Único
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Max no era el estereotipo de alfa perfecto, en lo absoluto, los omegas huían de él como si fuera una plaga. ¿La razón? Es panzón, gordo, una bolita de grasa andante, fan de la música y otaku a kilómetros. La única razón por la cual los demás saben que es un alfa es por su altura y aroma, ese aroma a jengibre picoso con un toque quemado era inconfundible.
Puede que tenga un buen aroma, pero su cuerpo es la razón por la cual está soltero. A pesar de ser alfa, no es del todo su culpa, desde joven siempre fue algo relleno, jugar siempre con las consolas y casi nunca salir le pasaban factura ahora.
Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que Max podía enamorarse, y lo hizo, el rubio podía mirar su computadora por horas e incluso días los mismos videos de ese azabache, dios mandado a la tierra para llenarla de belleza y majestuosidad.
¡El idol Checo! Una cosita tierna y pequeña, era el estereotipo perfecto de los omegas: amable, lindo, delgado y pequeño.
Max solo podía suspirar cuál colegiala al verlo bailar y mover su cuerpo rítmicamente al sonido de la música que cantaba.
Era tan hermoso, pero sobre todo inalcanzable. Sergio, como se llamaba en verdad el omega, tenía cientos de millones de pretendientes, millones más de fans y a su altura solo había alfas que eran modelos o cantantes iguales a él, atractivos y de clase alta.
Pero Max era un soñador, imaginaba tenerlo en sus brazos, cocinarle algo de buena comida y mimarlo como el rey, o reina, que debería de ser. Y aunque él sabía que muchas de esas cosas eran imposibles, eso no impedía que estuviera esperando en una página web donde, en pocos minutos, se iniciaría la venta de boletos para su próximo evento.
Un concierto en la ciudad donde vivía Max. Era su oportunidad para verlo, aunque sea solo desde las gradas. Era una alegría en su corazón verlo en vivo sobre la gran tarima, cantando y bailando con la gracia de una bailarina profesional, bueno, lo era.
—Cinco, cuatro, tres... dos... ¡Ahora! —apenas había salido el cartel cuando Max ya le estaba dando al botón de comprar, el rubio sonrió, sin embargo, un anuncio apareció en su pantalla y lo hizo casi desmayarse.
“¡Felicidades por ser el primero en conseguir un boleto! ¡Como recompensa podrá ver en persona a su idol favorito para saludarlo!”
(...)
“Mierda, me están sudando demasiado las manos”, pensó el rubio con agonía mientras se frotaba por décima vez las manos en los lados de su pantalón. Traía puesta una camisa que decía “Number One Fan” y tenía una imagen del pecoso sonriendo.
Max tenía un pequeño ramo de flores en la mano, hortensias azules y un par de rosas blancas. Caminaba detrás del guía que lo llevaría al camerino del omega pecoso para conocerlo. Podía sentir las miradas de miedo e incluso asco mal disimulado de los trabajadores y los otros idols hacia él.
No le importaba, Max solo quería saludar a su mayor admiración, tocar su mano por primera vez, y tal vez última, en su vida. El rubio solo deseaba que no le fuera a tener desprecio, nunca puso atención a lo que decían los demás sobre él, pero, si el omega lo hacía, las cosas podrían ser un poco diferentes.
—Llegamos, y por favor no se propase, sabe que si intenta algo seguridad lo sacará y estará vetado para todos los conciertos de ahora en adelante —le dijo el mánager y Max asintió despacio.
Cruel, pero justo, lo más importante era la seguridad del omega hermoso, pero también podría ser el hecho de que Max parecía un tanque andante, no daba buena espina que estuviera en un sitio solo con un bello ángel. Seguro que lo miraban como un cerdo pervertido, no lo era del todo.
El alfa tomó una profunda respiración y tocó la puerta suavemente, aunque sus manos estaban temblando. Un suave “puedes entrar” se escuchó desde dentro y Max abrió la puerta despacio. El interior del camerino era más grande de lo que creyó, con una buena iluminación y colores brillantes. En un lado había un sitio lleno de todo tipo de vestuarios y en el otro un par de puertas.
