Converse High

Summary

“Ja, ¿No lo sabes? Las Converse matan tu encanto. De todas formas, cuando nos encontremos no uses Converse, es muy difícil apartarlos de ti”.

Genre
Erotica/Humor
Author
D0m
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Único.

Tom había decidido usar otros tipo de zapatos desde hacía unas semanas, desde que vio en el aparador de un centro comercial en Estados Unidos, unas lindas Converse altas color rojas, se quedó obsesionado con esos zapatos desde ese momento y sin pensarlo las compró, junto a otro par pero de color negro.

En cuanto Bill vio a Tom aquellos zapatos altos rojos, pensó que eran lindos, que hacían ver bonito a Tom, pero rápidamente se dio cuenta que no eran tan bonitos…

Siempre que miraba esos zapatos ya fueran puestos en su gemelo o simplemente tirados sobre el suelo, los miraba con fastidio, y comenzaba a extrañar cuando Tom usaba sus antiguos zapatos.

En plena gira, todo era aún peor, casi no tenían tiempo para ellos, y los pocos momentos que tenían para dedicarse a las acaricias se veían arruinados por las benditas Converse rojas, ya que Tom siempre se las ponía.

[...]

Estaban en el bus del tour, Georg, Gustav y David habían salido a buscar alguien que pudiera reparar las cuerdas del bajo de Georg y unos nuevos palillos para Gustav, ya que estaban todas desgastadas.

Por lo qué, solo estaban ellos dos.

O bueno, Bill en ese momento, ya que Tom había salido a una tienda cercana para comprar golosinas, frituras y bebidas bien frías para que ellos pudieran comer mientras veían la televisión, aprovechando así el tiempo que tenían de descanso antes del próximo concierto.

Bill estaba sentado sobre uno de los sofás que poseía el bus, con su cabello en una coleta debido a que el lugar donde estaban era un poco caluroso, por lo mismo en ese momento sólo vestía unos pants flojos y una camisilla pegada al cuerpo color negra; esperando a su hermano, mientras recibía el viento del ventilador frente a él.

—Ahg, maldito calor —se quejó, haciendo su cabeza hacia atrás. —Ni siquiera es medio día para que haga tanto calor…

En ese momento escucho como la puerta del bus, era abierta, volteando a ver a su gemelo, que en sus manos traía una bolsa de papel con refrescos, dulces y frituras, tal y como había dicho que traería, y en su frente era visible una fina capa de sudor.

Tom soltó un suspiro, y cerró la puerta detrás de él, dirigiéndose de inmediato a su hermano, dejando la bolsa en el suelo, y dejando caer su cuerpo al lado del azabache en el sofá.

—¿Trajiste todo? —cuestionó Bill, recibiendo un asentimiento por parte del contrario.

Bill se inclinó, para ver lo que había en la bolsa, sacando una lata de coca cola abriendola para darle un profundo trago, sintiéndose satisfecho al sentir como la bebida fría se deslizaba por su garganta.

Mientras se terminaba su soda, se dio cuenta de cómo Tom, frustrado por el calor, se quitaba su camiseta holgada, y la dejaba caer a pies del sofá.

Bill alzó una ceja al ver el delgado torso de su hermano desnudo, con sus pequeños pezones marrones claros, y de pronto se sintió sediento, pero ese tipo de sed no era del tipo que tú sacias bebiendo un frío vaso de agua o coca cola.

Sonrió ladino viendo a su gemelo, que descansaba con los ojos cerrados, sintiendo el viento del ventilador refrescar su pecho. Se acercó sigiloso, deslizando una de sus manos por la cintura desnuda de Tom.

El de rastas abrió sus ojos, viendo como tenía casi encima suyo a su gemelo.

—Uhm… ¿Qué quieres? —preguntó Tom, antes de que sus labios perforados fueran atacados por los labios de su hermano. Correspondió de inmediato, entendiendo que era lo que quería Bill.

Bill terminó por acomodarse sobre él, abriéndose paso entre sus piernas, presionando su entrepierna con la del contrario.

