Capítulo único
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Era el cumpleaños de Natalie, y Tom se arregló muy bien para la ocasión, no es que la rubia no lo hubiera visto en sus peores fachas, de hecho ella era su amiga desde que eran niños, y él siempre iba a todas las reuniones que hacía, ya que era su mejor amiga, sin embargo, quería irse un poco más arreglado porque había terminado con Jackson, en sí había pasado unos meses desde eso, sin embargo, él mismo sabía que Natalie tenía un sinfín de amigos, así que probablemente podría terminar ligando con uno.
Así que sujetó el regalo para su mejor amiga, y se subió a su Escalade.
Cuando llegó al lugar, tal como pensó, habían varias personas. El de trenzas saludó a la rubia, dejándole un beso en ambas mejillas.
—Perra te ves divina —masculló Tom, halagándola, a lo que la rubia rió, sonrojándose y palmeándole el hombro.
—Tú te ves mejor —respondió Natalie.
—Eso siempre lo sé, sin embargo, espero no opacarte, porque eres la cumpleañera, claro, ¿cuántos son? ¿Cuarenta? —chanceó el de trenzas.
—Ay por favor, Tom, ni que fuera uno de tus exs —devolvió la broma la rubia.
—Ouch —dijo Tom, fingiéndose el ofendido, mientras le daba su regalo.
—Anda pide algo en la barra libre, que tengo que seguir de anfitriona. Y gracias, bebé, es justo lo que quería —respondió Natalie, viendo fascinada el maquillaje que le había comprado Tom, él sabía que ella lo quería desde que le habló con tanta ilusión de esa paleta de sombras.
Tom asintió y se fue a la barra, viendo al muchacho que estaba allí, ofreciéndole una sonrisa, era alto y atractivo, ¿tal vez un buen prospecto?
—Hola, ¿qué te preparo? —preguntó el muchacho.
—Hola, eh, un mojito por favor —soltó Tom, viendo si el chico le respondía algo, pero no, se mantuvo concentrado en servirle el trago, el cual recibió y sorbió un poco, dándose cuenta que el chico o era hetero o simplemente no estaba interesado.
Se giró, bufando aburrido.
—¡Marica, hola! —escuchó que lo llamaban e inmediatamente se volteó.
—¡Perra, te estabas tardando! —respondió Tom, riéndose, abrazando con un brazo a su amigo recién llegado.
—Es que lo bueno se hace esperar, corazón, eso lo sabes —dijo el rubio, dejándole un beso en la mejilla—. Y, ¿cómo estás? ¿Ya estás saliendo de tu aura depresiva por ese imbécil?
Tom suspiró. —Ahora soy del pueblo y para el pueblo —dijo en voz alta el moreno, haciendo que todos invitados voltearan a ver.
Algunas chicas emocionadas se giraron a verlo, evidentemente eran nuevas amigas de Natalie, que no sabían que Tom era 100% gay. Pero algunos muchachos también lo vieron, uno de ellos atrajo la atención del de trenzas, fijándose en el chico, era rubio, con cabello corto engominado, barba, con un septum, piercing en la ceja, una camiseta blanca sin mangas, con casaca de cuero y unos pantalones negros, con botas, y el muchacho le ofreció una sonrisa, y Tom le guiñó un ojo, el chico estaba a pedir de boca, muy su tipo, sorbió de la pajilla de su bebida, mirándolo apreciativamente, aunque se le hacía un poco familiar, pero no recordaba de dónde.
—¿Tom? —le gritó Andreas, sacándolo de su ensoñación, y el moreno asintió, haciéndole notar que lo escuchaba.—Estoy que te hablo y tú no respondes.
—Ah, bueno, sí, sí, lo que sea —dijo Tom.
Andreas puso los ojos en blanco, dándose cuenta de las miraditas que compartía con el rubio.
Sin embargo, el gusto del moreno no le duró mucho tiempo, cuando se quiso acercar a él, y se dio cuenta de la charla que tenían.
—¿Y ya, Bill? ¿Por fin te olvidaste de tu chica especial? —preguntó el castaño, riéndose.
—No, jamás —respondió Bill, el rubio que le había gustado.
—¿Pero no te aburre eso? Esperar que ella te haga caso, sin que pase nada —masculló el castaño.
—No, Georg, vale por completo la pena —soltó Bill, y Tom se alejó por donde había venido, había malinterpretado esa mirada, el muchacho era heterosexual, y al parecer estaba muy enamorado de una chica que no le hacía caso, suspiró, pensando que era un desperdicio, pero bueno.
