Capítulo único
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Bill y Tom estaban viendo una película, en realidad más el moreno que el de rastas, que bufaba aburrido de vez en cuando. Estaban cubiertos por una colcha porque el clima estaba un poco frío.
—Yo no te pedí que me acompañaras a ver —masculló Bill, al notar que Tom se removía incómodo.
—Podríamos ir al cuarto y hacer cosas más entretenidas —ofreció Tom moviendo seductoramente el piercing del labio.
Bill sintió un ramalazo de excitación instalarse en su vientre, sin embargo, luego se tensó.
—Mamá está en casa —recordó Bill, a sabiendas que podrían ser descubiertos y no sabría qué haría su madre si se enteraba que sus gemelos cometían incesto.
Tom se pegó más a Bill, se lamió la palma de su mano frente a la atenta mirada de su hermano, pasando su mano por debajo de la colcha, y presionándola encima del bulto en los pantalones de su gemelo.
—Tom… —jadeó Bill, queriendo quitar su mano de encima.
—Shhhh… Tranquilo, la colcha nos cubre, así que nadie lo sabrá —susurró Tom contra el oído de su gemelo, haciendo que sus vellos se ericen, y tuviera que morderse el labio inferior mientras su hermano sacaba su pene de sus pantalones y bóxers y comenzaba a acariciarlo de arriba abajo, sintiéndose muy excitado.
Bill cerró los ojos, olvidando la película por completo, mientras Tom seguía el bamboleo sobre su miembro, endureciéndolo lo más que podía, mientras Bill parecía que se iba a herir el labio inferior de tanto que se lo mordía.
—¿Están bien, niños? ¿Quieren que les haga palomitas? —se escuchó la voz de Simone en la cocina.
—No, mami, estamos muy bien, gracias —respondió Tom porque sabía que su gemelo no podía hablar.
Si bien tenían 16 años, la verdad es que habían empezado a muy temprana edad su relación, comenzando con besos, caricias, frotarse hasta finalmente tener sexo, y con las hormonas a flor de piel les era difícil separarse el uno del otro.
Así que cuando Tom sintió cómo Bill notaba preseminal es que se detuvo.
—¿Por qué paras? —preguntó acezado Bill, sintiéndose frustrado porque ya iría a correrse pronto.
—Porque no quiero que tú disfrutes sólo —respondió con simpleza, comenzando a bajarse los pantalones y bóxers, haciendo que Bill lo viera alarmado.
—¿Qué haces? —inquirió el menor, volteando a fijarse si su mamá podía verlos.
Tom se volvió a poner la colcha encima, sin embargo chupó un par de dedos, haciendo que Bill se estremeciera por la forma en que lo hacía, pudiendo imaginar que era su polla la que se metía en la boca de esa forma, hundiéndose en sus labios, haciendo que se le secara la garganta… Hasta que vio cómo Tom metía los dedos bajo la colcha y boqueó, porque por el movimiento que hacía su hermano sabía lo que estaba haciendo.
—Tom… Mamá se va a enterar… No te prepares, no si no estamos en el cuarto o tenemos la casa sola —advirtió Bill, sumamente nervioso por la idea de ser descubiertos, si bien tenía pavor por ello, en algún sentido era excitante.
Tom se mordió el labio inferior, viéndolo con lascivia mientras daba seguía dilatándose el ano, y Bill se iba a morir en aquel sillón.
Porque Bill conocía a su gemelo, no solamente se estaba masturbando para tocar su próstata sino preparando para algo más grande. Bill quería cerrar los ojos pero los movimientos debajo de la colcha sólo alimentaban más su morbo. Se fijó nuevamente en la cocina y su mamá seguía de espaldas, ocupada.
Y Bill se relamió los labios, viendo cómo su gemelo se movía de esa forma tan erótica, sin enseñar nada pero era más excitante el saber todo lo que pasaba debajo de la colcha que podía sentir su pene crecer aún más si era posible.
Tom detuvo sus incesantes movimientos, volvió a lamer su palma, y embadurnó con su saliva el miembro de Bill, el cual se tuvo que tapar la boca para no gemir.
El de rastas quitó la colcha, sólo unos instantes, para sentarse sobre Bill, apoyando su espalda en el pecho de su gemelo, y empalándose por completo. Tom luego los volvió a cubrir con la colcha, y Bill sentía que iba a morir en ese instante, su gemelo estaba tan apretado envolviendo su polla con sus entrañas, y no se movía, se quedaba ahí… Quieto, hasta que lo sintió arquearse, y movió sus caderas para comenzar las penetraciones.
