Capítulo 1
El cielo resplandecía con tonos dorados cuando Julieta se acercó a la frontera, esa línea prohibida donde la luz y la oscuridad se encontraban. Sus alas blancas temblaron de emoción y un poco de miedo. Desde pequeña, la curiosidad la había llevado a explorar los límites de su mundo angelical, pero nunca había cruzado hasta ahora.
Fue entonces cuando la vio. De pie sobre una roca ennegrecida, con una expresión de aburrimiento arrogante, estaba la criatura más fascinante que Julieta jamás había visto. Su piel tenía un leve fulgor carmesí y sus ojos ardían como brasas. Era un demonio. Y no cualquier demonio, sino una alfa.
Erlea- ¿Qué tenemos aquí?
Preguntó con una sonrisa burlona, cruzándose de brazos.
Erlea- Un ángel perdido en el lugar equivocado.
Julieta sintió un escalofrío recorrer su espalda. Todo en ella le decía que debía huir. Pero no lo hizo.
Julieta salió de donde se escondía, con aquellos brillantes ojos como una esmeralda.
Julieta- Yo no estoy perdida.
Erlea entrecerró los ojos, observándola con diversión. Dio un paso adelante, su silueta recortada contra el resplandor rojizo de su mundo.
Erlea- ¿Ah, no?
Murmuró, inclinando la cabeza con fingido interés.
Erlea- Entonces dime, angelito, ¿qué hace alguien como tú tan cerca del infierno?
Julieta tragó saliva, pero no apartó la mirada. No quería parecer asustada, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho.
Julieta- Solo quería ver qué había más allá, me encanta explorar. Aunque a Padre no le gusta mucho que pase por aqui.
Respondió con sinceridad.
Julieta- Pero me gusta, es un lugar tranquilo-
Erlea soltó una risa grave y profunda.
Julieta vaciló por un instante. Le habían enseñado que el infierno era un lugar horrible, que los demonios eran crueles y despiadados. Sin embargo, ahí estaba ella, fascinada por la presencia de Erlea, por la forma en que la miraba, como si desafiara cada regla que Julieta había conocido.
Erlea- ¿Quieres pasar?
Dandole la mano.
Julieta- Podre ser un angel, pero no soy tonta.
Ella sabia que si pasaba, todos los demonios la iban a atacar.
Erlea chasqueó la lengua con fastidio y bajó la mano.
Erlea- Bah, qué aburrida.
Murmuró, cruzándose de brazos.
Erlea- ¿Acaso todos los ángeles son tan cautelosos?
Julieta sonrió con suavidad.
Julieta- ¿Y acaso todos los demonios son tan arrogantes?
Erlea la miró fijamente por un instante, sorprendida por la respuesta. Luego, una sonrisa ladeada se formó en sus labios.
Erlea- Vaya, angelita. Tal vez no eres tan tonta después de todo.
El viento sopló entre ambas, removiendo los cabellos dorados de Julieta y las hebras oscuras de Erlea. Por un momento, el mundo pareció detenerse en ese límite invisible entre la luz y la oscuridad.
Erlea- ¿Para qué viniste?, ¿Para mirar desde lejos y contar historias a tus hermanitos alados?
Julieta negó con la cabeza.
Julieta- Es un poco raro, Pues me gusta dibujar y me parecio bonito el lugar.
Por primera vez, Erlea no tuvo una respuesta inmediata. Algo en su pecho se agitó, una sensación extraña y molesta. Frunció el ceño y desvió la mirada.
Erlea- Tsk. No digas cosas raras, angelita.
Pero Julieta ya había visto el destello de confusión en los ojos del demonio. Y en ese instante, supo que quería volver. Que necesitaba volver.
Sin decir más, desplegó sus alas y se elevó en el aire.
Julieta- Nos veremos pronto, Erlea.
Erlea la vio alejarse, sintiendo que algo dentro de ella se había encendido. Un calor diferente al fuego del infierno.