Se unió a sus amigos, pidiendo otro trago con el bartender que no le hacía caso, tratando de concentrarse en divertirse y ya no ligar, que parecía que su gaydar estaba fallando.
Conforme pasaron las horas, la fiesta seguía su rumbo dentro, y Tom estaba bailando junto con sus amigos, la verdad es que la casa de Natalie estaba abarrotada de gente, por lo que por momentos chocaba con algunas personas, sin embargo, el de trenzas pudo sentir con claridad cómo chocaban contra su trasero, claramente una pelvis masculina, al principio creyó que había sido casualidad, sin embargo, cuando sintió una presión, es que se giró, viendo unos ojos chocolates mirarle con fijeza, Tom arqueó una ceja, era Bill, el muchacho que le vio antes.
—Hola, soy Tom —dijo Tom, buscando alejarse un poco, pero Bill fue “empujado” haciendo que volviera a poner su dureza contra su trasero.
—Hola, soy Bill —saludó Bill de vuelta.
—¿Hace un poco de calor, no? —preguntó Tom, sintiéndose algo incómodo por el hecho de que un hetero le estuviera frotando el trasero, porque el chico era guapo, entonces indudablemente se estaba excitando con sentirlo así de cerca.
—Sí… —farfulló Bill, respirándole casi en la nuca, que Tom casi siente que se le cortó la respiración.
Cuando quiso voltear a verlo, se dio cuenta que Bill ya no estaba, dejándolo con una erección bien disimulada en sus grandes pantalones. ¿Qué carajos había sido eso?
No volvió a cruzárselo, y para cuando se fue, se preguntaba si realmente se imaginó todo, o qué diablos había pasado allí. Tom decidió no mortificarse al respecto, y se fue conduciendo, porque realmente no había tomado lo suficiente para no hacerlo.
¿Quién era ese chico? Ni siquiera tuvo oportunidad de preguntarle a Natalie, y la verdad ni siquiera sabía su apellido, así que no lo consideraba prudente.
Es más, se supone que ese chico era heterosexual, así que tal vez simplemente Bill lo había empujado por el tumulto, y no precisamente por una connotación sexual, una esa forma en la cual su piel se había puesto de gallina frente al aliento del joven le estremeció.
Quizá ya hasta estaba alucinando, todo porque realmente le faltaba coger. Suspiró y siguió conduciendo a su departamento.
A los siguientes días, Tom se iba a trabajar y a la universidad, hasta que llegó el fin de semana, y decidió que tenía que hacer algo con su falta de sexo, y como él no era tener relaciones así a la ligera, es que… Era más bien un plan para conocer a alguien, tener unas citas y luego acción. Sabía que los antros no eran los mejores sitios para eso, precisamente porque sus exs los había conocido en discotecas gays, sin embargo… Aún mantenía la esperanza de encontrar a su príncipe azul, aunque tuviera que “saltar” de sapo en sapo.
Por ello es que se arregló el fin de semana, y entró al antro, con la música a todo volumen, la oscuridad siendo cómplice, mientras que la multitud bailaba. Se pidió un daikiri de fresa, y fue acercándose al escenario, se presentarían unas drags queens que él admiraba mucho, así que valía la pena, luego tal vez alguien se le acercase o Tom terminaría tomando la iniciativa.
Tom comenzó a menearse conforme escuchaba la música, sintiendo las vibraciones en su sistema, el ritmo guiar sus acciones, siendo libre al hacerlo, moviendo las caderas, empujando su trasero, quebrándose hasta el piso, y luego volviendo a subir, consiguiendo atraer miradas de muchos chicos, y él se sentía muy feliz con ello, le gustaba llamar la atención porque el moreno sabía que era atractivo. Siguió moviéndose cuando sintió una pelvis contra su trasero, que inmediatamente hizo que pensara en Bill, pero esta vez la persona estaba perreándole, y Tom se dejó, mientras se arqueaba contra él, podía darle una probada de su cuerpo sin permitirle comer su miel, empujando su trasero contra la pelvis del muchacho, mientras sonaba una canción que le gustaba de Doja Cat, sentía el calor recorrerle el cuerpo, ese muchacho estaba bien equipado, ya que si bien tenían ropa puesta, podía sentirlo igualmente por la forma en que se marcaba en su trasero, y el ritmo que tenía… Vaya que lo movía bien, y Tom era muy coqueto, por lo que bailaba al ritmo de la música, tentándole más a quien lo perreaba con tanta intensidad.
