La mujer perfecta (Toll)

Summary

Natalie plantó a Bill, pero si no fuera por eso, él no hubiera conocido a Tamie, la mujer perfecta, que con su belleza e iniciativa, hizo que Bill sintiera amor a primera vista, y ya no pudo sacársela de la cabeza.

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2
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n/a
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18+

La mujer perfecta

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Bill estaba de mal humor, la chica con la que había quedado para verse le canceló de última hora. Y ahí estaba el moreno, en el restaurante de la friki plaza, totalmente aburrido. No tenía idea de qué pedir, pero debía comer.

Vio una muchacha con cabello negro, falda negra plisada, medias largas pasar y él la llamó.

—¿Señorita? —dijo Bill, y la chica volteó confundida, señalándose.—Sí, usted.

La chica se acercó a Bill, arqueando una ceja, mirándolo.

—¿Hola? —habló la chica, era alta, sin embargo, sí era muy linda, con sus ojos con sombras rosas, usaba una polera rosa y tenía un lindo piercing en el labio.

—Sí, quería que me digas qué me recomiendas pedir de aquí —masculló Bill, confundiéndola con una mesera, y ella rió.

—No lo sé, todavía no he visto el menú —aclaró la muchacha.

—¿No eres una de las chicas lindas que atiende aquí? —preguntó Bill.

—¿Me ves como una chica linda? —cuestionó la muchacha, con una sonrisa y sonrojo evidente.

Bill asintió. —Sí, eres hermosa. Pero, ¿eso ya lo sabes, no? ¿Entonces no eres mesera?

—No.

—Bueno, lo siento. Estoy solo, ¿esperas a alguien o tal vez puedas comer conmigo? —interrogó Bill, tratando de voltear esa situación para disfrutar de la compañía de la chica, la cual se sonrojó aún más.

—Claro, me encantaría —respondió la joven, sentándose frente a Bill.

—¿Y cuál es tu nombre, hermosa? —inquirió el moreno, sonriéndole coqueto.

—Ah… ¿Mi nombre? —rió con nerviosismo. —Tamie, Tamie Listing —acotó luego de un rato.

—Oh, yo conozco a un Listing, ¿no serás familiar de Georg? —interrogó Bill.

Tamie se rió con nerviosismo. —Sí, es mi primo.

—Ah, genial. Mi nombre es Bill Kaulitz. Bueno, espero no se incomode de que esté saliendo con su prima tan guapa —farfulló Bill, moviendo las cejas y Tamie se sonrojó más.

—Ah, es que yo no soy de aquí —explicó Tamie—. Sólo vine por unos días.

—Oh, lamento oír eso. Me hubiera gustado invitarte a salir otro día —mencionó Bill, realmente desanimado porque le dijera eso la linda chica.

—Pero si quieres… Podemos aprovechar el tiempo —sugirió Tamie, moviendo el piercing de su labio y Bill sintió cómo ese movimiento hizo que sus pantalones apretaran, así que era una chica traviesa.

—¿Entonces miras la carta y me dices qué pedimos? Yo invito, y luego me ofreces el postre —soltó Bill, la verdad es que él quería tener sexo, y una relación, pero luego de insistirle tanto a Natalie para que ella terminara dejándolo plantado prefería no perder el tiempo.

Tamie asintió con efusividad.

La cena fue agradable para ambos, aunque se notaba que tenían una tensión sexual latente, porque Bill no dejaba de verla, observando su cuello largo, sus manos con dedos delgados y uñas cortas con un tenue rosa en ellos, y cómo es que se cubría bastante el cuerpo, a pesar de estar usando una falda corta, como si quisiera ocultarlo, ¿tal vez era muy recatada? De igual forma, Tamie le había dejado bien en claro que tendrían sexo después, y por la forma en que jugaba con la pajilla de su bebida, reforzaba aquello.

Cuando terminaron de comer, Bill la tomó por la mano y llevó a su departamento, sin parar de acariciar los muslos de la muchacha, que se mordía el labio inferior para no gemir.

Cuando llegaron, Bill la tomó por el rostro, metiéndole la lengua y sintiendo la suavidad de sus labios, compartieron aliento y el moreno estaba fascinado con ella, su boca era juguetona, porque su lengua le buscaba, y la forma en que chupaba sus labios… Hacía que su erección creciera por mucho, sin embargo, cuando Bill quiso tocarla por debajo de la falda, Tamie detuvo su mano.

—No —dijo Tamie con determinación.

—Pero dijiste que tendríamos…

—Eh… Sí, sólo que… Yo me estoy guardando para cuando me case, ya sabes, la virginidad para mi esposo —respondió Tamie apresuradamente.

