Capitul 1
Los ruidos de las campanas lo irritaban, al igual que los explosivos menores, que eran lanzados por los niños en el momento en que la luna estaba posada sobre sus cabezas. Se sentÃa como esos cachorros asustados, y que muchas veces, morÃan por los retumbares generados por los estallidos en el cielo. Era grotesco volver a repetir ese momento, ese dÃa en que las catástrofes, no vistas, sucedÃan. Volver a tener sus manos ocupadas, su mente sin ningún tipo de cordura, su cuerpo moviéndose frenéticamente, como si supiera donde ir. Repitió todo, absolutamente todo. El dÃa en que la pizca de su inocencia se esfumó por completo, hasta aquel en que buscaba a quienes tanto daño le habÃan hecho, pero esa no era la razón de su búsqueda, no tenÃa mucho sentido la venganza, lo cometido fue cometido por actitudes malas que se llevaron a cabo. Fueron malos, ellos fueron malos, al igual que él, él era malo, nadie se sentÃa seguro con él, ni él se sentÃa seguro consigo mismo, todo por afrontar la situación de la peor manera; manchándose las manos de lÃquido criminal, dejando que las gargantas ajenas suelten sus últimos gritos de manera desgarradora, y peor aún, sentir paz al ver caer uno por uno, ¿Quién siente paz al ver tal escena?, mejor dicho, ¿Qué clase de enfermo se sentirÃa bien al ser él mismo quien las creara?, únicamente él lo sintió, como al igual que otros psicópatas que andan sueltos por allÃ, como aquel que inicio todo, y quien lo influenció a ser lo que ahora mismo es, un asesino, un enfermo, un maniático con las manos permanentemente manchadas, o eso era lo que escuchaba cada vez que empezaba su rutina, la cual, realizaba al apenas despertar con cada extremidad empapada en sudor, luego de entender que todo fue un sueño. Las palabras que lo insultaban a gritos, solo eran partes de recuerdos vueltos en imaginaciones nocturnas. Ahora que estaba despierto, debÃa de levantarse para empezar otro nuevo dÃa, a pesar de no poder hacer mucho.
—¿William?, ¿Estás despierto?—se escuchó desde el otro lado de la puerta, una voz perteneciente a una mujer, una voz que era delicada y suave. Él conocÃa esa voz, y le agradaba escucharla, era una de las únicas voces que no las sentÃa como un pesó.
—Buenos dÃas, hermana Margaret, sÃ, estoy despierto—contestó el ronco chico de diecinueve años, mientras sus ojos eran tallados con la parte dorsal de su mano.
—Buenos dÃas, te preparé el desayuno, y está vez, si debes de desayunar, además de que necesito hablar de algo contigo—dijo la mujer, sus palabras salieron bastante apresuradas, como si estuviera ansiosa, era difÃcil descifrar si era por alguna razón mala, o buena, aunque esto último era dejado con mucha duda, ¿Qué clase de buena cosa podÃa suceder, en ese momento difÃcil, por el rubio estaba pasado?, su imaginación no permitÃa darle una imagen ilusa de que algo ira bien, de que algo cambiarÃa para mejor.
El ruido de los pasos alejándose, era destacable. No tenÃa más opción, debÃa de levantarse de la cama para arreglarse, y asà saber aquella conversación que poca curiosidad le daba.
—Qué desastre—murmuro en voz baja. Su reflejo le provocaba el soltar una mueca, todo por culpa de aquellos colores oscuros que se tiñeron debajo de sus ojos.
Ocho horas eran las que se suponÃa que un humano deberÃa de dormir, de aquellas ocho horas, aquel chico, de cabellera rubia, solamente dormirá entre tres o cuatro, su ciclo de sueño estaba mal acostumbrado. Dormir tarde se debÃa a un miedo por las pesadillas, y el despertar temprano, era a causa de aquellos sueños malos donde despertaba repentinamente, tal y como sucedió en ese dÃa que no fue la excepción.
—¿Volviste a tener pesadillas?—pregunto aquella persona que le hablo desde afuera del cuarto, y que ahora veÃa como estaba sentada en una silla, la cual, estaba levemente apuntando su dirección, como si la mujer hubiera estado a su espera.
—¿Qué es aquello de lo que querÃas hablarme?—esta vez, fue la pregunta que hizo el rubio, aunque solo era para omitir la anterior duda que se respondÃa por sà misma. Su vista no estaba muy centrada en la figura de Margaret, más bien, estaba puesta en el plato con tostadas recientemente sacadas de la tostadora, y también miraba el vaso con leche, del cual, se desprendÃa una lÃnea blanca que giraba por los aires. No tenÃa ganas de probar ni una de las dos cosas que estaban allÃ, pero debÃa de hacerlo, aquella mujer preparó el desayuno especialmente para él, serÃa considerado un mal agradecido si no lo hacÃa.
—¿Aún no has conseguido trabajo?.
