Bruto barbaján

Summary

Izuku había sido emparejado con un bárbaro. Sí; un bárbaro. Su nada sentimental y frívolo hermano Shindou, lo había intercambiado como una ofrenda de paz, luego de tener la pésima idea de deforestar en sus tierras. Alejado de todo lo que conocía, Izuku tendría que usar todas sus maniobras para intentar llevar una mejor vida en una tribu bárbara. Una tribu, en donde no sabían nada acerca del cariño.

Genre
Drama/Erotica
Author
Kbesto
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
4.0 3 reviews
Age Rating
18+

Todos son alfas, después de todo

Izuku había sido emparejado con un bárbaro. Sí; un bárbaro.

Su nada sentimental y frívolo hermano Shindou, lo había intercambiado como una ofrenda de paz, luego de tener la pésima idea de deforestar en sus tierras.


Izuku era el hijo omega de una buena familia, pero lamentablemente, cuando sus padres murieron en un naufragio hacía dos años atrás, quedó al completo cuidado de su hermano beta.


Inteligente y dotado de una gran belleza, Izuku fue educado para servir de la mejor manera a su futuro alfa. Conocía toda clase de artimañas en el ámbito de la seducción, y su sonrisa preciosa y actitud encantadora, habían hecho que más de alguno haya volteado a poner los ojos en su persona, eso y sumado a que sus feromonas mentoladas eran atrayentes, y hasta cierto punto adictivas, podría considerarse que era una prospecto de omega que cualquier alfa de la capital hubiera querido desposar.


Lástima que con todos esos atributos a su favor, nada había sido útil con el bruto alfa al cual estaba emparejado.

El testarudo ni siquiera lo había dejado intentarlo.


La primera vez que lo tomó, fue totalmente en contra de su voluntad y lo peor de todo el asunto, fue que lo hizo en presencia de todos los miembros de la tribu a la cual ahora pertenecía.


Ahí, en medio de la fogata comunitaria, su alfa lo había tirado toscamente al piso de tierra, despojado de sus pantalones y arrebatado su virtud sin siquiera prepararlo o avisarle antes de penetrarlo.

Se había comportado como todo un animal; vil y sediento de un agujero.


Izuku lloró semanas enteras enterrado entre las telas de su tienda. Se sentía tan humillado, tan roto. El dolor de su corazón era incluso más grande que el dolor de su cuerpo, aquellos moretones de manos firmes y ásperas marcadas en su delgada cintura, o del ardor punzante de su desgarrado agujero. Izuku sabía que su vida estaba condenada, y parecía casi hilarante su preocupación por la misma. Como se tomaba su tiempo en asear con abundante agua de matico su ano cada vez que el nudo de ese alfa sin corazón bajaba, solo para darse cuanta que nada de eso serviría, porque en las próximas horas sería destrozado de nuevo. Izuku solo se mentalizaba de que por lo menos así podría aliviar el escozor y ayudar con la inflamación del momento. Cosa que era por demás inservible.


Porque su idiota alfa, definitivamente pensaba con el pene.

Cada vez que retornaba de alguna casería o trabajo en la aldea, entraba a grandes zancadas dentro de la tienda, lo tomaba sin ninguna gentileza y lo tiraba a gatas sobre el nido.


Lo que le seguía a eso, era una follada descomunal y sin una pizca de sentimiento; un acto que solo buscaba la liberación del placer propio, un obvio mecanismo anti estrés, o por lo menos así lo empezó a entender, Izuku.

¿Cómo rayos alguien podía disfrutar de algo como eso?

Lo peor de toda la situación, era el conocimiento de todo aquello. Que Izuku estaría condenado a vivir así por el resto de su vida. Después de todo, había sido marcado, y por más que quisiera, no podía luchar contra eso.


Había intentado escaparse un par de veces, pero jamás tuvo éxito. El alfa lo encontraba y lo encerraba sin comida ni agua hasta que casi moría y luego volvía a alimentarlo.

La rutina del sexo tampoco cambiaba.

El alfa lo violaba como a una puta en celo. Lo tomaba del cabello, siempre por detrás y jamás se dignaba a mirarlo a la cara. Como si hacer el amor con su omega fuera un mero trámite para descargarse, en vez de un momento de disfrute y conexión con tu pareja.

Resignado, Izuku se limitaba a sobrevivir.


Durante el día paseaba por la aldea y ayudaba a los demás omegas en sus quehaceres; cazar animales pequeños para la cocina y la utilización de sus pieles.


Otra cosa que le gustaba hacer, era visitar a la anciana beta que figuraba como shaman. Era la única persona con la que podía conversar. El hecho de hablar en diferentes lenguas, no ayudaba mucho a relacionarse con los otros.


