Tom's secret (Toll)

Summary

Bill siente por su gemelo mucho más que amor fraternal, cuando encuentra una tanga en su habitación, su mundo se viene abajo, pensando que él podría tener una novia, sin embargo, no contaba con que su hermano tuviera un secreto... Y quizá más de uno.

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Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Bill detestaba hacer quehaceres, no es que… Tuviera que hacer mucho precisamente, porque lo que debía hacer es juntar la ropa de Tom y la suya y ponerla en una bolsa para llevarla a la lavandería, pero el simple hecho de hacer esa acción hacía que se pusiera de malas. ¿Por qué no lo hacía Tom? Ah, sí, había salido con Georg y Gustav. Él mismo no había querido salir porque le daba flojera, y entonces le habían dicho que al menos junte la ropa de ambos para mandarla a lavar.

Frunció el ceño y entró al cuarto de Tom, él dejaba su ropa sucia sobre una silla, ¿por qué? No lo entendía, pero tenía que recogerla toda poniéndolo en el cesto, haciéndolo de mala gana, por lo que se le cayeron unas prendas al suelo, suspiró dramáticamente porque ahora tendría que agacharse, pero lo hizo, una de las ropas se había metido debajo de la cama, y al sacarla, es que el moreno sacó una prenda que no estaba en silla, ¿era ropa interior de mujer? Frunció la nariz por el disgusto, sí, una tanga de encaje rosa. Bill se sintió enojado, porque habían hablado sobre la regla de no traer mujeres a la casa, que si querían hacer algo lo hicieran en un puto hotel.

Ya le pondría las cosas en claro cuando volviera el de rastas. Sintió cómo la furia recorría su sistema, es decir, él nunca había faltado a esa regla… No era como si saliera con alguien, era de esperarse que Tom como era tan coqueto había terminado acostándose con alguien en lo que Bill dormía. Él… Sabía que era su hermano, pero le dolía de todas formas, porque… Suspiró, porque veía al de rastas con un afecto que trascendía lo fraternal, sólo que Tom era su hermano, y temía que al decirle se asustara o lo viera como un enfermo, por eso que es que no tenía pareja, porque no podía quitárselo de la cabeza, y por eso es que había pedido que no trajeran parejas a casa, para evitar saber cuando se acostaba con alguien.

Volvió a mirar la prenda, era tan decadente que fácilmente podía imaginar a una mujer usándola, a una que le gustaba sentirse sexy, y quizá era una zorra fácil. En realidad Bill no tenía certeza de ello, pero su enojo le hacía pensar que sí.

Se guardó la tanga en el bolsillo y metió de mala gana toda la ropa en el cesto, luego hizo lo mismo en su cuarto, y terminó volcando todo en una bolsa, la cual puso en la entrada, ya Tom se encargaría de llevarla a lavar. Se metió a su cuarto y se echó a dormir, sabía que era temprano, pero sólo así podría apagar su mente de malos pensamientos.

Se despertó entre sueños al sentir una mano cálida contra su mejilla.

—¿Bill? Te traje comida —ofreció Tom, sonriéndole.

Bill se sentó de mala gana en la cama, mientras Tom tenía una bandeja con un tupper de comida, cubiertos y un vaso de refresco. Sintió su corazón apretarse frente a ese gesto.

—Gracias —dijo Bill, sintiéndose mal por responder algo cortante, Tom lo miró confundido, pero el moreno comenzó a comer en silencio.

—¿Pasa algo? —preguntó Tom, al verle terminar.

—Sí —masculló Bill, sacando de su bolsillo la tanga y enseñándosela, a lo que Tom se sonrojó notoriamente—. ¿No habíamos quedado en que no traeríamos a nadie a casa?

—Ah, es que no traje a nadie —respondió Tom, luciendo demasiado nervioso.

Bill puso los ojos en blanco. —¿Entonces qué? ¿Es tuyo?

Tom se sonrojó aún más. —¡No! Claro que no… Es un regalo de una fan, ya sabes cómo son, siempre tiran sostenes y calzones —respondió riendo nervioso, como cuando mentía.

