Ultraviolence (Toll)

Summary

Escrito con Namyukaulitz. Tom tiene secretos que mantiene ocultos a sus amigos, porque ellos no entenderían a Bill, sólo él podía hacerlo, su novio no era malo... Sólo incomprendido.

Status
Complete
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1
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n/a
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18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom se encontraba en el baño del departamento que compartía con su novio, Bill. Observó a través del espejo las marcas moradas de dedos que tenía en su cuello, al igual que el ligero golpe que tenía en su hombro, no sabía cómo sentirse, sabía que podrían cuestionarlo por llegar así.

Cubrir el golpe de su hombro sería sencillo, ya que una camisa lo haría, pero las de su cuello no sabía cómo taparlas, no estaban en una época de invierno, pero al no tener más remedio decidió por cubrir su cuello con una bufanda.

Si le cuestionaban, diría que sólo estaba enfermo y prefería estar abrigado, así estuviera muriendo de calor.

—¿Ya estás listo? Te has tardado demasiado —le habló Bill, asomándose por el umbral del baño con una expresión de fastidio.

—Si… Ya casi, puedes ir al auto si quieres, no tardaré mucho —respondió Tom, dándole una corta mirada.

Bill rodó sus ojos y asintió, para después alejarse, dejando solo a Tom, que después de escuchar a su novio, se apresuró a terminar de arreglarse con prisa, para después bajar al auto, Bill ya se encontraba ahí, con una expresión de aburrimiento.

Tom se subió en el asiento del copiloto, poniéndose el cinturón de seguridad.

—¿Es necesario que vayas a verlos? —preguntó Bill, rompiendo el silencio que había en el trayecto.

—Bill, ya hablamos de esto, cariño. —Tom agachó su cabeza, viendo sus manos sobre sus muslos.

—Lo sé, Tom, pero sabes que tus amigos no me agradan. —Bill soltó un suspiro, no muy contento.

—Sólo sé amable, ¿sí? —pidió Tom, con una ligera sonrisa, extendiendo su mano para acariciar el dorso de la mano de su novio que iba en el volante.

Bill chasqueó la lengua pero asintió, dejando que Tom lo acariciara para calmarlo.

En el camino no hablaron mucho, porque Tom no quería que su novio se enojara más. Porque sí, entendía que sus mejores amigos, Georg y Gustav, fueran algo metidos en su relación, principalmente porque Tom era el amigo menor, por lo que siempre lo habían protegido de más, era tan frágil a su visión, que… No sentían que sus parejas serían suficiente para él, como si fueran poca cosa, y peor porque Tom al conocer a Bill no pasó mucho tiempo antes de que se mudaran juntos. Y según sus mejores amigos eso era una bandera roja, pero no, Tom estaba harto de que siempre sus amigos se metieran en su relación, porque todo el tiempo era lo mismo cuando estaba con alguien y con ello terminaba alejándose de sus parejas.

Pero no, el de rastas estaba decidido con Bill, y por eso es que al poco tiempo decidió irse a vivir con él, pero no tenía “la bendición de sus amigos”, y por eso que quería que hicieran al menos las paces. Veía al hombre conduciendo, haciéndolo estremecer con su cabello corto, mirada enojada, camiseta blanca, pantalones azules y casaca de cuero, luciendo como una versión mas joven de James Dean, sólo que con tatuajes y cabello negro.

Suspiró, Tom estaba encantado con su novio.

Llegaron dónde los Gs, y se bajaron.

Georg observó cómo el moreno lo tomaba del brazo jalándolo al bajar del auto y frunció el ceño, acercándose hacia a ellos.

—Oye, ¿por qué jaloneas así a mi amigo? —se quejó el castaño.

Bill lo miró enojado, soltando a Tom y enfrentándolo.

—¿Disculpa? ¿Qué yo estoy jaloneándolo? —preguntó Bill, mirándolo enojado, él ni siquiera quería ir allí y ahora le decía eso. Bill estaba dispuesto a golpear al castaño de ser necesario porque estaba harto de esta situación.

—Sí, yo te vi hacerlo —soltó Georg, sacando pecho igual que Bill, no le tenía miedo, él era mucho más fuerte que el moreno.

—Bill, ¡mírame! Tú no eres así —pidió Tom, poniéndose frente a su novio, tocándolo del brazo, haciendo que se volteara en su dirección, buscando hacerlo reaccionar.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Gustav, con seriedad, metiéndose en la escena.

—Que este machito abusivo y agresivo estaba jaloneando a Tom para que bajara del auto —masculló Georg.

—No, Georg. No es eso. Te confundiste, viste mal —defendió Tom a su novio.

—Tom, creo que está de más que esté aquí —farfulló Bill con expresión enojada.

—No… Por favor, es un malentendido —aseguró el de rastas.

—Bueno, entonces pasemos a la casa —pidió Gustav, Georg bufó exasperado pero siguió a su novio.

Tom tomó a Bill por el brazo y entraron.

Todos se sentaron a la mesa y empezaron a comer.

—Y dime, Tom. ¿Por qué llevas esa bufanda? El clima no es propicio para usar ese tipo de ropa —acotó Gustav, mirando con suspicacia.

Tom observó nervioso a Bill, el cual le rehuyó la mirada, y luego soltó una risa.

—Ah, es que me dio mucho frío —soltó Tom riéndose con nerviosismo.

Georg miró a Gustav con desconfianza, algo ocultaba Tom.

—¿Y cómo va la convivencia? —cuestionó Gustav.

—Ah, bien. Todo bien. Bill es muy lindo conmigo —respondió Tom.

Mientras que el moreno comía en silencio, no quería decir nada porque significaría más problemas.

—¿Y qué tal? ¿Cómo se encuentran ustedes? —cuestionó Tom, tratando de desviar la atención de él y su novio. —Estuvimos un buen tiempo sin vernos, también quiero saber de ustedes dos.

