Escritor desesperado (Toll)

Summary

Tom era un escritor desesperado que tristemente la vida no le estaba sonriendo en este momento. Por lo que tuvo que tomar medidas igualmente desesperadas para solucionar su situación.

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18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom estaba con la laptop encendida, refrescando la página de su bandeja de entrada de su correo cada rato, y de tanto en tanto fijándose en su celular pero… Nada. Ningún mensaje ni llamada.

De pronto su celular sonó, sintió la emoción en su cuerpo recorriéndole, contestando de inmediato.

ㅡ¿Bueno? ㅡsaludó Tom, con una sonrisa en el rostro de que por fin la suerte estuviera de su lado.

ㅡBuenas tardes, Kaulitz. Soy Zimmerman, su casero, llamo para avisarle que junte sus cosas porque sólo le doy tres días para que se largue antes de que cambie la cerradura ㅡavisó el hombre con tono enojado, ya que iban varios meses de renta que le debía Tom a su casero.

ㅡSeñor Zimmerman, disculpe, ¿no puedo pedir me espere un mes más? ㅡpreguntó Tom, mordisquéandose el labio inferior por la ansiedad.

ㅡNo, Kaulitz. Ya te he esperado lo suficiente, así que empaca o sino sacaré tus cosas a patadas. Tienes tres días ㅡdictaminó el hombre para luego colgar.

Tom se quedó mirando el teléfono, con la ansiedad carcomiéndole por dentro… ¿De dónde iba a sacar cinco meses de renta en tres días? Necesitaba dinero sí o sí. Y no podía acudir a sus padres, no por cómo se habían suscitado las cosas cuando era más joven, no es que ahora Tom fuera un viejo, tenía apenas veintitrés años, y era recién egresado de la carrera de Literatura y letras que costearon sus padres, pensando que su fin era ser profesor de universidad o colegio pero…

En realidad era Tom de adolescente, al ser mayormente solitario, se enfrascaba en pasársela en internet, escribiendo fanfics de animes y demás fandoms que se le ocurría, teniendo un buen recibimiento en Wattpad y otras plataformas, incluso algunos diciéndole que si un día escribía un libro, ellos definitivamente lo comprarían, que tenía mucho talento con sus letras, y Tom al encontrar la validación que no recibía de sus padres en internet, se aferró a los comentarios de todos sus lectores, por lo que les dijo a sus padres que quería estudiar aquella carrera.

Simone y Jörg estaban de acuerdo que quisiera ser profesor, y por ello le pagaron la universidad.

Tom, en lo que estudiaba la carrera, es que estaba escribiendo su libro, que iba corrigiendo y reescribiendo conforme aprendía más cosas en su carrera. Le puso todo el empeño del mundo en escribir aquel libro, y por ello, al tener su título universitario, mostrándoselo a sus padres, es que les dijo.

ㅡPapá, mamá, ya terminé mi carrera, que en sí no era para ejercer como profesor de Literatura, sino porque tengo el manuscrito de mi libro que quiero que se publique ㅡles informó Tom con ilusión en sus ojos.

La cara de sus padres era un poema, hasta que se pusieron rojos de la furia.

ㅡ¡No se puede vivir de escribir, Tom! ¡Vas a ser un fracasado toda la vida! ㅡle gritó Simone con coraje.

ㅡEres una decepción tras decepción para nosotros. Primero, siendo homosexual, y ahora… Nos hiciste gastar años en tu educación para que te las des de escritor, por favor, Tom ㅡbramó Jörg, con cinismoㅡ. Lárgate si crees que puedes vivir de tu “arte” ㅡordenó el mayor, haciendo comillas imaginarias con sus dedos.

Tom sintió cómo todo su mundo se venía abajo.

ㅡ¡Van a ver que voy a ser famoso y se arrepentirán de lo que me dijeron! ㅡexclamó Tom, con las lágrimas mojando su rostro, completamente harto de que su familia nunca lo hubiera apoyado, a pesar de que desde pequeño siempre había amado escribir.

Tom siempre amó los niños desde niño, y desde pequeño le gustaba escribir finales alternativos a sus libros favoritos, lo mismo pasó conforme fue creciendo, empezando a escribir fanfics que cuando sus padres lo veían le decían que era una pérdida de tiempo, pero, pese a ello, siempre siguió luchando por sus sueños, escapando de su realidad al escribir, creando mundos imaginarios donde él no pudiera pensar en sí mismo, sino en los personajes de sus historias.