Bill alzó una ceja, era verdad, lo hacían, pero eso no explicaba que estuviera en su cuarto, y mucho menos el por qué Tom se ponía tan nervioso frente a ello.

—Está bien —cedió Bill, sin creerse del todo lo que decía, pero no lo mencionaría nuevamente a menos que volviera a pasar.

—¿Me la puedes devolver? —pidió Tom, avergonzado.

—¿Pero para qué la quieres?

—Ah… Por nada —rió nervioso, y se llevó la bandeja saliendo de su habitación.

Bill se enojó, pensando que en realidad quería devolvérselo a su novia o ligue, o lo que demonios fuera esa chica.

Los días pasaron, y Bill no volvió a mencionar el tema. Aprovechaban que estaban de vacaciones y estaban viendo la televisión juntos. El clima estaba caluroso, por lo que ambos estaban con camisetas sin manga y unos pantalones cortos, si bien la ropa de ambos era ancha, no lo era como Tom solía utilizarla, pero es que también el de rastas nunca salía con esa ropa a la calle, ni dejaba que lo vieran así, no entendía muy bien el complejo de su hermano, tenía un buen cuerpo, porque hacía ejercicios, entonces… Bueno, no le correspondía cuestionárselo.

Ya era bastante tarde, pero no tenían nada que hacer al siguiente día, salvo por la fiesta de Georg. Tom se estiró en el mueble, alzando sus brazos, quebrando su espalda, consiguiendo que la camiseta se alzara un poco, mostrando la piel de su cadera… Y Bill sintió cómo su boca se secaba, sólo fueron unos instantes, sin embargo, había visto cómo se asomaba encaje por la cadera de su gemelo.

Se quedó paralizado en su sitio, miró a su hermano con incredulidad, procesando lo que acababa de ver. ¿Tom estaba usando una…?

—¿Tom? —preguntó con voz ahogada, el rubio lo miró bostezando.

—¿Sí? —cuestionó el de rastas.

—Nada —dijo Bill, uniendo las piezas, por eso el nerviosismo de Tom cuando encontró la prenda… No era de una chica, sino de él, por eso su actitud y sus evidentes mentiras.

Bill tragó saliva nervioso y se levantó. —Voy a dormir —dictaminó para luego irse a su habitación casi corriendo. Tom lo miró arqueando una ceja, confundido por su actitud, pero luego se alzó de hombros, considerando que sí, ya era un poco tarde, así que apagó la televisión y se fue a su cuarto.

Bill fue corriendo a buscar la prenda, la tenía escondida en algún sitio, y sabía que era terrible lo que iba a hacer pero, su hermano no tenía que saberlo, y él no podía quitarse de la mente la imagen de su gemelo usando esa decadente prenda tan sexy… Incluso ya se le había formado una erección, por eso es que corrió a su habitación, con temor a que Tom se diera cuenta.

Cuando por fin encontró la prenda, puso seguro a su cuarto, casi nunca lo hacía, pero habían ciertos momentos donde realmente necesitaba privacidad, y este era uno de ellos. Después se echó en la cama, bajándose los pantalones con necesidad, y comenzando a olisquear la prenda, se sentía un jodido degenerado, pero sí podía oler algo… Una leve esencia del almizcle de su gemelo, comenzó a acariciar toda la longitud de su miembro, sin dejar de acercar la tanga a su nariz, y pensar que había pensado que quien la usaba era una zorra… Pero no, era su Tom, el cual podía imaginárselo con el miembro erecto apretado en esa escasa tela… Y cuando se volteara… Oh, joder, podía imaginar claramente cómo la tela se metería en su trasero bien formado… Gimió ante el pensamiento, olisqueando con más deseo comenzando a masturbarse, pensando que sus labios y fosas nasales estaban tan cerca como podría estar del trasero y genitales de su gemelo, se le puso más dura de sólo pensarlo, sintiendo cómo el preseminal le ayudaba a jalársela más a gusto de arriba abajo.