Bill quería desmayarse en ese punto, se aferró a las caderas de Tom que subían y bajaban de su pelvis, mordiéndose el labio inferior con fuerza, disfrutando de cómo Tom tenía el control en esa situación pero sólo para dar botes sobre él, cerró los ojos porque sólo así sentía que no se correría, hasta que el de rastas se detuvo abruptamente.
—¡Oh por Dios! —gritó Simone al verlos.
Bill abrió los ojos, fijándose en su madre con una jarra de limonada y dos vasos.
El moreno sintió que quería que la tierra se lo tragase. ¿En serio los habían descubierto? Sin embargo, su erección no bajó, seguía metido en lo profundo de Tom.
Simone dejó las cosas sobre la mesa y les sonrió.
—Se ven tan tiernos así, sentado uno encima del otro como cuando eran unos niños —comentó Simone con mirada soñadora.
Bill sintió que el alma le volvía al cuerpo al darse cuenta que su mamá no entendía lo que pasaba debajo de la colcha.
Tom tuvo el descaro de enderezarse, haciendo más presión en el pene de su gemelo y Bill tuvo que toser para disimular el gemido.
—¿Estás bien, Bill? —preguntó Simone viendo a su hijo.
—Sí, sólo que Tom pesa un montón —se quejó Bill, aunque en realidad no le importaba el cargar a su hermano en sus piernas, en sí no es que el de rastas fuera gordo, pero quería disimular lo que había pasado.
Tom apretó su interior en reclamo y Bill se mordió el labio inferior.
—Bueno, quédense ahí un rato, voy por la cámara, necesito inmortalizar este momento —farfulló ilusionada Simone para irse de la escena.
Bill sentía su polla cálida en el interior de Tom, no podía perder su erección era demasiado agradable la forma en que lo envolvía, cómo se sentían sus entrañas tan apretadas…Y así Tom no se moviera básicamente porque debían quedarse quietos hasta que regresara su madre, de todas formas se mordía el labio inferior, frustrándose un poco por no poder hundirse más profundo dentro de Tom, y no poner sentir sus sentones o levantar las caderas para seguir haciéndole el amor.
—Así que estoy gordo, eh —farfulló Tom sin voltearse para verle.
—Gorda me la pones —susurró Bill y escuchó que Tom reía, sin embargo, con esa vibración de su garganta hacía que su cuerpo se moviera sólo un poco encima de su regazo, lo que lo volvía aún más frustrante.
Bill trataba de pensar en algo desagradable para ver si se le bajaba la erección, sin embargo, bastaba que Tom hiciera un movimiento por tenue que fuera, para que el moreno se quisiera hundir en su interior, aferrándose las caderas de Tom para mantenerlo quieto.
—No te muevas…—pidió Bill, sintiendo cómo su miembro latía en el culo de su hermano, el cual era un malvado por haber propuesto esto en primer lugar.
Simone apareció nuevamente con la cámara.
—Sonrían, chicos —pidió su progenitora.
Bill fingió una sonrisa, y Tom igual, a sabiendas de que era tan turbio que ese preciso momento fuera capturado por la cámara, aunque evidentemente su madre no sabía qué es lo que pasaba.
—Bueno, los dejo ver su película —avisó la mayor para luego irse.
Apenas escucharon que Simone cerró la puerta de su cuarto. Es que Tom volvió a darle sentones, mientras Bill le sujetaba el miembro por debajo de la colcha, masturbándolo mientras el mayor seguía empalándose a sí mismo. Tom movió las caderas en círculos y apretó un poco más, haciendo que Bill se viniera en su interior, para luego él correrse en su mano, manchando por completo la colcha, que usaron para limpiarse mientras se volvían a vestir.
—La pondré a lavar después —mencionó Tom como si nada, bebiéndose limonada frente a la mirada atenta de Bill.
—¿Entonces…? ¿Lo seguimos en la habitación? —cuestionó Bill, sintiendo que habían despertado a la bestia que tenía dentro.
Tom sonrió coqueto.
—Puede ser que sí, si es que nos tapamos la boca para no gemir —arguyó Tom y Bill asintió sumiso.
Tiempo después mirarían la foto enmarcada en la sala, y simplemente compartirían una sonrisa cómplice, porque sabían que esos rostros ocultaban más de lo que se llegara a ver, era algo irónico que Simone siempre presumiera esa foto hablando del amor infinito y fraternal que tenían… Pero ambos mantenían el secreto de ser los únicos que sabían lo que ocultaba el retrato familiar.