Erlea- Me da igual.
Erlea resopló, pateando una piedrita al suelo como si realmente no le importara.
Erlea- ¡Pues vete ya!
Gritó sin razón aparente, frunciendo el ceño.
Erlea- Ni que quisiera verte de nuevo.
Julieta rió suavemente desde el aire, su risa como el tintineo de campanas.
Julieta- Entonces, ¿por qué sigues mirando?
Erlea entreabrió la boca para responder con algo ingenioso, pero no encontró nada que decir. En cambio, solo se cruzó de brazos y gruñó.
Erlea- Porque quiero asegurarme de que ese trasero emplumado se aleje de aquí de una vez.
Julieta inclinó la cabeza con ternura.
Julieta- Qué linda, te preocupas por mí.
Erlea- ¡No es eso!
Protestó de inmediato, sintiendo que la temperatura de su piel aumentaba.
Erlea- Es que eres tan estúpida que seguro te metes en problemas si te quedas más tiempo.
Julieta- Eso suena como preocupación
Canturreó Julieta, con una dulzura exasperante.
Erlea bufó, girándose de espaldas con fastidio.
Erlea- Ugh, qué molesta eres.
Antes de que Erlea pudiera encontrar una respuesta lo suficientemente cruel, Julieta agitó sus alas y desapareció entre las nubes doradas.
El demonio se quedó de pie, sintiendo que una extraña punzada le recorría el pecho.
Erlea- Imbécil.
Murmuró para sí, pateando otra piedra con enojo.
Pero aún así, sus ojos siguieron fijos en el cielo.
Erlea- Un demonio como yo, no puede tener una amistad con alguien como ella.
Erlea gruñó para sí misma mientras pateaba otra piedra.
Erlea- ¡Qué tonta!
Masculló, chasqueando la lengua.
Erlea- ¿Cómo puede ser tan ridículamente amable?
Se giró bruscamente sobre sus talones y comenzó a caminar de vuelta a su territorio, pero a cada paso sentía un hormigueo molesto recorriéndome la nuca. Como si todavía pudiera sentir la mirada de Julieta sobre ella, a pesar de que la angelita ya se había ido, pero lo que no sabía era que aquella angel la estaba observando desde aquella nube dibujándola.
Julieta- Que linda.
Al final de su dibujo voló para irse a su casa.
Erlea- Me da igual.
Se repitió en voz alta, cruzándose de brazos.
Erlea- No me importa si vuelve o no.
Pero la verdad era que sí le importaba. Y eso la irritaba aún más.
Mientras tanto, Julieta volaba de regreso a su hogar con una sonrisa en los labios. Sentía el viento en su rostro y su corazón latía rápido, no de miedo, sino de emoción.
Julieta- Erlea.
Susurró, recordando la expresión del demonio cuando le dijo que el lugar era bonito.
Había visto algo ahí, un destello de algo diferente. Una luz de lo que tal vez había debajo de esa arrogancia.
Y de alguna forma, sabía que esa no sería la última vez que la vería.
Continuó con aquel dibujo con la mirada de Erlea.
Julieta volaba con ligereza, sintiendo aún la calidez de la emoción que su encuentro con Erlea le había dejado. Pero entonces, un escalofrío recorrió su espalda. El aire se volvió más pesado, como si el cielo mismo contuviera la respiración.
De pronto, una voz resonó en su mente.
Dios- Julieta.
Era profunda, imponente y llena de un poder inquebrantable. Su corazón dio un latido. Padre la llamaba.
Sus alas se detuvieron por instinto y en un parpadeo, la luz dorada del cielo se intensifica, envolviéndola. Cuando sus ojos se acostumbraron, se encontró en un vasto firmamento de nubes relucientes.
Frente a ella, una presencia imposible de describir se manifestaba en un fulgor deslumbrante. No tenía forma física, pero su esencia irradiaba poder absoluto.
Dios- Hija mía, he observado tu curiosidad.
