Capítulo 1
“El amor lo encontrarás en todos lados”.
Fue hace muchos años, cuando Jongin aún estaba cursando la carrera de medicina, que una tarorista le dijo aquellas vagas palabras. Sin embargo, en su mente encontraron un profundo significado, de esas veces que el cuerpo se desconecta y deja a la cabeza sola para poder recorrer lugares a los que solo la imaginación puede llegar y Jongin siempre visitaba el mar.
Porque para él amor y mar eran palabras que podían significar los mismo, donde más encontrarías todo, si no, ¿en el mar? Una masa extensa y lo suficientemente poderosa para rodear el planeta entero.
Quien le diría que el mar iba a ser su más grande anhelo desde pequeño. Siempre remontándose a cuando se reunió por primera vez con el mar abierto, conociendo directamente el océano y sus monstrosas olas llenas de ruido y temores. Jongin, que desde joven había vivido en la ciudad rodeado de todas las comodidades humanas, se encontró deseando ser una tortuga de aquellas que recorren el mundo bajo la tibieza de los rayos de sol que lograban colarse entre la espesura del agua, se imaginaba acercándose a las peligrosas orillas sin tener miedo de que las olas lo arrastraran hasta el fondo marino y eso podía decirse que era su mayor deseo.
Sabía que su obsesión había llegado demasiado lejos cuando en su cabeza llena de fantasías él era una sirena. Pero no como la Sirenita que había creado Hans Andersen bajo las oscuras condiciones de su melancólica naturaleza. Él quería las piernas, el amor y ser un príncipe del mar.
Casi podía sentir la arena derretirse bajo el peso de sus pies, mientras el coro de las olas ruidosas por la fuerte ventisca marina lo acompaña, caminando tranquilamente con el sol besándole la piel a pesar del desastre que su corazón tiene porque al otro lado de la extensa costa lo espera la persona destinada a ser el amor de su vida, con los brazos extendidos para abrazarlo cuando llegue a su lado y ser recibido con un beso fogoso lleno de sentimiento.
Era verdaderamente una manera de amar y ser amado tan ideal para Jongin.
—¿Nini? ¡NINI!—
Un grito más fuerte y a Jongin sufriría su primer infarto por el susto. Se había quedado dormido, eso era bueno, significaba que ya había perdido el horrible hábito de soñar despierto.
—Baek, lo siento mucho pero necesito descansar debiste dejarme durmiendo—protestó Jongin, haciendo un mohín. Sus labios gruesos se abultaron en una mueca característica de disgusto, el gesto se había convertido en uno de sus mayores hábitos. Baekhyun, sin poder evitarlo, fijó toda su atención en aquella expresión.
—¿Descansar? ¿Piensas descansar cuando el examen para residencias es en tan solo cuatro días? Esto es un síntoma de locura.
—No lo es, Baek—
—Pues debería, tenemos solamente noventa y seis horas para terminar de repasar por quinta vez el temario, ¿qué acaso no lo entiendes? Yo no sé que haré si tu y yo no nos quedamos en el mismo hospital. Podría hacer una huelga de hambre hasta que te admitan— el enmarañado cabello de Baekhyun había tomado un tinte aún más dramático cuando paso sus manos por sus descuidadas hebras castañas.
Jongin se acercó a él, peinándolo para que no perdiera ese atractivo natural tan bien conocido de su amigo.
—Mira nada más tus ojos, están rojos como un jodido tomate. Necesitas descansar también tú, son las tres de la mañana. A esta hora salen las brujas y, bueno, nunca sabemos que podrías encontrarte de camino al baño.
Miró con preocupación hacia la puerta abierta de su dormitorio. Más allá, donde el comedor y la sala yacían, reinaba la oscuridad. Baekhyun miró a regañadientes, su piel de por si incolora pareció tornarse de un verde enfermizo por el repentino miedo a ver algo indeseado.
—De acuerdo, entiendo tu punto ahora— se puso de pie, con su espalda encorvada, y se dejó caer en su propia cama, lloriqueando cuando sus músculos le agradecieron el descanso. — Ahora cierra la maldita puerta porque se ve horrible.
Jongin cerró la puerta y se acostó a lado de su amigo, acurrucándose junto al cuerpo flacucho del mismo. Se recargó en el reconfortante pecho caliente de Baekhyun y suspiró.
