0.5. El Comienzo De Todo... Lo Malo Y Lo Bueno.
La vida es una puta injusta y difícil de soportar. Raro que una niña de tan solo 9 años ya sepa eso.
Con tan solo 9 años se aislaba de todos para que no la juzgaran, agradezcan eso a sus padres.
Con tan solo 9 años se dormía con lágrimas en los ojos, culpa de sus padres y su forma de desprotejerla.
Con tan solo 9 años sufría de depresión.
Con tan solo 9 años tenía pensamientos suicidas.
Con tan solo 9 años tenía un leve problema alimenticio.
Con tan solo 9 años ya sentía odio.
No diremos que su infancia, de un año hasta los ocho, fue una porquería, porque no lo fue, pero tampoco era perfecta.
Padres peleándose física y verbalmente delante de ella, gritos hasta por respirar, golpes solo por moverse, familia machista y ciega. Pero nada de esto le afectaba tanto, ya que solo eso lograría que sus padres se separaran, un gran sueño para ella.
Su lugar seguro era la casa de sus abuelos e ir a jugar a casa de sus primas, donde conoció a un niño muy inteligente que la molestaba diciéndole fea y fastidiosa.
Se volvió algo común, cada vez que sus padres pelearan, ir aquel parque para jugar con ese niño raro, cosa que era casi a diario.
Era feliz allí sentada en ese columpio, hablando con ese niño que ella llamaba raro solo por ser un poco mayor y saber cosas de adultos como lo eran las matemáticas, física y química. Se divertía haciendo enfadar a ese niño, le hacía sonreír cuando no encontraba algo ingenioso con que defenderse, le entretenía ver sus hoyuelos y pómulos pecosos. Le agradaba su compañía.
Y eso ya era algo raro, ya que todos decían que aquella niña morena de cabello largo era y sería una niña muy odiosa e irrespetuosa, solo por no quedarse callada cuando alguien le decía algo, eso le agradó a ese niño pelinegro, el que se defendiera de sus insultos siempre le alegraba.
Todo iba bien entre esos dos pequeños amigos, pero no todo es para siempre.
Una lástima que ellos descubrieran eso tan pronto.
-Me voy a mudar.-le había dicho ese niño, al que ella llamaba raro, con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Vas a visitar a algún familiar?-le preguntó, viéndolo con sus ojos marrones llenos de curiosidad.
Los de ella estaban llenos de confusion e intriga, los del delgado niño sin cabello ni cejas estaban colmados de tristeza, ya que no sabía si volvería a ver a esa niña fastidiosa que le gustaba preguntar por cada cosa que veía.
-No, me voy a vivir a otro lugar.-le respondió, triste.
-Pero vas a volver ¿No?-a la pequeña niña se le cristalizaron los ojos al entender lo que su amigo decía.
No se volverían a ver. Su amistad terminaría.
El único niño que la entendía, que no la trataba de cambiar, su lugar seguro, se iría y no volvería más. La dejaría sola.
-No sé.-gruesas lágrimas bajaban por el delicado rostro del pequeño.- Yo...-No, ella no se puede enterar, le rompería el corazón. Pensó el niño, deteniendo sus palabras.-Tal vez un día vuelva.-prometió, aunque no estaba seguro, y mucho menos cuando lo acababan de diagnosticar.
-¿Cuándo será ese día?-sollozó la niña, haciendo un puchero, el cual la hacía ver más pequeña de lo que ya era.
-No lo sé, cielito, tal vez vuelva cuando estemos más grandes.-le dolía mentirle.
Tal vez sean niños, pero su amistad y confianza eran más fuertes que la de cualquier adulto, ambos lo sabían, por eso ningún había mentido antes. Él estaba rompiendo su pinqui promes para no verla sufrir.
-¿Más gandes?-balbuceo, ladeando la cabeza, no entendía lo que su amigo le decía, faltaba mucho para ser grandes, ellos no podían estar separados tanto tiempo.
Lo prometieron.
-Sí, más grandes, tal vez podamos ser novios.-dijo sin pensar, solo para desvíar el tema.
-¿N-novios?-se le trabó la lengua al hablar al igual que su mejillas se sonrojaron.
El niño, al darse cuenta de lo que había dicho, sus pálidas mejillas, muy diferentes a las de la niña, también tomaron un poco de color.