Así estuvo un rato, hasta que giró el rostro y se paralizó. Era Bill, el mismo de la fiesta de Natalie, otra vez ofreciéndole una sonrisa.
“¿Qué demonios…?”, pensó Tom.
—¿Viniste con tus amigos? —preguntó Tom extrañado, porque podía recordar a los chicos con quien estaba en la fiesta, que eran los típicos machitos con masculinidad tóxica, lo cual hacía que no entendiera qué hacía allí un hombre heterosexual.
—No —respondió Bill, relamiéndose los labios, pero sin dejar de bailar con Tom, el cual quiso girarse, pero el rubio lo sujetó por las caderas, impidiéndole el movimiento.
Entonces Tom se sintió estúpido, entendiendo que ese chico era bisexual de clóset, y que de algún modo, estaba enamorado de una chica, pero, a pesar de eso, también gustaba de él, y quería tal vez utilizarlo o algo, y eso hacía que se sintiera conflictuado, porque Tom nunca había sido plato de segunda mesa de nadie, y no empezaría a serlo ahora, por más que Bill fuera atractivo.
—¿Qué haces aquí? ¿Eres bisexual? —cuestionó Tom, frunciendo el ceño, ya no moviéndose, pero tampoco alejando las manos del rubio.
—No hagas preguntas… —farfulló Bill contra su nuca, erizándole la piel nuevamente como el día de la fiesta.
Pero no, Tom no podía disfrutar de eso, o al menos intentó autoconvencerse de eso.
Iba a reclamarle cuando apagaron las luces, para luego ver cómo se iluminaba el escenario, al mismo tiempo que la presión en su trasero desaparecía junto con las manos sobre sus caderas y Tom se giró, dándose cuenta que Bill no estaba otra vez.
Y nuevamente estaba allí Tom con el pene erecto en los pantalones. Se mordió el labio con rabia. Aquello hizo que Tom se concentrara en el show y no en la gente.
…
Los días siguientes Tom se sintió muy enojado por pensar en Bill, ese hombre extraño, le encendía… Pero también le frustraba, no podía estar con él, no si era un bisexual o gay de clóset, para Tom fue difícil salir del armario, porque fue forzado a hacerlo. Aún recordaba cómo fue que sus padres lo regañaron porque lo vieron besándose a los quince con un chico universitario, y pues… Sí, tal vez le gustaban hombres mayores desde antes, pero, no iba a vivir ese infierno nuevamente. Al final su familia entendió que él seguía siendo el mismo de siempre, no obstante, sí recibió golpes y miradas de rechazo.
Natalie siempre estuvo allí para él, por eso era su mejor amiga.
Por eso es que él no vivía fingiendo que le gustaban las mujeres o algo así. Tom vivía libre, siendo lo que se denominaba “loca”, pero le importaba una mierda, no porque le gustase dar el culo significaba que fuera menos hombre, igual golpeó a muchos por defenderse.
Sus padres le ayudaban a pagarse la carrera, sin embargo, de todas formas Tom había decidido mudarse de su casa, porque era incómodo los cuestionamientos sobre sus horarios y salidas, así que por eso trabajaba, para pagarse sus propias cosas.
Entre las cosas que gastaba Tom era poder ir a ejercitarse, le gustaba mucho ir a la piscina olímpica temperada, principalmente los días lunes en la noche porque estaba vacía. Así que se entretuvo nadando, aunque se sentía un poco tenso al hacerlo, como si fuera observado, sin embargo, al voltear, no encontraba a nadie, lo cual lo confundía, pero no podía evitar sentir esa incomodidad en la nuca.
Finalmente cuando salió, con el cuerpo cansado por el ejercicio completo, es que se quitó la ropa de baño en los vestidores, y se puso una toalla, decidiendo ir al sauna, a una de las habitaciones privadas.
Como ese día no había nadie, es que entró sin poner seguro, sentándose a gusto, suspirando con los ojos cerrados con el calor en el ambiente, haciendo que sus músculos se relajaran.
Tom estaba muy tranquilo, hasta que escuchó cómo abrían la puerta, y luego le ponían el seguro.
