Capítulo único
Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom se acomodó el gorro con la gopro, activándola, mientras Bill hacía lo mismo.
—Hola, Toll lovers, somos Bill y Tom, ¡y estamos en el hospital del terror! El Waldhaus Buch. Tom, ¿puedes contarnos un poco al respecto? —preguntó Bill, apuntando en dirección al castaño.
—Claro, Bill. El hospital se empezó a construir en 1899, y los primeros pacientes de tuberculosis llegaron en los años 1905. Después de la guerra es que se convirtió en un hospital militar para la Luftwaffe. Así que… Por eso vinimos de noche, para realizar esta exploración urbana… A ver si es cierto lo que dicen, que salen fantasmas de noche, aunque realmente soy muy escéptico al respecto —mencionó Tom, alzándose de hombros.
Bill puso los ojos en blanco. —Oh, el Gran Tom Kaulitz que no le teme a nada, señores… —bromeó el rubio, para luego reír.
—Ya sabes, Bill… Ver para creer —siguió Tom, y ambos avanzaron, entrando al lugar abandonado.
—Wow… ¡Mira esta cantidad de pasillos, Tom! ¡El lugar es enorme! —exclamó Bill, sorprendiéndose genuinamente.
—No tanto como…
—Oh, por favor, bájale a tu testosterona, campeón —le cortó Bill, fingiéndose conservador, porque ese era el rol que hacía en su canal, y Tom rió.
—Ven, entremos por aquí… —pidió Tom, y Bill lo siguió, dándose cuenta que el lugar en realidad no lucía como debía hacerlo, el sitio estaba limpio, con batas, mascarillas, y guantes, entre otros utensilios—. ¿Alguna seguidora que quiera jugar al doctor conmigo? —bromeó el castaño poniéndose una bata y guiñando el ojo a la gopro de Bill, el cual fingía sonreír.
—¿Por qué están estas cosas aquí? ¿No se supone que está abandonado? —cuestionó Bill, comenzando a sentir un poco de preocupación.
—No lo sé, pero hay que seguir inspeccionando —propuso Tom, quitándose la bata, apuntando en señal a un letrero en la puerta de otra habitación—. Oh… Dice “Acceso restringido”... ¿Será tan jugoso lo que esté detrás de esa puerta? Tenemos que averiguarlo, chicos —dijo el castaño, abriendo la puerta, fijándose que habían cosas viejas.
Bill suspiró y se quitó el gorro, apagando la cámara.
—Este lugar tiene una pinta de mierda, verdaderamente, Tom. No es nada de lo que esperábamos, este contenido no va a gustarle a nuestros seguidores —expuso el rubio, frunciendo el ceño, fastidiado.
Tom lo imitó, quitándose el gorro, apagando la cámara.
—Pero no te preocupes, amor, ya luego encontraremos un buen lugar. ¿Nos vamos entonces? —preguntó Tom, totalmente distinto a como eran frente a las cámaras, donde fingían ser mejor amigos que hacían exploración urbana en todos los lugares, cuando en realidad Bill Trümper y Tom Kaulitz eran una pareja de youtubers, que eran abismalmente diferentes a sus imágenes en redes.
—Sí, supongo —dijo Bill, desanimado.
—Ya, pero mira esto… —mencionó Tom, con aire juguetón, señalando a una máquina que estaba allí, que tenía unas ventosas—. Creo que esto era para hacer electroshock —acotó el castaño, riéndose, y poniéndose una ventosa en la cabeza—. ¿Te imaginas lo que pase si la enciendo?
Bill bufó. —Mejor póntelo en la cabeza de abajo —chanceó el rubio, porque sí, si bien Tom no era un chico rudo, sí era un poco bromista, y tonto a veces.
—Oye no sería mala idea… —respondió Tom, como si realmente se lo planteara, se acercó en dirección al rubio, jalándolo para besarlo, Bill correspondió al beso, hasta que sintió las manos del castaño colarse por debajo de su camiseta, por lo que se separó.
—No, Tom, no lo haremos aquí. No traje lubricante, y todo está jodidamente sucio —se quejó Bill tajante.
—Pero, Bill… —reclamó Tom, como si fuera un nene pequeño.
—Si quieres llévate esa cosa, pero vámonos de aquí —dijo Bill, a lo que el castaño sonrió como niño en la mañana de Navidad, sujetando la máquina de electroshock, yendo detrás de Bill.