-Pero, somos niños, los niños no hacen eso.-le susurró la última parte, le daba vergüenza hablar de besos con un niño.
Los niños tienen piojos, que asco.
-Pero sí cuando seamos grandes ¿No te gustaría?-él solo era dos años mayor, pero sabía muchas cosas, era muy inteligente... Y curioso.
-S-sí... Digo no. ¡Ash, deja de hablar de eso, que asco!-se quejó en un berrinche.-Yo no seré tu novia, yo seré novia del niño de la telenovela, él sí es guapo.-se excusó aún avergonzada.
-Sí, pero yo seré tu mejor amigo, eso es mejor que compartir babas, ¡iug!
-¡Yo no voy a besarlo, tonto!-estaba por patear una piedra, pero su pie resbaló y terminó en el piso.
El antes pelinegro solo podía reír al ver a la niña berrinchuda en el piso, ella trataba de aguantar la risa, pero escuchar la de su amigo la hizo carcajearse.
-Siéntate.-pidió dulcemente, con amabilidad. Eso hizo que el entrecejo del delgado niño se frunciera. No era normal que ella le hablara tan bien.- ¡Siéntate, niño raro!-le pidió gritando, haciendo que él saltara en su lugar y ella riera.
-Tonta.-le sacó la lengua y se sentó junto a ella en el pasto.
-¿A dónde te mudarás? ¿Será para siempre?-preguntó ella, acostándose para poder ver el cielo. Le gustaba mucho el cielo. Por eso el niño raro le puso ese apodo tonto.
-No lo sé, a donde mis papás digan.-se acostó junto a ella para hacer lo mismo.-Tampoco sé si será para siempr... ¡Oh, mira, un caramelo!-señaló una nube de esa forma, solo para librarse del tema.
-¡Sí, yo la ví, pero mira esta ES UN COHETE!-le gritó emocionada, señalando una nube. Después frunció el ceño al darse cuenta. Es pequeña, pero no tonta.-Oye, tonto, estamos hablando de tu viaje. ¿Tú sí quieres ir?
—No.—suspiró con tristeza, no quería dejar su colegio, ni a sus amigos, ni mucho menos a la niña que estaba a su lado, la única amiga hembra que tiene, a la única que le aguanta los piojos. Tampoco quería vivir en un hospital, mucho menos estar enfermo—Pero tengo que hacer lo que mis papás me digan.
-¡Te puedes quedar en mi casita! -propuso, contenta por buscar una buena idea.
-¿En tu casa? Acuérdate que a tus papás no le gusta que tengas amigos niños y yo soy niñ...
-Sí, yo sé, pero mi abuelito hizo una casa para mi en la piscina, te puedes quedar ahí.-explicó con felicidad.
-¿Viviría contigo?
-No.-hizo un puchero.-No va a funcionar.-se quejó.
-No te preocup...-cuando el reloj, con dibujos de Ben 10, empezó a hacer un pequeño ruido sus ojos se volvieron a cristalizar.
Su madre le había puesto una alarma para cuando tenía que regresar a casa. Y, desgraciadamente, ya era hora.
-M-me tengo que i-ir.-dijo, incorporándose hasta quedar sentado. Le costaba hablar. El ex pelinegro no quería hacer tal cosa.
No quería dejar sola a su amiga. Y tal vez sea para siempre.
-Te voy a extrañar.-chilló la niña y se lanzó a los delgados brazos del que solía ser pelinegro.
Él se sorprendió, pero rápidamente le devolvió el abrazo, era raro que Fransiales abrazara a alguien que no fueran sus abuelos o peluches.
-Y yo a tí, cielito.-le respondió, apoyando la mejilla en el cabello castaño de la niña, llenándolo de lágrimas.
-¿De verdad volverás cuando estemos grandes?-le preguntó contra el huesudo pecho del niño.
Él solo evitó sollozar, acariciando la delgada espalda de la niña.
-O-obvio. ¿Quién más golpeará a los chicos que se te acerquen?-bromeó con la promesa que ambos tienen.
-Hablo en serio, raro.
-No sé, pero tal vez sí. Mis padres se separaron.-le contó.