Porque sí, la ropa interior estaba usada, tal vez Tom la lavaba a mano. Menudo secreto que tenía su hermano. Bill apretó más su miembro, imaginando que su mano era la de Tom… O tal vez su boca, su imaginación estaba volviéndolo loco, pensar en que la boca de su hermano con ese piercing en el labio podría tragarse su erección hacía que se arqueara por el placer, aumentando el ritmo del bamboleo de su mano. Siguió oliendo la ropa interior, comenzando a salivar, se sentía un completo enfermo, como si no fuera suficiente con estar enamorado de su hermano, estaba masturbándose mientras olía su ropa interior sucia.

Pero le importaba un carajo a Bill, no es como si realmente Tom supiera lo que estaba haciendo, así que no le hacía daño a nadie, ya que sabía que Tom lo rechazaría de saberlo, y no quería perder la relación que tenía con su gemelo… Así que lo que el de rastas no sabía no podría lastimarlo, ¿verdad? Al menos de eso se convenció mientras seguía oliendo su tanga e imaginando que su mano eran los labios sexys del de rastas o quizá… Quizá no sus labios sino Tom saltando encima de su pene, apretándolo tan rico que se correría en su interior. Bill se vino con la idea de penetrar a su gemelo, dejando la tanga escondida en su cajón, y yendo al baño a lavarse el desastre que tenía entre las piernas.

Miró su reflejo en el espejo, estaba sin maquillaje, con el cabello sin peinar pero los labios rojizos e inflamados de lo mucho que se los mordía, y estaba con las mejillas sonrojadas. Tragó saliva, de algún modo mirarse en el espejo le recordaba a su hermano. Tenía un atisbo de culpa en su interior, ya que si bien antes se había masturbado pensando en él, nunca se había atrevido a hacerlo oliendo su ropa interior.

Al día siguiente se levantaron a la hora de almuerzo, por lo que terminaron pidiendo pizza para comer. Y ambos estaban en el comedor mientras lo hacían, Bill intentaba rehuirle la mirada, porque al verlo sólo podía imaginarlo usando solamente la tanga.

—Uhmn. ¿Bill? —preguntó Tom después de masticar y tragar.

—Sí, dime —respondió el moreno sin verle, el de rastas se sentía un poco incómodo porque lo sentía algo raro desde ayer, pero prefería no decírselo, al menos por ahora.

—Es que me siento un poco mal… No creo poder ir a la fiesta de Georg —comentó Tom, consiguiendo que Bill lo mire con preocupación, por fin posando sus ojos sobre él.

—¿Estás bien? ¿Pasó algo? —cuestionó Bill preocupado.

—No, sólo creo que me desabrigué mucho por el calor, ya sabes, a veces duermo desnudo y creo que me dio aire —respondió Tom, esta vez no lo miró, porque sabía que tenían la conexión y no quería que el moreno notase que estaba mintiendo.

Bill empezó a toser para sofocar el gemido que se le iba a escapar al escuchar que Tom dormía desnudo, sí, él le había dicho que lo hacía cuando era verano, sin embargo, no por eso dejaba de afectarle, y mucho menos después de saber que usaba lencería de mujer.

—¿Estás bien? —interrogó Tom, no entendiendo cómo se había atorado su gemelo.

Bill asintió y cuando se normalizó lo miró con una sonrisa nerviosa. —Sí, sólo me atoré con mi saliva —respondió.

—Eres un peligro para ti mismo —farfulló Tom para luego reírse.

—Bueno, ¿quieres que me quede a cuidarte? Podría hacer un caldo de pollo y una limonada para la garganta —ofreció Bill.

Tom se rió. —Bill, la maruchan de pollo no es un caldo de pollo, y la limonada en polvo no beneficia en nada a la garganta —respondió burlesco. Bill puso los ojos en blanco por desestimar sus cualidades, aunque era cierto, no sabía cocinar.

—Bueno, pero, ¿me quedo? —inquirió Bill, de todas formas luciendo preocupado.