Julieta bajó la mirada con respeto, sintiendo un peso en su pecho.
Julieta- Padre, yo solo quería.
Dios- Has estado a punto de cruzar la frontera. Te has acercado demasiado a la oscuridad.
La voz no era severa, pero llevaba una advertencia silenciosa, un eco de algo antiguo y doloroso.
Julieta- Solo quería ver. Es decir, no hice nada malo. Erlea no me lastimó, de hecho fue amable.
El aire vibró con un murmullo grave.
Erlea- No todos los demonios atacan de inmediato. Algunos observan. Algunos tientan.
Julieta frunció levemente el ceño.
Julieta- ¿Erlea estaba tentándome?
Ella no sabía cómo diferenciar esa acción, ya que nunca la había visto.
Dios- Aún no. Pero si sigues explorando esos límites, puede que un día no vuelvas. Y no quiero que te pierdas entre ellos, no otra vez. Te puede pasar lo mismo que a mi hijo lucifer.
El corazón de Julieta latió más rápido.
Julieta- ¿Como Lucifer?
El silencio que siguió fue como una sombra en el paraíso.
Dios- Él también fue curioso.
Julieta sintió un escalofrío recorrer su piel. ¿Era eso lo que Dios temía? ¿Que su fascinación por el mundo fuera el primer paso para caer?
Julieta- Pero yo no soy como él. Yo no quiero desafiarte, nunca lo haría, Padre.
Dios- No quiero perderte. Y no es lo que seas, es lo que puedes ser. Si sigues juntándote con ella puedes desarrollar sentimientos, y no lo digo porque sea mujer. Si no por qué te puede manipular, y lo único que quiero es que mis hijos e hijas sientan amor, un amor verdadero.
Sabes por qué ellos son así, su corazón está ahogado de odio y pudieron tener un mundo mejor, ellos tuvieron libre albedrío, pero no lo hicieron.
Adan y Eva se confesaron y pudieron perdonarse a sí mismos por aquel pecado, y ahora viven felices.
Júrame que tengas cuidado, y si tu corazón empieza a sentir algo por ella ven conmigo para hablar. Aquí estoy para apoyarte y cuidarte.
Esas palabras la estremecieron más que cualquier advertencia.
Julieta- Tendré cuidado, lo prometo.
La luz la envolvió de nuevo y, en un parpadeo, el cielo dorado volvió a la normalidad. Julieta seguía flotando entre las nubes, su dibujo aún en sus manos. Miró la imagen de Erlea, el gesto arrogante y los ojos llenos de algo más. Algo que ningún demonio debería tener.
Sus dedos rozaron la hoja y un pensamiento cruzó su mente.
Pov Julieta- ¿Y si ellos tampoco son lo que siempre nos dijeron?
Julieta pasó el resto del día inmersa en sus pensamientos. Dibujó a Erlea una y otra vez, intentando captar cada detalle de su expresión. Había algo en su mirada que la inquietaba y al mismo tiempo la atraía. No era simple arrogancia o burla, era algo más profundo. Algo que Julieta no podía entender del todo.
El eco de las palabras de Dios aún resonaba en su mente. “No quiero perderte.” Sabía que su Padre la amaba, que solo quería protegerla. Pero también sabía que no podía ignorar lo que había sentido al estar con Erlea. No era miedo, ni repulsión, sino una extraña sensación de ¿curiosidad?, ¿Atracción?
Sacudió la cabeza. No podía pensar así. No debía. Sus alas temblaban ligeramente mientras guardaba su dibujo en un pequeño cofre junto a otros bocetos. Se obligó a concentrarse en otras cosas, en sus deberes como ángel, en la luz cálida del cielo, en la paz del paraíso. Pero dentro de ella, una pequeña chispa ya había encendido un fuego difícil de apagar.