Los Gs se miraron de reojo, era demasiado evidente de que algo ocultaba Tom, debían acorralarlo y cuestionarlo, cuando estuviera solo, sin Bill cerca.

—Muy bien, ya nos conoces, sabes que Gustav y yo no solemos tener problemas, de hecho, pensamos adoptar a un cachorro dentro de poco. —Georg respondió, a lo que Gustav asintió con una ligera sonrisa.

—Hace muy poco abrió un refugio de animales, muy cerca de aquí, así que lo hablamos y probablemente la próxima vez que nos veamos, verás a nuestro hijo —contó Gustav, su relación con Georg, a comparación de la de su amigo con Bill, a sus propios ojos, era mucho más sana, tenían muy buena comunicación.

—¡Oh, un cachorro! —exclamó Tom con emoción. —Estaré encantado de poder conocerlo, cuando lo tengan en sus manos.

Bill sonrió ladino, dirigiendo su mirada hacia a su novio.

—Los cachorros son lindos… He discutido lo mismo con Tom —soltó, dando un sorbo a su bebida, cerrando sus ojos.

La emoción de Tom desapareció en cuestión de segundos, tornándose triste. —Sí, es una lástima que en el departamento donde vivimos no permitan mascotas. Me encantaría poder tener un hijo junto a Bill…

Georg casi se atraganta al escuchar eso. ¿Realmente Tom pensaba comprometerse más con ese sujeto? Debían de hablar con él lo más rápido posible, y hacer que entrara en razón respecto a su relación con Bill.

—¿No creen que es demasiado pronto? —Gustav intervino, mientras le pasaba un vaso de agua a su novio.

El de rastas hizo un mohín con los labios, haciendo casi un puchero. —¿Por qué? Poder criar algo juntos hasta que lleguen los niños de verdad no es algo malo, ustedes también tienen esos planes.

—No decimos que este mal, es sólo que… Es una gran responsabilidad. —Georg acotó cuando pudo hacerlo—. Gustav y yo llevamos años juntos, es por eso que recién tomamos la decisión, Tom es una vida, tienen que pensarlo realmente bien, tú tienes que pensarlo mejor.

Una indirecta que por supuesto su amigo no captó.

—Tom y yo nos amamos lo suficiente como para comenzar a tomar estas decisiones, voy muy en serio con él, con nuestra relación —comentó Bill, tomando la mano de Tom y depositando un beso sobre el dorso de esta, haciendo a su novio reír con un ligero sonrojo.

—Incluso hemos pensado en comprometernos —reveló Tom, observando a su novio, totalmente enamorado de él.

“¡Suficiente!” pensó Georg, y al voltear a ver a su rubio, se dio cuenta que él también pensaba igual. De ninguna manera dejarían que Tom se prometiera en matrimonio con un tipo como Bill, jamás, nunca.

A pesar de que Georg quería mandar todo al carajo ahí mismo, y llevarse a su amigo lejos de Bill, así fuera con camisa de fuerza, Gustav fue más inteligente y paciente.

—¿Gustas un poco más de bebida, Bill? Tu vaso casi está vacío —ofreció, tomando la jarra de jugo que había preparado, para servirle más.

El moreno asintió con una sonrisa, desviando su atención momentáneamente de su tierno novio.

—Sí, por favor —afirmó Bill. Gustav llenó de nuevo su vaso—. Muchas gracias. Debo decir que tu cocina es muy buena, Tom tenía razón cuando dijo que cocinabas de maravilla.

El comentario hizo sonreír a Gustav. —Eres muy amable, gracias. Me encanta cocinar para gente importante para mí, y en ocasiones especiales.

El resto de la comida continuó normal, incluso si había una que otra pregunta invasiva de parte de los Gs hacia la relación de Tom. Gustav siguió sirviendo vasos de jugo a Bill, cada que su vaso volvió a quedar vacío.

Así, con la intención de hacerlo querer ir al baño, para que los dejara al menos unos minutos a solas con Tom, cosa que después de un buen rato ocurrió

—Disculpen —dijo, llamando la atención de los Gs. —¿A dónde se encuentra el baño?

—Oh, se encuentra al final del pasillo, en el segundo piso —explicó Georg con rapidez.

—Vendré en seguida. Ya vuelvo, mi amor —habló lo último dirigiéndose a Tom, para después levantarse de la mesa, e ir por donde le habían indicado.

Una vez su novio se perdió al salir del comedor, Tom se dirigió a sus amigos.

—¿El baño de abajo está estropeado? ¿O por qué han enviado a Bill al baño más lejano? —inquirió Tom confuso, pues sus amigos tenían un baño en cada piso de su hogar.

Sus amigos ignoraron sus preguntas, y rápidamente se acercaron a él, con la intención de intentar hablar con él y convencerlo.

—Tom, sabemos que estás ocultando algo. Somos tus amigos, maldición, no puedes fingir que todo está bien, ¿crees que no nos damos cuenta de cómo te trata Bill? —señaló Georg.

Tom supo de inmediato a donde iban, cruzándose de brazos.

—Chicos, ya hablamos de esto, ya no soy un niño para que puedan decidir sobre mí y mi vida —espetó con el ceño fruncido, cansado de la misma discusión con sus amigos.

Georg cerró sus ojos, con frustración ante la actitud de Tom.

—Tom, tú sabes que no te lo decimos con malas intenciones, nos preocupas, y para mí y Georg no es fácil ver cómo te metes con un tipejo como Bill —expresó Gustav, más sereno, intentando ser convincente para Tom.

—¡Bill no es un tipejo, es mi novio, y tendrán que aceptarlo! —exclamó Tom, levantándose de la mesa, y su bufanda se deslizó por su cuello, cayendo al suelo en una fracción de segundos, dejando a la vista sus marcas.