—Hey, está ocupado —se quejó Tom, girándose y dándose cuenta que era Bill, nuevamente allí, con una toalla puesta, la misma jodida sonrisa, y un montón de tatuajes en su cuerpo, haciéndolo tragar duro.
—Hola —dijo Bill, sin moverse de su sitio.
Tom frunció el ceño.
—¿Me estás siguiendo? ¿Qué te pasa? —reclamó Tom, ya sintiéndose de los nervios con este acoso del rubio.
Bill rió.
—Es tan tierno que digas eso.
—No le veo lo tierno. Así que vete —ordenó Tom.
—¿Por qué? —preguntó Bill.—No dijiste nada las otras veces.
—Porque no tengo paciencia para estar con un enclosetado —respondió Tom, cruzándose de hombros.
—¿Quién dijo que lo soy? —cuestionó Bill, mirándole con curiosidad.
—No sé… —soltó irónico Tom—. Dijiste en la fiesta de Natalie que estás enamorado de una chica, y eso tal vez quiere decir que eres un jodido mentiroso, o que eres bisexual o gay. Y ninguna de esas opciones se me hace tentadora.
—No soy gay de clóset, y jamás dije que me gustaba una chica —aclaró Bill, alzándose de hombros.
—¡Te oí!
—Lo que oíste es que dije que me gustaba alguien especial, mis amigos asumieron que era una chica, y yo no lo desmentí, porque trabajo con ellos, y la empresa es muy estricta con el comportamiento de sus trabajadores —masculló Bill.
Tom arqueó una ceja. —¿Entonces esperas que me crea que yo soy esa persona especial?
Bill rió y se quitó la toalla, mostrándole la erección que tenía debajo, haciendo que Tom abriera los ojos por completo, porque una cosa era sentirlo y otra verlo .
Tom se giró para no seguir mostrándose afectado con su expresión, aunque él mismo estuviera excitado.
—No, no, aléjate, yo no soy un chico fácil que tiene acostones de una noche —farfulló Tom, más bien diciéndoselo a sí mismo, porque realmente le gustaba mucho Bill.
Bill se sentó a su costado, acariciándole encima de la toalla, con el notorio bulto debajo y Tom jadeó.
—No quiero sexo casual… —le aseguró Bill, respirándole en el cuello, y Tom sentía que la poca voluntad que tenía estaba flaqueando.
—Y qué… ¿Sólo quieres cogerme ahora pensando en algo más? —inquirió Tom, girándose, arrepintiéndose en el acto, lo tenía respirándole el rostro, viéndole con una mirada predatoria.
—No te quiero por un rato. Me has gustado por años —masculló Bill.
—¿Entonces me vas a invitar a salir? —interrogó Tom, jadeando conforme Bill seguía tocándole la polla por encima de la toalla.
—Sí, quiero salir muchas veces contigo —soltó Bill, relamiéndose los labios al hablar, rozando sin querer con su lengua los labios de Tom en el trayecto, haciendo que el trenzas se sintiera más ansioso.
—¿Me vas a presumir? Porque soy muy bello para que me ocultes, y también muy celoso —farfulló Tom, muriéndose de las ganas por besarlo.
—Sí, quiero presumirte —aseguró Bill, queriendo besarlo.
—Pero… Alto, dime, que ahora ando pensando con la cabeza de abajo y no con la de arriba, ¿cómo es que te gusto desde hace años si yo no me acuerdo de ti? —preguntó Tom, buscando alejar la mano del rubio de su entrepierna.
—No me recuerdas pero siempre estuve allí —masculló Bill, sonriéndole, deteniendo sus movimientos, sintiendo la mano tibia de Tom encima de la suya, el de trenzas le alentó a seguir hablando—. No estoy mintiendo… El año pasado Natalie se cayó en su cumpleaños a la piscina, y en vez de ayudarla, te lanzaste con ella.
Tom abrió los ojos sorprendido, y sonrojándose por el recuerdo, es decir, sí había pasado eso, pero, ¿por qué no lo recordaba?
—Y hace unos años pasamos una Navidad con ella, y pues ofreció chocolate caliente, pero para ti hizo una olla con té de canela y clavo porque eres alérgico —mencionó Bill, y Tom se sintió totalmente confundido.
—Pero… ¿Por qué no te me declaraste antes? —cuestionó Tom.
—Estaba esperando que termines con Jackson, y bueno, antes de él los otros chicos, que duraban unos meses. Y bueno, en mi defensa, sí lo hice una vez pero me rechazaste —comentó Bill.
