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Coincidencia

Summary

✨💉Sipnosis🎄✨ Billy William Chapman tiene varios problemas, cada uno relacionado con los sucesos de aquella navidad del 84. Margaret siempre ayudó a Billy, y en aquella situación, no era la excepción. Ella fue quien le recomendó a Billy irse de aquel lugar para empezar desde cero, también fue la encargada de conseguirle lo que necesitaba. Fue mucha la insistencia de su parte, pero finalmente logró convencerlo. Junto con su hermano Ricky, ahora Billy debe vivir una nueva vida, en un lugar distinto al suyo, con nuevas personas, sufriendo de varios sobre pensamientos poco positivos. Pero esto término siendo algo temporal, gracias a aquella cruzada de mirada, gracias a aquellos ojos que llamaron su atención desde la primera vez que lo vieron. Martin Mathias, un joven que fue influenciado toda su vida por la loca "Maldición familiar", Martin nunca creyó que se cruzaría con alguien como Billy, una persona que captó su atención por una extraña razón, más extraño aún, fue el percatarse del porqué de este llamado. Películas: Martín 1977 Silent night deadly night 1984

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitul 1

Los ruidos de las campanas lo irritaban, al igual que los explosivos menores, que eran lanzados por los niños en el momento en que la luna estaba posada sobre sus cabezas. Se sentía como esos cachorros asustados, y que muchas veces, morían por los retumbares generados por los estallidos en el cielo. Era grotesco volver a repetir ese momento, ese día en que las catástrofes, no vistas, sucedían. Volver a tener sus manos ocupadas, su mente sin ningún tipo de cordura, su cuerpo moviéndose frenéticamente, como si supiera donde ir. Repitió todo, absolutamente todo. El día en que la pizca de su inocencia se esfumó por completo, hasta aquel en que buscaba a quienes tanto daño le habían hecho, pero esa no era la razón de su búsqueda, no tenía mucho sentido la venganza, lo cometido fue cometido por actitudes malas que se llevaron a cabo. Fueron malos, ellos fueron malos, al igual que él, él era malo, nadie se sentía seguro con él, ni él se sentía seguro consigo mismo, todo por afrontar la situación de la peor manera; manchándose las manos de líquido criminal, dejando que las gargantas ajenas suelten sus últimos gritos de manera desgarradora, y peor aún, sentir paz al ver caer uno por uno, ¿Quién siente paz al ver tal escena?, mejor dicho, ¿Qué clase de enfermo se sentiría bien al ser él mismo quien las creara?, únicamente él lo sintió, como al igual que otros psicópatas que andan sueltos por allí, como aquel que inicio todo, y quien lo influenció a ser lo que ahora mismo es, un asesino, un enfermo, un maniático con las manos permanentemente manchadas, o eso era lo que escuchaba cada vez que empezaba su rutina, la cual, realizaba al apenas despertar con cada extremidad empapada en sudor, luego de entender que todo fue un sueño. Las palabras que lo insultaban a gritos, solo eran partes de recuerdos vueltos en imaginaciones nocturnas. Ahora que estaba despierto, debía de levantarse para empezar otro nuevo día, a pesar de no poder hacer mucho.


—¿William?, ¿Estás despierto?—se escuchó desde el otro lado de la puerta, una voz perteneciente a una mujer, una voz que era delicada y suave. Él conocía esa voz, y le agradaba escucharla, era una de las únicas voces que no las sentía como un pesó.


—Buenos días, hermana Margaret, sí, estoy despierto—contestó el ronco chico de diecinueve años, mientras sus ojos eran tallados con la parte dorsal de su mano.


—Buenos días, te preparé el desayuno, y está vez, si debes de desayunar, además de que necesito hablar de algo contigo—dijo la mujer, sus palabras salieron bastante apresuradas, como si estuviera ansiosa, era difícil descifrar si era por alguna razón mala, o buena, aunque esto último era dejado con mucha duda, ¿Qué clase de buena cosa podía suceder, en ese momento difícil, por el rubio estaba pasado?, su imaginación no permitía darle una imagen ilusa de que algo ira bien, de que algo cambiaría para mejor.