Los tres en la habitación se miraron por unos segundos, hasta que Georg soltó un suspiro cansado, tenía que contenerse de cometer un homicidio, pero al ver las señas de dedos sobre el cuello de su amigo, se imaginó lo peor.

—¿Tom, qué diablos es lo que te está haciendo Bill? —confronto Georg. —¿Dónde más te ha lastimado? ¡Y no trates de negarlo!

Tom intentó cubrirse, así fuera con sus manos, alejándose de sus amigos.

—Nada, Bill no me ha está haciendo nada —titubeó Tom, como si fuera un niño intentando esconder su travesura de sus padres. —Bill no me lastima, ¿por qué no pueden entenderlo? Son unos paranoicos.

—¿Entonces, qué significan las marcas en tu cuello, Tom? —Esta vez fue Gustav el que habló, sonando más serio y molesto, sorprendiendo incluso a su novio, ya que era rara la vez en la que Gustav sonaba realmente molesto, como en ese momento.

El de rastas no supo responder, agachando su mirada hacia el suelo, su silencio fue suficiente para que los Gs dedujeran lo peor.

Los pasos de Bill bajando por las escaleras se escucharon, momento en el que Tom aprovechó para recoger su bufanda del suelo y salir del comedor, para dirigirse a Bill y tomarlo del brazo para salir de ahí.

—¡Tom! —dijeron al unísono los Gs, siguiendo a Tom.

Bill no comprendía qué había ocurrido en esos minutos en los que estuvo en el baño, mucho menos porque su novio estaba sacándolo a rastras de la casa.

—¿Tom, qué mierda está pasando? ¿Qué tienes? —cuestionó Bill.

—Nos vamos —ordenó Tom, sin decir más, caminando directamente hacia el auto.

—¡Tom, no puedes seguir dejando que Bill te maltrate, abre los ojos! —gritó Georg detrás de ellos.

Bill lo entendió, y se rió, hubiera querido confrontar de nuevo a Georg, pero ya se estaban montando en el auto, dispuestos a irse.

Tom se puso el cinturón, molesto y en silencio, mientras Bill encendía el auto. Pensando en cómo podían pensar así de Bill, incluso si Bill lo golpeaba, lo sentía como un beso de amor verdadero…

—¿Quieres que te lleve a otro lado? —preguntó Bill, cuando estaban camino a casa, buscando conseguir que su novio hablase, el de rastas se giró en su dirección, mostrándole un puchero.

—¡Es que estoy harto, Bill! Ellos dicen que no eres bueno conmigo… Yo quise hacer que las cosas funcionaran, porque no quiero perder su amistad, pero se meten tanto en mi vida que simplemente no puedo lidiar con ellos —se quejó Tom, con las lágrimas asomándose por sus ojos, porque sí, el de rastas era de los que se ponían a llorar cuando una situación les superaba. Bill estacionó el carro, y lo tomó por el rostro.

—Tom, lo hacen porque te aman. Pero… Si ellos no aceptan lo nuestro, puedo ser todo para ti, tu amigo, tu amante, lo que quieras. Yo nunca te dejaré —prometió el moreno con determinación en la mirada, limpiándole las lágrimas para luego besarlo, haciéndolo gemir en aquel gesto, Tom sentía que se derretía simplemente con algo así, porque sus besos eran los más dulces, consiguiendo que incluso se estremeciera en algo tan simple como sentir su lengua bailando con la suya en su cavidad, porque se sentía como el cielo en la tierra, todo porque estaba a su lado.

Se separaron por aire, y porque tenían que seguir el viaje.

—Vámonos a casa —ordenó Tom, con los ojos brillando por el deseo.

Bill se relamió los labios, y siguió conduciendo.

Bill era el líder de su culto, Bill podía ser su único Dios, no le interesaba más que él, porque incluso podía permitirse quedarse sin amigos, mientras que él no le faltara. Fue eso lo que pensó mientras lo veía conducir, tan poderoso… Ese hombre era suyo, el que lo excitaba, el que lo hacía sentir seguro, sí, Bill podía tener un mal temperamento, se lo concedía a los Gs, sin embargo, Tom lo amaba, tanto que dolía, y ellos no entendían, nadie lo haría, no entendían que su amor era tan intenso que a veces quedaban muestras en su cuerpo, no porque Bill fuera malo, no… Simplemente que a veces perdía el control, y sólo Tom lo entendía, porque de algún modo el de rastas sabía que se lo merecía, y por eso no podía decírselos a los Gs, porque no era algo normal, ¡y aparte no les interesaba! Era algo entre Bill y él, sólo entre ellos…

Llegaron a su departamento, y Bill le abrió la puerta, fijándose que esta vez no se cayera como cuando llegaron donde sus amigos, que tuvo que aferrarse a su brazo o se caería, cosa por la cual Georg terminó creyendo que intentaba jalonearlo, cuando le parecía absurdo el que alguien creyera que él precisamente de entre todos quisiera hacerle algo para lastimar a su Tomi.

Entraron a su departamento y Bill lo presionó contra la puerta, volviéndolo a besar, chupándole la lengua, mientras que Tom se estremecía bajo suyo.

El teléfono de Tom empezó a sonar.

—Contesta —dijo Bill contra su oreja, después de lamerla.

—No quiero —soltó Tom remilgoso—. Por el tono de llamada sé que son ellos.

—Pero luego van a insistir… O sino apágalo porque quiero hacerte mío —pidió Bill, mordiéndole el cuello, haciendo que la piel del de rastas se erizara.

Tom lanzó el celular al piso, sin importarle más. Mientras Bill sonreía contra su piel, para comenzar a desvestirlo.

Mientras tanto, Georg y Gustav tenían el celular en altavoz.

—¿Qué pasó? ¿Tom? ¡Tom! —gritó desesperado Georg porque su amigo contestó pero no respondía.