—No, no te preocupes, sólo necesito descansar un poco —mintió Tom, en realidad quería tiempo a solas.

—Bueno… Pero estaré con el celular encendido, para que me llames cualquier cosa, ¿está bien? —cuestionó Bill, y Tom asintió, agradeciendo la preocupación de su hermano menor, aunque tenía un deje de culpa porque él sintiera eso cuando en realidad estaba bien, pero no podía explicarle por qué necesitaba privacidad, había ciertas cosas que debían permanecer en secreto, porque no sabría cómo lidiar con el rechazo de Bill.

Cuando llegó la noche, Bill se arregló, sintiéndose culpable por dejar a su hermano solo, no es que fueran siameses, pero sentía que estaba mal que él estuviera en una fiesta, divirtiéndose sin él. Suspiró… Realmente no quería ir. Se terminó de planchar el cabello, y maquillar los ojos, acomodando su casaca de cuero, lucía conforme con su reflejo en el espejo.

—Ya me voy, Tom —avisó Bill.

—Diviértete, y bebe mucho por mí —bromeó Tom con una sonrisa que Bill correspondió, para luego irse a casa de Georg.

Cuando llegó, el castaño lo abrazó y le sonrió.

—Por fin te dejas ver, ¿y Tom? —preguntó Georg.

—Anda algo mal, por eso no pudo venir —respondió Bill.

—Vale, bueno, espero se mejore, pero, ven, sírvete un trago y diviértete —alentó el castaño, Bill asintió y tomó una cerveza, observando cómo llegaban más personas.

Veía cómo los invitados bailaban y se atiborraban de alcohol, mientras él seguía con su primera botella, deseando irse de allí. Un chico se acercó a Bill.

—¿Quieres bailar? —le preguntó el muchacho, era atractivo, cabello negro corto, delgado, con tatuajes y perforaciones, pero no era Tom.

—No, gracias —respondió Bill con una sonrisa.

—Pero, hey, no muerdo, a menos que tú quieras —bromeó el chico, sonriéndole ahora, envalentonado por el alcohol.

—Creo que dijo que no le interesa, Ivan —respondió Gustav, abrazando a Bill por detrás. El joven vio el gesto y se alejó.

—Oh, mi querido caballero vino a rescatarme —chanceó Bill.

—Es algo intenso, así que no se rendiría a menos que viera que “vienes con alguien” —comentó el rubio.

—Gracias, Gus. No lo conozco la verdad —farfulló Bill, alzándose de hombros. Gustav lo soltó.

—Es uno de sus amigos de Georg, y bueno, conozco a casi todos. ¿Dónde está Tom? —cuestionó el rubio.

—Gripe estacional o una mierda así —respondió Bill, terminando su cerveza.

—Vaya, ojalá se le pase pronto —comentó Gustav.

—Sí, sólo que la verdad es que no me siento bien aquí, ¿sabes? Mientras él está en casa solo. Es decir, ya no vivimos con mamá, mínimo ella podría cuidarlo si no estoy en casa —comentó Bill, mordiéndose el labio inferior.

Gustav lo miró y suspiró. —Ustedes a veces parecen siameses. Pero… Si tanto estás pensando en él, mejor ve a cuidarlo, y ya yo me encargo de explicarle a Georg, porque se ve que no estás disfrutando la fiesta —acotó.

—¿En serio, Gus? —preguntó Bill con expresión emocionada para luego abrazarlo.

—Sí, sí, y ya vete antes que me arrepienta —barbotó Gustav. Bill asintió y se fue corriendo, muriéndose de preocupación por su gemelo.

Cuando el taxi se detuvo en su casa, es que salió desesperado y entró a su domicilio. Todo estaba en silencio, salvo por unos ruidos algo extraños que provenían del cuarto de su gemelo, ¿eran quejidos? O algo parecido, Bill frunció el ceño y se acercó a su puerta.

—¿Tom, estás bien? —cuestionó Bill, escuchó movimientos en el cuarto de su gemelo, y decidió entrar, observándolo a oscuras, con una frazada encima, y el rostro rojizo, sintió su estómago apretarse, tal vez tenía fiebre, por lo que decidió acercarse a tocarle la frente.

