Tomibell, el hada, y Bílliaco, el sátiro (Toll)

Summary

Tomibell era un hada que le gustaba pasear por el bosque, no por ser un guardián precisamente, sino por un sátiro llamado Bílliaco que le quitaba el aliento.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tomibell se paseó por el bosque, mordiéndose el labio inferior mirando el verdor de los árboles y arbustos, sabía que precisamente no debía estar deambulando por allí, porque si bien las hadas eran protectores del bosque, en realidad se turnaban para hacerlo, y técnicamente ahora le tocaba a Georgiwirkle cuidar los alrededor, pero el hada de rastas de colores, se había ofrecido “de buena voluntad” a tomar el lugar del castaño, pero… Él sabía que precisamente no lo hacía por tener buenas intenciones.

Más que cuidar, el ser de metro y medio de alto, andaba buscando entre los seres del bosque a aquel sátiro que le dejaba sin aliento, tanto literal como figurativamente hablando. Bílliaco era el nombre del sátiro que si bien no le duplicaba el tamaño, era casi de dos metros, por lo que sí, Tomibell muchas veces dudaba de su cordura al aceptar sus insinuaciones, pero no podía evitarlo… Aquel ser era demasiado para su salud mental…

Tomibell no era un niño, él tenía más de cientos de años, así que por lo que sabía en realidad Bílliaco era su menor, pero… No lo parecía, era tan lujurioso y deseoso de sexo que había logrado lo que ningún hada consiguió con Tomibell, quitarle la virginidad.

Cuando al fin lo vislumbró es que aleteó más fuerte para llegar hasta donde él, estaba a su altura porque estaba volando, pero sabía que apenas tocase el suelo estaría muy por debajo de él.

—¿Viniste por más, eh, hadita? —molestó Bílliaco, relamiéndose los labios y viendo cómo el hada se sonrojaba.

—¡Cállate y bésame! —exigió Tomibell, con el ceño fruncido, pero el sátiro le ofreció una sonrisa torcida y le apretó la garganta, haciéndolo chocar contra el árbol, poniéndolo ansioso al dificultársele la respiración por la presión en su cuello.

—No dominas aquí, Tomi —susurró Bílliaco, o Bill, como prefería que lo llamen, pero el hada al sentir el aliento del más grande contra su oreja gimió, y también porque el no poder respirar bien le aumentaba un poco más de morbo al asunto—. Oh, pero si estás excitándote… Eres una hadita muy traviesa, ¿eh? Me encanta —terminó por decir el sátiro, para luego impactar su rostro contra el contrario, metiéndole la lengua a la boca sin ninguna delicadeza, pero Tom amaba eso, por lo que gimió durante el beso, sintiendo la dominancia del más grande, jugueteando con su lengua de formas que hacían que sintiera un remezón en su vientre y su respiración se le acelerase, oh esa lengua… Tan hábil y presta a hacerlo estremecer, Bill lo devoraba de esa forma, haciendo que se le escarapelase la piel.

—Oh, sí, Bill… —jadeó cuando se separaron por aire y el sátiro comenzó a bajar por su cuello, soltándolo un rato para lamerlo y morderlo, ¿cómo justificaría esas marcas? No le importaba a Tom, en ese instante su lado racional se había ido de sabático, delineó cada zona erógena del hada, saboreando su sudor y aturdiéndole el aroma a flores que destilaba, no había tenido sexo con un ser tan hermoso como con Tom, no se cansaba de olerlo, de sentirlo, y con las ganas que tenía de hundirse en él, de mancillar nuevamente la inocencia del hada, aunque bien sabía que tenía su lado perverso también, uno que el moreno iba sacando poco a poco del más bajo.

La gran mano de Bill contrastaba notoriamente con el cuello del más pequeño ahora que volvía a apretarlo, sin embargo, el sátiro realmente no quería hacerle daño, por lo que la mantenía a una distancia en que lo apretujase pero tampoco consiguiera que le explotasen los globos oculares, si bien no se negara a tener sexo rudo, la verdad es que era consciente de la diferencia de tamaño, por lo que no quería que suciera un penoso accidente donde la pasión los empujara a un terrible final.

El de patas de cabra, le bajó las mallas a Tom, liberando su erección notoria, acariciándola con su palma, para luego apretar un poco sus testículos y después ir más atrás, hasta dar con su trasero, acariciando con las yemas el fruncido agujero, mientras el más bajito jadeaba por la sensación, empujando sus caderas para que los dedos largos del sátiro profanaran su hendidura.

—Por favor, Bill… Quiero sentirte —pidió con aire más sumiso Tom, a sabiendas de que eso funcionaría más que hacer valer su opinión, y el sátiro lo miró con ojos oscurecidos, bañados en lascivia, ¿cómo era posible que hasta en su mirada tuviera tanta carga sexual? Lo vio relamerse los labios, para luego introducirle los dedos, haciendo que el hada diera un brinco por la intromisión, sin embargo, comenzó a gemir cuando Bill hacía movimientos circulares, salivando con solo sentir el calor que emanaba de su cuerpo y cómo aquella zona tan deliciosa estaba siendo preparada para recibirlo.