—Creo que dejó el teléfono encendido pero no puede hablar, tal vez lo hace para que escuchemos todo, por pruebas o algo —razonó el rubio, analizando la situación.

—Pero no puedo con esta tensión… Es decir, ¿es su forma de decir que nos pide ayuda? ¿Tal vez lo hace de este modo porque frente a Bill no podía decir nada? Me tiene tan confundido, Gus —mencionó Georg, tomándose el rostro entre las manos, preocupado por su amigo.

—En todo caso hay que grabar la conversación, o bueno, la llamada, por si escuchamos algo que pueda alertarnos podamos hacer la denuncia a la policía —sugirió Gustav.

—Tienes razón, amor, debemos hacer eso, voy a grabar la llamada —mencionó Georg, comenzando a grabarla, cuando de pronto se escucharon sonidos de golpes—. ¡No puede ser! ¡Lo está golpeando! ¡Tom está quejándose! Oh no… Qué horror, amor, ¡tienes que llamar a la policía! Sabemos cuál es su dirección, hay que ir ahora mismo con la policía, no puede seguir así, no es posible. Si sigue haciéndole eso terminará matándolo —soltó aterrado el castaño.

Gustav asintió y ambos salieron a su auto, el cual condujo el rubio, irían a la policía y luego los llevarían al departamento de Tom.

En todo el trayecto estaban frustrado porque se oían los azotes, es decir, tal vez le estaría golpeando con una correa o algo, y Georg incluso estaba llorando de la rabia, indignado porque su amigo no hubiera pedido ayuda antes, ¿qué le costaba? Porque esperaba que Tom fuera sincero al estar solo, pero quizá Bill le había lavado el cerebro, porque su amigo, tan inocente que había sido siempre, seguro había sido manipulado por ese moreno con tatuajes. Todo en él gritaba peligro, por eso no entendía qué es lo que le veía. Sabía que Tom no se había caracterizado por tener el mejor gusto entre hombres, pero Bill… Era el peor de todos, porque le faltaba el respeto de esa forma, llegando a ser violento, a golpearlo, y por eso es que intervendrían, así Tom no lo quisiera, ya había llegado demasiado lejos.

—Ya no se oyen los golpes, pero sí a Tom gritando —masculló Gustav.

—Tal vez está usando las manos para torturarlo, pobre mi Tomi bebé… Se tomó muy literal la canción Pain of Love de Tokio Hotel —acotó Georg.

—¿Tokio qué?

—Es una banda, pero bueno. Mira, ya llegamos a la policía —dijo Georg, señalando la comisaría. Se bajaron e hicieron escuchar a los presentes la llamada.

—Violencia doméstica entonces —mencionó el policía.

—Sí.

—¿Y el maltratado no quiere presentar una denuncia? —cuestionó el policía.

—No, pero, ¿igual se puede hacer algo para detenerlos no? Tengo grabado esto, incluso estaba golpeándolo con un objeto inicialmente —comentó Georg.

—Sí, podemos separarlos para que termine en algo más grave —respondió el hombre.

Y así es como fueron con la policía al departamento de Tom. Para este punto ya habían cortado la llamada, y tocaron la puerta con fuerza.

Por un momento se oyeron ruidos en la casa, movimiento, hasta que abrió Bill, usando una bata.

—¿Sí? —preguntó el moreno extrañado.

—Somos la policía, tenemos una denuncia de violencia doméstica, por lo que debemos entrar a ver cómo está la situación —soltó el oficial.

Bill frunció el ceño, completamente extrañado. —¿Una denuncia? ¿De quién?

—¡De nosotros, animal! ¡Oímos todo lo que le hacías a Tom por teléfono! —exclamó Georg, con lágrimas en los ojos, Gustav tuvo que sujetarlo para que no se lanzara contra él.

—¿Por teléfono? —interrogó Bill, no entendiendo nada de lo que estaba pasando.

—¡Sí! Tom nos contestó porque buscaba ayuda… Evidentemente no podía hacerlo contigo presente por eso nos atendió el teléfono para que pudiéramos ser testigos y hacer algo —recriminó Georg.

—Oficial, esto es un malentendido —arguyó Bill.

—Hágase a un lado o tendremos que entrar por la fuerza —advirtió el policía.

Bill se tocó el puente de la nariz, frustrado y se hizo a un lado, viendo cómo entraba el policía con Georg y Gustav detrás.

Al entrar en el lugar, observaron para todas partes, en busca del de rastas, que evidentemente no estaba ahí a simple vista.

—¿En dónde se encuentra Tom? —interrogó Georg, volteándose para ver al moreno que se mantenía detrás de ellos, de brazos cruzados.

Bill bufó ante la pregunta. —No creo que Tom quiera verlos en este momento, te lo aseguro —respondió en el mismo tono en el que Georg le hablaba.

—Dinos dónde está o te golpearé, no me importa que el oficial esté presente, eres un maldito —exclamó Georg señalándolo.

El contrario cerró sus ojos, en evidente frustración y señaló hacia un pasillo.

—Está ahí, en la habitación —dijo sin más.

Sin esperar más, tanto Georg, Gustav y el oficial se dirigieron a la habitación, a la cual entraron sin tocar, esperando ver a un Tom en un estado fatal.

—¿Tom, estás bien?....—El tono de voz de Gustav bajó de intensidad, hasta casi desaparecer al ver la escena frente a él.

Tom desnudo sobre la cama, lleno de chupetones y moretones en varias partes de su cuerpo, era muy obvio lo que acababa de pasar minutos atrás entre Bill y Tom en esa habitación. El de rastas se sobresaltó al verlos ahí, sobre todo al fijarse que estaban acompañados por un policía.

En unos segundos que parecieron ser eternos, se quedaron los cuatro, hasta que Tom pasó de la palidez de la sorpresa, a un rojizo intenso, se cubrió con una sábana, que era lo más cercano en ese momento.