Se apoyó en la cama, pero sintió algo en su rodilla que le incomodaba, como un objeto pequeño, y cuando tocó la frente de su hermano, la sintió caliente pero se paralizó en su sitio.

—Ah… —gimió Tom, para luego sujetarse la boca con ambas manos.

Ambos se miraron sonrojados. ¿Qué había pasado? ¿Tom había gemido? Bill tragó saliva fuertemente, viendo cómo la expresión en el rostro de su hermano era… Bastante parecida a la que Bill tenía cuando estaba excitado. Pero no entendía por qué estaba excitado.

—¡Párate! —ordenó Tom, retorciéndose en la cama.

Bill se levantó asustado, no entendiendo nada de lo que estaba pasando en ese instante. Tom sacó un objeto de debajo de la colcha, un artefacto pequeño, algo parecido a un control chiquito, presionó un botón y luego recuperó la compostura. El moreno frunció el ceño sin entender qué demonios había sucedido.

—¿Qué es eso? —preguntó Bill.

—¿Qué cosa? —interrogó de vuelta Tom, haciéndose el loco.

—El control, ¿qué controlaba? —cuestionó el moreno, intentando entender qué demonios había pasado.

—Ah, nada —respondió Tom, luciendo aún más nervioso que antes.

Bill frunció el ceño y se lanzó contra Tom, luchando por el control hasta que finalmente lo consiguió porque su hermano insistía en no quitarse la colcha, observó el objeto en sus manos, era pequeño, tenía sólo dos botones. La expresión de Tom era de pavor. Tentativamente Bill presionó uno de los botones, y vio cómo su hermano se mordía el labio inferior y cerraba los ojos con fuerzas. Pero… ¿Qué mierda era eso? ¿Acaso su hermano era controlado por eso? Presionó otro de los botones y Tom soltó un sonoro gemido que hizo que su entrepierna latiera en su pantalón.

Y Bill lo entendió. Ese control… Sí controlaba a su hermano, pero no porque fuera un robot, sino porque… Era un vibrador, es decir, Bill estaba manejando las vibraciones dentro de su gemelo.

Su gemelo no sólo usaba lencería de mujer, sino que también se masturbaba usando juguetes eróticos. Vaya cajita de sorpresas que era su gemelo. Pero el pensar que estaba manejando algo en el interior de su gemelo hizo que sintiera aún más excitación.

—Tom —llamó Bill, mientras su hermano seguía estremeciéndose por las vibraciones.

—Bill… Por favor —suplicó acezado Tom—. Dame el control…

—Con una condición —pidió Bill, sintiéndose enloquecido por oír los gemidos de su gemelo.

—¿Cuál? —preguntó Tom, enfebrecido por el deseo.

—Déjame mirar —ordenó Bill, con los ojos oscurecidos. Tom lo miró y se relamió los labios, terminando por asentir, sacándose la colcha de encima, mostrándole que debajo de ella, estaba desnudo salvo por una tanga de encaje color negra, y podía ver una pita sobresaliendo de su trasero, que imaginaba era para sacar el juguete.

Bill no pudo resistirse y tocó el miembro de Tom por encima de la tela… Acariciándolo, mientras veía embebido cómo salía el preseminal.

—Bill… Yo… Si haces eso voy a venirme —mencionó Tom, no escandalizándose por ser encontrado por su gemelo en tanga y con un vibrador metido en el culo.

—Tom… Siempre he soñado con esto —confesó Bill, dejando el control a un lado, no pudiendo creer que podía tocarlo por fin.

—Bill… Yo también —respondió el de rastas—. Pensé que creerías que soy un enfermo, porque me masturbo pensando en ti —acotó Tom, sonrojado, apagando el vibrador.

—¿O sea… Te imaginas que estoy dentro tuyo? —preguntó Bill con asombro, mirando la expresión de su gemelo.

