Imperius (Toll Harry Potter)

Summary

Tom quería poseer todo el conocimiento posible en hechizos para hacer sus deseos realidad.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Cuando a Tom Kaulitz le llegó su carta de Hogwarts, él se sintió emocionado, mucho, porque tenía algunos parientes muggles, entonces la posibilidad de que no fuera mago, existía, sin embargo, allí estaba él, con sus padres en el callejón Diagon, en específico dentro de Madame Malkin, mientras le medían para hacerle su túnica, cuando de pronto, lo vio… Boqueó asombrado al darse cuenta de que había otro niño en la tienda, que también lo estaban midiendo, tenía el cabello negro y unos hermosos ojos avellana, tan pálido y hermoso… Que sintió cómo sus mejillas se coloreaban de rojo y su corazón quería salírsele del pecho.

—Hola, soy Tom. ¿Cómo te llamas? —preguntó el infante rubio, después de que lo midieran.

—Hola, soy Bill Trümper —respondió el niño.

Y los ojos de Tom brillaron emocionados. Desde ese momento, Bill fue su obsesión, nunca quiso separarse de él, sin embargo, al momento de despedirse porque tenían que irse con sus padres, Bill le prometió que se verían luego en Hogwarts y eso hizo que el pecho del rubio se sintiera lleno por la emoción de verle.

No obstante, cuando el Sombrero Seleccionador lo puso en Gryffindor, se lamentó cuando vio que Bill entró a Slytherin, eso quería decir que todas las ideas que tenía sobre compartir cuarto, tener charlas en el salón de su casa, y demás, sólo se quedarían en eso… En su mente. Sólo podría verlo en clases, y a la hora de comer, pero… Eso no pasó.

Bill formó nuevos amigos, olvidándose él, y Tom… Lo admiró desde lejos, notando que la forma de ser de un niño inocente, pasaba a convertirse en un adolescente presumido que miraba por debajo a todos los que no fueran de su casa, por lo que realmente no tenía oportunidad alguna de ser su amigo de nuevo. Pero el castaño no dejó que aquello lo amedrentara, enfocándose en sus estudios, siendo el mejor en ello, porque sabía que si fuera el mago más sobresaliente tendría la atención de Bill… Sin importarle que fuera Gryffindor.

Los años pasaron, y la obsesión de Tom rayaba lo insano, ya no era un simple deseo por ser su amigo, notaba cómo es que Bill iba creciendo, dejándose el cabello largo, y añoraba tocarlo, hasta pensar en besarlo, recorriendo sus labios llenos que veía cómo se relamía al hablar. Sí… Pero Tom quería que Bill tomara la iniciativa, que él decidiera acercarse a él, besarlo, y tomarlo entre sus brazos.

Cuando las hormonas comenzaron a atravesarle el cuerpo es que corría las cortinas de su cama, poniendo un hechizo para insonorizar su espacio y gemir a gusto mientras se masturbaba, pensando que era Bill quien lo tocaba, con sus ojos delineados viéndole desde arriba…

Bill lo besaba… En su fantasía era el moreno quien se posaba a horcajadas sobre sus caderas, pegando sus miembros, frotándolos hasta la saciedad, y…

No fue la última vez que se corrió con el moreno con sus pensamientos.

Tom mantenía una fachada de alumno ejemplar, sin muchos amigos, pero sí los suficiente como para no atraer la atención. Pero le gustaba pasar tiempo en la sección prohibida, a la cual entraba a hurtadillas, conociendo así más hechizos, algunos que no podían enseñarles en clases, como las maldiciones imperdonables.

Sonrió cuando leyó una de ellas, la cual practicaría hasta volverse un experto, todo para cumplir su fantasía.

Tom empezó con cosas menores, hacía que Bill se tocara la nariz, o echara contra la carpeta, se rascara el cabello, cosas que eran sutiles… Pero inofensivas.

Hasta que llegado un punto el de rastas se sintió preparado.

Bill se levantó de su cama de madrugada, ¿por qué lo hacía? ¿Quería ir al baño? Pero no, no tenía dominio sobre su cuerpo, era como si alguien dominara sus acciones… Como si tuviera control de su mente.

“Sal de las mazmorras” susurró una voz en su cabeza. ¿Estaba enloqueciendo?

Sus piernas caminaban por sí solas, mientras que se sentía como un intruso en su propio cuerpo, ¿aquello sería una pesadilla o…?

“Ve a la torre de Astronomía” volvió a hablar la voz, y Bill siguió haciéndole caso.