—¿¡Qué diablos hacen aquí!? —cuestionó Tom con furia en su tono de voz.

Georg y Gustav pensaron al unísono en ese momento que nunca habían visto tan molesto a Tom en su vida, aunque sí bien el rojo en su rostro podría deberse a que los habían visto literalmente desnudo, era más que claro y obvio que ese rojo era de furia.

—¿Qué mierda hace un policía aquí? —Tom miró desconcertado al oficial que tenía un rostro apenado y trataba de evitar su mirada.

—Eh…—dijeron los Gs al unísono, no sabiendo explicar.

—Estoy aquí porque me informaron de que usted estaba sufriendo violencia doméstica —explicó el oficial, tratando de mantenerse profesional, aunque por dentro la situación le parecía realmente absurda.

Esa explicación por parte del oficial bastó para que todo se conectara en la cabeza de Tom, el cual los fulminó a sus amigos con la mirada. Si las miradas mataran, no querían nada de ellos en ese preciso instante.

Tom soltó un largo y pesado suspiro, cerrando sus ojos momentáneamente.

—Largo —acotó Tom con voz suave.

—Pero, Tom… Creímos que… —se intentó explicar Gustav.

—¡Bill no es bueno contigo, por favor, Tom, escuchamos como gritabas a través del teléfono! —La voz de Georg sobresalió por encima de la de su novio.

—¿Qué? —Tom frunció el ceño, se sentía cansado de la hostigación de sus amigos, insistiendo con el mismo tema, en ese momento se sentía harto, enojado y avergonzado, tanto que no entendía cómo estaba conteniendo sus ganas de llorar, ya que al tener esas tres emociones sobre sí, quería sollozar, pero quería aclarar de una buena vez lo que ocurría. —¿Ustedes no tienen sexo?

Los Gs no sabían de qué color ponerse en ese momento.

—¿Saben? Estoy cansado, ustedes no deberían de estar aquí en primer lugar, pero, estoy harto. Bill no me maltrata, no me golpeaba, si es lo que están pensando, porque él no es así, tienen que dejar de preocuparse por mi, por una puta vez, deben de creerme cuando les digo que estoy bien, que no me sucede nada, ni siquiera mis padres se preocupan tanto como ustedes lo hacen, ya soy un maldito adulto, que puede tomar sus decisiones por sí mismo, ¿y qué si Bill me maltrata? Yo puedo lidiar con eso, y si decido quedarme con él, será mi decisión, y tienen que respetarla incluso si eso es malo para mí. —Tom hizo una pausa y los observó a ambos a los ojos—. Creo que lo mejor será que nos distanciamos, incluso con eso siento que estoy siendo considerado, debería de dejarles de hablar por completo.

Los Gs quisieron alegar pero el oficial se dirigió a ellos.

—Será mejor que nos retiremos, joven, lamento haberlo molestado, ya veo que todo se encuentra bien aquí, aún más si sale de su propia boca —dijo esto último dirigiéndose al de rastas.

Gustav tuvo que jalar a Georg, porque este no quería irse. El oficial salió de nuevo, ofreciéndole también una disculpa a Bill, el cual miraba la situación algo divertido, no porque se alegrase de que hubieran interrumpido su sesión amatoria, tampoco porque le parecía precisamente algo bueno que hubieran visto a Tom en esas condiciones, sino porque sólo le quedaba reírse en ese momento, ya harto de ver hasta qué punto habían llegado los amigos de su novio, y cómo solos habían quedado en ridículo frente al azorado policía, y suspiró, no es que fuera violento pero realmente sacaban lo peor de él, por lo que se había contenido de golpear a Georg por su forma de hablarle al llegar a su casa.

Sin embargo, el castaño se soltó del agarre de su novio, para volver a enfrentarse a Bill, para ese punto el oficial ya se había ido.

—¡Puede que su teatrito se lo haya creído el oficial pero yo no! Y no es normal que uno quede con moretones y marcas de ahorque en el sexo. Así que no encontraré justicia por lo legal, la tomaré por mano propia —amenazó Georg, lanzándose contra Bill.

Gustav vio cómo Georg le tiró un puñetazo a Bill, o al menos lo intentó porque el moreno detuvo su mano en el trayecto. Los gritos alertaron a Tom, el cual salió usando una bata floreada y de brazos cruzados, haciéndolo lucir mucho más femenino pero con el ceño fruncido y la boca torcida, denotando enojo.

—¡¿Qué no me oyeron cuando hablé?! —reclamó Tom, empujando a Georg.—No vuelvas a querer ponerle un dedo encima a mi hombre —soltó en tono amenazante, Gustav se sorprendió por cómo el menor se puso sin saber qué bando tomar en ese instante, ya que si bien Georg era su pareja, entendía que esto había llegado un poco más lejos.

—¡Tienes que reaccionar, Tom! Quién te quiere no te intenta ahorcar ni te pega dejándote moretones —quiso hacerle entrar en razón el castaño.

Tom se enrojeció aún más.

—¡Me gusta la asfixia erótica! —gritó Tom, con el rostro teñido de rojo entre furia y vergüenza.

Bill sujetó a Tom por la cintura y lo atrajo hacia a él, entendiendo que sus fetiches no era algo que su novio quisiera contarle al resto, de hecho, lo habían descubierto recientemente, el de rastas ocultó su rostro en el cuello del moreno, comenzando a sollozar. El mayor los miró con reproche, mientras Georg estaba pálido por la confesión, tan normalito que lo veía a su amigo menor…

—¿Y los moretones? —preguntó Georg, aún sintiéndose inseguro.

Bill bufó y puso los ojos en blanco. Tom se separó del moreno, viéndolo con el ceño fruncido y los ojos húmedos.

