Prólogo
El cielo oscuro en compañía de la lluvia daba un ambiente triste que combinaba con las personas dentro del vehículo, el silencio era lo que más predominaba dentro de ese pequeño espacio siendo interrumpido debes en cuando por las gruesas gotas de lluvia que caían con fuerza sobre el vehículo.
La persona detrás del volante se adentro al estacionamiento para después apagarlo y con voz baja para no asustar a su acompañante decidió romper el silencio que los envolvió durante todo el trayecto.
- Llegamos.
No recibió respuesta, volteo a ver su acompañante y pudo ver como esta veía por la ventana del vehículo sin enfocar algún punto en especifico. Soltó un pequeño suspiro y con delicadeza coloco su mano en el hombro ajeno con el fin de llamar su atención y repito lo dicho anteriormente.
- Llegamos.
Al sentir el toque en su hombro y la voz de su amigo logro salir de su pequeño trance, dirigió su mirada a su amigo y después a la ventana, pudo visualizar el edificio donde vivía y sintió de nuevo las inmensas ganas de llorar.
Cerrando sus ojos fuertemente evitando que las lagrimas salieran intento darle una sonrisa a su amigo que parecía más una mueca.
- Gracias por traerme.
- ¿Quieres que me quede contigo?
- No es necesario, estoy bien.
- ¿Segura?
- Segura.
Sin dejar que respondiera observo como su amiga bajaba del vehículo para después ver como a pasos lentos se adentraba al elevador que la llevaría a su hogar, al no ya no tener en su campo de visión a su amiga un suspiró salió de sus labios, sentía la frustración en su cuerpo al no poder hacer nada para ayudarla.
Dando una última mirada por donde su amiga se fue prendió su vehículo y decidió regresar a casa ya que era evidente que ese día no podría hacer más.
Mientras que dentro del edifico una persona sin muchos ánimos se adentraba a su hogar, no prendió la luz ni se quito el abrigo que la cubría del frío, solo camino a la sala donde la luz de la luna entraba por la ventana iluminando la pequeña sala.
Dejo su bolso en el sofá más cercano al mismo tiempo que caminaba a la gran ventana que le permitía ver las luces de la ciudad junto a ese hermoso lago el cual era iluminado por la luna observando las siluetas de las personas pasear de la mano con sus parejas, sin darse cuenta las lágrimas que estuvo reteniendo empezaron a salir como cascada de sus ojos.
No entendía como es que de estar en la cima de la felicidad ahora se encontraba en un hoyo oscuro lamentándose de la pérdida del hombre que amaba, no podía entender porque la dejo.