Tom jadeo sobre sus labios al sentir la presión de la entrepierna en la suya.

—Bill… —musitó Tom, con los ojos entreabiertos. —Ellos pueden venir en cualquier momento…

—Shhh… —Bill pasó su lengua por sobre los labios de su hermano. —Solo seamos rápidos y no pasará nada, como siempre.

—¿Seguro?

—Si —respondió Bill, aprovechando que Tom tenía los labios ligeramente abiertos para introducir su lengua en su interior, pasando su lengua en cada extremo sin pudor alguno.

Tom cerró los ojos, jadeando contra su boca, pasando sus manos por los hombros huesudos y descubiertos por la camisilla de su gemelo.

Bill se separó de Tom, por unos momentos, y Tom lo observó expectante.

—Iré a traer el lubricante —dijo el azabache, depositando un último beso sobre sus labios, alejándose de él para ir hacia la parte de las camas del bus, buscando entre sus cosas un sobre de lubricante.

Una vez con lo que iban a necesitar, rápidamente volvió con su hermano, y se posicionó de nuevo sobre él, dejó el sobre a un lado, pasando sus manos sobre el torso desnudo del de rastas, acercándose a uno de los pezones ya erectos de su gemelo, pasando su piercing sobre él, provocando un jadeo más alto de parte del contrario, que se arqueo contra él.

Sinceramente, Bill amaba la forma en la que Tom se volvía una masita pasiva debajo de él, de sus toques y sus besos, cosa que le encantaba todavía aún más, si pensaba en que era el único que tenía ese privilegio, pues ante todo el mundo Tom se mostraba como la epítome de la masculinidad, acostándose con cada mujer que él se propusiera, incluso Georg y Gustav se tragaban ese cuento. ¡Ja! Es que nunca lo habían visto con el rostro rojo, agitado, labios mordidos y sudado, pidiendo que fuera más suave o que fuera más rudo, de cualquier forma, Bill era demasiado posesivo con su gemelo como para permitir que alguien más se deleitará con aquella imagen y sonidos.

Estaba más que orgulloso de decir que Tom era suyo, y de demostrárselo al mismísimo Tom, cada que le hacía el amor.

Mientras se degustaba con los pezones de su hermano, chupando, lamiendo y mordiendo, sus manos apretaban su cintura y poco a poco, bajaban hasta el inicio de sus pantalones para comenzar a quitarlos, aprovechando que eran holgados, era sencillo retirarlos.

Tuvo que poner pausa a su degustación, para terminar de retirar los pantalones y ropa interior de su hermano, pero se dio cuenta de ese detalle que en esos momentos nunca lo dejaba tranquilo.

Frunció el ceño en fastidio.

—¿Qué pasa? —cuestionó Tom, sin entender la cara de Bill en ese momento, ya antes se había dado cuenta que siempre ponía esa cara cuando era él quien le quitaba los pantalones, pero nunca le preguntaba a qué se debía ese gesto.

Bill apartó la vista de los zapatos rojos, que su gemelo obviamente se había puesto, era de esperarse, era casi como si no existieran otro tipo de zapatos para el de rastas.

Soltó un suspiro, y comenzó a desatar las cuerdas de las Converse.

—Las Converse matan tu encanto ¿Sabías? —comentó Bill, mientras terminaba por desatar uno de los zapatos.

Tom alzó una ceja, sin entender ese comentario.

—Me refiero a que es tedioso que en lugar de apurarme a entrar en ti, tenga que tomarme el tiempo para desatar tus zapatos —masculló bajando su mirada, cuando terminó de desatar uno de los zapatos, para quitarlo y luego hacer lo mismo con el otro. —Es muy difícil apartarlos de tí, al menos cuando usabas los otros con un solo jalón ya estaban lejos.

Tom se sonrojó ante esa explicación, eso explicaba porque esas muecas.

—Lo siento, no sabia que te molestaban —pronunció en bajo, viéndolo.

Bill negó.