El rubio se sentó en la silla, y miro a la contraria con su ceño fruncido, ella tenÃa en cuenta que la respuesta era un no, ¿Por qué se lo preguntaba ahora?, ¿Será que ya no le está pareciendo correcto que ella pague toda la renta de la casa por su culpa?, si él consiguiera un trabajo, quizás no serÃa un estorbo, pero no, lo era. El encontrar un trabajo en que lo acepten, era un dolor de cabeza, todo por los eventos que el género en aquella navidad del ochenta y cuatro.
—Puedo ayudarte con eso, pero, no estoy segura de que sea de tu agrado—prosiguió hablando Margaret, luego de que el silencio se haga presente entre ambos.
—Si es algo que tenga que ver la navidad, olvÃdalo—dijo enseguida el chico de veintinueve años. Sus manos tomaban el vaso de leche, asà bebÃa un poco, como un método de alejar sus nervios, no le funcionaba mucho. RepetÃa una, y otra vez, las palabras secas que dijo recientemente en su cabeza, no esperaba responder de aquella manera, creyó que dirÃa aquel diálogo en una voz tranquila.
—Tranquilo, no tiene ninguna relación con eso, solamente es algo distinto a lo que estás acostumbrado—respondió, a lo cual, ahora si tenÃa la atención por completo del chico—verás, es notable que aquà no estás bien, no solamente por lo económico, sino, también por el lado de tu salud fÃsica como mental, toda la situación aquella te está afectado, y las personas de aquÃ, no entienden eso William, por eso pensé que era mejor que te alejes de todos—empezó a explicar, con palabras que se oÃan serias. Las manos de la chica jugaba con algo, que el contrario no lograba descifrar que era, hasta que aquella mujer lo dejó sobre la mesa.
—¿Qué es eso?.
—Pasajes para el tren, asà ya no estás aquÃ, y en su lugar, estás en un lugar lejos de aquÃ, con otras personas, con un entorno más sano, y con una vida nueva, eso es lo que necesitas—contestó, y claro, con algunas palabritas de más como un método para convencer a quien tenÃa de frente.
Claramente, tomó aquel boleto con algo de duda. No estaba seguro de irse a otro lugar, tal y como dijo su fiel amiga Margaret, es algo distinto a lo que estaba acostumbrado, más bien, demasiado distinto. Sin embargo, ese pensar cambió bruscamente al visualizar un pequeño detalle en aquel boleto.
—¿Por qué dos?—pregunto el curioso chico de cabello rubio. Sus ojos miraban ahora a los dos pasajes que tenÃa a mano, ambos tenÃan la misma fecha, el mismo número de cuarto que te proporcionan en los viajes de larga distancia, y también, tenÃan el mismo destino.
—¿Piensas dejar a Ricky aqu�.
Silenció, no logró alcanzar a decir alguna palabra por tal pregunta, que parecÃa ser solamente una pequeña duda, pero que para el rubio, era una pregunta que lo dejaba confuso. Ricky era su hermano menor, ¿Verdaderamente lo dejarÃa?, si lo dejaba, su hermano tendrÃa la oportunidad de ser adoptado por una familia sana, pero si aceptaba llevárselo, tendrÃa que ser responsable con él, más por todo lo sucedido en el ochenta y cuatro. Dudaba de si era buena idea llevarlo consigo, era una mala influencia para su propio pequeño hermano, y era aún más problemático el hecho de que Ricky tenga tan solo catorce años, ya era un adolescente, y seguramente su cabeza estaba muy centrada en lo que sucedió en esa navidad. Todo era un desastre.
—No puedes dejarlo solo, o no es recomendable que lo hagas, te necesita, tú eres su hermano mayor, a pesar de todo, tú lo seguirás siendo, y eso no cambiarÃa para él—a concejo la mujer, mientras estiraba su mano para posarla sobre la mano poco tranquila del rubio.
—¿Y si consigue una familia mejor que yo?.
—Eso nunca sucederá, tú eres su familia, y siempre te recordará solo a ti, si piensas que lo que hiciste fue un error, piensa en que ahora debes de recompensarlo mÃnimamente cuidando de Ricky.
Ya no tenÃa opción, o por lo menos, él creÃa que no la tenÃa. DebÃa de arreglar su error, aunque no sea por completo, ya que, el ayudar a Ricky y pedir disculpas, era lo mÃnima que podÃa hacer. Realmente la idea de irse del lugar, al que tan acostumbrado estaba, era una idea que le producÃa mucho más terror, no conocerÃa absolutamente nada, ni tampoco conocerÃa a alguien, nada, hablando de la nada, tampoco tendrÃa donde estar, ningún lugar fijo, ¿Qué sirve irse?.
—No puedo llevar a Ricky conmigo, ni siquiera tengo dinero para pagar el alquiler de una casa—expresó sus dudas, pero la mujer, en lugar de tener una cara mala, tenÃa una sonrisa dulce que le generaba confusión al rubio.
—No te preocupes por eso, yo te ayudaré.
—No hermana Margaret, no puedo aceptar eso—dijo enseguida—usted ha hecho mucho por mi.
