Tyrant - Maxnat

Summary

Max es un alfa, hijo del rey del reino más rico de Tailandia quien desea heredar el trono. Pero al ser el hijo menor de la familia Kornthas, su única opción es casarse y tener un hijo antes de que su hermano vuelva a reclamar su posición. Por ello y para no comprometer su libertad, propone casarse con su sirviente personal, Nat, un omega huérfano que, al estar perdidamente enamorado del príncipe, no duda en aceptarlo. Aunque esto tenga grandes consecuencias. 👑 Pareja Principal: MaxNat 👑 Género: Romance, Royals AU! Drama, Smut, Omegaverse. 👑 Capítulos: 12. 👑 Libro 1 de una trilogía. 👑 No permito adaptaciones. 👑 Advertencia: Esta historia es mera ficción y no pretende ofender, dañar a ninguno de los implicados.

Genre
Romance/Fantasy
Author
Maps
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Ser el sirviente del posible heredero al trono es más que complicado cada día que pasa, aunque es su trabajo desde que tiene 14 años.


Ahora con 22 sigue sin acostumbrarse al ritmo tan cambiante del príncipe Kornthas y sufre por ello, tanto físicamente como mentalmente por lo que implica ayudar a un alfa a tener su vida en orden.


Nat es un omega huérfano que fue abandonado de niño en el establo del castillo de aquel reino en las colinas, rico en moneda y cosechas. Seguramente abandonado a causa de la guerra con el reino vecino.


Fue criado con la servidumbre, quienes no tuvieron el corazón para abandonarlo a su suerte como inicialmente les habían ordenado los guardias.


Aprendió desde tejer, coser, cocinar y todo para tener las aptitudes necesarias y integrarse como parte de la servidumbre del castillo. Durante sus pruebas a los 14, fue escogido para atender exclusivamente al príncipe Max.


El príncipe Max era un alfa de 25 años, testarudo al que debía atender en todas sus necesidades, 1.82 de puro músculo y imponente aunque fuera el menor de la familia Kornthas.


Siempre fue fuerte, ambicioso y en extremo listo, a pesar de un chance altamente reducido, siempre estudio para ser el heredero oficial del reino y gobernar como rey. Ese era su sueño.


Lucha todos los días para educarse más, crecer más y ser aún más capaz que cualquier otro para obtener ese cargo, Nat lo a visto año tras año estar aún más preparado para cada nueva tarea que le sea asignada y lograr su objetivo.


No tienen los mismos objetivos que su hermano mayor Net, quién para muchos es considerado como el heredero legítimo al ser el primogénito.


Net deseaba con todas sus fuerzas tener una familia, conocer su destinado y vivir en el campo, dedicando su vida a ser padre y esposo ejemplar.


Max deseaba poder, deseaba status, riquezas y ser prospero con su pueblo, expandir el imperio de su padre a como diera lugar. No creía en los destinados.


El pequeño huérfano siempre vio esta constante pelea tras bambalinas de quién rechaza el poder y el que lo desea tan fervientemente.


Al menos hasta que el príncipe Net se fue algunos meses atrás buscando su destinado en los reinos más lejanos y se quedó atendiendo al muy emocionado príncipe Max.


La partida del mayor de los Kornthas representaba una ventaja que tenía ahora el príncipe Max para obtener su más grande deseo. La corona.


Era más que el tiempo que necesitaba para poder convencer al parlamento y sus padres de ser un hombre con lo necesario para llevar este reino en sus hombros.


A pesar de ser su sirviente personal, Nat rechaza muchas de las cosas que su señor propone, por ejemplo, odia que sea tan sediento de poder pero lo que más los diferencia es que el si cree en los destinados.


El cree que Max es el suyo.


La fuerza con la que su corazón late cada mañana por el príncipe es increíble, no es normal la frecuencia con la que se atrapa a sí mismo fantaseando con aquel hombre de pecho ancho y cabellos oscuros.


Al principio pensó que era solo las hormonas y su crecimiento, era un omega en pleno desarrollo cuando fue contratado para un alfa tan atractivo y dominante como lo a sido Max, pero el sentimiento nunca paro, jamás lo hacía.


Cada pequeña acción del mayor era para el la condena, sentía su corazón a mil, imaginaba ese mundo donde el no era un simple sirviente, sino aquel que estaba cabeza a cabeza, lado a lado con el.