—Está bien, no importa, solo no uses Converse cuando vayamos a vernos para hacer el amor —dijo, mientras terminaba de quitar el otro zapato, terminando por jalar el pantalón y ropa interior de Tom, para por fin dejarlo desnudo.

—Pero… ¿Cómo voy a saber cuándo vamos a acostarnos? —cuestionó el mayor, pues no era adivino, mayormente era Bill quien iniciaba estas cosas.

—Buen punto… —Bill se quedó pensativo, mientras abría el sobre lubricante, vertiendo un poco sobre sus dedos. —Te compraré otros zapatos, pues irte deshaciéndote de los Converse.

—¡Bill!... No voy a hacer eso —reprochó, para luego inflar sus mejillas, pero chillando al sentir los dedos de Bill tocando su entrada con el lubricante frío.

Bill rió. —No te preocupes, luego podemos encargarnos de eso.

Tom abrió más sus piernas, dejando más espacio para Bill, quien volvió a prestarle atención a sus pezones mientras introducía sus dedos en su gemelo, sintiendo como el miembro de este estaba totalmente erecto, golpeando su vientre.

Bill ya tenía una muy buena práctica con sus dedos, por lo que se movió con agilidad, relajando el cuerpo de Tom, chupando sus pezones hasta dejarlos hinchados y rojizos, a veces se preguntaba si de tanto chuparlo de sus pezones algún día le saldría leche a Tom como pasaría con una chica… Estaba seguro de que lo había leído en alguna revista, que ante tanta estimulación en los pezones podían llegar a soltar leche incluso si no estaban embarazadas…

Se rió en sus adentros, era claro que eso no pasaría, pues Tom era un chico, pero no le molestaría si eso llegará a pasar…

Saco sus dedos cuando estuvo seguro de que Tom estaba lo suficientemente dilatado para él, y por fin podía liberar su dolorosa erección de sus pantalones.

Se apartó de Tom, bajando un poco sus pantalones, junto a ropa interior para mostrar su gran erección, Tom se mordió los labios ansioso al ver su miembro, eran gemelos idénticos, pero había una que otra diferencia, y esta era una de ellas, la naturaleza había sido más generosa con Bill al darle siete centímetros más de los que tenía Tom. Aunque no podía quejarse, Bill lo reconfortaba muy bien con esos siete centímetros extras, pero a veces lo ofendía que él tuviera solo diecisiete centímetros y en cambio Bill tenía veinticuatro centímetros, eso sin contar su grosor… pero podía dejarlo pasar siempre y cuando Bill usará esa longitud solo para complacerlo a él.

Tomó aire, abriendo todavía más sus piernas, dejándose a toda la disposición de Bill, que trago saliva, tomando su propio miembro ya bañado en preseminal para comenzar a enterrarse en él.

Tom hizo la cabeza hacia atrás, gimiendo, sintiendo como su interior era llenado por su gemelo, hasta terminar con su pene totalmente en su interior. Dio un gran suspiro, viendo la escena, de Bill en su interior, nunca iba a haber otra cosa que lo hiciera sentir que iba a llegar a su orgasmo tan rápido como ver a Bill en su interior, haciendo que fueran solo uno solo…

Bill tomó una de sus piernas, poniéndola sobre su hombro, para luego tomarlo de su cadera con ambas manos, apretando con fuerza para comenzar a moverse con profundidad, dando de inmediato con su próstata.

—Bill... ¡Mgh! ¡Bill! —gimió Tom, apretando sus ojos, envolviendo a Bill con su otra pierna, la que no estaba sobre el hombro del azabache.

Definitivamente eso hacía que sintieran más calor, pero realmente cuando se trataba de ese tipo de calor realmente no importaba, si estaba tan caliente que lo hacía derretirse o tan mojado que lo hacía ahogarse, si era con Tom podía con todo.

No era que Bill quisiera desmeritar a todos esos artistas que crearon obras tan importantes para la humanidad, como Leonardo Da Vinci con la Mona Lisa, pero es que la imagen de Tom con su miembro adentro, era una obra de arte que ningún museo por más prestigioso que sea tendría.