Mierda, ahora lo recordaba, las maldiciones imperdonables, el motivo por el cual los Slytherin eran mal vistos, por Voldemort, el cual realizó la maldición imperius para controlar mentalmente a varios, aunque algunos simplemente daban esa excusa para no ser enviados a Azkaban como mortífagos.

Alguien estaba usando la maldición con él. Todo empezó a tomar sentido en la cabeza de Bill, las veces que desconocía las acciones que realizaba su cuerpo, pensó que era estrés o alguna obra de su imaginación, sin embargo, no, realmente estaba bajo aquella maldición, trataba de poner resistencia, pero ya estaba en la torre de astronomía, donde vio a Kaulitz con una sonrisa maníaca.

—Oh, Bill, por fin apareciste —masculló el Gryffindor.

Bill quiso fruncir el ceño, pero en lugar de eso una sonrisa se formó en sus labios.

—Sí, Tom, perdona por hacerte esperar, siempre te he amado —escuchó que salía la voz de su boca, pero no era lo que quería decir, y de pronto vio cómo empotraba al de rastas contra la pared, para luego besarlo, cerrando los ojos, y sintiéndose tan frustrado porque no estaba en control de sus acciones. ¡Él no quería hacer eso!

Tom le correspondió al beso, sonriendo mientras Bill dominaba el gesto, tanto trabajo que le había costado realizarlo hasta perfeccionarlo, pero ahí estaba el resultado, el moreno por fin sería suyo, y nadie podría sospechar de él, porque el inocente alumno de Gryffindor que era el mejor de su clase, mientras que Bill era quien tenía distinción de casas, y mal comportamiento, así que tenía la excusa perfecta, e incluso podría realizarle un obliviate de ser necesario.

Bill se sentía totalmente paralizado, al ver cómo comenzaba a desvestir al del rastas, es decir, sí, era atractivo, sí, tenía un buen cuerpo debajo de la túnica, sin embargo, él… No… Le… Gustaba. O al menos de eso intentaba convencerse, mientras sentía cómo su erección crecía en sus pantalones, ¿eso también podría hacerse? ¿Tal vez le dio amortentia?

Pero no, no lo quería… Observaba cómo sujetaba la erección del contrario, viendo cómo Kaulitz se mordía el labio inferior, estremeciéndose bajo su tacto, y Bill quería dejar de verlo pero no podía cerrar los ojos, mientras observaba cómo su mano subía y bajaba por el falo del Gryffindor, hasta que lo volteó contra la pared.

—Oh, Bill… Tan atrevido, pero sí, tómame, me he guardado para ti —masculló Tom totalmente excitado, con las piernas temblándole para que luego Bill le metiera dos dedos a la boca, los cuales chupó gustoso, pensando que esos falanges eran su miembro erecto, que tal vez probaría en otra oportunidad, pero no, ahora quería tenerlo adentro.

Bill sacó los dedos y los dirigió a la entrada de Tom, el cual realizó su hechizo con su varita señalando a su trasero, por lo que cuando el moreno ingresó sus dedos, había humedad dentro, y estaba tan apretado que sintió cómo su miembro daba botes mientras sus dedos seguían entrando y saliendo del de rastas, por un demonio… Se supone que no debería gustarle, o tal vez era Kaulitz en su cabeza, pero pensaba en reemplazar los dedos por su verga. Quiso tragar saliva pero ni eso pudo, siguió moviendo los dedos de forma diestra por las órdenes en su mente, eso quería decir que Kaulitz se había masturbado de esa forma, para saber cómo dar su próstata.

Pensar en el de rastas metiéndose los dedos era algo que le secaba la garganta, quiso mover su cabeza para alejar esas ideas, pero luego lo analizó, era Kaulitz en su mente, no él, Bill realmente no pensaría eso, ¿verdad?

Cuando metió tres dedos, fue suficiente para Kaulitz, lo supo porque le ordenó que los reemplazara por sus dedos, por lo que su mano se manejó sola, tomando su erección y pasándola por sus nalgas, primero sin meterlo, simplemente subiendo y bajando su cabeza caliente, latiéndole y con preseminal, quiso gemir por la sensación pero tampoco pudo.

Bill escuchó nuevamente la voz en su cabeza, que decía que se lo metiera, y su cuerpo volvió a dominarlo, metiéndose de un solo golpe en el interior del de rastas, haciéndolo gemir.

Tom por fin estaba viviendo su sueño, tener a Bill respirándole en la espalda, mientras lo invadía, sí… No podía pedirle más a la vida, excepto que seguiría ordenándole para que lo embistiera, por momentos su concentración flaqueaba, principalmente porque estaba siendo atravesado, literal y figurativamente hablando, por las sensaciones de placer en su cuerpo… Porque sus dedos no eran igual a sentir los de Bill, y mucho menos al grosor de su pollo fundiéndose en su hendidura.