Erlea, por su parte, no podía sacarse de la cabeza a la maldita angelita. Todo el día había sentido su mirada en su mente, su risa en sus oídos. Pateó una piedra con frustración mientras caminaba por los límites del infierno. Los demonios a su alrededor le lanzaban miradas curiosas, pero nadie se atrevía a acercarse. Erlea tenía fama de ser impredecible, de ser más peligrosa de lo que su apariencia dejaba ver.
Erlea- Ugh, qué fastidio
Murmuró para sí misma.
Pero su mente volvía una y otra vez a la misma escena. Los ojos esmeralda de Julieta brillando con emoción, su voz suave, pero firme cuando le respondía. “Me pareció bonito el lugar.”
Erlea- ¿Bonito? ¿Cómo podía ver belleza en un sitio como este?
Se detuvo junto a un precipicio desde donde se veía un océano de lava y sombras. Demonios menores revoloteaban en el aire, riendo y peleando entre ellos. El infierno era caos, lujuria, codicia, sufrimiento y odio, todo lo que un ángel debería rechazar. Y sín embargo, Julieta miraba con curiosidad en lugar de terror.
Erlea- Estúpida angelita.
Susurró, pero sin verdadera convicción.
Cerró los ojos por un momento y sintió un calor distinto al del fuego infernal en su pecho. No le gustaba esa sensación. No le gustaba que alguien como Julieta estuviera afectando de esa manera. Y menos le gustaba la posibilidad de querer verla de nuevo.
Erlea apretó los puños y se alejó del borde. Necesitaba despejar su mente, distraerse con algo que no tuviera plumas blancas ni sonrisas dulces.
Pero en el fondo, sabía que eso no iba a ser tan fácil.
Los días pasaron y, a pesar de sus intentos por ignorarlo, Julieta no podía dejar de pensar en Erlea. Sus manos volaban sobre el papel, dibujándola una y otra vez. Era casi un impulso, algo que no podía detener. Pero lo que más la inquietaba no eran los dibujos, sino el anhelo que ardía en su pecho cada vez que recordaba la intensidad de su mirada.
Una tarde, mientras volaba entre las nubes, sus pasos la llevaron de nuevo a la frontera. No había planeado regresar, o al menos eso se decía a sí misma. Pero allí estaba, con el corazón latiendo con fuerza, mientras sus ojos recorrían el paisaje sombrío al otro lado.
Erlea- Tsk, Sabía que volverías.
La voz grave y burlona hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
Julieta giró y la vio, apoyada contra una roca oscura, con los brazos cruzados y una sonrisa ladeada. Erlea la observaba con esa mezcla de diversión y algo más... algo que Julieta no lograba descifrar.
Julieta- No vine por ti.
Julieta alzó la barbilla, intentando sonar segura.
Erlea arqueó una ceja y dio un paso adelante.
Erlea- Claro, angelita. ¿Y entonces por qué estás parada justo aquí?
Julieta apretó los labios. No tenía una respuesta lógica. ¿Por qué la frontera le fascinaba? ¿Por qué quería ver a Erlea otra vez? ¿Por qué su presencia hacía que su pecho se sintiera extraño?
Julieta- Solo quería dibujar.
Erlea la miró con incredulidad antes de soltar una carcajada.
Erlea- ¿Dibujar? ¡Dime que no te la pasaste haciendo retratos míos!
Dijo en broma, pero con un tono arrogante.
Julieta sintió un calor subir a sus mejillas.
Julieta- ¡No es tu asunto!
Erlea rió de nuevo, pero su mirada se suavizó por una fracción de segundo. Julieta se dio cuenta de que el demonio parecía más relajada que la última vez, como si verla de nuevo no le desagradó tanto como pretendía.
Erlea- Si tanto te gusta dibujar, angelita, ven conmigo.
Julieta frunció el ceño.
Julieta- ¿A dónde?
Erlea extendió una mano hacia ella, con esa misma sonrisa que la hacía sentir que estaba al borde de algo peligroso.
Erlea- No es en el infierno, si eso es lo que piensas.