Si le preguntan, eso de heredar la corona y convertirse en el rey consorte le importaba nada, Max podía ser un granjero y él estaría feliz de estar con el labrando la tierra.


Lastimosamente, Max no cree en destinados, Max no cree en el como su pareja al carecer de un titulo, nisiquiera debe considerarlo atractivo.


Max tiene un gusto particular por el tipo de invitados que lleva a su cama, si estas representan algo útil o un favor que pueden darle para convertirse en rey, con gusto los hará suyos.


El mismo los a sacado de su habitación en las mañanas, pues una vez son usados, el alfa no quiere saber nada más de ellos, por ende el pequeño omega es quien debe encargarse de aquellas Doncellas y Duques que se levantan decepcionados por verlo a el y no al príncipe.


Lastimosamente Nat no tiene nada que ofrecer para Max que lo acerque a ser rey, por ende no está siquiera en las posibilidades. Para el príncipe el es solo un sirviente más.


Se levanta temprano, todos los días alrededor de las 4 am, donde con delicadeza se baña en agua de flores para perfumar su cuerpo y se pone su uniforme más cómodo.


Comienza a ser verano y la temperatura en el reino no perdona, por ende una camisa holgada blanca es lo suficientemente buena para cubrir su cuerpo con unos pantalones negros desgastados por los años de uso.


Nat como omega no creció mucho en su altura, es bastante pequeño si se le compara con un beta incluso, pero por su condición de omega fértil es curvilíneo, lo cual a veces lo avergüenza, especialmente con los guardias del reino que le coquetean por los pasillos.


Se dirige a la cocina, donde pide la orden del día para el desayuno de Max, come algo de forma rápida, organiza la agenda y toma del almacén del boticario los perfumes, jabones y cremas que más le gustan al príncipe.


Hoy tienen audiencia con el rey, por ende debe estar de la forma más presentable posible.


Este informara detalles de la sucesión del trono y si los esfuerzos de su señor han sido los suficientes, serán buenas noticias.


Alrededor de las 6 am se dirige a los aposentos del príncipe, llevando una jarra de té helado con frutas que seguramente el amo Max pedirá tan pronto note el calor que hay esta mañana.


Entra a la habitación enorme con delicadeza, no puede hacer ruido, está rotundamente prohibido levantar al príncipe antes de tiempo y el no quiere enfrentar las consecuencias.


Deja los alimentos en la mesa principal, antes de caminar suavemente hasta la cama de dos plazas innecesariamente grande que tiene Max, solo demostrando el nivel de descaro y opulencia que puede demostrar la realeza.


El mayor se encuentra acostado boca abajo, respira suavemente y duerme con mucha tranquilidad, cuando duerme es el único momento donde el sirviente no ve un rostro serio.


Rápidamente nota como el mayor en medio de su sueño se a retirado su camisa, el calor es insoportable con las cortinas, debe hablar con los otros para que cambien la ropa de cama y otras telas a las usadas en verano.


Aunque al principio lo duda, porque sólo le dolerá su corazón, es su labor y debe levantar a su señor como a él le gusta, por ende no duda en tocar su hombro para luego acariciar aquel cabello negro que es tan sedoso como siempre.


El mayor odia que se le levante con afán y de manera brusca como lo hacía su padre, abriendo las cortinas de par en par cortando sus sueños, el desea que se le despierte de forma suave y tranquila como lo hacía su madre.


Se acerca a su oído para poder susurrar sus primeras palabras del día.


- Mi señor, es momento de despertar.


Inmediamente el mayor reacciono removiendo su cuerpo en las sábanas, estirándose y abriendo sus ojos poco a poco.


Algo disgustado pero no tanto como podría estarlo el príncipe se acomoda en la cama, tomando su camisa y entregándosela al menor. Regla de un buen sirviente, es siempre vestir a su señor.


No duda en tomar las manos amplias que siempre compara con las propias sintiendo una corriente eléctrica por la belleza y contacto con estas para acomodarlo mejor y vestirlo.


Coloca con sus delicadas manos cada botón de aquella camisa blanca, uno por uno hasta que esta bien asegurada, menos los 4 primeros, pues Max odia sentir que sus camisas lo ahogan.


El mayor una vez vestido se levanta de la cama para ir por un trago de té mientras su sirviente abre las cortinas dejando la luz natural entrar con cuidado.


- Nat, reporte del día.


El menor comienza con la información que aprendió antes de venir mientras comienza a acomodar la cama, tenderla y organizar la habitación con la pulcritud que el príncipe adora.