De igual forma, los gemidos de Tom eran el sonido más precioso que hubiera escuchado en su vida, tanto que siempre que hacían el amor y Tom dejaba salir esos bellos sonidos de entre sus labios, pensaba en una idea que tenía desde hacía un tiempo, hacer una canción y agregar sus gemidos a la melodía, es decir, ¿por qué si un ídolo como lo es Axl Rose lo hizo, él no podría hacer lo mismo con los hermosos gemidos de su hermano? Los gemidos de Tom lo merecían… Si, definitivamente se lo propondría a Tom en algún momento, y así cumpliría dos de sus fantasías, follarse a Tom en el estudio de grabación y tener una canción con sus gemidos, que se llamará “Blonde Princess” y la letra tratara sobre una princesa, de unas hermosas pestañas rizadas, labios abultados rosas, y como desea que su príncipe se la follé en la torre más alta de su castillo… Si, era una muy buena idea…

Se empujaba con fuerza en el interior ardiente de su gemelo, moviéndose exactamente como tenía que moverse, Tom lo apretaba tanto que solo lo hacía pensar en el dicho de que… “El diablo aprieta pero no tanto como tú…”. La cavidad de Tom había sido creada para que se acoplara perfectamente a él.

Cuando ambos estaban a punto de llegar a su orgasmo, escucharon unos pasos, acompañados de voces con risas.

Los gemelos se quedaron estáticos, y ambos se miraron y aunque no lo dijeron, sabían que la misma palabra había pasado por sus cabezas.

“Mierda…”.

A Tom le temblaron las piernas, pero no por el placer y excitación que estaba sintiendo en ese momento, sino por el miedo de ser descubiertos.

Bill bajó la pierna de Tom de su hombro, y Tom pensó que iba a salirse pero al contrario, lo sujetó por sus muslos y trasero, para cargarlo.

—¡Bill! —Tom levantó un poco la voz por la sorpresa, bajando la voz de inmediato. —¿Qué putas estás haciendo? —murmuró Tom con el ceño fruncido, aferrándose por inercia a su cuello, volteando a ver a la puerta del bus, y escuchando como poco a poco se iban acercando.

—Shhh, solo trata de mantenerte callado —Bill respondió la misma manera baja, y comenzó a caminar hasta el final del bus, donde estaba el baño, en el camino, no se quedó quieto y comenzó a mover de arriba a abajo a su gemelo sobre su miembro.

Tom tuvo que taparse la boca con la mano para no gemir.

Cuando Bill hizo que entrarán en el baño, la puerta del bus fue abierta, y Georg, Gustav y David entraron.

—¡Bill, Tom, ya volvimos! —exclamó David, volteando a ver, por todo el bus, no encontrando ningún rastro de los gemelos, solo el ventilador encendido, la ropa de Tom a pies del sofá, y la bolsa con refrescos, dulces y frituras.

Bill bajó la tapa del retrete y se sentó sobre este, dejando a Tom sobre su regazo.

—Mierda… —murmuró Bill, cerrando los ojos y golpeándose la frente. —Tu ropa quedó en allá, se van a dar cuenta.

Entre la adrenalina y la excitación no sabían muy bien qué hacer, Tom se quedó quieto, pensando que podrían hacer, aún con el pene de Bill erecto dentro suyo.

—Hay que fingir que yo me estoy bañando y tú estabas lavándote los dientes —propusó Tom.

Bill lo miro, y lo pensó. —¿No crees que sea raro?

El de rastas negó. —Cuando teníamos quince hacíamos eso, e incluso a veces Georg o Gustav también ¿No lo recuerdas?

—Oh, si… tienes razón.

Con esa parte resuelta, Tom comenzó a moverse, montando a Bill, teniendo un vaivén de caderas, presionando su propio miembro contra el abdomen cubierto de Bill.