Es cerca de aquí en donde también pasa la frontera.
Julieta miró la mano extendida, su corazón latiendo frenéticamente. Sabía que esto era una mala idea. Con un suspiro profundo, extendió su mano y la tomó, solo si no es en el infierno. Después tendré una regañada de Padre, y eso no quiero.
Julieta- Solo un poco.
Erlea sonrió.
Erlea- Que no te obligare a cruzar.
Y juntas, tomadas de la mano caminaron hacia un acantilado en donde mostraba el cielo infernal y el cielo celestial en un mar de ambos.
Julieta- Es hermoso.
Sus ojos al brillo del sol, brillaban como una cueva de esmeraldas.
Erlea- Muy hermoso.
Atontada al ver los bellos ojos de Julieta, pero al darse cuenta de sus palabras se cubrió la boca y disimuló.
Erlea- Si, es lo único pasable que se puede ver en el infierno.
Julieta sonrió ante la reacción de Erlea. Había algo encantador en su torpeza, en la forma en que intentaba mantener su fachada de arrogancia, pero fallaba ante los momentos más sinceros.
Julieta - Me alegra que podamos coincidir en algo.
Se giró hacia el paisaje, sacando su cuaderno y un carboncillo. Sus manos comenzaron a moverse con precisión, delineando la imagen ante ellas. La fusión de ambos mundos era un espectáculo que pocas veces se detenía a observar con tanta calma. La luz dorada del cielo se mezclaba con la bruma rojiza del infierno, creando una paleta de colores que ningún ángel se atrevería a llamar hermosa, pero que lo era.
Erlea se quedó en silencio, observando a Julieta con atención. No podía entender cómo un ángel podía ser tan despreocupado en su presencia, cómo podía simplemente sentarse ahí y empezar a dibujar como si nada.
Erlea - No entiendo por qué te molestas en hacer eso.
Julieta ni siquiera levantó la mirada de su dibujo.
Julieta - Porque quiero recordar este momento.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Erlea sintió un extraño calor en el pecho y bufó, apartando la mirada con fastidio.
Erlea - No digas tonterías, angelita. No es como si este momento fuera especial ni nada de eso.
Julieta rió suavemente.
Julieta - Claro, lo que tú digas.
El sonido del carboncillo sobre el papel fue la única respuesta que recibió Erlea. Cruzó los brazos y se dejó caer sobre una roca cercana, mirando el horizonte sin saber exactamente qué hacer con la extraña sensación que se removía en su interior.
Erlea le tomó foto y la publicó a su redes, Julieta sintió curiosidad y ojeo su celular.
Julieta- Qué lindo hobby.
Erlea- tsk, solo le tomo fotos a cosas interesantes.
Julieta río, mientras la otra gruño enojada.
Julieta continuó dibujando, pero pronto se percató de que Erlea no dejaba de lanzar miradas furtivas a su cuaderno. Con una sonrisa, giró el papel hacia ella.
Julieta- ¿Quieres ver?
Erlea se encogió de hombros, pero no pudo evitar acercarse. Al ver la ilustración, sus ojos se abrieron levemente. Julieta había capturado la escena con precisión, pero lo que más llamaba la atención era el detalle en su propia figura.
Erlea- ¿Yo me veo así para ti?
Su voz sonó más suave de lo que pretendía. En el dibujo, su expresión era serena, casi pacífica, sin el constante ceño fruncido o la sonrisa burlona que solía portar.
Julieta- Así es como te veo en este momento.
Erlea sintió que su corazón latía con más fuerza. No le gustaba sentirse vulnerable, y sín embargo, ahí estaba, atrapada en la calidez de esos ojos verdes y en la ternura de un dibujo que mostraba una versión de sí misma que nunca creyó posible.
Erlea- Tsk, qué angelical de tu parte. Pero no te confundas, yo soy un demonio, jamás seré angelical, ni amable, ni nada de esas tonterías.
