Ladrón (Toll)

Summary

Tom tenía un inconveniente en su lavandería de confianza, se le estaba perdiendo ropa, y quería que le dieran una solución a su problema.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom sabía que esta sería la última vez donde trabajaría con Dunja, la dueña de la lavandería, como su ayudante, ya que lo habían aceptado aceptado en la liga de menores de fútbol, un paso más para su gran sueño, el convertirse en futbolista profesional, así que el de rastas estaba un poco ansioso por ello, quería dar su mejor desempeño, aquello lo tenía un poco nervioso, pero la mujer mayor le sonrió.

—¿En qué tanto te comes la cabeza, Tom? —preguntó Dunja.

—Ah, nada, nada —restó importancia el de rastas.

—Bueno, ya en un momento va a llegar Bill, para que le enseñes todo lo necesario para que pueda tomar tu lugar —pidió Dunja y él asintió, es lo menos que podía hacer por ella.

Cuando de pronto entró un joven de cabello oscuro, ojos maquillados, delgado, que fácilmente podría ser confundido con una mujer, de no ser por su manzana de Adán, pecho plano y caderas estrechas, el cual se acercó directamente a Dunja apenas la vislumbró. Tom tragó saliva, un poco nervioso frente al chico, era muy atractivo.

—Oh, Bill, qué bueno que ya llegaste, él es Tom Trümper, él te enseñará todo para que tomes su lugar —explicó Dunja, y el moreno recién se fijó en el de rastas, ambos se sonrojaron cuando conectaron las miradas, pero Bill le extendió la mano, y Tom lo miró confundido, luego captando que era para saludarlo, por lo que le dio un apretón de manos, recibiendo una sonrisa del moreno.

—Un gusto, Tom, soy Bill Kaulitz —dijo Bill, con una voz amable y Tom le sonrió.

—El gusto es mío, Bill —soltó Tom, y Dunja los miró divertida.

—Bueno, pues, ¿se van a soltar o así van a atender a los clientes? —chanceó Dunja.

Los chicos se miraron apenados, soltándose.

—Ah, sí, ven, te enseño qué es lo que debes hacer si se queda atrapada una prenda o moneda —habló Tom, dirigiéndose a las máquinas y Bill lo siguió, atento a cada movimiento del de rastas.

Siguió enseñándole cada cosa, hasta poder detectar billetes falsos en caso le pidieran cambio para las máquinas y Bill le agradeció al final del turno de Tom, y él le sonrió.

—No te preocupes, fue un placer —dijo Tom, se acercó a Dunja, abrazándola para despedirse—. Bueno, ahora sí, sólo vendré para lavar mi ropa, ya no como tu ayudante —habló el de rastas.

—Claro, Tom, de verdad has sido un excelente trabajador —farfulló la mayor, dándole su cheque, el de rastas le dejó un beso en la frente, aceptando el pago. Luego miró a Bill, levantando la mano, agitándola a modo de despedida—. Adiós, Bill, nos vemos luego.

Bill imitó el gesto. —Adiós, Tom.

Tom empezó sus entrenamientos, y se daba cuenta que era mucho más exigente a lo que hacía cuando estaba en la escuela, o en los equipos que sólo lo hacían por hobbie, sin embargo, no por eso se amedrentó, sentía que era un reto y estaba cumpliéndolo, su meta era llegar lejos, y con ello en mente es que siguió dando lo mejor de sí.

En el club de fútbol les ofrecían el lavar su ropa con la del resto, pero Tom no se sentía cómodo con la idea de que alguien tocara su ropa, así que él mismo seguía mandando a lavar su ropa en la lavandería de Dunja, lo hacía los lunes y jueves, que tenía tiempo libre. Entonces el de rastas iba en la mañana, dejaba lavando su ropa, luego iba al mercado, después cocinaba, y después de almuerzo iba a recoger su ropa, manteniendo siempre el mismo horario estricto.

Hasta que pasaron unas semanas y empezó a notar que le faltaban cosas en su ropa limpia. Frunció el ceño, justo faltaba su ropa interior del uniforme, lo cual era incómodo, y aparte caro, porque tenían que comprarla en el club, y era personalizada con sus apellidos, lo cual no entendía por qué, es decir, las camisetas, sí, normal, pero, ¿la ropa interior? ¿Qué acaso les iban a tomar fotos desnudo?

