Dream on (Toll lésbico)

Summary

Songfic de la canción Dream on de Aerosmith. Bill!trans. Tom!gender swap. Cada vez que me miro al espejo, todas estas líneas en mi cara se vuelven más claras. El pasado se fue. Pasó como el anochecer hasta el amanecer. ¿No es así?

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Bill colgó el móvil con la mano temblándole, asimilaba todo lo que había escuchado pero, por más vueltas que le daba, no terminaba de comprender qué había sucedido o, mejor dicho, por qué.

Era difícil el procesar la frase: “Ya no requerimos de tus servicios porque ya eres un profesional de amplia experiencia y buscamos nuevos talentos”, no por su complejidad en sí, sino por el fondo, por el mensaje real, Bill sabía que lo habían despedido porque ya no era el modelo veinteañero de cuando empezó su carrera.

Y, bajo esa innegable realidad, aceptó que sí, que el espejo le devolvía arrugas que su maquillista buscaba ocultar en las sesiones de fotos.

Abrió su armario, y sacó el baúl con llave que tenía al fondo. Al levantar la tapa, vio lo que realmente le hacía feliz, lo que ocultaba a todos, por temor al qué dirán y por los problemas que le acarrearía en el trabajo; una colección de prendas de mujer, de pelucas y tacones.

No podía dejarse crecer el cabello por su trabajo, sin embargo, su sueño era poder tenerlo largo, tan largo que le cosquillearía la nariz al girarse en la cama, tan largo y con forma que al caminar sus mechones se moverían como un reflejo de sus acciones.

Y sabía que realmente no se sentía un él, sabía que más allá de que la ropa no le definiera, quería salir y mostrarse cómo se sentía, quería ser libre, no solo quería ponerse vestidos en la oscuridad de su habitación, maquillándose y anhelando con poder verse como realmente quería.

El trabajo, los problemas, las responsabilidades, y todo lo demás habían hecho que poco a poco se olvidara de su persona, al punto de que ahora recién se percataba que no había vivido disfrutando sino en un estado automático, al punto de no pensar en lo que quería realmente.

Tomó aire y cerró los ojos con fuerza.

—¡No soy él! —gritó con convicción. No era él y nunca lo fue, solo aceptó lo que le había tocado sin protestar.

Pero ya no iba a callar, ya no tenía un contrato que cumplir, no le interesaba los demás si eso significaba no vivir.

Se afeitó, maquilló, vistió, puso la peluca y los tacones, se calzó un abrigo largo color crema, se puso unos lentes oscuros (sin importarle que era de noche) y decidió ir a un bar.

La verdad era que Billie (prefería que ahora la llamasen así para no perder del todo su yo y, al mismo tiempo, hacer tributo a una cantante) no esperaba aplausos o un mundo de color de rosa.

Estaba muy al tanto de lo difícil que era ser comprendida cuando no sigues el patrón del resto, sin embargo, de todas maneras nadie la preparó para tantas miradas de rechazo y asco.

Estaba a punto de levantarse de la barra, sin pedir nada, e irse porque no podía lidiar con ello, pero de pronto la bartender, una chica de veinte y tantos con cabellera castaña clara, dos piercing en el labio y un uniforme que no se le hacía justicia a sus curvas, le ofreció una sonrisa.

—Hola, guapa. Mi nombre es Tomika, ¿qué se te antoja? —preguntó en un tono sugerente, y Billie se sintió tonta por sonrojarse por algo así, tan simple y directo, y más ella casi bordeando los cuarenta sintiéndose como una adolescente.

—Sexo en la playa, por favor —respondió, intentando que su voz sonara aguda, no quería ver rechazo en esos ojos color avellanas.

—¿Y para tomar? —cuestionó Tomika con picardía, y Billie soltó una risa ante ello.

Billie no lo notó, pero se había relajado bastante con los coqueteos de la bartender, y, llegado un punto, dejó de importarle las miradas de reproche y disfrutó las bebidas y atención de la bellísima e hilarante bartender.

Se dio el cambio de turno, Tomika tenía que irse y Billie sintió que también debía hacerlo, ya estaba bastante entonada por el alcohol y eso podría ponerla en peligro.

Al salir del bar se encontró con Tomika, en esta ocasión se limitó a desearle buenas noches para no romper la magia, pero la muchacha no aceptó eso y la detuvo sujetándola por el brazo.

—Billie, no tienes que fingir, yo sé que no eres mujer de nacimiento. Puedo lucir ingenua debido a mi edad, pero percibo mucho, y sé que tú eres una bella dama a pesar de lo que tengas entre las piernas —soltó Tomika con brusquedad y de sopetón.

Billie casi se tuerce el cuello para girarse y verla, y por el movimiento brusco, se le cayeron los lentes.

—¿Tú lo sabías y aún así…?

—Sí, me pareciste muy guapa no solo lo decía por amabilidad —comentó, mientras soltaba el agarre pero mantenía el contacto con suavidad.

Billie no entendía, ¿cómo no había rechazo?

Tomika vislumbró la duda e incertidumbre en los ojos de Billie, y decidió demostrarle que no lo decía por quedar bien, se acercó a ella, y, poniéndose de puntitas, la besó. No buscó profundidad, ni tampoco intentó demostrar dominancia, solo fueron unas leves caricias que necesitaba dar, para probar esa suavidad y sentirla, comprobar que esa belleza, a su parecer etérea, existía en realidad.

Billie sintió que todas sus piezas encajaban y, justo cuando fue más consciente de la sensación agradable que le embargaba al sentir ese roce, Tomika se alejó.

—Sigue tus sueños hasta que se hagan realidad —exclamó con una sonrisa ladeada, que Billie correspondió.

Y, con la promesa de algo más que un beso al sujetarse las manos, se fueron de ahí, enfocadas en algo que disfrutaran sin hacer daño al resto.