Tom parpadeó y lo miró cómo si le hubiera salido un tercer ojo.
—¿Qué? Yo jamás lo habría hecho —respondió Tom.
—Bueno, tal vez ahora no, pero… Cuando teníamos quince años yo no me veía así —aclaró Bill—. Era un chico delgado con el cabello largo, negro, que se maquillaba los ojos. Tú eras muy lindo con tus rastas y lo que me dijiste fue: “¿Qué voy a hacer contigo? ¿Pintarme las uñas? Pasiva con pasiva no van” —habló el rubio, en tono aniñado, y Tom cerró los ojos sintiendo la vergüenza recorrerle.
Sí, ahora venía a su mente el recuerdo, Tom cuando era joven creía mucho en los estereotipos, y más bien andaba con chicos masculinos que fueran mayores, suspiró, Bill realmente era hermoso en ese tiempo, y ahora igual, pero… Fue tan joven y estúpido.
—Lo siento mucho. Mi yo de antes era muy inmaduro y estúpido —soltó Tom, dándose cuenta que entonces era verdad, Bill lo conocía de antes, sólo que el de trenzas había sido muy distraído.
—No te preocupes… Sólo que me muero por besarte. Tantos años de resistirme no sé si pueda hacerlo más. Y sí, tú eres la persona de la que le hablaba a mis amigos —dijo Bill, y Tom acortó la distancia, besándolo, jadeando al sentir la barba rasposa contra su piel.
Bill tenía una lengua muy hábil, y un piercing que se sentía tan delicioso en su boca, que sólo podía pensar en cómo sería tenerlo en otra parte de su cuerpo… Tom entrecruzó sus brazos detrás del cuello del rubio, el cual siguió besándolo, totalmente cautivado por sentirlo por fin, no en una fantasía, sino realmente probando el sabor de sus labios, y su lengua, Bill tenía a Tom con él, por lo que siguió acariciándolo por encima de la toalla, muriéndose por quitársela.
Tom chupó la lengua de Bill, succionándola, haciendo que el rubio se pusiera imposiblemente duro.
—Quiero chupártela —jadeó Tom contra su boca.
—Sólo si tú me dejas chuparte también… —ofreció el rubio.
—Ah, claro, ¿69? —preguntó Tom.
—Sí, pero quiero mamarte el culo —dijo Bill contra su oído, haciéndole estremecer, para luego sentir cómo pasaba su lengua por su oreja—. Así que dame ese placer y siéntate en mi cara —terminó de hablar.
Tom sintió que se iba a venir sólo con eso.
Bill se echó en el asiento, y Tom sonrojado es que se acomodó encima suyo, mostrándole el trasero en la cara, y sintió cómo el rubio lo agarraba por las nalgas, separándoselas, para luego hundir su rostro entre ellas, sintiendo su aliento contra su entrada, y Tom sintió sus piernas temblar, no quería confesarle a Bill que en realidad nadie le había hecho el beso negro, pero decidió sujetar la base del miembro del rubio, para comenzar a metérselo en la boca, mientras su gargantaba vibraba por el gemido que salía al sentir cómo Bill le lamía su fruncido culo, dejándole besos para luego introducirle la lengua, y Tom se arqueó automáticamente, mientras jugaba con la verga del rubio en su boca, sintiendo cómo latía, y saboreando el preseminal.
Mientras que Bill estaba en su mejor momento, probando el almizcle de su crush, mientras sentía cómo sus esfínteres apretaban su lengua, pero no se cansaba de meterle la lengua, siempre había soñado con hacer precisamente esto, probar su trasero de esta forma, lamiéndolo con necesidad, sintiendo que no había mejor manjar que comerle el culo a Tom, por eso lo había punteado, porque amaba el culo del moreno.
Tom sentía que sus piernas iban a flaquearle, agradecía a sus piernas ejercitadas el que estuviera aguantando tanto, porque esa bolita del piercing del rubio lo estaba volviendo loco, y la forma en que lamía con tanta ansía hacía que sus terminaciones nerviosas se sobrestimularan, igualmente intentaba no perder concentración de la mamada, porque sí, le gustaba el sabor de Bill, y su tamaño, era grande y grueso, así que realmente estaba disfrutando el tenerlo caliente contra su lengua, estaba dándole gusto a su fijación oral de la mejor forma, mientras que el sentir la barba de Bill en sus nalgas sólo lo excitaba aún más.