Luego volvió a pasar, le faltaba una prenda, que también era uno de sus bóxers, lo que lo hizo enojar aún más, ¿acaso la ropa estaba quedándose atorada? ¿O acaso le estaban robando la ropa interior? Eso lo hacía sentir aún más enojado, es decir, ¿quién carajos usaba ropa interior de segunda? Era totalmente antihigiénico, y le daba coraje, ¿cuántos Trümper había en Berlín como para que justamente uno le robara su ropa limpia con su apellido en ella? El de rastas se sentía completamente enojado, por eso es que el viernes salió antes de su entrenamiento, y fue para hablar con Dunja de esta situación.

La lavandería tenía atención las 24 horas, por lo que se sorprendió cuando notó que tenía el letrero de “Cerrado” colgado en la puerta, por lo que frunció el ceño, yendo hacia la oficina de atrás, donde también se quedaba Dunja a veces, ¿tal vez estaría contando el dinero? No lo sabía. Tocó la puerta pero nadie le respondió. Tom sacó su celular, llamándole a la mayor.

—¿Hola, Tom? ¿Qué pasó? —preguntó Dunja al otro lado de la línea.

—Hola, Dunja, sí, es que tenía un inconveniente con mi ropa, y quería hablar contigo, ¿podrías abrirme por favor? Estoy afuera de tu oficina —mencionó Tom.

—Oh, querido, es que no estoy allí, ¿no pudiste entrar por la puerta delantera y hablar con Bill? —cuestionó Dunja.

—Es que está cerrado —respondió Tom.

—Oh, seguro debe estar sacando el dinero y guardándolo, en todo caso, querido, la llave de repuesto sigue en el mismo lugar de siempre —le explicó Dunja.

—Está bien, gracias, adiós —dijo Tom, colgando, para buscar una de las piedras del suelo, volteándola y dándose cuenta que ahí estaba la llave, abrió la puerta y entró, fijándose que la oficina de Dunja estaba entreabierta, y todo estaba en silencio salvo por un ruido… Algo húmedo, que se le hacía familiar.

Cuando se acercó a observar es que quedó paralizado en el marco de la puerta, era Bill, el cual estaba sentado de perfil, con el cierre abierto, sujetándose el miembro mientras se masturbaba. Tom no pudo simplemente irse, sino que se quedó mirándolo, viendo el largo y grueso miembro del joven de ropas oscuras, pero… Eso no era lo único que hizo que se quedara a cuadros, sino que Bill estaba con los ojos cerrados, con una prenda en la cara, la cual olisqueaba con descaro, y era ropa interior, mientras seguía masturbándose, completamente ajeno a la presencia del de rastas, y Tom entendía por qué no lo notaba, ya que tenía el cabello recogido en una coleta, por lo que veía los audífonos que estaba usando.

Y Tom se relamió el labio inferior, moviendo su piercing, una señal clara de coqueteo, aunque Bill no pudiera verlo, porque sí, tendría que tener enojo, rabia o hasta indignación, porque la ropa interior que estaba oliendo tenía grabado el “Trümper” allí, así que era evidente que era su prenda. Pero no, Tom no estaba enojado por eso, por más que veía que su ropa interior no estaba limpia, lo notaba por una mancha que tuvo en su muslo, un pequeño corte que se secó en la prenda, eso quería decir que cuando él dejaba la ropa, Bill detenía el proceso de lavado, para sacar su ropa sucia, y luego ponerla a lavar.

Era un pervertido, pero Tom se sentía halagado con que el enfermo que estuviera robando su ropa sucia fuera Bill, principalmente porque lucía como un jodido sueño erótico mientras presionaba la prenda contra su nariz, y veía cómo seguía masajeándose todo lo largo de su pene, y eso se le hizo agua a la boca de Tom, pensando que él podría “darle una mano”, en más de un sentido, pensando en lo que sentiría tener ese miembro entre sus labios, chupándole el glande bañado en preseminal, se mordió el labio inferior al pensarlo, joder, es que Bill era tan sexy…

Tom seguía embebiéndose con la visión del moreno jalándosela en su honor, mientras que él mismo sentía cómo una erección comenzaba a formarse en sus pantalones.