—Sí… Me da vergüenza admitirlo, pero sí. Y… Bueno, también está el hecho de que me gusta usar tangas, pero porque me gusta la sensación contra mi piel, y cómo luzco en ellas. Me siento un maldito enfermo —confesó Tom.

Bill negó y lo tomó por el rostro.

—No, no lo eres, Tom. Yo… Diablos, llevo enamorado de ti básicamente toda la vida, y cuando pensé que estabas con una chica enloquecí y guardé esa tanga, pero cuando te vi… Te vi alzar los brazos, y observé que estabas usando una tanga, entonces yo… —empezó a hablar, sonrojándose frente al recuerdo, pero no quería que Tom se sintiera el único enfermo—. Me masturbé oliendo tu tanga, que me di cuenta que estaba usada, y eso sólo lo hizo más excitante.

—Espero que no la hayas botado porque me costó caro en Victoria’s secret —farfulló Tom y Bill rió.

—No la boté, y te compraré más —dijo Bill, con una expresión juguetona.

—Te las modelaré todas —acotó Tom, en tono de complicidad.

—¿Me modelas esta ahora? —preguntó Bill, con la lujuria en los ojos.

Tom se levantó de la cama, luciendo un poco tímido, para luego darse una vuelta, haciendo que Bill jadeara en su sitio, sintiendo cómo le apretaban demasiado los pantalones. Su cuerpo bien formado lucía exquisito con esa prenda, su trasero tan delicioso a la vista… Siendo cubierto por ese fino material.

—Tom… Déjame hacerte mío —pidió Bill, con ojos anhelantes.

Tom sintió cómo su corazón se apretaba en su pecho. Bill le estaba pidiendo que hagan el amor, algo con lo que sólo fantaseaba, pero ahora se volvería realidad, asintió y se echó en la cama, sin saber qué hacer en ese punto. Sí, había tenido sexo con chicas, pero realmente no lo había disfrutado del todo, y más lo hizo por presión social.

El moreno lo besó, y ambos gimieron en el beso, sintiendo sus alientos chocar, saboreando sus lenguas en aquel gesto, suspirando después… Sus labios se sentían suaves, y Bill le mordió el labio inferior, jalándole el piercing, luego pasó su lengua perforada por su paladar, haciéndolo excitarse aún más, siguió besándolo, consiguiendo que intercambiaran fluidos en ese instante, mientras frotaban sus miembros aún cubierto por ropa.

Luego Bill se lanzó a su cuello, sintiéndolo estremecer mientras saboreaba su sudor, embriagándose con su aroma, siguió pasando sus besos por la zona, consiguiendo que la piel de Tom se erizara y soltara suspiros de gusto conforme iba bajando, luego sujetó uno de sus pezones, haciéndolo que se arqueara cuando lo mordió y chupó con fuerza… Mierda, Tom podía sentir que iría a explotar sólo con eso, pero no, Bill no iba a quedarse allí evidentemente, por lo que bajó por su abdomen trabajando, delineándolo con su lengua, para después introducir su lengua en su ombligo, sin dejar de verlo. Joder, Bill pensaba en cuánto lo deseaba en ese momento, que sería capaz de comérselo.

Vio su lencería y tragó saliva, era demasiado sexy, pero se relamió los labios para luego posar sus dientes en el borde, sintiendo cómo Tom se estremecía, mientras Bill le quitaba la prenda con los dientes, sin dejar de verlo, hasta dejarlo por completo desnudo.

Bill se desvistió torpemente para luego volver a ubicarse entre sus piernas.

—¿Lo has hecho antes? —preguntó Bill inseguro, porque él sí había tenido sexo con chicas, pero al sólo pensar en Tom se dio cuenta que era mejor desistir.

—¿Con otro hombre? No. Pero sí juego conmigo mismo —confesó Tom, sonrojado, y Bill volvió a mirar la pita que salía de su trasero, jaló con cuidado, viendo el juguete, era recubierto de silicona, muy elegante, tragó saliva al verlo, dejándolo a un lado.

—Yo… No lo he hecho con otro hombre —mencionó Bill.

