendió por su rostro tras confesar algo como eso.

Y sólo lo miró, aún con esa sonrisa presente, pero con un brillo en los ojos que siempre hacía que el corazón de North se acelerara.

—¿Te gusta mucho cuando sonrío? —su tono era bajo, aterciopelado, cargado de algo que hizo que North sintiera un escalofrío en la nuca.

Apretó los labios, sintiéndose demasiado expuesto de repente.

—Mhm... —murmuró, desviando la mirada, pero Johan no se lo permitió.

Con un movimiento delicado, Johan alzó su mano y lo tomó suavemente de la barbilla, obligándolo a verlo de nuevo. Su tacto era firme, pero a la vez tan cuidadoso que North sintió que su respiración se volvía errática.

—¿Sabes qué me gusta a mí? —susurró Johan, acercándose más.

Él negó un par de veces, incapaz de pronunciar algo.

—Cuando eres bueno conmigo y me dices lo que te gusta —sus labios rozaron ligeramente los suyos.

North pensó que estaba a punto de desfallecer.

—Soy un buen chico.

Ahí estaba, esa sonrisa de Phi Johan,específicamente, la que le robaba el aliento.

—Que lindo eres, ven aquí.

Johan lo atrajo hacia su regazo, se sentía correcto de esta forma, aquí era donde pertenecía.Era suyo.

—Por favor, sé amable conmigo —le pidió en un tono apenas audible.

Eran sus palabras favoritas cuando momentos como este llegaban.

—Si lo pides de esa forma...

North sintió que su corazón iba a explotar de lo rápido que iba, pero Johan no le dio oportunidad de reaccionar. Acortó la distancia entre ellos y lo besó.

Fue lento y casi dulce al principio, una caricia apenas perceptible en los labios de North, como si Johan quisiera saborearlo con calma. Pero esa calma era engañosa, seductora incluso.

North sintió la manera en que Johan inclinaba su cabeza, la forma en que su mano se deslizaba lentamente desde su mejilla hasta la base de su cuello mientras la otra se posaba firmemente sobre su cadera, empujándolo más hacia sí mismo, haciéndolo estremecer.

—Mmm... —North dejó escapar un pequeño sonido sin darse cuenta, notando inmediatamente la emoción creciendo entre los pantalones de Johan.

Pudo sentir esa sonrisa entre sus labios, dándose por satisfecho con lo que escuchaba, sabía lo mucho que a Johan le gustaba oírlo de esa forma. North rodeó con sus brazos el cuello de su novio, e inconsciente de sus acciones, empezó a mover sus caderas en busca de esa deliciosa fricción.

—Hia... —gimió cuando los dedos de Johan se deslizaron bajo la camisa que llevaba puesta, acariciando su piel con una suavidad que contrastaba con la intensidad de su agarre.

Johan exhaló una lenta bocanada de aire contra los labios de North y sus dedos trazaron delicados patrones a lo largo de su espalda. La calidez de su tacto provocó escalofríos en el cuerpo de North, su piel ardía donde esas manos grandes lo reclamaban. El roce entre ellos era adictivo, nació una súplica silenciosa que ninguno de los dos se atrevía a expresar con palabras.

—Estás temblando —dijo Johan, con la voz apenas por encima de un murmullo.

Su frente se apoyó en la de North, sus respiraciones se mezclaron, el mundo que los rodeaba se volvió irrelevante para este punto.

North tragó saliva y se sostuvo de los hombros de Johan para apoyarse. Se sentía mareado, no estaba seguro si era por el calor del momento, o por la dulzura en su mirada que se mezclaba con un deseo voraz.

—Yo... es sólo que tú... —su voz se quebró cuando la mano de Johan se deslizó más abajo, sus dedos explorando la suave extensión de su cintura—. Me haces sentir muy bien.

Los labios de Johan se curvaron en una sonrisa, North no pudo evitar dejar un beso húmedo exactamente en ese punto de su mejilla.