Tom se mordió con fuerza el labio inferior cuando escuchó un jadeo fuerte del moreno, no podía cerrar los ojos, no, no quería dejar de maravillarse con esa escena frente a él, la forma en que Bill jugaba con la punta de su verga, presionándola con el pulgar, estaba al límite evidentemente. El de rastas no pudo resistir, por lo que se abrió el pantalón, comenzando a tocarse, tratando de imitar el mismo ritmo de Bill. Sólo hubiera bastado que Bill le pidiera su número de tantas veces que Tom le habló por cambio, sólo eso… No tenía necesidad de hacer eso, porque fácilmente Tom lo hubiera recibido en su departamento de piernas abiertas porque realmente era un chico muy sexy, y atractivo, aparte de amable y lindo.

Siguió viéndolo hasta que Bill se corrió en su mano, con un grito particularmente alto, que hizo que Tom se mordiera el labio inferior con fuerza, deseando ser el que provocara ese grito, aunque en sí se masturbaba con él, pero quería algo más directo.

La emoción de ser descubierto iba anidándose en su vientre conforme seguía el bamboleo en su mano, y observó cómo Bill se quitaba la prenda de la cara, tomando un papel, para limpiarse, aún ajeno a que no estaba solo. Tal vez Dunja debió advertirle que había un repuesto de la llave, pero en realidad no se quejaba de ello. Siguió mirando cómo Bill se limpiaba, guardando su miembro y subiéndose el cierre, hasta que el moreno se levantó y conectó miradas con Tom, el cual movió el piercing en su labio coqueto, y siguió masturbándose frente a Bill, quien se enrojeció por completo y quitó los audífonos.

—No me digas que eres tímido… —soltó Tom, sin dejar de jalársela delante suyo.

Bill boqueó nervioso, con la ropa interior de Tom en la mano, era obvio que a esas alturas no podría mentir.

—Ehmn… ¿Lo siento? —masculló Bill, para luego relamerse los labios viendo el pene de Tom.

—Vuélvete a sentar —ordenó Tom, el moreno lo miró confundido—, y saca otro de los sobres de lubricante con los que te masturbaste —volvió a dar una orden, a lo que vio que Bill lo sacaba con vergüenza de su bolsillo—. ¿Tienes condones? —preguntó mientras el moreno se sentaba en la silla, obedeciéndole.

Bill negó y se mordió el labio inferior.

—Pues muy mal… —regañó Tom—, ¿o no lo tienes porque eres virgen?

—Soy virgen —confesó Bill, tragando saliva.

—Bueno, eso quiere decir que estás limpio —razonó Tom, alzándose los hombros, quitándose los pantalones y bóxers, y luego bajándoselos a Bill, el cual observaba maravillado el cuerpo del futbolista, con los muslos marcados, y luego el de rastas le quitó el sobre de entre los dedos, para acercarlo a su boca, mordiéndolo para abrirlo.

Bill cuando vio a Tom esparciendo lubricante en sus dedos es que fue consciente de lo que iba a pasar. El moreno vio cómo Tom estaba sonrojado mientras sus dedos se perdían detrás suyo, boqueó asombrado, sus fantasías no le hacían justicia, Tom se estaba preparando a sí mismo, y el moreno quería ver, observar cómo el de rastas hundía esos dedos dentro sí mismo, sin embargo, Tom lo estaba mirando mientras lo hacía, con los ojos llenos de deseo, el de rastas no era virgen, y no era la primera vez que haría de pasivo, pero sí sería la primera vez que lo harían sin condón, cuando sintió cómo sus piernas temblaron, gimoteó, ya estaba listo.

El miembro de Bill había vuelto a erguir con toda la escena que se desenvolvía delante suyo y cuando Tom se acercó más a él, sujetando su pene, sintió que iría a morirse ahí mismo, pero… Ahí Tom no se detuvo, sujetó su polla, para metérsela a sí mismo, empalándose sobre su erección. Bill por inercia agarró las caderas del de rastas, y Tom le sonrió, mirándole con lascivia, hasta bajar por completo, relamiéndose los labios frente a la sensación, había disfrutado viendo, era hora de tomar acción sobre ello.