El ruido de los pasos alejándose, era destacable. No tenía más opción, debía de levantarse de la cama para arreglarse, y así saber aquella conversación que poca curiosidad le daba.


—Qué desastre—murmuro en voz baja. Su reflejo le provocaba el soltar una mueca, todo por culpa de aquellos colores oscuros que se tiñeron debajo de sus ojos.


Ocho horas eran las que se suponía que un humano debería de dormir, de aquellas ocho horas, aquel chico, de cabellera rubia, solamente dormirá entre tres o cuatro, su ciclo de sueño estaba mal acostumbrado. Dormir tarde se debía a un miedo por las pesadillas, y el despertar temprano, era a causa de aquellos sueños malos donde despertaba repentinamente, tal y como sucedió en ese día que no fue la excepción.


—¿Volviste a tener pesadillas?—pregunto aquella persona que le hablo desde afuera del cuarto, y que ahora veía como estaba sentada en una silla, la cual, estaba levemente apuntando su dirección, como si la mujer hubiera estado a su espera.


—¿Qué es aquello de lo que querías hablarme?—esta vez, fue la pregunta que hizo el rubio, aunque solo era para omitir la anterior duda que se respondía por sí misma. Su vista no estaba muy centrada en la figura de Margaret, más bien, estaba puesta en el plato con tostadas recientemente sacadas de la tostadora, y también miraba el vaso con leche, del cual, se desprendía una línea blanca que giraba por los aires. No tenía ganas de probar ni una de las dos cosas que estaban allí, pero debía de hacerlo, aquella mujer preparó el desayuno especialmente para él, sería considerado un mal agradecido si no lo hacía.


—¿Aún no has conseguido trabajo?.


El rubio se sentó en la silla, y miro a la contraria con su ceño fruncido, ella tenía en cuenta que la respuesta era un no, ¿Por qué se lo preguntaba ahora?, ¿Será que ya no le está pareciendo correcto que ella pague toda la renta de la casa por su culpa?, si él consiguiera un trabajo, quizás no sería un estorbo, pero no, lo era. El encontrar un trabajo en que lo acepten, era un dolor de cabeza, todo por los eventos que el género en aquella navidad del ochenta y cuatro.


—Puedo ayudarte con eso, pero, no estoy segura de que sea de tu agrado—prosiguió hablando Margaret, luego de que el silencio se haga presente entre ambos.


—Si es algo que tenga que ver la navidad, olvídalo—dijo enseguida el chico de veintinueve años. Sus manos tomaban el vaso de leche, así bebía un poco, como un método de alejar sus nervios, no le funcionaba mucho. Repetía una, y otra vez, las palabras secas que dijo recientemente en su cabeza, no esperaba responder de aquella manera, creyó que diría aquel diálogo en una voz tranquila.


—Tranquilo, no tiene ninguna relación con eso, solamente es algo distinto a lo que estás acostumbrado—respondió, a lo cual, ahora si tenía la atención por completo del chico—verás, es notable que aquí no estás bien, no solamente por lo económico, sino, también por el lado de tu salud física como mental, toda la situación aquella te está afectado, y las personas de aquí, no entienden eso William, por eso pensé que era mejor que te alejes de todos—empezó a explicar, con palabras que se oían serias. Las manos de la chica jugaba con algo, que el contrario no lograba descifrar que era, hasta que aquella mujer lo dejó sobre la mesa.


—¿Qué es eso?.


—Pasajes para el tren, así ya no estás aquí, y en su lugar, estás en un lugar lejos de aquí, con otras personas, con un entorno más sano, y con una vida nueva, eso es lo que necesitas—contestó, y claro, con algunas palabritas de más como un método para convencer a quien tenía de frente.