—De verdad eres un buen chico.

Johan se inclinó de nuevo y atrapó los labios de North en otro beso, más profundo, más hambriento. Su agarre se hizo ligeramente más fuerte, presionando a North más cerca hasta que no quedó espacio entre ellos.

Dejó escapar un pequeño gemido contra su boca, sus manos agarrando la tela de la camisa de Johan como si fuera lo único que lo mantenía con los pies sobre la tierra. Quería más. Más de esto, más de él.

Johan debió haberlo notado porque, con un movimiento rápido, se levantó del sofá con facilidad buscando la habitación que compartían, recostó a North suavemente sobre la cama y se quedó flotando sobre él, con sus ojos oscuros y hambrientos.

North sintió que se le cortaba la respiración.

Temía que algún día la causa de su muerte fuera la embriagadora sensación que corría por su sangre cada vez que Johan lo veía de esa forma.

Esa mirada que decía que era de su propiedad.

—Hia, por favor...

Así como él era suyo, y de nadie más.

Sin decir una palabra, Johan deslizó los pantalones cortos de North a lo largo de sus piernas, tocando con descaro cuanta piel estuviera a su alcance. El mayor depositó un beso prolongado en su mandíbula mientras su mano se colaba traviesa entre sus muslos. Sus labios bajaron más abajo, rozando la piel sensible de la garganta de North, y cuando succionó suavemente un punto en particular justo debajo de su oreja, North jadeó y arqueó la espalda involuntariamente.

—Johan... —sus dedos se enredaron en el cabello de este, todo su cuerpo temblaba debajo de él.

Su nombre salió de los labios de North como una plegaria y Johan gimió suavemente al oírlo.

—Me encanta oírte decir mi nombre así —murmuró antes de que sus gruesos labios lo besaran lentamente, mordiendo y chupando.

North sabía perfectamente que mañana se despertaría con los labios partidos e hinchados, pero eso solamente avivó más el calor que sentía en su vientre bajo.

Cerró los ojos con fuerza, abrumado por las sensaciones que lo recorrían. Era Johan,su Johan, que se tomaba el tiempo con él, saboreando cada reacción. Lo hacía sentir deseado, querido, completamente deshecho entre sus brazos.

La mano de Johan se abrió paso entre su ropa interior, acariciando a lo largo de su longitud, haciéndolo sisear por el dolor y el placer que se extendía cada vez más por su cuerpo. No podía soportarlo, sentía que en cualquier momento iba a correrse. North gimió cuando la lengua caliente de Johan se deslizó por su nuez, llegando a sus clavículas, rozando con sus dientes tentativamente.

—Eres tan hermoso —susurró Johan, el apretón de su mano se hizo más fuerte, más rápido.

Levantó su rostro para mirarlo nuevamente, queriendo memorizar cada parte de él—. Creo que ni siquiera te das cuenta.

North se mordió el labio, un sonrojo cubría su rostro y cuello.

—No digas esas cosas.

Johan inclinó su cabeza con genuina curiosidad.

—¿Por qué no?

—Porque... —North se esforzó por encontrar las palabras, sintiéndose ridículamente vulnerable bajo la siempre intensa mirada de Johan—. Porque me dan ganas de llorar.

La expresión de su novio se suavizó al instante. Se inclinó y le dio un beso en la punta de su nariz.

—No llores —murmuró contra su piel—. No me gusta verte triste.

North sintió que se le oprimía el pecho.

¿Cómo era posible amar tanto a alguien?

Acunó el rostro de Johan entre sus manos y lo atrajo hacia abajo para darle otro beso, lento, deliberado, vertiendo en él cada emoción no expresada.

Johan suspiró contra sus labios, su cuerpo fundiéndose con el de North, como si perteneciera allí.

La mano temblorosa de North detuvo los movimientos de Johan—. Por favor —suplicó entre quejas.

—¿Por favor qué? —preguntó con esa voz, un sonido bajo y rico, vibrando contra su piel.