Bill frunció el ceño. —¿Entonces te llevo a tu casa? —preguntó de mala gana.

—Ah, es que sí lo haremos, pero anal —comentó Tamie, mordiéndose el labio inferior y Bill abrió los ojos sorprendido—. Nadie dijo nada sobre la parte trasera.

Bill tragó saliva, no se esperaba eso. Ninguna chica había accedido tan rápido al sexo anal, pero… Si Tamie lo ofrecía… Sintió su miembro latir por meterse en ella.

El moreno le abrió la puerta del auto, y luego la llevó hasta su departamento. Sin que dejaran de besarse en el camino, Bill presionándola contra la pared, y acariciéndole los muslos por debajo de la ropa.

Cuando llegaron, Bill casi se tropieza al intentar entrar a su departamento, pero finalmente lo hicieron y el moreno la lanzó sobre su sillón, no creía poder llegar a su cuarto.

Tamie respiraba acezada, mientras Bill le besaba el cuello, buscando tocarle el seno debajo de su polera.

—No me quiero quitar la ropa… —pidió Tamie entre gemidos, con los labios hinchados por el beso previo, las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.

—¿Te prende hacerlo con la ropa puesta? —preguntó Bill, con una sonrisa pícara y Tamie asintió mordiéndose el labio.

Bill asintió, mientras se bajaba los pantalones, sacando un condón de su bolsillo.

—¿Tú crees que me puedas nalguear antes? —inquirió Tamie, con la expresión enfebrecida.

Bill asintió, excitándose con la idea de tocarle el trasero, se sentó y Tamie se acomodó encima suyo, dejándole su trasero en su regazo, por lo que el moreno levantó la falda, viendo una decadente tanga negra debajo, acarició las firmes nalgas, escuchando cómo la muchacha soltaba quejidos de placer, aferrándose a un cojín. ¿Por qué se contenía de gemir? El moreno le restó importancia a eso, tal vez sería su crianza conservadora.

Bill apretó la suavidad del trasero de Tamie, sólo un poco más, antes de soltar el primer azote, y sintió cómo su miembro saltó conforme se removía Tamie encima suyo, se fijó cómo la chica se mordía el labio inferior para acallar los gemidos que pugnaban por salir de su boca, mientras la piel enrojecía bajo el tacto de Bill, y hacía que la muchacha se estremeciera, con el deseo acuciante en su interior.

—Más… —pidió Tamie casi sin voz, y Bill se relamió los labios, dispuesto a complacerla, dándole otro palmetazo, un poco más fuerte, viendo con lascivia cómo quedaba marcado su azote en el trasero de la joven.

Tamie siseó, disfrutando cómo su piel escocía, y Bill estaba gozando de tocarle el culo a la chica, mientras ella temblaba encima suyo. Bill volvió a nalguearle con la mano extendida, sintiendo cómo la carne estaba caliente por seguir magullándola, se relamió los labios, volviendo a hacerlo, observando complacido cómo la morena mordía el cojín para no gritar por el placer que le recorría.

—¿Quieres más? —preguntó Bill, apretando sus glúteos, con roces suaves, dándole un descanso.

—Te quiero a ti… —soltó Tamie con la voz un poco grave, batiendo las pestañas largas que tenía, haciendo que Bill sintiera la garganta seca. Le alzó la falda un poco más, buscando bajarle la tanga, pero la muchacha detuvo los movimientos del chico—. Hazla a un lado… —pidió la morena, con los ojos oscurecidos, y Bill sentía que se le iba a caer el pene de lo duro que lo tenía, nunca se había excitado tanto con una chica, había algo en esos ojos color chocolate, sus labios y facciones… Había algo en esa chica que sentía que era único, que no podría cansarse de Tamie incluso si se lo propusiera, ni siquiera se la había metido, pero él ya se sentía conectado a la morena.

La obedeció, haciendo la prenda íntima a un lado, mostrando su fruncido agujero entre sus nalgas tan deliciosas. Bill escupió en su trasero, luego de separar sus glúteos, para dirigir un dedo a su entrada, y quemaba por dentro, el moreno le gustaba metérsela a las mujeres vaginalmente, pero… Anal era una cosa que simplemente era una sensación de otro mundo, esa estrechez única, que percibió al buscar dilatar su hendidura, y Tamie estaba muy excitada, por la forma en que estaba trémula bajo suyo, y Bill insertó otro dedo, sintiendo ese calor que emanaba del culo de aquella morena de infarto, era tan erótico la forma en que ella empujaba sus caderas, pidiendo más profundidad, y sólo eran sus jodidos dedos, realmente era una chica muy traviesa y era evidente que no era su primera vez, se sorprendía cómo es que sus bragas no estuvieran chorreando su regazo, pero no se entretuvo con ello, mientras seguía metiéndole los dedos a Tamie, escupiendo más para que la saliva sirviera como lubricante, y él lo lamentaba, porque sabía que no era la mejor opción mas no podía ofrecerle más porque normalmente tenía sexo vaginal con sus ligues.