Bill sentía que a ese paso se iba a correr, porque Tom le chupaba tan bien su miembro pulsaba en la boca del moreno, mientras seguía fascinado por las contracciones del culo de Tom en su lengua.
Tom se lo sacó de la boca.
—¡Basta! —gritó Tom.
—¿Qué pasó? —preguntó Bill, separándose de su trasero.
—Te quiero tener dentro —exigió Tom—. Pero… Carajo no traje condones.
—Estoy limpio de enfermedades e igual ya nos hemos lamido —arguyó Bill.
—Tienes razón —dijo Tom, levántandose de encima—. ¿Sí pusiste el seguro, no? Porque no quiero que nadie nos interrumpa.
—Sí —farfulló Bill con una sonrisa, echándolo en el asiento, ubicándose entre sus piernas, haciendo que Tom le chupe los dedos, para luego meterlos en su interior, pero ya estaba tan excitado por el beso negro, que el de trenzas estaba más receptivo cuando Bill curvó sus dígitos, dándole en la próstata, lo mismo que había hecho su lengua, pero de una forma que hizo que Tom se removiera sobre el asiento, realmente deseando tenerlo dentro, es decir, su miembro y no solamente sus dedos.
Sin embargo, Bill era cuidadoso, por lo que aumentó otro dedo, haciendo movimientos circulares dentro de Tom hasta que el moreno empujaba su trasero contra los dedos, ansioso por más, Bill lo observó, con los ojos anhelantes, y la boca entreabierta hinchada y rojiza por la mamada previa.
Bill no pudo resistirse a esa expresión tan jodidamente erótica, por lo que levantó sus piernas sobre sus hombros, dirigiendo su miembro en su entrada, sus anillos de los esfínteres de Tom comenzaron a apretarle y el rubio gruñó, empujando más su erección mientras que Tom se tocaba el pene, arquéandose en el asiento, y el moreno abrió la boca, masturbándose mientras Bill terminaba de entrar, llenándolo por completo.
Tom estaba sumamente excitado, que ni siquiera el no tener un lubricante adecuado hacía que se le bajara la erección, porque sí, escocía un poco, pero era tolerable, y más cuando vio el rostro del rubio, que comenzó el ritmo de las embestidas, haciéndole recordar los movimientos que tenía con él en la discoteca, tal y como lo pensó, Bill lo movía bien, se coló tan bien en su interior, que le dio en el ángulo exacto, tocándole la próstata, y Tom apretaba sus dedos de los pies, mientras seguía el bamboleo en su miembro, y Bill seguía embistiéndolo…
En ese punto no les interesaba que se estuvieran sancochando en el sauna, porque estaban muy ensimismados en ellos mismos.
Bill siguió con las estocadas, gruñendo al hacerlo, disfrutaba totalmente de esto, no había sensación más placentera en el mundo que estar hundido en Tom, nada podía asemejarse a ello. La forma en que su polla era envuelta por sus entrañas… Cómo si su pene fuera una pieza de rompecabezas que encajaba sumamente bien en el trasero de Tom.
Bill arremetía contra él… Deseando besarlo, pero por la posición no podía hacerlo. Otro día lo harían en una pose en que pudiera besarlo todo el tiempo, porque esto no sólo era sexo para el rubio, realmente había estado enamorado de Tom por tantos años, que incluso había cambiado su apariencia simplemente para gustarle, y no se arrepentía de ello, porque así pudo hacer que se girase a verlo.
Tom estaba nublado por el placer, viendo cómo el cabello de Bill lucía desordenado y estaba todo sudado con la boca abierta, mientras seguía dándole embestidas tan profundas que era como tocar el cielo con los dedos. De pronto fue demasiado para su sistema, y terminó corriéndose con fuerza, arrastrando irremediablemente a Bill a su orgasmo, con la forma en que casi ahogó su polla en su culo.
Bill se vino con fuerza en su interior.
Después de un rato, se separaron, y Bill los aseó a ambos con su toalla, siendo muy cuidadoso, para después besarlo con suavidad, y Tom se dejó hacer.
—Creo que debemos salir de aquí o nos deshidrataremos —dijo Tom, sintiéndose muy bien entre los cuidados que tenía el rubio con él, era un amante dominante pero también cariñoso.
Bill asintió y salieron juntos, para luego bañarse en las duchas, enjabonándose mutuamente, para después vestirse y salir tomados de la mano, con una sonrisa imborrable.