Tom sacó un tubo de lubricante y se lo extendió.

—Bueno, en realidad ya estoy dilatado por el juguete —respondió Tom, un tanto avergonzado—. Pero sería bueno que uses lubricante en tu pene.

Bill asintió, echándose una cantidad generosa en su miembro, para luego ubicarse entre sus piernas, guiando su erección a su trasero, Bill no podía creerlo, por fin cumpliría su fantasía… Pero no sólo era sexo, porque él amaba a su gemelo. Así que el moreno empezó a introducirse en su interior, viéndolo boquear conforme seguía entrando, porque una cosa eran sus juguetes, que sí, tenía varios, y otra el miembro largo y grueso que estaba atravesándole. Tom se aferró a sus hombros y Bill bajó para besarlo, chupándole la lengua mientras terminaba de ingresar en él, hasta que ambos jadearon por la sensación. Su interior estaba muy sensible luego de tanta vibración, porque Bill sin querer lo había puesto a la máxima potencia, que ahora no sabía qué hacer. Lo vio con inseguridad, y Bill le besó el cuello, saliéndose de su interior, para volver a arremeter, y cuando lo hizo, se dio cuenta que le tocó la próstata por el gemido sonoro que soltó su gemelo, y la forma en que le incrustó las escasas uñas en su espalda.

Bill comenzó las embestidas, buscando ese ángulo que sabía que todos los hombres tenían en su interior, mientras estaba fascinado por la sensación, porque una cosa era hacerlo con una mujer, donde sí o sí usaba condón, y bueno, no es que fuera desagradable, pero Tom apretaba más rico, y el saber que era él… Su hermano, su querido gemelo al cual siempre había adorado, le daba por completo un valor agregado.

Tom ponía los ojos en blanco por el placer, ningún juguete se podía comparar a su gemelo, tantas veces que se metía el dildo realista pensando que era Bill quien lo tomaba, pero no le hacía justicia, esto era lo real, ese calor, el cómo latía en su interior, apretó sus entrañas para seguir recibiéndolo, consiguiendo que Bill siseara por tanta estimulación.

Bill sujetó el miembro de Tom, masturbándolo al ritmo de las estocadas, queriendo que disfrutara por completo lo que estaban haciendo. Aunque por la forma en que sus piernas lo abrazaban en la espalda le daba la idea de que Tom no quería que él se saliera nunca.

Bill siguió el vaivén de sus caderas, apretando el miembro de Tom con las jaladas, esparciendo el preseminal en su pene, para luego volver a besarlo, no se cansaría jamás de sus besos, sentía su lengua traviesa jugando con la suya, buscando la dominancia en el beso, pero al moreno le daba igual quién dominara el beso mientras siguiera bajo su cuerpo, gimiéndole por más.

—Más duro, Bill… —jadeó Tom, para luego morderle el cuello, realmente enloquecido por la excitación, y Bill no era nadie para negarle lo que deseara su gemelo, por lo que aumentó el ritmo de las embestidas, dándole más duro, cumpliendo con sus deseos.

Bill iba a correrse, no iba a aguantar mucho más… Podía sentir cómo sus testículos daban tirones, apretándose por desear la culminación. Volvió a besar a Tom, masturbándole con más rapidez, haciendo un movimiento rápido de muñeca, el mismo que hacía cuando se la jalaba pensando en su gemelo, hasta que Tom apretó tanto su interior que sentía que se hundiría para siempre dentro del de rastas, para luego venirse entre ambos vientres, el moreno dio un par de embestidas más, viniéndose dentro suyo, para salirse con cuidado, ubicándose a su lado y abrazándolo.

—Te amo —dijo Bill, mirándolo con adoración, porque sí, lo amaba con toda su alma.

Tom le sonrió y lo besó, un beso flojo por estar dominado por la modorra post sexo, sin embargo, con mucho amor.

—También te amo, ratoncito —farfulló Tom contra sus labios.

—¿Entonces podremos volver a hacerlo? —preguntó Bill, con ojos brillantes.