—¡No es mi culpa que Gustav nunca te marque como suyo! ¡Pasivo de pacotilla! —soltó Tom para luego volver a llorar contra el cuello de Bill.

Georg boqueó asombrado y luego se sonrojó.

—¿Cómo sabes que soy el pasivo? —cuestionó el castaño, pensando que no había dado ninguna muestra de su rol en la cama.

—Entre gitanos no nos vamos a leer la mano, Georg. ¡Ahora lárguense! —bramó Tom.

Gustav se sintió entre insultado y avergonzado, pero esta vez jaló con fuerza al castaño contra sí, no dejándole que siguiera hablando.

—Una disculpa, Tom y Bill —pidió Gustav en nombre de ambos y salieron de la casa del novio de su amigo.

Cuando salieron, Georg miró a Gustav.

—¿Tú crees que me veo muy pasivo? —interrogó Georg, haciendo un puchero.

Gustav suspiró.

—Eso es lo de menos, amor. Ahora debemos irnos. Y espero Tom nos deje volver a hablarle en algún momento —comentó el rubio, subiéndose al auto, abriéndole la puerta de copiloto a su pareja.

—¿Y por qué dice que los golpes lo marcan como suyo? ¿Acaso romantiza el maltrato? —inquirió Georg, luciendo preocupado.

Gustav volvió a suspirar frente a la inocencia de su novio.

—No son marcas de golpes —aclaró Gustav, Georg frunció el ceño, sin entender—. Bill le succiona con fuerza la piel hasta dejarle marca —terminó de explicar y el castaño se enrojeció hasta las raíces del pelo.

Georg se sintió escandalizado. Tomi era… Tremendo en la cama.

—¿Entonces Bill es bueno? —cuestionó Georg.

—Y al parecer yo no lo soy tanto pero en la cama —pensó en voz alta Gustav.

—Ay, cariño. Tal vez deberíamos explorar nuestros límites como ellos —sugirió Georg, luciendo avergonzado.

—Quizá. Ahora vámonos a casa y dejemos en paz al pobre Tom —farfulló Gustav, conduciendo hacia su domicilio.

Mientras tanto Tom seguía llorando en brazos de Bill, el cual lo tomó por el rostro, quitando sus lágrimas con sus besos.

—Suéltalo todo, bebé. Pero recuerda que estoy aquí para ti, para todo lo que necesites —aseguró Bill, y Tom asintió, sintiéndose seguro en brazos del mayor.

—Bill… No sé qué haría sin ti —masculló el de rastas, abrazando a su novio, cuando sintió la erección en la zona sur, miró a su novio—. ¿Estás excitado? —preguntó Tom, mirándolo un tanto sorprendido.

—Sí, mi amor, lo siento. En verdad me preocupo por ti, pero he descubierto que me excito cuando lloras… Lo lamento mucho, bebé. No pasa nada, luego me daré una ducha, no te preocupes —acotó Bill.

Tom lo miró sonrojado y puso su mano sobre la entrepierna de Bill.

—No… Es justo la distracción que necesito, papi —jadeó Tom, acariciando por encima de la ropa a Bill, haciéndolo gruñir.

Bill lo cargó por los muslos, comenzando a besarlo, paladeando con su lengua su sabor, entremezclado con las lágrimas que seguían en sus mejillas, apretó sus nalgas, masajeándolas mientras lo llevaba hacia la cama, lo echó, abriéndole la bata, observando su cuerpo delgado pero fibroso, cómo tenía marcado el vientre, y su propio miembro comenzaba a crecer, lo vio mordiéndose el labio inferior y abrir las piernas de forma invitante, sabiendo cómo hacía que con eso el moreno se sabría perdido. Bill volvió a besarlo, poniéndose en medio de sus piernas, jugando con su lengua, disfrutando tener el control, mientras Tom gemía durante el beso, sintiendo su piel de gallina por las sensaciones, olvidándose por completo de todo lo malo que pasó… En esos instantes sólo eran ambos en su burbuja.

Al contrario de lo que todos pudiesen llegar a pensar, incluidos sus amigos, Georg y Gustav, Bill era todo lo que Tom podía anhelar, porque aunque era cariñoso, también era duro, como le encantaba Tom. El más simple tacto de Bill lo hacía estremecerse, no importara cuantas veces lo hicieran, Bill lo iba a hacer sentir especial.

Bill comenzó a frotarse sobre él, causando que ambos sintieran placer al frotar sus miembros entre sí, Tom se aferró a su cuello, haciendo aún más profundo su beso, el azabache sonrió ante la desesperación de su pareja y apretó su cintura.

—Te amo, te amo, te amo, te amo —masculló Tom en medio de su beso, con la voz arrastrada pero segura a sus palabras.

El azabache se separó unos momentos de su rostro para verlo, sonrió con dulzura y observó los profundos ojos marrones del de rastas, amaba ese brillo que sólo Tom tenía.

—Yo también te amo, Tom, demasiado, más de lo que te puedes imaginar —aseguró Bill con un tono cariñoso y besó el costado de la mandíbula de Tom, provocando una pequeña risita en este—. Quizás no sea el mejor novio, tal vez tus amigos tengan razón, y mereces algo mejor que yo, pero yo quiero ser eso mejor para ti —continuó, acercando su mano para acariciar el rostro ajeno con su pulgar.

—Eres suficiente, Bill, no tienes que cambiar, ya eres perfecto para mí —acotó el de rastas, sintiendo las caricias de su novio en su rostro.

Ambos sonrieron e hicieron que las puntas de sus narices se tocaran.

—Ahora hazme el amor como sólo tú sabes hacerlo —pidió Tom, totalmente hambriento de su hombre.