Claramente, tomó aquel boleto con algo de duda. No estaba seguro de irse a otro lugar, tal y como dijo su fiel amiga Margaret, es algo distinto a lo que estaba acostumbrado, más bien, demasiado distinto. Sin embargo, ese pensar cambió bruscamente al visualizar un pequeño detalle en aquel boleto.


—¿Por qué dos?—pregunto el curioso chico de cabello rubio. Sus ojos miraban ahora a los dos pasajes que tenía a mano, ambos tenían la misma fecha, el mismo número de cuarto que te proporcionan en los viajes de larga distancia, y también, tenían el mismo destino.


—¿Piensas dejar a Ricky aquí?.


Silenció, no logró alcanzar a decir alguna palabra por tal pregunta, que parecía ser solamente una pequeña duda, pero que para el rubio, era una pregunta que lo dejaba confuso. Ricky era su hermano menor, ¿Verdaderamente lo dejaría?, si lo dejaba, su hermano tendría la oportunidad de ser adoptado por una familia sana, pero si aceptaba llevárselo, tendría que ser responsable con él, más por todo lo sucedido en el ochenta y cuatro. Dudaba de si era buena idea llevarlo consigo, era una mala influencia para su propio pequeño hermano, y era aún más problemático el hecho de que Ricky tenga tan solo catorce años, ya era un adolescente, y seguramente su cabeza estaba muy centrada en lo que sucedió en esa navidad. Todo era un desastre.


—No puedes dejarlo solo, o no es recomendable que lo hagas, te necesita, tú eres su hermano mayor, a pesar de todo, tú lo seguirás siendo, y eso no cambiaría para él—a concejo la mujer, mientras estiraba su mano para posarla sobre la mano poco tranquila del rubio.


—¿Y si consigue una familia mejor que yo?.


—Eso nunca sucederá, tú eres su familia, y siempre te recordará solo a ti, si piensas que lo que hiciste fue un error, piensa en que ahora debes de recompensarlo mínimamente cuidando de Ricky.


Ya no tenía opción, o por lo menos, él creía que no la tenía. Debía de arreglar su error, aunque no sea por completo, ya que, el ayudar a Ricky y pedir disculpas, era lo mínima que podía hacer. Realmente la idea de irse del lugar, al que tan acostumbrado estaba, era una idea que le producía mucho más terror, no conocería absolutamente nada, ni tampoco conocería a alguien, nada, hablando de la nada, tampoco tendría donde estar, ningún lugar fijo, ¿Qué sirve irse?.


—No puedo llevar a Ricky conmigo, ni siquiera tengo dinero para pagar el alquiler de una casa—expresó sus dudas, pero la mujer, en lugar de tener una cara mala, tenía una sonrisa dulce que le generaba confusión al rubio.


—No te preocupes por eso, yo te ayudaré.


—No hermana Margaret, no puedo aceptar eso—dijo enseguida—usted ha hecho mucho por mi.


—Billy, escúchame, estate tranquilo, de todas maneras, me deberás dinero por estar aquí, pero si realmente quieres pagarme los favores que he hecho por ti, no vas a conseguirlo aquí, ni tampoco Ricky podrá tener una vida normal aquí, es mejor para ambos, es tu oportunidad para demostrar que cambiaste—insistía la mujer, que no iba a rendirse en hacer cambiar de opinión a aquel indeciso chico.


—¿Y si todo vuelve a repetirse?, ¿Y si vuelvo a cometer el mismo error?, ¿Y si no puedo cuidar a Ricky?, toda esta idea es demasiado para mí, no logre contener mi primer trabajo sin acabar asesinando a todos, y a muchos, ¿Cómo piensas que podré estar en otro lugar donde nadie me conoce y sepan lo peligroso que soy?.


