Reflejos Perdidos

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Summary

Imagínate que un día te despiertas y al verte en el espejo, no hay reflejo tuyo. Ni en los charcos de agua, ni en la cámara de tu celular. Bueno, a este problema se enfrentan Yara y un grupo de personas que jugarán a juegos mortales para recuperar partes de su reflejo y volver a su vida normal. ¡Historia disponible en Wattpad y en Webnovel!

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Un día normal (o no)

Los pájaros cantaban alegremente fuera mientras el sol se empezaba a asomar para dar comienzo a un nuevo día. Yara, quien estaba profundamente dormida, se despertó por la molesta pero necesaria alarma.

Era un día normal y Yara, siguiendo su rutina de todas las mañanas, se puso el uniforme para ir a su instituto.

Entró al baño y con el cepillo que había en el estante se peinó su cabello rubio en una coleta simple. El peinado le salía mal, por lo que tuvo que rehacerlo varias veces, pero luego vio la hora que era y al final decidió rendirse e ir a sus clases con el pelo suelto.

Agarró su mochila y fue corriendo hasta la parada del transporte donde afortunadamente el bus esperaba su llegada. Agotada por la pequeña maratón, se desplomó en uno de los asientos de la parte de atrás.

Cuando Yara llegó a su parada, bajó del bus y fue a paso apresurado hacia la entrada de su instituto donde a continuación llegó a su salón. La maestra de inglés todavía no había llegado así que Yara se dio el gusto de ir a saludar a sus amigas antes de ir a sentarse.

—¡A la hora que llegas! —exclamó Natalie— Pensé que ya no ibas a venir a clase.

—Yo ya estaba pensando que te habías vuelto a coger un resfriado —habló Ida.

—¡No es culpa mía haber llegado tarde! Fue el bus que se demoró, había mucho tráfico —reprochó Yara.

—Si, si, claro... andate a sentar, la maestra ya llegó —dijo Ida.

Obediente, Yara se fue a su asiento y empezó a sacar su libro y cuaderno de inglés.


Pasaron las horas hasta que por fin sonó el timbre que indicaba el receso. Yara sacó su merienda y junto a Ida y Natalie, se fueron al patio a sentarse en su lugar de siempre.

—¿No creen que deberíamos cambiar de sitio alguna vez? Digo, nos sentamos en este mismo lugar desde hace 2 años —habló Natalie.

—Estoy de acuerdo, deberíamos probar a sentarnos en otro sitio —concordó Yara.

—Tienen razón —dijo Ida— Pero se podría decir que me he encariñado con este sitio, aquí fue donde las conocí a ustedes.

—Ya —respondió Natalie cruzando las piernas— Me acuerdo que en ese entonces, todavía llevabas esas gafas que te quedaban muy, muy, mal.

Ida dio un ligero pero fuerte golpe al hombro de Natalie a lo que Yara rió.

—¡Y tú de qué te ríes! —reprochó Natalie frotándose su hombro a lo que Yara respondió riéndose más fuerte.

—Nada, nada —respondió Yara.


Ya era hora de salida y las 3 amigas empezaron a salir del instituto como siempre lo hacían.

—¡Eh, Natalie, Yara! Recuerden que hoy es la fiesta en la casa de Andy —dijo Ida antes de empezar a irse por la calle que la llevaba a su casa.

—¡Claro que nos acordamos! —respondieron casi al unísono las dos amigas mencionadas.


Yara llegó a su casa y fue hacia la cocina. Agarró un papel que estaba situado sobre la mesa del centro y la leyó: “Querida Yara, hoy tengo horas extras en el trabajo y regresaré a eso de las 9:30 de la noche, te he dejado el almuerzo y la cena en el refrigerador. Pásatelo bien en la fiesta de Andy, ya te estaré esperando en la casa cuando regreses. Besos, mamá.”

Yara suspiró y prosiguió a calentar su comida en el microondas. Su mamá había cocinado unos espaguetis con salsa. Buscó algo para tomar y encontró una Coca-Cola que estaba en el frigorífico desde hace una semana, ya no tenía gas pero al ver que no había nada más para tomar, agarró la botella y sirvió todo su contenido en un vaso de cristal.

Puso su plato y el vaso en la mesa del comedor y para no sentirse tan sola, Yara puso un vídeo de Youtube en su celular. Al terminar de comer, Yara recogió los platos que había ensuciado y los lavó para luego secarlos y guardarlos. Fue a su habitación y empezó a buscar el conjunto de ropa que se iba a poner para la noche. Vació todo su armario pero no encontraba nada que combinara bien. El uso frecuente del uniforme de su instituto había hecho que fuera inexperta armando conjuntos de ropa para salidas.


Pasada una hora, Yara al fin decidió ponerse un vestido negro que le quedaba por debajo de las rodillas con una manga larga blanca debajo. Se puso unos botines negros y se peinó una trenza que más tarde cambió por un moño.

Ahora estaba lo difícil.