—Hia...

La mano de Johan apretó una vez más su miembro adolorido, haciéndolo gemir desesperado, cerrando sus muslos de forma instintiva.

—Usa tus palabras, mi amor —Johan lamió lentamente los labios de North—. Dijiste que serías bueno conmigo.

Iba a morir por culpa de este hombre.

—Dime qué quieres.

—¡A ti! Te quiero a ti... adentro... por favor...

Pudo verlo, cómo Johan intentaba ser amable con él esta noche.

—¿Cómo te sientes después de lo de esta mañana?

Es verdad, Johan había despertado con un pequeño problema entre sus pantalones, y North lo ayudó con mucho entusiasmo.

—Estoy bien, lo prometo.

Johan se levantó por un segundo, deshaciéndose de la parte de arriba sólo para dejar al descubierto sus músculos. No importaba cuántas veces lo hicieran, North siempre terminaba hipnotizado por ello.

—Desvístete —ordenó el mayor.

North levantó levemente las caderas del colchón, deslizando su ropa interior hasta los tobillos, empujándola a un lado hasta que cayó de la cama. Arrastró la tela de la playera por sus costados hasta sacarla; su piel se erizó al quedar completamente desnudo y a merced de la feroz mirada de Johan, que lo observaba desde los pies de la cama.

Se sintió bien ser deseado de esa forma, tan amado y afortunado. Una pequeña chispa de valentía se encendió en North, animándose a abrir las piernas para Johan, como una clara invitación para que se uniera a él en la cama.

El mayor no dudó un segundo más en acercarse, dejando que North lo rodeara con sus muslos. Suspiraron en el rostro del otro cuando por fin sus cuerpos se tocaron, Johan acercó el rostro repartiendo pequeños besos a lo largo de su mandíbula.

—¿Sabes lo paciente que estoy siendo para no follarte duro ahora mismo?

—¡Hia! —exclamó avergonzado.

—¿Qué? ¿Por qué estás tan tímido ahora? —se burló de él, alcanzando el pequeño lubricante que guardaba bajo la almohada—. Fuiste tú el que comenzó.

Ni siquiera tuvo tiempo para sentirse ofendido o reclamarle.

North gimió cuando sintió el roce de la punta de un dedo en su interior, estaba frío por el lubricante; tocó y giró suavemente, con una paciencia que no había sentido antes, no pudo evitar levantar la cintura buscando ese toque.

Johan chupó su labio inferior tratando de distraerlo del lejano dolor que se asentaba dentro de él, pero estaba bien, gracias a sus actividades matutinas, no sentía más que la expectativa aumentando en su sangre.

—¡Ah! —gimoteó ruidosamente con cada embestida—. Se siente bien... no te detengas —el delgado dedo se deslizó hasta el fondo, sin siquiera dejarlo recuperar el aliento, pronto se convirtieron en dos y luego en tres.

Antes de que pudiera alcanzar su ansiado final, Johan sacó los dedos de su interior y separó sus muslos para tener más espacio. North pudo sentirlo entrar en él, lentamente, como si de verdad fuera a romperlo si ejercía un poco más de presión.

Es tan grande, siempre es tan grande.

North apretó ansiosamente a Johan dentro de él, provocando que un gemido saliera de su garganta.

—Joder, North... —se inclinó hacia él, robándole un beso desordenado, logrando que la intromisión se sintiera más profunda.

—Mmm Hia, muévete, por favor —dejó escapar un jadeo cuando la otra parte inmediatamente comenzó a moverse, primero lento hasta aumentar la velocidad de las estocadas.

Johan escondió su rostro en el hombro de North, mientras este lo abrazaba con ímpetu.

—Te amo tanto —susurró Johan a su oído.

El impacto fue tan fuerte que todo su cuerpo tembló por la fuerza, North apenas podía hablar, es más, apenas si su cerebro podía formular algo coherente. En ese momento, era incapaz de soportar las sensaciones que recorrían su cuerpo, todo lo estaba volviendo loco.