—Tengo algo que confesarte— soltó con un suspiro, mientras jugaba con sus dedos, tratando de no verse tan nervioso.
—Puedo imaginar de que se trata— Baekhyun, quien hablaba con el sueño nublando sus sentidos, para alguien que se había privado del mismo hace tan solo pocos segundos se notaba demasiado cansado a través de su dulce voz habitual.
—¿En serio lo sabes?
Jongin, quien guardaba demasiados secretos para ser tan joven, dejo que la esperanza, normalmente oculta entre sus sueños, se escapara. Miró los somnolientos ojos de su mejor amigo con un interés que creía perdido.
—Claro, estás enamorado de mí.
Eso fue todo lo que Baekhyun dijo antes de rendirse en los arrulladores y fuertes brazos de Morfeo, dentro de un profundo sueño.
Mientras, el fuego que había incendiado el alma de Jongin se había extinto abruptamente, dejando un helado rastro a su paso, con la seguridad de que su amigo olvidaría el último intercambio de palabras que tuvieron esa noche.
[…]
O no.
—Por amor a dios, JONGIN ¿QUE ME IBAS A DECIR?
Baekhyun, tenía una rebanada de pan en la boca mientras hablaba. Era la única persona que Jongin conocía lo suficientemente capaz para hablar mientras comía.
—No sé de que me hablas—
—En la noche, cuando nos íbamos a dormir. Que bueno, yo si me quedé dormido pero tú me ibas a confesar algo y lo vas a hacer o te juro que no voy a dejarte estudiar—
—Nunca harías algo así, porque si no paso el examen harás una huelga de hambre lo que es imposible porque hay solo dos cosas que Byun Baekhyun jamás dejaría de hacer ni aunque este muriendo; comer y hablar—.
—Bueno, eso es cierto, pero igual no te creo capaz de hacerme llegar tan lejos. Sabes soy capaz de hacer hasta lo ultimo con tal de que me digas ese secreto—
Bebió de su jugo de naranja sintéticoy miro con ojos tremendamente acusadores a Jongin, quien ignoró abismalmente ese gesto, eso quería decir solo una cosa. Que iba en serio con cualquier mierda que le estuviera ocultando a Baekhyun.
Una lástima que el sueño de volverse especialistas que compartían desde que se hicieron amigos en la universidad, dependía del examen que requería el 90% de Byun Baekhyun. Tal vez por esoque Jongin se guardara tan bien esa información de crucial importancia estaba a la altura de una merecida ley del hielo.
Kim Jongin definitivamente no estaba listo para cualquier cosa que Baekhyun estuviera haciendo comunicándose con él a través de ridículos post it en forma de pene, leía los muchos mensajes escritos con ridícula consternación, el alcance de su amigo era más de lo que alguna vez quiso imaginar.
“Te espero en la biblioteca en el lugar de siempre, no olvides traerme mi suéter. xoxo”
“Hice sopa instantánea mientras te duchabas”
“Sehun me llamó lloriqueando porque me extraña, otra vez”
“Estaba pensando en irnos de vacaciones luego de esta mierda”
“Escuché a Bad Bunny por primera vez en mi vida y lo hace bien, su voz tiene el verano”
“Esto es la ley del HIELo Kim JongIN”
Iba recogiendo cada post-it con forma de pene pegado sin orden por todo el departamento, y con cada paso que daba desde que había salido del baño, la cantidad aumentaba tanto que temía que no cupieran en sus manos. Cuando terminó su recorrido se encontró solo.
Baekhyun realmente se había ido, dejando en su camino todo el desorden de papel y letras que no podían esperar a salir de su sistema, y eso que, desde que había impuesto el castigo, apenas habían pasado dos horas.
[…]
Concentrarse para estudiar durante las horas del día en las que no estuviera durmiendo, comenzaba a ser un verdadero fastidio, la medicina era en todo lo que su vida se podía resumir. Siempre lleno de casos clínicos, capítulos enteros de enormes libros que parecían tener una infinidad de hojas.
Siendo este un año más en el que había perdido eventos importantes desde que decidió convertirse en médico. A veces la satisfacción de tener el conocimiento para preservar la vida humana tenía mucho mayor peso que cualquier queja u objeción que parecía llegar a él, de repente eso de ser el primer médico dentro de su núcleo familiar más cercano lo orillaba a sentirse orgulloso y satisfecho, alejándolo del dolor que sus anhelos no realizados gritaba.
