Ekstern

All Rights Reserved ©

Summary

Salieri Montenegro Neiruk, una joven Detective de Policía con una mente aguda y un fuerte sentido de la lógica, se ve inmersa en un mundo que desafía toda su comprensión cuando su vida se ve irrevocablemente alterada por una tragedia personal. Tras un evento impactante, despierta un legado ancestral: el poder del linaje Sehwert, una conexión con fuerzas que creía pura fantasía. En medio de este caos recién descubierto, Salieri cruza caminos con Sariel, un enigmático ser de otra dimensión conocido como Ekstern, que, a pesar de haber perdido la mayor parte de sus vastos poderes, carga con el peso de siglos de conocimiento y secretos. Unidos por un inesperado pacto forjado en la adversidad, ambos se encuentran en el centro de una conspiración que amenaza con liberar una fuerza primordial capaz de sumir al mundo en la oscuridad. Mientras Salieri lucha por conciliar su mente racional con la vertiginosa realidad de lo sobrenatural, deberá unir fuerzas con Sariel para resolver misterios que se ocultan a los ojos humanos y enfrentarse a amenazas que acechan desde las sombras, todo ello mientras una antigua y temible entidad se prepara para reclamar lo que cree suyo. Su incipiente alianza será la clave para proteger un mundo que apenas comienza a comprender.

Genre
Fantasy
Author
Rogzca
Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 01: Detective | 1.1: Detective

Centro Recreativo Lanel. Distrito Emerith. Ciudad de Melbury. Estado de Melbury. República Central

06:00 de la mañana.

El amanecer apenas logra perforar la opresiva atmósfera del centro recreativo Lanel. En este lugar, policías uniformados se mueven con una eficiencia sombría, sus radios crepitando con comunicaciones entrecortadas.

Las luces intermitentes de las patrullas y la ambulancia, que han llegado demasiado tarde para las víctimas en el lugar, bañan la cancha de baloncesto y sus alrededores en destellos erráticos de rojo y azul, pintando una escena macabra sobre el suelo de una cancha de básquet aún manchada de sangre.

Aquí, médicos forenses, con sus trajes blancos, trabajan con diligencia metódica cerca de los dos cuerpos cubiertos por una larga sábana blanca, mientras el aire se carga con el olor metálico de la sangre, el antiséptico y la humedad de la madrugada.

Un nuevo día llega, sí, pero nadie en la Ciudad de Melbury se espera lo que este trae consigo, ni la oscuridad que ha danzado en uno de sus más famoso parques.

—Por favor, dinos qué es lo que sucedió –La voz de un agente especializado en homicidios, cansada pero firme, intenta penetrar la barrera de conmoción de cierto joven de piel blanca y metro noventa de altura

Sentado en una banca metálica y fría, apartado del epicentro del horror pero inevitablemente su foco, yace Sariel. Tiene la cabeza agachada, su cabello oscuro y alborotado cayendo sobre su frente, ocultando parcialmente una mirada perdida en algún abismo insondable.

Su ropa elegante, un traje oscuro que marca su cuerpo delgado pero musculoso, que antes hablaba de refinamiento, ahora se encuentra manchado con la sangre del Oficial Montenegro, el Comandante de la Estación de Policía del Distrito de Morian. Una visión que atrae las miradas curiosas y acusadoras de los uniformados cercanos, con miradas que lo juzgan sin juicio, que lo condenan en silencio.

—... –Sariel no ofrece respuesta, ni siquiera un temblor. Permanece inmóvil, como una estatua rota–

Una de las oficiales, una mujer, de unos 30 años, de cabello largo, rubio y lacio, piel blanca que parece brillar con el amanecer, y metro setenta y cinco de altura, observa la escena con sus ojos verdiazules, con una perspectiva muy diferente a la del resto.

Por esto mismo es que, al ver al joven en ese estado catatónico, y después de inspeccionar cuidadosamente los alrededores y los informes preliminares, decide aplicar la presunción de inocencia e intenta establecer algún tipo de comunicación, por lo que, se acerca con cautela al desconocido.

—¿Joven?, ¿puede escucharme? –Le pregunta ella, su voz elegante a diferencia del resto, poniéndose de cuclillas para estar a la altura de Sariel– ¿Sabe que ha pasado?–

Sin embargo, a pesar del intento de persuadir a Sariel, la Agente no logra ni siquiera moverlo un segundo. El hombre permanece en este mismo estado. Y al ver esto, ella se levanta y suspira. No con decepción, sino con cierta tristeza por él.

—Será mejor llevarlo a la Comisaría –Uno de sus compañeros finalmente se harta de la actitud de estatua del hombre

—Pero… –La Agente dubita, preocupada por el estado del chico, mientras se levanta

A pesar de que todos los demás en la escena parecen creer firmemente en su culpabilidad, pues, él es prácticamente un desconocido encontrado en una escena de homicidio múltiple, cubierto de sangre, ella, la Agente rubia, gracias a un agudo olfato, unos ojos especiales que captan detalles minúsculos y experiencia propia de los suyos, está segura de no solo su inocencia, sino también de que la historia es mucho más compleja.

Después de todo, aparte del olor residual de la sangre y las balas, el olor a ozono y a algo extrañamente quemado aún persiste débilmente en el aire, mismos que parecen no formar parte de este mundo. Además la sangre en la ropa del joven no parece coincidir con ninguna herida propia, ya que a simple vista no presenta herida alguna.

Lamentablemente, la persona es incapaz de cooperar, ni siquiera es capaz de levantar la mirada, de conectar con la realidad que lo rodea. Su estado en esos momentos no es el de un culpable tratando de evadir la justicia, sino el de un ser que ha presenciado un horror que ha fracturado su psique. Por esto mismo es que nadie, ni siquiera la que cree en su inocencia, es capaz de hacer algo para ayudarle.