Porque no sólo lidiaba con el odio de sus padres, sino porque en la escuela recibía bullying por tener “carita de muñeca” para ser hombre, que porque no era el mejor en deportes, padecía de miopía y astigmatismo, era gay y, como si aquello no fuera suficiente castigo, también porque sufría de discalculia, que era como una dislexia pero con números, por lo que era en lo que más sufría desde siempre porque apestaba en todo lo relacionado con las matemáticas, memorizarse números o confundirse del orden y demás. Por ello es que el escribir era su tabla de salvación y a lo que se aferró cuando estudió su carrera, el simplemente dedicarse a escribir toda su vida…

Pensaba en ello mientras hacía su maleta, guardando principalmente su laptop y ropa para luego marcharse de casa de sus padres.

Recordaba cómo es que había conseguido un trabajo de mesero, incluso aunque no fuera el más apto para ello, por su torpeza, pero al tener un bonito rostro y el cabello largo, haciéndolo ver andrógino, atraía clientes, por más que se le cayeran los pedidos.

Alquiló el departamento del señor Zimmerman con sus ahorros, pagando el primer mes, y uno adelantado como garantía, y por ello es que el hombre mayor, al verlo tan joven es que aceptó que se quedara.

Entonces Tom es que comenzó a enviarles sus manuscritos a todas las editoriales que podía, a la espera de que alguna lo contactara. Había impreso su libro, junto con sus datos, incluyendo su correo electrónico, teléfono personal, y hasta su foto esperando que aquello funcionara.

Sin embargo, pasaron meses y no tuvo ninguna respuesta. Tom se mantenía constantemente actualizando la laptop, y viendo su celular para ver si se comunicaba alguna editorial, pero nada, y las palabras de sus padres resonaban en su mente. Llegado un punto no podía pagar la renta porque su trabajo de mesero sólo le daba para costear lo mínimo, como los servicios, su teléfono, internet y comida, aunque esto fuera básicamente comprar sopas instantáneas o comer atún con galletas para ahorrar. Le pidió tiempo al señor Zimmerman y él lo aceptó…

Hasta que finalmente por andar revisando el celular al atender a un comensal, le echó café caliente en la entrepierna y lo botaron de su trabajo.

Y en ese momento estaba en la actualidad Tom, sintiéndose desesperado porque no podía hablarle a sus padres, y no tenía amigos a quién acudir. ¿Qué es lo qué podría hacer ahora? Era lo mismo que le habían dicho sus padres: un escritor fracasado… Le dolía pensar que toda su carrera, y sus lectores tan lindos que demostraban apoyo en realidad no veían las cosas con claridad, porque las editoriales simplemente ignoraron su libro.

Y eso que en sí era una saga, tenía tres manuscritos más de la continuación del primero, simplemente que no tenía sentido enviarlo todo sin saber si iba a funcionar o no.

Tom se quitó los lentes, frotándose la cara con frustración, estaba desesperado. ¿Qué podía hacer? ¿Pedir un préstamo al banco? No tenía ningún aval, ni trabajo, ni nada. En este punto de desesperación lo más factible era el suicido o terminaría viviendo bajo el puente como indigente.

Tom apretó los párpados, se mordió con fuerza el labio inferior apretando ahora sus puños, no iba a llorar, no… No iba a hacerlo.

Se volvió a poner los lentes, porque no veía un carajo sin ellos, y decidió que tenía que buscar forma de conseguir dinero, así que buscó en su celular y… Como siempre los celulares estaban al tanto de todo lo que uno escribía o hablaba, le salió una noticia a Tom.

“ESCRITORES SE PROSTITUYEN POR FALTA DE LECTORES”

El desempleo ha orillado a los varones, principalmente jóvenes, incursionen en el trabajo sexual, por redes sociales, mensajes de texto, áreas públicas, ofrecen “sus servicios” para obtener ingresos; el consumismo que impera en este sector también los lleva a buscar dinero fácil.

Tom se quedó paralizado después de leer aquello… Es decir, no sólo buscaba lectores, que inevitablemente era algo que quería, porque sus lectores comprarían sus libros, pero… Igualmente sentía que aquella noticia erademasiado personal.