- Llegaron 5 cartas a su nombre mi señor, 3 de omegas y betas que desean reconectar con usted, una del príncipe Net y la última del canciller Yim quien desea realizar cambios en el torneo de esgrima que se realizarán en sus tierras.


- ¿Las cartas de los omegas?


- Ya me ocupe de ellas mi señor. - Ocuparse de ellas era simplemente enviar la respuesta más sosa pero cortés dejando saber que el príncipe ya no estaba nada interesado en esos chicos.


- Ahora la agenda.


- De 6:30 a 8 su entrenamiento usual de espada, arco y escudo, de 8 a 10 se encuentra libre lo cual aconsejaría como momento perfecto para tomar su baño mi señor si me permite el atrevimiento de sugerir, de 10 a 12 es la cabalgata con el rey y actos protocolarios antes de las 12 que es el almuerzo y anuncio.


El mayor lo llamó para que le quitará la ropa y lo vistiera con sus trajes de entrenamiento, intentó seguir con la agenda pero no podía cuando sentía esa piel caliente contra sus manos.


Ese pecho marcado o su abdomen tan definido del príncipe, intentaba ser profesional y seguir su trabajo, pero de verlo desvestido sentía su cuerpo sudar y su ropa interior comenzar a mojarse mientras se preguntaba que tan delicioso sería estar saltando sobre el y...


- Nat. La agenda. - Dijo el mayor cortando su hilo de pensamiento, haciéndolo reaccionar con sorpresa para luego continuar su labor.


- Lo lamento mi señor. - Dijo con una pequeña pausa. - De 3 a 5 son sus lecciones de historia y Alemán, después de eso tiene la velada libre ¿Le gustaría que llamara a algún beta o omega? Su celo está cerca.


- Esperemos como termina todo en el anuncio. - Dijo el príncipe mientras estaba frente a Nat y lo veía, veía como con cuidado el menor juntaba cada botón de su nueva camisa. - Si todo sale bien, puedes llamar un burdel entero ¿Algún alfa para ti?


El menor se sonrojo automáticamente, su señor lo mencionaba porque aunque no creyera en destinados, sus celos eran sincronizados y lo sabía, pero el omega se estaba guardando para su alfa.


- No señor.


- Es una pena Nat, créeme una buena cojida ayuda con el estrés. Deja de guardarte por algo que no llegará.


- Debo ser cuidadoso mi señor, me gusta mi trabajo en el castillo y un bebé no seria lo apropiado para atender sus necesidades.


- Gracias por pensar en tu cargo, por favor ten listo mi baño para cuando vuelva del entrenamiento.


- Si su alteza.


El mayor se fue así sin más de la habitación mientras Nat se encargaba de hundirse en las feromonas del alfa que se había ido, sintiendo su celo cada vez más cerca, por lo que no dudo en tomar algunas de las medicinas del boticario.


No quería problemas.


👑


El vapor se elevaba en el aire, dejando bastante calor en la habitación. La ducha era una delicia, como siempre eran cuando Nat las preparaba.


Los perfumes marcaban el aire de feromonas del alfa, quién se encuentra entre el agua mientras el menor lava si cabello suavemente.


Nat estaba tenso, preocupado, a estas alturas el debería ser el más acostumbrado de ver a Max complemetamente desnudo pero seguía avergonzado o a este punto excitado, aún no sabía por cuál decidirse.


Lavo su cabello con suavidad para distraerse del principe mientras pensaba en otra cosa, como lo suave que se sentía su cabello, su longitud, sus músculos y como su señor lo veía mientras hacía sus labores.


Sintió el calor recorrer su cuerpo y cuando se aseguro que su cabello estaba lo suficientemente limpió, se movió para poder lavar sus manos con suavidad, el debía asegurarse que hasta la más mínima parte del príncipe estuviera en su lugar.


Mientras tanto el mayor contemplo a Nat, aseando su cuerpo suavemente y agachandose cada que necesitaba algo del suelo como sus cepillos o cremas. Siempre que lo hacía podía ver ese pecho y esos pezones rosas, su camisa era lo suficientemente holgada para dejarlo ver sin que el omega se diera cuenta.


Al ser un omega fértil, Nat era muy curvilíneo y eso le encantaba a Max, era el tipo de omega por el cuál se decanta más a la hora de escoger una pareja para la noche.