Bill no rechistó, obedeciendo a lo que su chico le pedía, depositó un último beso sobre sus labios, antes de bajar por su cuello, donde se encargó de dejar más chupetones de lo que ya había antes, de días anteriores, era su forma de marcarlo como suyo, siguió deslizándose hasta su ombligo, donde levantó su mirada para ver al de rastas, que tenía el rostro sonrojado.

—¿Crees que deba prepararte de nuevo? No quiero lastimarte.

Tom se rió con levedad y negó. —No te preocupes, no es necesario, todavía sigo listo —le aseguró.

Con eso dicho, Bill hizo que cambiaran de posición, haciendo que Tom se acostara de lado, mientras que él se situaba detrás suyo, apegándose a su espalda. Dejó un par de besos sobre su hombro, provocando que el menor suspirara gustoso.

—Levanta tu pierna izquierda —ordenó Bill.

Tom obedeció, mordiéndose el labio inferior al escuchar ese tono de voz en su novio. Levantó su pierna, flexionando un poco, permitiendo así que Bill pudiera comenzar a introducirse en su interior. Relajó su cuerpo con ayuda de los besos que Bill daba sobre su hombro, hasta que estuvo adentro por completo.

Bill le dio un pequeño tiempo hasta que estuviera cómodo, mientras continuaba con sesión de besos cariñosos, hasta que Tom con un movimiento de caderas le indicó que podía comenzar a moverse.

No tardó en comenzar a dar embestidas después de eso, siendo certero con los golpes que daba en su interior.

Tom llevó una de sus manos a su miembro para iniciar a masturbarse, sintiendo cómo Bill golpeaba su próstata, gimoteaba en voz baja mientras una fina capa de sudor comenzaba a hacerse presente tanto en su piel como en la de Bill, debido al calor que sentían.

La mano del moreno tomó por sorpresa a Tom, cuando ésta se posicionó sobre su cuello, apretando ligeramente, sí, esa era la razón de sus marcas en su cuello.

—Ahg, Bill, un poco más fuerte —pidió Tom con la voz suavemente entrecortada, sintiendo la excitación al límite, y es que le fascinaba ser sometido de tal forma.

Bill sonrió y forzó aún más su agarre en su cuello, al mismo tiempo que embestía con más fuerza.

Tom se corrió en su propia mano, manchando parte de su abdomen y sábanas, soltando un audible gemido que no se molestó en callar.

—Estás muy sensible, Tomi —susurró Bill sobre su oreja para acto seguido chupar su lóbulo, cosa que hizo temblar a Tom.

El moreno se deslizó con su lengua, desde lóbulo hasta el hombro del de rastas, para depositar un beso en este lugar, para después de un par de estocadas más correrse en el interior de Tom, llenándolo con su simiente caliente.

Después de correrse bajó el volumen de las estocadas hasta quedarse quieto, cansado por el polvo reciente, depositó muchísimos más besos a Tom, llenándolo con cariños y mimos, la mano que antes se encontraba presionando el cuello de Tom, ahora se encontraba acariciando las rastas.

Luego de un rato de recomponerse, Bill tuvo la intención de salir por fin de su interior, pero fue evitado por el rastas, que apretó su interior, sacando un jadeo en Bill.

—No, no lo saques aún, papi, por favor —musitó Tom con el rostro rojizo, volteando su rostro para ver a su novio—. Déjalo dentro.

Bill sonrió ladino ante su petición y asintió. —Está bien, no parece que quieras parar todavía —contestó, antes de atacar los labios contrarios.

Tom sonrió con picardía y asintió, correspondiendo al beso de Bill.

—Si seguimos así, podría preñarte, sabes —bromeó el mayor entremedio del beso, sabía que era posible, que Tom pudiera embarazarse, por lo mismo se cuidaban, Tom con pastillas y él con condones, pero esta vez habían olvidado utilizar condón.

—Entonces hagámoslo hasta que me llenes de tus hijos. —Tom siguió su broma, pasando la lengua traviesamente sobre sus labios.

[...]

Habían transcurrido un par de semanas, quizás dos meses, Tom y los Gs no habían vuelto a cruzar palabras, desde aquel penoso incidente, en donde bueno, los tres quedaron incómodos.

No era que los Gs no hubieran querido acercarse de nuevo a Tom, es sólo que no sabían cómo hacerlo, ya que pensaban que este último los detestaba, cosa que sí era así, lo entendían, ya que la habían cagado y lo aceptaban.

Hasta que no pudieron aguantarse más las ganas de saber cómo estaba el de rastas y sobre todo, pedirle unas grandes disculpas, que de ser posible, hasta se pondrían de rodillas, así que después de pensar mucho en qué le dirían, lo citaron en una cafetería, diciéndole que fuera junto a Bill, ya que también le debían una disculpa a este último también.

Georg estaba sumamente nervioso, y Gustav trataba de tranquilizarlo acariciando el dorso de su mano.

—Tranquilo —volvió a repetir Gustav por décima vez.

—¿Y si, sólo lo dijo para no decir de una que no? Él debe de estar muy molesto con nosotros. —Georg le dio un trago al vaso de agua que tenía enfrente, el que había pedido minutos atrás para apaciguar sus nervios, cosa que no había sido de mucha ayuda.

Antes de que Gustav pudiera volver a decirle que se tranquilizara, el de rastas se hizo presente junto a Bill, tomados de la mano.

—¡Hola! Lamento la demora, chicos, había mucho tráfico —saludó Tom, emocionado de ver a sus amigos después de un largo tiempo, debía admitir que por muy molesto que estuviera, también los había extrañado.

Los Gs se sintieron feliz de verlo, pero al mismo tiempo intrigados y ansiosos por la actitud de Tom sobre ellos, pues no tenía una mala cara. El moreno los saludó con la mano, claramente a comparación de Tom no estaba tan emocionado de verlos, pero al menos no tenía una cara de querer torturar a cada uno, sobre todo a Georg.