North respiró agitadamente tratando de contener sus gritos, pero no sirvió de mucho, casi no podía respirar. Fue entonces cuando Johan se levantó, rodeándole la cintura con un brazo, quedando de rodillas sobre su cuerpo. North rodeó el cuello de Johan por el repentino movimiento, y lo vio ahí, mirándolo con deseo, el cabello desordenado le cubría parte del rostro.

Sintió las manos de Johan moverse sobre su espalda baja, empujando las caderas con fuerza contra su eje, una y otra vez, la sensación era indescriptible, el roce de su piel, el sudor, la respiración agitada de ambos, los gemidos que se ahogaban en la garganta.

—¡Mmm, cariño! —gimió North al sentirlo tan adentro, tan suyo.

Johan se inclinó y le susurró al oído: «Te amo, te amo, te amo».

Las palabras resonaron en su cabeza.

—Yo también te amo —respondió con la voz entrecortada.

Se fundieron en un beso apasionado, sus cuerpos se movían al compás, sus corazones latían con fuerza. El placer no cesaba, las caricias, los besos, las palabras de amor, todo era perfecto.

—Hia... Johan...

—¿Vas a terminar? —preguntó en un tono grave.

—Ahh, sí... joder, sí... —gimió North con dificultad, aferrándose a Johan como si su vida dependiera de ello.

Su novio sonrió contra sus labios—. Que buen chico—dijo, y luego lo besó, un beso profundo y posesivo que dejó a North sin aliento.

Sus cuerpos se movían juntos en perfecta sincronía, North jadeó cuando Johan tocó ese punto y sin poder contenerse más, la sensación de culminación lo recorrió; el cuerpo de la otra persona se estremeció contra el suyo, sin tardar en acompañarlo, el líquido caliente fue liberado en su interior.

Johan presionó sus labios suavemente sobre los suyos una última vez antes de recostarlo nuevamente sobre las sábanas y retirarse de su interior, North sintió esa misma calidez fluyendo por sus piernas.

—¿A dónde vas? —murmuró North, sosteniendo a Johan de la mano cuando notó que se levantaba de la cama.

Él le regaló una sonrisa—. Está bien, sólo iré a buscar algo para lavarnos y ropa limpia.

North tenía la mente en blanco, sólo asintió a las palabras que Johan había murmurado. Lo vio salir de la habitación y se quedó mirando al techo, tratando de asimilar lo que acababa de pasar. Se sentía tranquilo, satisfecho. La sensación de los labios de Johan sobre los suyos, sus manos sobre su cuerpo, el calor de su piel contra la suya, todo se sentía tan bien,tan correcto.

Johan regresó al cabo de unos minutos con una toalla y un par de prendas de ropa, él ya llevaba ropa interior puesta. Se acercó a North y lo ayudó a sentarse sobre la cama y con la toalla húmeda comenzó a limpiar su cuerpo con suavidad.

Cuando terminó, Johan lo vistió con una de las prendas que había traído. Era una camisa de manga larga que le quedaba grande, pero que North no se molestó en ajustar. Se sentía cómodo y relajado, y no quería hacer nada que pudiera arruinar eso.

Johan se sentó a su lado en la cama y lo abrazó. North se acurrucó contra él, sintiendo el calor de su cuerpo y se quedaron así un rato, en silencio, disfrutando de la compañía del otro.

—Gracias —murmuró North al fin.

—¿Por qué? —preguntó Johan, acariciando con dulzura su cabello.

—Por todo —respondió North—. Por lo de antes, por cuidarme, por estar aquí conmigo.

Johan sonrió y lo besó en la frente.

—Siempre estaré aquí para ti —dijo.

North se sintió feliz al escuchar esas palabras.

Se quedaron abrazados un rato más, hasta que el sueño los venció. Se durmieron juntos, enredados en las sábanas, sintiéndose seguros y protegidos el uno por el otro.