Y adelante, estaba la cosa más bella del mundo, frente a un gran espejo y una mesa, sentado en una silla acolchonada, allí estaba su amor platónico, retocando su ligero maquillaje, de todas formas, Sergio no necesitaba de mucho para verse como un dios.
—¡Oh! —el omega abrió sus ojos, sorprendido al verlo por el reflejo del espejo—. ¡Creí que aún tendría algo de tiempo para verme más presentable!
Max tuvo que aguantar la respiración al ver al omega algo avergonzado y apresurado por guardar sus cosas. Cuando lo hizo rápidamente se levantó de la silla y casi corrió para estar cerca suyo, el aroma a menta y lluvia pegó en su rostro como una fresca brisa. Era muy bueno.
Estando cerca, Max se dio cuenta de que Checo era aún más pequeño de lo que se veía en la tarima o detrás de una pantalla. El pecoso lo miró levemente sorprendido de arriba abajo, fue solo sorpresa lo que encontró afortunadamente; sus mejillas tenían un toque rosa y el rubio noto que sus bellos ojos marrones tenían pequeños destellos verdosos.
—Santa mierda, eres aún más adorable en persona... —la frase se escapó del rubio sin siquiera poder procesarla, eso lo hizo sonrojar de sobre manera—, digo... mi nombre es Max Verstappen, soy tu fan número uno.
Lo que no esperó fue ver como el omega se volvía rojo también, soltó una risilla nerviosa y metió uno de sus rizos detrás de su oreja. Un gesto tímido propio de Checo, lo había visto algunas veces.
—¿De verdad crees que soy adorable? —el pecoso preguntó y Max casi se queda sin aire. ¿Cómo era capaz siquiera de dudarlo?
—¡No lo creo, es la verdad! ¡Quién no vea que eres el ser más bello que hay, es porqué está ciego! —Max exclamó con el corazón en la boca haciendo sonrojar más al pecoso.
—Que lindo eres, me hace feliz saber qué piensas así de mí —Sergio le sonrió de esa manera dulce llena de ternura y Max sintió que su alma saldría de su cuerpo en cualquier instante.
—Y-yo... qu-quiero... —el rubio no sabía qué decir, pero de pronto recordó las flores en sus manos—. ¡Toma, son para ti!
Max extendió las flores hacia el pecho del pecoso, quien fue sorprendido de nuevo por su arrebato, las miró un momento y después las tomó con una sonrisa, justo como la de hace un instante. En cualquier segundo Max iba a morir por un ataque al corazón.
—¡Son hermosas, muchas gracias! ¡Tienen el color de tus ojos! —Sergio apretó las flores contra su pecho y las olfateó, un suave ronroneo complacido salió de él y Max sintió que necesitaba de una Coca-Cola, se le estaba bajando la presión.
—No son tan lindos como tú, digo, no es que las flores sean feas, pero ellas no se comparan ante ti —Max estaba en su burbuja, su sueño, no pudo evitar tomar una mano del omega y acariciarla suavemente antes de darle un pequeño beso en el dorso—. Eres tan hermoso. Daría lo que fuera para que fueras mi pareja.
La sonrisa de Sergio flaqueó cuando el rubio dijo la última frase, lentamente, el pecoso retiró su mano, sin embargo, como Max seguía agachado levemente, pudo acariciar con suavidad una de sus mejillas.
—Lo siento, pero no creo que eso sea posible —el pecoso le dijo con una sonrisa triste y Max sintió como su corazón se partió en dos. Bueno, al menos pudo conocerlo en persona.
(...)
Max suspiró por quincuagésima vez en esa semana, después de su vergonzosa confesión, el adorable y tierno Sergio le dijo que podía ir a la sala Vip para ver su concierto. Aunque fue un espléndido lugar y pudo ver al amor de su vida como nunca antes, eso no quitaba el hecho y la razón de su dolor en el pecho.