Chiyo, como se llamaba la anciana, le había instruido acerca de como funcionaba todo en esa aldea, la que ahora se había convertido en su nuevo hogar.


Katsuki Bakugou era su alfa, el líder y regente. Un guerrero innato, quien con fuerza y habilidad, había mantenido la integridad de aquella tribu que albergaba a más de un quinquenar de habitantes.


Chiyo a menudo solía referirse a su alfa como una persona admirable y de gran valor. Pero Izuku, cada vez que escuchaba a la anciana hablar de ese modo, torcía los labios y una mueca de aversión se hacia notable en sus facciones.


Para él, ese bruto barbajan no era para nada digno de aquella admiración.


Esa sensación agria que se instalaba en la boca de su estómago cada que el estúpido le ponía las manos encima, persistía, e Izuku se sentía tan mal consigo mismo, como omega, pues esa sensación, definitivamente no debería ser normal en una pareja que estaba enlazada.


Con el tiempo y conociendo más de aquella vida, Izuku comprendió que la dinámica de todos allí era la misma; los alfas eran brutos y maleducados, llegaban, tomaban a sus omegas bruscamente y los follaban sin piedad. Su alfa también seguía haciéndolo.


Pero Izuku era observador y terminó por descubrir algo que podría cambiar el rumbo de las cosas; las muestras de afecto.


Como Kirishima por ejemplo, era igual de tosco que Katsuki, sin embargo, no dudaba ni temía en arriesgar su vida al buscar ramas de sauce de acantilado solo para que Denki confeccionara sus palillos; el omega adoraba tejer.


O Sero también, había escapado de la muerte innumerables veces al traer a su omega Mina, panales llenos de rica miel.


Izuku sospechaba seriamente que el alfa era alérgico a las picaduras de abejas, de lo contrario, no debería dejar de respirar, moquear y lagrimear cada que lo picaba una. Aunque nadie ahí lo supiera, el alfa sufría de ataques anafilácticos, que de no ser tratados oportunamente, lo habrían llevado a perecer.


Katsuki también tenía de estas muestras afectivas. El alfa era observador y se había percatado de que Izuku adoraba con el alma la carne tierna de conejo.

Cada mañana sin falta, el alfa dejaba un par de conejos despellejados y descuartizados en el fogón, e Izuku solía prepararlos como un riquísimo caldo que no dudaba en compartir con parte de la tribu.


Izuku era listo, y toda su vida fue entrenado para ser un omega servicial y complaciente.

Pero también era terco e inconformista, y por la diosa luna que no quería seguir viviendo de ese modo, vivir solo como un agujero al cual profanar.


Izuku también tenía necesidades, era un omega después de todo, uno joven, bello y bastante hormonal, y aunque Katsuki Bakugou fuera un estúpido y bruto bárbaro, era caliente como el mismisimo infierno. Su cuerpo era precioso y su aroma era de lo más excitante y delicioso.


Izuku en más de una ocasión había fantaseado con hacer el amor de manera más pasional y mucho menos brutal. Acariciarse y besarse mientras unían sus cuerpos una y otra vez en la comodidad de su nido, envueltos en el aroma de sus perfumadas mantas.


Por eso, había decido actuar.

Izuku era analítico y perspicaz, y se había dado cuenta, que si su alfa aún no lo mataba o reemplazaba con algún otro omega, era porque lo valoraba mucho más de lo que podía admitir.


El que lo tomara de las formas más bruscas y desprolijas posibles, también se debía a su forma de vida y crianza.

Y al parecer, nadie jamás les había enseñado a esos tontos alfas a tratar a sus omegas con más respeto y delicadeza, pues los omegas también veían todo aquello como algo normal, y no como un acto inhumano que podría experimentarse de otras maneras.

.

.

.

.

.

Katsuki estaba más estresado y enojado que nunca, unos malditos mineros del reino de Aldera se habían escabullido en sus tierras y explotado sus minas de carbón. Katsuki tuvo que ir allí junto con sus hombres a advertir de aquellos desajustes. No podía permitir que invadieran sus tierras así nada más.


Los malditos invasores se mearon en los pantalones cuando los vieron llegar a las minas, y Katsuki no pudo evitar sonreír con orgullo y socarronería.

Esos hombres no eran más que unas malditas cucarachas, miedosas y rastreras, que con sus manos sucias y temblorosas, habían ofrecido una gran cantidad de oro por su perdón. Ja, como si aquello pudiera remediar en algo la falta por su intromisión y/o la consideración por sus miserables vidas.

Ilusos, claramente no tenían ni idea de con quienes estaban tratando.