Dudaba que con el anuncio de su ascenso al trono pudiera pasar la noche con alguno aunque su alfa interno pedía por contacto, el sexo no debia ser prioridad para un futuro rey.


Pero el joven Nat siempre podía hacer una cosa o dos.


- Nat. - Dijo el príncipe.


- Dígame mi señor.


- Atiendeme.


Nat sabía lo que esto significaba pero realmente ¿Podría hacerlo? Las últimas veces fue difícil controlarse, casi no logra su cometido y podría perder su trabajo en el palacio.


Cuando se es el sirviente personal del príncipe se debe atender en todos los aspectos, todos incluye que si el príncipe se siente medianamente caliente debe ayudarlo a bajar este calor de la forma que sea.


Esto comenzó cuando Nat cumplió 19, el mayor estaba desesperado a puertas de su celo y en medio de su enamoramiento e borrachera de las feromonas de un alfa se ofreció a hacer algo por el.


Aquel día fue el primero donde Nat se puso de rodillas y chupó el miembro del mayor, no fue la mejor mamada, fue su primera pero lo suficiente para ayudar al príncipe.


- No creo que debería mi señor. - Dijo Nat algo temeroso.


- ¿Perdona? Estas desobedeciendo una orden Nat.


- Mi señor permitame explicarle. - Nat dejo los productos en el suelo pero esta vez una parte de su camisa se movió hasta dejar parte de su hombro expuesto. - Mi celo está cerca y dudo que sea prudente para mi en este estado...


- Con más razones deberíamos hacerlo. - Respondió suavemente el príncipe. - Mis feromonas pueden ayudarte a que sea más llevadero.


- ¿Y si no logro detenerme? - Dijo Nat en un susurro claramente audible en el eco de la habitación, era una preocupación real que el menor tenía y no podía ignorarla.


- Yo te cuidaré, créeme nos tomamos más tiempo discutiendo que haciéndolo. Puedes tomar un supresor.


Los supresores dejan de funcionar con tu pareja destinada quería decir Nat pero su señor no le creería ni creía en esas cosas así que era tiempo perdido.


Por ende, se levantó de su asiento para ir a uno de los supresores en la mesa cercana al lava manos y tomó dos, quería evitar problemas.


Max siempre tomaba una copa de vino blanco en su baño, le ayudaba con sus tensiones, por lo cuál no dudo en tomar un sorbo, todo bajo la atenta mirada del príncipe aún en el agua caliente.


Una vez el trago amargo de los supresores y el vino pasaron, se quitó sus zapatos, pantalones y ropa interior antes de entrar al agua aunque los bordes de su camisa blanca se mojaron rápidamente.


Max lo recibió casi de inmediato, abrazándolo de forma que su rostro quedaba escondido en su cuello y permanecía sentado sobre el regazo del próximo heredero a la corona.


El mayor comenzó a restregar su miembro duro contra su entrada, jamás entraba, pero lo encantaba rozar como si fuera a hacerlo, si no hacían esto era una mamada por parte del menor a su señor.


Nat escondía su rostro lleno de vergüenza, apretando sus labios intentando evitar expresar con su voz lo delicioso que resultaba hacer este tipo de adulterio con el alfa que estaba tan cerca a su entrada.


El agua lo hacía más fácil, los ayudaba a que el roce entre ambos fuera más placentero, apretaba sus pequeñas manos en esos fuertes hombros de tanto entrenamiento mientras escuchaba atentamente las respiraciones cargadas y pesadas de Max.


Comenzaban a aumentar la velocidad del movimiento y el joven solo deseaba morder su mano, pues cada vez el calor se expandía desde su corazón a todo su cuerpo y lo hacía desear por más.


Sus piernas temblaban del placer, contenerse siempre era una tarea casi imposible, quería rogarle que entrara en el sin rodeos o preparación alguna y esta vez no fue la excepción, pues una de sus manos apretó el cabello mojado del mayor mientras un gemido escapaba de su garganta.


Nat inmediatamente se alertó, intentando moverse lejos del mayor por aquella ofensa a su persona que había cometido.


- Lo siento mi señor. - Dijo de forma reaccionaria mientras su rostro estaba completamente rojo. - Fue un abuso a su confianza y...


El príncipe sólo volvió a tomarlo de la cintura para atraerlo a el nuevamente, intentar alejarse era tonto en una tina tan pequeña.