—Traigan las esposas –Ordena finalmente una Sargento que estaba cerca–

Entonces, justo cuando dos agentes se disponían a proceder con su arresto, algo sucede. El motor de una camioneta negra utilitaria policial, que a pesar de no ser del 2025, sino de hace 7 años, sigue siendo de alta gama y calibre, interrumpe completamente el ambiente y acciones de todos al detenerse bruscamente cerca del cordón policial, a unos metros de la escena del crimen. Segundos después, una puerta se abre, para finalmente cerrarse con un golpe seco.

—...–

La expresión de todos los uniformados presentes, desde los novatos hasta los agentes de más alto rango, se congela casi al instante al ver bajar del vehículo a cierta persona, a cierta mujer con una apariencia distintiva y muy conocida. Una mujer que provoca un silencio tenso, más profundo que el anterior.

—¿Qué ha pasado aquí?, ¿por qué me llamaron? –La voz es femenina, joven, pero con un timbre de autoridad que corta el aire viciado de la escena del crimen

Del auto baja una mujer de 24 años, de piel blanca, metro setenta de altura, vestida con un traje formal de color negro y camisa blanca que abraza perfectamente su figura reloj de arena, proyectando elegancia y control, pero también autoridad y frialdad calculada. Además de ello, también porta una placa colgando en su cuello, cuyos patrones diferentes al del resto de agentes deja claro su estatus superior.

Es Salieri Montenegro Neiruk, una famosa Detective de la Unidad de Homicidios, no de una policía local, sino de la Policía Nacional del país. Lo más característico de ella son su cabello color blanco plateado y sus ojos escarlata, mismos que todos en la República Central son conscientes de que estas dos características visuales las tiene de nacimiento.

—...–

Y con su presencia, ninguno de los presentes se atreve a decir algo de inmediato. Sus miradas son esquivas, conscientes de la delicada y dolorosa conexión que ésta recién llegada tiene con una de las víctimas principales.

—De, Detective Montenegro… –Tartamudea finalmente la Sargento, la mismo que estaba a punto de ordenar la detención de Sariel, su tono ahora una mezcla de respeto y aprensión

Tras expresar su obvio disgusto por la situación con un ceño fruncido, la recién llegada espera una explicación. Una que, por supuesto, que nadie se atreve a dar. O al menos no hasta que alguien finalmente decide hacerlo.

—Es… –Comienza un valiente. Sin embargo, pronto su valentía se desvanece y su voz se apaga al segundo, pues no sabe cómo decirlo

La joven Detective dirige su mirada penetrante alrededor, absorbiendo la caótica tranquilidad de la escena. Sus ojos escarlata se detienen en los dos bultos cubiertos con sábanas blancas, cerca de la línea de tres puntos de la cancha de fútbol aledaña.

—¿Hay más? –Pregunta, su voz ahora más baja, teñida por una premonición que hiela la sangre

—Si… más adelante –Un Agente señala hasta el fondo, a mitad de la cancha de básquet, con un gesto sombrío

—Llévame –Ordena Salieri, su calma profesional apenas velando la tormenta que poco a poco se forma en su interior al sentir que algo está yendo mal

Ambos avanzan entre los restos del enfrentamiento, mientras la joven continúa mirando a su alrededor. Sus ojos observan cada rastro de destrucción y pruebas, desde el más pequeño, como simples pisadas o cortes de la tela de entrada al espacio de juego, hasta los más grandes, como las barras metálicas de los postes tanto cercanos como de las canastas, e incluso pequeñas hendiduras en el suelo.

Su rostro es impasible, sin embargo, la opresión del ambiente, la expresión sombría de cada oficial y la palpable tragedia provocan que su corazón comience a latir con una rapidez dolorosa.

—Aquí está la tercera víctima –Anuncia el agente, deteniéndose frente a otra manta blanca que cubre un cuerpo

La chica observa el bulto blanco bajo sus pies por un instante. Luego, su atención es capturada por la figura en su campo de visión, sentada en la banca cercana: el joven de cabello oscuro, Sariel, cuya ropa elegante ahora yace manchada de sangre y suciedad, con una postura similar a la de un hombre completamente quebrado.

—¿Quién es? –La voz de la Detective recupera su tono profesional, sin embargo, sus ojos no se apartan del joven. A su vez, siente cómo su corazón extrañamente comienza a latir con una fuerza sumamente extraña que ella jamás ha sentido antes

—No sabemos –Responde la oficial rubia que creía en la inocencia del joven, misma que se había movido con ella hacia su ubicación– Traté de hablar con él, pero desde que llegamos ha permanecido en ese estado–

—Bien, déjenme intentarlo –Salieri, con una nueva nota en su voz, probablemente una sospecha o una intuición tanto en su mente como en su corazón ahora extrañamente acelerado, la impulsa a acercarse

Con pasos decididos y firmes, se aproxima a la banca donde Sariel permanece ausente. Con cada paso, su corazón late más y más, e incluso siente una extraña calidez en su pecho, similar a cuando volvía al hogar donde había vivido hasta los 18 años.

—Oye –Le dice, su voz ahora más suave, pero firme

Lentamente, como si emergiera de profundidades abisales, el joven alza la mirada y sus ojos, que antes reflejaban un vacío insondable, se encuentran con los de la Detective Salieri.

Y en un segundo, su expresión pasa de estar perdida y devastada, a una de absoluto y mudo estupor, como si acabara de ver un fantasma o algo de otro mundo.