El de rastas presionó sus caderas hacia atrás, ordenándole a Bill a que se metiera más profundo, en el ángulo perfecto para ser el mejor amante que jamás había tenido, aunque en realidad era virgen hasta ese momento, quitando el hecho de que solamente Tom se había tocado allí.

Bill siguió con esa voz en su cabeza, haciéndolo sentir violado, aunque no podía negar que era agradable sentir esa calidez envolverle, si tan sólo no hubiera sido en esas circunstancias… ¿Qué mierda estaba pensando? Kaulitz estaba lavándole el cerebro de seguro.

Sus caderas se ondularon contra el trasero del de rastas, aferrándose a sus caderas, mientras seguía arremetiendo su interior, sintiendo cómo las entrañas de Kaulitz lo abrigaban, dejándolo sin aliento, apretaba de una forma deliciosa, no podía negarlo, la forma en que veía cómo chocaba su pelvis contra aquellas nalgas redondeadas, era realmente un sueño erótico. ¿Por qué mierda tenía que hacer esto para coger? ¿Acaso no podía conseguir que alguien lo hiciera con él? Si era atractivo…

Bill siguió moviéndose, mientras sus ojos se oscurecían, deseando por sólo un instante realmente estar solo en su mente, que pudiera tener dominio de sus acciones, era tan irreal, pensar que en realidad uno no valoraba poder manejar su cuerpo hasta que hechizan para no ser tú mismo.

Bill continuó con las embestidas, a pesar de que sentía cómo Kaulitz lo empujaba apretándolo más, era doloroso de una forma placentera, sentía sus bolas hinchadas y listas para deslecharse en el culo del del de rastas.

Tom blanqueaba los ojos aferrándose a la pared, disfrutando cada centímetro de carne dentro suyo, cómo entraba y salía con facilidad por el hechizo lubricante que había encontrado, por Merlín… Realmente iría a correrse pronto, se masajeó el miembro, jugando con la punta, mientras Bill seguía dándole estocadas, justo como le gustaba… Era tan obediente que le encantaba, jamás pensó que tener el control de esa forma, quizá retorcida y enferma, iba a hacer que sintiera un placer tan grande, pero sólo de ese modo podría haberlo disfrutado.

El de rastas pidió más profundidad con su mente, por lo que Bill obedeció, como si fuese un títere que estaba bajo sus hilos.

Bill siguió embistiéndolo, dándole en su próstata hasta que se corrió con fuerza en el interior de Kaulitz, sabía que eso no había sido una orden, sino una reacción natural de su cuerpo frente a tanta estimulación, lo cual hizo que Tom se sintiera fascinado, porque no había contado con ello, sus piernas temblaban mientras el semen se escurría por sus nalgas y muslos, y se corrió en su mano, cayendo sobre sus rodillas, teniendo una petite mort, que hizo que la maldición imperius se rompiera.

Bill se sintió en control de su cuerpo nuevamente, casi cayéndose al suelo por el subidón de emociones.

—Mierda —masculló cuando por fin tuvo su propia voz, observando a Kaulitz en el piso desnudo, con su semen en el culo, y su propia esencia en su vientre—. Eres un jodido enfermo —acusó el moreno, frunciendo el ceño.

Tom le sonrió. —Pero valió la pena.

Bill lo sujetó de las rastas, girándolo aún de rodillas, sujetando su miembro, que volvía a la vida nuevamente. —Creo que tomaré mi venganza por mi propia mano —avisó el moreno—. Soy Slytherin así que no está en mi naturaleza el pedir ayuda —terminó por decir, pasando su miembro por la boca del de rastas—. Podríamos habernos evitado esto con simplemente decir que querías que te lo haga —soltó con una sonrisa torcida.

—La maldición imperius tristemente no controla tu verga, así que tu erección fue genuina —soltó Tom, sacando la lengua para lamer el semen del miembro de Bill, el cual gimió por la sensación, mientras el de rastas sujetaba la base de su pene, para metérselo un poco más profundo, disfrutando de cómo las venas de Bill se sentían su cavidad, sintiendo cómo iba haciéndose más grande conforme seguía chupando.

—Podrías haber sido un buen Slytherin, Kaulitz —soltó Bill, sin dejar de jalarle las rastas mientras veía cómo seguía “limpiando” su falo.

Tom no respondió, tenía mejores menesteres que hacer con su boca.