Era demasiado bueno para ser verdad, demasiado. De todas formas, ya lo sabía muy bien, pero a pesar de eso estaba feliz, recibió un autógrafo y un buen lugar, nada mejor que eso.
Ahora estaba allí, caminando de vuelta a su casa con una bolsa llena de víveres para una semana y no tener que salir, trabajar en línea le daba buen dinero para vivir y comprar mercancía de su bello Checo, además tenía una página en donde hacía ediciones sobre su música y otras cosas dedicadas al omega azabache. Tenía muchos seguidores.
Recibía algo de dinero de esa página, no era un montón, pero ayudaba a pagar algunas facturas. Max solo salió de sus pensamientos al escuchar un quejido y percibir un aroma conocido en su nariz.
—¡Ya deja de acosarme, maldito loco! —el rubio sintió su corazón acelerarse, conocía esa voz, antes llena de tanta dulzura y ahora parecía enojada.
—Vamos, no seas tan apretado y acepta, sé que los de tu tipo tienen a muchos en su cama, yo solo sería uno más —esa frase fue lo que Max necesitó para dejar sus bolsas en el suelo y correr hacia el origen del aroma fresco que estaba ligeramente agrio.
Lo que vio hizo que su sangre hirviera en ira pura, conocía al omega que trataba de zafarse de un alfa fastidioso. El omega tenía un suéter manga larga con capucha y una gorra que medio tapaba sus rizos, pero parecía desacomodada. Su rostro que siempre tenía una sonrisa ahora estaba reemplazado por una mueca de incomodidad.
Su cuerpo se movió solo sin pensarlo dos veces, corrió hacia ellos y alzó su puño, un golpe de lleno se estrelló contra la cara de ese alfa haciendo que soltara al pecoso y cayera al suelo como un saco de papas mal tirado. Max rugió azuzando su aroma.
—¡Maldita escoria! ¡Te llego a ver de nuevo haciendo algo como eso y te destruyo con mis propias manos! —Max estaba iracundo, y su aroma agrio hizo que el otro alfa apenas pudiera levantarse tambaleante y correr lejos de ellos.
—Wow —un murmullo sorprendido hizo enfriar al rubio, Max volteó medio segundo después mostrando su rostro amable y una pequeña sonrisa tímida.
—¿Estás bien? Él no te hizo nada, ¿verdad? —el rubio preguntó tomando suavemente el brazo del omega para revisarlo—. Si él te hizo algo le haré pagar.
—¡Oh, no! Estoy bien, ¡no me hizo nada antes de que llegarás! —el pecoso negó rápidamente acomodándose la gorra con la mano libre—. Estoy feliz de que llegarás como mi salvador.
—¡No dejare que alguien te toque ni un cabello mientras esté en guardia! —Max infló su abultado pecho haciendo reír por lo bajo al pecoso—. Pero dejando eso de lado, ¿qué hacías por estas partes?
—Pues... —Sergio bajó su cabeza algo apenado y jugueteó con sus dedos.
Treinta minutos después, Sergio estaba sentado en uno de los asientos del comedor de Max y tomaba un té con tranquilidad, habían decidido pasar allí un momento cuando vieron que el cielo se había puesto algo oscuro. Además, cuando Max lo sugirió el pecoso no se пеgó.
—Entonces, te escapas de vez en cuando en cubierto para salir un rato por las calles sin que nadie te esté molestando —Max razono dándole un pequeño sorbo a su té con las manos temblorosas, tener a Sergio en su casa era algo que en definitiva no creyó que podría pasar jamás.
—Sí, básicamente, a veces solo quisiera salir sin tanto escándalo, mi mánager dice que debo tener un guardaespaldas siempre, pero eso es fastidioso y no me gusta sentirme vigilado todo el tiempo —Sergio suspiró, le gustaba ser un idol, pero no tenía mucha privacidad, quizás sea bueno tomarse un pequeño descanso de tantas presentaciones.