¿Sería posible que él se prostituyera para conseguir dinero? Tal vez no podría tener los meses de renta, porque el señor Zimmerman ya estaba harto, sin embargo, podría al menos estar en un hostal o algo, en lo que seguía trabajando de aquel modo para subsistir… En lo que finalmente aplicaba para trabajar en algún colegio como profesor, sería renunciar a sus sueños, lo sabía, sin embargo, tal vez cuando tuviera más dinero con el paso de los años podría al menos autopublicar su libro, incluso si no se vendiera, para al menos decir que sí lo publicó.

Tom se sentía miserable al estar pensando seriamente en vender su cuerpo. Pero no es que él fuera precisamente virgen. En la escuela no tuvo novios, más que unos que lo besaron por perder apuestas, ya que él usaba brackets en el colegio, lentes, siendo delgado, daba toda la pinta de ser objeto de burlas.

En la universidad se enamoró de uno de sus profesores, con el que tuvo una relación clandestina, era quien más lo apoyaba con su “sueño de ser escritor”, con el profesor Strauss es que precisamente perdió su virginidad, y se daban encerrones en la oficina del mayor, hasta que Tom se enteró que “su novio” era casado, y cortó toda relación con él.

Desde ahí ya no quiso tener relaciones con nadie, ni sentimentales ni sexuales. Prefería masturbarse en soledad a tener que abrirse a alguien, en más de un sentido, para que luego lo utilizaran de aquella forma.

Pero… Si tenía que vender su cuerpo para no terminar suicidándose y viviendo en la calle, lo haría.

Tom no había tenido sexo con alguien aparte del profesor Strauss, sin embargo, él le había enseñado más que consejos de cómo escribir su libro, le había instruido en las artes amatorias, hecho que descubriera más de cosas sobre sí mismo, y cómo complacer a un hombre. Por lo mismo es que si bien sólo se había acostado con un hombre en toda su vida, era como si lo hubiera hecho con muchísimos más, ya que el hombre mayor, que para variar estaba casado con una mujer con la cual tenía hijos, era un monstruo en la cama con su insaciable libido alta y las continuas ganas de enseñarle cómo se debía inclinar en el escritorio, o cómo debía montarlo, o cómo relajar la garganta para chuparlo más… Aún Tom se estremecía recordando al mayor rubio con barba, pero no, debía enfocarse en su presente, ya no tenía nada que lo uniera a ese hombre infiel.

En su presente al menos todas esas “enseñanzas” le servirían a Tom para poder darle un “buen servicio” a sus clientes. Se sonrojó al pensar en eso, pero era mejor vender el culo junto con su dignidad que ir donde sus padres a recibir más humillaciones, al menos sabía que este trabajo sería temporal en lo que aplicaba a trabajos acorde a su carrera, en cambio volver donde sus padres era tener que pedirles perdón o algo, y no, incluso si ya nunca publicara sus libros seguiría escribiendo para él mismo.

Suspiró y entró en su laptop, buscando entre las carpetas de archivos uno encriptado, donde guardaba las fotos que se tomó para su profesor, utilizó una, enfocando más que nada sus muslos, sin que se le viera sus genitales ni nada, también otra de su torso, suficiente material para poder mostrar “la mercancía” en redes sociales, y ver si tenía algún cliente.

Ni siquiera se hizo un perfil falso, no, simplemente del suyo con su nombre y apellido, ¿qué más daba? Ni amigos tenía en redes sociales, y ahí es que comenzó a hacer post en grupos sobre lo que ofrecía usando palabras clave para no recibir denuncias. Y le llegó un mensaje al interno pasado unos veinte minutos.

“Hola, te ves bien rico, que seguro has de apretar bien. ¿Cuál es tu precio?”, decía el mensaje directo al punto, Tom sintió incomodidad, pero tenía que aguantarse y ceder, incluso si esa persona, que suponía era hombre, no tenía foto de perfil, y su nombre parecía falso.

“Hola, sí, te mando mi teléfono para brindarte toda la información”, contestó Tom, para luego enviárselo.

Recibió un escueto “ok”, y Tom suspiró, tendría que comprar condones.

Sujetó los últimos euros que le quedaban y fue a la farmacia a comprarlos, cuando su teléfono sonó, y el castaño se estremeció, recordando a su casero, sin embargo, también podría ser el cliente, por lo que contestó la llamada.