Tom se sentía fascinado por el tamaño del miembro de Bill, y cómo encajaba de una forma agradable en sus esfínteres, Bill estaba aferrando sus uñas a la carne de sus caderas, quedándose casi sin aire mientras trataba de concentrarse en no correrse por la forma en que las entrañas del de rastas lo recibían, apretándole de esa forma exquisita, no era comparable con su mano, y… Bill jadeó, Tom movió las caderas hacia adelante y hacia atrás, para luego morderse el labio inferior, tomando el rostro del moreno y besándolo, no era el primer beso de Bill, pero de todas formas, ninguna boca podría compararse a la de Tom, el cual descubrió de una forma placentera que el moreno tenía un piercing en la lengua, cuando recorrió su lengua, haciendo que danzaran.

Lo que hizo que Tom comenzara a darse impulso, sin dejar de besarlo, levantándose de encima de su regazo, para luego darle sentones, recibiéndolo por completo dentro suyo, teniendo el control en aquella situación, subiendo y bajando de encima de su pene, estimulándose la próstata él mismo, teniendo a Bill como si fuera un juguete, uno muy guapo, y uno que esperaba lo invite una copa al terminar.

Bill mordió el labio inferior de Tom, básicamente porque quería calmar su hambre de él, pero luego sacó la lengua, pasándola por encima del labio, observándolo cómo lo veía con ojos brillantes. Tom era hermoso, con sus rastas, su cuello largo, sus labios llenos, nariz respingada, cejas pobladas, y lo dejaba sin aliento, y el verlo subirse y bajarse encima suyo, con toda la fuerza de sus muslos trabajados, podía imaginarse cómo sería tener esos muslos apretándole la cara…

Bill empezó a mover las caderas por inercia, viendo cómo Tom se arqueaba encima suyo, siguiendo dando botes sobre su regazo, penetrándose de forma experta, con el lubricante haciendo su trabajo más fácil, haciéndolo resbalar, mientras su hendidura parecía querer engullírselo más profundo.

—Qué rico… Tienes un muy buen tamaño, eh —halagó acezado Tom apoyándose en los hombros de Bill—. No era… Necesario que hagas esto… Sólo tenías que invitarme a salir…

—Tenía… Miedo que me… Rechaces —confesó Bill, para luego gruñir por cómo había apretado su interior en ese momento el pasivo.

Tom intentó reír pero su risa se vio interrumpida por un gemido fuerte que salió de su garganta por una embestida especialmente profunda cuando el moreno alzó sus caderas mientras se dio impulso, dándole en su próstata, de una forma muy agradable.

—También tienes talento… Para ser virgen… —soltó Tom, relamiéndose los labios.

—Aprendo… Rápido —dijo Bill, con una mirada traviesa, era lo mismo que le había dicho cuando conversaron la primera vez que se conocieron.

Tom jadeó impulsándose más, estaba al borde, sólo unas estocadas más y… Bill lo tomó por el miembro, por lo que se arqueó aún más, corriéndose en la mano del moreno, y apretándolo como un infierno por lo que Bill se vino en su culo.

Tom se levantó delicadamente, para no lastimarse, Bill le extendió los papeles toalla, para que se limpiara, pero sin dejar de observarlo hacerlo, no podía cansarse de ver al de rastas, era tan jodidamente sexy.

—¿Y si me invitas a salir? —preguntó Tom, terminándose de vestir.

Bill salió de su ensoñación, limpiándose y subiéndose la ropa.

—¿Pero no se supone que debo trabajar? —cuestionó Bill, frunciendo el ceño, confundido.

Tom se alzó de hombros. —Podemos decir que sí estuviste aquí —propuso el de rastas.

Bill le sonrió y asintió.

—Y ahora sí debes darme mi ropa interior, degenerado, ¿sabes lo difícil que va a ser lavarlo ahora? —interrogó Tom, quitándole la prenda.

—Eh… Sí, perdón por eso.

—Haré que me compres unos nuevos —farfulló Tom, jalándolo por la mano en dirección a la salida.

—Lo que tú quieras —cedió Bill, sintiéndose un perrito faldero detrás de su amo.

Tom se carcajeó, sintiéndose feliz de tener un acosador así de lindo y accesible, podría ser el inicio de una buena relación, aunque evidentemente si alguien le preguntaba cómo es que empezaron podrían omitir el hecho de que Bill tenía tendencias cuestionables…

El de rastas apretó la mano de Bill, disfrutando cómo se sentía cálida contra su palma, y suspirando de gusto. Sí, podría darse la oportunidad de tener algo con el moreno, porque tenía muy buen potencial, y la verdad es que poseía uno de los tamaños más grande de la lista que él tenía en su bloc de notas…