—Es peligroso que estés así en la calle, alguien puede reconocerte y aprovecharse de ese momento vulnerable, como lo que pasó hoy con ese alfa —Max razonó dándole un poco de razón al mánager de Sergio y éste se desinfló visiblemente—. ¡Pero no digo que por eso no puedes tener un tiempo para ti! Tu privacidad es importante y además tienes el derecho de estar solo para despejarte, solo digo que debes de tener más cuidado.
Sergio lo miró sorprendido por su arrebato y poco después comenzó a reír, esa hermosa risa derritió el corazón de Max sin mucho esfuerzo.
—Maxie eres divertido y bueno conmigo, me gusta eso —el pecoso terminó de beber su té notando como el alfa lo miraba embobado. El “Maxie” había sido un pequeño apodo con el que el pecoso lo bautizó hace un momento.
—Eres el dueño de mi corazón, no podría tratarte menos —ahí iba Max de nuevo como el burro al trigo, dando una confesión patética, pero no podía callar las palabras que salían de su pecho y su alfa interno estaba satisfecho por esos tiernos cumplidos a “su omega”.
—Awww, Maxie —Sergio se levantó de su puesto y fue hacia Max para abrazarlo, el rubio rodeó la pequeña cintura del pecoso por reflejo, y por dentro gritaba como niña histeria—. Eres tan suavecito como te ves.
—¿N-no te doy asco? —el rubio preguntó sintiéndose inseguro y entumecido de repente, Sergio solo despegó su cabeza ligeramente del pecho del alfa y lo miró.
—¿Asco por qué? Eres increíble, dulce y me ayudaste con un estúpido pervertido, no sabes cuánto me hace feliz abrazarte Maxie —Sergio frotó su rostro contra el pecho del alfa y Max sintió su autocontrol pender de un frágil y delgado hilo.
—Pero tú dijiste que no podías estar conmigo, pensé que de alguna forma no te agradaba y solo fuiste amable por obligación —el alfa aventuró una mano hacia el cabello azabache para revólver los suaves rizos con cariño.
—Eso es porque soy un idol famoso, mi trabajo es exigente y no me deja mucho tiempo para citas, mi última relación fue hace años y me dejaron por ello —Sergio murmuró haciendo pequeños círculos sobre el pecho del rubio—. Casi digo que sí la primera vez, me hiciste sentir feliz cuando me dijiste que quería invitarme a salir Maxie, pero no quiero agobiarte con mi vida llena de paparazzis.
Sergio recuerda el momento en que vio al alfa rubio, grande y blandito visiblemente, casi se le tira encima para saber si de verdad era tan suave como se miraba. La actitud del alfa nerviosa y tartamudeante hizo que su corazón se derritiera por ternura y amor. Pero era verdad, su vida siempre estaba en medio de un huracán, cualquier desliz y sería arrasado por la tormenta.
—Me importa un carajo lo que digan los demás, soy un alfa que ha vivido toda su vida bajo miradas reprobatorias de muchas personas, ¿crees que eso me ha afectado en algo? —el rubio dijo sintiendo al pecoso apegarse más a su cuerpo—. Yo podría cruzar un desierto sin nada de agua solo para verte, e ignorar a gente chismosa solo sería mi pan de cada día, lo que me preocupa ahora es cómo lo tomarías tú.
Sergio lo pensó seriamente.
¡A la mierda la gente! Ese alfa había hecho que su omega se volviera loco y además lo miraba con tanta adoración, cuando otros solo veían mercancía o algo para ganar fama fácil.
—¡Yo quiero que Maxie me lleve a citas! —Sergio se frotó más contra el rubio dejando salir su aroma feliz y el alfa se desmayó— ¡¿Maxie?!
(...)
Habían pasado un par de semanas, para Max era un sueño hecho realidad y una tortura. Aún no podía creer que fuera citas a escondidas con el amor de su vida, pagaba algo extra en restaurantes para tener un sitio apartado y solitario para comer tranquilos.