Tamie se arqueó cuando metió otro dedo más, curvándolo, al parecer sus paredes eran muy sensibles porque la morena seguía acallando sus gritos al morder la almohada. Bill abrió sus dedos, dándose cuenta que su interior quemaba, y que se iba tragando sus dígitos, por lo que sabía que ella estaba más que lista. Sacó los dedos con cuidado, y Tamie se levantó como un resorte, viéndole con los ojos oscurecidos, el pecho elevándose, y Bill tenía ganas de desvestirla por completo, viendo sus senos, para apretarlo entre sus manos, o lamer sus pezones, pero… Ella era tan recatada o sentía tanta vergüenza que no quería ni desvestirse, y antes de que él pudiera entretenerse con algo más, es que la vio arrodillarse entre sus piernas, y meterse su miembro a la boca.

Bill cuando sintió la boca caliente de Tamie devolviéndole la polla, relajando la garganta, y viendo esos labios rosados alrededor… Mierda, sentía que había muerto, y revivido, no se había corrido, pero estaba a punto de hacerlo. La morena era muy buena con la lengua, de algún modo se las arreglaba para metérselo por completo, bombeó su erección, ahora chupando la punta como si de un chupete se tratara, vio cómo su lengua lo enrollaba y… No sabía cómo es que nadie le había hecho una mamada así de sexy, sujetó su cabello, moviendo las caderas para hundirse más en ella, hasta que Tamie se quitó su pene de la boca, con una sonrisa de lado que se le hizo jodidamente pícara, esta chica era un sueño erótico.

Tamie abrió el condón que puso a un costado, pero… No solamente lo abrió, sino que se lo puso en la boca, para que Bill sintiera las bolas en la garganta cuando le puso el jodido profiláctico con su cavidad, para luego mostrarle una sonrisa tan traviesa, que Bill se preguntaba cuántas vergas habría probado para ser tan experta, pero le importaba un carajo sinceramente, sólo quería hacérselo en ese momento.

Pero… Tamie no era tímida, si Bill lo pensó en un momento, la morena se encargó de desmentir esa idea por completo, cuando ella se levantó, haciendo a un costado su tanga, para comenzar a empalarse sola, y Bill sentía que estaba viviendo una experiencia extracorporal, cuando vio la expresión de la morena, mordiéndose el labio inferior, con los ojos cerrados mientras iba bajando sobre su polla, hasta quedar montada por completo con su pene adentro. Bill tuvo que acariciarle los muslos, buscando soporte emocional por lo abrumado que se sentía en ese momento…

Tamie tenía unos muy bonitos muslos, y la falda negra hacía que la vista fuera más tentadora, pero la morena era juguetona, porque lo vio, con esos ojos almendrados, y comenzó a mecerse encima suyo, y Bill se iba a morir ahí mismo, no había otra jodida explicación a todo lo que sentía, ese calor intenso en su miembro, a pesar de que estaba usando condón, joder, se moría por quitárselo y sentir esa calidez directamente en su piel, y Tamie bajó en dirección a Bill, besándolo, metiéndole la lengua mientras Bill le metía la verga en lo profundo de su culo, y cómo chupaba la morena, la forma en que succionaba su lengua, y comenzaba con los sentones en su pene hacía que Bill gruñera en su boca, sintiéndose él el follado por el culo de Tamie.

Tamie seguía jugando con su lengua, dándole un buen uso al piercing de Bill, sin dejar de darle sentones y Bill tenía los ojos cerrados, pero cuando se separaron por aire, y la morena seguía impulsándose encima de su polla, es que se fascinó por ella, sus piernas tan largas, con medias que le llegaban hasta debajo de la rodilla, y la forma en que lo apretaba, joder… Bill iba a salirse el semen hasta por los oídos.

Su faldita… Era un jodido pecado, la forma en que se levantaba, conforme ella daba botes sobre Bill, el cual se sentía más que fascinado, con morbo porque sólo alcanzaba a ver la entrepierna cubierta por la tanga negra, pero no veía manchas de humedad, y no podía fijarse mucho en ello cuando la falda volvía a caer por la forma en que se autopenetraba. Sólo sabía que se moría por comerle el coño, y se lamentaba porque Tamie no lo dejara tocarla.