Por eso aún si se encontraba reposando en el sillón con el cabello aún húmedo y con las notas que Baekhyun había dejado a modo de protesta por su silencio, la culpa lo paralizaba.
Baekhyun.
Seguramente lo mandaría por un tubo lleno de mierda hasta el otro lado del mundo, con el placer de nunca jamás volver a verlo si es que la valentía y el amor que Jongin sentía por si mismo ganaban esta terrible batalla interna. Era consciente de que sus pensamientos lo estaban retrasando para ir a la biblioteca, pero más que una imposibilidad Jongin estaba permitiéndose nadar en la soledad del hogar que compartía su mejor amigo. El lindo joven que siempre iluminaba su día a día con su sonrisa de sol. El recuerdo le dolió, pero la suposición de nunca volver a ver a Baekhyun lo hirió profundamente.
Su corazón podía esperar un poco más, solo eran cuestión de horas para que finalmente el examen sucediera, horas que podía pasar junto a su amigo en aquel silencioso lugar en el que los espacios vacíos no existían porque siempre había un libro para reemplazarlo, como si la cantidad inhumana de libros que contenía el recinto le dieran un extraño poder de inmortalidad al enrome edificio.
Ultimamente, el invierno se había dejado de sentir como invierno; cada vez eran más frecuentes las lluvias que las nevadas. Y en sí, cada estación parecía perder lo que la caracterizaba, como si el agua de la lluvia estuviera desesperada por buscar un sitio a donde quiera que Jongin existiera. Incluso ahora, que su corazón estaba abatido, mientras sus pies se arrastraban en la acera camino a la biblioteca, las nubes sobre su cabeza tronaban con insistencia.
Claro que la lluvia le preocupaba a Jongin llevaba todo su material de estudio, que podría arruinarse si se mojaba con el tacto grotesco de las furiosas gotas que el cielo soltaba como lágrimas de agua dulce. Sin embargo, mientras los pequeños puntos fríos que alguna vez fueron esponjosas nubes de algodón golpeaban su rostro demacrado, la calmaba llegaba a él y siempre era así.
Para Jongin el agua le recordaba a su hogar. Su hogar era un respiro.
Silencio
Finalmente había entrado a la biblioteca, con sus tenis pisando las duelas de madera que rechinaban junto a su andar. Cuando encontró a Baekhyun una calma nueva llegó a él, una sensación diferente a la que el agua le inspiraba, se instaló en su pecho, las voces en su mente se silenciaron y entonces se sintió listo para retomar su estudio.
Claro que nunca hubiera esperado que esta ocasión sería distinta. Porque Baekhyun estaba acompañado de un extraño.
—Oh, Nini— su amigo lo saludó a la distancia, al parecer había olvidado que había castigado a Jongin. —Tardaste bastante, ¿todo bien?
Una mano suave, fría y delgada acarició la piel de su cara con tanta delicadeza que Jongin se sintió frágil entre los cariños de Baekhyun. —Todo bien—
—Bien, Nini eso espero.— Byun se tomó un momento para inhalar, reteniendo el aire como le fue posible en su pecho y continuó —tal vez no recuerdes a Chanyeol hyung, pero te he hablado de él—.
Jongin miró al extraño de nombre Chanyeol, estaba sentado justo a lado de su amigo, en el lugar que habitualmente ocuparía. Observó sus ojos de miel, tan deliciosamente dorados como la arena siendo besada por el sol en el ocaso. Su piel bronceada, como si conociera más el día que la noche. Su altura y complexión tan imponentes que hacían parecer la biblioteca pequeña.
—Lo siento mucho Baek, realmente no lo recuerdo— su bonito rostro ahora triste tenía esos tintes nostálgicos y tan conocidos de la decepción.
—No importa, Nini. Resulta que él y yo fuimos muy amigos durante toda nuestra infancia. Sin embargo, el se mudó a Jeju y aunque tratamos de comunicarnos era muy difícil, fue que poco a poco lo dejamos de lado, resulta que meses después del último correo que compartimos me llegó uno más, esta vez de su madre. Y aquí va lo extraño, en el correo sus papás afirmaban que Chanyeol había fallecido, incluso le lloré tanto a mamá para que me llevara al funeral, me volví tan insoportable que cedió. La cosa es..— Baekhyun giro la cabeza hacia su hyung con una extrañeza que inspiraba temor en Jongin —es que está vivo—.