—Billy, escúchame, estate tranquilo, de todas maneras, me deberás dinero por estar aquÃ, pero si realmente quieres pagarme los favores que he hecho por ti, no vas a conseguirlo aquÃ, ni tampoco Ricky podrá tener una vida normal aquÃ, es mejor para ambos, es tu oportunidad para demostrar que cambiaste—insistÃa la mujer, que no iba a rendirse en hacer cambiar de opinión a aquel indeciso chico.
—¿Y si todo vuelve a repetirse?, ¿Y si vuelvo a cometer el mismo error?, ¿Y si no puedo cuidar a Ricky?, toda esta idea es demasiado para mÃ, no logre contener mi primer trabajo sin acabar asesinando a todos, y a muchos, ¿Cómo piensas que podré estar en otro lugar donde nadie me conoce y sepan lo peligroso que soy?.
El chico tuvo que respirar, intentar estar en calma y no alterarse, era demasiado, jamás pensó que tendrÃa que enfrentarse a una situación asÃ. En los primeros dÃas, luego de salir al hospital, teniendo cicatrices en su espalda, fue complicado adaptarse a un lugar que lo tenÃan en cautiverio con barrotes, donde lo tenÃan vigilado siempre por si cometÃa nuevamente la misma locura, por suerte, solamente estuvo cerca de un año allÃ, ya que comprendieron la situación por la que pasó, porque todos fueron testigos de los abusos violentos que la tan conocida monja, "madre Suprema", sometÃa al pequeño e indefenso Billy William Chapman, que en ese entonces, tenÃa tan solo ocho años de edad, era un niño indefenso, un niño que estaba lastimado mentalmente, y que no sanó, hasta en la actualidad que ya no era un niño. Los eventos de cuando tenÃa tan solo cinco años, aún afectaba en su presente, ahora mismo que tenÃa diecinueve. Asà fue como Billy logró salir antes de la cárcel, pero a pesar de haber salido antes de la cárcel, no significa que sus problemas se hayan aliviado, sus nuevos problemas empezaron cuando estaba a la vista de todos. Gritos, insultos, muchas veces recibió dolorosos golpes por parte de rocas, o más de una vez estuvo a punto de estar en una pelea, aunque él claramente no quisiera.
—Billy, escúchame—pidió la amable mujer, mientras tomaba ambos manos ajenas con suavidad, toques que eran muy tranquilizadores según el tacto del chico—tu no eres peligroso, y eso lo notaras cuando estés allÃ, allà no abra gente que tienes los mismos comportamientos que los que tienen aquÃ, allà no abra nada de lo que hay aquÃ, es una gran oportunidad para tÃ, y puede que sanes, se que no harás nada, tu eres un chico bueno, por algo estas libre ahora.
—Yo no me siento como un chico bueno.
—¿Y no deseas serlo?, ¿O acaso quieres seguir siendo una persona mala?.
—No, no, claro que no Hermana Margaret—dijo enseguida, y mirando el rostro de la mujer, quien le sonreÃa con una cálida sonrisa. Ella era una hermana para él, y no una hermana por congregación, porque cualquiera podrÃa decirle asà a Margaret en ese caso, el rubio pensaba en una verdadera hermana, alguien con quien compartió su infancia, dirÃa que era como una madre, pero él no lo sentÃa apropiado, más por los hechos que le sucedió a la misma en el setenta y uno, pero él no querÃa recordar eso en estos momentos, solo se concentraba más en aquella quien tanto apoyo le estaba brindando. ¿Por qué es tan amable con él?, ella fue la única que verdaderamente estuvo para él en momentos que no eran los mejores.
—Entonces demuestra que puedes cambiar, no lo hagas por ti si no lo quieres, ni por lo demás, hazlo por mi—esas palabras fueron suficientemente significativas para él, era como si ella verdaderamente solo quisiera su felicidad, verlo feliz, verlo alegré, ver que no se despierte por pesadillas, ver que no llore como si fuera aquel niño de cinco u ocho años.
No estaba seguro de querer hacer un gran cambio, como el que le estaban proponiendo ahora mismo, pero tampoco estaba seguro si querÃa mantenerse en ese mismo entorno, su cabeza, ahora mismo, era una contradicción de cada pensamiento, siempre miraba el lado negativo de ambas partes, y siempre encontraba algo que hasta podrÃa llegar a ser muy lógico, como si predijera el futuro, ¿Qué cosa positiva tendrÃa el aceptar tomar aquel viaje?.
Los nombres de los protagonistas esta en las etiquetas, y también tienen el nombre del shipp, el cual es "Sweet blood", para ver más contenido de esta pareja, pueden pasarse por el perfil de Milko-moo para ver sobre de esta curiosa pareja.
Creo que ya no tengo que mencionar más nada, y si debo mencionar algo más, lo mencionaré en otro capÃtulo, y si tienen alguna duda, dejen su comentario, sin nada más que decir, disfruten de esta historia✨💞