Bill la acarició por la cintura, dándose cuenta que se sentía rara bajo su tacto, como si estuviera usando una faja o algo, pero no entendía por qué… Tamie no era una chica que lo necesitara, pero no pudo seguir fijándose en eso cuando la morena aumentó la intensidad de los sentones, hasta que lo ordeñó… Bill nunca se había corrido con tanta fuerza dentro de alguien.

Vio cómo la morena estaba sonriente y feliz, tal vez Tamie también se habría corrido, no tenía forma de saberlo, pero ella se levantó de encima suyo, luciendo completamente satisfecha.

—Bueno, Bill. Tengo que irme —dijo Tamie, acomodándose la falda, y sentándose en el sillón, poniéndose los zapatos nuevamente.

—¿Tan rápido? ¿Al menos me puedes dar tu número? —preguntó Bill, sintiéndose miserable, porque si bien había tenido el mejor polvo de su vida, la idea de perderla, hacía que se sintiera terriblemente.

—Claro —masculló Tamie, tomando el móvil de Bill, y guardando su contacto en su agenda—. Tal vez podríamos vernos otra vez, antes de que me vaya —ofreció la morena, y Bill asintió, si bien sentía que estaba triste al saber que luego se iría a su ciudad, aunque no le había dicho de dónde era, de todas maneras no podía esperar para verla otra vez.

—¿No quieres que te lleve a donde te estés quedando? —cuestionó Bill, viendo cómo la chica se levantaba.

—No, descuida, lindo —le respondió, dándole un beso, antes de irse de su departamento.

Bill se quitó el condón, y suspiró, yendo a tomar una ducha, satisfecho pero de todas formas frustrado porque sólo la vería unos días…

El moreno quedó obsesionado con Tamie, por lo que apenas pudo le habló por Whatsapp.

“Hola, ¿Tamie? Soy Bill”, le preguntó Bill, esperando su respuesta.

“Hola, lindo, sí”, respondió Tamie, y el moreno se sintió confundido, al darse cuenta que no aparecía la foto de perfil de la morena, lo que quería decir que no lo había agendado.

Sin embargo, Bill siguió escribiéndole, mientras que la morena le respondía de vez en cuando, poniéndolo más ansioso, él normalmente no era así de intenso, pero es que Tamie era una mujer única para el muchacho, nunca había disfrutado tanto de tener intimidad con alguien, y así fuera muy pronto, Bill se sentía flechado de la muchacha.

Siguieron viéndose por otros días, siempre de noche, Bill la invitaba a comer y luego lo hacían nuevamente en su departamento, del mismo modo, hasta que fue el último día y el moreno se sentía morir.

—Pero, ¿al menos me puedes decir de dónde eres? Tal vez podría ir a verte en mis vacaciones —ofreció Bill, sintiéndose deshecho al ver la morena alisarse el cabello con sus dedos.

—No, Billy, es que lo nuestro no puede ser —sentenció Tamie, con determinación, aunque igual había una tristeza en sus ojos.

—Pero, ¿por qué? Yo… Por favor, Tamie, puedo irte a buscar, podemos seguir a distancia, no sé… Tal vez hasta con el tiempo podría pedirte la mano, si es que eso hace que tu familia me acepte —dijo Bill sintiéndose desesperado, porque la morena era como una droga, tan intoxicante y adictiva.

—Billy, no me conoces bien… Y no sabes lo que diría mi familia —respondió Tamie, acariciándole por las mejillas y dejándole un beso corto en los labios—. Realmente la pasé muy bien contigo, pero es hora de decirnos adiós.

Bill la sujetó por el cuello, besándola con profundidad, compartiendo el mismo aliento, como si no pudiera cansarse jamás del sabor de sus labios, hasta que se separaron por aire, y ambos suspiraron, apoyándose en la frente del contrario.

Como las otras veces, Tamie simplemente se fue, llevándose el corazón de Bill entre sus dedos.

Pasaron los días, y Bill no podía dormir, ya pronto empezarían las clases, pero se sentía muy frustrado, Tamie ya no le respondía las llamadas o mensajes, probablemente le había bloqueado, y Bill sentía que nunca fue más que un polvo para la morena, y tal vez era así, desde el principio lo fue, ella misma le dijo que sólo estaría unos días en Berlín.

Hasta que fue demasiado para la mente de Bill, y simplemente fue a buscar a Georg.

Cuando llegó donde el castaño, el chico le abrió la puerta.

—Hola, Bill, dime, ¿qué pasó? —preguntó Georg, haciéndose a un lado para que pasara.