- Deberías gemir más seguido, a veces me preocupa que no te guste lo que estoy haciendo. - Max se dirigió a sus labios para besarlos pero se detuvo para pasar rápidamente a su cuello y seguir restregando su miembro largo contra su pequeña entrada.


Esa era una de las reglas que tenían a la hora de "atender" al heredero. No se darían besos, su virginidad y castidad estaban reservadas a su destinado a pesar que el mayor no creyera en ello.


Aunque era bastante tonto, porque aunque Max no lo supiera, Nat estaba dispuesto a entregarle todo a él, a su destinado, solo con la condición de que realmente existiera amor entre ambos.


Pero claramente no era el caso. Jamás lo sería.


👑


Ya estaban en la sala principal del rey, Nat le había insistido al príncipe Max que no debería estar presente, aún más si el no contaba con un título o algo que hacer. Pero el mayor insistió, alegando que como su sirviente personal, debe entender las condiciones del cargo antes de ser sirviente del rey.


Aunque estaba allí en el salón no quitaba que aún siguiera caliente por lo que había sucedido a la hora del baño, iba a estar bastante ocupado esta noche pensando en ello.


Estaba confiado en que hoy sería el día dónde su coronación estaba asegurada.


La tensión se sentía en el aire, sobretodo por parte de Max, quién cada vez estaba más inquieto, el príncipe no era caracterizado por su paciencia y claramente el rey lo estaba poniendo a prueba. Nat sentía los nervios de su alfa por lo que, aunque no le gustara hacerlo, comenzó a soltar feromonas de calma, no lo hacía porque su señor siempre se molestaba, lo regañaba diciendole el era lo suficientemente capaz de controlar sus emociones, había sido entrando para eso toda su vida.


Pero esta vez fue diferente, cuando el olor atalcado de las fresas llegaron a su nariz, Max volteó a verlo y con un simple asentimiento de cabeza le agradeció el gesto al menor, que hizo que claramente el sirviente se sonrojara de la emoción de ver como el principe lo había aceptado.


Cuando por fin el rey se levantó supo que era hora de saber que destino le deparaba al alfa delante de el.


- Agradezco a todos aquellos que se han tomado el tiempo y espacio para poder asistir a este momento tan decisivo para nuestro pueblo. - Dijo el rey de forma tranquila y calmada. - Como lo saben, llevamos los últimos 22 años en guerra con nuestro reino vecino, por lo cual las uniones politicas son escenciales en nuestros tiempos si estamos buscando la paz. Ya no cuento con la edad para hacer participe de estas uniones pero si se puede buscar las alternativas.


El rey se acercó a uno de los caballeros para tomar la carta que cada semana el principe Net enviaba a su padre y otra a su hermano, cada una con contenido distinta pero claramente la que tenía el rey tenía la clave del destino de Max.


- El principe Net por medio de esta carta confirma que, abdicará sus derecho como primogenito al trono. - Los susurros en la sala se llenaron y la sonrisa brillante de Max apareció en todo su rostro. Por fin lo había conseguido, su sueño más preciado ahora lo tenía sus manos y ya nada podría arrebatarselo. Nat sentía la felicidad burbujeante de su alfa desde los pies hasta la cabeza pero intentó ignorarlo. - Antes de que comiencen a tener sus suposiciones y teorias, yo aún no me retiraré y tanto el principe Net como yo, junto con el apoyo del consejo tenemos una condición especial para quién será el nuevo heredero.


El rey se giró para ver a su hijo pero esta vez era diferente, no se veía como un padre viendo a su hijo, lo cuál era el escenario más usual para ambos, sino algo completamente diferente. Era un monarca a punto de imponer su mandato. Era esa mirada que el rey tenía cuando marcaba una ley pese a quién le pese.


- Max, hijo mio, has demostrado durante largos años que tienes la mente de todo un rey, has sido educado de forma constante, en la salud y en la enfermedad con todo lo necesario y que superas con creces los parámetros con los que se necesitan cumplir con un papel tan importante para el pueblo.


El mencionado se sentía orgulloso de si mismo, sentía que estaba completamente preparado, este momento tan importante en su vida estaba llegando, solo necesitaba que su padre dijera aquello que llevaba esperando tanto tiempo.


- Pero te falta corazón hijo. - Continúo el rey mientras todos en la sala susurraban a espaldas del mayor y el principe se quedaba completamente angustiado. A su vez, Nat sentía la angustia de su señor invadir su cuerpo, sentía una necesidad casi insana de oponerse, quería gritarles a todos que eran unos tontos, el había visto el corazón tan puro y noble de Max ¡¿Qué más debía demostrar el alfa para poder ser digno?! Había visto su corazón lleno de determinación, paciencia y cariño ante cualquier cosa que hiciera, incluso cuando nisiquiera estaba remotamente seguro de que algún día sería considerado para heredar el trono.