—Sí, sólo deja que me recupere… Fue mi primera vez, es decir, tú me entiendes —comentó Tom.

—Sí… Vaya, si tan sólo me hubieras dicho que la tanga era tuya en primer lugar, pues… Habría hecho más fáciles las cosas —musitó Bill.

—Me daba mucha vergüenza. Y aparte no sabía que te la jalabas pensando en mí —respondió Tom, haciendo que Bill se sonrojase.

—Sí bueno, ¿entonces no estás enfermo? —cuestionó Bill, recién dándose cuenta de ello.

—No, sólo quería masturbarme a solas —confesó Tom.

—Vaya chico malo… Querías quedarte con toda la diversión, ¿eh? Tocándote pensando en tu hermano, metiéndote cosas en ese culito con todo el descaro del mundo. ¿Qué dirían tus fanáticas del player que admiran? ¿Te imaginas lo que pensarían al saber que usas esas decadentes tangas de mujer debajo de esa ropa ancha? ¿Qué pensarían si se enteran que el ídolo al que admiran le excita pensar en su hermano mientras se la mete por detrás? —farfulló Bill besándole el cuello.

—Apuesto a que no lo sospecharían… Todas pensarían que si es que estuviéramos en una relación, yo sería quien te rompería el culito —chanceó Tom, para luego reír, sin dejar de disfrutar de los besos en su cuello.

—Uy, qué decepción más grande se llevarían, ¿no es cierto? —bromeó Bill, para luego chupar un poco más fuerte, dejándole marca, haciendo que Tom gimiera y sintiera que su miembro volvía a erguirse.

—Cállate y sigue calentándome, que esta vez me toca estar arriba —farfulló Tom con una sonrisa ladina.

—¿Eh? Preferiría que dejaras mi culo en paz —respondió Bill, mirándolo con expresión confundida.

—Nadie habló de meterte nada en el culo —espetó Tom—. Sólo quiero montarte —susurró contra su oído, para luego morderle el lóbulo de oreja, dejando una lamida, haciéndolo estremecer.

Oh sí… Bill podía lidiar con Tom montando su polla con todo el ímpetu posible, incluso salivaba ante la idea. Así que asintió y siguió lamiendo su cuello, disfrutando de cómo suspiraba de gusto ante las lamidas…

Bill jamás se cansaría de ello, ponía las manos al fuego por ello. Mientras que Tom disfrutaba de su imagen de badboy frente al resto, aunque por dentro fuera alguien completamente distinto, una faceta que sólo se la demostraría a Bill, su verdadero yo… Que el resto pensara lo que quisiera, a él sólo le interesaba ser feliz junto a su gemelo, y ahora que era correspondido, haría de todo para disfrutarlo al máximo, porque su hermano era su otra mitad, su alma gemela, y al hacer el amor sentía que no sólo conectaban en un aspecto físico, sino también a nivel espiritual, unidos en esa conexión que tenían más allá de las palabras. Y no cambiaría eso por todo el sexo que pudiera tener con distintas mujeres, porque no era lo suyo, lo que sentía al tenerlo en su interior era magia, y lo hacía feliz. Podrían fingir frente al resto que sólo eran hermanos, y en su privacidad simplemente echar rienda suelta a todo lo que sentían por el contrario.

Al carajo el mundo, el cielo podría venirse abajo, pero ellos seguirían siendo felices en su burbuja, donde nadie podría tocarlos, y sólo existían el uno para el otro, como en el vientre materno. Bill amaba a Tom y Tom a Bill, y nada ni nadie cambiaría eso. No necesitaban a nadie más aparte de ellos, porque sólo se sentirían como intrusos, nadie nunca ocuparía el lugar del contrario. Eran su otra mitad, y lo serían siempre, nadie jamás podría separarlos, de eso estaban más que seguros. Volvieron a besarse, sintiendo cómo sus erecciones chocaban la una a la otra, y sonrieron durante el beso, porque esto no era sólo sexo, sino que hacían el amor, y sentían que podrían hacerlo por siempre.