Una vez resuelto el problema, (si así se podía llamar a masacrar a todo un grupo de mineros de la capital). Katsuki y sus hombres decidieron regresar a la tribu. El alfa estaba molesto, su cuerpo apestaba a sudor, y estaba cubierto de sangre y barro. Se desvió del camino a propósito en dirección al río.

—¿Dónde vas? —preguntó uno de sus hombres. Pero Katsuki no se molestó en contestar, solo siguió su camino.


Era tarde y sentía el hielo pegándole en los huesos, pero de igual manera se metió en el río. El agua casi congelada le erizó la piel y entonces con meticulosa habilidad, refregó la suciedad que cubría su cuerpo.


Por primera vez en su vida, el alfa prefirió ir a su tienda en condiciones. Si debía compartir su espacio con otra persona, por lo menos prefería hacerlo de esa manera. Era un bruto sí, pero hasta él comprendía que no debía aparecer así de apestoso ante aquel omega que olía siempre tan bonito.

Cuando estuvo limpio, se dirigió a su morada, se adentró en la tienda y buscó a su omega. Izuku dormía plácidamente sobre el nido de pieles.

Katsuki se acercó hasta él y lo zamarreó para que despertara, y mientras éste despabilaba asustado de ser interrumpido de su sueño, el alfa se despojó de sus ropas.

El omega abrió grande los ojos y tembló, seguro a la espera de lo mismo de siempre. Grandes y toscas manos dándolo vueltas y poniéndolo a gatas sobre el nido, pero esta vez no lo permitiría. Si quería revertir las cosas, debía hacer algo al respecto.


Se negó a posicionarse de esa forma. Miró hacia atrás en dirección al alfa que yacía desnudo tras su espalda, y con la decisión chispeante en sus ojos, le sonrió.


El alfa estaba ceñudo y le gruñó irritado por no dejarse tomar. Pero Izuku en una maniobra rápida y desesperada, lo atrapó desde el cuello y el torso como si fuera un koala, poniéndolo de espaldas y completamente subyugado sobre el nido.


Katsuki abrió los ojos desconcertado, quiso erguirse y reclamar, pero Izuku ya estaba sobre él y había empezado a besar su mandíbula y bajar por su cuello.


Katsuki gruñó en desacuerdo, no sabía que pretendía el omega al hacer ese tipo de maniobra. Él quería follar, pero cuando Izuku pasó su lengua húmeda y caliente sobre su glándula principal, sintió una exquisita corriente invadirle la espina.


Se quedó quieto, como si su cuerpo hubiera dejado de funcionar y sus ojos curiosos se clavaron a la fuerza en el pequeño omega encima de él, quien sin ninguna vergüenza chupaba su cuello y con sus delicadas y suaves manos acariciaba sus abdominales.

Katsuki volvió a gruñir, sintiéndose extraño. Una sensación caliente y electrizante tiraba de su vientre bajo.

El omega empezó a mecerse sobre él, y atrapó sus labios sobre los suyos comenzando a humedecerlos.


A Katsuki le gustó eso. Abrió la boca solo por inercia, y capturó los tibios labios de aquel chico entre los suyos.


Katsuki era inexperto y brusco, por eso Izuku soltó un pequeño quejido cuando sintió un par de colmillos morder sin previo aviso sus labios, aún así, pese al ardor y sangrado de su labio inferior, no abandonó su tarea de besarlo y seducirlo.


Hizo a un lado el camisón de algodón que vestía, y lo arremangó a la altura de su cintura, sin dejar de saborear la boca húmeda y ardiente de ese alfa.


Pronto, sus piernas estaban a cada lado de la anatomía macisa de ese hombre, con su trasero descubierto justo sobre su endurecido miembro.


Izuku estaba fascinado, por primera vez en lo que iba de enlazado, su maltratado agujero estaba lubricando y preparándose adecuadamente para el coito. El alfa bajo él debió haberlo notado, porque olfateaba el aire casi con desespero buscando su aroma como si fuera una especie de sabueso, luego lo apretó con saña sobre su endurecido cuerpo y gruñó con una potencia avasalladora. Sus feromonas a canela se desplegaron con fuerza en el interior de la tienda.

Lo único que ese potente aroma podía evocar, era el deseo brutal que sentía por poseerlo.


Izuku sonrió para sus adentros, y por primera vez desde que se unió a esa dinámica, se sintió el ganador. Resultó ser, que este alfa bárbaro era igual a todos.


Izuku ahora era consiente que podía ponerlo en la palma de su mano si sabía moverse bien sobre su verga y sabía tocarlo en los lugares correctos.

Kbesto🧡

Next Chapter