Capítulo único
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Tom amaba a Bill, en más de un sentido, porque él no solamente era su gemelo, sino también era su amo, su dominante, sino también era su amante, su protector, su padre, su madre, su Dios, de esa forma es que el castaño veía al rubio, adorándolo simplemente con verlo, y le gustaba cuando Bill era rudo con él, explotando todos sus sentidos, hasta sacarle el máximo jugo al dolor que sentía, llevándolo al límite, lo suficiente para que no que quebrara en miles de pedazos, pero luego con el aftercare es que se sentía en la gloria, cuando el rubio le demostraba que lo amaba, que lo lastimaba, sí, porque era algo que ambos disfrutaban, sin embargo, también se encargaba de curar sus heridas, asearlo, masajearlo con aceites y llenarlo de besos y abrazos que lo hicieran sentirse completamente correspondido.
No obstante, Tom también tenía esos momentos, como ahora, donde lo veía sentado en la cama, con un traje puesto, y él iba arrodillado en el piso, hasta besarle los zapatos, pidiéndole con los ojos.
—¿Qué es lo que quieres, Tomi? Puedes hablar —le cedió el rubio, y el castaño asintió posando su cabeza sobre el regalo de Bill, mirándolo con anhelo.
—Quiero adorarte… ¿Puedo? —preguntó Tom, mordiéndose el labio inferior, y Bill asintió, entendiendo lo que implicaba, y el castaño desvistió a su maestro, hasta verlo por completo desnudo, con su cuerpo con tatuajes adornándolo, fijándose en sus pliegues y cada parte que él conocía de memoria, y lo amaba, adoraba cada tramo de su piel, vello, su olor embriagador.
—Ya sabes cuáles son las reglas, Tomi —acotó Bill después de un momento, levantándose y sacando un aparato de su baúl de juguetes, uno que Tom conocía a la perfección, se llamaba “las puertas del infierno”, tragó saliva, se levantó para dejar que Bill se lo colocara, que era como una jaula para su pene, para evitar la erección, se lo puso en su miembro dormido, y puso el candado, para luego volver a sentarse en la cama.
Tom se volvió a arrodillar y se situó entre las piernas de Bill, para tomar su miembro en las manos, pidiéndole permiso con la mirada, observándole asentir, y comenzó a guiar su dureza contra su boca, llenándola de saliva, y sintiendo cómo lo llenaba en su cavidad, al castaño con barba le encanta la sensación de casi asfixia que tenía cuando lo chupaba, le gustaba cómo la virilidad de Bill era levemente curvada, cómo se sentían las venas en su boca, y cómo los testículos del menor se apretaban levemente como seguía succionándolo… Siempre había amado el lamerlo, por eso se lo quitó de su cavidad para ver su miembro, dejándole lamidas, jugando con la punta, algo que hacía que su dominante disfrutara, enloqueciéndolo, sin embargo, al mismo tiempo, lo hacía porque no se cansaba de probarlo, el sabor amargo de su preseminal era un maná de los Dioses para Tom, se aseguraba de no desperdiciar ninguna gota, ahuequeando su mejilla mientras seguía lamiendo toda la longitud, y luego se lo volvió a meter dentro, relajando su garganta para mayor profundidad, sabía que en ese instante Bill no lo tomaría por la cabeza, obligándolo a que tomara más de él, porque había pedido un momento para adorarlo, así que simplemente lo dejaba hacer, y Tom lo agradecía, porque si bien disfrutaba de cuando Bill le decía que era una perra golosa que le gustaba atragantarse, haciéndolo hasta sentir reflejo de naúseas por empujarle profundamente durante el sexo oral… En este momento era distinto, Tom simplemente gozaba de probarlo, de adorar su cuerpo, dedicándole toda la atención que creía que su amo podría necesitar.
Siguió chupando su falo, mientras jugaba con sus testículos, escuchando que daba gemidos de aprobación y eso hacía que Tom sintiera dolor por la erección que estaba creciendo, pero no, en este instante no se trataba de él, sino de Bill…
Tom saboreó cada tramo de piel erecta bajo sus labios, hasta que lo sintió pulsar en su cavidad, por lo que sabía que Bill iría a correrse, el menor se mordió el labio y el mayor chupó con más ahínco, hasta que sintió cómo Bill lo bendijo… Llenándolo de toda su gracia en la boca, su semen caliente le llenó hasta la garganta y él se lo tragó por completo, sintiendo que no podía haber más sensación maravillosa que la de comerse a Bill… No su cuerpo pero sí su esencia, y luego se separó, lamiéndose los labios para quitar el excedente.
—¿Puedo asearte, mi señor? —interrogó Tom y Bill asintió.
Tom se puso de pie, y fue al baño, para luego traer un balde y un trapo, claro, podrían bañarse juntos, pero esto era distinto, cuando Bill lo cuidaba, lo metía a la tina y lo aseaba, cuando Tom quería demostrarle toda su devoción, él hacía todo para Bill, lo que incluía no moverlo de su sitio, sino trasladar todo para su amo.
Se volvió a poner de rodillas, acomodando una toalla bajo los pies de Bill, y comenzó a limpiarle su miembro con el trapo húmedo, quitándole todo rastro de su saliva, luego volvió a remojarlo, para pasarlo por sus muslos, quitándole cualquier sudor que hubiera tenido por la excitación, siguió por sus piernas hasta limpiar sus pies, con toda la devoción del mundo, haciéndolo a conciencia y amándolo en cada instante, porque Bill era todo para él y Tom sólo quería servirle.
Admiraba su cuerpo, cada tatuaje, cicatriz y piel… Tom suspiraba conforme seguía limpiándolo, sintiéndose tan distinto a él por más que eran hermanos gemelos, pero no, el cuerpo de Bill para Tom era una iglesia, una a la que rendirle culto.
Utilizó otro trapo para lavarlo en la parte superior, sin levantarse de su posición de rodillas, porque era parte de su ritual hacerlo así, sólo así Bill le permitía hacer eso, si se mantenía todo el tiempo de rodillas, Tom sabía que mañana tendría raspaduras por ello, pero no le importaba, peores cosas había tenido y siempre lograba ocultarlas, o hacerse el desentendido.
Cuando Tom terminó de hacerlo, estaba jadeando deseoso por ser liberado, porque su erección estaba tortuosamente apretada, ya que no podía evitar sentir excitación al hacerle eso a Bill. Lo ayudó a secarse, y luego el menor lo jaló del cabello, razón por la cual el mayor nunca se cortaba el cabello, incluso desde joven, siempre tenía que tenerlo largo, para deleitar a su amo, así fuera en rastas, trenzas o lo que sea…
Tom jadeó y fue lanzado a la cama, donde Bill balanceó la llave entre sus dedos, con una sonrisa traviesa.
—¿Quieres ser liberado, Tomi? —interrogó Bill.
—Sí, amo —pidió Tom, con el pecho latiéndole acelerado.
—Pues gánatelo —soltó Bill.
Tom asintió sumiso, a sabiendas de que aquella jaula se quedaría un poco más, pero… Al verlo sacar las esposas, es que sabía que esa sesión sería especialmente dura, como las que le gustaban, porque al final luego de tanto dolor, el sentir el alivio al correrse sería el premio mayor.
Bill sacó lubricante y Tom se abrió la piernas.
Ahora es el turno de Bill de demostrarlecuántolo adoraba.