ㅡHola, ¿Tom Kaulitz? ㅡsaludó la persona del otro lado.

Tom esta vez se fijó antes de contestar, y no era su casero, por lo que nadie más tenía su número, así que tenía que ser el pajero de internet.

ㅡHola, sí ㅡdijo Tom.

ㅡBueno, soy… ㅡempezó a hablar el hombre.

ㅡMira, no quiero hacerlo demasiado personal. Así que sólo te mando la dirección por Whatsapp para que vengas. ¿Estarían bien unos 150 euros? ㅡcuestionó Tom.

ㅡCreo que es muy poco, en realidad le quería ofrecer más ㅡmusitó el hombre.

ㅡOh, entonces perfecto ㅡdijo Tom, sorprendido de que quisiera pagarle más de 150 euros por sexoㅡ. ¿Cuándo puedes venir?

ㅡ¿Se podría hoy mismo? ㅡinquirió el chico, que ciertamente sonaba urgido, pero no tan desagradable como por escrito, incluso ni le tuteaba.

ㅡSí, claro, te mando la dirección, estoy en la calle, pero llego a mi casa, me baño, y vienes. En una hora más o menos estaría disponible ㅡmasculló Tom.

ㅡEstá bien, muchas gracias. Quedo a la espera de su dirección ㅡrespondió el joven, y Tom se sintió extraño por toda la amabilidad y formalidad del mismo muchacho grosero de Facebook, esperaba que no fuera feo… Aunque no podía quejarse, era un cliente, y sólo le daría un servicio, por lo que no interesaba si era guapo o no.

Tom le envió la dirección con el número de su departamento y regresó a su casa, tomando un baño a conciencia, para después secarse, poniéndose una camiseta y unos shorts, no tenía ropa sexy, pero esperaba que no interesase. Normalmente Tom usaba ropas que podrían considerarse de abuelo, porque le gustaban los suéteres anchos, camisas, o usar chalecos si es que el clima estaba más caliente, con pantalones de vestir corte recto o máximo jeans un poco anchos, no sintiéndose cómodo con ropa ajustada porque acentuaba sus muslos y caderas, o se vislumbraba su cintura, por lo que mientras más anchas fueran sus prendas, era más posible lucir masculino, aunque su cara no ayudaba.

En esta ocasión su outfit era más un pijama, pero es que sentía que si se ponía la misma ropa que usaba iba a lucir muy formal, o quizá se desanimara al momento de verlo así, en cambio con sus shorts de pijama, al menos se veía parte de sus muslos, para que pudiera comprobar que eran fotos reales lo que le mandó, y la camiseta era lo suficientemente ancha como para que se viera parte de su cuello y hombro.

Cuando sonó el timbre, es que Tom se paró como un resorte, abriendo la puerta de inmediato, y tragó saliva al ver al cliente, ya que en un punto Tom esperaba que fuera un viejo, aunque se oía joven, y alguien muy desagradable a la vista, sin embargo, era un joven alto, no es que él fuera bajo, pero este muchacho le llevaría más de seis centímetros, era pálido, tenía el cabello negro corto, unos ojos chocolate intensos, una nariz preciosa, sus labios… Hacían que la respiración de Tom se acelere, y vestía con traje, de hecho tenía un maletín. Su cliente era muy agradable a la vista, a pesar de que ni siquiera fuera un hombre musculoso, era delgado pero tan sexy que tanto así que sentía cómo se estaba excitando sólo con verle, así que sería muy fácil disfrutar este trabajo.

ㅡHola, señor Kaulitz, soy Bill Trümper le llamé por teléfono… ㅡhabló el joven, que se sonrojó al ver al muchacho castaño con lentes frente a él, usando sólo shorts que mostraba sus muslos y piernas… Intentaba mirarle los ojos pero le costaba mantener la vista allí cuando lo tenía tan… Expuesto, iba a hablar más, pero Tom lo sujetó por la corbata, jalándolo dentro de su apartamento, antes de que pudiera hablar más, el escritor lo besó.