Intentó sonar desinteresada, pero sus dedos rozaron el borde del papel sin darse cuenta. Julieta lo notó y sonrió.
Julieta- Puedes quedártelo si quieres.
Erlea- No necesito basura sentimental.
A pesar de sus palabras, tomó el dibujo y lo dobló cuidadosamente antes de guardarlo dentro de su chaqueta. Julieta no dijo nada al respecto, solo observó con una sonrisa divertida.
El silencio se instaló entre ellas, pero no era incómodo. El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas. Julieta suspiró, guardando sus cosas.
Julieta- Debería volver antes de que Padre noten mi ausencia y me regañe otra vez.
Erlea sintió una punzada de decepción, pero la ignoró.
Erlea- Haz lo que quieras, angelita.
Julieta se levantó y le dedicó una última mirada.
Julieta- ¿Nos veremos otra vez?
Erlea- No me interesa verte otra vez.
La rapidez con la que respondió la hizo sonar más desesperada de lo que pretendía. Julieta ladeó la cabeza, divertida.
Julieta- Mientes muy mal.
Sin esperar respuesta, desplegó sus alas y se elevó en el aire. Erlea la observó alejarse, sintiendo una extraña sensación de vacío en el pecho. Miró el dibujo que ahora llevaba consigo y suspiró.
Erlea- Imbécil.
Pero la paz no duró mucho.
Un estruendo resonó detrás de Julieta, haciendo temblar el suelo. Julieta dio un brinco, aferrando su cuaderno contra su pecho.
Desde la penumbra, una figura emergió. Sus alas, eran de un negro azabache que devoraba la luz. Su presencia emanaba un frío que contrastaba con el calor infernal y la calidez celestial.
Azrael- Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?
Su voz era como un eco de pesadilla, resonando con una dulzura venenosa.
Julieta sintió su cuerpo paralizarse. Conocía esa voz.
Julieta- Azrael.
Susurró.
Azrael- ¿Qué haces aquí?
Pronunció con molestia.
Azrael, el ángel de la muerte, inclinó la cabeza con una sonrisa ladina.
Azrael- Me preguntaba por qué mi querida hermanita se alejaba tanto de casa. Y ahora lo entiendo.
Azrael- ¿Te has estado entreteniendo con demonios, pequeña?
Julieta tragó saliva, pero mantuvo la compostura.
Julieta- No estoy haciendo nada malo, Padre ya me advirtió sobre ellos.
Dijo con firmeza.
Azrael- Oh, pero eso depende de la perspectiva, ¿no crees?
Azrael dio un paso adelante.
Azrael- Padre te ha estado observando. Está preocupado y yo igual. Dice que el fuego del Infierno quema a aquellos que se acercan demasiado y ese demonio se ve que quiere ver sufrimiento.
No queremos que te lastimes o te lastimen.
Acaricio su mejilla,
Julieta- Lo sé, solo quiero dibujar. Estoy teniendo mucho cuidado.
Julieta- Vuelve conmigo ahora. Padre quiere hablar contigo otra vez.
Julieta sintió que su corazón se encogía. Sabía que le iba a regañar. No quería alejarse de Erlea, pero tampoco quería desafiar a Padre.
Julieta- Está bien.
Cabizbaja.
Julieta- Padre siempre dice que el amor es lo más importante. Si de verdad quiere protegerme, también tiene que confiar en mí.
Azrael la observó durante unos segundos que parecieron eternos. Luego, exhaló pesadamente y se encogió de hombros.
Azrael- El confía en ti, en quien no confía es en ella. Tu eres uno de nuestros ángeles más puros y amables, eres fácil de engañar.
y nosotros no queremos eso.
Julieta sonrió débilmente.
Julieta- Tal vez, tengan razón. Pero nosotros creemos en las segundas oportunidades.
¿Por qué no darle una?
Llegaron a donde se encontraba el todopoderoso.
Azrael- Padre, llegamos.
Continuará.