Cuando Sergio tenía tiempo después de sus rutinas de baile, el alfa lo llevaba a pequeños picnics en el parque, frente a un bonito lago o algo parecido. El pecoso siempre trataba de cubrirse lo mejor posible, aunque eso no quitaba la posibilidad de vestirse lindo y sexy.
Pantalones de cuero que no dejaban su trasero a la imaginación o pantalones cortos que eran mil veces peor que los de cuero. Después de cada cita, Max tenía que atender su polla en el baño de su casa, es un alfa urgido que nunca ha estado con nadie, un re-virgen como lo era la palabra otaku.
Sin embargo, Max podía babear por el cuerpo de Sergio, pero no le tocaría ni un cabello hasta que el omega hiciera un movimiento, no le importaba tener que tragar su propio veneno mientras se aguantaba las ganas de morder esa bella piel.
Su espera no duró mucho, pues una tarde que Sergio había llegado a la casa de Max para una noche de películas se recostó sobre el rubio lentamente, poco a poco hasta que estuvo sobre sus piernas, Sergio tenía su rostro rojo y su aroma cargado de excitación, al parecer había llegado también a su límite. ¿Cómo era posible que esa criatura lo deseara de esa manera?
—Maxie, yo quiero que me tomes —el omega murmuró con voz melosa tomando una mano del rubio que al parecer sufría de un corto circuito, para llevarla a su entrepierna.
Sergio estaba mojado y no había traído ropa interior, su pequeño short algo holgado dejaba entrar su mano perfectamente hacia el coño húmedo. Max contuvo la respiración cuando sus dedos tocaron la piel suave y caliente del omega. No pudo controlar su impulso y metió su mano más allá hasta casi meter dos dígitos dentro de ese interior pegajoso.
—M-maxie... —Sergio gimió tembloroso mientras se sostenía cómo podía de los hombros del rubio. Max solo tomó una respiración profunda, sacó los dedos del pecoso y lo sujeto de las piernas para poder pararse.
—Vamos a mi habitación —el rubio murmuró con la voz gruesa, el pecoso solo pudo temblar lleno de excitación al ver esos ojos azules sobre su persona.
Para el alfa, su autocontrol ya había sido destruido, ahora que le habían dado luz verde y podía tener a su bello ángel tanto como quería no se iba a contener. Puede que Sergio sea tierno y lindo, pero Max quería destruir ese inocente rostro y convertirlo en algo lascivo.
Dejando al omega sobre su cama, Max procedió a sacar la ropa del pecoso en cuestión de segundos. Sergio quedó sonrojado y un poco avergonzado estando desnudo frente al alfa, pero, sobre todo, estaba excitado, ser devorado por esa mirada azulada le daba espasmos por doquier.
—Es tu turno de quitarte toda la ropa Maxie —Sergio dijo mientras se sentaba sobre sus talones, estiró sus delgadas manos y tiró de la orilla de la camisa del rubio.
Este se tensó un poco pero no dijo nada, dejó que el pecoso le sacara la camisa y esperó a ver una mueca suya, la que fuera, sin embargo, la expresión deseosa de Sergio no cambió en nada. Y Max solo espabiló cuando notó como su correa era soltada, de igual forma que su cremallera.
—Huele bien —el omega ronroneó tomando el elástico del bóxer para bajarlo junto a los pantalones, una polla enorme y dura lo golpeó levemente en el rostro, sus ojos se abrieron con sorpresa ante tal tamaño, nunca había visto algo igual.
—¿Checo? —Max murmuró el apodo suavemente mirando algo consternado como el pecoso admiraba su polla con una mezcla de asombro y deseo.
—Eres tan grande... —fue lo que obtuvo como respuesta. Sergio tomó la polla del alfa entre sus dedos y comenzó a masturbarlo, el presemen resbalaba de la punta mojando poco a poco la extensión haciendo que mover su mano de arriba abajo fuera más fácil.
Max no pudo evitar soltar un par de quejidos, era la primera vez que alguien más tocaba su polla y la sensación era mil veces más placentera.