El sátiro sabía cómo tocarlo para enloquecerlo, su interior era apretado, pero comenzaba a dilatarse con aquella preparación, Tom se sintió vacío cuando quitó los dedos, pero sólo fue para metérselos a la boca, sintiendo su propio almizcle en ellos, para después chuparlos con gula, viendo cómo Bill se mordía el labio inferior al observarle porque fácilmente podía imaginar esa boquita con labios gruesos adornando su polla, chupándola con la misma efusividad que se tragaba los dedos, oh… Ya sabía lo que le haría hacer al hada en otra ocasión, luego de humectarlos lo suficiente, es que el sátiro los sacó de su boca y volvió a meterlos en su interior, a Tom le costaba sostenerse en ese punto, porque lo estremecía tanto el placer, la forma hábil en que Bill lo tocaba, sacando y metiendo sus dedos, hasta que no era suficiente para el más bajito, en este punto ya no estaba la incomodidad de sentir dígitos en sus entrañas, sino el placer avasallador de sentir cómo es que esos dedos lo estimulaban, volviéndolo loco cuando tocaban un punto en su interior que hacía que se arqueara aún más.

—Dame más, por favor… —pidió Tom, con la voz ahogada.

Bill le sacó los dedos, escupiéndose en la mano, y masturbando su miembro.

—Para que resbale, hermoso —mencionó el más grande, y vio asombrado el miembro erecto del moreno, si bien no era la primera vez que lo hacían, nunca dejaría de sorprenderse por ese tamaño, hasta que lo tomó por las caderas y la metió entera.

Tom se arqueó frente a la sensación, porque una cosa eran dedos, que sí, llegaron hasta tres, y otra muy distinta un falo largo y grueso, sin embargo, recordó que sólo tenía que relajarse para acostumbrarse, pero con la mano de Bill en su cuello le era un poco más trabajoso, aunque no negaba que su erección también era por la falta de aire, no sabía por qué la carencia de oxígeno acrecentaba sus deseos pero pronto comenzó a salivar, soltando sus esfínteres, y Bill lo tomó como la señal para seguir por lo que apretó con sus garras la cadera del más pequeño, y comenzó a embestirlo, viendo cómo daba botes encima suyo, en ese punto Tom no se sostenía con sus alas, simplemente se aferró a los hombros del más alto, y sintió cómo era atravesado por su virilidad, lo sentía entrando y saliendo, era consciente de cada centímetro de piel palpitante en su interior, y se mordía el labio constantemente para que todo el bosque no se enterasen de que era una perra gritona en el sexo.

Bill disfrutaba de cómo apretaba aquella hada, nunca pensó en corromper a una, molestaba a una que otra, pero ninguna le había dado cabida, hasta que se encontró a Tom y le respondió a las vulgaridades que decía, hasta que Bill le robó un beso, encontrándolo tan tierno con su metro y medio, pero… Era un salvaje en el sexo, un sumiso complaciente, y eso le gustaba Bill, el tener el control.

El moreno sentía las entrañas del más bajo calientes, mientras continuaba con las embestidas, es que se relamía los labios, para luego volverlo a besar, sin dejar de mover las caderas, dándose impulso con sus patas de cabra, esa hada de rastas de colores lo tenía loco… Nunca se sintió tan completo dentro de alguien, y la forma en la que estaba siendo envuelto por su interior, cómo su miembro se hacía espacio en ese cuerpo tan pequeño, y luego se separó del hada, observando cómo el rictus del de rastas se descomponía por el placer, frunciendo el entrecejo, arqueándose más, era evidente que le gustaba mucho ser penetrado, y a Bill hacerlo, así que estaban más que bien en ese intercambio.

Tom ponía los ojos en blanco, hasta que sintió cómo Bill comenzó a acariciarle el miembro, lo que hizo que apretara aún más su interior, que de por sí no estaba preparado para recibir un miembro de alguien que fuera medio metro más alto, haciendo que Bill jadeara por la estrechez, mientras que el hada se corría entre ambos cuerpos por el cúmulo de sensaciones, manchándole el vientre bajo al sátiro y Tom mismo se ensució su pecho, sintiéndose sumamente sensible por haberse venido con fuerza.

—Oh, no, ni creas que pararé…. —soltó Bill, apretándole más el cuello, por lo que Tom gimió y sintió cómo su erección cobraba vida nuevamente, debía estar jodidamente enfermo para que aquello le gustara, pero no se quejaba.

Bill siguió arremetiendo en su interior, con más fuerza, mientras las piernas de Tom estaban trémulas a sus costados, el sátiro dio un par de embestidas más hasta que se corrió en su interior, lo soltó del cuello para tomarlo por la cintura, evitando así que se cayera, porque Tom había vuelto a tener un orgasmo mientras se sentía repleto del semen de Bill.

El sátiro acomodó a su pequeña hada en el césped, viendo cómo seguía saliendo a borbotones la esencia de su trasero.

—Vaya… ¿Es que no te masturbas o por qué tanto? —inquirió curioso Tom, mirando el líquido espeso que salía.

Bill se alzó de hombros. —Desde que te conocí no volví a coger con nadie más —dio por toda respuesta.

Tom se sonrojó, porque sabía que de algún modo aquello era una declaración.

El hada lo besó, acariciándole el rostro, viéndose su mano pequeña a comparación de su cabeza, y le sonrió.