—Hola, Georg, estoy enamorado —dijo de frente Bill, y el castaño lo miró como si le hubiera salido otro ojo.

—Bill… Eh, no eres mi tipo —soltó Georg.

—No, no de ti —aclaró el moreno—. De tu prima.

—¿De mi que? —inquirió el castaño, frunciendo el ceño.

—De tu prima —repitió Bill.

—¿Tamie? —cuestionó Georg, arqueando una ceja. Bill sintió cómo se le iluminaban los ojos.

—Sí, ella —soltó el moreno con ilusión.

Georg rió. —¿Me estás diciendo que estás enamorado de Tamie Listing?

—Sí, ¿por qué te ríes? ¿Qué tiene de chistoso? —interrogó Bill, sintiéndose ofendido.

—Pues que ella… No sé cómo es que podrías estar con ella si vive en Leipzig —refutó Georg.

—Pues no me importa, iré por ella, porque de verdad estoy enamorado de Tamie, Georg. Es importante para mí, no sabes cuánto —soltó Bill determinado.

—¿Qué? ¿Y cómo la conociste?

—Hace unos días cuando vino…

—A ver, a ver, ¿estás diciendo que mi prima que está en silla de ruedas y tiene cuatro hijos vino sola a Berlín? —cuestionó el castaño y Bill frunció el ceño.

—¿Silla de ruedas? ¿Cuatro hijos? —preguntó Bill, sintiéndose engañado.

—Sí, mi prima viuda, en silla de ruedas y con cuatro hijos, ella es Tamie —respondió Georg.

—¿No tienes otra prima? ¿Una joven, de cabello negro con un hermoso piercing en la…? —Bill se interrumpió cuando vio a alguien salir del baño.

—Puta madre, Georg, te acabaste todo el agua caliente —se quejó un muchacho con una toalla en la cabeza y una en la cintura, que se paralizó al ver a Bill.

—Es que tú también que te quieres bañar tan tarde, Tom, eso no es mi problema —refutó Georg—. Ya, Bill, ¿qué decías?

—¿Tom? —soltó Bill, dándose cuenta que ese muchacho era Tamie, sin maquillaje, mismo color de piel, sin pecho, y evidentemente con pene.

—Ah, sí, es mi primo que vino de otra ciudad —respondió Georg—. Tom, él es Bill, y Bill, él es Tom.

—Sí, ya nos conocíamos —dijo Bill.

—¿También conociste a mi primo? ¿Dónde? —inquirió Georg, viendo cómo Tom hacía gestos de que se callara por favor.

—Choqué con él en la calle —mintió Bill, con una sonrisa fingida.

—Ah, bueno. Háblame más de esa prima mía que… Más bien creo que te engañaron —rió Georg—, porque el resto de mis primos son hombres.

—Sí, creo que me vieron la cara de estúpido —soltó Bill, mirando a Tom con reproche.

—Tom, ¿ya te vas a cambiar o vas a seguir aquí? Tengo visitas, cúbrete, por Dios —se quejó Georg, y el chico se metió a un cuarto.

—¿Me prestas tu baño, Georg? —preguntó Bill, y sin esperar respuesta, se levantó, yendo en dirección al cuarto de Tom.

—Bill, el baño es para el otro… Bueno —dijo Georg, cuando vio cómo cerraron la puerta, se daría cuenta solo.

Georg realmente no se extrañó de que Bill se demorara tanto tiempo en el cuarto de Tom, lo único que sí le pareció extraño fueron los gritos que escuchó. ¿Acaso se estarían peleando? Cuando su compañero salió despeinado del cuarto de Tom, con una sonrisa y simplemente se fue, Georg, luego se fijó que su primo salía, con su pijama y el cabello largo hecho un desastre, es que se preocupó.

—Tom, ¿Bill te pegó? —preguntó Georg.

—Eh, ¿Bill? No, no, para nada, estábamos jugando —respondió nervioso Tom, pero Georg alcanzó a verle un moretón en el cuello.

—¿Te pegó en el cuello? —cuestionó el castaño, totalmente enojado. Kaulitz ahora lidiaría con él.

—No… Es una picadura de mosquito, Georg —respondió Tom.

—¡Pero después de bañarte no la tenías! —se quejó Georg.

—Es el clima tropical —soltó el moreno.

—¿En Berlín?

Tom se sonrojó.

—Sólo… Déjame en paz —sentenció Tom, yendo a caminar como pato metiéndose a su cuarto.

Georg suspiró, algo ocultaba Tom, pero bueno, ya se lo diría cuando se sintiera listo.