El chico tuvo que respirar, intentar estar en calma y no alterarse, era demasiado, jamás pensó que tendría que enfrentarse a una situación así. En los primeros días, luego de salir al hospital, teniendo cicatrices en su espalda, fue complicado adaptarse a un lugar que lo tenían en cautiverio con barrotes, donde lo tenían vigilado siempre por si cometía nuevamente la misma locura, por suerte, solamente estuvo cerca de un año allí, ya que comprendieron la situación por la que pasó, porque todos fueron testigos de los abusos violentos que la tan conocida monja, "madre Suprema", sometía al pequeño e indefenso Billy William Chapman, que en ese entonces, tenía tan solo ocho años de edad, era un niño indefenso, un niño que estaba lastimado mentalmente, y que no sanó, hasta en la actualidad que ya no era un niño. Los eventos de cuando tenía tan solo cinco años, aún afectaba en su presente, ahora mismo que tenía diecinueve. Así fue como Billy logró salir antes de la cárcel, pero a pesar de haber salido antes de la cárcel, no significa que sus problemas se hayan aliviado, sus nuevos problemas empezaron cuando estaba a la vista de todos. Gritos, insultos, muchas veces recibió dolorosos golpes por parte de rocas, o más de una vez estuvo a punto de estar en una pelea, aunque él claramente no quisiera.


—Billy, escúchame—pidió la amable mujer, mientras tomaba ambos manos ajenas con suavidad, toques que eran muy tranquilizadores según el tacto del chico—tu no eres peligroso, y eso lo notaras cuando estés allí, allí no abra gente que tienes los mismos comportamientos que los que tienen aquí, allí no abra nada de lo que hay aquí, es una gran oportunidad para tí, y puede que sanes, se que no harás nada, tu eres un chico bueno, por algo estas libre ahora.


—Yo no me siento como un chico bueno.


—¿Y no deseas serlo?, ¿O acaso quieres seguir siendo una persona mala?.


—No, no, claro que no Hermana Margaret—dijo enseguida, y mirando el rostro de la mujer, quien le sonreía con una cálida sonrisa. Ella era una hermana para él, y no una hermana por congregación, porque cualquiera podría decirle así a Margaret en ese caso, el rubio pensaba en una verdadera hermana, alguien con quien compartió su infancia, diría que era como una madre, pero él no lo sentía apropiado, más por los hechos que le sucedió a la misma en el setenta y uno, pero él no quería recordar eso en estos momentos, solo se concentraba más en aquella quien tanto apoyo le estaba brindando. ¿Por qué es tan amable con él?, ella fue la única que verdaderamente estuvo para él en momentos que no eran los mejores.


—Entonces demuestra que puedes cambiar, no lo hagas por ti si no lo quieres, ni por lo demás, hazlo por mi—esas palabras fueron suficientemente significativas para él, era como si ella verdaderamente solo quisiera su felicidad, verlo feliz, verlo alegré, ver que no se despierte por pesadillas, ver que no llore como si fuera aquel niño de cinco u ocho años.


No estaba seguro de querer hacer un gran cambio, como el que le estaban proponiendo ahora mismo, pero tampoco estaba seguro si quería mantenerse en ese mismo entorno, su cabeza, ahora mismo, era una contradicción de cada pensamiento, siempre miraba el lado negativo de ambas partes, y siempre encontraba algo que hasta podría llegar a ser muy lógico, como si predijera el futuro, ¿Qué cosa positiva tendría el aceptar tomar aquel viaje?.






Los nombres de los protagonistas esta en las etiquetas, y también tienen el nombre del shipp, el cual es "Sweet blood", para ver más contenido de esta pareja, pueden pasarse por el perfil de Milko-moo para ver sobre de esta curiosa pareja.


Creo que ya no tengo que mencionar más nada, y si debo mencionar algo más, lo mencionaré en otro capítulo, y si tienen alguna duda, dejen su comentario, sin nada más que decir, disfruten de esta historia✨💞

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