Ella solo había visto a los padres de su amigo un par de veces, en los cumpleaños de él, pero este le hablaba mucho de ellos. Su madre lo consentía mucho, y también a ella, ya que siempre le enviaba dulces ácidos, sus favoritos, en cambio su padre lo agobiaba con los estudios.
-Tú querías eso ¿No?-cuando nota que asiente vuelve a hablar.-Se cumplió tu deseo.-lo felicita, contenta.
Es triste saber que dos pequeños hablan de cómo su mayor deseo es ver a sus madres solteras, para que estas no sufran más.
-Pero creo que mi madre no quería eso, la ví llorar.-se lamentó.
-¿Por qué? Tu me dijiste que tu padre tenía una amante.
Ambos niños sabían el significado de esa palabra; Fransiales la descubrió gracias a las telenovelas que veía con su abuela, Xander por todas las veces que su madre se la decía a su papá.
-No sé, los adultos a veces son raros, no le gusta que les quiten nada, así sepan que los lastiman y dañan.
Ambos se quedaron en silencio por un rato, no sabían de qué hablar, pero ese abrazo que aún se daban decía más que mil palabras.
-Te q-quiero.-ella no es de decir muchas palabras cariñosas, por eso sorprendió mucho a su amigo.
-También te quiero.-susurró de vuelta con una pequeña sonrisa.
Volvieron a quedarse callados, pero ambos sabían que era hora de partir.
-Adiós, niño raro, espero que te guste tú nueva casa.-se despidió la niña ya separándose con las mejillas empapadas de lágrimas.
Sus ojos estaban rojos. Él era el primer amigo que se alejaba de ella, y el único que tenía, eso le dolía.
-Adiós, niña fastidiosa, nos vemos cuando seamos grandes.-tal vez. Se levantan y se dan un último abrazo que los hace llorar a ambos.
El niño de ojos claros empieza a caminar, cabizbajo, hacia la casa donde lo esperan sus padres, él no quiere irse, pero tiene qué.
Además, lidear con un cáncer teniendo tan solo 10 años... No es fácil.
Fransiales lo observa mientras se cruje los dedos y sus mejillas se sonrojan por lo que está pensando hacer. Sin pensarlo más corre hacia el niño despues de gritar su nombre, haciendo que él voltee.
Llega frente a él y, sin que el niño lo espere, le planta un beso en los labios como el que ve en las telenovelas. Ninguno sabe lo que hace, ambos están pequeños para saberlo, pero ambos ven telenovelas, así que el pelinegro la toma de la cintura, mientras ella tienes sus flacos brazos en su cuello, y le sigue el torpe beso baboso a su amiga.
Cuando son conscientes de que están uniendo salivas, ambos se separan asqueados y sonrojados.
—Y-yo no sé poque hice eso.-se excusa la niña en un balbuceo, mirando al piso, avergonzada, limpiando sus labios llenos de baba. Su cara parece apunto de explotar de lo roja que está.
—¿N-no sabes?—preguntó un poco nervioso y con desilusión. Pensó que le gustaba.
—T-tu dijist-te que cuando seamos grandes se-seriamos novios y-y yo pe-pensé que n-nos podíamos dar un b-besito.
A él le dió mucha ternura que se avergonzara tanto, aunque él estaba igual, así que se acercó y la abrazó por el cuello, haciendo que ella abrazara su torso delgado.
A veces tan solo unos niños tienen presente que es lo que quieren y estos dos querían al otro, querían estar juntos, pero no de manera romántica, querían seguir con su amistad... ambos se querían.
-¿Nos volveremos a ver?-preguntó la niña, extendiendo su meñique para que él lo uniera al suyo.
-Nos Volveremos A Ver.-prometió, entrelazando sus meñiques.
Para ambos era importante el pinqui promes, estaban seguros que ninguno rompería su promesa.
Ambos se sonrieron y se volvieron a abrazar.
Pero muy poco sabían estos niños lo que el futuro les reparaba a ambos.
Ambos sufrirían, tal vez uno más que otro, a uno le dolería tanto que tal vez no recuerde su promesa, que tal vez se olvide de su amigo, aunque no es algo que quisiera.
N.A: Este libro contendrá temas sensibles como el abuso físico, verbal y sexual, así que si esos temas te afectan es mejor irte, es mucho más importante tu salud mental.
¡Pero si decides quedarte te amaré de por vida