Tom entrelazó los dedos en la nuca de Bill, disfrutando de cómo el más alto abría la boca, lo cual el escritor aprovechó para meterle la lengua, pegando su cuerpo al hombre, disfrutando el sabor de la saliva de Bill, y del dominio que ejercía en él, pensaba genuinamente que por ser tan vulgar iba a ser más demandante, pero no, el azabache estaba más quieto de lo que esperaba. ¿Tal vez sería virgen? No lo creía, era muy atractivo, y por la forma en que dijo que se notaba que apretaba rico, pues no sonaba muy virgen.

Pero Tom lo empujó contra la puerta, bajando su mano en dirección a la entrepierna de Bill y sonrió cuando notó que el moreno estaba erecto, sí estaba reaccionando frente a sus avances.

Bill jadeó contra su boca al sentir aquella mano acunar su pene, y chupó la lengua de Tom, intercambiando los papeles y ahora él empujándolo contra la puerta, empujando sus caderas contra la palma de Tom, el cual apretaba más aquella dureza, pensando que tenía un buen tamaño para sentirse así en su mano, incluso con ropa, la mano de Bill se posó en la cintura de Tom, el cual se estremeció por ello, porque le excitaba mucho que toquen allí.

ㅡVamos a mi cuarto ㅡordenó Tom acezado cuando se separaron por aire, pero no esperó una respuesta, porque volvió a sujetarlo por la corbata, jalándolo en dirección a su habitación.

ㅡPero… ㅡquiso refutar Bill.

ㅡNo te preocupes, tengo condones ㅡle tranquilizó Tom, para después de llegar al cuarto, le quitó la corbata al más alto, desabotonándole la camisa, muriéndose por ver cómo era debajo del traje, le quitó el saco, y camisa, observando su cuerpo delgado pero fibroso, e hizo lo mismo con la parte inferior, quitándole el cinturón, bajándole los pantalones junto con los bóxers y sonrió.

“Bingo”, pensó Tom, dándose cuenta de tremenda sorpresa que poseía Bill, un pene grande y grueso, brillando en preseminal, por lo que empujó al hombre en su cama, quitándole los zapatos y medias.

Tom se desvistió rápidamente, mostrándole cómo estaba excitado con su erección contra su vientre, y abrió el cajón, sacando el lubricante, que siempre le servía cuando se metía los dedos para masturbarse y los condones.

Bill se quedó perplejo cuando observó cómo es que Tom cerraba los ojos, preparándose a sí mismo, no lo veía cómo tal, pero sí lo notaba por la mano que se había puesto detrás y el rictus de concentración del joven, que tenía los anteojos empañados por el calor que emanaba de su cuerpo.

Tom estaba metiéndose tres dedos, dilatando más su interior para recibir ese grosor, jadeando a hacerlo, empujando su trasero contra su mano… Era diferente en esta ocasión, porque no estaba masturbándose al estimular su próstata, sino preparándose para recibir pene, luego de mucho tiempo. Se mordió el labio inferior, sintiendo sus pezones erectarse cuando se metió el cuarto dedo, y ya no podía más. Se quitó los lentes.

El escritor, se sacó los dedos, abriendo el condón, y poniéndoselo en el pene de Bill que estaba sentado excitado viendo lo que hacía el castaño, siseó cuando sintió la mano de Tom ponerle el condón, y luego cuando embadurnó lubricante encima, dándole un masaje a su miembro recubierto con el profiláctico, para después sentarse a horcajadas en su regazo, alzando las caderas, para comenzar a meterse la erección de Bill en su interior, cerrando los ojos y boqueando… Era tan grande y había pasado tantos años desde que tuvo sexo, pero igualmente estaba disfrutando sentir centímetro a centímetro ingresar en su canal.

Bill era grande definitivamente, incluso más que su profesor. Tom se sentó por completo en el regazo de Bill, jadeante, relajando sus esfínteres antes de cualquier cosa, recordando todas las enseñanzas de su maestro.

Bill no sabía qué hacer en ese momento, y Tom, como leyendo su inquietud, lo besó, porque si bien no quería hacerlo personal, no podía no hacerlo al estar con un chico tan atractivo, que esperaba darle una buena primera impresión para que fuera un cliente frecuente.

Tom jugó con la lengua de Bill, el cual ubicó sus manos en sus caderas, aferrándose a aquella zona, mientras Tom gemía contra el beso, disfrutando de aquellas manos tocarle, por lo que se arqueó, y Bill le metió la lengua, pegándolo más a su cuerpo al sentir aquel calor y canal apretarle tanto.