—Ahh… Si… Si —jadeó Tom, cuando Bill tomó su miembro y lo masturbo con prisa, logrando que finalmente llegará a su orgasmo, al igual que con eso, Tom apretó tanto sus músculos que asfixió lo suficiente el miembro dentro de él como para que Bill también llegará a su tan ansiado orgasmo.

Bill apretó tanto su trasero que dejó sus manos marcadas sobre la piel de su hermano, y ambos soltaron un jadeo, retomando fuerzas.

—Hubiéramos terminado a tiempo si no te hubieras puesto esas malditas Converse altas… —soltó Bill mientras tomaba aire.

Tom se acercó al rostro de Bill, depositando un beso, y luego se deslizó hasta la oreja de él.

—Espero que me folles bien y duro en el próximo hotel que nos quedemos… No usaré Converse… —dijo con voz aterciopelada, casi jadeante, para después levantarse de su regazo y con eso Bill salió de su interior, dejando que el semen de este mismo se deslizara por sus glúteos y muslos.

Le dio una mirada coqueta acompañado de una sonrisa, al mismo tiempo que se daba la vuelta, mostrando orgullosamente su trasero y como ese líquido caliente y blanco se deslizaba pornográficamente por sus muslos, para entrar a la ducha.

Bill sintió como su pene volvía a erigirse solo con eso, y tragó saliva con dificultad, aunque quisiera volverse a coger a su gemelo en ese momento y no tener que esperar hasta el próximo hotel, no podía quedarse más tiempo ahí adentro.

Guardó su miembro aún erecto, y acomodó sus pantalones, limpio los rastros de semen de Tom de su camisa, y luego se lavó la cara con agua fría para bajar la erección y se cepillo los dientes solo para hacerlo más creíble.

Después de unos cortos minutos, salió.

—Vaya, sí que volvieron rápido —pronunció Bill, como si nada.

—Así que si estaban aquí —dijo David, viendo al menor. —¿Dónde está Tom? Pensé que ustedes habían salido o algo así, dejaron un desorden aquí en el sofá.

—Obvio —contestó Bill. —Ah, sobre eso… Si, Tom se está duchando, ya sabes que el calor aquí es insoportable, y sobre el desorden, no te preocupes yo lo limpio ahora.

El azabache vio cómo habían dejado el lugar y sus ojos casi se salen cuando vio el sobre de lubricante en el sofá, nunca le había rezado a tantos santos en cuestión de segundos, rogando que no hubieran visto eso, ya que para eso no tendría una explicación, si de por sí toda la ropa de Tom junto a ropa interior ahí ya era raro.

—Si, apresúrate, Bill, que yo y Gustav queremos ver el partido de esta noche —recalcó Georg.

—Por supuesto… —masculló Bill, recogiendo todo y metiéndose el sobre de lubricante en uno de los bolsillos de su pantalón, luego lo tendría que botar.

—Oye, Bill, pero si Tom se está bañando, tú acabas de salir del baño ¿qué estabas haciendo ahí? —preguntó curioso Gustav, mientras veía como el azabache recogía todo con prisa.

Justo cuando Gustav hizo esa pregunta, Bill se topó con los Converse de Tom, haciendo mala cara de inmediato.

—Ah, eso. Quería lavarme los dientes y no iba a esperar a que Cleopatra terminará su baño —contestó, recogiendo las Converse del suelo, soltando un suspiro derrotado pues era obvio que Tom no dejaría de usar esos benditos zapatos.

—¡Te escuche, eh! —reprochó Tom, mientras salía del baño con una bata, Bill había dejado todo marcado su pecho y pezones por lo que tendría que cubrirse al menos hasta que desaparecieran las marcas. —Además, ya sabes que los baños de leche son buenos —dijo lo último, guiñandole un ojo a su gemelo.

Bill se quedó quieto, con una imagen mental demasiado sucia en su mente, maldijo a Tom si con simplemente ese comentario tenía una erección.

—¿Tom se baña con leche? —preguntó Georg, viendo a todos los presentes.