—Mierda Ch-Checo, no voy a aguantar demasiado... —el rubio apenas pudo jadear esas palabras, estuvo en una abstinencia desde hacía mucho y ahora esa sensación nueva le hacía estragos.
Sergio ignoró las quejas del alfa acercando más su rostro a la enorme polla, abrió su boca para tomar entre sus labios y gimió ante el sabor agridulce, la esencia del jengibre llenó su paladar de una forma deliciosa. Quería frotar sus muslos mientras chupaba esa exquisitez, sin embargo, la posición en la cama se lo hacía algo complicado, necesitaba de un brazo para apoyarse y el otro para seguir masturbando la larga extensión.
—¡Maldición! —Max suspiró profundamente tratando de no correrse en menos de un minuto. Llevó su mano a la cabeza del omega por instinto y presionó para hacer que bajara más por su miembro.
Colocó una mano como apoyo para inclinarse un poco hacia atrás, ajustó su agarre en esa sedosa cabellera y presionó más, escuchó un gemido ahogado, pero estaba tan sumergido en su propio placer que lo ignoró. Max embistió la cabeza del Omega moviendo ligeramente sus caderas en un vaivén y la cabeza llena de rizos.
Un par de minutos después se corrió, una de las mejores de su miserable vida, por primera vez algo sedoso y caliente rodeaba su polla a la hora de venirse, fue increíblemente bueno, mejor que solo su mano. Soltó la cabellera azabache notando como el dueño de esta temblaba, y por un segundo el alfa creyó que se había pasado en su trato.
Sin embargo, Sergio tenía su rostro lloroso y sonrojado. Sus ojos estaban vidriosos y recogía con sus dedos todo lo que podía de su espesa semilla para tratar de tragarla. La vista hizo que la polla de Max se volviera dura como roca nuevamente.
—Asombroso Maxie, con una carga de esas podrías dejarme embarazado sin problema —Sergio gimió tembloroso dejándose caer de espalda sobre la cama, abrió sus piernas y presentó su coño ante el rubio—. Vamos Maxie, puedes dejarme lleno de tu semen hoy, vine preparado y estoy tomando pastillas desde hace una semana.
Max sintió que su polla palpitó, tomó al pecoso de una pierna para jalarlo y la elevó para alzar un poco sus caderas. El rubio presionó su dura erección contra el pequeño agujero rosa y brillante, empujó sin ningún remordimiento haciendo algunos sonidos obscenos por la humedad.
—Ch-Checo te sientes tan bien —Max gimió con su rostro rojo, las paredes cálidas de ese delicioso coño apretaban con fuerza su miembro mientras más lo introducía.
El pecoso temblaba con fuerza, se había preparado sí, pero no se imaginó que esa polla lo iba abrir de esa manera, se sentía tan estirado. Cada centímetro de su coño estaba siendo templado por el rubio, y apenas pudo respirar de manera superficial cuando el alfa terminó por golpear sus bolas cargadas contra su trasero.
Sergio juraba que si miraba hacia abajo se iba a encontrar con un pequeño bulto en su estómago. Max por su parte se permitió un momento para recuperar aire, su polla sería arrancada de su cuerpo, él estaba seguro de eso.
Dio algunas embestidas tentativas escuchando como el omega se quejaba y soltaba jadeos que poco después se volvieron gemidos, al notar ese cambio Max comenzó a mover sus caderas con más fuerza, de un momento a otro no le importaba nada más, solo eso, sentir el placer que lo inundaba por primera vez, dejó que su parte instintiva se hiciera cargo y su ritmo se volvió duro y salvaje.
El pecoso comenzó a ver estrellas, la enorme polla le revolvía las entrañas, estaba seguro de eso. Agradecía su flexibilidad, pues el alfa lo abría de manera brusca y apretaba sus muslos con saña, tendría que utilizar maquillaje para cubrir las marcas después.