Tom le gustaba cómo lo besaba Bill, y también cómo latía su verga en su interior, que sentía que podría escribir una epopeya dedicada a él. Su lengua… Era hábil, al inicio estaba tímido, pero en este punto no, cómo la pasaba por el paladar, y luego volvía a chuparle con presteza la lengua, para después pasar sus labios hinchados por sus los suyos, mordiéndoselos, y apretaba más sus caderas, y el escritor comenzó a mecerse sobre la virilidad de su cliente, de atrás para adelante primero, sintiendo cómo Bill bajaba sus manos a su trasero, guiando las embestidas al hacerlo dar botes encima de su pene.

Tom se mordió el labio inferior apoyando sus manos en los hombros de Bill, para darse más impulso y empezó a dejarse guiar por aquel hombre, que se notaba que sí iba a sacarle jugo al asunto por la forma en la que lo veía, y lo casi cargaba sobre su polla, y Tom gemía complacido, porque el ángulo era perfecto, perfecto para que ese pene le diera en su próstata, por lo mismo es que su interior soltaba espasmos y sus piernas estaban temblorosas.

Pero no, Tom iba a seguir, por lo que siguió dando botes encima del pene de Bill, impulsándose sobre aquella verga tan deliciosa.

Bill acariciaba las nalgas de Tom, apretándolas con saña, disfrutando en demasía el cómo era hundirse en aquel hombre tan atractivo, jadeando al verlo, era una exquisitez observar cómo su pene se metía dentro de aquel culo que merecía un pedestal. Jamás le habían apretado así de rico, definitivamente.

Tom seguía dándose impulso, meciendo las caderas, y disfrutando tanto el contacto, y el que Bill fuera su primer cliente, que incluso se ponía a pensar que hasta gratis podría acostarse con él de lo rico que era sentir cómo empujaba su pelvis para mayor profundidad, casi sentía que iba a salivar. Volvió a besar al muchacho, gimiendo contra la boca de Bill cuando su trasero se apretaba por lo sensible que estaba su interior al estar siendo estimulada su próstata. Bill lo llenaba bien, y volvió a morderle el labio inferior, no sabía qué gusto tenía con andar mordisqueándolo, pero tampoco se quejaba, porque sentía un tirón en su pene a cada mordida.

Bill soltó una de sus nalgas para sujetar el pene del escritor, comenzando a masturbarlo, haciendo que Tom se arquease más, poniendo su cabeza hacia atrás porque sentía que era mucho que le tocaran la próstata y el miembro, a este ritmo iba a venirse pronto, pero el joven no se detuvo, y siguió empujando su pelvis para penetrarlo, incluso con Tom fuera de sí mismo un instante, y aumentó el bamboleo de su muñeca, esparciendo el preseminal en toda la erección del castaño, que estaba temblando con los labios brillantes, rostro perlado en sudor y rojizo por la excitación.

ㅡVoy a venirme ㅡavisó Tom acezado.

ㅡCórrete para mí ㅡpidió Bill, para luego morderle el cuello, empujándose más dentro del escritor, que soltó un alarido por el placer acuciante que se instaló en todo su ser, explotando contra la mano del joven, y haciendo que Bill sólo empuje en par de veces más hasta venirse en el condón, dentro de Tom.

Ambos estaban con la respiración acelerada, Tom apoyó su frente en el hombro de Bill, hasta que tuvo la suficiente fuerza para echarse a un costado de la cama, observando cómo Bill se quitaba el condón y lo botaba en un tacho de basura.

Tom estaba disfrutando de ver desnudo a aquel hombre, pensando que con gusto lo haría las veces que quiera.

ㅡ¿Entonces cuánto sería el precio? ㅡcuestionó Tom cuando pudo hablar.ㅡDijiste más de 150 euros.

Bill asintió y fue a la sala, regresando con su maletín, aún desnudo, pero igualmente abriendo la maleta, sacando un cheque, a lo que Tom arqueó una ceja, sin entender por qué le pagaría en un cheque.

Pero cuando Tom recibió el papel notó que el precio era muchísimo más de lo que pensó, y ya tenía más sentido que el pago fuera en cheque y no en efectivo o transferencia bancaria.