Regresaron a su casa, y Bill abrió el cuarto donde tenían un montón de recuerdos de los lugares a los que habían visitado: Una espada antigua, unos nunchakus, un tapete de agujas de su viaje a Asia, muñecas peculiares y muchas cosas más, veía a Tom trayendo su nueva adquisición, limpiándolo a conciencia hasta dejarlo reluciente.
—Bill, ¿ya podemos usarlo? —preguntó Tom con un brillo travieso en la mirada.
—¿En serio?
—Tú me diste la idea —se quejó el castaño.
—Sí pero… Bueno, está bien —cedió Bill, suspirando.
Tom llevó la máquina hacia su habitación, acomodándola en la mesa de noche, y conectándola, desnudándose con rapidez.
—¿No quieres que tengamos un juego previo? —preguntó Bill, dudoso.
—Primero quiero ver cómo se siente —explicó Tom, el rubio lo imitó, quedándose desnudo por completo, mientras veía cómo el castaño se ponía una ventosa en el pecho, encendiendo el aparato, y luego gritó.
Bill lo vio preocupado y se acercó a su novio, queriendo desenchufar el aparato, Tom lo sujetó por la mano, con una expresión enfebrecida.
—No… Se siente bien —dijo Tom, sintiendo cómo la electricidad lo recorría, de una forma agradable, haciendo que se erizara su piel.
Bill lo miró extrañado pero asintió, observando cómo Tom ya tenía una erección, como si sentir dolor lo encendiera, y comenzó a masturbarse.
—Bill… Contrólalo —pidió Tom en un ruego, ubicándose en la cama, alzando las piernas para que rubio se ubicara entre ellas.
—¿Dónde lo quieres? —susurró Bill contra su oído, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba por cómo las corrientes eléctricas seguían recorriéndolo.
—En el vientre —respondió Tom, Bill sujetó una de las ventosas, poniéndosela en el vientre bajo, mientras que el castaño sentía cómo pequeñas agujas le picaban la piel, excitándole, el rubio lo comenzó a besar, metiéndole la lengua, Tom gimió durante el beso, sintiendo cómo Bill frotaba su erección contra la suya, pero sin dejar de sentir cómo la electricidad le daba remezones en el pecho y vientre—. Súbele el nivel… —jadeó el castaño, cuando Bill se separó por aire, y le obedeció, haciendo que su cuerpo se tensara por los choques eléctricos—. Mierda…
Bill lamió su cuello, disfrutando del sudor de su novio, y dándose cuenta que su propia erección ya estaba bañada en preseminal, disfrutando de cómo Tom gruñía por su placer. El rubio sujetó otra ventosa y la puso sobre el miembro de Tom, antes de hacerlo, mirándole, para que le diera el permiso y el castaño asintió, arqueándose cuando todo ese ardor abrasador lo atacaba en su polla, nunca antes había sentido algo parecido, dolía como el infierno, pero le excitaba en demasía.
Bill fue dejándole besos en su cuerpo, chupándole el pezón del pectoral libre, mordiéndolo, sintiendo cómo la carne se hinchaba bajo sus dientes, después delineó sus abdominales trabajados, evidentemente no acercándose a la zona eléctrica, a menos que quisiera quemarse la lengua, luego bajó por sus caderas, mordiéndolas, para después sacar el lubricante, poniendo una copiosa cantidad en sus dedos, y dirigiéndolos en dirección a su trasero, sintiendo cómo tensaba su ano por la electricidad, pero de igual forma, Bill metió uno, viendo cómo Tom abría la boca para jadear, no sentía dolor por la fricción de sus dedos, no cuando tenía el ardor en el pene, vientre y pecho… Pero cuando Bill metió otro dedo más, curvándolos lo suficiente como para dar con su próstata, Tom se arqueó otra vez, sintiendo demasiadas cosas al mismo tiempo.
Bill siguió preparándolo, fascinando por cómo la piel que tenía la ventosa se contraía y luego se soltaba frente a cada choque eléctrico, y el rubio se relamió los labios, viendo la expresión descompuesta del rostro de su novio, cómo se mordía el labio inferior que tenía un piercing allí, y empezaba a empujar su trasero hacia abajo, para seguir sintiendo cómo Bill le tocaba la próstata, movió los dedos nuevamente, con la destreza de la práctica e hizo que Tom gruñera, sabía que ese sonido era de aprobación y cuando los ojos oscuros del castaño lo vieron sabía que estaba completamente excitado.