—Maquillaje —habló Yara para si misma viendo los coloretes, labiales, sombras y otros objetos más que había en un neceser del baño. Todo ese maquillaje era de su mamá pero esta le dejaba usarlo para situaciones especiales como reuniones o en este caso una fiesta.

Yara no era una chica que se maquillaba mucho, en parte porque su mamá no le dejaba, y en otra parte porque no le gustaba. Para Yara, maquillarse era una pérdida de tiempo y esfuerzo innecesario. Sin embargo, le había prometido a sus amigas que para hoy, se pondría al menos un poco de labial y rubor, así que no le quedaba otra que cumplir la promesa.

Empezó a vaciar el neceser y comenzó a maquillarse. El resultado final no fue asombroso ya que parecía que Yara no se había puesto nada en la cara, pero le dio igual. Vio la hora y decidió que ya tenía que ir saliendo de su casa. Miró la cena que le había dejado su mamá pero decidió no comerla ya que supuso que en la casa de Andy habría comida.

Regresó a su habitación y agarró su bolso donde dentro guardaba las llaves de la casa, sus audífonos, un gas pimienta (su mamá la obligaba a llevarlo) y unas toallas higiénicas de emergencia. Salió de su casa y se fue caminando, ya que el lugar donde vivía Andy quedaba a una cuadra. Andy era el compañero de clase de Yara con el que se llevaba bien. No hablaban mucho pero alguna que otra vez, Andy la había invitado a su casa para hacer algún trabajo del instituto.

Yara llegó a la casa de Andy y tocó el timbre, esperó unos minutos y al ver que nadie abría, optó por entrar sin llamar, la puerta estaba abierta y Yara entró. Dentro, había demasiada gente, reconocía a algunas personas pero los demás eran completos extraños para ella. Yara empezó a buscar a Natalie y a Ida y al no encontrarlas, les envió un mensaje por su celular.

Yara: ¿Dónde estás?

Natalie: Disculpa Yara, al final no voy a poder ir a la fiesta, mi mamá se negó al último instante :(

Yara: Ohh, ¿y qué hay de Ida?

Natalie: A mí me dijo que ya iba a llegar, pero que la llanta del coche de su padre se reventó y la tenían que cambiar.

Yara:¿Te dijo cuánto tiempo demoraría?

Natalie: Me dijo que unos 20 minutos aproximadamente.

Yara: OK

Yara suspiró y se fue a sentar en unos asientos que habían cerca de la cocina. Había demasiada gente en la casa y Yara comenzaba a agobiarse. Se podría decir que tenía algún tipo de ansiedad social y estar en un ambiente como ese no le ayudaba.

Yara miraba a cada rato el reloj que estaba colgado en una de las paredes y parecía que el tiempo no avanzaba nada. Los segundos parecían minutos y los minutos horas. Yara no esperaba momento para que Ida llegase.

Pasaron 10 minutos y Yara ya se sentía demasiado incómoda, así que decidió ir al baño. No tenía idea de donde se encontraba el baño pero igualmente no sería difícil encontrarlo. Yara avanzó por un pasillo donde ya no había tanta gente y se fijó en una puerta media abierta que se encontraba al final del pasillo. Abrió lentamente la puerta y rezó porque fuera el baño y no la habitación de alguien, para su alivio, era el baño. Tenía planeado encerrarse ahí hasta que llegara Ida aunque luego descartó la idea porque al minuto de estar allí, alguien empezó a tocar fuertemente la puerta.

—¡Ocupado! —gritó Yara levantándose de la tapa del inodoro donde se había sentado. Sin embargo, seguían golpeando la puerta.

—¡Ocupado! —volvió a insistir Yara.

Nada, seguían golpeando la puerta. Enojada, Yara cogió su bolso y abrió de golpe la puerta.

—¿Estás sordo o qué? —reprochó Yara a la defensiva. Sin embargo no había nadie afuera. Yara se quedó pensativa. Los golpes habían sido claramente en la puerta, ¿por qué no había nadie?

Yara seguía extrañada por lo que acababa de pasar pero decidió ignorarlo y lentamente volvió a cerrar la puerta del baño para volver a encerrarse. Pasaron otros 10 minutos. Yara estaba sentada en el piso viendo su celular hasta que de repente, le llegó un mensaje de un número desconocido. Abrió el mensaje y lo leyó:

Número Desconocido: Mírese en el espejo.

Yara ignoró el mensaje y bloqueó el número, pero al instante, le volvió a llegar otro mensaje de un número distinto.

Número Desconocido: Mírese en el espejo.

Yara: ¿Quién eres?

Número Desconocido: Mírese en el espejo.

Yara no se movió de su sitio pero sin embargo respondió:

Yara: Ya lo hice.

Número Desconocido: No lo ha hecho.

Yara se empezó a asustar un poco. Podría pensar que era alguien que la estaba espiando por una ventana, pero su miedo incrementó al ver que no había ni una sola ventana en el baño.

Yara: ¿Si me miro en el espejo me dejas en paz?

Número Desconocido: Mírese en el espejo.