ㅡ¿Por qué tanto? ㅡpreguntó Tom alarmado.

Bill parpadeó luciendo confundido.

ㅡOh, en realidad eso sería sólo el inicio ㅡdijo Billㅡ. La verdad es que con la editorial quisiéramos hacerle un contrato… ㅡacotó el azabache.

Tom se quedó un rato en silencio en lo que Bill seguía hablando… “¿La editorial?”, se repetía en su cabeza, procesando lo que acababa de pasar.

ㅡ¿Tú… Tú no eres…? ㅡempezó a preguntar Tom con voz temblorosa, sintiendo que sudaba frío, sujetando su celular, fijándose en el nombre del clienteㅡ, ¿”Titan Sexgott”? ㅡinquirió el escritor, sabiendo la respuesta antes de que Bill la dijera cuando tenía varios mensajes de ese hombre diciendo que le faltaba un número al que le dio.

Bill frunció el ceño. ㅡNo, señor Kaulitz. Soy Bill Trümper, editor de la Editorial Bottomers, nos interesó su manuscrito ㅡexplicó el joven.

Tom se sonrojó hasta las raíces del cabello, se había cogido a un editor que estaba interesado en su trabajo.

ㅡYo… ㅡhabló Tom, tapándose con la sábana, siendo muy consciente de todo lo que hizo pensando que era un cliente de su trabajo sexualㅡ. Eh… ¿Por qué no hablaron antes? ㅡcuestionó en voz baja.

ㅡLo intentamos, el problema es que el número que puso estaba mal, salía que el número no existía. Sin embargo, insistí en que lo buscáramos, así que por meses estuve buscando la forma de contactarlo. Hasta que finalmente di con usted con ayudas un poco ilegales, déjeme decirle, pero sí, conseguí su número real y me comuniqué, se confundió por el orden ㅡexplicó Bill, luciendo algo avergonzado al tener que pagarle a alguien para que consiguiera el número del escritor en los registros privados de teléfonos.

Su discalculia… Es decir, todos los manuscritos que envió tenían mal su número de teléfono.

ㅡ¿Por qué insistió tanto en encontrarme? ㅡinterrogó Tom, siendo que Bill era el primero en encontrarlo luego de meses, no entendía por qué tanto interés.

ㅡOh… Es que yo… ㅡempezó a hablar Bill, sonrojándose un pocoㅡ. Bueno, su estilo de escritura y redacción, el manejo de la trama, y el final… No sé si esté en lo correcto, pero se parece mucho a un escritor que leía y admiraba mucho cuando era adolescente. ¿Es usted “Skygelys”? ㅡinterrogó el joven.

Tom abrió los ojos por completo.

ㅡ¿Me leías en Wattpad? ㅡcuestionó el castaño.

ㅡNo, en Ao3, pero sí, era “Jumbie89” ㅡse sinceró Bill.

Tom se quedó en silencio, recordando que sí, Jumbie89 era el usuario de uno de sus lectores que le dejaba un montón de comentarios, y que le sorprendía porque era precisamente de su misma edad.

ㅡTal como pensé, creí que era usted, y bueno, por eso insistí tanto en contactarlo, porque usted más que nadie merecía este contrato, porque se nota que esta historia tiene potencial para ser una saga. Y el mundo entero debería saber de su talento, señor Kaulitz ㅡmasculló Bill con determinación.

Tom se tapó la cara con las manos, pensando que no sólo se había cogido al editor de su libro, sino también a su lector, quería abrir un hoyo en el suelo y meterse allí.

ㅡ¿Por qué llora, señor Kaulitz? ㅡpreguntó Bill, viéndolo con preocupación.

ㅡNo me digas señor, tenemos la misma edad y me la metiste hace rato, ya hay suficiente confianza para que me tutees ㅡdijo Tom, sin verloㅡ. ¿Por qué no me pediste que parara? ¿Acaso te violé? ㅡinquirió escandalizado al notarlo, sacando sus manos de su rostro y mirándolo asustado.