- Aún así no podemos privarte de tu derecho, por lo cuál el consejo a exigido la siguiente condición. Tienes un año para casarte con cualquier persona que a ti te plazca, pero esa persona debe darte un hijo, debes formar una familia y tener una pareja pública ante este y todos los reinos del este. Una vez esto suceda podrás acceder a ser el rey de estas tierras.


- Disculpe padre por mi osada interrumpción. - Dijo Max intentando mantener la compostura. - Pero con todo el respeto que merece el consejo, no puedo ver esto como puede cubrir mis falencias en aprendizaje. He dedicado todos mis estudios para esto y...


- Hijo, eso solo demuestra nuestro punto. - Debatió el rey interrumpiendolo. - La bendición de una familia es lo que te enseñará el verdadero corazón que se debe tener a la hora de tomar una decisión y más si es para aquellos a quienes amas.


- ¡Pero yo ya los amo como mi familia! ¿Acaso no es suficiente? - Dijo perdiendo los estribos.


- No lo es Max, nunca has tenido a alguien que proteger, alguien que verdaderamente ames con toda tu fuerza, eso es lo que necesitas hijo y hasta que no lo cumplas, el consejo no estará dispuesto a darle el trono a un estratega que pueda llegar a ganar tratados a cambio de ver a su pueblo apriosionado en leyes restrictivas. Durante ese tiempo yo seguiré con mi gobierno, en caso que se cumpla un año y no tengas tu familia, Net tomará el trono de forma definitiva.


El principe estuvo apunto de seguir hablando, debatiendo pues ante sus ojos era verdaderamente injusto que tuviera que pasar por esto solo por no ser el primogenito de su padre. La ira estaba colmando su paciencia, como alfa dominante, el enojo era una de las emociones más graves y dificiles de controlar para los alfas como el, por lo que en segundos podría incluso sin desearlo dejar que su parte animal se apoderará de su cuerpo y si se lo proponía herir al rey.


Su ira era claramente visible a nivel físico y sus feromonas solo hacían a Nat sentirse débil, mareado y casi enfermo. Max estaba a punto de subir al podío de su padre a hacer quién sabe que, pero el pequeño sirviente tomó fuerzas de donde no las tenía para tomar delicadamente la mano de su señor.


Max lo vio de forma casi inmediata, al principio intentó soltarse llevado completamente por la ira esperando a que su fuerza fuera mayor contra la del Omega pero el menor no se rindió y no lo soltó. Mantenía su pequeña mano en el mismo lugar y intentaba calmarlo con toda su energía.


Aparentemente esto ayudó, pues el principe se quedó en su lugar hasta que el rey se retiró del salón, rogando que su hijo realmente aprendiera la lección como debía ser. Cuando el rey se había ido, Nat siguió distrayendo a su amo.


- Mi señor, sus lecciones de aleman van a comenzar. - Dijo en un susurro.


- ¿Pretendes que tome lecciones para algo que no me va a servir de nada? ¡No seré el heredero por una estupida regla...


El mayor seguía hablando con la ira consumiendo su cuerpo, afectando al de Nat como su destinado, su cabeza comenzó a doler y debía detener la situación a como diera luegar, vio a su alrededor, seguramente Max llevaba minutos casi gritandole pues solo se encontraban los guardias en la misma y nadie más, por ende se tomó aquel atrevimiento que parecía lo suficientemente bueno en su cabeza para que el mayor dejara su enojo.


Se puso de puntas y se acercó lo suficiente para besar la comisura de los labios del principe, no era en los labios directamente y solo era un simple contacto entre la piel por lo que su promesa de cero besos aún se mantenía intacta pero si fue suficiednte para que el mayor parara con sus emociones. El principe se tranquilizó inmediatamente.


- Es hora de sus lecciones de aleman mi señor. - Repitió Nat en un tono algo más alto pero suave, manteniendo sus palabras tranquilas para trasmitir esa misma sensación al alfa, quién simplemente asintió y se dejó llevar a su estudio de la mano del sirviente.


Ya luego tendría que sobornar a los guardias para que ese pequeño acto quedará solo entre ellos dos.