Bill se ubicó entre sus piernas, acariciándole los muslos con las uñas, viendo cómo Tom se relamía los labios, disfrutaba de las manos del rubio sobre su cuerpo, y Bill se ciñó sobre él, para besarlo nuevamente, sintiendo su aliento en su boca, mientras jugaban con la lengua del contrario y guiaba su pene hacia su hendidura dilatada, comenzando a ingresar en su interior, sintiendo cómo Tom le mordía el labio, jalándolo por la excitación. Era como si todo su cuerpo se sintiera en llamas, ardiendo por el deseo, sintiendo el dolor calcinándole la piel, mientras las embestidas del rubio comenzaban a remecerle el cuerpo. Tom amaba sentir cada centímetro de Bill en su interior, siempre jugaba con ser mujeriego en cámaras, pero al realidad era que cumplía con el estereotipo del chico que por años está con varias chicas hasta que termina en la cama con su mejor amigo, siendo el pasivo, y es que el sexo con Bill no se comparaba a nada de lo que hubiera experimentado antes, pero… También tenía gustos peculiares por así decirlo, y uno de esos era el dolor, le gustaba sentirlo, por eso es que… Expandía su umbral de dolor con cada cosa nueva que descubría.
Bill se metió más profundo, apoyándose en la cama mientras seguía con las estocadas, no podía tocarle el miembro a Tom, el cual estaba muy duro mientras seguía estremeciéndose por cómo el rubio le daba en la próstata, pero también por cómo seguía pasándole los choques en su piel… Incluso era como si los tuviera en el interior… Bill siguió impulsándose, sintiendo cómo las paredes de Tom seguían apretando tan fuerte, que casi botaba su miembro fuera de su cuerpo, bajando para besarlo nuevamente, se iría a correr pronto, porque esa forma de cómo Tom lo envolvía con sus entrañas hacía que pugnara su semen por salir de su polla.
Tom se corrió, deteniendo los choques eléctricos por mancharlo con semen, y Bill se vino en su interior, quitándole las ventosas y dejándole un beso en la zona afectada, viendo cómo estaba una herida de quemadura en las zonas, incluyendo su pene, aunque en menor medida por haberlo puesto de última hora.
—Tomi… —soltó Bill con preocupación—. Déjame traigo una crema para las quemaduras —avisó, yendo al baño por su botiquín.
Tom se sentía tan drenado de energía que el dolor en su pene era lo de menos, sí, dolía como los mil demonios, principalmente porque su excitación era nula una vez que se había corrido, sin embargo, sentía que había valido la pena.
Bill vino el clobetasol en crema, limpiándolo con toallas húmedas, para luego ponerle el ungüento primero en el pene, y luego en el pecho y vientre.
—Siempre tú con tus locuras —masculló Bill, sin realmente regañarlo.
—¿Me abrazas? —pidió Tom, y Bill asintió, situándose detrás suyo, rodeándole con el brazo en la cintura.
—Te amo —susurró Bill contra su nuca y el barbudo suspiró.
—Yo también. Pero no me arrepiento de achicharrarme el pito —respondió Tom.
—Tom… A mí me gusta tu pito —se quejó Bill, mordiéndole la oreja.
—Sí, lo sé… Pero esto sanará. La experiencia que pasamos fue única e irrepetible —comentó Tom, emocionado por todo.
—¿Entrará en nuestro top diez mejores polvos? —cuestionó Bill riéndose.
—Es una de las mejores cosas que hemos traído de nuestras exploraciones, y usado en el sexo, diría que entra en el segundo lugar —cedió Tom.
—Ah sí, recuerdo que la espada fue tu número uno —musitó Bill contra su oreja, recordando que básicamente por Tom es que habían usado cada recuerdo de sus exploraciones para algo en la cama—. Pero ya tendremos que bajarle a nuestra intensidad, Evel Knievel del sexo, o terminarás castrado por tus acrobacias —regañó, nalgueándole.
—Uy, quieto o eso me excitará… Y ahora no es buen momento para que Tomi Jr. se levante —dijo Tom entre risas.
Bill rodó los ojos, su novio no tenía solución, era un loquito que definitivamente tenía “la chispa”, pero así lo amaba, sólo que tenía que controlarlo un poco más, para que sus “juegos rudos” no terminaran con más daño para su amorcito.