—¡Maxie, eres tan grande! Me llenas tanto~ —el pecoso gritó en un gemido, no sabía qué hacer con sus manos y solo podía clavar sus uñas en las sábanas de la cama, sintió como una mano del rubio soltaba una de sus piernas y viajó a su pequeño clítoris para frotarlo con rudeza.
Sergio se retorció y chilló, pero al final solo pudo arquear su espalda y gemir a viva voz mientras se corría sobre la polla de Max. El alfa solo se rio con morbo sin dejar de embestir y frotar el pequeño botón rosado.
La sobreestimulación era demasiada para el pecoso, se desmayaría en cualquier momento por causa de una sobre carga de orgasmos en su sistema. Ni siquiera pudo aguantar un poco más, Sergio se volvió a correr y la sensación de hormigueo en su cuerpo se sentía como si se estuviera quemando.
—Me voy a-a correr, dejaré todo tu útero lleno de mi semen, tanto, que lo sentirás escurrir por el resto de la semana —Max ni siquiera sabía de dónde sacó tanta confianza para decirle algo así al pecoso, pero ver su rostro tan destruido por el placer le hacía despertar un instinto salvaje que no sabía que tenía.
—¡Maaxxiiee! —Sergio gimió una última vez, corriéndose de nuevo y apretando su coño con fuerza, Max no pudo detener el inminente orgasmo que le hizo enterrar su polla en el interior caliente del omega y dejar salir allí toda su semilla.
Pasaron un par de minutos antes de que Max saliera lentamente del interior del pecoso, el semen salió de ese coño jugoso a borbotones. Un creampie en toda la regla, y Sergio estaba destrozado, tenía su mirada perdida y su expresión de ido total no estaba mejor. Satisfecho el rubio se acomodó al lado del pecoso y lo rodeó con uno de sus brazos gruesos.
—Eso fue increíble, pequeño Checo —Max sonrió y acarició su cabello con suavidad, ronroneos de satisfacción resonaron en los oídos del alfa, era feliz, Max estaba feliz por primera vez en mucho tiempo.
(...)
—Sergio quedan quince minutos antes de salir —una alfa pelirroja anunció frente al camerino que tenía el nombre “Checo” en él, un pequeño quejido se escuchó desde dentro y se preocupó un poco— Sergio, ¿te encuentras bien?
—¡S-sí! ¡Y-yo solo estoy haciendo unos estiramientos! Saldré pronto —la voz del pecoso sonó algo temblorosa, pero Alice sabía cómo era la rutina de estiramiento de Sergio, así que solo asintió.
—Bien, te veré con los demás —respondió caminando de vuelta, aunque, algo cruzó por su mente—. ¿Él ya no había hecho su rutina con Jo cuando llegó?
Se preguntó a sí misma recordando levemente a los dos omegas estirando y charlando alegremente hace un rato, al final, la pelirroja se encogió de hombros y siguió con su camino.
Por otro lado, Sergio trataba de regular su respiración agitada y también trataba de relajar su cuerpo, temblaba como si tuviera frío, bueno, la puerta de madera estaba fría contrarrestando su piel caliente. Una de sus piernas temblaba en el aire mientras que la otra apenas llegaba a alcanzar el suelo, semen espeso resbalaba de su coño y se deslizaba por sus muslos.
—Hum, Maxie~ —Sergio chilló con voz dulce—. ¿Como saldré así? ¡No quiero ensuciar mi ropa, además los demás se darán cuenta! Sabía que no debía dejarme llevar, joder.
Max sonrió con malicia, aún tenía su polla metida en el fondo del pecoso y este, aunque se quejaba de la suciedad y el aroma no hizo nada para sacarla. Al final, Sergio terminó por limpiarse todo lo que pudo, se echó algo de colonia, se puso parches de aroma y se colocó un pequeño tapón en su coño para que el resto del semen viscoso no saliera de su interior.
El alfa era feliz y Sergio también, tenía una pareja que lo quería por algo más que solo ser alguien reconocido.
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(Checo y su Big Boy)
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