—Hola, Tom, hola, Bill —saludó Gustav—. Tomen asiento —invitó, cosa a la que ambos chicos accedieron, sentándose frente a los Gs.

—Ha pasado un tiempo…—masculló Georg con la mirada baja, sintiendo vergüenza.

—Sí… Pero, estoy feliz de verlos, está bien… ¿No crees que hace mucho calor para que estés usando eso? —Tom prestó atención en Georg, que portaba una bufanda, y ese día no hacía precisamente frío, estaba fresco.

—Ah…Yo…Yo. —Georg sintió su rostro arder.

—Tiene dolor de garganta —intervino Gustav con prisa, mientras llamaba disimuladamente a uno de los meseros del lugar.

Bill miró a Tom de reojo, mientras una sonrisa con tinte burlón se formaba en su rostro, recibiendo un golpe por debajo de la mesa, haciendo que Bill borrará de inmediato su sonrisa.

—Ya veo… Espero que te mejores, Geo.

—¿Están listos para ordenar? —El mesero que Gustav había llamado se hizo presente interrumpiéndolos.

—Oh, nosotros aún no hemos visto el menú —habló Bill, a lo que el mesero le extendió el menú.

—Disculpe, ¿este plato contiene huevos o pescado? —inquirió Tom señalando uno de los platos que se presentaban en el menú.

—Sí, este contiene huevos, pero este otro plato está libre de pescado y huevos, aunque si tiene una alergia mortal, por favor, infórmenos y nosotros haremos lo posible para servirle algo que pueda consumir —anunció el mesero con una sonrisa amable.

—No es por una alergia pero… —Tom hizo una pausa, y observó el menú de nuevo, llamando su atención otra cosa—. ¿Este también está libre?

El mesero asintió, con eso dicho, Tom pidió lo que comería, siendo seguido por Bill y luego los Gs.

Una vez el mesero se marchó y los dejó solos, Georg miró directamente al de rastas y al moreno.

—Yo… Nosotros queríamos pedirles una gran disculpa por lo de la última vez, sé que debió haber sido muy vergonzoso para ustedes, sobre todo para ti, Tom —inicio Georg, de una vez, por más que sus nervios estaban a flor de piel—. También a ti, Bill, por haber pensado tan mal de ti, sé que no tenemos una excusa, pero debes saber que Tom nos importa y preocupa mucho a ambos, y pensábamos que…

—Que no era un buen sujeto, lo sé, está bien, quiero decir, ya pasó mucho tiempo, podemos dejar eso atrás —interrumpió Bill, totalmente despreocupado, en sus palabras se notaba que no le guardaba algún rencor a ellos—. Entiendo si muchas de mis acciones pudieran malinterpretarse y hacer ver que dañaba a Tom de algún modo, pero al igual que ustedes, me importa Tom, sería capaz de matar o hacer daño a otros por él, nunca podría dañarlo de alguna manera… No de una que no le agrade —dijo lo último en susurro, siendo sólo audible para Tom que se sonrojó ligeramente.

—No puedo decir que no me ofende que pensaran tan mal de Bill, pero los entiendo por una parte, sin embargo, acepto sus disculpas, dejemos eso atras, siempre y cuando dejen de acusar a Bill, es un buen hombre conmigo, quizás en algún otro momento podrían conocerse mejor y darse cuenta por ustedes mismos que no es ningún monstruo o peligro para mí. —Tom tomó la mano de Bill, acompañado de una pequeña sonrisa.

—Nunca le haría daño, mucho menos ahora —acompañó Bill, depositando un casto beso en la mejilla de su novio.

—Entonces… ¿Todo bien? —masculló Gustav, queriendo asegurarse de que las cosas estuvieran realmente bien entre ellos cuatro.

—Todo bien —aseguraron al unísono tanto Bill como Tom.

Con eso los Gs se sentían más tranquilos, a sabiendas de que podrían recuperar la amistad de su mejor amigo.

Después de un rato más, la comida llegó a su mesa, pero algo que había pedido Georg hizo que de inmediato, en cuanto llegó a la mesa le provocó náuseas.

—Dios, Georg ¿qué demonios ordenaste? —exclamó Tom, levantándose con prisa de la mesa y con una de sus manos en la boca, para salir en busca del baño.

Bill fue detrás de él, siguiéndolo, los Gs se sintieron preocupados de inmediato, y fueron detrás de ellos, esperándolos afuera del baño. Después de unos largos minutos estos salieron, mientras Tom se limpiaba la boca con pañuelo y Bill le acariciaba la espalda.

—¿Tom, estás bien? —preguntó Georg con preocupación acercándose a él.

—Sí, ¿te ocurre algo? ¿Necesitas ir al médico? —preguntó Gustav.

Tom se rió bajo, y le dio una mirada emocionada a Bill, el cual asintió.

—No, estoy bien, sólo son las náuseas del embarazo —soltó como si nada el de rastas.

Georg y Gustav se sintieron ir para atrás al escucharlo.

—¡Georg! —gritó Tom al ver como el castaño se desmayaba frente a ellos.

Bill se rió y de inmediato se acercó a ayudar al castaño.

—¡Embarazaste a mi bebé! —reclamó Georg recobrando el conocimiento y viendo a Bill inclinado sobre él.

Bill se carcajeó con más fuerza y sonrió orgulloso.

—Felicidades, tío, ahora tendrás que lidiar con un pequeño Bill —se burló Bill en su cara, ayudando a que se pusiera de pie.

Este era su karma por odiar a Bill, ahora tendrían a no sólo un Bill, sino a su pequeño diablillo, que sería su sobrino, pero Tom estaba feliz con su embarazo y Bill, así que… Lo que importa es que sea feliz, ¿no?

Al final, Tom no estaba viviendo ultraviolencia, sino un cuento de hadas, en donde su príncipe azul y él tenían gustos… Curiosos.