ㅡOh… ¡No, no! Lo disfruté… No lo detuve, porque bueno, digo, no te detuve porque eres atractivo, estabas vestido así… Y, sé que quizá suene mal, pero así nunca te hubiera visto antes, siempre tuve como un crush contigo, con la forma en que me respondías cada comentario, haciéndome sentir tan especial, y encantándome con tus historias, tu narrativa… Siempre te admiré muchísimo. Cuando recibí tu manuscrito, supe que eras tú y te vi, y bueno ㅡse sonrojó Bill, rascándose el cabelloㅡ. Sí me gustaste mucho. Por ello, si bien no vine a eso, no pude negarme a tener sexo con mi escritor favorito, que como plus, es muy guapo y sexy ㅡacotó el chico, sonriendo.

Tom lo miró, lo veía borroso, por lo que se levantó con sábana cubriéndolo para limpiar sus gafas y ponérselas.

ㅡBueno, tú eres muy guapo, déjame decirte. Y tus comentarios me hicieron muy feliz, eras uno de mis seguidores más fieles, y de quienes me impulsó a estudiar la carrera de Literatura y letras para escribir mi propia obra original ㅡconfesó Tom, observando muchacho aún en su esplendorosa desnudezㅡ. Sólo que… Por favor, te llevaste una pésima impresión mía la primera vez con mi comportamiento.

ㅡDe hecho fue muuuy buena ㅡarguyó Bill.

Tom se sonrojó. ㅡMe da vergüenza decirlo, pero necesito el dinero, y en realidad… Pensé que eras un cliente porque me iba a prostituir. De hecho ibas a ser mi primer cliente, y puse mal mi número no sólo en mis datos con mi manuscrito, sino también en la información para que contraten mis servicios. Por ello no te dejé hablar ni nada.

ㅡOh… Pues ya no será necesario con tu cheque ㅡmasculló Bill, pensando qué tan desesperado habría tenido que estar el escritor para hacer realmente hacer aquello.

ㅡPues no, en serio estoy muy feliz por esto. Siempre fue un sueño. Te lo agradezco, y más por insistir tanto conmigo y creer en mí ㅡfarfulló Tom, realmente agradecido.

ㅡFue un placer, Tom ㅡdijo Bill con sinceridad.

ㅡEh… ¿Podrías vestirte? ㅡpidió Tom, teniendo dificultad para verle a los ojos cuando tenía el pene ahí todo expuesto.

Bill se sonrojó, y cerró su maletín, comenzando a levantar las prendas para vestirse rápidamente.

Tom suspiró dejando la sábana en su cama, y poniéndose la ropa igualmente.

Una vez que estuvieron vestidos, pero con Bill con la ropa notoriamente arrugada, y ambos despeinados es que se vieron.

ㅡIgualmente necesitaría que coordinemos para que vayas a la Editorial a firmar el contrato ㅡmusitó Bill.

ㅡSí, está bien. Ya tienes mi número ㅡrespondió Tom, acomodándose los lentes.

ㅡY… Tú también tienes el mío, porque sería un placer invitarte un café o algo que no tenga que ver con trabajo, si es que quieres, claro, no quiero incomodarte ㅡse apresuró a decir Bill.

ㅡOh… Claro, sí, me encantaría ㅡcontestó Tom, sintiendo cómo su rostro se calentaba ante la expectativa de volver a ver a Bill, en un contexto que no sea de trabajo, pese a la vergüenza, y el primer encuentro pasional aunque totalmente inadecuado, el chico era lindo, y si tenía que ser sincero, cada que actualizaba o subía alguna historia, estaba a la expectativa de que llegaran los comentarios de Bill, porque si bien no lo conocía, amaba la efusividad con la que le dejaba apoyo.

ㅡBueno, un placer, Tom ㅡfarfulló Bill a modo de despedida.

ㅡEl placer fue mío, Bill ㅡcorrespondió Tom, pero ambos se sonrojaron al percatarse cómo sonó dado el contexto. Después de unas sonrisas incómodas, es que Bill se fue.

“Pues si Tom no hubiera sido escritor, definitivamente tendría madera de prostituto”, pensó Bill al irse… Porque era el mejor polvo que había tenido en su vida. Aunque claro, también estaba el hecho de que el escritor le gustaba incluso antes de conocer su rostro, que fuera hermoso sólo lo hacía aún mejor. Pero… Quería volver a verlo, y probar más de aquella miel, de esos labios, de ese cuerpo… Bill quería cumplir su sueño adolescente de ser el novio de su escritor favorito, así que con aquello en mente se subió a su taxi, sintiéndose inmensamente feliz.