El Ultimo Invierno

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Summary

En un castillo donde el tiempo parece haberse detenido, una mujer consume sus días mirando por la ventana, perdida en su dolor. El silencio es su único compañero, hasta que algo comienza a cambiar. Una búsqueda desesperada y un descubrimiento inquietante la llevan a un lugar donde las sombras guardan secretos oscuros. ¿Qué es lo que realmente acecha en esas paredes?

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Capítulo...

Las rosas de los jardines se habían ido con él, y los grandes muros que habían contenido las emociones más puras que un ser es capaz de sentir se habían extinguido en tristes ecos .Con el paso de los meses, los enormes ventanales se veían incapaces incluso de proyectar colores hacia el interior del castillo. En los meses de invierno, el silencio era absoluto, y todo aquel que se atreviera a turbarlo sería castigado por un alma que se había trastornado cada día más.

Me resultaba casi imposible siquiera concebir la idea de que una mujer tan cálida como los rayos del sol en primavera, que apenas se encontraba en vísperas de su ceremonia de boda, ahora se hubiera convertido en una fría brisa de aquello que llegó a ser en viejos días. Su presencia infundía un terror paralizante, y su palabra se había tornado absoluta tras la muerte de su esposo.

Fuera de las banalidades, no se encargaba de cosa alguna que no fuera contemplar el exterior de sus dominios desde las torres más altas del palacio. Esto se extendía por toda la mañana, la tarde y la noche. Incluso cuando la oscuridad inundaba todo lo que se podía percibir con el ojo, no permitía que su mirada se separara del cristal de la ventana. Su respiración generaba una estela en el mismo, única manera en que me llamaba la atención, ordenándome limpiarlo. Sus tacones parecían haberse clavado en el suelo, y cada día su frustración parecía aumentar, extinguiendo su espíritu.

Un día temprano la busqué en su alcoba, pero fue en vano. Mi preocupación aumentó en la búsqueda de su encuentro. Aunque, siendo franca, esto me resultó absolutamente placentero. Me sentí enloquecer, dándome cuenta de mi propio poder. La tristeza que me había atormentado los primeros días del funeral se había convertido en un sentimiento de molesta depresión que me infundía de forma constante. Mis protectores. Los sonidos de mis pasos, cada uno más fuerte que el anterior, parecían liberarme del horrible silencio del majestuoso castillo que se había convertido en mi perdición.

Terminé mi caminata por el castillo, llegando hasta la antigua habitación de los casados. Sabía lo que encontraría después de la puerta.

Si estaba lista para verlo era la cuestión. Abrir la puerta me resultaba un esfuerzo casi abismal. Mi corazón golpeaba como si mis costillas fueran lo único que lo contenían. Cuando el hueco fue lo suficientemente grande como para permitirme entrar, me encontré a mí misma paralizada frente a esta situación.

En el regazo de la habitación, tapizada con alfombras persas y cuadros de gente desconocida, con la gélida brisa de una ventana abierta que paralizó cualquier emoción, el invierno cedía más cada día. Era lógico que no tardaría en aparecer, como lo hacía cada año.

Ahora se encontraba allí, dándome la espalda, mirando por la ventana. Su cuerpo aún tenía ese aspecto mortuorio de un cadáver que acaba de desfallecer, por el contrario, él acababa de salir. Sus ojos resplandecían con el anuncio de un nuevo verano, y el rojo de sus mejillas se asentaba con la ingesta de su nueva presa.

“Quiero que todo esté listo para mañana. Sabes que si detesto algo más que el invierno, es el desorden”.

La puerta cedió ante un poder invisible, y él salió tras ella.

La habitación estaba casi totalmente oscura. Solo pude distinguir en el fondo del salón la figura de mi ama, inerte y habiendo perdido cualquier brillo que la vida pudo haberle brindado. Para ser justa, esto ya había pasado hace mucho, pero ahora más que nunca era capaz de notarlo.

El cadáver viviente que había rondado aquellos interminables pasillos, consumido por las enormes paredes y cuyo espíritu había sido aplastado por el paso del tiempo, había terminado su recorrido. Había cumplido su función casi en su totalidad y ahora estaría al lado de las hermosas rosas que tanto amaba.

Yo, al contrario de él, era piadosa. A pesar de sus desprecios, había llegado a sentir un cariño especial por aquella figura que había visto morir no hoy, sino desde el primer día que entró por la puerta.

¡holi! Espero que te haya gustado esta historia. dime qué te pareció y qué te gustaría ver en el futuro. se les quiere besitos en la frente 💖