Yara se levantó del suelo e insegura, fue a ver su reflejo en el espejo. Una vez hecho, Yara volvió a agarrar su celular y escribió:

Yara: Ya lo hice.

Número Desconocido: Ahora vuélvalo a hacer.

Antes de que Yara volviera a levantar la vista, la luz del baño empezó a parpadear y un estante que había en la esquina del baño se cayó. Yara, asustada, intentó salir del baño pero la puerta estaba trancada.

—¿¡Qué está pasando!? —exclamó Yara.

Golpeó y pateó la puerta pero esta seguía sin abrirse. La ansiedad comenzaba a apoderarse de Yara. Tenía miedo pero a la vez confusión y eso creaba una emoción muy extraña en su cuerpo. Volvió a mirar el último mensaje que el número desconocido le había enviado. “Ahora vuélvalo a hacer”.

Yara levantó su mirada en dirección al espejo y al instante de hacerlo las luces dejaron de parpadear.

La primera reacción de Yara fue tranquilidad por el hecho de que las luces volvían a alumbrar como antes.

La segunda reacción de Yara fue confusión.

Si te preguntas el porqué, se debe a que el reflejo de Yara no se visualizaba en el espejo.

Yara quedó paralizada unos segundos.

Luego se tocó la cara. Su mano sentía su cara.

Miró hacia abajo. Veía sus piernas.

Volvió a mirarse en el espejo. No había rastro de su reflejo.

Yara sacó rápidamente su celular, abrió la cámara y lo puso en modo selfie. No se veía a ella.

Yara no entendía nada. Empezó a sudar.

Abrió la puerta del baño y salió corriendo por el pasillo. Pasó entre la gente y al momento, sus ojos se fijaron en una figura que conocía. Era Ida.

—¡IDA! —dijo Yara corriendo hacia la mencionada.

Yara llegó hasta donde estaba Ida y le empezó a hablar.

—¡Ida! Me acaba de pasar algo muy extraño, estaba en el baño y-

Sin embargo, paró de hablar cuando se dio cuenta de que Ida no le prestaba atención.

—¿Ida? ¿Me estás escuchando?

Ida no respondió. Andy, el anfitrión de la fiesta, se acercó hasta Ida.

—¿Qué tal te lo estás pasando? —habló Andy.

—Bien —respondió Ida mientras se colocaba uno de sus mechones de pelo detrás de la oreja —Ando buscando a Yara, Natalie me dijo que ya se encontraba aquí ¿no la habrás visto verdad?

Yara sitió un escalofrío recorrer su cuerpo y tocó el hombro de Ida, pero esta no volteó. Lo mismo hizo con Andy, tocó su hombro, pero este no se inmutó.

—No, no he visto a Yara —dijo Andy dirigiéndose a Ida— estará en la cocina o en el baño.

—Mmm, sí, ya la encontraré —respondió Ida y se dio media vuelta.

Yara iba a ir detrás de ella pero antes decidió acercarse a la gente, fue hablando a todas las personas que se encontraban allí, pero estas no respondían ni se daban cuenta de su presencia.

—¡Respondan por favor! —suplicaba Yara a las personas que habían pero al igual que antes, no había respuesta alguna.

Yara se fue a sentar a un rincón de la sala y empezó a llorar descontroladamente.

—¿Por qué nadie me responde? ¿Por qué nadie me ve? —sollozó Yara para sí misma.

Pasados unos minutos, Yara terminó de llorar y se puso a pensar más en la situación, hasta que dio en un punto y halló al culpable de todo. El número desconocido. Regresó al baño donde había dejado sus pertenencias, entre ellas, su móvil, y escribió de nuevo al número de antes.

Yara: ¿Qué me has hecho?

Número Desconocido: Nada.

Yara: ¿Nada? No veo mi reflejo en los espejos y cámaras y nadie me ve. Todo esto desde que me escribiste tú.

Número Desconocido: Vaya, veo entonces que no te sienta bien el que nadie te vea.

Yara no respondió y esperó a que el desconocido volviese a escribir.

Número Desconocido: ¿Quieres recuperar tu reflejo?

Yara lo pensó por alguna razón antes de responder.

Yara: Sí.

Pasó un minuto exacto antes de que el desconocido volviera a responder.

Número Desconocido: Av. La Esperanza, Calle Monteolivo, Número 88.

Yara: ¿Qué?

Yara volvió a escribir varios mensajes pero el número no volvió a responder.

—Avenida la Esperanza, Calle Monteolivo, Número 88 —leyó en voz alta Yara— ¿Una dirección?

Yara empezó a dar vueltas en el baño y luego se sentó en la tapa del inodoro. Abrió su GPS y buscó la dirección que le habían mandado. El lugar quedaba un poco alejado pero se podía llegar mediante dos conexiones de autobuses. Yara lo volvió a pensar.

Si quería recuperar su reflejo, tenía que ir a ese sitio y enfrentarse a lo que sea que haya ahí. Era una decisión difícil pero era eso o ser invisible para todos por siempre.

...

Yara ya tomó una decisión.